Capítulo cuarenta y cuatro

Rebeldía.

Oak había pospuesto todas sus investigaciones hasta terminar la de Meowth. Antes de que el felino parlante llegara, estaba intentando averiguar por qué un Slowpoke evolucionaba a Slowbro cuando un Shellder le mordía la cola. Ahora esos archivos estaban acumulando polvo en algún lado.

En lo que estaba concentrado ahora era en Meowth, el cual tocaba una pequeña guitarra ajustada para su tamaño en el suelo del laboratorio, mientras Oak lo filmaba. Era bastante bueno con el instrumento, aunque su vos rasposa no era precisamente melodiosa o afinada.

Ella se calza sus zapatillas otra vez.

Dejando el pueblo que la vio nacer.

Ella tiene ganas de correr.

De correr, de correr.

Iluminada por las luces de Ciudad Neón.

Llegar al mar antes del atardecer

Y en Isla Canela bailar hasta perder la razón

Y batallar sin dejarse vencer.

Meowth dejó de tocar y lo miró.

—¿Lo estoy haciendo bien?

—Es increíble como tienes talentos que ningún otro pokemón puede tener —lo alabó Oak—. ¿Tú la compusiste?

—No, es de una banda llamada Enrique VIII. Me gusta mucho escuchar música y luego interpretarla con mi guitarra.

—¿Nunca has compuesto nada?

Meowth enrojeció

—Bueno, solo unas pocas, pero no son muy buenas…

Meowth levantó un poco la vista, interrumpiendo lo que estaba diciendo y miró por encima del hombro de Oak. El científico se dio vuelta y se encontró con Ash, quien los miraba desde la puerta.

—Oh, hola Ash —Oak apagó la cámara—. ¿Qué te trae por aquí?

—Mi madre, Misty y Brock se fueron a Islas Espuma —Ash no parecía muy contento por ello.

—Puedes aprovechar para entrenar, James está afuera —le dijo Meowth, volviendo a tocar la guitarra de manera distraída.

—Si, eso dijeron ellos —gruñó Ash.

Oak se pasó una mano por sus cabellos grises.

—Ash, nunca vas a ser un verdadero maestro pokemón si no entrenas —le dijo con toda la paciencia que pudo.

Ash le hizo un gesto despectivo con la mano.

—No hace falta entrenar. ¡He ganado las ocho medallas! —exclamó, con orgullo.

Oak suspiró.

—Mientras tú dices eso, Gary está entrenando en su casa y James está entrenando en el fondo. Los otros doscientos entrenadores que van a participar están haciendo exactamente lo mismo. Ganar las ocho medallas no es fácil, pero aún más difícil es poder llegar a un puesto decente en la Liga.

Ash iba a responder, pero en ese momento sonó el timbre.

—Iré yo, profesor Oak —dijo el muchacho y salió del laboratorio. Oak miró a Meowth, quien seguía practicando acordes en su guitarra.

—Este muchacho es muy difícil —Oak sonrió tristemente—. A veces siento que no está listo para ser entrenador.

—Déjalo que se estrelle contra la realidad —Meowth apenas levantó la vista—. Hay veces que es la única manera de aprender

—No me gustaría que fuera así.

—¿Acaso nunca has oído la frase "el que no sufre no aprende"? Es lo único que puede llegar realmente a cambiar a alguien cuando las advertencias y las pruebas no son suficientes. Es duro, pero es así.

Oak se acomodó un poco en su silla giratoria.

—Supongo que tienes razón, Meowth.

Ash volvió a entrar al laboratorio. Su rostro era una mezcla de confusión y asombro.

—¿Ash? ¿Qué sucede?

Ash se mordió el labio.

—¿Puede venir conmigo un segundo?


James estaba entrenando duramente a sus pokemón, incluida a su recién adquirida Bulbasaur. No creía que la usaría para la liga, pero era mejor entrenarla junto a los demás, así podía tener un vínculo con sus compañeros.

—¡Bulbasaur, usa Hoja Navaja! ¡Psyduck, usa Chorro de Agua!

Las hojas, duras y filosas como cuchillas, se dirigieron hacia Psyduck, pero el chorro de agua de Psyduck, puro y cristalino, logró apartarlas a un lado y golpear de lleno en la cara del Bulbasaur. Por suerte, ese ataque casi no le hizo daño.

—¡Psyduck, arañazo! ¡Bulbasaur, Látigo Cepa!

