No, no he abandonado el fic.

Estuve muy enferma todo agosto. De hecho, sigo enferma, pero me siento lo suficientemente bien para poder seguir escribiendo. Disculpa de antemano si el capítulo está poco inspirado.

Kaiser: Oak es un hombre sabio, pero a veces distraido y algo torpe. Definitivamente necesita un ayudante. Tracey, aparecé pronto XD

Slash Torrance: Te volví paranoico, ¿eh? Oak es un pan de Dios, no le haría daño ni a un Caterpie.

James se siente muy culpable todavía por lo que hizo en el pasado y quiere redimirse a toda costa, aunque eso signifique sacrificarse a si mismo.

Mención especial a Tommiboy, que me hizo dar cuenta de la burrada que me mandé XD

Capítulo cuarenta y tres

Reencuentro.

Al día siguiente, Oak le hizo varios estudios a Meowth para chequear su estado de salud. Para alivio de todos, era un pokemón saludable. La buena alimentación le había sentado bien. No tenía mucha masa muscular, comparado con otros Meowth que se dedicaban a la batalla, pero nada que le impidiera aprender Día de Pago o cualquier otro ataque.

—Te lo dije —se burló Oak, una vez dicho los resultados. Meowth lo miraba, no muy seguro.

—¿Está seguro?

—Muy seguro. El único impedimento que tienes está aquí —se señaló la cabeza con un dedo.

—¿Y cuando empezamos?

—Hoy mismo, si tú quieres.

Meowth aceptó. No tenía nada que perder, excepto la dignidad, si es que le quedaba.

Para empezar, Oak le presentó un Meowth que ya sabía Día de Pago para que le enseñara. De ninguna manera iba a aceptar las órdenes de un humano.

—Yo no soy el pokemón de nadie —había proclamado Meowth a los cuatro vientos cuando el propio Oak se ofreció a entrenarlo. Así que lo mejor fue buscar entre los Meowth del rancho uno que supiera el ataque.

James nunca había visto a un Meowth usar su característico ataque, tan solo la teoría. Jessie afirmó haberlo visto varias veces en batallas amistosas cuando viajaba sola. Meowth también había visto el ataque antes, cuando vivía en el callejón, pero nunca había tratado de hacerlo antes.

Ahora estaban en el patio trasero del rancho. El Meowth del rancho le iba a mostrar como se hacía el famoso Día de Pago. Oak, Jessie y James miraban a una distancia prudencial. Lunita también estaba allí, junto a Nina a los pies de James. Cubone estaba a los pies de Jessie.

—Muy bien, Meowth —Oak señaló al del rancho—. Muestrale como hacer Día de Pago. No lo ataques, solo muéstrale.

El Meowth del rancho asintió. Levantó sus patas delanteras y las puso frente a su amuleto en forma de x. Su koban empezó a brillar con fuerza, como si fuera una luz encendida. De golpe, el Meowth rompió la cruz y al menos una docena de monedas salieron volando hacia Meowth. No lo golpearon, sino que cayeron a sus pies, sobre el césped.

—Bueno, él ya te demostró como hacer Día de Pago. Ahora te toca a ti —le dijo Oak, animándolo.

Meowth lo intentó. Durante más de una hora, estuvo imitando la misma pose del Meowth a distintas velocidades, pero ni una moneda salía de su amuleto. Decidieron dejarlo solo, para no ejercer presión sobre él. Finalmente, Meowth regresó a la casa, frustrado.

—Condenado ataque, sabía que no iba a funcionar —gruñó Meowth, sentándose en uno de los sillones.

—No se puede todo en un día —lo animó Oak—. ¿O acaso los ataques que sabes los has aprendido en unas pocas horas?

—No, pero…

—Sin peros. Sé que lo lograrás. Todos aquí lo creen.

—Lunita ama a papi. Papi puede todo.

Meowth sonrió al escuchar a su hija darle ánimos desde otro sillón. No le podía negar nada. Si ella le decía que podía volar, Meowth se tiraría del techo del rancho solo para darle la razón,

—Claro que papi puede. Mañana sigo intentando; estoy agotado. Además, tengo miedo de que tanto entrenamiento me haga evolucionar.

—Una vez que tenga la piedra eterna, no tendrás que preocuparte por eso.

—¿Hablaste con tu amigo?

—Sí. Dijo que buscaría en su casa o hablaría con alguien que tuviera una. Es un gran hombre que ama a los pokemón y no parará hasta conseguirla.

Meowth chasqueó la lengua.

—Está bien. Mientras tanto, veré que hacer. Estuve tanto tiempo en movimiento que estar dentro de una casa sin mucho que hacer me pone nervioso.

—Bien, pues puedes mostrarme que es lo que haces normalmente o lo que sabes hacer.

Meowth lo miró, inseguro. Oak lo notó y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Tu casa es mi casa, Meowth, puedes moverte con libertad por aquí, ¿sabes?

Meowth asintió.

—Lo sé. Gracias —dudó un momento antes de seguir—. ¿Empezamos ahora? Mi hija puede acompañarnos.

