Holaaholaaa

¿Qué tal? ¿Listos para un cap bastante emotivo? Espero que sí. En los Reviews del Cap anterior note mucha molestia renacer hacía Max… quizás en este cap podamos entenderlo mejor; pero antes le agradezco a Alexe-senpai, Kile, Nina, Guest, RebeMarauder, Jaz y Noesis por sus reviews y PM… Contesto :)

Kile: Tu corazón tendrá pronto otro flashazo de Jonathan…quizás en el prox cap ;)

Nina: Realmente habrá muchos sacrificios a diferentes escalas; ya verás. Y pues sí, ahora es que se vienen las conversaciones de verdad entre ese par. Maxxie es la cosita más adorable del mundo. Un beso :3

Guest: Oh sí, eso no lo discuto: le deben muchas disculpas… oh bueno en ese caso la molestia con Alec está justificada… y sobre cómo quedará, pues si, muchas quieren Sebalec/Jonalec pero no por eso dejan de apoyar Malec a su manera jajaja como sea ya el final está escrito ;) Un beso

Jaz: Oh bueno Sebastian ahora es que se trae trama, digo su telaraña apenas se está hilando. Ahora Malec…supongo que solo queda cruzar los dedos para que todo mejore. Un beso :3

Noesis: oye, oye, sé que estás enojada con Max, pero que culpa tiene Maryse para que la difames? Jajaja bueno, pero lo importante es que Max ya se dio cuenta que está haciendo mal, un beso :3

Por cierto, quizás y solo quizás haya una pequeña referencia en el primer párrafo de la segunda escena que pueda ser considerada Spoiler o algo así de Lady Midnight aunque intenté ser lo más escueta posible, además de que lo ajusté a mis necesidades para el fics u.u

Ahora sí, ¡A leer!

Parte V: Guerra

No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.

Jeanette Rankin

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Capítulo 20: Perdón

Nunca es tarde para pedir perdón. Nunca es tarde para comenzar otra vez. Nunca es tarde para decir que me equivoqué.

Anónimo

X.X.X.X.X.X

Las palabras de Max dejaron la nave del instituto en silencio. Alec miraba a su hermano como si dudara haberlo escuchado, como si hubiese deseado tanto oír esas palabras que ahora que lo hacía no daba crédito a sus oídos. Max en cambio mantenía la mirada gacha con lágrimas pugnando por brotar de sus ojos.

Maryse miraba a sus dos hijos expectante, sin saber si soltar a Alec y reñir a Max por haber mentido o mantenerlo sujeto y evitar que volviera a lanzarse sobre su hermano menor.

- No entiendo – La vocecita de Maxxie los desconcertó a los tres haciéndoles recordar que el niño seguía presente - ¿Cuál es el problema? Yo me he acostado con Magnum, y con papá y ayer me acosté a tomar la siesta con tía Izzy y Maryse dijo que podía…

- ¡Maxxie, es hora de bañarse! – Exclamó la mujer a prisa soltando a Alec para correr hacía él; el niño protestó mientras ella lo tomaba de la mano – Dejemos a Alec y Max hablar – Le dirigió una rápida mirada a sus hijos mientras se apresuraba en sacarlo de allí – Y ya te dije que puedes llamarme abuela… - Fue lo último que escucharon, pero ninguno de los dos Lightwood prestaba atención.

- ¿Qué…dijiste? – Preguntó Alec.

- Ustedes están separados por eso, por mi culpa – dijo en un susurro apenas audible, pero que Alec escuchó – Pero no lo hice. – Alec apretó los puños, tan fuerte que las uñas se clavaban en sus palmas.

- Max, no puedes solo decir eso y pensar que no te voy a exigir explicaciones – Le advirtió. Magnus estaba bien, y aunque todavía quería ir a Buenos Aires para verlo, las prioridades habían cambiado momentáneamente.

- Necesito aire – Pidió el menor, se sentía sofocado; no sabía si por las paredes del instituto o por el peso de lo que finalmente entendía.

- No puedo salir.- Le recordó cruzándose de brazos y recordando entonces algo importante - ¿Pero tú sí? ¿Cómo hiciste para burlar el hechizo de Moon? – Preguntó con desconfiado. Max negó, porque realmente no lo sabía.

- Ambos podemos salir – Susurró recordando las palabras de Sebastian en su sueño "Ambos podrán" había dicho; se suponía que él al igual que Alec estaba encerrado por el hechizo de la bruja, pero si había podido salir, significaba que Alec también podría. – Te daré las explicaciones que quieras, pero por favor…

Alec lo observó con la quijada rígida mientras se ponía de pie. Max abrió la puerta del instituto y el ojos azules se descruzó de brazos.

- Muy bien, hablemos afuera.

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Magnus movió los escombros con su magia para permitirse el paso a través de la calle iluminada por la luz de la luna. Las cosas comenzaban a calmarse poco a poco en Buenos Aires; había descansado esa tarde por órdenes de Tessa, pero cuando Jem volvió diciendo que en medio de su recorrido por los refugios y registros de la ciudad había encontrado lo que estaban buscando, una carta del chico perdido que viajó a Los Ángeles tras su amada contándole a su familia que había cambiado de nuevo su nombre a Rook y tenido un hijo llamado Jonathan; ambos le pidieron a prisa un portal a Los Ángeles, prometiendo que volverían en cuanto pudieran.

Así que ahora, descansado y sin nadie que los riñera, Magnus había vuelto a la ayuda. Hacía medio día que el número de muertos que conseguían había disminuido y todo se había sumido durante la noche en una macabra y relativa calma. Quizás era hora de que él también volviera a Estados Unidos, tenía cosas que hacer y por la cuales volver a casa después de todo, y Alec las encabezaba todas; era solo, que no se sentía correcto solo marcharse cuando aún había tanto caos a su alrededor.

Escuchó el sonido de pequeños pasos y más escombros siendo movidos en pequeñas cantidades, el brujo se acercó sigiloso, atraído por el ruido. No estaba seguro que esperaba encontrar ¿Un gato hurgando en la basura? ¿Un perro escarbando entre los escombros? Como fuese no esperaba ver al pequeño niño de piel tostada en el interior de uno de los negocios de la calle.

Magnus observó el lugar, era una panadería, estaba casi completamente destruida por un automóvil que había sido arrojada contra ella y el fuego de lo que parecía ser una explosión. Los bomberos habían recuperado ya los cuerpos de los clientes y trabajadores fallecidos y la mayoría de los muebles y mostradores estaban derribados en el suelo, quemados. Habían restos de la mercancía que habían estado vendiendo por el lugar, algunos panes y dulces calcinados completamente otros que se habían salvado se habían convertido, por las desfavorables condiciones, en criaderos de moscas o comenzaban a descomponerse.

Magnus observó con el corazón estrujado como el pequeño niño evaluaba los panes y dulces, pateando algunos carbonizados con el pie, desechando asqueado los que tenían larvas de moscas; lo vio revisar una lata de gaseosa mostrándose decepcionado al ver que estaba vacía, y tomar finalmente un buñuelo que comenzaba a tener moho en la superficie. El niño dudó, buscando a su alrededor algo mejor pero no pareció conseguirlo porque resignado le quitó con sus manitas los pedazos más afectados y mordió el buñuelo tímidamente con el hambre reflejado en el rostro.

