Que calor que hace, gente. La humedad no me deja en paz.

Kaiser: Fue dificil hacer ese capítulo sin que nadie quedara como un santo o un completo imbécil. Los dos tuvieron la culpa.

Alen: Hasta Johto, el mantenía algunos de sus pokemón de otras regiones. En Hoenn, decidió empezar solo con Pikachu cada vez que empieza una nueva región.

Capítulo cuarenta y seis

El invernadero

Delia, Misty y Brock regresaron tres días más tarde. Durante ese lapso de tiempo, James le enseñó a Ash lo básico para poder cocinar. No fue tan difícil como pensaba, pero el chico era bastante torpe. A duras penas sabía hervir un huevo, pero al menos tenía un ligero interés por aprender. Tal vez porque sabía que en algún momento tenía que valerse por si mismo.

—Lo veo y no lo creo —había dicho Misty, cuando vio a Ash haciendo un omelette bajo la supervisión de James—. ¿Desde cuando tú cocinas?

—Desde que se fueron —gruñó Ash. Todavía parecía un poco resentido porque no había podido viajar con ellos.

—Me gustaría poder probar uno de esos omelettes —sonrió Brock.

—La última que Ash cocinó fue por el día de las madres y terminé en cama con dolor de estómago —se rio Delia.

—¡Ya verán, esto saldrá bien!

Una vez que terminaron de cocinar, les dio de probar a todos los omelette que había hecho, incluyendo a James. La verdad es que no estaba nada mal. No era como comer los que hacía Meowth o Brock pero estaba comible, que era lo importante.

—Vaya, está bien —comentó Misty, asombrada.

—¿No fue tan difícil, verdad? —le preguntó Brock.

Ash se pasó la mano por detrás de la cabeza, algo sonrojado.

—La verdad es que estuvo entretenido… ¡Pero eso no quiere decir que voy a estar cocinando todo el tiempo! —agregó rápidamente, como si Brock o Delia no fueran a cocinar nunca más solo porque había aprendido un par de cosas.

—Nadie te pide eso, pero no pasará nada si lo haces de vez en cuando, ¿no? Yo podría seguir enseñándote —le dijo Delia.

Ash lanzó un gruñido.

—Solo si es de vez en cuando.

Un rato después, regresó al rancho de Oak. Estaba pensando que hacía mucho que no tenía un momento como pareja con Jessie y necesitaba que supiera que él la amaba con toda su alma.

Jessie estaba en la habitación, empezando un nuevo tejido. Ya había hecho unos escarpines y un enterito. Ahora parecía que estaba haciendo una gorra.

—Cariño —James se le acercó y la besó en los labios. Jessie sonrió.

—¿Cómo te fue con Ash? ¿Aprendió algo?

—Algo, si. ¿Meowth y Lunita donde están?

—Meowth está aprendiendo Día de Pago afuera y Lunita está alentándolo, ¿por qué?

James volvió a besarla, apretándola un poco hacia él. Jessie soltó todo lo que estaba haciendo y se dejó llevar por James.

Desde Isla Canela que no hacían el amor, en parte porque no quería hacerle daño al bebé, pero esta vez el deseo fue más fuerte. Eso no quiso decir que fuera menos cuidadoso. Tuvieron sexo de manera lenta y cuidadosa, amándose en cada beso, en cada caricia, en cada gemido y en cada movimiento lascivo de sus cuerpos. Cuando terminaron, Jessie se acurrucó en el pecho de James.

—James…

—¿Mhhh?

—Tal vez no debería decírtelo, porque debes tener tus santas justificaciones, pero no creo que ayudar a Ash con su Charizard haya sido un movimiento muy inteligente de tu parte.

James sonrió y acarició los cabellos de Jessie.

—Puede ser, pero le quería ahorrarle un trago amargo al chico.

Jessie levantó la vista hacia él, sin entender.

—¿Cómo es eso?

—Ash probablemente iba a utilizar a Charizard en la Liga aunque no lo obedeciera porque es el pokemón más fuerte que tiene. Si lo sacaba en una batalla y el Charizard solo se limitara a dormirse en frente de no solo todo el estadio, sino que por toda la televisión nacional… Bueno, te imaginas la humillación pública que recibiría

Jessie se frotó la cabeza.

