Los Dupain–Cheng y Gabriel Agreste entienden la crianza de un hijo de maneras radicalmente opuestas, y eso, para bien o para mal, se ve reflejado en sus hijos. Por otro lado, Lila regresa a clases y Marinette recibe ayudas inesperadas. ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! ¿Soy yo o las cosas luego del capítulo de Félix se calmaron un montón? Quizás porque nos queda una buena espera para la nueva temporada, a ver con qué nos salen. ¡Es cosa de tener paciencia! Por cierto… creo que voy a adoptar a Félix como mi bendición: ese muchacho necesita chanclazos maternales. ¡Ahora a lo que nos convoca!
Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada
ADVERTENCIA
Sugiero uso de pelotita antiestrés. Podría contener spoilers de la tercera temporada.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto.
También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
Capítulo 7: Dos padres atentos y un tercero… muy desafecto
Place des Vosges. París.
En esos momentos.
Emma pegó un brinco hacia atrás y se detuvo en seco, observando el espacio que segundos antes su hermano mayor había ocupado. Louis estaba en el suelo, incorporándose de a poco. Venía tan pendiente de su hermana que se distrajo de revisar mejor su entorno con su bastón. Si hubiera prestado atención en serio, se habría dado cuenta del desnivel en la acera y no habría caído al piso, pero no la sintió con el bastón y bueno. Pasó lo que pasó.
Ya saben, esos desniveles que son como de un centímetro o dos, poca cosa, pero cuando das el paso y no los viste, pareciera que uno va en caída libre de 300 metros o más.
"¡¿Cómo no te fijas por donde vas, maldita sea?!" Emma rápidamente corrió en ayuda de su hermano.
"¡Me estabas distrayendo!" Louis logró sentarse, pero no se quiso levantar en seguida.
"¡¿Se encuentra bien señor?!" Preguntó de pronto el oficial Raincomprix, apareciendo de pronto. Había visto la caída desde su patrulla y se apresuró en ayudar. "¡Permítame ayudarle!"
"¡Ya voy, ya voy!"
"¡Gracias oficial!" Exclamó Emma extendiendo las manos en señal de calma. "Pero dele un segundo: mi hermano es ciego…"
"Necesito orientarme. ¡Ya voy!"
¿Por qué siempre las caídas de un ciego eran tan aparatosas y llamaban la atención? O sea, Louis no notaba diferencia alguna, todos caían del mismo modo, pero ¿por qué cuando un ciego lo hacía todos corrían? Lo mismo que cuando un viejito caía, ¡Ni siquiera se reían!, corrían a ayudar. ¡Qué vergüenza! Él, que era capaz de saltar de techo en techo, machacar villanos y luchar cuerpo a cuerpo con más destreza que nadie, se había caído de bruces por culpa de un triste desnivel en la acerca.
No era la primera vez, tampoco sería la última. Louis se revisó las manos, poniendo especial atención en la derecha, antes de revisarse mentalmente a sí mismo para notar si tenía más daños. Todo esto se lo tomaba con calma, aunque cada tanto se mortificaba: había heredado el gen de los accidentes absurdos de su madre después de todo.
"Ten Louis, tu bastón." Emma le puso el bastón en las manos y le arregló las gafas. "¿Te rompiste algo?"
"Solo mi orgullo." Dijo con una sonrisa, recuperando su buen humor.
"¡Al mal tiempo buena cara! Permítame ayudarlo." El oficial Raincomprix tomó a Louis de un brazo y en seguida lo tuvo sobre sus pies. "Si gusta puede dejar una queja en el ayuntamiento: las aceras deberían estar impecables y…"
"Naah, no es problema. Soy algo torpe con el bastón, es todo." Se apresuró en decir Louis, sacudiéndose sus ropas. "Además el alcalde seguro tiene problemas más importantes con los que lidiar que las quejas de un ciego."
"Gracias Oficial. Yo me encargo a partir de ahora." Le dijo Emma con una sonrisa cortés.
Roger les hizo una seña con la cabeza y los dejó ir. Mientras los hermanos se alejaban, el policía se quedó mirando la acera en busca del desnivel que había provocado aquél desaguisado. ¡Pobre muchacho!: cualquiera que hubiera venido distraído también habría caído de bruces al suelo. Qué pena el chico: se veía un hombre joven, de buena salud, pero ¡ciego! Eso debía ser muy desafiante. Miró de nuevo en dirección a los hermanos, quizás con la intención de ayudarles más, pero…
"¿Pero a donde se fueron?"
