Holaaaaa ¿Qué tal? ¿Listos para el final de temporada? Mientras se preparan para eso les dejo un nuevo capitulo :P Pero antes gracias a Hikari, Angelito Bloodsherry y Lorenmar por sus comentarios, y los que leen, dan fav y follow. Contesto:
Hikari: Actualmente eres unas de las pocas que quieren que Alec se vuelva a ir con Sebastian :P me agradas jajaja, sin embargo Sebas no va a dejar que todo sea tan "fácil" como antes. Gracias por el comentario n.n
Las demás, conteste por PM :D
¡A leer!
Parte V: Guerra
No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.
Jeanette Rankin
.
.
.
Capítulo 17: La Semilla de la Duda
Después surgieron las dudas. O quizá estaban ahí desde el principio, pero ella no las vio hasta entonces. Como gotas de lluvia en el parabrisas. Al principio puedes atravesarlas con la mirada y centrar la vista a lo lejos, como si no estuvieran, pero cuando te fijas en ellas, ya no puedes dejar de verlas.
Nathan Filer
X.X.X.X
Suponía que debía ser odiado por Raziel; ¿Por qué si no, iba a estar solo en el despacho esperando iniciar la reunión de esa mañana y la primera persona en aparecer era Magnus?
- Clary me abrió la puerta del Instituto, dijo que buscaría a Jace – Se excusó el brujo con un susurro bajo, mientras se adentraba al despacho. La tensión entre ambos nació de inmediato, tan sólida que podía ser cortada con un cuchillo. Alec fijó la mirada rápidamente en el fuego de la chimenea, preguntándose que tanto le importaba no parecer infantil y solo marcharse de ahí; tan preocupado en no mirarlo que no notó lo que el brujo tenía en manos hasta que se acercó para dejarlo sobre el escritorio.
- Creo que esto es tuyo - Susurró Magnus. Alec estaba dispuesto a no voltear, se propuso firmemente no hacerlo, ¿Entonces porque lo hacía? No tuvo tiempo a reñirse mentalmente, estirando la mano casi por reflejo para tomar de la mesa el arco, su favorito. Pensó que nunca lo recuperaría y no fue hasta que lo tuvo en sus manos que recordó porque: lo había dejado olvidado en Idris, en la casa de Sebastian por lo que se suponía que debía estar siendo empacado para ser llevado a Alacante como evidencia, no ahí en sus manos.
- Devuélvelo – Dijo serio colocando el arco de nuevo en las manos de Magnus – No quiero regalos tuyos, devuélvelos antes de que me metas en problemas.
- ¿Qué? – Preguntó confundido sin tomarlo – No…yo lo encontré en la entrada del Instituto, en la nave de la iglesia cuando llegué; pensé que lo dejaste olvidado.
Alec se desconcertó ¿En la entrada del Instituto? ¿Cómo…? Y sin embargo pese a la duda frunció el ceño.
- Tampoco necesito tus favores – Aseguró quitándose el reloj con la mica rota de la muñeca, el reloj que lo había protegido de las voces en la ciudad silenciosa y lo dejó sobre la mano de Magnus. El brujo observó el objeto, su expresión velada por el dolor.
- Lo siento Alec – Susurró – Sé que estás herido y lo lamento.
- No vine a oírte hablar de eso Magnus – Siseó crispando los dedos alrededor del arco y desistiendo sus intentos por devolvérselo – De hecho, ni siquiera quiero volver a escucharte – Magnus lo aceptó en silencio, sintiendo no tener defensa alguna. Alec resopló poniendo distancia entre ellos, para quedar de espaldas a Magnus, mirando a través de la ventana el movimiento de New York; los carros en su ir y venir constante al igual que las personas. Intentó concentrarse en eso e ignorar al hombre tras suyo y la mirada que, sabía, tenía fija en él; y se encontró rogándole a Raziel porque su padre, Jace, y el resto de la familia llegase pronto y aligeraran esa tensión y ese sentimiento de estar desgarrándose lentamente por dentro mientras la visión de Max sobre Magnus se repetía en su cabeza dolorosamente.
Clary en algún punto le había dicho que Max había utilizado a Magnus, la recordaba decir algo sobre ciruela de hadas, Magnus también lo había dicho y desde su conversación con Max la noche anterior, se preguntaba qué tanto de eso sería cierto. Negó con la cabeza ¿A quién quería engañar? Aun cuando fuese verdad, aun cuando pudiera creer que un brujo de más de 400 años se dejó engañar por un muchacho de quince, ¿Cuan idiota debía ser para caer no una sino dos veces? ¿Cuán idiota tenía que ser él para creer algo como eso?
- Cuando me dijiste que Max iba a volver…- Comenzó antes de poder evitarlo, sin girarse a ver al brujo – En la Ciudad Silenciosa ¿Cuál era tu plan, Magnus? ¿Estar conmigo en ese lugar y con Max cuando no pudieras?
- Alexander por favor – Alec respingó al escucharlo justo detrás suyo, no se había dado cuenta cuando se acercó lo suficiente para tomarlo del hombro y hacerlo girarse. Alec sintió un estremecimiento ante su simple tacto y se soltó de él retrocediendo hasta que su espalda tocó la pared.
La mirada de Magnus estaba tan rota y herida como la de Alec, herido porque podía entender que Nefilim se sintiera enojado y traicionado, pero más allá de eso, Alec lo trataba como si lo desconociera, como si lo creyese capaz de cualquier bajeza.
- ¿Cómo puedes creer que yo sería capaz…?
- ¿No era lo que estabas haciendo? – Lo interrumpió amargamente – Escuché que te has hecho muy popular en los bares del submundo.
- Siempre he sido popular, no entiendo que tiene que ver – Dijo confundido. Alec negó para sí mismo, dispuesto a marcharse pero él lo tomó del brazo impidiéndoselo.
- No te pido que me perdones, solo que me des una oportunidad de contarte mi versión de la historia, lo que pasó – Alec se mordió el labio; no quería oír explicaciones porque era doloroso y era muy pronto; pero era igual de doloroso sentirse tan apartado de Magnus, sentir que un muro de mentiras mantenía al brujo fuera de su vista – Por favor Alec – Suplicó. Sintió un nudo en la garganta, deseando poder sentir la intensidad de su enojo del día anterior para así negarse, para marcharse sin que le importara nada; pero en su lugar asintió.
- Está bien – Susurró por lo bajo, alzando la mirada para ver directamente a sus ojos de gato. Magnus sonrió tímidamente, con alivio; viendo una oportunidad en el horizonte azul zafiro como sus ojos. Respiró profundo para darse valor.
Y fue entonces que lo vio, y sintió que su cerebro se nublaba.