—Eso es se levantó de la cama (por mucho que quisiera pasar el resto del día acostado con ella) y comenzó a vestirse.

—Deberíamos salir a cenar uno de estos días, ¿no? —comentó James.

—Creo que no hemos tenido ni una cena los dos solos —respondió Jessie, pensativa.

—Seguramente debe algún restaurante en este pueblo, aunque sea un poco pequeño.

—Mientras la comida sea buena, no me importaría sentarme sobre un tronco —rio Jessie —. Deberemos salir a cenar antes de que nazca la nena porque dudo de que tengamos un tiempo para nosotros cuando Jamie llegue.

—¿Cuándo tuvimos tiempo para nosotros? —esta vez fue James el que se rio.

—Es un poco triste ahora que lo dices.

—No es triste. Siempre estamos rodeados de mucha gente, eso es todo.

—Gente y pokemón que no se despegan de ti…

—SI tuvieras a Arbok afuera, tampoco se separaría de ti.

Jessie lo abrazó con más fuerza.

—¿Nos podemos quedar aquí acostados por el resto del día?

James la besó en la frente.

—No te prometo el resto del día, pero te prometo al menos una hora, ¿si?

Jessie suspiró de manera exagerada y pasó sus dedos sobre el pecho de James.

—Tendré que conformarme con eso, entonces.


A la mañana siguiente, se levantaron para desayunar y descubrieron al profesor Oak sentado en la sala, preocupado. Sobre la mesa habían varias Piedras Hoja, pero de aspecto extraño.

—¿Se siente bien, profesor? —preguntó James.

Oak levantó la vista.

—Hay algo que me está preocupando…

—¿Qué pasó? —preguntó Meowth.

—Parece que un par de estafadores llegaron al pueblo y están vendiendo Piedras Hoja falsas desde hace unos días.

Jessie, James y Meowth se quedaron en silencio. Eso era algo que tranquilamente pudieron haber hecho ellos.

—Iré al invernadero de Xanadu enseguida. Puede que los estafadores vayan allí a venderle piedras falsas a los que visiten el lugar o incluso a Florinda, la hija del dueño —continuó Oak, ya levantándose.

James se mordió el labio. Los dos estafadores tranquilamente podrían ser del Equipo Rocket, al estar la base no muy lejos de Pueblo Paleta. Tal vez no lo fueran, pero tenía un presentimiento.

—Yo te acompaño —dijo James de golpe.

Oak lo miró, sin entender.

—Si los estafadores llegan a aparecer, puede que necesite ayuda —continuó James—. Vaya a saber que clase de pokemón tengan o que más estén planeando.

Jessie lo miró, algo asustada. Probablemente haya tenido las mismas sospechas que James.

—Me imagino que Oak debe tener un buen equipo, no necesita que lo ayudes —le dijo Jessie, apretando los dientes.

—Insisto —continuó James, ignorando el rostro furioso de Jessie—. Un ladrón o estafador no es lo mismo que un entrenador normal. Prefiero acompañarlo.

Oak sonrió.

—De acuerdo. Pero tendremos que usar la carreta, ya que lo único que tengo para transportarme es mi vieja bicicleta. Te espero afuera.

Oak se marchó. James se giró hacia Jessie, quien parecía que quería asesinarlo.

—Necesito a tu Tauros, Jessie.

—Ni lo sueñes. ¿Y si son del Equipo Rocket? —siseó Jessie—. ¡No puedes ser tan inconsciente de ir y que te vean!

—¿Y que más da si me ven? —James alzó la voz—. ¿Crees acaso que a Giovanni le importamos algo? ¡No nos buscan! ¡Somos un grano de arena en el desierto! Además, ¿Qué posibilidades hay de que sean del Equipo Rocket y me conozcan? —James respiró hondo y bajó la voz a una más tranquiilizadora—. No hemos conocido tanta gente ahí, Jessie. Tal vez ni siquiera nos crucemos con esos estafadores. Todo va a salir bien, Jessie.

