Mañana es Nochebuena, wii! Espero que pasen una Feliz Navidad y un Prospero Año Nuevo.
Capítulo cuarenta y ocho
Hollywood
Pasó una semana desde que filmaron la película de Cleavon. Durante ese lapso, pasaron varias cosas dignas de mencionar.
Cuando Jessie y James llegaron de la filmación, a las diez y media de la noche, se encontraron con un Meowth histérico y a un Oak más decepcionado que enfadado.
—¡Pudiste haberme mandado a Butterfree o pedir prestado un maldito teléfono para llamarnos! ¡Pensé que habían muerto! —les gritó Meowth, llorando de rabia e histeria.
Oak fue más tranquilo al hablar, pero no por eso menos enojado por la situación.
—Creí que vendrían a las seis de la tarde como máximo, dado a que nos dijeron que solo se iban a almorzar. Entiendan que estábamos muy preocupados —les dijo.
James se frotó la cabeza. Estaba tan acostumbrado a ir y venir cuando quisiera, que no había pensado que Oak se preocuparía por ellos.
—Lunita estuvo llorando esperando a que volvieran —agregó Meowth, ya más calmado pero resentido.
—¿Dónde está? —preguntó Jessie.
—En el sillón, dormida.
Jessie y James fueron hacia donde estaba. Efectivamente, estaba dormida en uno de los sillones, hecha un ovillo.
—Por Dios… —James se agachó y la levantó en brazos a su pequeña sobrina. Gruñó un poco cuando fue alzada, pero nada más—. Le debemos una disculpa.
—¿Solo a ella? —Meowth los miraba desde la entrada.
James suspiró.
—Lo siento, Meowth. Es que estaban filmando una película y…
—¿Película? —los interrumpió Oak.
Jessie y James contaron a ambos toda la historia sobre Cleavon y su absurda película. Al final, mostraron el cheque de tres millones de yenes que había conseguido.
—Es menos de la mitad de lo que recibe un actor protagónico, pero es mejor que nada —finalizó Jessie—. Jamie va a tener un montón de cosas bonitas.
Dos días después, Jessie fue a hacerse un chequeo en el hospital. La bebé estaba sana y nacería pronto. El problema surgió cuando la doctora le dijo a Jessie que la fecha de parto era a pocos días de la Liga y probablemente naciera mientras los más de doscientos entrenadores estuvieran peleando por la copa.
—Si para la Liga no nace, no participaré —le dijo James a Ash, en el fondo del rancho de Oak mientras caminaban. El chico lo miró como si estuviera loco.
—¡Pero es el acontecimiento mas grande del año! ¿Verdad, Pikachu? —exclamó Ash. James tan solo se rio mientras el pokemón eléctrico asentía enérgicamente.
—El nacimiento de mi hija es más importante que la Liga, Ash. Un día serás padre y lo comprenderás.
Ash lo miró, sin entender.
—Es que yo quería que nos enfrentáramos en la Liga —dijo, con las manos en los bolsillos.
—Puede que nunca nos enfrentemos —James se encogió de hombros—. O tal vez si, quien sabe.
Ash miró al suelo, deprimido, mientras Pikachu se refregaba contra su mejilla. Para animarlo, James le dijo.
—Si no peleamos en la Liga, tendremos una batalla de seis contra seis antes de que me vaya, ¿si? Lo prometo.
Ash lo miró de reojo.
—¿Lo prometes?
James se detuvo y le extendió el dedo meñique.
—Lo prometo.
Ash le extendió el meñique también y los entrelazaron. Ash se veía más contento.
—Bueno, ahora sigue que Charizard te está esperando. Yo vuelvo al laboratorio; quiero ver si Jessie puede arreglar el problema con su Jigglypuff.
—Suerte con eso.
Si, tenía que tener mucha suerte, porque la pequeña Jigglypuff (descubrieron que era hembra) se resistía a creer que nadie podía escuchar su canto sin dormirse y estaba al borde del berrinche, como si ella fuera la única en tener razón.
—Escucha —Oak estaba sentado en un taburete y el Jigglypuff en otro, al frente del científico—, por favor escucha bien: tu canto es un ataque que hace que personas y pokemón se duerman. Ni siquiera los de tu propia especie resisten el canto de otro Jigglypuff.