El pokemón tipo agua corrió ágilmente hacia Bulbasaur, con las garras extendidas. Bulbasaur usó sus látigos para agarrarlo de las extremidades y arrojarlo lejos.

—¡Los dos lo están haciendo muy bien! —les gritó James, orgulloso.

—¡Y tu te ves genial, cariño! —Jessie estaba a varios metros acostada en una reposera y protegida del sol con una sombrilla. A su lado había una mesa plegable con una jarra de jugo con hielo y un vaso. Arbok dormitaba a sus pies.

—Creo que ya hemos entrenado mucho por hoy —James ayudó a Psyduck a pararse y le sacudió la tierra del cuerpo. El pato lo miró, con los ojos llenos de orgullo por estar haciendo las cosas bien. Las miradas vacías, como si mirara a la nada misma, eran cada vez menos frecuentes.

—¡James!

El aludido se giró hacia donde lo llamaban y vio a Ash en la puerta trasera del laboratorio, agitando la mano en una señal para que se acercara.

James dejó a sus pokemón descansando y fue casi corriendo hacia donde estaba Ash.

—¿Qué sucede?

Ash parecía preocupado.

—Ven a la sala.

Intrigado, James lo siguió a través del laboratorio hacia la parte que hacía de la casa de Oak. Por un aterrador segundo, pensó que una oficial Jenny los estaría esperando para meterlos en la cárcel por sus multiples crímenes.

No, nadie lo esperaba para arrestarlo. El que sí lo estaba esperando era un pokemón que tenía un trozo de papel en la mano. El corazón de James se estrujó tanto como ese pedazo de papel arrugado.

—¡Mime!

James reconoció al Mr Mime del circo. Parecia muy nervioso y asustado.

—¿Qué pasa? —le preguntó, incapaz de poder reaccionar del todo.

—Yo te lo explicaré —Meowth habló desde el sillón—. La entrenadora de Mr. Mime lo empezó a maltratar otra vez.

—Lo que no entiendo es como llegó hasta aquí —preguntó Ash.

James se mordió el labio.

—Le dije a Mr. Mime que si su entrenadora lo seguía maltratando, podía venir conmigo. Le hice un mapa improvisado sobre como llegar a la casa de Ash y me encontrara allí. Como probablemente íbamos a terminar aquí, le dije como podía llegar al rancho en caso de que no estuviera en casa de Ash.

Se quedaron en silencio un par de segundos antes de que Ash abriera la boca.

—Espera, ¿eso quiere decir que ahora tienes un Mr. Mime?

James miró al preocupado pokemón, quien parecía asustado y sin saber que hacer, buscando de donde agarrarse. Se volvió hacia Ash.

—Yo le dije que podía quedarse conmigo si quería, no lo estoy obligando.

—Dado a que te estuvo buscando, creo que si quiere quedarse contigo —se metió Oak.

James dio unos pasos hasta estar frente a frente con el pokemón y le puso una mano en el hombro.

—Cuidaré de ti tanto como pueda, ¿si?

Los ojos del Mr Mime se llenaron de lágrimas y lo abrazó con fuerza, hundiendo la cabeza en su estómago. James le acarició la cabeza con suavidad, conmovido.

—Profesor Oak, ¿le molestaría hacerle un chequeo a Mr. Mime?

—En absoluto.

James se separó del pokemón con suavidad.

—El profesor Oak te hará un chequeo médico y luego vas a comer y descansar un poco. Iré a verte en cuanto pueda, ¿si?

Mir Mime asintió con la cabeza.

—Perfecto —se dirigió a Ash—. Ya que estás aquí, podríamos entrenar un poco, ¿verdad?

Ash se acomodó la gorra.

—¡Claro! Pero te advierto que voy a derrotarte, ¿verdad, Pikachu?

—¡Pika pika! —su Pikachu le dio la razón desde su hombro.

James sonrió con suficiencia.

—No soy el mismo de antes, Ash. Puede que esta vez logre derrotarte.


Regresaron al jardín donde todos los pokemón de James descansaban. Jessie aún seguía disfrutando su refresco.

—¿Qué sucedió, James? —le preguntó ella apenas pasó a su lado.

—El Mr. Mime del circo regresó.

Jessie sacudió la cabeza.

—Ya me parecía que eso iba a pasar.

James siguió de largo junto con Ash y pararon en el lugar de entrenamiento.

—¿Estás listo, Ash?

Ash se acomodó la gorra.

—Claro que sí.

James se frotó la cabeza.