- ¿Qué es eso? – Preguntó tomando el cuello de la camisa de Alec descubriendo su piel y la runa de bloqueo en este, pero no era sobre ella que sus ojos estaban puestos con las pupilas contraídas como dos rendijas, sino sobre el camino de pequeñas marcas que la adornaban, unas que él no había dejado ahí la última vez que estuvieron juntos.
El rostro de Alec enrojeció por completo apartando su mano con un manotazo y asegurándose de cubrir las marcas, avergonzado: no estaba orgulloso de ellas ni de lo que había hecho a pesar de que en su momento solo había querido herir a Magnus.
-No es tu asunto -dijo a la defensiva.
Magnus se restregó el rostro mordiéndose la lengua para contener una respuesta mordaz.
- Alec esto es absurdo - dijo intentando fingirse calmado, que su voz no delatase las ganas que tenía convertir en bicho a cualquiera que se hubiese atrevido a tocar la piel de Alec, de SU Alexander - No eres el tipo de chico que se acuesta con cualquiera por...
- No, ese eres tú - Lo cortó.
Había ido muy lejos, pero se dio cuenta cuando las palabras ya habían escapado de su boca, cuando vio como algo en los ojos gatunos de Magnus se rompía. Quiso decir algo más, quizás disculparse, pero la puerta del despacho se abrió. Por un segundo los recién llegados se detuvieron sintiendo la tensión en la habitación, Clary, Simon y Catarina observaron a Magnus y Alec con cierta expectativa, mientras que Isabelle, Jace, Maryse y Robert fulminaron a Magnus con la mirada en un gesto bastante similar y familiar, pero ninguno dijo nada. Magnus se dio media vuelta sentándose en la silla más apartada. Alec lo miró con remordimiento, suspirando y sentándose en un sillón junto a la chimenea; no sin antes tomar del escritorio de Jace su arco.
- Esto…fue incomodo – Dijo Simon; Clary e Isabelle lo codearon de cada lado del costado - ¡Au! – Se quejó, recibiendo otro codazo para que se callara.
- Clary me dijo que ustedes tienen cosas que contarnos sobre Max. – Dijo Robert sin esperar ni un segundo más; Maryse le había contado ya lo que había pasado entre esos dos y Max, pero no era para hablar de eso que estaban allí.
- Creo que todos tenemos una pieza del rompecabezas que es ese chico, Inquisidor - dijo Catarina; se había sentado junto a Magnus y lo miraba esperando que le respaldara pero él seguía con la vista en Alec, no importaba cuanto intentara apartar la mirada, sus ojos encontraban las marcas en su cuello, incapaz de vez otra cosa, devanándose los sesos en pensar a quien le había permitido Alec acercarse para besarlo de la forma en que esas marcas se hacían - ¿Dónde está el chiquillo endemoniado, por cierto?
- Ya que vamos a hablar de él a sus espaldas, decidimos dejarlo dormir hasta tarde – Aseguró Isabelle.
- Si él conspira con Sebastian para asesinar a Magnus, me parece justo hablar a sus espaldas – dijo la de piel azul mordaz; Alec olvidó por un segundo la incomodidad anterior y fijó su mirada perpleja en Catarina y Magnus, la bruja le devolvió una mirada desconfiada bufando – No estoy segura de que tan secreto puede ser esto si tenemos aquí al otro miembro de la familia feliz – Dijo señalando expresamente a Alec.
- Déjate de insinuaciones Loss – Lo cortó Maryse – Solo di lo que tengas que decir.
Resultó que Catarina tenía razón; cada uno de los presentes tenía una parte de la información sobre Max. Catarina había contado sobre su descubrimiento con las Joyas de Edom y Magnus explicó cómo había sufrido del brazalete que Max le había colocado, había contado sobre el uso de este para desviar su magia hacía la dimensión demoniaca y Robert confirmó con los últimos informes de los brujos del Laberinto Espiral que cuidaban del portal, que esa magia iba dirigida a fortalecer a Sebastian. Isabelle había intentado defenderlo, recordándoles que Max parecía confundido en su versión de los hechos de hacía cinco años; había sido una sorpresa para Alec descubrir que su hermano lo había creído asesinado por Jace; e intentó negarlo, pero Clary lo confirmó contando lo que había escuchado en ese mismo despacho la noche anterior: que Max había reclamado a Kaelie por no haberle dicho la verdad, y esta se defendió adjudicando la culpa en Sebastian; contó también cómo Max había admitido que el supuesto ataque del ogro había sido un plan para obligar a Magnus a hacer una gran cantidad de magia y Jace no tuvo más que admitir que el informe forense de Moon decía que la sangre en las manos del ogro coincidía con la de Max, lo que relacionaba a Seelie no solo al ataque sino al plan de Max y su relación con Sebastian; había informado también como según dicho informe, el ogro había muerto al ser atravesada su cabeza por una piedra proveniente de Edom y Simon complementó con ese comentario del criado por hadas donde aseguraba que sus planes de fortalecer a Sebastian lo suficiente para sacarlo de allí, no habían sido en vano.
Fue allí cuando las cosas se intensificaron, cuando al escuchar al vampiro, Alec se estremeció apretando el arco entre sus manos mientras admitía frente a todos que había visto a Sebastian mientras estaba en la casa de Idris. Las exclamaciones y maldiciones no se hicieron esperar: una cosa era enfrentarse a la posibilidad de fortalecer a Sebastian, otra muy diferente enfrentarse al rubio.
- Se apareció cuando todos estábamos ahí – Aseguró Robert de inmediato sobre las voces de todos, dirigiéndole una rápida mirada a su hijo exigiendo silenciosamente que no lo contradijera; no confiaba en Catarina lo suficiente como para informar en ese momento que el demonio se había aparecido solo ante Alec, era mejor insinuar que todos habían estado presentes en el momento – Luego de eso salimos de la casa; avisé a Alacante: en este momento todos los institutos del mundo han sido advertidos.
- ¿Se refiere a que se presentó…de verdad? – Preguntó Simon tragando grueso - ¿Está vivo… vivo?
- Max trajo de vuelta a ese asesino – Jace estaba decepcionado y enojado a un tiempo.
- Sebastian tuvo que haberlo engañado…Max no…
- ¡Despierta Maryse! -Saltó Catarina - ¿No has escuchado todo lo que se ha dicho aquí?
Alec apenas escuchaba los intentos de su madre por defender a su hermanito; en cambio frunció el ceño al darse cuenta del pequeño papel oculto, pegado a la parte interna de su arco como si de una calcomanía se tratase. Lo tomó despegándolo con cuidado de no romperlo leyendo de un solo vistazo el mensaje, intentando no perder el hilo de la conversación.
- Así que la Clave ha estado perdiendo el tiempo vigilando como tontos el portal cuando Sebastian puede salir por su casa – Bufó Isabelle.