—Jiggly… —era obvio que la respuesta no le había gustado para nada. Sus cachetes estaban tan inflados por el enojo que parecía que un Beedril le había picado en la cara.
—¿Algún progreso? —preguntó James.
—No mucho —Meowth estaba en otro taburete, al lado de Oak—. Parece que es consciente ahora de que puede dormir a cualquiera con su canto, pero aún así insiste en que alguien la escuche.
Oak se llevó una mano a la barbilla, pensativo.
—Podría consultar con algún colega para que me ayude, pero mientras tanto… se tendrá que abstener de cantar.
Jigglypuff bajó la vista, deprimida y decepcionada. Meowth se bajó del banco y fue hacia ella.
—No te estamos diciendo que no puedas hacerlo. No tardaremos mucho en conseguir una manera de que cantes.
—¿No podemos grabar su canto? —preguntó James.
—Es lo mismo. Aún con una grabación, cualquiera puede dormirse al escucharla, lo siento —le respondió Oak, matando toda esperanza.
James miró a su alrededor.
—¿Jessie donde está? —preguntó—. Creí que estaría aquí.
—En su habitación. No quería arriesgarse a que cantara y cayera dormida —le respondió Meowth.
—Gracias.
James salió del laboratorio y se dirigió a la habitación que compartía con ella (y Meowth y Lunita). Se sentía decepcionado: ¿Cómo no iba a estar con Jigglypuff cuando más la necesitaba? Nunca habría hecho algo así con Arbok.
La encontró sentada en la cama, tejiendo unos escarpines de color blanco. Lunita jugaba con la madeja de lana, muy concentrada.
—Ya le he hecho algo de ropa para Jamie —dijo Jessie, sin levantar la vista—. Delia dijo que ella también está tomándose el tiempo para hacerlo también.
James carraspeó.
—Pensé que estarías con Jigglypuff en el laboratorio.
Jessie levantó la vista del tejido.
—No quería que se pusiera a cantar y termine rompiéndome la cabeza contra el borde de una mesa. Sería peligroso.
—No se ha puesto a cantar. Pero está muy triste. Necesita a su entrenadora, Jessie, a ti.
Jessie puso los ojos en blanco.
—No soy como tú. No se me da eso de consolar y ser amable —argumentó, con un leve tono de hastío.
—Tal vez, pero podrías intentarlo. Tu siempre eres muy buena con Arbok.
—Arbok viaja conmigo desde los quince años, nos conocemos muy bien.
—Por favor, Jessie. Inténtalo como lo hiciste con Cubone.
Jessie soltó un gruñido.
—Cubone es otra historia. Él tenía problemas de verdad, no una razón tan frívola como no poder subirse a un puto escenario a cantar como si se creyera Madonna a cambio de aplausos.
James cerró los puños con furia.
—Es importante para ella —James hizo lo posible para que no se notara su tono de enojo, pero no lo logró del todo —. Cuando eras pequeña, ¿nunca sufriste por algo que ahora consideres infantil?
Jessie esquivó su mirada y miró a Lunita, quien se estaba durmiendo encima de la madeja de lana. Suspiró.
—De acuerdo, lo haré. Pero te advierto que lo haré mal.
Jessie al final fue a ver a su pokemón al laboratorio y la consoló… a su manera.
—¿Sigues triste por no poder cantar? —le preguntó Jessie. Su tono fue neutral, por suerte.
Jigglypuff la miró y asintió con la cabeza.
—A ver, ¿y por qué quieres cantar? —le preguntó, ya en un tono más brusco.
—¡Jessie! —la retó James.
—¡Solo hice una pregunta!
Jigglypuff habló, mirando al piso.
—Dice que es lo único bueno que siente poder hacer y quiere que todo el mundo pueda oírla.
Jessie se acercó unos pasos hacia el pokemón hasta quedar frente a frente.
—Dices eso porque no has intentado otra cosa —le dijo Jessie, mirándola fijamente a los ojos.
—¿Jiggly?
—No solo puedes cantar. Puedes luchar, puedes ser una amiga, puedes ser hermosa y puedes aprender muchas cosas más —Jessie le apoyó la mano en la mejilla—. Cantar no lo es todo.
Jigglypuff la miró, como si no entendiera. Jessie continuó.