Jessie respiró hondo, sopesando la situación.

—No quiero que lastimen a Oak —James dijo al final, para ver si así la convencía.

Jessie se acercó a James y le acarició la mejilla.

—Ten cuidado, ¿si? —Jessie metió la mano en su bolsillo y sacó la pokebola de Tauros. James la tomó.

—No te preocupes. Volveré, te lo prometo.

—Vuelve pronto o Lunita se pondrá fastidiosa —le recordó Meowth.

—Lo intentaré.

James se dirigió a la entrada del rancho. El presentimiento aún le martilleaba en la cabeza. Tenía que ir.


El invernadero estaba internado en el bosque. Parecía ser un lugar grande, ya que de cierta distancia se podía vislumbrar la cúpula de vidrio sobresaliendo por encima de los arboles. James y Oak iban montados en la carreta por el camino de tierra que daba al negocio de Florinda.

—El invernadero tiene muchos tipos de plantas curativas, pero también venenosas —le explicó Oak a James en el trayecto—. Florinda, además de venderlas, también sabe preparar antídotos de todo tipo. Si alguien llegara a robar esas plantas, las podrían usar para fabricar cosas peligrosas.

James estaba de acuerdo. Jessie sabía de plantas venenosas (al menos las de la región de Kanto y Johto) y había fabricado polvos paralizantes con ellos. Secaba la planta al sol, la molía hasta convertirla en un polvo finísimo y luego fabricaba con eso una bomba casera. Lo malo era que no era fácil de conseguir o de comprar, así que no lo usaban casi nunca.

Al fin, llegaron al lugar. Lo que vieron fue una mansión que a James le hizo recordar vagamente a la de sus padres, solo que era más pequeña, de dos pisos y de tejados rojos. La pared parecía haber sido blanca, pero las enredaderas y el musgo que crecían allí le daban un aspecto verdoso.

James y Oak bajaron de la carreta y se dirigieron a la puerta. Esta era antigua, de dos hojas y de marco de madera blanco. Oak tocó el timbre y esperó.

Al minuto, un chico joven los atendió. Tenía el pelo castaño y largo y ojos del mismo color. Se lo veía simpático.

—¡Profesor Oak, que sorpresa! —exclamó.

—Hola, Potter, ¿Cómo va el negocio?

—Con la Liga cerca, muchos vienen aquí, aunque hoy apenas hemos tenido visitas —sus ojos se fijaron en James. Oak se dio cuenta.

—Oh, disculpa. Él es James, un amigo.

—Encantado —se saludaron ambos.

—Potter, ¿sabes sobre un par de personas que hayan estado vendiendo Piedras Hoja últimamente?

Potter reflexionó unos instantes.

—Florinda compró una Piedra Hoja hace unos días.

Oak suspiró.

—¿Podemos pasar? Necesito ver esa piedra.

—Seguro —Potter parecía confundido, pero igual se puso a un costado.

Potter los guio subiendo las escaleras hasta llegar a una habitación. Grande fue la sorpresa de James al ver a Ash y a Misty.

—¿Qué hacen aquí? —les preguntó James.

—Vinimos a buscar unas plantas para mi madre —respondió Ash—. ¿Y ustedes?

James iba a responder, pero Oak los interrumpió.

—Esta piedra es falsa —anunció. En sus manos tenía la dichosa piedra que le habían vendido a Florinda. Eran tan falsas como las que James había visto en el rancho.

—¿Falsa? —exclamó una chica joven de cabello largo y violeta que James no había visto al entrar. Estaba en la ventana que daba al balcón junto con Brock.

—He oído reportes de unos estafadores que han estado vendiendo piedras evolutivas falsas. Asi que he decidido hacer una investigación.

—Florinda, ¿Cómo eran esas personas que te vendieron esa Piedra Hoja? —le preguntó Brock.

Florinda reflexionó unos instantes.

—Bueno, eran un chico de cabello castaño y corto y una chica de cabello color fucsia hasta aquí —Florinda se señaló los hombros—. Ah, y tenían un Ditto.

