Buenas a todos. Escribo a pesar del caos.

Kaiser: Le hice un favor al pobre chico. Solo lo humillé delante del ex Equipo Rocket en lugar de humillarlo frente a la televisión nacional.

Slash Torrance: Ash solo ganó la mitad de las medallas en forma legítima (Trueno, Alma, Bosque y Tierra). Las demás fueron regaladas. La verdad, tiene poco que presumir.

AlenDarkStar: Ya te estaba extrañando, hombre. Meowth está psicológicamente afectado y cree que no puede. Solo le hace falta práctica. James hace lo que puede, pero se pasa de un extremo al otro.

James no tiene muchas posibilidades de ganar, eso es cierto. Solo quiere ver hasta donde puede llegar. La Liga va a ser muy dificil para ambos.

Capítulo cuarenta y cinco

Charizard.

Oak le informó a James sobre el estado físico de Mr. Mime. Estaba bien de salud, solo que tenía algunos golpes hechos a base de latigazos. James maldijo a la dueña del circo, pero ya no había nada que hacer. Al menos estaba seguro con él.

Pero ahora se venía la parte difícil: razonar con Ash y Charizard. James no creía que pudiera lograr algo, pero lo había prometido y no podía echarse atrás.

Para empezar, habló con Ash a solas en la sala del profesor Oak. Lo mejor que podía hacer por el momento era hablar con ellos por separado.

—¿Desde cuando tu Charizard está actuando así?

—Desde que lo quise hacer pelear contra el Paras de Cassandra.

James hizo un esfuerzo y recordó al pequeño pokemón cobarde al que habían ayudado a que tuviera un poco de fe en si mismo hacía varios meses atrás.

—Ah, sí —James se rascó la cabeza—. Algunos pokemón de fuego pueden ser muy selectivos para pelear.

Ash gruñó.

—Pero tenía que obedecer. Soy su entrenador.

James puso los ojos en blanco.

—¿Crees que tu relación con los pokemón es algo así como el amo y el esclavo?

—¡Claro que no! —se apresuró a decir Ash—. Sólo que… nunca supe que hacer para que me obedeciera.

—Obviamente gritarle no es la forma.

—¿Y entonces cual es?

James se quedó en silencio varios segundos antes de responder.

—Tienes que razonar con él. Tienen que razonar ambos, si te digo la verdad. Hay mucha falta de comunicación. Pero tenemos a Meowth y él nos ayudara. Si sabemos por qué actúa así, tal vez hagamos que la relación entre ustedes mejore.

Ash asintió con la cabeza. Luego, su rostro se ensombreció y pregunto.

—¿Y si… no se puede hacer nada?

James respiró hondo.

—¿Serías capaz de liberarlo?

Ash dio un respingo.

—¿Liberarlo? —repitió Ash, como si James se hubiera vuelto loco.

—Al menos no usarlo en la Liga. ¿De que te va a servir un Charizard que no te obedezca, por muy poderoso que pueda llegar a ser?

Ash se pasó la mano por la cabeza, entre molesto y pensativo.

—No quiero hacerlo.

James resopló.

—Desde Monte Abuelo que no te he visto sacar a tu Charizard y eso fue desde antes que comenzara a salir con Jessie. Admítelo, ni siquiera lo has intentado.

Ash bajó la vista, avergonzado. Su Pikachu le palmeó el hombro en un intento de consolarlo.

—Pero…

James se levantó.

—Escucha: iré a hablar con Charizard y veré el origen de su mal comportamiento hacia ti. Prometo intentarlo, ¿si? Mientras tanto, que se quede afuera de la pokebola. Eso lo ayudará a despejar la cabeza.

Ash asintió.

—De acuerdo, lo haré.


—James, ¿crees que puedas hacerlo?

—No lo creo, Meowth.

James y Meowth estaban en el exterior, yendo hacia Charizard. El pokemón apenas había volado un poco alrededor del rancho y luego se había ido cerca del lago a reposar allí.