No estaban. ¡Curioso! No deberían estar muy lejos, pero no los veía por ninguna parte. ¿Habrían tomado un taxi? Hmm. Lo más probable. Bueno, al menos los dejó caminando. Era hora de regresar a su patrullaje, que París no se iba a cuidar sola.
Mansión Agreste. París.
Esa tarde. 19:28 hrs.
Adrien estaba mucho más tranquilo, aunque la cabeza aún hervía de información. Supuso que ya se iría pasando a medida que transcurriera el tiempo. Tomó el tenedor y suspiró, sin animarse a probar bocado. ¿Cómo estaría Marinette? ¡Por Dios! ¡Ojalá que estuviera bien! Lo consolaba el hecho que su lady era fuerte y seguro sabría aguantar el chaparrón, pero en serio nunca la había visto tan ansiosa. ¿Él? No quería comer. Dejó el tenedor a un lado y resopló como hastiado. Desde el viernes que todo lo que se echaba al estómago le caía mal, lo cual lo frustraba montones. O sea, ya tenía suficiente con tener la dieta muy restringida (balanceada, pero estricta) como para que más encima su estómago se pusiera delicadito y se negara a procesar alimentos como era debido. Los nervios no lo dejaban comer tranquilo y vomitaba a la menor insinuación. Así se había pasado todo el finde y por lo visto, esa semana se le avecinaba parecida.
"No tengo hambre." Se lamentó de pronto, refunfuñando entre dientes.
"Come de todos modos." Dijo de pronto Gabriel. "No puedes perder peso o no dejarán que te saques fotos."
"¡Père!"
Esta sorpresa sí que no se la esperaba. Gabriel se le acercó hasta su asiento con su calmado e imponente andar. Le puso a mano sobre la cabeza cuando llegó junto a él. Lo miró largo rato, con ojos escrutadores, pero haciendo un esfuerzo por no lucir severo y fallando épicamente en su intento.
"¿Viniste a cenar conmigo?" Preguntó Adrien lleno de ilusión.
"No." Respondió Gabriel sin prisa alguna. "Vine a ver como estabas. Supe que hubo problemas esta tarde en tu colegio."
"Sí, pero no fue un akuma, sino un amago de incendio." Explicó el muchacho, tratando de no sentirse tan decepcionado. "¿En serio no puedes quedarte?"
"Tengo cosas más importantes que hacer que cenar contigo, Adrien." Gabriel puso las manos detrás de la espalda e irguió su columna. "Recuerda tu sesión de mañana. Y come: no quiero problemas con tu bajo peso o no podrás sacarte las fotos y las necesito para el catálogo nuevo."
Gabriel inspiró y le dio la espalda, alejándose del comedor. Con ello esperaba haberle dado a Adrien ánimos suficientes como para que dejara de estar triste y volviera a ser el de siempre… o que al menos no lo molestara mucho. ¡Este hijo suyo! Lo quería, la mayoría de las veces al menos, pero a veces era tan necesitado de cariño que llegaba a irritarlo, sobre todo cuando Adrien no se daba cuenta que él necesitaba trabajar. ¡No podía ir por la vida deteniéndose para atender las necesidades emocionales del chiquillo! Eso era trabajo de su madre, él no estaba hecho para esas cosas.
Y hablando de Emilie… ¿Sería feo que bajara unos instantes para visitarla? No le gustaba que pasara tanto tiempo sola ahí abajo en el repositorio. Además, necesitaba su compañía.
Adrien siguió a Gabriel con la mirada hasta que desapareció tras la puerta. Volvió a ver su plato y decidió comérselo todo, aunque no a gusto. Tras terminar y dar las gracias, se fue hacia su habitación arrastrando los pies. ¡Estaba exhausto! Su día había sido derechamente bipolar y no hallaba la hora de echarse a dormir y quizás caer en coma hasta la mañana siguiente. ¿Patrullaje? No, no esa noche. Ni videojuegos ni nada. ¡Tampoco mangas! Cerró la puerta y se puso el pijama. Plagg lo seguía con la mirada y no lo interrumpió
"Tú déjame queso a la mano y no te molestaré. ¡porque sí que necesitas dormir, cachorro!"
"Y con urgencia." Resopló el muchacho, quien suspiró mirando a la ventana… como pensando en su lady. "¿Plagg?"
"Dime."
"¿Crees que mi père me odie?"
"No. Es un hombre atormentado nada más. Pero no te odia." Le dijo el kwami con cautela.