Un escalofrío recorrió la espalda de James. La descripción del chico, junto con el Ditto, le parecían familiares. Rogaba que se estuviera equivocando.

—¿Han visto a alguien con esas descripciones? —preguntó James a Ash, Misty y Brock.

—No, no lo creo —los tres negaron con la cabeza.

—¿Quieren que les prepare un té? —preguntó Potter.

—Nos encantaría —dijo Oak.

Fueron a tomar el té en el amplio balcón de la habitación, donde ya había una mesa redonda y varias sillas de color naranja. Florinda estaba muy abatida.

—No puedo creer que la piedra que me vendieron era falsa —murmuró Florinda—. Pero quizás estuvo bien lo que hicieron. Eso demuestra que no soy lo suficientemente inteligente para dirigir este invernadero —se dejó caer sobre la mesa, sollozando y cubriéndose la cara con las manos—. ¡Soy una inútil!

Brock la palmeó en el hombro, intentando reconfortarla.

—No te preocupes, yo te conseguiré una Piedra Hoja real —le dijo, sonriéndole como si fuera el héroe de su vida.

—Brock, yo no prometería eso si fuera tú —le advirtió Ash—. Tú no tienes la menor idea donde conseguir una Piedra Hoja, ¿o sí, Brock?

—Pero primero encontraremos a esos ladrones y haré que te devuelvan tu dinero —se apresuró a decir Brock.

—Pero tampoco tienes idea de donde están —siguió Ash.

—Tal vez ya se hayan marchado —dijo James—. Los estafadores nunca están mucho tiempo en un solo lugar…

Una alarma los hizo brincar a todos de sus asientos.

—¡Oh, no! ¡Alguien está en el invernadero robando plantas! —exclamó Potter, corriendo hacia una computadora que había en la habitación. Todos los demás lo siguieron.

James miró la pantalla. No podía ver bien sus caras, ya que estaban cubiertas con un cubrebocas, pero reconoció el uniforme blanco del Equipo Rocket. James tragó saliva.

—¡El chico del cabello castaño y la chica del cabello fucsia! ¡Son ellos! —chilló Florinda.

Todos salieron corriendo hacia el invernadero. James estaba sudando frío. No se quería topar con gente del Equipo Rocket, pero no le quedaba opción. Tenía que pelear y lograr que esos dos le devolvieran el dinero.

Corrieron sobre los puentes de metal que estaban a unos tres metros dentro del invernadero. Brock frenó en seco al ver que estaban ya encima de los ladrones.

—¡Oigan, no se muevan! —les gritó Brock desde el puente. Los miembros del Equipo Rocket miraron hacia arriba y se pusieron de pie de un salto, alarmados.

James puso una mano en el hombro de su amigo.

—Brock, deja que yo me encargue de esto.

—Pero…

—Es personal. No te preocupes; por más que yo haya pertenecido al Equipo Rocket, no me ablandaré por ello.

Brock asintió y se quedó allí. James se trepó a la barandilla y pegó un salto hacia el suelo. Aterrizó de manera un poco torpe, pero al menos no se cayó al suelo.

—¿Ustedes fueron los que le vendieron la Piedra Hoja falsa a Florinda? —les preguntó James.

—¿Y a ti que te importa? —le espetó la chica de cabello fucsia—. Dejanos ir o las pagarás.

—Tanya, por favor, nos superan en número, huyamos —la voz del chico era increíblemente suave. A James se le encogió el corazón.

—¿Mondo? —se animó a decir James.

El chico se puso tenso al oir ese nombre. Se llevó una mano al cubreboca y se lo sacó.

—¿Conoces a ese tipo? —le preguntó la chica llamada Tanya.

Mondo no le respondió. Se lo quedó mirando a James con los ojos brillantes.

—¿S-señor James? —tartamudeó.

James asintió con la cabeza. El nudo que se le había formado en la garganta le impedía hablar.

—¡Señor James! —Mondo salió corriendo hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas, llorando—. ¡Señor James, lo he extrañado tanto!