James tragó saliva. Rogó a Dios de que no lo rostizara vivo.

—¡Hey, Charizard!

El aludido giró la cabeza y lo miró, haciendo un leve gruñido gutural. James contuvo las ganas de retroceder.

—¿T-te acuerdas de mi, verdad?

Charizard gruñó y exaló humo por la nariz.

—Dice que sí —tradujo Meowth. Charizard volvió a gruñir y agregó—. Quiere saber por qué estás aquí y por qué nadie nos está atacando.

Claro, Charizard no sabía absolutamente nada sobre todo lo que había pasado en los últimos meses.

—Decidimos dejar el crimen y ahora somos amigos de Ash.

Charizard habló, pero esta vez Meowth no tradujo, sino que le hizo una pregunta.

—¿Cuándo fue la última vez que saliste de la pokebola? —Esperó a que el pokemón de fuego respondiera y agregó —. ¿Y antes de eso?

Cuando Charizard le respondió, Meowth abrió los ojos como platos y exclamó:

—¡Lo del Monte Abuelo fue hace como ocho meses, si mal no recuerdo!

Charizard se levantó y lanzó un rugido hacia el cielo que casi les reventó los tímpanos. Acto seguido, empezó a escupir fuego hacia los costados, ciego de furia.

—¡Huyamos! —exclamó Meowth—. ¡Pidamos ayuda al profesor Oak!

Salieron corriendo a más no poder en dirección al rancho, sin mirar atrás, alejándose de la ira asesina de Charizard. A James no le hacia falta que Meowth le dijera lo que había pasado: el pokemón estaba furioso por haber pasado tanto tiempo encerrado en su pokebola y ahora quería incinerar todo lo que viera.

Cuando faltaban unos metros para llegar, vio a Oak saliendo por la puerta del laboratorio, alarmado.

—¿Qué está pasando? —preguntó Oak, mirando de manera nerviosa a James y al Charizard a lo lejos.

—¡El Charizard de Ash! ¡Está como loco! —jadeó Meowth.

—¡Yo me encargo de buscar su pokebola! ¡Ustedes vayan al sector de los pokemón de agua para ayudar a apagar el fuego! —se dio media vuelta y corrió hacia dentro del laboratorio.

Por fortuna (y desgracia al mismo tiempo), Charizard se encontraba bastante cerca de la zona de pokemón de agua. James tenía que calmar de alguna manera al furioso pokemón, así que sacó una de sus pokebolas.

—¡Butterfree, Polvo Sueño sobre Charizard!

El pokemón bicho salió volando por el cielo, desplegando sus alas blancas y comenzó a revolotear alrededor del pokemón de fuego, arrojando un polvo brillante y amarillento.

—¡Pokemón de agua! ¡Oak necesita su ayuda para apagar el fuego! —gritó Meowth hacia el lago.

Apenas pronunció esas palabras, decenas de pokemón acuáticos emergieron y comenzaron a extinguir las llamas con relativa facilidad, mientras el Polvo Sueño del Butterfree hacia efecto en Charizard, haciéndolo caer al suelo.

—Que desastre —murmuró James, mientras su Butterfree volaba hacia él, en busca de cariño. James le acarició la cabeza—. Buen trabajo.

—Charizard, regresa —Oak ya había llegado y estaba parado justo detrás de él—. James, ¿me podrías explicar que demonios ha pasado aquí?

—El Charizard de Ash no lo obedece y yo intenté razonar con él, pero creo que no funcionó —le respondió James, con una punzada de culpabilidad en su pecho.

Oak lanzó un suspiro y se cruzó de brazos.

—Bueno, al menos no quemó la casa —en su cara se dibujó una media sonrisa—. Tendrás que hablar con él cuando no sea un riesgo para los demás.

James esquivó su mirada.