Magnus notó, con el corazón estrujado, que era el mismo niño de antes, el pequeño ratoncito que había robado su pan cuando estuvo al cuidado de Tessa frente al instituto. Llevar a los niños a refugios había sido la prioridad para todos, mundanos, Nefilims o submundos, así que no entendía como él aún estaba por allí, como fuese ese pequeño no se merecía eso.

Se acercó al mostrador de la panadería, pasando por junto al auto calcinado intentando que su presencia no alarmara al pequeño.

- Hola – Dijo en español; el niño alzó la mirada a prisa, sujetaba el buñuelo con moho contra si como si temiera que Magnus quisiera quitárselo. –Tranquilo, está bien.

El niño negó con la cabeza retrocediendo un paso con miedo. Magnus pensó en alguna manera de ganarse su confianza, por lo que chasqueó sus dedos haciendo aparecer en sus manos un emparedado y una gaseosa tras un rápido puff de fuego azul. Quiso ofrecérselo pero tarde se dio cuenta que el pequeño había dejado caer su precaria cena retrocediendo horrorizado, mirando con sus ojos café abiertos de par en par por el miedo de las manos de Magnus a sus ojos de gato que brillaban en la oscuridad.

- Ten – Ofreció la comida - Puedes comerlo – Intentó acercarse a él con cautela, el niño retrocedió un poco más y Magnus se detuvo – Descuida, no te haré daño.

El niño no pudo evitarlo más y se agachó tomando del suelo una lata vacía y la arrojó contra Magnus, aprovechando la confusión del brujo para echar a correr escapando por una de las ventanas rotas. Magnus lo miró perplejo un segundo antes dejar caer la comida y darse prisa en salir por donde entró para buscar al niño, lo vio casi media cuadra más allá: para tener hambre sí que corría rápido el pequeño.

- ¡Espera! Quiero ayudarte – Gritó corriendo tras él. Para ser un niño tan pequeño era obvio que conocía la ciudad, se movía entre las calles sin titubeo, aprovechando los escombros para escurrirse entre ellos y dificultarle a Magnus el seguirlo. Pero el brujo no iba a dejarlo tan fácilmente, ese pequeño necesitaba ayuda y si él no podía dársela lo llevaría con quien si pudiera.

El niño cruzó la siguiente esquina y Magnus se dio prisa en llegar hasta allí para no perderlo de vista, pero era demasiado tarde: frente a él solo se erguía el malogrado instituto y un poco más allá la tienda que funcionaba como hospital. Había personas atendiendo aun algunos heridos, caminando por la calle con linternas o piedras de luz mágica pero no había rastro del pequeño. Magnus observó en todas direcciones y no pudo evitar un suspiro frustrado: lo había perdido otra vez pero ¿A dónde se había escondido?

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Caminaron por Central Park en silencio, con la incomodidad tangible entre ellos. Algo en el interior de Alec le decía que volviera al instituto, después de todo, alguien avisaba a Sebastian de sus salidas y Max estaba aliado al rubio así que eso bien que podía ser una trampa; otra parte le decía que aprovechara la oportunidad para correr en busca de Catarina e irse vía portal a Buenos Aires. En lugar de eso, seguía caminando, mirando de reojo a Max que iba cabizbajo; no tenían un destino fijo, solo andaban esperando que uno de los dos pusiera sobre la mesa el tema que les atañía, que iniciara la conversación que debieron tener desde el primer momento.

- No sé si pueda estar aquí – dudó Max mirando la fuente del ángel en el centro del claro, rompiendo finalmente el silencio - La última vez que vine los mundanos me llevaron preso. – Alec suspiró.

- Ya hemos caminado lo suficiente ¿No crees? – Esta vez fue el turno de Max de suspirar.

- No sé qué más esperas que te diga – Admitió en un susurro – Deberías estar contento: No me acosté con Bane ninguna de las veces que él cree; las hadas no mentimos.

- No eres un hada – Contradijo cortante – Y aun si eso se aplicara a ti, mentiste cuando dijiste que te acostaste con él. – Max abrió los ojos alarmado.

- ¡Yo nunca te dije eso! – Exclamó de inmediato – A ti te lo dijo Bane, y él solo lo asumió. – Alec apretó los labios.

- ¿Y tú no tuviste nada que ver en que lo asumiera?

- De mi boca solo salió una vez frente a Maryse cuando ya todos los creían, pero nunca me acosté con él – Se defendió. Alec estaba a punto de replicar, pero la agudeza de su voz con que dijo lo siguiente, lo detuvo – No pude hacerlo…

- No pudiste… -Repitió - Es decir que si querías… - Max negó.

- Sebastian me dijo que era necesario, que en cierta forma eso destrozaría a Bane cuando supiera quien soy – Explicó – Y yo quería hacerle daño, porque él te había lastimado...

- Magnus no…

- No lo sabía ¿Bien? – Se defendió deteniendo el paso. Alec lo imitó encarándolo – Los últimos cinco años crecí creyendo que él te había hecho daño, viendo recuerdos de Sebastian donde Bane te golpeaba, te tenía encadenado…

- Eso no…

- ¿No fue así? ¿Puedes decirlo? – Preguntó - ¡Eran recuerdos! Cosas que ocurrieron – Alec estaba por replicarle pero Max continuó explicándose, se mordió la lengua; quizás era mejor dejar que dijera todo lo que tenía para decir y luego explicarse él – Desde que me adoptaron en Feéra supuse que no volvería ver a nadie de New York, pero cuando conocí a Bane en el cementerio me di cuenta que tendría una oportunidadde vengarte así que busque a Bash, él tenía años armando un plan para volver y me prometió que entonces podría traerte a la vida de nuevo como hizo conmigo; por eso busque a Bane en navidad: tenía que ponerle el brazalete y fue ahí que Bash me dijo que si me acostaba con él, lo lastimaría…

- ¿Por eso lo hiciste?

- Por eso lo intente – Lo corrigió – Cuando Bane dijo que iría a ver a su "novio", cuando vi una foto tuya en el loft, lo único que podía pensar era en cuan sínico era; me daba asco – Escupió recordando cómo se había sentido – Debí darme cuenta que se refería a ti – Lamentó restregándose el rostro - Lo besé para drogarlo con ciruela de hadas, fue fácil: las ciruelas se cosechan con tierra de Edom, su padre demoniaco debe ser de allí porque es muy vulnerable a ella, me confundió contigo y entonces lo deje inconsciente con un golpe.

- ¿Y en año nuevo? – Quiso saber; Max se restregó el rostro.

- No recuerdo gran cosa de lo que pasó en Pandemonium – Admitió – Estaba de fiesta con varias hadas, consumí muchas ciruelas – dijo – Richarddijo que en algún punto se nos unió Bane y…

- ¿Richard el ex de Magnus? – Preguntó con sorpresa atando cabos, Max asintió.

- Al parecer hicimos algunas locuras en el bar y creamos alboroto – dijo – Había demasiadas cosas de hadas: Ciruela, caramelos, licor y algunas drogas – Alec enarcó una ceja ¿Que no todo eso si decía "hada" en el nombre era considerado droga para los humanos? – Se terminó quedando a dormir con nosotros…pero Richard me aseguró que no pasó nada; lo hice jurármelo – Agregó rápidamente.