En lo personal, Plagg creía que Gabriel solo quería a Adrien porque era el hijo que tenía con Emilie, pero nada más. Convengamos que no podía decirle eso al cachorro sin tacto alguno y todavía podía equivocarse en su opinión. ¡Bah! Había conocido criminales mejores padres que Gabriel.
"¿Crees que yo sea un buen padre?" Preguntó Adrien preocupado. Plagg aguantó la respiración.
"¡No empieces con eso! Tienes 14, no eres…"
"Pero lo seré algún día… no… no quisiera seguir el ejemplo de mi père con mis propios hijos… me esforzaré por ser mejor." El muchacho en serio se veía preocupado. "Pero no sé cómo serlo…"
Plagg rodó los ojos al cielo y voló hasta la cabeza de Adrien. Cuando estuvo frente a sus ojos, le apartó un mechón de cabello, dándole un buen tirón.
"Es muy pronto para que pienses en esas cosas, cachorro. Eso el tiempo lo dirá. No te adelantes y vive la vida que tienes ahora."
"Oh, Plagg…"
"Además, hoy sí tuvo sus ventajas no. ¡Ya sabes quién es tu lady!" Le dijo el kwami guiñándole un ojo. Adrien sonrió enamorado.
"¡Y la cargué de regreso!" Adrien se dejó caer sobre la cama con una gran sonrisa. Se quedó un rato tirado ensoñando sobre aquello, antes de decidir acurrucarse en su cama y taparse con las cobijas.
"Y duérmete con este pensamiento."
"¡Noches Plagg!"
"Noches cachorro."
Plagg voló hacia su provisión de queso y se dispuso a sacar una pieza o dos para comer antes de dormir. Adrien apagó la luz, pero no se hizo problema. Plagg podía ver en la oscuridad y por eso mismo se acomodó para disfrutar su camembert.
"Oye Plagg."
"¿Tú no estabas dormido?"
"Sí, pero me puse a pensar…"
"¿En qué…?"
Se produjo un largo silencio. Tanto, que Plagg creyó que Adrien se había dormido, por lo que dejó de prestarle atención.
"¿Crees que tenga alguna oportunidad con Marinette? O sea, si le gusta Luka, voy a tener una seria competencia, pero… ¿crees que pueda hacerla cambiar de opinión?"
Plagg se golpeó la cara con la palma de la mano con fuerza. ¡Cachorros de humano!
"¡Ya duérmete, Adrien!"
Casa de los Dupain–Cheng.
Día siguiente. Mañana del martes. 6:50 am.
"Uy. Alguien se cayó temprano de la cama. ¿Cómo estás mi amor?" Preguntó Sabine con una sonrisa.
Marinette había dormido a saltos a causa de distintas pesadillas, pero estaba más tranquila. O eso creía. Al menos ya sabía la identidad de aquellos extraños y aunque no era una noción fácil de tragar, al menos tenía certezas. Tikki había hecho gala de su paciencia y cariño, pues ayudó mucho a calmar a su portadora durante la noche. No obstante la kwami estaba preocupada y con justa razón: nunca había visto a la chica sufrir tanta ansiedad. Sabine le indicó una silla a su hija, quien se sentó con ella a la mesa.
"¿Mejor? Ayer nos diste un buen susto a tu papá y a mí." Le dijo mientras le peinaba los flecos.
"Lo siento, maman. He tenido unos días algo caóticos."
"¡No lo sientas, no es tu culpa!" Sabine tomó a su hija por la barbilla. "Ya me extrañaba que no estuvieras reaccionando."
"¿Huh?"
Sabine le sonrió y se puso de pie. Le sirvió desayuno a Marinette, quien notó en seguida que había sido hecho con especial cariño. No pasó desapercibido el hecho que su mamá le sirvió el desayuno a propósito. Por lo general, lo hacía ella misma, tal cómo le habían enseñado e incentivado.
"¿Maman?"
"En circunstancias normales, todos los parisinos estamos de los nervios producto de los akumas. Muchos de tus amigos y cercanos han sido akumatizados, incluido tu papá." Comenzó explicando Sabine. "Estos últimos meses has estado metida en situaciones de estrés muy fuerte, sobre todo la del viernes pasado y solo tienes catorce."
"Maman, yo… yo…"
"¡Shhh, hijita!" La instó Sabine, firme, pero con cariño. "Ya me estaba preocupando que no exteriorizaras el estrés, como lo hiciste ayer. Lo mismo tu papá."