—No sabía que iba a estar tan…

—¿Furioso? Los Charizard tienen carácter fuerte y son difíciles de manejar si no fueron bien criados.

—Si, me acabo de dar cuenta.

Oak le palmeó el hombro al ver el rostro abatido de James.

—Bueno, bueno, ya está. Entremos a la casa. Estoy seguro que a la próxima lo lograras.

Oak se dio media vuelta y se dirigió a la casa. James no se movió. Estaba demasiado frustrado como para moverse. Meowth se acercó hacia él.

—¿Estás bien, James?

Cerró los ojos y asintió, como si le hubiera dado una jaqueca.

—Si, solo que… pensé que íbamos a lograr algo.

Meowth soltó una risa seca.

—Todo lleva su tiempo, James. No seas ansioso —se quedó un momento en silencio y agregó, en un tono más casual—. ¿No sería mejor dejarlo así? No te conviene que Ash tenga un pokemón fuerte en su equipo.

James lo miró.

—Lo sé. Pero sabes que no soy así. Ya no.

Meowth asintió.

—Tienes razón. Vamos a descansar un poco.

James aspiró hondo y el olor a pasto quemado casi lo hizo atragantarse.

—Después lo intentaremos. No podemos dejarlo demasiado tiempo encerrado en la pokebola.

—Si, se puso como loco. ¿Crees que Ash y Charizard se van a llevar bien?

James quería decir alguna frase positiva, pero no le salió ninguna. No le gustaba mentir a nadie.

—No sé, Meowth. No lo sé.


Al día siguiente, volvieron a probar suerte.

Esta vez, Oak les dejó la pokebola de Charizard, en caso de las cosas se descontrolaran. Le hubiera gustado quedarse, pero prefería investigar si Lunita podía hacer alguna de las actividades que Meowth era capaz de hacer.

—No la presiones —le advirtió Meowth—. Es muy pequeña aún para muchas cosas.

—Te aseguro que todo saldrá bien, no te preocupes. Mejor ocúpate de no salir calcinado.

James y Meowth se fueron a un lugar alejado del rancho, donde no hubiera casi arboles para quemar ni pokemón que asustar o lastimar.

—¿Listo, James?

El aludido miró a su alrededor. Nadie iba a correr peligro… salvo ellos, claro.

—Creo que sí. ¡Sal, Charizard!

El pokemón de fuego salió rugiendo y tirando fuego hacia el cielo. Meowth lanzó un resoplido.

—Calmate o te meterán en la pokebola otra vez —le advirtió.

Charizard lo miró, desafiante, pero luego se acostó en el suelo, gruñendo.

—Solo pasó un día, te lo juro —lo tranquilizó Meowth.

Charizard volvió a gruñir.

—Queremos saber por qué odias a Ash.

Charizard tardó en responder, pero lo hizo en un tono más bajo de lo normal.

—Dice que no lo odia en realidad —tradujo Meowth.

—¿Entonces por qué te comportas así?

Charizard lanzó un resoplido y murmuró algo.

—Nos importa porque Ash es nuestro amigo y no queremos que quede en ridículo si llega a usarte en la Liga y tú solo te dediques a echarte panza arriba —respondió Meowth.

Charizard se quedó tanto tiempo en silencio que James pensó en darse por vencido. Pero Charizard volvió a hablar. Parecía que se estaba conteniendo para ocultar sus verdaderas emociones mientras hablaba. Meowth lo escuchaba atentamente, sin siquiera moverse. Cuando Charizard terminó su discurso, Meowth se giró hacia James.

—Bueno, la cosa va así. Cuando evolucionó a Charmeleon, estaba muy ansioso de demostrar lo fuerte que podía ser, pero que Ash lo hizo pelear contra ese estúpido Paras y pidiendo que sea suave con él. Eso lo hizo pensar de que Ash lo consideraba un inútil y que decidiera dejar de obedecerlo. No quería que se repitiera lo de Demian.