- ¿Y cuándo mamá te vio?

- Él me atrapó robando…- dudó, pero negó con la cabeza para sí ¿Qué sentido tenía? Ya todos lo sabían – El anillo de Bash, cuando Maryse nos consiguió le hice creer que Bane se aprovechaba de mí para poder escapar sin que ninguno de los dos me siguiera, pero te juro que nunca me ha interesado Bane de esa forma.- Agregó rápidamente.

- ¿Entonces porque lo besabas en la enfermería? – Realmente quería entender, quería creerle.

- Sebastian me dijo que lo hiciera, en mi sueño – Ahí estaba, no era la primera vez que Max decía que podía comunicarse con el rubio en sueños; se preguntó si sería el momento para preguntar al respecto o por el contrario no era buena idea tratar tantos temas espinosos a la vez y presionar demasiado. Suspiró, lo mejor era zanjar primero este asunto.

- Las cosas no fueron cómo crees Max – Aseguró – Sebastian usaba pociones de amor para que yo lo quisiera – Explicó – Y pociones de odio que me pusieron en contra de Magnus y mi familia…

- Pero tú no me odiabas – Intentó aferrarse.

- Es más complicado que eso – dijo – Le hice mucho daño a muchas personas; la única vez que Magnus me ha puesto una mano encima, estaba intentando detenerme y hacerme entrar en razón – Aseguró – Ese día atacamos el instituto, cuando te dije que traería a la familia con nosotros; yo en realidad fui para convertirlos en Nefilims Oscurecidos al servicio de Sebastian, provoque un ataque en Idris murieron muchos cazadores de sombras, muchos amigos murieron también en casa, yo mismo al intentar asesinar a Isabelle casi mato a mamá – Max se llevó las manos a la boca horrorizado – Cuando atravesé el pecho de Jace con la naginata y el fuego celestial me sacó de combate, ellos tenían que contenerme de alguna forma; prevenir que volviera a atacarlos, por eso me encadenaron.

- Kaelie tenía razón entonces- Ahogó, Max estaba tan desconcertado como horrorizado – Todo lo que vivimos en Idris era una mentira – Max se veía como alguien a quien acababan de destrozar las bases de su mundo – Por pociones y…- Pareció darse cuenta de algo – Kaelie me dijo que al principio te amenazó – Alec desvió la mirada - ¿Cómo te amenazó Sebastian, Alec?

- No importa, ya es pasado…

- ¡Por culpa de ese pasado que me ocultan no he dejado de hacerle daño a las personas que amo! – Exclamó indignado – Yo viví con ustedes por semanas creyendo algo que no era ¡Merezco saber con qué te estaba amenazando!

Alec dudó pero finalmente estiró la mano colocándola sobre el hombro de Max; él menor se estremeció: fuera del golpe de hacía unos minutos era la primera vez que Alec lo tocaba. El mayor lo sacó del camino, sentándose ambos bajo las ramas de un árbol: iba a ser un cuento muy largo.

Alec comenzó desde el principio, como flechó a Sebastian con la poción de amor y este comenzó a acosarlo durante días causándole problemas con Magnus y su familia, como decidió ir tras Sebastian para "revertir" ese amor con poción de odio y cuando tuvo la oportunidad, ese amor del rubio por él hizo que decidiera traer a Max a la vida. Le explicó como mantuvo la amenaza implícita de no dejar que se marchara con el niño, que podría hacerle daño, obligándolo a quedarse; el muchacho se había sentido culpable: Alec se había quedado con Sebastian por él, para que Max no volviese a ser asesinado por el rubio en quien confiaba.

No fue fácil para el ojos azules hacerle entender que no lo culpaba de nada, solo entonces continuó explicando cómo en algún punto después del ataque de los Ángeles donde salió herido con una flecha en el hombro (El cual Max recordaba como un "entrenamiento accidentado") él empezó a dejar de querer volver a casa y comenzó a ver ese lugar como su hogar.

- Sebastian me mintió – Había ahogado Max cuando no pudo seguir escuchando en silencio, horrorizado con todo lo que oía, lo que Alec decía cambiaba de contexto todo lo que él sabía, todo lo que Sebastian le había dicho o mostrado alguna vez. Un nudo se apretó en su pecho, tan grande y fuerte que oprimía también su garganta.

- No lo hizo – Le contradijo el mayor sorprendiendo al chico – Solo te engañó cambiando todo de contexto.

- ¡Es lo mismo! – Exclamó indignado y dolido – Yo confiaba en él, y jugó conmigo ¡Me manipuló!

- Exacto, ¿Ahora lo entiendes? – Preguntó serio. Max abrió los ojos con sorpresa, captando lo que Alec quería hacerle entender: era lo mismo que él había hecho y si se estaba sintiendo tan mal, no quería ni imaginar cómo había hecho sentir a Alec.

Luego de eso Max no volvió a interrumpir, escuchó en silencio cuando Alec le explicó cómo se fue enamorando de Sebastian, y como se fue dando cuenta lentamente de la existencia de Jonathan; después de todo, era Jonathan quien le daba la paciencia a Sebastian para entrenar a Max y bromear con él. Al criado por hadas le había costado entenderlo al principio: habían dos personas en la cabeza de Bash, un asesino psicópata junto a un buen chico al que Alec, después de todo, si había llegado a querer.

- Entonces… hay algo bueno en él – Intentó Max con el rostro bañado en lágrimas – No todo… no todo era malo ¿Verdad? – Sollozaba – Y quizás… quizás podamos sacar lo bueno de Bash otra vez. – Alec negó con la cabeza, con pesar.

- Cuando nos enfrentamos por última vez a él – Explicó – Magnus separó con el fuego celestial esa parte demoniaca de Sebastian del cuerpo y el alma de Jonathan – dijo – Quizás él habría sobrevivido, quizás no; pero cualquier oportunidad la perdió: una chica, Cossette intentó asesinarme por todas las muertes que causé y él se sacrificó interponiéndose entre nosotros, ella mató esa parte humana de Jonathan.

- Cossette – Repitió Max pálido el pulso comenzó a temblarle quiso pensar en un principio que era por la vergüenza de lo que había ayudado a hacer a Sebastian, pero luego se dio cuenta que era rabia: porque aun con lo que Alec le contaba, no podía odiar a Sebastian, no podía verlo totalmente como alguien malo y manipulador cuando su hermano le aseguraba que había una parte buena en él, una parte que esa Nefilim había destruido – Tiene lo que se merece – Escupió, Alec se estremeció.

- ¿Fuiste tú? – No pudo contener la pregunta - ¿Realmente tu…?

- La flecha estaba en mi mano – Admitió avergonzado no por el hecho sino por tener que confesarlo ante Alec – Pero fue Sebastian quien la atravesó con ella – Yo… no debí llevar el arco al instituto para que te inculparan, no debí hacerle creer a Bane que lo habías hecho…

- ¿¡Qué tu que!? – Toda la tensa calma que habían mantenido se esfumó ante eso último. - ¡Le dijiste a Magnus que…! - Alec se incorporó de un salto plantándose frente a él. Max también se incorporó sin atreverse a mirarlo a la cara.