Marinette bajó la cabeza y no pudo reprimir un puchero. Los ojos comenzaron a picarle en el acto y se apresuró en atajar unas lágrimas. Sabine acercó su silla a la de su hija y la abrazó. ¡Es que su mamá no tenía idea de todo lo que pasaba! ¡No sabía nada de nada! Partiendo por el hecho que era Ladybug hasta lo de Louis y Emma, no podía decirles nada sus padres. ¡Nada! Odiaba tener que preocupar a sus papás de esta manera, de mentirles así, pero ¿cómo lo explicaba? ¿O por dónde comenzaba? ¿Sería prudente? El maestro Fu les había dado muy buenos motivos a ella y a su compañero para no hablar sobre sus identidades y ¡PAH, DRAMA!, se enteraba de golpe de la identidad de Chat Noir… Marinette se largó a llorar de golpe.
Pues sí, era raro que no hubiera exteriorizado nada hasta ese momento. Demasiada presión que no había pedido.
"No tienes que decirme nada, hijita." Dijo de pronto su mamá. "Quiero que sepas que tu papá y yo te queremos muchísimo, ¡más de lo que te imaginas!, y que siempre estaremos aquí para ti, así tengamos que cruzar el mundo." Sabine, sin soltar a su hija, comenzó a acariciarle la espalda, dejando que llorase con ganas. "Quizás no tengamos todas las respuestas, pero podemos ayudar o algo se nos ocurrirá."
"Maman… yo…"
"Marinette." Sabine la tomó por el mentón y la miró a los ojos. "¿A lo mejor quisieras hablar con un psicólogo? ¿Alguien que te ayude y enseñe a lidiar con esto?"
Marinette abrió los ojos tan grandes que casi se le salen de las órbitas. ¿Ella? ¿hablar con un loquero? Bueno, no loquero, eso era un prejuicio, pero ¡hablar con un profesional!, ¿para qué? ¿qué fin podría tener ir a terapia cuando estaba bien? Ella estaba perfecto, solo nerviosa y lidiando con un montón de cosas que no tenía idea como… Hizo un puchero… se limpió las mejillas, reprimiendo las ganas de echarse a llorar de nuevo… Quizás… quizás…
Su mamá la tomó por las mejillas, sonriéndole.
"No tienes que responder ahora, Marinette." Dijo de pronto Tom, poniendo una mano sobre su hombro. No sabía que estaba también ahí. El hombre tomó otra silla cercana y se sentó junto a su familia. "A tu madre y a mí nos gustaría mucho que accedieras, porque te vemos muy nerviosa y… ya no sabemos qué más hacer para ayudarte."
"Mi niña… ¡Nos duele mucho verte así! Queremos que seas feliz."
Marinette volvió a refregarse la cara, aceptando de paso el pañuelo que le ofrecía su padre, con el que se secó los ojos y limpió su nariz. Se quedó mirando las rodillas largo rato, escuchando su corazón, que parecía palpitar extraño. Tikki, oculta en su bolso que siempre llevaba consigo, le dio palmaditas como esperando que las sintiera. ¡Terapia! Una noción que la aterraba, pero que su instinto… parecía decirle…
"Creo… que me gustaría." Se sorprendió Marinette a sí misma. Reprimió un puchero. "La mayor parte del tiempo estoy bien, pero a veces… no sé." La chica se encogió de hombros. "Como que se me juntan muchas cosas y… lidiar con los akumas… a veces tengo miedo y no sé… ¡siento que debo taparlo! Yo… sniff. Creo que me gustaría."
"¡Estamos contigo, ma petite!" Le dijo Tom, suspirando aliviado.
"¡Esa es mi niña!" Exclamó Sabine limpiándole el rostro. "Nosotros nos encargamos a partir de ahora."
"Y si no quieres seguir, no sigues y ya." Tom le revolvió la cabeza a su hija, antes de sentarse en su puesto. "Te dejé galletas para que lleves a clase. Ahora: ¡Desayuno Familiar!"
No, Marinette no se esperaba nada de esto. Toda esta situación la había tomado por total sorpresa, pero se sintió extrañamente más liviana. Quizás la oportunidad de hablar con alguien externo la ayudaría a desfragmentar bien el cerebro. Eso no quería decir que estuviera loca, ¿verdad? Además, tampoco tenía que contarle TOOOOOOOOOOODO al psicólogo si no quería, solo lo justo y necesario. Quizás si le preguntaba al maestro Fu al respecto, podría orientarla sobre qué decir, cómo hacerlo y qué reservarse. Se sintió más animada. ¡Tenía los mejores papás del mundo!