—Espera. Necesitamos un referí —fijó su vista en Jessie—. ¡Cariño! ¿Quieres ser réferi?

—¡No tengo ganas de levantarme! —le respondió Jessie, desde la reposera—. ¡Le diré a Arbok que vaya a buscar a Meowth!

El pokemón venenoso se levantó de mala gana y se metió en el laboratorio, serpenteando suavemente su cuerpo sobre el pasto. No tardó mucho en regresar junto con Meowth.

—Siempre quise ser referi —dijo Meowth, poniéndose en medio de los dos, ya preparados para la batalla. En su pata tenía una moneda—. Uno de ustedes elija una cara de la moneda. La que salga, tendrá que sacar a su pokemón primero, ¿listos? Elijan.

—Cara —dijo James.

—Ceca.

Meowth lanzó la moneda al aire, la atrapó al caer y la puso sobre su otra pata.

—Ceca. Empieza tú, Ash.

—Yo elijo a Pikachu.

El pokemón eléctrico saltó del hombro de Ash y se puso en posición.

—¡Pika, pika! —dijo, en tono de batalla.

James miró a todos sus pokemón, ya que los tenía afuera.

—Victreebel, ven aquí.

Su pokemón planta fue hacia él dando saltitos y no tardó nada en arrojarse a la cabeza de su entrenador, como si quisiera comérsela.

—¡Victreebel! —James logró zafarse de su efusiva muestra de cariño—. ¡Es hora de pelear, no de jugar!

Con un chillido de aprobación, el pokemón planta se puso en posición

—Uno… dos… y… tres, ¡Comiencen!

Ash no tardó ni un segundo en dar la primera orden.

—¡Pikachu, Impactrueno!

Unos rayos amarillos salieron de las mejillas de Pikachu e impactaron de lleno en Victreebell. Un buen ataque, de no ser porque lo estaba haciendo contra un tipo planta en etapa final y que había sido entrenado en los últimos meses.

—Ni siquiera le hizo cosquillas —se burló James—. ¿Acaso sabes lo que es una estrategia? ¡Victreebel, Latigo Cepa! ¡Golpealo!

El pokemón planta extendió su único látigo (a diferencia de los otros tipo planta que solían tener dos o ninguno) y comenzó a golpear a Pikachu. Intentó esquivar los golpes, pero era demasiado rápido.

—¡Pikachu, usa Ataque Rápido!

—¡Hojas Navaja!

Pikachu corrió hacia VIctreebel a toda velocidad. Esquivó muy fácilmente el ataque y la embistió con todo su cuerpo. No la derribó, pero logró hacerle daño y que se tambaleara, con un chillido de dolor.

—¡Embestida!

—¡Embestida!

Los dos dijeron el ataque al mismo tiempo y los pokemón obedecieron. Victreebel era grande y mucho más pesada que Pikachu, pero el pokemón eléctrico era mucho más rápido y ágil. Logró golpearla antes de que el pokemón planta pudiera tomar el impulso suficiente para golpearlo y la hizo volar un par de metros, tirándola al suelo.

—¡Victreebeel! ¡Levantate, por favor! —le gritó James.

—¡Mis pokemón valen por diez! —lo provocó Ash, con una sonrisa de suficiencia que encendió la ira de James —. ¡Nunca derrotaras a Pikachu! ¡No lo has hecho antes y no lo harás ahora!

Mocoso malcriado. He estado entrenando durante mucho tiempo mientras tú te la pasabas holgazaneando. No es justo, no es justo, no es justo…

—¡Victreebel, levántate!

Victreebel se levantó con un poco de dificultad, ayudada por su propio latigo cepa. James dio un suspiro de alivio. No todo estaba perdido.

—¡Agilidad, Pikachu!

El pokemón eléctrico comenzó a correr en círculos alrededor de Victreebel a una velocidad endemoniada, volviéndose cada vez más solo un borrón amarillo. James apartó un poco la vista. Si seguía viéndolo se iba a marear…

—¡Cierra los ojos! ¡Te vas a marear si lo miras!

Aunque no podía verla de frente, supo que obedeció. James tenía que permanecer atento. En cualquier momento, Pikachu atacaría.

Cosa que no tardó mucho en pasar.

—¡Embestida!

—¡Polvo Sueño!

VIctreebel expulsó un polvo rosado y brillante a su alrededor con fuerza. Cuando Pikachu aspiró el ataque, el efecto fue casi instantáneo. Su embestida fue débil y poco coordinada, haciéndole muy poco daño a Victreebel.