- No estoy orgulloso de todo lo que he hecho – Admitió interrumpiéndolo – Pero nunca quise lastimarte Alec, no realmente – Su voz se quebró con lágrimas bañando su rostro – Yo lo…- Le tembló el labio – L…lo siento mucho.-El enojó en la expresión del mayor desapareció por la sorpresa; Max lloraba a raudales, acuclillándose para abrazar sus rodillas y esconder su rostro entre ellas.- Yo no quería engañarte y…y hacerte tanto daño…no quería… lo siento...

- Yo…está bien Max – Aseguró con voz baja y el corazón roto ante la imagen tan triste que su hermano le mostraba – Está bien… no fue del todo tu culpa - Se arrodilló a su lado, abrazándolo y Max de inmediato se soltó las rodillas para aferrarse a Alec, por un momento no era un chico de quince años, sino ese pequeño de nueve aferrado a su hermano mayor – Te perdono…

Max ahogó un quejido, pero no dejó de llorar; aferrándose aún más fuerte a Alec que sobaba su espalda en un intento por hacer que se calmara pero el chico estaba muy lejos de eso.

- ¿Qué…que se supone que voy a hacer… ahora? – Sollozaba – No podemos volver a Edom pero… no puedo volver a Feéra, Kaelie también me engañó… ella intentaba ayudarme, pero le dije cosas… – Se lamentó; Alec no pudo evitar sentir pena por él: Max se sentía realmente perdido.

- En el instituto…

- Ya no sé vivir entre Nefilims – dijo – Y nunca supe hacerlo entre mundanos; además ya tienes… tienen al otro Max y… - El ojos azules lo separó de si de inmediato, obligándole a apartarse para que pudiera verlo a los ojos. El rostro de Max estaba totalmente embarrado de lágrimas, moco y saliva; le recordó mucho a Maxxie.

- Maximum no está en el instituto para reemplazarte, Max – Aseguró con toda la firmeza de la que fue capaz – Él es mi… hijo – Se erizó no de manera desagradable, era la primera vez que lo decía -…Y tú mi hermanito y ese lugar solo puede ser ocupado por ti.- Limpió con la mano las lágrimas del chico procurando no molestarlo con el gesto – Y en casa podemos volver a enseñarte a ser un Nefilim – Ofreció – O quizás no, tú decides si quieres hacerlo pero… pero realmente harías feliz a todos, a Jace, a Izzy, mamá y papá si te quedas en el instituto.

- ¿Y a ti? – Preguntó tímidamente.

- Especialmente a mí – Aseguró besando su frente; Max volvió a aferrarse a él, abrazándolo de nuevo, porque quizás había perdido el suelo que sostenía su vida, pero aún había una cuerda que lo mantenía a flote.

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- Entonces… ¿Magnus si está bien? – Preguntó Maxxie con voz infantil y esperanzada mientras dejaba que Maryse lo metiera a la cama. La mujer lo había obligado a tomar un baño luego de dejar a Max y Alec hablando en la entrada del instituto, no había sido tarea fácil, Maryse sospechaba que haber intentado bañar a Iglesia cuando este vivía en el instituto habría sido mucho más sencillo.

- Lo está – Aseguró la mujer arreglando la almohada del niño y cubriéndolo con las mantas. – Alec seguro se comunicará con él después de hablar con Max.

- ¿El tío Max le está pidiendo perdón? – Preguntó el pequeño inocentemente - ¿Dejaran de estar peleando? – Maryse sonrió dulcemente.

- Eso espero – Aseguró – Son hermanos, y los hermanos no son para estar peleados.

- ¿Yo puedo tener hermanos, Mary…abuela? – Se corrigió el pequeño al preguntar; la mujer había insistido en que la llamara de esa forma, y oír que finalmente lo hacía le hizo sonreír a pesar de no tener ni idea de que responderle.

- Creo… que por ahora no deberías pensar en eso – dijo – Las cosas no están resultando muy fáciles últimamente – El niño pareció algo decaído y ella acarició su cabello pasando la mano junto a sus cuernos de carnero –Pero quizás, cuando todo se calme, puedas hablarlo con Alec – Le sugirió – Por ahora, si quieres alguien para jugar, puedes buscarme – Ofreció besándole la mejilla.

- ¡Sí! – Aceptó el niño sonriente abrazándole con sus bracitos del cuello.

- Bien Maxxie, ahora a dormir que ya es bastante tarde – El niño hizo un puchero pero lo aceptó. Maryse volvió a besarle esta vez en la frente antes de incorporarse para salir de la habitación.

Le había dado bastante tiempo a Max y Alec para hablar y resolver sus problemas, realmente esperaba que las palabras de Max fuesen verdad: odiaba lo que estaba sucediendo con el menor de sus hijos, verlo tan confundido así como odiaba la forma en que Alec estaba sufriendo por eso.

Volvió a la entrada del instituto para buscarlos pero el lugar estaba solo. No le hizo mucha cabeza y volvió sobre sus pasos, quizás habían hablado en otro lugar o estarían ya cada uno en su habitación.

La mujer los buscó y pasó cerca de media hora sin conseguirlos antes de tener que admitir que no estaban en ningún lugar y dejar que el miedo la embargara: ¡Se suponía que ninguno de los dos podía salir del Instituto! Era una medida necesaria para mantener a Sebastian alejado de Alec y a Max lejos de Sebastian ¿Cómo es que habían podido burlar las salvaguardas de Moon?

La mujer se dio prisa en buscar su celular, lo último que sabía de Jace era que había ido de Alacante a Egipto para ayudar tras el ataque, por lo que fue a su hija a quien llamó; esperaba que Isabelle no estuviese dormida: sabía que a su hija le gustaba ver muchas películas mundanas junto al vampiro diurno.

- ¿Mamá? – Escuchó la confundida voz de la chica en medio de un bostezo - ¿Pasó algo?

- Isabelle, tienes que venir de inmediato – Le pidió; y tenía que admitirlo, su voz estaba preocupada – Y trae también a Simon.

- ¿Qué ocurrió? – Su voz era cautelosa.

- Tus hermanos salieron del instituto, no sé como pero no están por ningún lado – Explicó – Tenemos que buscarlo, pero Alec dejó a Maxxie aquí y…

- ¿Por qué, por Raziel, Alec se iría con Max? – Preguntó con molestia - ¡¿Y no se supone que habían salvaguardas impidiéndoles salir?! - Maryse podía escuchar al otro lado de la línea el movimiento de su hija, seguro buscando sus armas para darse prisa en salir. Escuchó también la voz de Simon.

- Es una larga historia, pero necesito que los busques.

- Ya mismo salgo - Exclamó la chica – Simon llamará a Jocelyn para que vaya a cuidar a Maxxie mientras lo buscamos – dijo colgando la llamada. Maryse suspiró sin guardar el celular, en su lugar se dio prisa en buscar en el directorio del teléfono el número de Moon marcándole, exigía una explicaciones de cómo sus hijos habían podido burlar sus hechizos, pero la bruja no contestó.