- No creo que la salida esté en su casa; creo que usa su anillo que lo transporta - Dijo Magnus. Maryse alzó la mirada de inmediato.
- No es posible...- Intentó negar.
- Bien sabes que si – Aseguró Magnus con una mirada significativa – Estoy seguro que recuerdas tan bien como yo, el cómo Sebastian obtendría el anillo – Maryse parecía dispuesta a replicar pero Alec intervino, pensativo.
- Yo lo vi – Aseguró - Ayer cuando estuve con Sebastian en su habitación, vi el anillo.
Magnus se puso de pie con tanta fuerza que su silla golpeó contra el suelo. Todos respingaron de susto volteando a mirarlo confundidos, pero su mirada enojada por no decir furiosa estaba puesta en Alec quien al notarlo la evitó, ¡Se le había escapado! Magnus no era idiota: su padre acababa de confirmar que luego de su discusión solo estuvo en casa de Sebastian y de allí directo al instituto; y ahora se le escapaba que Sebastian no había estado ante todos, sino ante él, en su habitación; Magnus había entendido que había sido este el responsable de las marcas en su cuello.
- ¿Magnus?- Preguntó Cat confundida.
- Necesito aire - Masculló saliendo del despacho tan furioso como decepcionado; dejando un incómodo silencio.
- Eso fue extraño- dijo Jace confundido.
- El asunto es…- Retomó Isabelle -Que él no puede tener el anillo, está aquí en el Instituto protegido.
- Fue robado – Admitió Maryse finalmente notándose derrotada, no tenía ya otra manera de defender a Max –Es a lo que Bane se refería.
- ¿Cómo que robado? -Saltó Jace - ¿Por qué no dijiste nada? - Como si fuese la respuesta más obvia del mundo fue Simon quien contestó, mirando a la mujer con pesar.
- Porque fue Max.
Clary se removió incomoda ante lo que las palabras de su amigo significaban. Habían descubierto en esa simple reunión suficientes cargos para hacer pasar al chiquillo por lo menos una larga temporada de interrogatorios en las mazmorras del Gard, no podía ni imaginar cómo debía estar sintiéndose Robert: logrando liberar, no sin esfuerzo, a un hijo para encarcelar a otro.
- Kaelie está esperando que Max tome algo del Instituto – dijo la pelirroja- Pero si ya se llevó el anillo de Sebastian, debe estar buscando algo más; también le pidió el brazalete que le puso a Magnus.
Sus palabras desataron una nueva oleada de voces, quejas, intentos de desmentir y protestas. Catarina negaba con la cabeza ante lo que observaba y Robert se masajeaba las sienes cuando la puerta del despacho se abrió casi de par en par. Todos voltearon, callándose de inmediato cuando frente a ellos se dio paso Jia acompañada de al menos cinco guardias de la Clave.
- Vaya, no esperaba verlos a todos reunidos – Admitió.
- ¿Qué está pasando Jia? – Preguntó Robert de inmediato. Jace se incorporó también colocándose junto a él como cabeza de Instituto; los demás esperaron en silencio, hasta que resolvieran toda la situación con Max, no podían permitir que nada de lo que habían hablado allí fuese escuchado por alguien externo.
Jia suspiró sonoramente, tenía una mano sobre el mango del changdao en su cinto de forma preventiva. Jace lo notó enarcando una ceja y sujetando su propia arma como precaución. Y cuando la Cónsul habló, lo hizo con total claridad.
-Alexander Lightwood, debo llevarte conmigo como principal sospechoso del asesinato de Cossette Montclaire
Alec abrió los ojos de par en par abriendo la boca para reclamar pero simplemente no salía nada de su voz, no sabía que decir porque no entendía de que hablaba la mujer. Pero fue el único que no reaccionó: Maryse e Isabelle se incorporaron de inmediato mientras que Jace sacaba su cuchillo serafín moviéndose para quedar protectoramente ante su parabatai. Los guardias de Jia también desenfundaron sus armas.
Robert se paró entre su familia y los guardias mostrándose más imponente que nunca. Jia hizo un gesto con la mano pidiéndoles a sus guardias que bajaran las armas, no quería llegar a un enfrentamiento.
- ¿De qué diablos hablas? - Rugió Robert. Simon tuvo que sujetar a Isabelle, estaba seguro que atacar a la Cónsul con su látigo frente a tantos testigos no sería el movimiento más inteligente a menos que los tres hermanos Lightwood solo quisieran estar encerrados en la misma celda de la Ciudad Silenciosa.
- Encontraron el cuerpo de Cossette – Explicó ella con pesar; esa chica era su protegida desde que perdiera a su abuela en la guerra hacía años – En el camino de la casa de Sebastian; tenía clavadas varias flechas con el emblema Lightwood grabado, las flechas de tu hijo Robert; y todos saben que Cossette intentó matar a Alec hace cinco años.
- Mi hijo no está pensando en venganzas Jia – Siseó Maryse.
- Un testigo vio a un joven de cabello oscuro acercarse a la casa poco después de medianoche – Continuó la Cónsul ignorando los alegatos de la madre - Cossette se acercó a investigar y no volvió.
- Eso es absurdo, Alec no ha salido del instituto – Saltó Isabelle.
- Se lo van a llevar sobre mi cadáver –Rugió Jace. Clary y Simon se miraban con desconcierto, la pelirroja buscó apoyo en Catarina, pero ella seguía sentada sobre el sofá, cruzada de brazos negando con la cabeza, sugiriéndole que no se metieran.
- Herondale, no lo complique más – Le advirtió Jia - Haremos las investigaciones pertinentes, pero Alec es un presidiario, todo Idris sabe que no es la primera vez que mata a un Nefilim; resistirse al arresto solo complicará más su situación.
Alec estaba perplejo, escuchaba las palabras de Jia como si las pronunciara a los lejos aún sin reaccionar. Volvería a la Ciudad Silenciosa, a la oscuridad subterránea de sus celdas y los susurros enloquecedores; pero no fue eso lo que hizo que su labio temblara: volvería a ese lugar y perdería la oportunidad de sacar a Maxxie de allí.
Le habían permitido salir, pero nunca dejaría de ser "un presidiario", solo era el chivo expiatorio de la Clave, alguien a quien acusar por su pasado, de cuando no era él mismo; lo culpaban de asesinato sin prueba alguna; solo le habían dado libertad porque lo necesitaban, y ya que había cumplido nadie fuera de su familia confiaba en él.
"No tienes nada que valga la pena para quedarte."
No supo porque recordar las palabras de Sebastian justo en ese momento, pero la voz de su padre lo sacó de sus cavilaciones.
- ¡Ridiculeces! ¡Todo el escuadrón vio cuando Alec y yo nos fuimos de la casa; y Montclaire estaba viva! - Exclamó.
-También vieron la pequeña discusión que tuvieron.