James lo apretó con fuerza contra su pecho. Había conocido a Mondo cuando ambos eran apenas unos simples esbirros (Boina Negra, como se les decía en el ambiente al eslabón más bajo de la cadena) en el Equipo Rocket y se habían hecho grandes amigos. Cuando él y Jessie ascendieron, comenzaron a verse cada vez menos, ya que Mondo aún seguía siendo un Boina Negra. La última vez que se vieron había sido casi un año atrás.

—¡Mondo, hemos venido a robar, no a un reencuentro emotivo! —chilló Tanya, sacándose el cubreboca. Era una chica joven y bonita, de unos veinte años o quizás un poco menos. Tenía pinta de ser bastante agresiva.

Mondo se separó y se dio vuelta.

—Tanya, él es el señor James. Te he hablado de él, de la señorita Jessie y el señor Meowth, ¿recuerdas?

—Si, lo recuerdo, pero necesitamos el dinero, así que vámonos.

James apartó con suavidad a Mondo hacia un lado.

—No me obligues a pelear contra ti —le dijo, con tono serio.

Tanya sacó una pokebola de su bolsillo, con una sonrisa torcida.

—Que lastima, porque yo si voy a pelear. ¡Sandshrew, ve!

Tanya lanzó la pokebola y el pokemón de tierra salió de allí. James suspiró y sacó una pokebola.

—¡Ve, Butterfree!

Butterfree salió de su pokebola, volando a dos metros sobre el suelo. Tanya apretó los puños.

—¡Ataque arena!

—¡Remolino!

Sandshrew usó la tierra del suelo para echársela al Butterfree, pero el pokemón bicho ya estaba batiendo sus alas a toda velocidad para repelerlo.

—¡Van a dañar mis plantas, deténganse! —gritó Florinda, pero ya era tarde. El ataque Remolino no solo había alejado el Ataque Arena, sino que había arrancado de cuajo algunas plantas. Tenía que pelear de otra manera si no quería arruinar el invernadero.

—¡Destruiré todo el invernadero si no nos dejan en paz! —gritó Tanya.

Carajo, tengo que hacer algo.

—¡Tanya, basta! —gritó Mondo.

—¡Ya estoy hasta aquí de fracasar! —chilló ella, señalándose la frente con un dedo de manera agresiva, como si quisiera taladrarse la frente.

James aprovechó esa pequeña distracción a su favor.

—¡Polvo Sueño!

Butterfree voló por encima de Sandshrew y soltó un polvillo brillante y amarillento sobre el pokemón, pero Tanya no estaba tan distraída como creía.

—¡Excavar!

Sandshrew se hundió en la tierra con rapidez, evitando así el Polvo Sueño de Butterfree. Pero el problema radicaba en que ese ataque era completamente inútil contra un pokemón volador. A Tanya no pareció importarle.

Sandshrew salió de la tierra como un proyectil. Era lo que James esperaba.

—¡Confusión!

Una especie de rayo invisible golpeó a Sandslash y lo tiró contra el suelo. Intentó levantarse, pero dio un par de vueltas sobre si mismo y cayó sentado.

—¡Sandshrew! ¡Intenta usar Ataque Arena!

Sandshrew se quedó inmóvil por dos segundos antes de levantar su garra y golpearse en el estómago con ella, quedando fuera de combate.

James se acercó un paso hacia Tanya.

—Tienes dos opciones: o darme el dinero junto con esas plantas y marcharte o seguir insistiendo y terminar en la cárcel —le dijo James con total calma, mientras ella tomaba a su pokemón en brazos, totalmente humillada.

—¡Mondo, haz algo! —le gritó a su compañero—. ¡Saca a tu Ditto y a Tauros y pelea!

Mondo se quedó paralizado al lado de James y miró al suelo. Murmuró algo en voz tan baja que nadie pudo oírlo.

—¡Mondo!

—No puedo pelear contra el señor James, Tanya, lo siento.

La chica lo miró con los ojos desorbitados.

—¡Eres un maldito traidor! —le gritó—. ¿Acaso no te das cuenta que esto es todo lo que tenemos? ¡Si nos despiden, no nos queda nada, Mondo! ¡Nada!