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Pasó las páginas del libro con total parsimonia, los mapas pasaban ante sus ojos analíticos exhibiendo continentes, países, ciudades; pero ninguno tenía lo que quería, lo que estaba buscando: Aunque la Clave fuera solo un puñado de idiotas que no lo notaban, él no estaba solo destruyendo ciudades al azar, estaba dejando un mensaje y como tal, cada movimiento debía ser tomado en serio y estudiado con cautela.

Sebastian cerró el pesado atlas mundial arrojándolo sin cuidado contra una montaña de rocas en Edom, había robado el pesado libro de alguna librería tras su ataque en Vilna, nunca estaba de más un poco de investigación especialmente cuando tenía que determinar su próximo objetivo antes de que se cumplieran las veinticuatro horas del ataque a El Cairo, pero no lo encontraba, no conseguía una ciudad que tuviese lo que quería…lo que necesitaba.

- Es imposible – Gruñó para sí mismo – El mundo es demasiado grande, debe haber alguno…

Había revisado prácticamente todo el libro, país por país sin éxito. Se incorporó acercándose para recuperarlo, no tenía sentido perder la paciencia y enojarse, al contrario solo necesitaba enfocar todo desde otra perspectiva, quizás desde otro idioma.

Sonrió ante esa idea, porque él quería dejar un mensaje y otro idioma sin duda lo haría aún más interesante. Volvió a sentarse dispuesto a revisar el atlas una vez más, paciencia no era algo que le caracterizaba, pero le gustaba ser perfeccionista con sus planes y una cosa compensaba la otra.

Un demonio Raum se acercó a él en actitud agazapada. Sebastian lo ignoró, siempre lo hacía: ese tipo de demonios no eran sus favoritos en lo absoluto, algunos demonios tenían iniciativa, fuerza o sed de sangre y ellos no contaban con ninguna de las tres cosas; pero eran buenos peones para sacrificar, y de esos siempre era bueno tener en alto número.

- Sebastian…señor – La voz chillante del demonio rompió el tranquilo silencio que se había mantenido a su alrededor. El rubio no dio señal de haberlo escuchado más que un apenas perceptible movimiento de su mano antes de cambiar de página. – Se ha comunicado uno de sus informantes en el Reino Seelie.

- ¿Y? – Preguntó cortante, mientras comenzaba la sección de Asia en el atlas. Si la Clave se había llevado finalmente a Seelie, realmente no le importaba.

- Su…chico ha cumplido señor – Dijo. Sebastian enarcó una ceja, sabía perfectamente que se refería a Well pero no había esperado ese apelativo por parte del demonio. – Las cuatro Joyas de Edom están en poder de la Reina Seelie.

- Perfecto – dijo Sebastian sonriendo para sí, sin apartar la mirada de la ciudad exhibida en las páginas del libro: las cosas no podían estar saliéndole mejor – Y además encontré la "X".

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- Hay algunas cosas que no entiendo – Comentó Max. En algún punto había dejado de llorar y él y Alec decidieron seguir caminando por el parque.

- ¿Solo una cosa? A mi aún se me dificultan varias – Bromeó. Max sonrió - ¿Qué es?

- Si hace cinco años Sebastian te obligaba ¿Por qué hace una semana lo besaste como lo hiciste en su habitación en Idris? – Alec casi se atragante y no pudo evitar sonrojarse: eso era lo último que esperaba que le preocupara a Max porque simplemente no esperaba que el chico lo supiera; hasta ahora solo conocían ese hecho él, su padre, Magnus y…

- Sebastian, claro – Susurró para si - ¿Él te lo mostró? – El muchacho asintió y Alec suspiró – Las cosas con Sebastian son…complicadas – Aseguró – Lo odio pero también llegué a quererlo y desearlo… a veces la línea no es muy clara y… ¡Por el ángel! No puedo creer que esté hablando de esto contigo.

- No veo porque no – dijo encogiéndose de hombros – Entiendo de odio, de cariño y deseo: sé que una cosa no excluye las otras; al contrario, generalmente se potencian – Alec enarcó una ceja pero ambos siguieron caminando. Pretendían atravesar el parque para volver al instituto antes que Maryse notara la ausencia de ambos y le diera un ataque; sin embargo, Alec pudo notar de pronto un suave sonido llegar a sus oídos.

- ¿Oyes eso? – Preguntó confundido, Max se detuvo tardando un poco más en captar.

- Es música – dijo el más joven también confundido. Rápidamente su rostro se iluminó al reconocer la tonada - ¡Es una fiesta Seelie! – Dijo emocionado tomando a Alec de la mano antes de que este tuviera tiempo de darse media vuelta y buscar un desvío.

- No creo que sea buena idea, Max.

- No seas tonto ¡Son mis hermanos Seelies! – dijo jalándolo por entre los arboles hasta llegar a un claro "de cuento de hadas", nunca mejor usada la expresión; donde decenas de Seelies danzaban, cantaban y tocaban instrumentos. Alec no pudo negar la belleza de la escena, había algo en ella que hacía los colores más nítidos y brillantes.

Un par de Seelies se acercaron a ellos colocando coronas y collares florales en Max. Alec las sintió acariciando su rostro, pero incluso antes de llegar a procesarlo, Max lo tomó de la mano dándole protector un apretón, jalándolo en su dirección al notar su incomodidad y guiándolo a través del claro.

- Algo bueno debe haber pasado – Dijo con una sonrisa, era obvio que Max se sentía contagiado por la alegría que reinaba en el claro – Es una fiesta de celebración.

- ¿Well? – Una voz masculina lo llamó desde atrás. Los hermanos se giraron, el menor con una sonrisa en el rostro.

- ¡Richard!

- ¡Eres tú! – Exclamó apresurándose a llegar hasta ellos - ¡No moriste! – dijo aliviado y lo próximo que Alec vio fue a ese muchacho de su edad o incluso un poco mayor, tomar a su hermanito de quince años del rostro besándolo como si tuviese mucho tiempo esperando para hacerlo.

Observó desde primera fila, con los ojos abiertos de par en par, como Max correspondía a ese abusador de menores. Intentó carraspear la garganta, recordarles que él estaba ahí, pero ellos apenas y parecía importarles lo que pasaba a su alrededor y como todas las hadas cercanas exclamaban de emoción viéndolos; al contrario, tanto Max como el otro chico sonrieron satisfechos en medio del beso y no fue sino hasta que Max quiso alzar la mano para rodear al otro por el cuello, que notó que aun sujetaba con esta a Alec y se separaron.

- Sí que me extrañaste – dijo con altanería; Richard sonrió de forma muy similar.

- No tanto como al sonido del aulos acompañando mis declamaciones, no te creas tan importante – Ambos chicos rieron y Alec aprovechó para aclararse la garganta intentando llamar la atención de su hermano, especialmente ahora que todas las hadas que habían estado observando volvían a lo suyo.

Richard fue el primero en voltear y con mirada despectiva evaluó a Alec de arriba abajo deteniéndose un par de segundos más de lo necesario en sus manos unidas.

- ¿Quién eres tú, Nefilim? – Alzó el mentón con prepotencia – Me parece que he visto tu rostro antes.