—Hoy no podrá ser. Estaré mejor preparado mañana. ¿Te parece?

—Si. Después del entrenamiento.


James estuvo entrenando a sus pokemón gran parte del día. Se centró mucho en Psyduck. Ahora nadaba perfectamente y sus ataques de agua se había vuelto más fuertes. La parte psíquica era la más complicada, pero había hecho algunos avances. El más importante había sido que fuera consciente de que tenía esos ataques, pero de ahí a que pudiera usarlos en batalla, era otra historia.

Al atardecer, Oak lo llamó al laboratorio y le presentó a su Bulbasaur. James sintió un pinchazo de culpabilidad. Había estado tan ocupado que se había olvidado de que Oak le había dado un pokemón.

—No sé si te lo había dicho antes, pero es una hembra —le anunció Oak.

—Es muy hermosa —James la tomó en brazos y la Bulbasaur se refregó contra él, feliz—. Los tipo Planta siempre fueron mis favoritos en todo el mundo.

—Piiii — el tono de Nina sonaba a enojo y tristeza a la vez.

—Tu sabes que te amo, cariño —acarició las orejas de Nina para reconfontarla. Parecía más tranquila, pero ahora miraba a la Bulbasaur con recelo, como si tuviera miedo de que fuera la nueva favorita de James.

—Los pokemón pueden ser muy celosos de sus entrenadores, ten cuidado con lo que dices —le advirtió Oak.

James le dio la razón. Lo que menos quería era que sus pokemón se pelearan entre ellos por querer ser el favorito.

El videoteléfono de Oak empezó a sonar detrás de él.

—¡Oh, probablemente sea él! Disculpame un momento.

El profesor se dirigió al otro lado del laboratorio para contestar la llamada. James aprovechó el momento para hablar con Nina.

—Nena, jamás te voy a amar menos, ¿de acuerdo? No te pongas celosa y no pelees con Bulbasaur, ¿si? Todos somos amigos.

Nina asintió, no muy segura. James estaba pensando si debía esperar a que Oak terminara de hablar o marcharse, cuando captó unas pocas palabras de la conversación.

—¿La has conseguido?

—En el Centro Pokemón de Ciudad Azafrán tenían una disponible, profesor. Ya les dije que la enviaran a su laboratorio.

El corazón de James se paralizó. Esa voz tan amable y cascada… la conocía.

—Te agradezco mucho tu ayuda. Esas piedras no son fáciles de conseguir.

—No conozco muchas personas que no quieran evolucionar a sus pokemón.

Como si estuviera en un sueño, James se acercó hacia Oak, con la esperanza de poder ver al hombre del otro lado de la pantalla. Oak debió oir sus pasos, porque se giró hacia él y dijo:

—¡James! Acercate, quiero que conozcas a mi amigo. Se llama Hideki Kojiro —Oak se levantó para que pudiera verlo.

Era su abuelo, sin dudar a dudas. Su gorra roja cubriendo sus cabellos gris oscuro, su poblado bigote, sus ojos oscuros… era tal cual como lo recordaba. Estaba tan sorprendido por la coincidencia que ni siquiera podía hablar. La garganta le dolía por el esfuerzo para no largarse a llorar en ese instante.

Hideki abrió los ojos de par en par al ver a James. Luego achicó los ojos y se acercó un poco a la pantalla.

—¿J-James? ¿Eres tú, James? —balbuceó el hombre.

James solo pudo asentir con la cabeza, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Su abuelo sonrió de manera amplia, emocionado.

—¡James! ¡No puedo creer que seas tú! —exclamó Hideki—. ¡No te veíamos desde que eras un niño! —al notar la expresión de James, se preocupó—. ¿Estás bien, pequeño James? ¿Te ocurre algo?

—N-no —tartamudeó James, secándose las lagrimas—. Estoy… muy sorprendido de verte, abuelo, es todo. No puedo creer que seas tú.

—Tu abuela y yo te hemos echado de menos desde que iniciaste tu viaje pokemón. Debiste estar muy ocupado como para llamarnos.

James parpadeó, sorprendido.

—¿Mi viaje pokemón?

—Tus padres dijeron que te fuiste de viaje pokemón a una región lejana.

James tragó saliva. La ira le estaba quemando el estómago. Sí, había usado la excusa de irse de viaje pokemón para huir de sus padres y ellos lo sabían. ¿Pero decirle eso a sus abuelos?

—¿James? ¿Estás bien?

James aplacó su ira como pudo. No quería preocupar más a su abuelo, que lo miraba como si tuviera ganas de salir de la pantalla y abrazarlo.

—Hay… hay tanto de lo que tenemos que hablar —le dijo James, pasándose una mano por el cabello—. ¿Dónde está la abuela?

—En el jardín, cuidando a los pokemón, como de costumbre. Ella va a estar tan feliz cuando te vea, siempre pensamos mucho en ti, cariño. ¿Quieres que la llame?

James asintió.

—Por favor…


No supo cuanto tiempo estuvo hablando. Tal vez unas tres horas. Omitió la parte del Equipo Rocket; no quería que se enteraran de sus años de fechorías junto con Jessie y Meowth.