Pronto terminaron el desayuno y Marinette pudo alistarse para irse al colegio. Se lavó los dientes, tomó sus cosas y tras despedirse de sus padres, echó a correr al colegio, que al menos le quedaba cerca.
Tom y Sabine vieron a su hija salir corriendo y respiraron aliviados. Habían estado hablando de ello toda la noche y se alegraron mucho de que Marinette aceptase la ayuda que le estaban ofreciendo.
"Por un momento, creí que me iba a decir que no." Confesó Sabine, mientras entraban de nuevo en la panadería. "Llamaré a Gastón para coordinar las citas."
"Gastón es buena persona. Lo conozco del colegio." Dijo Tom, muy involucrado en el asunto. Es que tanto él como Sabine llevaban algunas semanas notando que su hija podría estar acumulando mucho estrés del malo y aunque era una chica sana y querida por ambos, habían intuido que pronto necesitaría ayuda profesional. "Independiente de eso, recibí buenas referencias de sus pacientes y me dejó tranquilo cuando hablamos. Espero que sea una buena decisión."
"Mientras ayude a Marinette, lo será." Sabine suspiró apesadumbrada. ¡Ay, su niña! Era una buena chica, atolondrada, pero la estaban criando bien. ¿Por qué tenía que pasar por tanta angustia? "Con tanto ataque akuma, ya debería haber programas de asistencia a las víctimas. ¿Cómo no lo vimos antes?"
En ese momento, se abrió la puerta de la panadería. Algo normal a esas horas de la mañana, aunque casi que ya habían vendido todo. De hecho, Tom estaba por ir a supervisar los hornos antes de sacar más pan para vender, lo que sucedería pronto. Ambos se volvieron hacia la puerta ni bien sonó la campanita, viendo de inmediato a un muchacho joven alto, vestido casual y…
"¡Buenos días, señor! Estamos por aquí, a unos dos metros a su derecha más o menos." Anunció Tom con voz alegre siendo todo lo claro que podía. Su cliente, después de todo, era ciego y requería indicaciones precisas.
"Buenos días. Soy nuevo por aquí e iba pasando… ¡el olor me estaba volviendo loco!"
"¡Todo es a propósito señor! De otro modo, ¿Cómo anunciaríamos el mejor pan de París?"
"Jejejeje, se hacen la fama solos. Me hablaron mucho de esta panadería." Comentó mientras parecía curiosear con el olfato.
"Tom, yo sigo con el cliente. ¡Ve a ver el pan!"
"¡Lo dejo con mi esposa! Si me disculpa…"
Tom sonrió y se despidió con una seña, que obviamente su joven cliente no vio, por lo que se ganó una fea mirada por parte de su esposa. Con prudencia, Tom desapareció lo antes posible en dirección de los hornos. Tras reprender visualmente a su marido, Sabine se acercó al muchacho y llamó su atención:
"¿Busca algo en especial?" Le preguntó amable. "Estamos a momentos de reponer el pan." El joven sonrió como niño pequeño.
Sabine sintió un escalofrío recorrerle el espinazo. ¡Esa sonrisa! Ese gesto… ¡los conocía! Pero… ¿de dónde? La mujer se sacudió ese pensamiento. Ya se acordaría.
"¡Baguette! ¿Tiene?"
"Recién salidas del horno."
Y con la misma traviesa sonrisa, Louis compró dos.
Colegio Françoise Dupont.
En esos momentos. 8:10 am.
Marinette llegó a clases con un tiempo estupendo. Por primera vez en toda la semana se sentía animada y más tranquila. La conversación con sus papás le había ayudado montones. Ciertamente el prospecto de ir al psicólogo parecía ser bueno, pero de todos modos tendría que ir primero con el maestro Fu a comentarle y pedir orientaciones.
…
Y quizás de paso comentarle lo que había pasado con Louis y Emma. El maestro Fu lo sabía todo, por lo que no le extrañaría que ya lo supiera, pero… ¿y si no sabía nada? ¡Ay, sus hijos! Esos dos le plagaban los pensamientos desde la tarde anterior. No se había despedido de ellos por su desmayo y como que eso le pesaba.
"¡Hola Marinette! ¿Ya te sientes mejor?" Preguntó Alix de pronto.
"¡Bastante!" Marinette se pasó la mano por el cuello. "Los nervios me están superando mucho últimamente, pero ya se me pasa."
"Eres fuerte, Marinette: sabrás superarlo. Y si no, siempre puedes ir a pegarle a algo. Yo lo hago y es relajante." Respondió la chica. "Si quieres te invito."
"No sería mala idea, Alix. Quizás tengo que soltar energía."