- Es mi hermano de sangre – Respondió Max por él – Alec Lightwood – Lo presentó – Él cuidó de mí mientras estuve herido – La expresión de Richard se aflojó, acercándose a Alec con un beso rápido, nada parecido al que le dio a Max, era más como un beso de bienvenida y antes de que Alec pudiera protestar, así lo expresó:

- En ese caso te doy la bienvenida a nuestra fiesta Alec Lightwood – dijo sacando de sus ropas una manzana que colocó en sus manos.

- Sobre eso, ¿Qué estamos celebrando? – Preguntó Max curioso.

- Nuestra Reina decretó celebración – Dijo - ¡La Paz Fría pronto llegará a su fin! – Max se tensó apresurándose en negar con la cabeza para que no dijera nada más frente a Alec, pero Richard no lo notó – ¡Al fin obtuvo las jo…! – Max lo calló besándolo de nuevo. Alec enarcó una ceja. Era obvio que fuese lo que fuese que diría Richard, Max no quería que él lo supiera ¿La paz fría llegar a su fin? Si la Reina Seelie estaba "celebrando" eso no podía ser bueno para el resto del mundo de sombras. Se estremeció, al recordar lo que Catarina y Magnus habían sugerido antes ¿Estaba eso relacionado a las Joyas de Edom?.

- ¿A qué te refieres exactamente con eso? – Preguntó casi de inmediato, tocando a Richard del hombro para separarlo de Max, el criado por hadas lo miró con el ceño fruncido pero cualquier respuesta que estuviera dispuesto a dar quedó opacada cuando un par de pixies llegaron hasta ellos para llevárselo a bailar. El muchacho aceptó, y Max al notar que su hermano estaba dispuesto a seguir preguntando, tomó antes a Richard para despedirse con otro beso que desató grititos por parte de las hadas. Al separarse sonrió al notar la expresión turbada de su hermano mayor.

- ¿Qué…? La paz…Él…Richard – Dijo intentando poner su cabeza en orden cuándo se quedó a solas con su hermano - ¿Es el Richard ex de Magnus? – Max asintió y Alec se alarmó - ¡Por Raziel! ¡Sales con el ex de Magnus! – Exclamó – ¡Y él me besó!

- No salgo con nadie – Contradijo, prefiriendo ese tema al de las Joyas de Edom.

- Max, sé lo que acabo de ver – dijo - ¿Qué edad tiene? Obviamente es mayor que tú.

- Veinticinco años humanos, pero no veo que tiene…

- ¡Te lleva diez años! – Exclamó el ojos azules; su hermano bufó.

- No me hagas hablar de Bane – Dijo y agregó – Y como dije, no estamos saliendo; ni veo porque su edad tiene que importar.

- No sabía que también fueses gay – Dijo más para sí que para Max; recordaba esa vez que le dijo a Max él lo era y como su pequeño hermano preguntó inocentemente "¿Yo también lo soy?" Este Max, en cambio, rodaba los ojos con fastidio – Bueno, lo supuse con lo de Magnus, pero luego pensé…

- No salgo con Richard, no creo que la edad importe y no soy gay – Sentenció. Alec negó con la cabeza.

- Max, lo que acabo de ver…yo menos que nadie te juzgaría…

- ¡Que no lo soy! – Alzó la voz frustrado, lo notó y bajó el tono intentando que su hermano entendiera – Es solo que el género no importa, no para la gente Feéra – Explicó – Solo es contacto físico, como tomarse de las manos o un abrazo, no te fijas en si es hombre o mujer: si lo deseas y la otra persona también ¿Por qué no hacerlo?

- Entiendo que no importe el género, pero hablas como si simplemente no importara con quien estás. - Dijo intentando entenderlo. Max se encogió de hombros

- Si me importa, ya te dije que no pude hacerlo con Bane – Dijo como si nada; Alec se estremeció: no era algo que quisiera recordar, aún estaba muy fresco – Aunque es cierto que antes de él, estuve con hombre, mujeres, sirenas e incluso besé a un par de gnomos por una apuesta que perdí – Alec había palidecido con la boca tan abierta que estaba seguro debía llegarle al suelo – Con todos la pase bien; y si hubiesen sentimientos involucrados todos esos factores importarían menos. – Aseguró – Además, a las Pixies les gusta vernos interactuar a Richard y a mí, o con las otras criadas en Feéra.

- Max…- La voz apenas le salió de la garganta – ¿Desde cuándo te hacen acostarte con otras personas?

- Lo dices como si me obligaran, y no dije nada de acostarme con nadie – Se quejó; Alec le reprendió con la mirada –Supongo que… mi primera vez fue poco antes de cumplir los catorce años humanos.

Alec no estaba seguro de que esperaba escuchar o que pensaba hacer, si abrir la boca con sorpresa o apretar la quijada con rabia; lo cierto es que su mano viajó a prisa al cuchillo serafín en su cintura, alarmando a Max.

- ¡No seas absurdo! – Exclamó poniendo las manos sobre las suyas, deteniéndolo.

- ¿Absurdo? Eras un niño… ¡Todavía lo eres!

- ¡No soy un niño! – Lo contradijo – He vivido por quince años humanos, cinco de ellos en Feéra transcurrieron de forma diferente: algunos años pasaron como si fueren tan solo un día, mientras en ocasiones cada día en sí mismo duraba años.

- Eso no les da excusa…

- ¡No tienes ningún derecho a juzgarme Alec…a juzgarnos! – Exclamó airado – Si tanto te preocupaba, no debiste dejar de buscarme. - La acusación fue una daga en el pecho del muchacho; su expresión se ablandó, pero la de Max estaba aún más enojada.

- Lamento que no hayamos dado contigo Max – Se disculpó, eso era algo que lo atormentaba desde que supo que Max estaba vivo – Que dejáramos de buscarte. Yo…todos, pensamos que habías muerto – Susurró – Magnus consiguió el cuerpo de un niño Nefilim quemado, él tenía tu sangre y… por lo que sé, Kaelie confesó la participación de las hadas en eso – La mirada de Max se endureció aún más, pero no dijo nada – En serio lo lamento.

Ambos se quedaron en silencio, solo roto por la música y las risas. Alec giró la manzana en sus manos solo por hacer algo; realmente quería irse de allí, no se sentía cómodo entre esas hadas que habían sexualizado a su hermano desde prácticamente niño.

- Está bien – Aceptó Max finalmente – De todas formas no me arrepiento de estos cinco años; me gusta Feéra, me gusta la libertad…

- Te gusta Richard…- dijo por él, no estaba conforme peque quería dejar ver que no estaba enojado con Max y que podía confiar en él. El menor solo bufó.

- Richard solo es mi amigo.

- ¿Un amigo con el que ocasionalmente tienes sexo? Eso me suena a una relación – Intentó sonreír juguetonamente. Max rodó los ojos.

- Tu forma de pensar es muy cerrada - Dijo arrebatándole la manzana – No te pasara nada si la comes, es solo una manzana normal. – Aseguró cambiando el tema y dándole un mordisco para enfatizar su punto y luego devolvérsela, Alec la tomó dándole un pequeño mordisco también, no sin reservas; pero sonrió al ver que Max sonreía contento.

Este muchacho no era su pequeño e inocente hermano, hacía mucho tiempo que había dejado de serlo y él ya lo había entendido, pero seguía siendo su hermano y quería volver a conocerlo.

