Aún con calor, calor y más calor.
Kaiser: La historia de Tanya es figurita repetida en el Equipo Rocket, con algunas variantes. Muchos entraron al Equipo Rocket por desesperación, no por ser unos patanes.
Capítulo cuarenta y siete
La peor película de la historia
Durante los tres días que siguieron, James recibió tres llamadas telefónicas en la casa de Oak.
La primera fue de Mondo un día después de que partió junto con Tanya hacia Ciudad .
Celeste. Pidió disculpas por no haber llamado apenas llegaron, pero estaban muy cansados como para pensar en algo que no fuera dormir. También contó que el abuelo de Tanya era un hombre trabajador y simpático, pero que pensaba que era el novio de Tanya y que no había forma de convencerlo de lo contrario.
La segunda llamada fue de sus abuelos, Rose y Hideki al día siguiente que llamó Mondo. En realidad, solo llamó su abuelo diciendo que tenía muchas ganas de visitarlo, pero que Rose estaba en cama con una fuerte gripe y no podía dejarla sola. James entendió y le pidió por favor que avisara si mejoraba. Su abuelo respondió que no se preocupara, que se dedicara a su esposa y a su hija por nacer (creía que estaban casados).
La tercera llamada fue de Ash, al día siguiente también. Tenía ganas de entrenar un poco en una zona deshabitada en el bosque, pero James rechazó el ofrecimiento. Estaba pensando en salir con Jessie para tener un típico día de campo, solo para los dos y no quería posponerlo mucho más, no con los casi nueve meses de embarazo que llevaba ella. Apenas naciera Jamie, la poca intimidad que tenían se esfumaría por completo.
Jessie y James prepararon sus cosas, se subieron a la carreta y estuvieron un rato conduciendo. No se hablaron; tomarse de las manos y sentir la calidez del otro en ese apretón era suficiente para ellos por el momento. Eso y mirar el hermoso paisaje campestre en todo su esplendor de verano.
Pararon en un lugar ya alejado de la civilización, en un claro del bosque, aunque a lo lejos se podían ver un montón de carpas de colores. Tal vez fuera una zona de picnic o algo así. James bajó un canasto con la comida y un gran mantel para poder sentarse. En realidad, había traido un par de sillas plegables para sentarse, pero Jessie prefirió sentarse en el suelo, pese a las protestas de James.
—Va a costar que te levantes —se quejó.
—Lo sé, por eso te tengo a ti para que me levantes —rió Jessie. James solo suspiró como respuesta y se sentó a sus lado.
Los sándwiches y los refrescos libres de cafeína que habían traído eran deliciosos, pero lo mejor era estar los dos juntos y solos disfrutando de un almuerzo en pareja por primera vez desde que comenzaron a salir. A James le hubiese gustado más llevarla a un restaurante elegante o algún lugar de esos, pero ya llegaría ese momento. Había que disfrutar.
Cuando terminaron de comer, se acostaron los dos juntos boca arriba, mirando las nubes pasar lentamente. No había ningún indicio de que llovería ese día, por suerte.
—Esto es maravilloso —murmuró Jessie, tomando de la mano a James.
—Cuanta tranquilidad, ¿no?
—Si, es difícil creer que Lunita no va a estar corriendo en círculos alrededor nuestro reclamando mimos —sonrió Jessie—. Ella nos servirá de práctica hasta que nazca Jamie.
James apretó la mano de Jessie. No quería pensar en eso porque dolía hacerlo, pero ahora que estaban solos, decidió abrirse un poco con ella.
—Jessie…
—¿Mhh?
James respiró hondo.
—Tengo miedo de ser un mal padre —dijo, de manera pausada, como si lo tuviera atascado en la garganta. Sintió el pulgar de Jessie acariciando su mano.
—No vas a ser un mal padre. Eres un buen hombre.
—¿Cómo voy a ser un buen padre si ni yo mismo tuve un buen ejemplo? —James se giró hacia ella—. Puedo saber lo que hizo mal e intentar no repetirlo, pero no tengo nada para saber si lo voy a hacer mal.
Jessie se quedó en silencio unos instantes.
—Bueno, haremos lo mejor posible y… rezarle a Dios para que todo salga bien.
—¿Tu no tienes miedo?
Jessie acarició su mejilla, sin dejar de sonreír.