- El arco y la aljaba con flechas se quedaron allá, como evidencia.- Siguió Robert.
- El arco y la aljaba también desaparecieron - Dijo Jia. Alec tragó grueso bajando la mirada al arco que reposaba en su regazo, una de sus manos lo había apretado con fuerza desde que Jia se había puesto de pie, en la otra apretaba la pequeña nota que había encontrado oculta.
- Yo lo tengo...-Susurró; pero su voz resonó como si hubiese gritado, todos voltearon a verlo, Jace incluso bajó el cuchillo Serafín con desconcierto - Tengo el arco, pero no mate a Cossette. - Su voz no tenía duda alguna, incorporándose - Fue Sebastian. - Dijo echando la nota al fuego de la chimenea junto a él, "Mi propuesta sigue en pie" decía, Sebastian quería orillarlo a aceptar su ofrecimiento de acompañarlo a Edom, cercándolo con La Clave para no darle otra opción que escapar; pero no lo iba a dejar ganar, no iba a dejar que el demonio siguiera arruinando su vida, no se lo permitiría.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Caminó con paso torpe por la calle, llevándose por delante los escalones de las aceras; el cuerpo le temblaba ligeramente, un temblor sin frio, causado por la impresión.
Las gotas de sangre en su rostro y ropas, y las manos manchadas de carmesí dejaban claro que algo malo había ocurrido pero los peatones apresurados por llegar a sus trabajos no le ponían atención a un joven como él.
El sol ahí despuntaba por sobre el puente de Brooklyn marcando el inicio de un nuevo día, pero en Idris era apenas poco más de media noche y el cerebro de Max no dejaba de rememorar los sucesos de la ultima hora.
El sonido del acero cortando el aire resonó en la oscuridad de la noche; Max se sobresaltó ante el bajo gemido de dolor de la chica frente a él. Ella bajó la mirada, la punta de una flecha sobresalía de su abdomen, atravesándola por completo.
- ¡Por Lillith! - Exclamó el muchacho horrorizado sin saber qué hacer, colocando torpemente sus manos en la herida como si con eso pudiera evitar la hemorragia, la chica cayó de rodillas.
- Vete - Gimió, la sangre brotando de su boca - Busca...ayuda - Le pidió. Max asintió pero se agachó torpemente, volviendo a incorporarse a prisa: él no sabía tratar heridas de flecha, no sabía trazar iratzes.
- Volveré - Aseguró dispuesto a correr hacia la casa de Sebastian, hacia los Nefilims que podrían ayudarla, deteniéndose al toparse de bruces con la persona que había ansiado ver toda la noche.
- ¿Por qué tanta prisa pequeño Well? - Era Sebastian, llevaba en sus manos un arco que a Max se le hacía familiar, y en su hombro una aljaba aun con algunas flechas.- No hay que dejar sola a nuestra invitada.
Max observó a Sebastian y luego a la chica sin entender ¿Por qué Sebastian la lastimaría? Ella no había hecho nada malo.
- Vete al infierno Sebastian - Escupió la chica, el rubio chaqueó la lengua tomando otra flecha que disparó atravesándole el hombro, Max respingó viéndolo acercarse hasta quedar justo al frente de ella.
- De ahí vengo estúpida - Aseguró agachándose para quedar a la altura de su cara, tomando con una mano su mandíbula, apresándola entre sus dedos - Gracias a ti.- siseó tapándole fuertemente la boca para ahogar su grito cuando tomó con la mano libre una tercera flecha que clavó en la pierna de la muchacha.
- ¿Bash, que haces? – Max estaba horrorizado, sus ojos abiertos de par en par viajaban de la mirada llena de lágrimas de dolor y odio en la muchacha, a cada flecha en su cuerpo y la sangre que brotaba de ellas - ¿De qué hablas?
- Oh, no los he presentado - Había sonreído él de forma peligrosa, esa sonrisa que dejaba sus ojos opacos - Well, esta chica es Cossette,- Dijo incorporándose y tomándola del cabello, halándolo hacía atrás para exponer su rostro al criado por hadas.
- Ella está herida...
- Ella intentó matar a Alec – Informó jalándola con más fuerza, la chica gimió de dolor con lágrimas en los ojos boqueando al sentir como se ahogaba con su propia sangre - Y lo logró conmigo - Dijo sacando la última flecha del carcaj- Así que podríamos decir que por su culpa no pude volver por ti a Feéra - Colocó la flecha sobre la palma de la mano del muchacho- Por su culpa nos separaron de Alexander.
Después de eso todo se había vuelto más borroso, como si una niebla de irrealidad lo cubriera. Well siguió avanzando, sabía exactamente a donde debía ir: no podía volver a Feéra aun, no hasta hacerse con la joya que faltaba para su Reina, y al mismo tiempo no podía volver al instituto, y dejar que los Lightwoods, ni siquiera a Alec, lo miraran mientras los recuerdos y la sangre siguieran frescos.
Él había estado en Idris buscando a Sebastian, lo había intentado llamar desde el cementerio, había pensado que volver a la casa le ayudaría a contactarlo, no había esperado encontrar a esa chica guardia de la Clave, Cossette. Sabía que estaban todos ahí, hurgando entre las cosas de Sebastian, de Alec y las propias, lo supo desde que estuvo en el cementerio y vio pasar una carreta cargada de objetos rumbo a Idris; eso le había hecho enojar, aún más cuando ella quiso atarlo para llevárselo como un delincuente, y sin embargo se había contenido: él sabía que no tenía oportunidad alguna contra una Nefilim adulta debidamente entrenada.
Pero cuando Sebastian le dijo el papel que ella había tenido en sus vidas hacía cinco años, que había destruido su familia; sintió como su enojo se volvía una furia que quemaba desde lo más profundo de su pecho; y cuando el rubio puso la flecha en su mano, y vio a Cossette en el suelo, indefensa y sangrante se había sentido tan poderoso.
Con poder sobre ella… sobre su vida.
- ¿Estás bien chico? - Preguntó un anciano al verlo; Well apenas y lo miró, siguió avanzando entre la gente.
Y era ahí donde los recuerdos se volvían confusos y desconcertantes para él, agolpándose en su cabeza sin ningún orden: recordaba haber cuestionado a Bash, ¿No decías que fue Bane el culpable de tu muerte? Veía su mano apretándose en puño alrededor de la flecha, una flecha con el emblema Lightwood grabado; recordaba a Cossette escupiéndole a Sebastian en la cara una mezcla de saliva y sangre, diciendo que volvería a hacerlo, que solo lamentaba no haber matado también a Alec; recordaba la sangre por todos lados tan roja como la que aún estaba en sus manos, y a Sebastian sujetando su mano alrededor de la suya aun con la flecha sujeta; casi podía oír su respuesta "Bane me mató, pero ella me dejó sin un cuerpo al cual volver", había ido contra Cossette con rabia y dolor dispuesto a atravesarla con la flecha, deteniéndose en último segundo con lágrimas en sus ojos, temblando; no podía hacerlo.