—… Ahora estamos viviendo con Oak. Jessie no está en condiciones de viajar, ya que estamos cerca de la fecha de parto. Nos quedaremos en Pueblo Paleta hasta que nazca nuestra hija. Después… ya veremos.

Sus abuelos lo miraban como si fuera un Pidgey con el ala rota bajo una tormenta. La historia de James los había angustiado muchísimo.

—¿Por qué no has venido a pedirnos ayuda? —preguntó su abuela, secándose las lágrimas con un pañuelo. Tenía su cabello gris en un rodete y grandes ojos oscuros.

James se rascó la cabeza, con cuidado de no despertar a Nina, quien dormía en su regazo y a su Bulbasaur, quien dormía en sus pies.

—No recordaba como ir. Además… no sé, tenía miedo de que mis padres me encontraran allí y me obligaran a casarme con esa maldita psicópata.

—Nosotros nunca hubiésemos permitido que tus padres hicieran algo como eso —los ojos de su abuelo se veían furiosos, algo a lo que James no estaba acostumbrado.

—Pero ahora pueden venir a vivir con nosotros —sonrió su abuela, emocionada.

James parapadeó, sin poder creer lo que oía.

—¿Vivir… con ustedes?

—¡Claro! Aquí no les va a faltar nada.

No iban a aceptar un no como respuesta. James se mordió el labio.

—No queremos ser una carga…

—¡Jamás serían una carga! —exclamó su abuelo, casi horrorizado.

—Estaremos más que felices de que vivan con nosotros —agregó su abuela.

James no se lo merecía. Definitivamente sentía que no se merecía unos abuelos tan cariñosos y comprensivos. Pero pensó en Jessie, en su futura hija, en Meowth, en Lunita…

—Iré a la liga este año. Después de participar, nos mudaremos.

—¡Maravilloso! ¡Iremos pronto a visitarte!

James se estiró y sus vertebras crujieron. Nina se removió, medio dormida.

—Ya hablaremos otro día —dudó un momento—. Los amo.

—Y nosotros a ti, pequeño James.

La comunicación se cortó. James levantó a Nina en brazos y luego se agachó para recoger a su Bulbasaur. Con las dos pequeñas, salió del laboratorio y se dirigió a su habitación para dejarlas sobre la cama.

Encontró a Jessie sentada en la cama, tejiendo con una increíble concentración. Parecía que recién estaba empezando. Esa imagen tan maternal derritió el corazón de James.

—¿Terminaste de entrenar? —le preguntó Jessie, sin levantar la vista.

—Si, hace bastante —dejó a las pequeñas sobre la cama y se sentó al lado de Jessie —. ¿Qué estás tejiendo?

—Un enterito para Jamie —respondió, con un suspiro—. Necesitamos cosas para nuestra hija. No quiero que duerma en una caja de cartón o se vista con harapos.

Era cierto. A duras penas tenían cosas para Jamie. Tal vez lo mejor sería buscar trabajo en alguna granja o mercado y comenzar a comprar cosas apenas le pagaran.

—Jessie… ¿Alguna vez te hablé de mis abuelos?

Jessie levantó la vista, frunciendo el ceño.

—Creo que alguna vez. ¿Por qué?

—Porque he logrado comunicarme con ellos hoy.

Jessie enarcó las cejas, sorprendida.

—¿Y que les dijiste?

—Todo, excepto lo del Equipo Rocket. Se les partiría el corazón si se enteraran que estuve ahí.

—Entiendo.

—Quieren que nos vayamos a vivir con ellos.

Jessie parpadeó y respiró hondo, meditando unos segundos antes de responder.

—Ellos no se parecen en nada a tus padres, ¿verdad?

James sonrió.

—Ni un poco. Viven aislados a las afueras de Ciudad Azafrán. Es un lugar hermoso, ya lo verás. ¿Qué te parece?

Jessie le devolvió la sonrisa.

—Entonces iremos. ¿Para cuando?

—Después de la Liga —James se dejó caer sobre la cama—. ¿Crees que pueda ganar?

—Bueno, teniendo en cuenta de que es la primera vez que vas, no fuiste a ningún gimnasio y tienes más derrotas que victorias…. Como un millón a una.

James no tuvo otra opción que lanzar una leve risotada.

—Yo pienso igual.

—¿Y entonces por qué vas?

James se encogió de hombros.

—No tengo idea. Ash estuvo insistente con que participara.

Jessie acarició la pierna de James.

—Y te dejaste convencer. Al fin y al cabo, todos los entrenadores sueñan con ganar la Liga, ¿verdad?

James bostezó audiblemente.

—Si, pero ahora lo que me interesa es conseguir cosas para Jamie.

Jessie asintió.

—Mejor duerme un poco, James. Estás agotado.

Era cierto. El entrenamiento y la carga emocional de haber hablado con sus abuelos era demasiado. Sin protestar, se sacó las zapatillas, abrazó a sus dos pokemón y se quedó profundamente dormido.