—¿Te digo la verdad? Estoy aterrada. Pero si yo me pongo histérica y tú te pones histérico… ¿Quién va a parar a Meowth?
James soltó una carcajada.
—Me imagino a los dos diciendo a los gritos "¡Meowth, somos malos padres!" y Meowth poniéndose a gritar y a correr en círculos.
Jessie estalló en carcajadas.
—Seguramente diría algo así como "¡Y yo no tuve ningún tío como ejemplo! ¿Cómo voy a ser un buen tío?"
Siguieron riéndose durante un rato más hasta que poco a poco se fueron calmando. Después de recuperar el aire, Jessie dijo:
—Creo que debemos hacer lo mejor que podamos con lo que tenemos y listo. Probaremos sobre la marcha y, cualquier cosa, siempre podemos pedirle ayuda a tus abuelos, ¿no?
James se mordió el labio.
—Por como salió mi padre…
Jessie lo tomó de la barbilla con suavidad.
—Nosotros pondremos nuestro esfuerzo como padres y ella tendrá que poner lo suyo como hija, ¿si?
James la besó en los labios.
—Estoy de acuerdo.
—Perfecto. ¿Me ayudas a pararme? Me está doliendo la espalda.
James se levantó y ayudó a Jessie a hacer lo mismo. Comenzaron a guardar las cosas en la carreta cuando escucharon un ruido extraño, pero que a James le resultaba vagamente familiar. Era como algo que se arrastraba por la tierra. No, era como si fuera por debajo de la tierra.
En el lugar donde habían estado sentados un par de minutos antes, emergió un Diglett, con su cuerpo marrón, sus ojos negros y su nariz rosa, muy parecida a las que tenían los Widdle. Miraba para todos lados, como si buscara algo.
—¡Un Diglett! —exclamó Jessie—. James, ¡captúralo!
—¿Eh? —James se rascó la cabeza—. No voy a andar atrapando al primer pokemón que se me cruce.
—No tienes ningún pokemón de tierra, James, te puede ser útil.
James tomó una baya de la canasta y se acercó con cuidado al Diglett, quien fijó sus ojos en él. Se puso de rodillas y le dio la baya.
—¿Tienes hambre, pequeño? —le preguntó, con ternura. El Diglett mordió la baya sin dudarlo con su diminuta boca—. Puede que se haya separado de su manada, o ya habría mas de ellos por aquí.
—James, no seas tonto. Oak dijo que deberías tener variedad en el equipo o algo así.
James acarició la pequeña cabeza del Diglett con un dedo, haciendo que de un pequeño chillido de satisfacción.
—Puede que tengas razón. Esta vez, lo atraparé en batalla —James se levantó, se alejó unos pasos y sacó una de sus pokebolas.
—¡Psyduck, ve!
Psyduck salió de su pokebola, ya en pose de batalla. Si, había mejorado bastante desde que estaba con él.
—¡Prepárate, Diglett!
El pokemón lo miró con una expresión tan inocente que le dolió. No estaba acostumbrado a luchar contra ellos para que sean parte de su equipo. Casi todos lo habían seguido por voluntad propia.
—¿Quieres venir conmigo, Diglett?
El pokemón parpadeó, sorprendido. Jessie lanzó un bufido.
—James, no puedes ir por la vida preguntándole a todos los pokemón si quieren ir contigo.
—Jessie, tengo nueve conmigo, los cuales casi la mitad están en el equipo por su propia voluntad. Mi método funciona —le replicó.
Jessie le sacó la lengua como toda respuesta.
—Muy madura, Jessie—se volvió hacia Diglett—. ¿Vienes conmigo?
El Diglett no respondió de ninguna manera, pero tampoco huyó. No parecía estar decidido.
—Bueno, entonces elegiré por ti. ¡Psyduck, Chorro de Agua!
Psyduck tiró un potente Chorro de Agua, pero Diglett se metió bajo tierra tan rápido que el ataque ni siquiera lo tocó.
—¿Psy? —Psyduck comenzó a mirar a su alrededor.
—¡Ten cuidado! —exclamó James.
Diglett emergió bajo las patas de Psyduck con fuerza, haciéndolo volar por el aire de manera vertical unos tres metros antes de estrellarse de cabeza contra el suelo.