Pero lo que rememoraba con mayor claridad era la mano de Sebastian guiándolo, susurrando a su oído "Tiene lo que se merece" mientras atravesaban la punta de la flecha por completo en el cuello de la Nefilim.
Subió las escaleras llegando hasta la puerta de un apartamento conocido; se detuvo frente a este, el labio le temblaba: había matado a alguien; no, Sebastian lo había hecho, pero él había tenido su mano en el arma mientras ocurría, eso lo hacía tan culpable como el mismo rubio, porque no lo había detenido, porque en medio de su enojo, por un segundo había deseado destruir a esa chica por Alec, por Bash, por todos los años que estuvo sin ellos en Feéra.
¿Entonces porque no se sentía mejor?
Llamó a la puerta con vacilación; Kaelie siempre le había dicho que no se debía arrebatar la vida de otro ser vivo a menos que fuese necesario; ¿Había sido necesario con Cossette?
- No, no, no - Susurraba horrorizado al ver el cuerpo sin vida en el suelo, la sangre lo manchaba por completo y él no podía apartar la vista de los ojos sin brillo que aun así él sentía acusadores - ¿Que...que hicimos?
- Ella se lo merecía - Repitió Sebastian con tono que no admitía inflexión - Me atravesó la espalda con una espada- Dijo rotundo - E intentó matar a Alec
- Intentó...- Repitió él y fue solo entonces que pudo desviar la mirada de sus manos ensangrentadas para fijarse en él - A...Alec está vivo...estuvo vivo todos estos años.- Sebastian lo miró con sorpresa por un segundo antes de reír con cierta burla.
- ¿Ya lo viste? – Preguntó. Max se mostró confundido.
- ¿Tú…lo sabías? – Él chico se mostró desconcertado - ¡Sabías que mi hermano estaba bien! ¡Me engañaste para que te ayudara cuando Alec siempre estuvo vivo! – Gritó lanzándose sobre él, dispuesto a golpear al rubio que lo sujetó de las muñecas para contenerlo y estamparle un puñetazo que dejó al joven Lightwood en el suelo con una mano en la quijada viéndolo con reproche y el dolor de una persona que se siente engañada por todos.
- Me mentiste – Sollozó Max, la mano en su quijada le llenaba el rostro con la sangre de Cossette pero él apenas lo notaba, el cuerpo sin vida de la chica junto a él había pasado a segundo plano su mirada estaba fija en el demonio frente a él.
- Te dije que íbamos a recuperar a Alexander y eso es lo que haremos – dijo con determinación.
- Pero… él está bien…
- ¿Bien? – Se rio – ¡Tu familia lo encerró en la ciudad silenciosa para que se pudriera ahí! – Le espetó, Max negó para sí mismo, confundido.
- No…fue la Clave…ellos…
- ¡Abre los ojos Well! – Le gritó - ¡Tu padre es el Inquisidor! ¡La Cónsul, y los representantes de los hombres lobos y los brujos eran amigos de la familia! – Rugió - Él pudo salvar a Alec de haber querido, pero prefirió castigarlo por amarme –Escupió – Castigarte a ti sin tu hermano ¿Vas a confiar en ellos antes que en mí?
No había sabido que creer, en quien confiar; Sebastian tenía razón: habían dejado a Alec al abandono en la Ciudad de Hueso, lo habían dejado a él abandonado en Feéra, pero si había sido así ¿Por qué Alec los defendía? ¿Por qué decía que amaba a Bane?
Volvió a llamar a la puerta con insistencia. Sebastian lo había ayudado a incorporarse y él lo había abrazado llorando, explicándole sus dudas, sintiéndose como un tonto por tenerlas, "mi hermano dijo que ama a Bane"
Y se lo había mostrado, como le mostraba sus recuerdos en Edom, le había enseñado como su hermano había recibido a Bash, se habían besado en su habitación de la casa de Idris con tanto deseo que Max se sintió estúpido por haber pensado lo contrario, se sintió un Idiota por haber desconfiado de él.
Podía sentir las salvaguardas del loft que le impedirían pasar; escuchó ruido en el interior, por lo que insistió un poco más; hasta que la puerta se abrió.
- Quienquiera que seas no estoy de humor para… - La voz de Magnus se apagó abruptamente al abrir la puerta y verlo allí descalzo frente a su puerta cubierto de sangre. Un sentimiento de Dejavú lo embargó, pero contrario a la primera vez donde la preocupación lo había cubierto al ver a Max bañado en sangre, esta vez el brujo apretó la mandíbula furioso. – Largo. – dijo dispuesto a cerrar la puerta, el muchacho atravesó la mano impidiéndolo.
Había sufrido una gran impresión esa noche, ver a Cossette morir, que su sangre estuviese en sus manos en ese momento era algo para lo que no estaba preparado.
Alec me ama a mí – Había dicho Sebastian – Y vamos a volver a ser una familia, tu, Alexander y yo. Mis aliados me ayudaran en el momento adecuado, pero ni los Lightwood ni Bane van a dejarlo ir, para eso debes seguir ayudándome.
Pero si estaba preparado para hacer lo que fuese necesario, para recuperar a su hermano, para recuperar su familia.
- Alec…está en problemas – Susurró, sus palabras captaron la atención de Magnus de inmediato ¿Qué demonios? Él acababa de volver del Instituto, se había ido furioso con Alec por lo que había descubierto, por saber que después de todo lo que había pasado el ojos azules había corrido tras Sebastian a la primera oportunidad; pero lo había dejado bien, rodeado de toda la familia Lightwood mientras se suponía que Max había estado durmiendo ¿Cómo es que aparecía ahora cubierto de sangre?
- ¿Qué pasó? – Preguntó de inmediato volviendo a abrir la puerta; Max quiso dar un paso en su dirección y entrar pero las salvaguardas no se lo permitieron - ¿Max, que le pasó a Alec?
- Ella está muerta…-Susurró.
- ¿Quién? ¿Isabelle? – Preguntó el brujo sintiendo la angustia, dando un paso al frente para salir del loft para tomarlo de los hombros y zarandearlo exigiendo una respuesta. Max negó.
- Cossette intentó matarlo….-Ahogó y el labio le tembló - Tiene lo que se merece…pero…pero Alec… - Magnus sintió como el vello del cuerpo se le erizaba.
- Max…- Lo llamó con cautela - ¿Tú mataste a Cossette?
El chico se lanzó sobre el brujo abrazándolo, hundiendo su rostro cubierto de sangre en su hombro; Magnus quedó estático ante el arrebato escuchando los ahogados sollozos. Tenía que llamar a Robert, él sabría que hacer al respecto y sin embargo el susurro de Max lo detuvo.