—Tanya, por favor… —Mondo temblaba.

—Dejame esto a mí…

James dio un salto al ver como Misty pasaba a su lado, aferrada a su Togepi. Se había olvidado por completo que estaban allí.

—¿Qué quieres? —le preguntó Tanya, de manera hozca.

—Yo te conozco. Eres de Ciudad Celeste, como yo. Vivías con tus abuelos en una casita a las afueras de la ciudad.

Tanya retrocedió dos pasos, abrazada a su pokemón. Estaba aterrorizada de que alguien la conociera.

—No, no es…

—Es cierto y lo sabes —siguió Misty, de manera brusca—. Tus abuelos me ayudaron a criar a mis pokemón cuando decidí ser Líder de Gimnasio. Me dijeron que te habías ido a Hollywood para ser actriz o cantante o ambas cosas hace como tres años. ¿Les mentiste?

Tanya entrecerró los ojos.

—Tu eres la hermana de las chicas del acuario —murmuró.

—No me respondiste.

—¡No les mentí! —le gritó—. ¡Fracasé! ¡Fracasé en todo lo que he intentado! ¡Hollywood no es más que una sombra de lo que alguna vez fue y lo máximo que logré fue ser camarera de un Maid Café rodeada de pervertidos y chicas huecas! ¡Prefiero morir antes de ver a mis abuelos decepcionados de mi por no haber cumplido mi sueño!

Misty levantó una mano para intentar tranquilizarla.

—No creo que se decepcionen de ti porque no lograras ser actriz, pero lo harán si sigues en el Equipo Rocket. Creo que deberías volver a tu casa…

—No quiero regresar…

—Haces mucha falta allí…

—Están mejor sin la fracasada de su nieta…

Misty respiró hondo y se quedó en silencio varios segundo antes de hablar.

—Tanya… tu abuela falleció hace como un año.

La chica abrió los ojos de forma desmesurada. Retrocedió varios pasos, aún con el pokemón en sus brazos…

—Tú… tú estás mintiendo… no está muerta —la acusó Tanya, con voz temblorosa.

—Su corazón estaba muy débil…

—¡No es verdad! —las lagrimas de la chica estaban bajando—. ¡Mi abuela no estaba enferma cuando partí!

—¡Tu abuelo está solo en su casa, preguntándose donde diablos está su única nieta! —le gritó Misty—. ¡Mira la tele todos los días, esperando verte en algún programa! ¡Cree que lo has olvidado! ¡Si no me crees, llámalo por teléfono!

Tanya se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—Eso mismo voy a hacer. Sé que ella está viva.

James giró la cabeza hacia atrás y se sorprendió a ver a todos allí, como silenciosos espectadores de todo el drama que se estaba desarrollando.

—Florinda, ¿podrías prestarle el teléfono a Tanya por un momento?

Florinda asintió.

—Si, hay uno en la casa, en la sala.

—Acompañemosla, pero creo que debería estar sola cuando llame. Es algo muy personal.

—Pero… ¿Y si les roba? —preguntó Ash.

James le dedicó una breve sonrisa.

—No, no lo hará.


Media hora después, James, Oak, Mondo y Tanya estaban en la carreta, camino al rancho bajo el sol del mediodía. Todo era muy silencioso, exceptuando algún llanto espasmódico de Tanya.

No supo de que hablaron Tanya y su abuelo en esos diez minutos que estuvo a solas en la sala de la casa de Florinda. Lo único que sabía era que ella salió con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.

—¿Tanya? —Mondo se había acercado a ella, visiblemente preocupado por su compañera.

—Me vuelvo a Ciudad Celeste. Mi abuelo me necesita. Yo lo necesito —Tanya intentaba hablar con normalidad, pero no le salía muy bien.

—Pero… el Equipo Rocket.

—¡A la mierda el Equipo Rocket! —gritó, sobresaltando a todos—. ¡No pienso trabajar el resto de mi vida para que alguien se enriquezca a mis costillas! ¡Mi abuelo me necesita mas que nunca!