—¡Psyduck! —gritó James. Quería ir con él para ver si todo estaba bien, pero prefirió quedarse quieto. No quería hacerle creer de que era débil. Hasta que no estuviera fuera de combate, se quedaría ahí.
Diglett estaba a un metro de Psyduck, estático. El pokemón acuático se levantó con dificultad, agarrándose la cabeza.
—¡No pierdas el control, Psyduck! ¡Chorro de Agua!
Era inútil. El Diglett era demasiado veloz bajo tierra y ni siquiera lo podía salpicar con sus ataques. El pokemón de tierra ahora solo se limitaba a esquivarlos como si estuvieran en el juego de "Golpear al Diglett". Se estaba burlando de ellos, no cabía duda. Necesitaba un plan antes de que Psyduck se cansara.
—¡Psyduck, usa Anulación!
Psyduck giró la cabeza hacia atrás, sin entender.
—Lo has usado antes, ¡recuerdalo! ¡Intenta concentrarte!
Psyduck volvió a mirar hacia adelante. El Diglett ya no se metía bajo tierra, sino que estaba estatico. Ni siquiera parpadeaba. Había hecho el ataque de manera exitosa.
—¡Chorro de agua!
Psyduck le tiró el ataque de lleno hacia la cara del Diglett. Siguió de pie, aunque parecía aturdido. Era su oportunidad. Iba a sacar la pokebola, cuando…
—¡Maravilloso! —exclamó la voz de un hombre.
James se sobresaltó y miró al que había gritado. Era un hombre gordo y bajo, de cabello castaño y sus ojos ocultos tras un par de gafas oscuras.
—¿Disculpe? —James no entendía nada.
—¡Tu Psyduck podría ser el protagonista de mi película!
—¿Película? —Jessie parecía más interesada que sorprendida.
—¡Hola, James! —Ash apareció detrás del tipo gordo, junto a Misty, Brock y una chica más que James no conocía junto a su Raichu—. ¡Vamos a filmar una película!
El tipo se acercó un par de pasos hacia James.
—Mi nombre es Cleavon Schpielbunk, famoso director de cine. Seguramente habrán oído hablar de mí.
James miró a Jessie, la cual sólo se limitó a encogerse de hombros. Nunca había escuchado ese nombre en su vida. Hacía años que no iba al cine o miraba la televisión siquiera.
—La verdad, no —respondió Jessie, con su brutal honestidad. El pobre hombre pareció a punto de echarse a llorar.
—Disculpe, señor, pero estoy ocupado intentando capturar a mi Digl… —James se giró hacia donde estaba el pokemón, pero había desaparecido. En su lugar solo había un pequeño cráter.
—Creo que se te escapó con todo este griterío —dijo Jessie, cruzándose de brazos.
James clavó la vista en el director. Pocas veces había estado tan enojado en su vida.
—Hizo… que… se escapara… el Diglett —James apretó los puños.
—Los Diglett van y vienen, pero la oportunidad de que tu pokemón sea una estrella no aparecen todos los días —intentó calmarlo Cleavon, alzando las manos. Jessie se adelantó unos pasos.
—Ajá. ¿Y cuanto nos vas a pagar por prestarle a Psyduck? —le preguntó ella.
—¡¿P-pagar?! —exclamó Cleavon, como si le hubieran dicho que estaba nevando—. ¡Estamos con poco presupuesto, por amor de Dios!
James respiró hondo, intentando calmarse.
—Estoy a seis semanas de entrar a la Liga como para perder el tiempo en una película y encima de gratis, así que olvídelo.
Cleavon sacudió las manos, desesperado.
—¡Solo será una prueba de cámara, es todo! Si consigue el papel, les pagaré, lo prometo
James miró a Jessie, quien parecía haber sido convencida con el dinero. Suspiró.
—De acuerdo., de acuerdo. ¿Qué tenemos que hacer?
En el camino hacia donde filmaban, James se enteró de por qué estaba Cleavon tan apresurado por conseguir un protagonista: originalmente, un Abra había sido elegido para el papel, pero había renunciado por culpa de la protagonista femenina, Wigglypuff. De paso, también conoció a Katrina, la chica que estaba con Ash, Misty y Brock. Tenía dieciocho años y estaba entrenando para la Liga Pokemón. Su pokemón principal era un Raichu y también lo haría audicionar para la película.