- No…no fui yo – Magnus se estremeció presentía que lo siguiente que diría no iba a gustarle – Alec… - Sollozó contra su cuello y Magnus se estremeció de forma desagradable – Alec está en problemas…
Todos los músculos de Magnus se contrajeron ¿Alec? ¿Acaso quería decir que...? Negó, era imposible, Alec estaba en el Instituto, él no era un asesino, era incapaz…
- Sebastian dijo… dijo que ella se lo merecía – Seguía susurrando contra la piel del cuello del brujo y la sangre escapó del rostro de Magnus: Alec era incapaz, él no mataba, pero Sebastian había demostrado lograr que Alec se hiciese capaz de muchas cosas. Negó con la cabeza; no, no podía dejarse llenar la mente de musarañas, lo que fuera que había pasado tenía que ser un error, tenía que ir al Instituto y averiguar qué había ocurrido porque una cosa era que Alec se volviera a acostar con Sebastian y otra muy diferente que volviera matar por él.
- Iremos al instituto a hablar con Robert – dijo intentando soltarse de él pero Max se aferró suyo bajando el abrazo aferrándose a su cintura. Magnus se apresuró a tomarlo de los brazos intentando sacárselo de encima - ¡Max!
- Alec no necesita tu ayuda ni la de Robert – dijo en un susurro mordaz, los sollozos habían desaparecido, Magnus continuó sus intentos de sacárselo de encima – Yo en cambio necesito un baño – Acotó recorriendo sugerentemente el cuello de Bane con su lengua de camino a la quijada y de ahí a los labios.
Magnus reaccionó de inmediato, movió sus manos incluso antes de pensar que quizás su magia no funcionara con él, pero si lo hizo: Max fue lanzado contra la pared del otro lado del pasillo cayendo despatarrado al suelo de manera estruendosa. El joven criado por hadas sonreía casi divertido.
- ¡Por favor! ¿Realmente piensas que voy a venir aquí a pedirte ayuda para Alec? – Preguntó con descaro; Magnus sintió la ira quemarle en la sangre, movió sus manos haciendo aparecer un portal en el pasillo.
- No tengo paciencia para ti- Masculló, un rápido movimiento y Max fue lanzado al interior del portal en medio de una maldición por parte del chico. Cerró el portal bufando furioso, realmente se había asustado al creer en la palabra de ese mocoso mentiroso; como si Jace e Isabelle no estuviesen corriendo desesperados a su Loft si Alec estuviese en problemas. Se sacudió las manos volviendo al loft con un resoplido furioso, quien diría que podría enojarse más de lo que estaba hacía unos pocos minutos.
- Típico de los criados en Feéra: solo piensan en disfrutar de los placeres -Dijo una figura desde la sala con falsa reprobación, sentado despreocupadamente sobre el sofá de una pieza. El fuego rodeó las manos de Magnus de inmediato, era imposible, las salvaguardas de su departamento estaban alzadas y sin embargo ahí estaba, Sebastian sonriendo de forma descarada. - Tiempo sin vernos Bane.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- …Así que debemos prepararnos, el Inquisidor seguramente tomara acciones contra el pueblo Seelie. – Culminó Kaelie con el informe de lo averiguado en el instituto; la Reina Seelie que había estado escuchando atenta asintió.
- Solo si la sangre resulta ser del chico, Well – dijo uno de los caballeros Hadas que la habían acompañado.
- Es su sangre – Admitió Kaelie con la mirada gacha – Well me dijo que…
- Shhh querida, no hay porque decir cosas innecesarias – La interrumpió la Reina; Kaelie se calló de inmediato. – No tenemos de que preocuparnos, esta corte no ordenó el ataque a nadie, La Clave no puede adjudicarle sus acciones al Pueblo Seelie.
- Pero lo intentaran – Aseguró la tercera hada; la Reina asintió.
- Estaré preparada para eso – Aseguró – Cumplieron con su trabajo, pueden retirarse. – Las tres hadas asintieron con una ligera reverencia dispuestas a marcharse pero la Reina exclamó – Kaelie tu quédate – Ella asintió volviendo a su lugar, mirando a la Reina expectante, pero la mujer no habló hasta que hubieron quedado a solas. - ¿Cómo está el muchacho? ¿Calmó tu angustia?
- Well está bien físicamente - Admitió ella.
- No pareces muy animada por eso. – Acotó.
- Well está disgustado conmigo – Admitió – Discutimos en el instituto. – La Reina le restó importancia con un gesto de la mano, realmente no le importaba la relación de su diplomática con el mocoso Nefilim.
- ¿Te dijo algo sobre el ataque? ¿Por qué Krpol lo atacaría? – Kaelie dudó a responder, no podía mentir, pero tampoco podía solo dejar a la Reina sin respuesta.
- Fue Sebastian – dijo – Sebastian necesitaba que Magnus Bane hiciera magia y usó a Well para eso – Había rencor en sus palabras; la Reina entrecerró los ojos, así que después de todo el plan de usar a Bane como su propia batería le había funcionado.
- Entonces no tendremos que preocuparnos del Inquisidor - Dijo seria - Robert Lightwood no arrojara a la Clave contra nosotros si eso significa confesar que su chico está trabajando con Sebastian, él no se arriesgara a que sea encarcelado.
Kaelie asintió, ella tampoco se arriesgaría en su lugar. Se mordió el labio con duda, aun había un detalle que no la dejaba en paz.
- Señora… ¿Cómo un guardia de los nuestros ayudaría a Sebastian en sus planes?
- Querida, te advertí que no iba a seguir tolerando tus sospechas – dijo cortante; Kaelie bajó la mirada aceptándolo – Así que olvídate del tema y dime ¿Qué te dijo el muchacho sobre la Joya faltante?
- Well recuperó el brazalete – La Reina sonrió complacida – Y sabe dónde está la diadema, asegura que complacerá los mandatos de su majestad en la brevedad posible.
- Dile que se dé prisa – Ordenó – Que espero tener todas las joyas en mi poder antes de que la Clave venga a buscarme o va a pagar el problema en el que nos ha metido – La pixie asintió, sabía que el pueblo Seelie estaría en problemas si se le acusaba de asociación a Sebastian Morgenstern, pero su corazón estaba estrujado por lo que podría hacerle la Clave a Well al saber su papel en toda esa situación.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Salpicó agua mientras se restregaba el cuerpo deshaciéndose de la sangre seca en su cuerpo; tenía que volver al instituto pero no podía hacerlo como si acabara de salir de una macabra fiesta en el Reino UnSeelie.