"¡Ten la certeza! La tienes toda a presión en el pecho y eso no es… ¡Oh, mira eso!"
Justo en ese momento, Lila entró al salón, ayudada por muletas y seguida por un pequeño séquito de alumnos, quienes la ayudaron a llegar hasta su lugar. Kim le ayudó con las muletas y Nathaniel con la mochila, Mylene la ayudó a acomodarse.
Marinette arrugó la nariz: cierta sensación de temor le invadió el pecho sin que pudiera evitarlo. Como que de pronto esa tranquilidad que había logrado hasta ese momento comenzaba a evaporarse como humo. ¡Lila! Hasta entonces solo sentía profunda irritación y disgusto por ella, y en cierta forma nada de eso había cambiado, pero… ahora como que algo comenzó a fallarle en el corazón, le daba latidos tan raros, al punto que se llevó una mano al pecho, Alix notó esto y le dio una palmada amistosa.
"Calma Marinette: Lila se recuperó bien o no la habría dejado venir a clases."
"¿Huh? ¿Qué dices, Alix?"
"Te angustiaste por Lila. Se te notó en el rostro." Alix le sonrió con alegría y ternura. "Eres una buena persona Marinette."
Una gota pareció deslizarse por la cabeza de Marinette. Alix interpretó su incomodidad por preocupación por Lila. ¡Claro que estaba preocupada!… pero porque acababa de enterarse que en un futuro esa mujer la iba a matar.
"¿Te caíste de la cama que llegaste tan temprano?" Saludó Alya de pronto.
"¡AAAAAAAAAAAAAH!"
"Alya, ¡No hagas eso! ¿Qué no ves que Mari es impresionable?" Reclamó Alix. Alya levantó las manos en señal de disculpa.
"¡Perdón! No quise hacerlo." Alya le sonrió a Marinette. "¿Ya estás mejor? ¡Me tenías preocupada! No me contestaste el celular en toda la noche."
"Mi maman me quitó el…"
"¡Marinette!"
La llamó Lila de pronto. La italiana la miraba fijo y con esa sonrisa que cautivaba a tantos, excepto a ella. ¡Argh! Ahora le ponía los pelos de punta. Como lo cortés no quita lo valiente, Marinette le sonrió incomoda y la saludó con la mano.
"¡Bonjour, Lila!"
"Vamos."
Alix y Alya la tomaron de los brazos y llevándola con ellas, se acercaron a saludar a la recién llegada, quien apenas pudo ocultar su disgusto. Marinette no opuso resistencia, pero sintió que el estómago se le caía hasta a los pies.
"¡Lila! ¿Cómo estás?" Le preguntó Alya ni bien se abrieron paso entre sus compañeros. "¿Todo bien con tu herida?"
"¡Te recuperaste rápido! ¿Puedes moverte?"
"Lila es fuerte." Dijo Kim. "Una herida así no la va a matar."
"Me atendió un médico del Ejército en el hospital: dijo que me iba a recuperar pronto. Si tendré que atender terapia y todo. ¡Fue un corte importante!" Lila suspiró apenada. "No podré ir a la campaña de ayuda a los niños pobres en el Congo este año."
"Tranquila Lila: seguro sabrán comprenderlo." Dijo Nathaniel con su usual calma.
"Eso espero. ¡Me hacía mucha ilusión ir este año!" Lila miró con cierta malicia a Marinette. "¿Estás bien Marinette? Te veo muy pálida."
"Sí. Estoy bien." Respondió Marinette con calma, aunque le hervía el estómago por los nervios. "Me… alegra ver que ya estás mejor, Lila. Supe de tu herida…"
"¡Ah sí! MI herida fue horrible: ¡me dolía montones!" Lila miró a todos sus compañeros y puso cara de drama épico. "¡Les agradezco tanto las muestras de cariño! Ustedes son lo mejor del mundo." La italiana miró de reojo a Marinette con una sonrisa torcida. "Aunque no recuerdo haber recibido nada tuyo." Añadió fingiendo mucha pena y decepción.
Todos se quedaron viendo sorprendidos a Marinette. Por lo general, cuando alguno de ellos estaba enfermo, ella era la primera en enviar saludos y regalos de ánimos. Eran presentes muy pequeños y simples, generalmente tarjetas que ella misma diseñaba pensando en la persona. El que no lo hubiera hecho y el cómo Lila lo había expresado, dejaba un poco mal parada a la joven diseñadora. Marinette se mordió la lengua, pues no sabía ni cómo contestar esa acusación: Para nadie era un misterio que no tragaba a Lila, y teniendo la italiana el carisma y arrastre que tenía entre los demás, todos comenzaron a pensar mal y a juzgar a Marinette por su olvido.