Jessie y James se sentaron en unos bancos de madera que había en frente de un escenario pequeño en medio de una parte despejada del bosque. Ash le explicó a ambos de que en ese lugar solían hacer espectáculos al aire libre de vez en cuando, sobre todo en primavera.
Psyduck y Raichu no eran los únicos. También habían un Tauros, un Hitmonlee y un Doduo. Ash había mandado a su Pikachu y Jessie, para no quedarse atrás, había mandado a su Arbok, quien estaba en el escenario con cara de no saber que demonios estaba haciendo ahí. Togepi había huido de los brazos de Misty para subirse al escenario, pero ella lo levantó y le dijo:
—Creo que eres muy joven para el papel, Togepi.
—¡Suerte en tu audición, Pikachu! —le gritó Ash a su pokemón, agitando en puño en alto.
—¡Pika pika! —Pikachu alzó los brazos desde el escenario.
Brock se acercó un par de pasos al escenario.
—¡Lo siento, Ash, pero Vulpix es perfecto para el papel!
Lanzó la pokebola hacia el escenario y el Vulpix salió de un salto de ella, aterrizando con gracia en el suelo de madera.
Misty no se quiso quedar atrás.
—Staryu se parece a una estrella —sacó la pokebola de su bolsillo—. ¡Staryu, es tu momento para brillar!
Staryu salió de su pokebola y subió al escenario. James se preguntó como demonios iba a actuar un pokemón que ni cara tenía, pero Cleavon no dijo nada al respecto.
—¡La estrella tiene que hacer algo más que actuar! ¡Tiene que saber bailar! —exclamó Cleavon a través de su megáfono amarillo—. ¡Musica por favor!
De los parlantes que estaban arriba del escenario comenzó a sonar música electrónica. Los pokemón comenzaron a mirarse unos a los otros, sin saber bien que hacer.
—¡Arbok, no te quedes ahí parado! ¡Baila usando tu ataque de Repetición!
Sin cuestionarle nada, Arbok comenzó a girar sobre si mismo. James iba a darle alguna orden a Psyduck, pero este se había adelantado, poniéndose de espaldas al público y meneando la cola de una manera bastante graciosa.
—Jessie, que tu Arbok gire sobre si mismo no es un baile —se rio James.
—No tiene ni brazos ni piernas ¿Qué esperas, que baile la macarena? —le espetó Jessie.
—No, claro que no. Bueno, al menos tiene cara, no como el Staryu —señaló con la cabeza al pokemón de Misty, quien se movía como si un niño hiciera bailar a una tabla en forma de estrella.
SI James era realista, todos bailaban de manera horrible. Hitmonlee solo pegaba patadas al aire; el Doduo se movía como si lo hubieran desarticulado; Taurus pateaba el suelo y el Vulpix de Brock solo estaba saltando. Los únicos que tenían una oportunidad eran Pikachu y Raichu, quienes bailaban una especie de tango en pareja y no lo hacían nada mal.
—¡Perfecto, maravilloso! Pero ya hice una preselección de estos nueve pokemón —Cleavon leyó una hoja de papel que tenía en la mano —¡Pikachu y Raichu!
—¡Eso! —gritó Ash, con el puño en alto, mientras Katrina aplaudía.
Cleavon siguió leyendo:
—¡Arbok y Psyduck!
Arbok se bajó del escenario rápidamente y se dirigió hacia Jessie para lamerla con su lengua bífida.
—Sabía que lo lograrías — le sonrió Jessie, acariciándole la cabeza.
—¡Así se hace, Psyduck! —le gritó James a su pokemón. Como respuesta, Psyduck hizo una seña de la victoria con sus dedos. ¿Era su imaginación o Psyduck estaba más despierto de lo normal?
—¡Y por último, Vulpix! —exclamó Clevon.
—¡Nadie puede con la ternura de Vulpix! —exclamó Brock, lleno de orgullo.
—¡Oiga! ¿Por qué mi Staryu no fue elegido? —preguntó Misty, enojada.
—No te lo tomes personal, Misty, pero necesito un pokemón que pueda mostrar emociones —se disculpó Cleavon. Luego se dirigió a los demás—. Tomemos un pequeño descanso y pasemos a la siguiente prueba.