Todavía se sentía un poco descolocado por lo que había ocurrido en Idris, el pulso le temblaba un poco al recordar el sonido de la flecha atravesando la piel del cuello de Cossette, pero ese sentimiento disminuía con cada segundo que pasaba, con cada vez que se repetía a sí mismo: ella se lo merece.
Limpió la sangre en sus uñas; mordiéndose el labio con indecisión. Si, quizás Cossette se lo merecía, pero no estaba tan seguro de Alec. Sebastian le había dicho que su hermano estaría bien, que La Clave se lo llevaría unos días pero eso lo acercaría a ellos y lo separaría de Magnus, le había dicho que sembrara la semilla de la duda en Bane, y eso había hecho, o eso esperaba; ahora el rubio se encargaría.
Se restregó las muñecas totalmente libres, debía concentrarse ahora que la gente en el Instituto estarían ajetreados con Alec para dedicarse a recuperar la joya de Edom que la Reina Seelie le había pedido, especialmente ahora que no podría devolverle el brazalete; se estremeció, sin duda se enojaría con él y volvería a azotarlo. Suspiró, "ajetreados con Alec" parecía restarle importancia a la situación, su hermano estaba enojado con él, solo esperaba que entendiera sus razones y no creyera que lo estaba traicionando.
Se colocó bajo el chorro de agua, lavando su cabello; estaba cálida y lo agradecía porque sabía que apenas saliera de ahí se congelaría el trasero; al menos no tendría que correr mucho hasta él instituto, el portal de Bane lo había llevado hasta Central Park.
- ¡Ey tú, sal de la fuente! – Escuchó que le gritaban; Max volvió la mirada hacía la persona que se acercaba a él: un hombre vestido de azul, con un uniforme a juzgar por su compañero que iba igual.
- Ya casi termino – Aseguró revisándose los brazos: no le quedaba ya sangre, por lo que se agachó para tomar su camisa y pantalones que se remojaban en la fuente con el trasero desnudo hacía los policías, algunos jóvenes en el parque reían con sus teléfonos en alto capturando el momento, mientras algunas madres escandalizadas le tapaban los ojos a sus pequeños hijos y se los llevaban de allí.
- Chiquillo descarado – Gruñó el policía haciéndole una seña a su compañero más joven quien se metió a la fuente dispuesto a atraparlo.
- Oye espera… – dijo corriendo por la fuente, el joven oficial corrió tras él lo más rápido que el agua y la superficie resbaladiza le permitía - ¡Aun no lavo mi ropa! – Gritó, los mirones no dejaban de reírse por el chiquillo exhibicionista, mientras que el oficial lograba darle alcance tomándolo de un brazo - ¡Ey, suéltame! – dijo forcejeando para sacárselo de encima; resbalando y cayendo los dos en el interior de la fuente.
- ¡Eres mío! – Masculló el policía entre dientes con molestia; Max abrió los ojos sorprendido y algo ruborizado.
- Oh yo…solo tenías que pedirlo – Dijo avergonzado incorporándose para besar al oficial en los labios.
Una hora después, sentado en la comisaría vestido solo con una cobija intentando no temblar de frio, Max todavía se preguntaba porque demonios se había armado tanto alboroto. Tenía la muesca de un golpe en su mejilla que el oficial le había dado luego de haberlo besado.
- Oigan idiotas no pueden tenernos aquí, homofóbicos – Gritó una muchacha también en la celda; habían al menos otras cinco personas que habían armado un alboroto para defenderlo cuando el policía le había golpeado.
- Tenemos nuestros derechos – Gritó una mujer que parecía de la edad de su hermana- No hicimos nada.
- Ustedes pueden irse, pero el exhibicionista no – Dijo un oficial regordete acercándose a la celda.
- ¡Es menor de edad, y no han llamado a sus padres! – Exclamó una mujer indignada – Mi esposo es abogado y… - Todos volvieron a irrumpir en quejas y protestas a su favor; Max los observaba en silencio interesado: había que ver que los mundanos eran raros y escandalosos, él solo había querido lavar su ropa.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- ¡Largo! - Rugió Magnus de inmediato, no entendía: sus salvaguardas seguían alzadas, pero no iba a detenerse a preguntar, una llamarada de fuego azul fue lanzada hacía el demonio; Sebastian se incorporó esquivándolo y el sofá estalló en mil pedazos, la risa del rubio se volvió de burla.
- ¿Por qué tan enojado Bane? Solo vine a saludar a un viejo amigo con quien tengo mucho en común.
- Tú y yo no tenemos nada en común.
- Oh - Dijo fingiendo sorpresa - Pensé que tú también hacías gemir a Alexander; supongo que te sobreestime.
- ¡Aléjate de Alec! – Rugió; Sebastian rio sonoramente.
- Dime Bane ¿Cómo hacerlo cuando se pone tan... fogoso? – Se sacudió el cuello de la camisa fingiéndose acalorado, Magnus entrecerró los ojos al ver la pálida piel del rubio: estaba adornada con runas, pero no parecían las runas normales de color negro intenso, tampoco las runas de los oscurecidos en color rojo; parecían más bien como si fuesen un recuerdo, runas grises como si estuviesen en camino a desaparecer; pero su cerebro apenas prestó atención a eso notando su cuello marcado como había estado el de Alec. Apretó la mano en puño, su sangre hirviendo, mientras su cerebro evocaba recuerdos que había intentado enterrar por años: Alec besando a Sebastian frente a todos, él junto a Tessa hurgando en la mente de Alec viendo al rubio recorrer la piel del ojos azules que esta sobre la barra de la cocina; la voz de Sebastian en su oído: "¿Que se siente brujo, saber que Alexander gime mi nombre cada noche, gracias a ti?"
Magnus rugió furioso sus ojos cubriéndose de fuego azul; Alec había vuelto a los brazos de Sebastian, había creído que saber que entregarse a otro por su enojo era doloroso, pero cuando se dio cuenta en medio de la reunión con los Lightwood que había sido Sebastian el otro, que otra vez se había entregado a ese maldito demonio, el dolor se había convertido en ira, y con ella la decepción.
Movió sus manos lanzando un hechizo; Sebastian lo esquivó, alzando las manos en un intento de detenerlo.
- Ey brujo, calma - Dijo - No hay porque pelear - Aseguró sonriendo filosamente, casi saboreando sus próximas palabras - Ahora que estás con el pequeño Well y yo he vuelto con Alec, somos algo así como familia.
Magnus olvidó la magia, olvidó hechizos y armas; solo se lanzó sobre Sebastian golpeándolo contra la pared.
- ¡Alec jamás volvería contigo!
- Ya lo hizo - Casi ronroneó - Mientras la estúpida Clave rebuscaba por la casa; él me daba la bienvenida en nuestra habitación- dijo haciendo énfasis en nuestra. Magnus lo soltó como si le hubiese quemado - ¿Lo has notado? Lo adorable que es cuando intenta contenerse para no ser escuchado.