—¿Demian? —preguntó James.

—El entrenador que tenía antes que Ash. Demian lo consideraba un inútil también.

—Ah.

—Charizard también dice que Ash no le interesa ninguno de sus pokemón, excepto Pikachu. Él siempre está fuera de su pokebola, mientras que él y los demás solo salen cuando Ash los necesita. Charizard cree que Ash lo considera una especie de herramienta de último recurso y que ni siquiera se molestó en preguntarle que le pasaba o un esfuerzo mínimo en preocuparse por él, al igual que Demian. Hace meses que está encerrado en una pokebola y solo lo saca para gritarle que haga esto o aquello. Apuesta a que Pikachu es el único que entrena para hacerlo quedar como el Oh, gran poderoso Pikachu y al resto como un montón de debiluchos.

James se mordió el labio, pensativo. Charizard tenía un punto con lo de que Ash no puso ningún esfuerzo en querer mejorar la relación, pero aún le faltaban más cosas que preguntarle.

—Charizard, en el Monte Abuelo estábamos corriendo peligro de muerte cuando Ash te llamó. Nuestros pokemón habían fallado al detener a los otros y ya no teníamos opciones. Tú no hiciste nada —hizo una pausa antes de seguir—. ¿Acaso querías que se muriera?

Charizard abrió grandes los ojos, pero no hizo otro movimiento. James continuó:

—¿O acaso no viste el peligro porque estabas demasiado ocupado haciéndote el ofendido? Te resentiste tanto con esa tonta batalla que decidiste cerrarte y quedarte solo con eso. ¿Te olvidaste cuando te abandonaron y Ash y sus amigos te cuidaron? ¿En serio olvidaste eso?

Charizard miraba el suelo. Ni se atrevía a mirar a la cara a James. Este decidió dar por terminada la conversación.

—Le diré a Oak que no te ponga en la pokebola y puedas andar libre por el rancho mientras no causes problemas. Nos veremos en otra ocasión. Si necesitas algo de nosotros, intenta buscar a Meowth o a Oak.

James se dio media vuelta y empezó a caminar de vuelta hacia el rancho junto con Meowth. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Charizard. Meowth le preguntó:

—¿Qué opinas de todo esto, James?

James lo miró de reojo.

—¿Te digo la verdad? Los dos son unos idiotas.


Ese mismo día, James fue a hablar con Ash a su casa. Sentados los dos en la sala, le contó toda la charla que había tenido con Charizard hacía pocas horas atrás. La cara del chico parecían hechas de tantas emociones que James no podía saber exactamente lo que sentía. Enojo, culpabilidad, confusión… Tardó un par de minutos en pronunciar palabra.

—Yo no tenía idea de que pensara todo eso —murmuró al fin, como si todavía no se lo creyera.

—Bien, ahora está en ti decidir lo que vas a hacer con todo esto. Habla con Meowth cuando quieras y podrás tener una conversación con tu Charizard y ver si quieres salvar la relación antes de que sea demasiado tarde.

Ash apretó los bordes del sillón donde estaba sentado y tardó un poco más en contestar.

—Hablaré mañana con él, así está más calmado.

James asintió y decidió cambiar de tema.

—Ahora que estás aquí solo, ¿Qué estás comiendo?

Ash se sonrojó un poco, pero respondió.

—Mi madre me dejó comida hecha para que la calentara. Además, tengo ramen instantáneo.

James negó con la cabeza, sonriendo de manera triste. Ash necesitaba aprender a independizarse si quería ser un verdadero entrenador.

—Ash, no puedes depender de otros toda tu vida. Levántate, te enseñaré lo básico para cocinar.

Ash levantó las cejas, pero no dijo nada. Se levantó y se fue caminando a la cocina. James suspiró. Le daba la impresión de que sería algo tan difícil como enfrentar un Magikarp ante un Raichu y esperar a que el pobre pez se alce con la victoria.