Media hora después, los cinco pokemon elegidos estaban de vuelta sobre el escenario, listos para la segunda prueba.
—Para la siguiente prueba, tendrán que cantar —anunció Cleavon, como si los pokemon fueran un montón de niñas aspirantes a idol.
—¿Cantar? —se preguntaron todos, confundidos.
—¡Por supuesto! Deben cantar por Wigglypuff para obtener este papel.
Wigglypuff subió al escenario y caminó con tal mala suerte que se tropezó sola y cayó al suelo, cerca de Arbok. El pokemón de Jessie hizo un leve siseo, que James tradujo como una risa seca.
Wigglypuff se levantó y se dirigió a Arbok, furiosa. Le hizo un Doble Bofetón con tanta fuerza que prácticamente lo noqueó, tirándolo al suelo.
—¡Arbok! —Jessie se levantó de golpe. James la imitó y la tomó del brazo.
—¡Jessie, cálmate! ¡El bebé!
—¿Cómo quieres que me calme cuando acaban de abofetear a mi Arbok? —le espetó Jessie.
Arbok no tardó en levantarse de manera lenta. Mostró los colmillos a Wigglypuff, en una pose de ataque.
—¡Arbok, baja del escenario! ¡No vale la pena! —lo llamó James.
Arbok lo miró de reojo. Su palabra valía (casi) tanto como la de Jessie. Siseó algo de mala gana y se bajó del escenario directo hacia Jessie, quien le acarició la cabeza.
—No importa, Arbok, el mundo no está preparado para alguien tan bello como tú —lo consoló.
Los pokemón restantes sobre el escenario, temiendo correr la suerte de Arbok, se bajaron del escenario, prefiriendo no participar antes que recibir un Doble Bofetón. Solo Psyduck se quedó ahí parado, ajeno a todo lo que había pasado..
El director carraspeó
—Bueno, como Psyduck es el único que queda, ¡Psyduck tendrá el papel!
James casi se cayó sentado al suelo. ¿Psyduck? Tenía que ser una broma.
—¡Ahora vengan todos! ¡Vamos a filmar la primera escena! —exclamó Cleavon, feliz de tener un protagonista. Señaló a James y a los demás—. Esperen aquí, tengo que hacer unas modificaciones al storyboard.
Mientras Cleavon se iba casi corriendo hacia una de las carpas, James se subió al escenario y abrazó a su Psyduck.
—Eres el mejor —le dijo.
Psyduck le acarició el brazo como respuesta, cosa que sorprendió a James. Normalmente no respondía a estímulos, como abrazos y caricias, solo una mirada completamente vacía e inexpresiva. Según Meowth, Psyduck casi no hablaba y lo poco que decía eran cosas al estilo "¿Qué?" "No sé" o "Me duele". Las pocas veces que hacía una charla coherente, no duraba más de quince segundos. Pero esta vez, sentía que Psyduck estaba vez más… despierto, por llamarlo de alguna manera.
James se separó de Psyduck. Su mirada era inexpresiva.
—¿Quieres comer algo?
Psyduck hizo un gesto afirmativo con la cabeza. James lo tomó de la mano y bajaron las escaleras del escenario y fueron hacia la carreta para buscar lo que había sobrado del picnic
Cleavon los llamó media hora después a una parte mas alejada del escenario, cerca de las carpas. Tenía una mesa y unas hojas de papel.
—Les voy a contar la historia —Cleavon mostró la primera hoja, donde se veía el dibujo de un Psyduck y un Wigglypuff con un corazón en el medio. Se veían bastante bien—. Cuando empieza, Psyduck y Wigglypuff apenas han empezado a salir —mostró la siguiente hoja, con Wigglypuff en un balcón y Psyduck subido a un árbol, como si le estuviera cantando—. Psyduck lleva a Wigglypuff a su casa en la primera cita. Psyduck le canta a su heroína bajo la luz de la luna llena y tal parece que el romance va sobre ruedas.
Cleavon pasa a la tercera hoja. Wigglypuff y Psyduck estaban al parecer en medio de un enfrentamiento entre pokemón de tipo Normal y tipo Agua, intentando apaciguarlos.
—Pero sus familias enemigas y amigos intentan separarlos — en ese momento, la voz del director se tornó en una femenina —Nos amamos mucho, ¿por qué no pueden vivir y dejar amar?