Estaba por abrir la boca para defenderse cuando alguien más intervino.
"Marinette también estuvo en el hospital." Dijo de pronto Adrien, con una cara de tres metros. Había llegado a tiempo para ver como juzgaban a Marinette y a Lila cerca de ella, y eso lo puso de muy mal humor. Sus palabras llamaron la atención de todos, quienes lo quedaron viendo a él y a su compadre muy perplejos. "No sé si se acuerdan, pero se le vino un edificio encima y cuando la encontramos con Nino estaba tosiendo sangre."
"Es verdad." Apoyó Nino, entrecerrando los ojos. "Además todos sabemos y hemos sido testigos que Marinette no se ha estado sintiendo bien."
"Tampoco recuerdo que nadie le haya escrito algo a Marinette." Añadió Adrien con cierto dejo de rencor. "O que la haya llamado para preguntar como estaba."
Lila abrió los ojos al ver como perdía el control de la situación. Ahora el grupo lucía avergonzado por no haberse preocupado de su compañera como era debido, cuando Marinette siempre estaba pendiente de ellos. Infló las mejillas y se dispuso a abrir la boca para tratar de retomar el control de la situación.
"¡Oh, Marinette! ¡Pobrecita! ¿Cómo fue que no te mataste?" Preguntó Lila con un dejo de sarcasmo. "¿Estás segura de que te cayó el edificio y no solo unas piedrecillas?"
"Es verdad Lila, a Marinette casi le cayó una pared encima." Aseguró Alya asintiendo con la cabeza, recordando el temor que había sentido en aquella oportunidad. "Nino y yo lo vimos: corríamos a lugar seguro cuando nos separaron esos escombros." Repitió Alya.
"Oh. Bueno. Supongo que no tuviste tiempo de huir." Lila suspiró apenada. "Es que me hacía tanta ilusión recibir una de esas lindas tarjetas que escribes. ¡Qué egoísta soy!"
"Es una forma de decirlo." Comentó Adrien con cierta hostil apatía. "
Lila lo quedó viendo sorprendida, pero solo encontró demasiada seriedad en el rostro de Agreste. ¡Uy, este hombre! No lograba adivinar sus pensamientos y eso que se esforzaba. A veces tenía más éxito que otras, pero no siempre se daba: quizás eso era lo que la hacía sentir tan fascinada con Adrien Agreste. No poder leerlo a gusto.
¿Qué estaba pasando? Lila arrugó la nariz. Sabía que Adrien también veía a través de sus mentiras y que trataba de mantener su distancia, sobre todo después de aquella sesión de fotos en la que había comprado el reintegro de Marinette al colegio. ¿De dónde salía esta irritabilidad para con ella y…? Lila se fijó mejor… y observó que mientras todos conversaban y daban sus opiniones sobre la situación de marras… Adrien y Marinette se miraban bien fijo.
Y se estaban poniendo cada vez más rojos.
¿Qué había pasado en su ausencia? Se iba tres días y cambiaba toda la dinámica social de su salón. ¡¿Qué estaba pasando?! Necesitaba saber.
Por otra parte, para la parejita los sonidos de las voces y todo lo demás había pasado a segundo plano. Era ruido de fondo que no interesaba en lo más mínimo. Marinette había estado a punto de comenzar a defenderse cuando intervino Adrien en su defensa. Se le detuvo el mundo, más cuando se fijaron las miradas. Entonces se quedaron viendo el uno al otro como si el mundo se hubiera detenido. Y de pronto ella estaba viendo a Chat Noir y él a Ladybug: los dos se estaban viendo como si fuera la primera vez, reconociéndose por fin por quienes eran.
Se sonrieron…
… y entonces les vino la inseguridad. A los dos. De golpe, cual montaña de ladrillos, así de inmisericorde.
"¿Pasa algo entre ustedes…?" Lila no alcanzó a terminar su pregunta cuando…
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!"
Marinette pegó un grito y salió corriendo del salón como alma en pena. Del susto casi le dio un infarto a Adrien, quien de no ser por Nino hubiera caído al suelo en una posición muy poco digna. El muchacho alcanzó a ver como Marinette salía por la puerta, apartando a Chloé de ella.
"¡PANADERA! ¡FÍJATE POR DONDE VAS, TARADA!"
"¡¿Pero qué mosco le picó a Marinette?!" Preguntó Alya en voz alta, poniendo sus manos en las caderas.