—¡Terminalo con Embestida!

Victreebel se abalanzó sobre un muy mareado Pikachu y lo hizo volar por los aires de un golpe. El pokemón eléctrico salió disparado hacia Ash y su entrenador tuvo que atraparlo entre sus brazos como si fuera un paquete.

—¡Pikachu! ¿Te encuentras bien? ¿Puedes seguir? —Le preguntó Ash, sosteniéndolo en sus brazos.

Un quejido lastimero, seguido de un sonoro ronquido, le dio a entender que no.

—¡Pikachu no puede continuar! ¡VIctreebel es el ganador! —anunció Meowth, entusiasmado.

—¡Muy bien, cariño! —aplaudió Jessie.

James soltó una risotada burlona hacia Ash. No quería ser cruel con él en realidad, pero no conocía otra manera de que Ash quisiera mover el culo y entrenar a sus pokemón en lugar de mirar las nubes.

—¡No puedo creer que desperdicié meses de mi vida en querer llevarme esa rata amarilla! —se burló James—. ¡Me habrían echado del Equipo Rocket si le llevaba eso a mi jefe! Aunque tal vez el problema no sea tu Pikachu. Tal vez el problema es que tiene a un vago como entrenador

Meowth carraspeó.

—James, no seas mal ganador…

—No soy mal ganador, Meowth. De haber entrenado un poco más a Weezing en el pasado, hacía rato que lo habría derrotado.

Ash apretó a su pokemón contra su pecho. Estaba temblando de furia.

—¡No tienes idea de nada! ¡Solo fue suerte!

James acarició a su Victreebel en la cabeza, mientras esta daba pequeños chillidos de felicidad.

—Las batallas no se ganan con suerte, se ganan con estrategia y entrenamiento. No necesitas suerte para ganar la Liga. Necesitas un milagro.

—¡Callate!

Ash sacó una de las pokebolas de su bolsillo y la lanzó al aire.

—¡Pidgeotto, yo te elijo!

El pokemón pájaro salió de la pokebola, desplegando sus alas al sol. James se mordió el labio. Su Victreebel estaba cansada y estaba en desventaja.

—Regresa —a James no le gustaba hacer pelear a sus pokemón hasta que no pudieran ni moverse. Sabía que su pokemón planta probablemente perdería y no quería que luchara en vano.

¿A quien usar ahora? Otro volador los pondría en igualdad de condiciones, pero el único que tenía era a Butterfree, un pokemón tipo bicho. No tenía muchas opciones.

—¡Nina, ven aquí!

Su pequeña Pikachu fue corriendo hacia la improvisada arena de batalla y se puso en posición de ataque.

—¡Impactrueno!

Los cachetes de Nina se llenaron de electricidad y las descargó sobre el Pidgeotto. Tenía que ser una victoria fácil.

—¡Esquivalo!

Pidgeotto se movió por el aire a una velocidad increíble. Los rayos eléctricos ni siquiera lo rozaron.

—¡Otra vez, Nina!

La Pikachu siguió tirando Impactrueno hacia su oponente, pero era demasiado agil y los ataques no llegaban hacia él. Si seguía así, ella se iba a agotar y el Pidgeotto aprovecharía para atacar.

Cosa que no tardó mucho en pasar.

Apenas las fuerzas de Nina comenzaron a flaquear, Ash gritó:

—¡Pidgeotto, Picotazo!

El pájaro se avalanzó sobre ella en picada, golpeándola con su enorme pico y tirándola al suelo.

—¡Nina! ¿Estás bien?

La Pikachu se levantó, temblando. No pensaba perder.

—¡Picotazo otra vez!

Pidgeotto arremetió otra vez, pero James no iba a permitir que la lastimaran más.

—¡Usa Látigo!

Cuando Pidgeotto llegó al suelo, Nina le golpeó la cabeza con su cola. No le hizo mucho daño, pero logró que no la golpeara. El pokemón volador se elevó en el aire, esperando su próxima órden.

—¡Usa Tornado!

Esto se va a poner feo.

Pidgeotto formó un remolino con el movimiento de sus alas. Nina era muy liviana y fácilmente podría salir volando por los aires como una mera bolsa de supermercado.

—¡Usa Agilidad para evitar el tornado!

Nina se movió a tal velocidad que casi no la vio. Logró esquivar el tornado a duras penas, pero logró superarlo.

Ash pegó una patada al suelo de la frustración.

—¡Usa Picotazo!