Mondo suspiró.

—De acuerdo, si es lo que quieres.

Tanya se enjuagó los ojos, un poco más tranquila, y le puso una mano en el hombro.

—Puedes venir conmigo si quieres.

Mondo parpadeó, sin entender.

—¿Contigo?

—Hay mucho trabajo en la guardería y nos vendría bien un par de manos extras. ¿Qué dices?

Mondo se sonrojó y miró a James en busca de consejo, pero este solo le dijo:

—Lo que te haga feliz, Mondo.

Mondo asintió y le dedicó una sonrisa a Tanya.

—Iremos juntos entonces.

Tanya se tiró en sus brazos, apretándolo con fuerza, lo que provocó que Mondo se sonrojara aún más. James carraspeó con fuerza.

—Vengan conmigo al rancho del profesor Oak. Les daré algo de ropa y dinero para que puedan viajar en autobús. Tardaran varios días en llegar a Ciudad Celeste caminando.

Tanya negó con la cabeza.

—No sé si merezcamos su ayuda, después de todo lo que pasó…

James hizo un gesto despectivo con la mano.

—Olvídate de eso. No tardaremos mucho, lo prometo. Pero primero, devuélvanle a Florinda el dinero que le robaron.

Y así se subieron a la carreta, rumbo al rancho de Oak, después de devolver el dinero y pedirle disculpas a la dueña del invernadero. James rogó para que Jessie no se sobresaltara, dado a su delicado estado de salud. Apenas llegó a destino, bajó de la carreta de un salto.

—Yo me adelantaré. Iré a avisarle a Jessie —les dijo a todos y entró casi corriendo a la casa.

Jessie estaba en la sala, sentada en uno de los sillones. Parecía que lo había estado esperando desde el momento que salió.

—¡James! —Jessie se levantó con un poco de dificultad, aliviada.

—Estoy bien, cariño —James la abrazó con fuerza—. No estoy herido.

Jessie se separó de él.

—¿Averiguaron algo sobre los estafadores?

—Si y no lo vas a poder creer. Uno de ellos era Mondo.

Jessie abrió grandes los ojos.

—¿M-Mondo? ¿El Mondo que conocemos?

—Si, él y su compañera fueron ascendidos hace poco. Por suerte, han decidido dejar el Equipo Rocket y necesitan ir a Ciudad Celeste, donde vive el abuelo de Tanya, la compañera de Mondo. Necesitan algo de dinero, ropa y comida.

Jessie frunció el ceño.

—No es como si tuviéramos muchas cosas, James.

—Jessie, iremos a vivir con mis abuelos cuando nazca Jamie y te van a sobrar las cosas. Sé que no eres muy empática, pero de no ser por Brock, Misty y Ash… no sé como habríamos terminado. Ahora tenemos la oportunidad de ayudar a dos miembros del Equipo Rocket a enderezar su vida.

Jessie soltó un gruñido.

—De acuerdo. Pero tengo que tomarles las medidas para ver si nuestra ropa les va a quedar como saco de papas o demasiado ajustada. Mondo puede que le quede tu ropa algo grande, pero a la choca no la conozco.

La puerta se abrió y Oak entró con Tanya y Mondo. El chico quedó totalmente paralizado al ver a Jessie.

—S-s-se-señorita J-Jessie —tartamudeó, sonrojado. Su mirada bajó hacia el enorme vientre de ella y se sorprendió aún más—. Y-yo no… no… ¿Es del señor James?

Jessie lanzó una risotada.

—Si, es de James.

Mondo miró hacia abajo. Parecía decepcionado, como si hubiera perdido toda esperanza. Tanya, detrás de él lanzó un bufido.

—Soy Tanya, mucho gusto —dijo de golpe, de una manera un poco brusca, haciendo que Mondo se sobresalte. Jessie la miró de arriba abajo.

—Y yo soy Jessie —respondió, como si no notara que la chica estaba molesta—. Acompañame, así te tomo las medidas y veo si tengo algo para ti.