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Un silencio reverencial cubría la sala del trono de la Reina Seelie. La monarca observaba con una sonrisa complacida a la pixie frente a ella quien con una reverencia le ofrecía la diadema de oro con una piedra negra en medio, la llama naranja en el centro refulgía suavemente, obviamente no había sido utilizada en años y eso estaría a punto de cambiar.

-…Well me convocó apenas pudo hacerse con ella y desea, mi señora ganarse su perdón y buena voluntad por el retraso.

- El chico cumplió bien – dijo Seelie bajando de su trono y acercándose a Kaelie. Podía sentir el palpitar de las joyas que llevaba puestas: el brazalete, el anillo y el collar reconocían aquello que los complementaba.- Será castigado por su retraso, pero prometo no ser tan…dura – Kaelie asintió aunque sin poder evitar un ligero temblor en sus manos – Tú también cumpliste bien Kaelie, te recompensaré dejándote recuperar y conservar a tu mascota.

- Es muy… generosa, mi señora – Susurró la pixie porque sabía que la Reina Seelie si quisiera podría destruir a Well, y su promesa significaba que lo dejaría fuera de todo el caos que planeaba para los Nefilims.

La Reina Seelie llegó finalmente ante ella tomando la diadema; la mujer no pudo evitar contener la respiración por un momento, tanto poder en sus manos: las Joyas de Edom la convertirían en el ser vivo más poderoso del mundo, nadie, Nefilim, submundo, ángel o demonio volverían a ser rivales para ella.

Una sonrisa amplia iluminó su rostro haciendo que sus guardias contuvieran la respiración. Era hermosa, hermosa y peligrosa; el mejor ejemplo de lo que representaba su raza. Seelie sintió el metal en sus dedos, no era frio pero tampoco cálido, aunque se sentía el ligero palpitar de la magia en su interior. La Clave se arrepentiría de todo el daño y la exclusión que le había causado a su pueblo, de la humillación de la Paz Fría y la afrenta personal que habían hecho con ella cuando la apresaron hacía cinco años; acabaría con todos, y solo entonces sería el turno de Sebastian, destruiría a ese demonio antes de que tuviera oportunidadde intentarlo contra ella siquiera.

Posicionó la diadema sobre su cabeza, a escasos centímetros, tomándose su tiempo; disfrutando del momento. La leyenda decía que la última, y única hasta ahora, persona que utilizó el poder de las cuatro joyas había sido una Seelie, y era deliciosamente reconfortante que después de tantos miles de años, fuese otra Seelie, ella, quien lo lograra.

El silencio en la sala se rompió; una pequeña revuelta en la entrada de su sala atrajo su atención y la de todos sus cortesanos mientras veía como un pelotón de Nefilims se daban paso mientras se enfrentaban y mantenían a raya a sus guardias.

- Reina Seelie, en nombre de La Clave debe acompañarnos a Alacante para ser interrogada por su alianza con Sebastian - Exclamó el Nefilim a cargo. Los cortesanos, incluyendo Kaelie se incorporaron indignados, algunos con armas las enristraron otros solo se pararon defensivos, dispuestos a enfrentarlos para proteger a su reina.

La reina sonrió, una sonrisa tan genuina como la anterior.

- Ya los esperaba – Aseguró – Pero si me permiten, no iré a ningún lado hasta coronarme – Aseguró bajando finalmente la corona, posándola sobre su cabeza. Las gemas de las cuatro joyas brillaron con intensidad, podía sentir el poder recorriendo su cuerpo.

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- Algo para beber, Nefilim – Un pixie de cabello naranja y hojas tatuadas en el rostro se acercó a los hermanos Lightwood que observaban en el límite del claro la fiesta, Max le había pedido quedarse un rato, y pese a las protestas de Alec habían llegado a un acuerdo de hacerlo mientras se terminaba de comer la manzana, unos pocos minutos no tenían por qué hacer daño. El Pixie se dirigió expresamente a Alec tendiéndole una pequeña copa con un líquido violeta.

- No, gracias; estoy bien – Dijo mostrando el fruto a medio comer.

- Insisto - Volvió a tenderle la copa.

- Está bien – El tono de Max fue amable, más no dejaba lugar a replica; el pixie lo miró con molestia.

- Well, lindo Well – Acarició su mejilla palmeándola - ¿No pensaras venir a la fiesta sin deleitarnos con el sonido de tu aulos?

- ¿Cómo podría? – Cuestionó con una falsa sonrisa apartándose de él – Pero prométeme que mientras no esté cerca de Alec nadie le hará comer o beber algo que le haga daño.

- ¿Cómo podríamos? – Le imitó. Max le miró en reproche y el pixie se bebió el contenido de la copa con molestia – Nadie le hará ingerir nada, lo prometo – Masculló agregando a prisa al tomarlo de la mano - ¡A bailar!

- ¿Qué? Espera…Max no me…- Alec intentó protestar viendo como Max era jalado al centro del claro entre un corro de hadas – …dejes – Suspiró restregándose el rostro y sentándose recostado a un árbol para mirar a Max, con una mano puesta sobre su cuchillo serafín solo por si acaso.

La verdad es que su hermano era bastante grácil, se movía al compás de la música coordinándose al baile de las hadas como si hubiese nacido para ello. Vio a Richard bailando también, cerca; Max tenía razón, se notaba cuanto les gustaba verlo y eso no hizo sentir mejor a Alec, al contrario, era como ver el acto principal de un circo.

Vio a un hada acercarse a Max acariciando su rostro sugerentemente para tenderle luego lo que parecía ser una flauta doble, un aulos. Sin dejar de moverse Max empezó a tocar una tonada rápida y alegre, lo miró maravillado: era muy talentoso, ambos lo eran, admitió al escuchar como Richard comenzaba a recitar un verso con la melodía.

Estaba por darle el último mordisco a la manzana cuando alguien se sentó a su lado, arrebatándosela. Alec se giró de inmediato abriendo la boca con sorpresa al ver los ojos de gato que le devolvían la mirada.

- ¿M…Magnus? – Ahogó, el brujo sonrió mordiendo la manzana - ¿Qué haces aquí?

- Te estaba buscando – Dijo, sus ojos brillaban con una intensidad que dejaron a Alec sin aliento.

- Pensé que seguías enojado conmigo por Sebastian – Susurró avergonzado. Magnus tomó la mano de Alec apartándola del cuchillo serafín, atrapándola entre las suyas llenas de anillos.

- No importa lo que haya pasado, no puedo enojarme contigo – Aseguró – No puedo mantenerme apartado, porque te amo cielo – Alec sintió un nudo en la garganta, sin embargo, no dejó que eso lo detuviera.

- Yo también te amo Magnus – Aseguró – Y no sabes cómo lamento haber pensado lo peor de ti, Max me contó la verdad sobre ustedes y…- Magnus lo interrumpió besándolo, apropiándose de sus labios por completo. Alec se aferró a él de inmediato, besándole como si de eso dependiese su vida, era Magnus, eran sus labios, su beso, era el que estuviese ahí diciéndole que lo amaba, todo lo que necesitaba para olvidarse del resto del mundo.