Pidgeotto bajó a tierra con la velocidad de un proyectil directo hacia Nina. A James se le ocurrió una idea arriesgada.

—¡Agarrate de él, Nina!

Nina saltó cuando Pidgeotto estaba a menos de dos metros de ella y se agarró de su espalda con fuerza. Pidgeotto chilló y se elevó en el aire unos cuantos metros, mientras intentaba sacudírsela de encima.

—¡Impactrueno!

Nina obedeció y le hizo el ataque eléctrico a quemarropa. El grito del Pidgeotto atravesó el aire mientras caía junto con Nina directo hacia el suelo. Impactó en la tierra con fuerza, levantando una nube de polvo a su alrededor.

—¡Nina!

—¡Pidgeottto!

Meowth se acercó a ambos, quienes estaban tirados en el suelo sin poder levantarse.

—Nina y Pidgeotto están fuera de combate. Es un empate.

James se acercó y levantó a Nina en brazos.

—Peleaste bien, mi nena —sacó su pokebola y la metió adentro.

Ash metió a Pidgeotto dentro de su pokebola también, con una mano temblorosa.

—Aún sigo ganando, Ash —dijo James, con las manos en los bolsillos—. Creo que tenían razón cuando me dijeron que te habían regalado la mitad de las batallas.

—¡Las gané con habilidad! —Ash sonó furioso, pero dolido.

—Algunas de ellas tal vez sí, pero no todas. No te estás tomando esto de la Liga en serio, parece. Mejor quédate en casa y ayuda a tu madre en el campo hasta que aprendas que para ser un Maestro Pokemón, hay que entrenar duro, tener disciplina y ser un gran estratega, además de tener un vínculo con tus pokemón —James suspiró—. Esta vez yo elegiré a mi pokemón primero. ¡Weezing!

El pokemón no acudió al llamado. Estaba demasiado ocupado mirando una nube como para escucharlo. James suspiró: desde que era un Koffing, se la pasaba distraído mirando cosas durante horas cuando lo dejaba ir a sus anchas o simplemente paseando por los alrededores sin rumbo fijo. No había cambiado su actitud para nada al evolucionar.

—¡Weezing! —llamó, en un tono más alto. Esta vez, desvió la mirada de las nubes y fue levitando hacia él. Se puso en posición, listo para pelear.

Ash sacó su pokebola, ya con fuego en los ojos.

—¡Charizard, ve!

El enorme pokemón de fuego apareció ante él, imponente. James tragó saliva. Dudaba muchísimo de que su Weezing pudiera contra semejante bestia, pero no podía dar marcha atrás. Despegó los labios para ordenar a su pokemón que lanzara Pantalla de Humo mientras pensaba en alguna táctica ofensiva, pero se calló al ver que Charizard simplemente se echó al suelo y bostezó audiblemente, como señal de que no tenía el menor interés en pelear.

—¡Charizard, hazme caso! ¡Usa Lanzallamas! —ordenó Ash, colérico. Lo único que consiguió fue que el pokemón de fuego le tirara un Lanzallamas a él, el cual pudo esquivar por muy poco.

Meowth sacudió la cabeza, contrariado.

—Si no quiere pelear, lo siento mucho. El ganador es Weezing.

James se acercó a Ash, quien estaba rumiando su amargura, dándole la espalda.

—Ash…

—Ya sé lo que vas a decirme. Soy un pésimo entrenador, ¿verdad? Mi Charizard ni siquiera me hace caso —le dijo Ash, sin darse vuelta.

James titubeó y le puso una mano en el hombro.

—Tienes que convivir día a día con tus pokemón para conocerlos, tanto en batalla como en la vida diaria. Ser maestro Pokemón es algo más que ganar medallas, es tener un vínculo especial con los pokemón.

Ash se caló la gorra hasta que le taparon los ojos.

—Me tomaré en serio lo de ser entrenador, lo prometo —murmuró Ash, apagado—. Pero no sé que hacer con Charizard.

James se rascó la cabeza.

—No tengo idea.

Ash se dio vuelta.

—Jessie dijo que tienes un vínculo especial con los pokemón —dijo.

James se rio.

—Con pokemón pequeños, si. Pero un Charizard…

—¿Podrías intentarlo al menos?

James miró al Charizard. Este estaba acostado durmiendo como uno de esos borrachos gordos que uno se encontraba tirados en una esquina oscura. Suspiró.

—Lo intentaré, pero te usaré de escudo humano si me llega a calcinar.