Jessie se dirigió a su habitación, seguida de Tanya. Una vez que se fueron, Mondo preguntó:

—¿Dónde está el señor Meowth?

—Debe estar en el fondo, practicando día de pago—respondió Oak.

Mondo miró a James, aún un poco triste.

—Felicitaciones por ustedes dos —dijo.

—Gracias. Sé que esto no es fácil para ti.

Mondo parpadeó, sin comprender. Oak carraspeó.

—Iré a ver a Meowth —dijo y salió de la sala.

James soltó una breve risa.

—Mondo, yo sabía que te gustaba Jessie. No eras muy disimulado, ¿sabes?

Mondo enrojeció hasta las orejas.

—¿Y la señorita Jessie lo sabía?

—Si, lo sabía.

Mondo se tapó la cara con ambas manos.

—Debí haber parecido un idiota.

James lo tomó por suavidad de las muñecas y lo obligó a mirarlo a los ojos.

—Ninguno pensó eso, ¿si? Es normal enamorarse de alguien que no te corresponde o que alguien se enamore de ti y no puedas corresponderle.

Mondo esquivó su mirada.

—¿Crees que yo le guste a Tanya? —dijo de golpe.

James se echó a reir.

—Bueno, tendrás que averiguarlo —James le puso la mano en el hombro—. ¿Quieres ver a Meowth?

Mondo asintió, sonriendo otra vez.

—¡Por supuesto!


Ya era de tarde, casi de noche, cuando James y Oak los acompañaron hasta la parada de autobús que llevarían a Mondo y Tanya a Ciudad Celeste. Jessie les había dado algo de ropa a ambos y las había achicado para que no tuvieran que ir con el uniforme. Ahora Mondo llevaba una simple playera azul y pantalones blancos, mientras que Tanya vestía una playera roja y unos pantalones de gimnasia negros con dos rayas blancas a los costados. Lo único que conservaban del uniforme eran las botas. Sacaron los tickets en la boletaría y se sentaron en un banco a esperar el autobús que partía desde allí y llegaba hasta Ciudad Carmín.

—Les agradezco mucho lo que han hecho por nosotros —murmuró Tanya. En sus manos llevaba una bolsa con unos sándwiches que Meowth les había preparado.

—Fue un placer —respondió James—. Ya les he dado el número del Profesor Oak, para que me avisen cuando llegen.

—Lo haremos, señor James. Nunca lo olvidaremos —dijo Mondo, mientras lo abrazaba con fuerza. James le dio unas palmaditas en la espalda.

—Vayan con cuidado.

El autobús llegó y los dos se subieron. James los saludó con la mano y los vio alejarse hasta perderse de vista en el paisaje.

Oak carraspeó.

—James… hay algo que no me has dicho, ¿cierto?

No quería pensar en eso. No quería que nadie más se enterara de su horrible y reciente pasado y gracias a Mondo ahora lo había dado a conocer. Pueblo Paleta era un lugar pequeño. ¿Cuánto tardaría en correrse la voz, ahora que Florinda y su ayudante lo sabían también?

—Bueno, usted ya lo oyó —dijo al fin—. Jessie y yo formamos parte del Equipo Rocket, pero lo dejamos apenas nos enteramos de que Jessie estaba embarazada, lo juro.

Oak asintió. No parecía molesto ni nada por el estilo.

—¿Ash y los otros ya lo sabían?

—Si, lo sabían.

—Y supongo que no quisiste contarme nada por miedo a que llamara a la policía o no los dejara entrar en la casa.

—Si.

Oak sonrió de manera triste.

—Bueno, no solo han dejado esa vida atrás, sino que has ayudado a dos miembros más para que abandonaran la vida del crimen.

—¿No nos odia entonces?

Oak soltó una breve risa.

—Claro que no. Volvamos al rancho antes de que oscurezca.

Oak comenzó a caminar y James lo siguió. Estaba aliviado de que Oak no los juzgara. Pero el saber que Mondo y su amiga tendrían una vida mejor lo llenaba de felicidad. Ojalá todos los miembros del Equipo Rocket se dieran cuenta que el crimen no era la única salida.