Solo que no era como lo esperaba, no había sabor a azúcar quemada de la magia del brujo, sino el rastro de sabor a manzana. Max mordió su labio cuando quiso apartarse, tenía aun cosas que tenía que decirle, disculpas por verbalizar, preguntas por hacer.

- No debí ir con Sebastian estando enojado, debí hablar contigo, debí…

- Shhh… ya no importa – Aseguró - ¿Verdad?

Alec se confundió al inicio, pero no fue nada comparado al darse cuenta que esto último no iba dirigido a él. Alguien a su otro lado le tomó de la mano, el ojos azules bajó la mirada: dedos pálidos y largos se entrelazaron a los suyos. Se estremeció girándose para encontrarse de cara con Sebastian que se había sentado a su lado.

- ¿Qué demonios?

- No hay porque hacer un escándalo – Era él, su voz, su cara, sus ojos… frunció el ceño ¿Sus ojos eran negros o verdes?

- ¿Jonathan? -Preguntó, miró de él a Magnus, pero el brujo no parecía preocupado o enojado en lo absoluto.

- Jonathan…Sebastian, soy ambos Alec – Dijo – Y como ambos te amo, por eso volví: por ti.

Alec abrió los ojos de par en par al sentir sus finos labios besándolo, con el mismo deseo y hambre de siempre, sabía a sangre pero esa esencia a acero y gloria estaba ausente. Se estremeció, eso estaba mal, estaba mal que lo besara, estaba mal que él le correspondiera, estaba mal que hicieran eso mientras Magnus sujetaba su otra mano.

- ¡No! – Exclamó apartándose del rubio y volviendo a ver a ojos de gato, pero él solo sonreía afablemente.

- Está bien Alec – Susurró Magnus al oído – Está bien que nos ames a los dos. – Alec se estremeció, no sabía si por sus palabras o las pequeñas mordidas detrás de su oreja.

- Porque los dos te amamos – Susurró Sebastian sobre la comisura de sus labios. Todo eso estaba mal, Alec lo sabía, pero no podía entender porque estaba ocurriendo. Gimió quedó contra los labios de Sebastian al sentir la lengua de Magnus deslizándose por su piel y una mano se deslizaba por su abdomen, aunque no sabía la de quien.

- ¡Apártense de mi hermano! – El grito de Max resonó en el claro interrumpiendo la música y la danza, el criado por hadas corrió hasta ellos empujando a Sebastian y jalando a Alec para apartarlo de Magnus, solo que ya no eran Sebastian ni Magnus.

Alec observó con desconcierto al par de mujeres hadas que chillaban en su dirección, ambas palidas, la edad no se reflejaba en sus ojos, sus cabellos como telas de arañas y labios rojos no por lápiz labial sino sangre. El ojos azules se apresuró en llevarse las manos a los labios y tras la oreja, percatándose del dolor agudo allí, manchándolos de sangre: lo habían mordido.

- No te metas mascota – Chilló una de las Leanansidhe; un tipo de hadas salvajes que se aprovechaban de los deseos de sus víctimas, engañando sus ojos y oídos con lo que querían ver y oír para alimentarse de su sangre. - No defiendas al asesino de Meliorn.

- De todas formas estábamos dándole lo que quería – Se burló la otra. Alec retrocedió horrorizado de sí mismo ¿Acaso, su hermano había visto eso? ¿Lo había visto con "Magnus y Sebastian"? Negó para sí, las Leanansidhe mostraban lo que deseaba ¿Qué decía eso de él? Max dio un paso al frente molesto, arrebatando del cinturón de Alec su cuchillo serafín, empuñándola contra las Leanansidhe

- Le hacían daño – Bramó – Si se le vuelven a acercar, juro por nuestra Reina que les daré el mismo destino que al duende Rask.

- Well – Susurró Richard llegando hasta él intentando calmarlo – No digas cosas de las que puedas arrepentirte.

- La sangre de nuestro pueblo ha sido derramado por los hermanos Lightwood – Bramó un hada entre la gente – No son bienvenidos en nuestra fiesta.

- Largo mascota – Lo corrió con sorna la Leanansidhe. Max bufó dándose media vuelta, llevando a Alec consigo para salir del claro sin soltar el cuchillo serafín. Richard suspiró, la fiesta se había acabado.

- ¿Qué clase de hombre gay se besuquea con dos mujeres a la vez? – Lo reñía Max atravesando el parque exasperado, Alec caminando a su lado se ruborizó.

- No sabía… no me di cuenta que…pensé…

- Bien, no lo notaste – Bufó exasperado – ¡Pero eres un Nefilim! ¿Cómo es que no te diste cuenta que dos Leanansidhe te acechaban? – Le recriminó – ¿Ibas a dejar que te comieran si no las detengo?

- No… nunca había visto alguna en persona – Admitió avergonzado.

- ¿Tampoco sentiste que te estaban mordiendo? – Preguntó con molestia – Estás sangrando bastante, ponte un iratze – Siguió; su expresión era compleja, como si luchara contra lo que iba a decir a continuación. Suspiró – Tienes que ir a buscarlo.

- No voy a ir con Sebastian, Max – Negó Alec de inmediato.

- ¡Me refiero a Bane! – Exclamó y el mayor no pudo evitar una mirada de sorpresa y desconcierto – Te vi con las Leanansidhe Alec, lo que te estaban mostrando – El ojo azul se ruborizó aún más si es que eso era posible - Así que debes buscar una manera de ir a Argentina para hablar con él cuanto antes – Sentenció, Alec no cabía en sí del asombro por lo que oía, viniendo de Max eso era lo último que esperaba - ¡Por Raziel! No puedo creer que…

Pero lo que no pudiera creer Alec nunca lo supo, el cuchillo serafín se iluminó ante el nombre del ángel y Max lo arrojó con un grito asustado al no esperárselo, siendo la primera vez en su vida que activaba uno. Alec había pasado por muchas emociones en las últimas horas, por muchas cosas, quizás por eso la única manera que encontró para aligerar tensiones en ese momento fue estallar a carcajadas; Max masculló un par de maldiciones, pero finalmente también rió.

_OO_OO_

¿En serio Alec, que clase de hombre gay eres? xD

Jajajaja ¿Qué les pareció?

Esa Seelie, tiene todas las joyas D: y se va a colocar la diadema ¿Qué va a pasar entonces?

Max y Alec finalmente se han sincerado el uno con el otro…era justo y necesario. Ambos están dándose cuenta ya que el otro no es la persona que recordaban, y eso está bien, la gente cambia… ¿o no?

La escena de las Leanansidhe se me ocurrió apenas leí en Lord of Shadow sobre lo que son capaces de hacer… solo me dieron la justificación que traía tiempo queriendo colocar.

En este cap volvimos a ver a Rafael… cosita, como ha sufrido u.u ¿Alec irá a Buenos Aires finalmente? ¿Hablará con Magnus? ¿Adoptará a su segundo hijo? Y Sebastian, ¿Qué está tramando? ¿Qué es la "X"?

El próximo cap aun no tiene titulo x.x

Nos leemos pronto

Besos :3

P.D: Para acortar la espera de la próxima actu, les invito a pasarse por mi otro fics "Crisis" con un Malec más adultos y sin tanta guerra y la Familia Lightwood-Bane n.n