—Mientras esperas a que Oak averigue algo, ¿por qué no te relajas y exploras un poco dentro de ti misma?
Jigglypuff titubeó un poco antes de asentir con todo su cuerpo.
—Bueno, entonces puedes venir conmigo a vigilar a Lunita mientras yo termino de tejer. Hasta tal vez tenga tiempo para hacerte un gorro
Jigglypuff bajó del taburete, ya un poco más animada. James no pudo más que sonreir con orgullo a Jessie. Sabía que podía hacer algo bueno, emocionalmente hablando.
...
Los días pasaban rápido. Ahora faltaba poco menos de un mes para la Liga y cada vez faltaba menos para que Jamie naciera. James tenía todo un cronograma para entrenar a sus pokemón, incluyendo a cual dedicarse más dependiendo del día.
James estaba preparándose para su entrenamiento de la mañana en los terrenos del rancho de Oak. Meowth estaba por ahí, practicando su Día de Pago junto a su hija, quien lo apoyaba de manera incondicional. Estaba por elegir a sus pokemón, cuando el profesor lo llamó desde la puerta:
—¡James! ¡Ash está al teléfono! ¡Quiere hablar contigo!
James miró a sus pokemón.
—Esperen aquí, no tardaré mucho —les dijo y se metió dentro de la casa.
Cuando se puso al teléfono, vio a Ash del otro lado, con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡James! ¿Te ha llegado la invitación?
—¿Invitación? —repitió, sin entender.
—El señor Cleavon nos ha invitado al estreno de la película en Hollywood. ¿Van a ir? Nosotros ya nos estamos preparando para salir.
James dudó. Prefería quedarse con Jessie y no salir del rancho hasta que naciera el bebé, si quería ser sincero. Por otro lado, quería ver a Psyduck en la pantalla.
—Ya veré cuando me llegue la invitación.
Ash asintió.
—¡Nos vemos en Hollywood, entonces! —se despidió Ash y cortó la comunicación.
James se alejó del teléfono. Estaba pensando en que hacer, cuando Oak apareció con un sobre en sus manos.
—James, te ha llegado esto —Oak le extendió el sobre.
James lo abrió. Si, era la invitación de Cleavon para ir al estreno de la película. Podía ir con un acompañante. ¿Era seguro llevar a Jessie en el estado que se encontraba?
—¿Pasa algo malo? —preguntó Oak.
—No, solo que… me invitaron para que vaya al estreno de la película, en la que Psyduck actuó.
—¿Y eso te preocupa porque…?
—No estoy seguro si Jessie podría ir. Hollywood está a varias horas de viaje y en el estado en el que está…
Oak hizo un gesto despreocupado con la mano.
—Dudo mucho que Jessie quiera perderse el estreno y mucho menos por su embarazo —Oak sonrió de manera nostálgica—. Cuando mi esposa estaba embarazada, no se quedaba quieta ni un segundo. Estuvo yendo de un lado al otro hasta el día que dio a luz a nuestro hijo.
James tragó saliva.
—¿Qué pasó con su esposa? —preguntó.
—Falleció hace quince años ya, de un ataque al corazón.
—Lo lamento…
Oak sacudió la cabeza.
—No te preocupes por eso. Ha costado superarlo, pero aquí estoy, trabajando de lo que realmente me gusta y además…
—… se ha enamorado de vuelta —terminó la frase James.
Oak se sonrojó un poco.
—Si, es cierto. Delia es una mujer maravillosa, aunque nuestra relación está medio oculta…
—¿Lo dice por Ash?
El rostro de Oak se ensombreció.
—Si, lo digo por Ash. Su madre ni siquiera tuvo el valor para decirle de que se ha divorciado de su padre hace como dos años, mucho menos para decirle que está saliendo conmigo desde hace seis meses.
James se rascó la cabeza.
—Usted conoció al padre de Ash, ¿cierto? ¿Cómo era él?
—Oh, si. Un entrenador que decidió sentar cabeza en un pueblo para luego darse cuenta que tener una familia y trabajar de granjero no era lo suyo y se fue para no volver jamás.
—¿Nunca más supo de él?
—La última vez que hablé con él fue hace dos años atrás para que les pase los pokemón que me había dejado a cargo y para darme las gracias por haberlos cuidado. Se los pasé a un colega científico en Unova según sus indicaciones y no volví a hablar con él desde entonces.