Casi todos se encogieron de hombros. Lila entrecerró los ojos. Nino se rascó la cabeza y Adrien…
"Voy por ella." Dijo sin más demora…
… y para sorpresa de todos, esquivó el saludo de Chloé (para indignación de aquella) y también salió del salón.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo capítulo: Dos buenos amigos
"¿Para mí? No. Siempre supe que la panadera…" Chloé le dio un toponcito en la frente a Marinette con el dedo, usando ese tono despectivo tan desagradable. "… tenía problemas mentales. ¡O sea mírala! ¿Quién va a querer estar cerca de ella?"
"¡Pues prefiero mil veces su locura!"
"¡Qué hipócrita, Alya!" Exclamó Chloé con aires de grandeza. "No te tardas en defender a tu amiguita de mí, que al menos le digo la verdad, y no de la mosca muerta de Rossi."
"¡Basta! No metas a Lila en tus amenazas, ¡tampoco a Marinette! Ha estado muy…"
Notas finales: ¿Alguien me acompaña a la mansión Agreste a rescatar a Adrien? En serio, me da angustia que pase ahí sus días el pobrecillo. ¡Tiene que comenzar a rebelarse, maldita sea! Gabriel… he visto padres muy malos (Gendo Ikari y Shou Tucker por ejemplo), pero ese hombre está en el top cinco de los peores. En fin. Finalmente acabó la temporada 3 y estamos a la espera de la cuatro. ¡Que Dios nos ampare! Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Tampoco puedo comer galletas, Manu, o engordaría mucho. Imaginar que las como o que las reparto ayuda un poco. Sobre lo que preguntas, Félix no me dio mala espina, es un muchacho necesitado de chanclazos, pero ¿así como villano? Nah. Me cayó bien. Quizás nos da una sorpresa, nunca se sabe. Ten, un apfelstrudel, para variar un poco y ¡GRACIAS POR LEER!
No les va a quedar de otra más que poner los pensamientos en orden, Newfan, y más vale que lo hagan pronto, que tienen un mini desastre con el que lidiar. Y sí… Emma salió a su papá, con la diferencia que Adrien se reprime y controla mucho y… Emma no tiene esos filtros, pese a los chanclazos que le han llegado a lo largo de su vida. Y sí, a nadie le extrañó la actitud de Marinette. Ten, un apfelstrudel, para variar un poco y ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados. Estas entradas las debí poner en el capítulo anterior, pero ya saben lo que dicen: más vale tarde que nunca.
Canal de la Mancha: (en inglés, English Channel, Canal Inglés; en francés, La Manche, La Manga) Es el brazo de mar del océano Atlántico que lo comunica con el mar del Norte, al oeste de Europa, y separa el noroeste de Francia de la isla de Gran Bretaña. El nombre español (también utilizado en portugués) no es más que una mala traducción del francés, ya que La Manche significa realmente la manga, puesto que el estrecho tiene una ligera semblanza con la forma de la parte de la camisa dentro de la cual se mete el brazo.
Tiene una longitud de 560 km aproximadamente y su anchura varía entre 240 km y 33,3 km (en su parte más estrecha en el estrecho de Dover o paso de Calais entre Dover y el cabo Gris-Nez). Es el más pequeño de los mares superficiales de la plataforma continental de Europa y ocupa una superficie de 75 000 km aproximadamente.
En el estrecho, cerca de las costas francesas, existen unas islas llamadas Islas del Canal, pertenecientes a la Corona Británica. La isla de Ouessant marca el extremo occidental del canal. La península de Cotentin destaca dentro del canal.
Eurotúnel: (en francés: Tunnel sous la Manche; en inglés: Channel Tunnel) es un túnel ferroviario, abierto el 6 de mayo de 1994, que cruza el canal de la Mancha, uniendo Francia con el Reino Unido. Es una importante obra de infraestructura del transporte internacional. La travesía se puede hacer en automóvil particular (embarcando éste en el tren lanzadera Shuttle), o bien como pasajero en el tren Eurostar, en un viaje que dura aproximadamente 35 minutos entre Coquelles (ciudad de Calais) en Francia y Folkestone en Reino Unido. Es el tercer túnel más largo del mundo, sólo superado por el túnel Seikan y por el túnel del San Gotardo, y el que tiene el tramo submarino más largo del mundo.
El túnel es explotado por la empresa franco-británica Eurotunnel. En 2013 alcanzó un volumen de facturación de 1090 millones de euros, sobrepasando por primera vez la cifra de 1000 millones.