Cleavon mostró otra hoja donde Wigglypuff se veía asustada junto a un Primeape y un Geodude que estaba un poco más atrás.
—Y entonces, una flecha va directo hacia Wigglypuff —pasa a la siguiente hoja, donde Psyduck protege a Wigglypuff de una flecha de juguete que se le clava en la frente—. Psyduck llega justo a tiempo y queda mortalmente herido y con un último suspiro muere en los brazos de su amada—mostró una hoja ilustrando el momento y luego pasó a la última, donde todos los pokemón se reunían alrededor de ellos—. La tragedia une a las dos familias y sus disputas terminan.
Cleavon dejó las hojas a un lado, con los ojos llenos de lágrimas por la emoción.
—Ya puedo verlo. Esta película ganara montones de premios y arrasarán en taquilla —lloriqueó.
Jessie carraspeó.
—La versión numero un millón de Romeo y Julieta con pokemón… si, muy original —se burló Jessie.
—¡Es perfecta! —exclamó Brock, tan emocionado como el director—. Será un placer trabajar con usted en esta película.
—¡Yo también! —exclamó Ash—. ¡Lo haré gratis!
Apenas pronunció estas palabras, Jessie se acercó a Ash y lo golpeó en la parte de atrás de la cabeza.
—¡No seas idiota! —lo retó. Se dirigió al director—. Dele al menos unos yenes a los chicos.
—Pero… ya nos fuimos de presupuesto…
Jessie achicó los ojos y se tronó los dedos.
—¿Quiere hablar con la oficial Jenny sobre la explotación infantil?
Cleavon se puso pálido.
—N-no, claro que no.
—Entonces págales.
Ash carraspeó.
—Pero no es…
—Ash, tienes que aprender que no puedes ofrecerte siempre gratis a cualquiera. Así la gente se aprovechará de ti, ¿entiendes?
—Creo que si.
Jessie sonrió ampliamente.
—Así me gusta —Jessie juntó sus manos—. Bueno, hora del show.
Estuvieron grabando las escenas hasta cerca de las nueve de la noche. Al terminar de grabar, Ash, Misty, Brock, Katrina, Jessie y James se sentaron sobre unos troncos a modo de banco alrededor de una hoguera, hablando de temas varios. Luego, Cleavon se acercó con varios cheques.
—Lo prometido es deuda: acá tienen el dinero por ayudar —les dio unos pocos billetes a Ash, Misty, Brock y Katrina. Se giró hacia James y le extendió un cheque—. Es todo lo que les puedo dar, pero cuando esta película se haga famosa, todos querrán contratar a tu Psyduck.
James agarró el cheque y lo miró. Era por tres millones de yenes. Jessie también lo miró y pensó que se enojaría, pero no fue así.
—No esperaba más de esta película de cuarta —murmuró Jessie cuando Cleavon se retiró—. Bueno, nos vamos al racho. ¿Quieres que te acerque a algún lado, Katrina? Vamos hacia Pueblo Paleta.
—Muchas gracias —les agradeció Katrina.
—Ustedes tres también vengan, que los alcanzo a la casa de Delia —Jessie hizo un gesto para que se subieran.
Dejaron a Katrina enfrente de una posada y se despidieron cariñosamente. Mientras viajaban a la casa de Delia, Ash parecía deprimido.
—¿Qué pasa? — le preguntó James.
—Se supone que iba a entrenar para la Liga Pokemón, pero ya me distraje otra vez —suspiró.
—No todos los días te topas con un director haciendo una película, ¿verdad? —lo animó Misty—. Ya entrenaras mañana.
Ash asintió, pero no se veía muy convencido.
—Tienes algunas semanas por delante para entrenar —le dijo James—. Ahora ve a tu casa a descansar y mañana a la mañana entrenas, ¿si?
Ash sonrió levemente.
—Si, eso haré. Mañana sin falta. Sin distracciones —le respondió, como si quisiera convencerse a si mismo.
Mientras salían del pueblo y seguían de largo para la casa de Delia, James pensó que él también había perdido un día de entrenamiento, además de un Diglett. Pero ya lo recuperaría. De todos modos, no había desperdiciado su tiempo del todo. Había estado parte del día a solas con el amor de su vida.