James notó algo de amargura en la voz de Oak a medida que hablaba del padre de Ash.
—Veo que no le tenía mucho aprecio —comentó James.
Oak se encogió de hombros.
—Conozco a Delia desde que era una adolescente y me he llevado mucho mejor con ella que con él. Mi relación con el padre de Ash siempre fue estrictamente profesional.
—Ya veo.
Oak se rascó la cabeza.
—De verdad me gustaría que Ash supiera la verdad. Yo soy un hombre grande, un viejo. Yo no soy un adolescente para andar escondiendo mi relación.
James sonrió de manera amarga.
—Lo sé. Espero que Delia reflexione, porque mientras más tiempo pase, peor será.
Oak asintió.
—Es cierto.
Unos pasos se escucharon y Jessie entró al laboratorio, medio dormida.
—Buenos días —saludó Jessie, bostezando—. ¿Me perdí de algo?
James levantó el sobre a la altura de su cara, con una media sonrisa.
—¿Alguna vez has ido a Hollywood?
...
Jessie, James, Meowth y Lunita se tomaron un micro hasta Hollywood. Invitaron a Oak, pero el científico rechazó la invitación, alegando que tenía mucho trabajo que hacer.
Si bien Jessie y James habían viajado mucho durante su vida, jamás habían pisado Hollywood antes. Lo único que sabían era que era un lugar turístico y que era la cuna del cine en Kanto…
O lo había sido.
El lugar donde se encontraban era de todo menos un lugar turístico. Hollywood estaba hecha una ruina. La mayoría de los negocios estaban cerrados y tapiados con tablas de madera o muros de ladrillos. Casi no había movimiento en las calles sucias y mal iluminadas. Era como si la ciudad entera se hubiese ido a la bancarrota.
—Esto no era lo que me imaginaba cuando llegué aquí —comentó James, agarrando del brazo a Jessie mientras caminaban.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó ella.
Meowth soltó un suspiro.
—Las películas extranjeras que entraron a Kanto en los últimos cinco años fueron de calidad muy superior a las de aquí —explicó Meowth—. Y lo que terminó de hundir Hollywood fue cuando se descubrió que las películas animadas eran más baratas de hacer y vendían mejor. Así fue como muchos estudios de cine quebraron y Hollywood terminó en la ruina.
James parpadeó, sorprendido.
—No tenía idea. Hace años que no veo una película.
—Ni yo —admitió Jessie.
—¡Película! —exclamó Lunita, desde el hombro de James. Desde que le habían contado, estaba muy emocionada por entrar a un cine por primera vez.
—Eso no es todo. La economía ha decaído mucho y ahora las películas son muy caras de producir —Meowth miró a su alrededor de manera distraída, como si buscara a alguien.
—¿Sabes donde podría estar el cine? —le preguntó James.
Meowth no respondió. Su vista estaba fija en un derruido restaurante de paredes rojas. Los vidrios estaban rotos, el frente tapiado y el enorme cartel del negocio torcido de tal manera que en cualquier momento se vendría abajo.
—¿Meowth?
El pokemón sacudió la cabeza.
—¿Eh?
—Te preguntaba donde podría estar el cine.
Meowth se encogió de hombros.
—Habría que buscar.
James miró a Lunita. Estaba mirando a su alrededor con aire tan distraído como su padre y dudara que estuviera prestando atención a lo que estaban hablando.
—Meowth… ¿conocías ese restaurante?
Meowth sonrió de manera amarga, no sin antes asegurarse con un vistazo que su hija estuviera distraída.
—Claro que si. Allí robaba comida con mi pandilla y el dueño nos perseguía con una sartén. Una vez me golpeó tan fuerte que tardé casi tres días en recobrar el conocimiento.
Una sacudida de indignación recorrió la columna de James. Una parte de el quería seguir preguntando, pero otra parte pensaba que lo mejor era no seguir revolviendo los recuerdos dolorosos de su amigo.
—Meowth, no sabíamos… —empezó a decir Jessie, pero Meowth la interrumpió.
—Ya pasó. Mejor sigamos buscando.