- ¡Voy a matarte otra vez, maldito demonio! - Rugió golpeándolo; Sebastian sonrió abiertamente como si la idea le divirtiera; con un hilillo negro en la comisura de los labios, Magnus abrió los ojos con sorpresa, no era sangre sino icor demoniaco.
- Curioso que lo menciones porque si mal no recuerdo no fuiste tú quien dio la estocada final, fue esa estúpida niña Cossette - Dijo con burla – Que por cierto, seguro te llamaran de la Clave porque "Alec" se encargó de ella por mí – Magnus palideció, negando con la cabeza, recordando la visita de Max, lo que había insinuado - Porque me ama y volverá conmigo a Edom.
- ¡Alec nunca te amó! Fueron las pociones
- Te has repetido eso por cinco años Bane - Dijo - ¿Eran las pociones mientras lloraba y me besaba en mi lecho? ¿Cuantas veces Alexander ha pensado en mí estos años? ¿Crees que lo fueron la forma en que nos reencontramos ayer? ¿Los recuerdos que atesora? ¿O las veces que ha dicho mi nombre en la oscuridad de su celda? - Magnus retrocedió pálido pero Sebastian lo sujetó de la camisa evitándolo y devolviéndole el golpe; el brujo cayó al suelo por el impacto - Respóndeme sinceramente Bane - Sebastian se posicionó rápidamente sobre él, marcando cada palabra con un puñetazo - ¿Alguna...vez...haz... creído... que... fueron... solo... las... pociones?
Magnus intentó hechizarlo, apartarlo de sí; pero su magia no tuvo ningún efecto en él; el reflejo naranja en la muñeca de Sebastian llamó su atención antes de que otro puñetazo le impactara.
- ¿Te gusta?- dijo mostrando el brazalete de Edom, el brujo lo miraba desconcertado: por eso sus salvaguardas no habían evitado que el demonio entrara. Se horrorizó: él no lo había considerado pero sus hechizos habían funcionado en Max, se maldijo por su despiste: debió haberse dado cuenta que algo pasaba desde el principio - Nunca he sido fan de la joyería, pero esta ha resultado ser muy útil.- Le dio otro puñetazo; la sangre borboteaba de su nariz y boca a grandes cantidades- No eres nada sin tu magia, brujo inútil.
Magnus le escupió en el rostro ganándose un golpe aún más fuerte.
- No me tientes Bane, o me harás conformarme con solo matarte. - Advirtió.
- Magnus necesitamos tu… - La puerta del loft se había abierto justo en ese momento para darle paso a unos apurados Jace y Catarina, el rubio que había estado hablando se detuvo de golpe al ver la escena ante ellos. - ¡Sebastian! - La bruja actuó de inmediato lanzando una fuerte llamarada de luz blanca contra Sebastian, pero este no le causó ningún daño, mientras que el brazalete brillaba con más intensidad.
Jace desenfundó su cuchillo serafín lanzándose sobre él, pero el rubio solo movió la mano en señal de despedida desapareciendo al instante. Magnus tuvo que invocar rápidamente un escudo para que el ataque de Jace no lo lastimara a él.
- ¿Estas bien? - Preguntó Catarina de inmediato; corriendo a él, Jace ya lo ayudaba a levantarse, el brujo escupió una buena cantidad de sangre
- ¿Que quería ese maldito? - No respondió; su pulso temblaba, no por la amenaza o los golpes, sino por sus palabras, temblaba por lo que había dicho...
Recordaba a Alec besando a Sebastian con lágrimas en los ojos mientras este exhalaba su último aliento, lo recordaba delirando por la fiebre en la Ciudad Silenciosa hacía un par de años, llamando a Max y a Sebastian; se acordaba de sí mismo el año pasado acostado en la cama de su Nefilim después de haber hecho el amor, metiendo la mano debajo de la almohada para arreglarla mejor mientras acariciaba la espalda de Alec recostado sobre su pecho; y encontrando sin querer el anillo Morgenstern de Sebastian; recordaba lo herido que se había sentido, traicionado; y la respuesta de Alec "Es el anillo de Jonathan, no puedo solo botarlo"
Él sabía, lo había hablado con Alec, que este había tenido sentimientos por Jonathan pero ¿Realmente había creído alguna vez que fueron solo las pociones?
- ¡Magnus esto es importante! - Exclamó Jace sacándolo de sus cavilaciones.
- Váyanse, no estoy de humor- Masculló.
- ¿No me escuchaste? ¡La Clave se llevó a Alec! - Exclamó - Tienes que ir a ayudarlo, él no asesinó a Cossette, y dice que tú conseguiste el arco en la puerta del instituto.
"Alec está en problemas"
"Alec se encargó de ella por mí "
Magnus negó con la cabeza tratando de sacar las voces de Max y Sebastian de la mente; casi por reflejo se llevó la mano al bolsillo del pantalón sacando de este el reloj que le había dado a Alec hacía años, tenía la mica rota. Se aferró a él, como si quisiera que el hechizo con el que contaba, lo abarcara: no podía dejar que ese engendro del demonio se metiera en su cabeza; pero resultaba tan difícil mientras recordaba a Alexander en medio de la sala del Gard sujetando la espada mortal, describiendo cada una de las personas a las que había asesinado, por Sebastian.
- Lo siento Jace pero yo…- Se dejó caer en el sofá de tres plazas - Ya no estoy tan seguro de Alec; no lo hare.
- ¡¿Qué?!- El rubio saltó de inmediato - ¡No puedes hacerle esto! Harán que se pudra en la Ciudad Silenciosa.
"Alec no necesita tu ayuda"
Magnus sonrió con cansancio; por Lilith cuan casado estaba, cansado de confiar ciegamente, cansado de ser el que debía resolver los problemas, de Max, de Alec y el resto de los Lightwood sin importar cuánto daño le estuviesen haciendo.
- Sebastian no va a permitirlo - dijo en un susurro ahogado, soltando el reloj que cayó al suelo; porque si Alec había elegido al rubio otra vez, se rendía; no seguiría engañándose con la excusa de las pociones, no seguiría luchando.
_OO_OO_OO_
¿Qué les pareció? Magnus! No te des por vencido u.u ¿Habrá perdido completamente la fé en su nefilim estúpido? Esperemos que esto no dure mucho porque por lo visto Alec lo necesita D: por Raziel, Max ¿Qué has hecho ayudando de esa forma a Sebas? Por cierto que ame escribir la escena de la fuente con Max jajaja
En el próximo cap, pues veremos más complicaciones…veremos otro encuentro entre Alec y Sebastian… y volveremos a ver al pequeño Maxxie, que ya lo extrañamos ;)
Nos leemos pronto
Besos :3