Siguieron caminando por las sucias calles de la ciudad. James tenía ganas de volverse al rancho corriendo para poner a Jessie a salvo. En una ciudad como esa, debía estar infestada de ladrones, pero por lo que veía, hasta estos habían huido de la miseria de la ciudad.
—¡Ah, miren allí! —Meowth señaló un lugar que claramente era un negocio, pero no había ningún cartel que indicara de que se trataba—. Aquí vendían objetos pokemón de lujo. Allí conocí a Meowzie
.—¿Quién es Meowzie, papi? —preguntó Lunita, curiosa.
Meowth la miró, sonriendo.
—Meowzie es alguien… alguien quien papá quiere mucho —le respondió.
La pequeña frunció el ceño.
—¿Más que a Lunita?
—¡Nunca más que a Lunita! —exclamó Meowth, tranquilizándola.
Lunita sonrió.
—Lunita cree a papi. Amo a papi —dijo, acomodándose en el hombro de James.
Siguieron caminado y comenzaron a escuchar unas voces que venían de un edificio. No escuchaban bien lo que decían, pero parecía que un hombre y una mujer estaban recitando un poema.
—Miren allí —Meowth señaló lo que parecía la estructura más en pie de todo Hollywood. Tenía la pinta de que alguna vez había sido una escuela. Las paredes beige estaban cubiertas por enredaderas, pero no tenía vidrios rotos ni estaba tapiada con tablones de madera. James se preguntó si ese lugar seguía funcionando—. En ese lugar aprendí a hablary caminar. Solía vivir en el desván.
—¿Qué era ese lugar? —le preguntó Jessie.
—Una escuela de danza. También enseñaban poesía. Imitando lo que recitaban aprendí a hablar.
—¿Recuerdas la primera palabra que dijiste? —le preguntó James.
—¿Palabra? ¡Recité una poesía entera!
Antes de que preguntaran que poesía había recitado, Meowth se les adelantó haciéndolo él mismo:
Incluso las flores que florecen
Tarde o temprano se disiparán
¿Quién en nuestro mundo
No está cambiando?
Las montañas profundas de la vanidad
Nosotros las cruzamos hoy
Y no veremos sueños superficiales
Ni seremos engañados
James torció un poco la cabeza, pensativo.
—Recuerdo ese poema. Lo estudié cuando era niño —murmuró, pensativo—. Lo escribió un monje budista hace como mil años atrás. Con ese poema los niños aprenden a leer y escribir.
—Si, yo también aprendí a leer y escribir así —afirmó Jessie.
Meowth se rio un poco.
—Claro, recuerdo que tú me enseñaste a leer con ese poema —recordó Meowth, dirigiéndose a James—. ¿Hace cuanto fue eso?
—Creo que cinco o seis años —razonó James.
—Como pasa el tiempo…
Unos pasos se escucharon, seguidos de unos maullidos. Cinco Meowth los rodeaban, acercándose lentamente. James metió la mano dentro de su pokebola para sacar a Growlie, pero Meowth los paró.
—Esperen. Ellos son mi antigua banda.
De un callejón, salió el que parecía el líder de la banda, un Persian. Meowth se acercó un par de pasos hacia él.
—¿Me recuerdas? —le preguntó.
El Persian asintió con la cabeza y dijo unas palabras. Meowth se giró hacia Jessie y James.
—Iré a hablar con ellos, ¿sí? No tardaré mucho, lo prometo.
—¿Estás seguro?
Meowth asintió.
—Si, no se preocupen.
El Persian se dio media vuelta y comenzó a andar, seguido de los otros Meowth. El pokemón parlante corrió hacia ellos y se posicionó al lado del Persian. Mientras los veía alejarse, James apretó la mano de Jessie. No le daba buena espina.
...
Hacía años que Meowth no pisaba el callejón donde se había criado parte de su vida. Parecía incluso más mugriento de lo que recordaba. Antes había solo unos pocos contenedores de basura, pero ahora había montañas de chatarra por todos lados, como archiveros oxidados, colchones sucios y televisores viejos.
—Somos todo lo que queda de la banda —explicó Persian, con un tono tranquilo y civilizado, pero Meowth sospechaba que no estaba tan tranquilo—. Muchos Meowth han huido o… muerto por la falta de comida y las enfermedades. Necesitamos tu ayuda.
Meowth tragó saliva. ¿Eran todos lo que quedaban? El Persian y los cinco Meowth eran todos machos. Si morían, ya no habría ninguno de su especie en Hollywood.
—¿Quieres que regrese a la banda? —preguntó, incrédulo.
—Si
—¿Crees que yo les seria útil por mi habilidad de hablar como humano?
—Serías nuestra voz. Podrías hacerte pasar por humano para conseguirnos alimento.
Meowth respiró hondo. No quería darle la espalda al Persian que prácticamente lo había criado, pero no podía quedarse.
—Lo siento, pero la respuesta es no. Tengo una familia ahora y no puedo dejarla atrás.
El Persian negó con la cabeza.
—Te necesitamos, Meowth. Recapacita.
—Ya he tomado mi decisión y no voy a cambiarla.
Persian miró hacia un costado.
—¡Meowzie, ven aquí!
No la había notado antes, pero allí estaba el amor de su vida. Los moños y adornos que cubrían su cuerpo habían desaparecido y tenía un aspecto levemente desaliñado. Daba pena verla, con su rostro lleno de miedo y tristeza.
—No puede ser… Meowzie, ¿qué haces aquí?
Meowzie habló y su voz quebrada por la situación horrible por la que estaba pasando le estrujó el corazón.
—¿Podemos hablar en privado?
—S-seguro.
Se apartaron de Persian y los otros Meowth y se dirigieron al fondo del callejón, bloqueado por una inmensa pila de chatarra. Se sentaron sobre unas cajas de cartón para poder conversar más cómodos.
—¿Qué pasó? —le preguntó, deseoso por saber su historia.
Meowzie tragó saliva.
—La última vez que vi a mi dueña fue enfrente de la tienda donde nos conocimos tú y yo. Me dijo que se le estaba acabando el dinero y que quería conservarme, pero no tenía dinero para mantenerme. Se despidió de mi y se fue en la limusina. Recuerdo que era de noche, no había nadie y estaba asustada. Pero luego apareció Persian y me acogió en su banda. Yo no… yo no…
Su voz se estaba quebrando cada vez más.
—¿Qué pasó después de esa noche?
Meowzie se secó las lágrimas con su pata.
—Decidí olvidarme de ella e intentar sobrevivir.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—No lo sé —Meowzie miró hacia abajo.
Meowth se enderezó. Estaba sacudido por la indignación.
—¡Eso no está bien! ¡Este no es lugar para ti, Meowzie!
La hembra se encogió.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó, en un gemido lastimero.
—¡Te ayudaré!
Varios pasos se escucharon y Persian apareció junto con el resto de la banda. Se había olvidado de que estaban allí.
—¿Qué crees que estás haciendo? —le preguntó Persian, amenazante.
Meowth bajó de un salto de la caja y se puso frente a Meowzie.
—Ella se viene conmigo —dijo Meowth.
—¿Así que vas a llevártela y nos dejarás morir después de todo lo que hemos hecho por ti? —Persian miró a su banda—. ¡No los dejen escapar!
Los Meowth comenzaron a acercarse a ellos. Meowth comenzó a temblar, pero se mantuvo firme. Seguramente no podría ganarles, pero al menos lo intentaría.
—¡Arbok, yo te elijo!
—¡Weezing, ve!
Jessie y James aparecieron en la entrada del callejón.
—¡Dejen en paz a papi! —Lunita estaba a los pies de James, con el lomo erizado y en pose de batalla.
—Meowth, sal de aquí, nosotros nos encargaremos.
Meowth miró a Meowzie. Era tan hermosa que le dolía con solo verla. No iba a huir y a dejarla sola, claro que no.
—¡No! ¡Es asunto mío! —miró al Persian—. Te desafío a un duelo. Si gano, Meowzie se irá conmigo. Si pierdo… me quedaré con ustedes y los ayudaré.
—¡¿Qué?! —exclamaron Jessie y James.
—¡Papi, no! —gritó Lunita.
El Persian asintió con la cabeza.
—Acepto.
...
El lugar de la batalla no se hizo en el callejón, donde no había mucho espacio para pelear libremente, sino en el patio de un colegio abandonado. James no podía creer de que incluso un establecimiento educativo cerrara por la mala economía.
Meowth y Persian estaban en posición de batalla, como si fuera un combate cualquiera. Jessie y James estaban detrás de Meowth junto con Lunita y Meowzie, a unos tres metros.
Meowth hizo el primer movimiento, corriendo hacia el Persian para usar Arañazo, pero el pokemón evolucionado logró bloquear el ataque usando sus enormes zarpas para tirarlo a un costado. Meowth cayó de costado sobre el pasto.
—¡Papi puede! ¡Papi el mejor! —gritó Lunita desde el hombro de James.
Eso hizo que Meowth se levantara casi de un salto. El aliento de Lunita funcionaba mejor que cualquier hiperpoción.
Persian se abalanzó sobre Meowth. El pokemón parlante también se le tiró encima, pero logró esquivarlo cambiando su dirección ligeramente hacia el costado. Una vez hecho esto, le clavó las uñas en el cuerpo y le arañó todo su costado.
Persian lanzó un grito de dolor. Meowth se dio la vuelta y volvió a arremeter contra él. Apenas pudo darse vuelta, cuando el pobre recibió una dosis de Golpes Furia, el ataque más poderoso que se sabía, directamente en la cara.
Persian cayó al suelo, derrotado. Para ser una batalla entre un Meowth y su evolución, la batalla había sido rápida. El Persian no estaba en su mejor forma y Meowth había estado entrenando.
—¡Nya! —Meowzie fue corriendo hacia Meowth, asustada.
—¡Meowzie, estoy bien! —intentó tranquilizarla con una sonrisa, pero se le borró enseguida de su rostro cuando se dio cuenta de que no corría hacia él, sino que iba hacia el Persian. El pokemón levantó un poco la cabeza y Meowzie comenzó a lamerle la mejilla, intentando curarlo
—Despues de todo lo que hizo por ella… —dijo James, sin poder creer lo que veía.
—¿Se va a quedar con el Persian? —terminó Jessie, indignada.
Meowzie, sin separarse de Persian, comenzó a hablarle a Meowth, mientras este la escuchaba con total seriedad.
—Ella dice que el Persian la recibió y la ayudó cuando ella estaba en desgracia y que no estaría bien dejarlo por mi —tradujo Meowth.
La Meowth siguió hablando, estaba vez con un tono más amargo. Cuando terminó, Meowth lanzó un grito, al igual que Lunita.
—¿Qué cosa dijo? —le preguntó Jessie.
—¡Dijo que nunca estaría conmigo porque soy un fenómeno andante y parlante! —exclamó Meowth, dolido.
Lunita pegó un salto del hombro de James y se fue corriendo hasta donde estaba su padre. Le lamió la mejilla para reconfortarlo y se puso delante de él.
—¿Sabes lo que Lunita piensa de Meowzie? —gritó la pequeña, para asegurarse de ser escuchada. La aludida la miró con curiosidad—. Lunita piensa que… ¡eres una puta!
Por un momento, James pensó que había oído mal. No, no podía ser. Lunita no podía decir eso. Meowzie le dijo algo en tono de pregunta, ya con el lomo erizado.
—Lunita dijo que eres una puta. ¡Puta barata!
James no podía ver el rostro de Meowth porque estaba de espaldas a él, pero de poder verlo, apostaría a que estaría tan horrorizado como él. Miró de reojo a Jessie, quien estaba de brazos cruzados y enarcando una ceja.
—Tsk, creo que Lunita va a ser duramente castigada por su papi cuando volvamos —comentó Jessie.
James carraspeó.
—Jessie, ¿de donde crees que Lunita haya sacado ese vocabulario?
Ella evitó su mirada.
—No tengo la menor idea —respondió de manera atropellada. Luego exclamó—. ¡James, mira!
James miró hacia adelante. Lunita y Meowzie estaban en pose de ataque, listas para pelear.
Meowzie fue primera en arremeter contra Lunita, mientras ella parecía reforzar su posición para atacar, pero antes de que pudiera llegar hasta ella, Meowth saltó hacia adelante y usó sus Golpes Furia contra Meowzie para defender a su hija.
Meowzie salió volando casi dos metros hasta quedar tirada cerca del Persian. Meowth se enderezó y la señaló con una de sus patas.
—Nunca… le vuelvas… a poner… un dedo encima… a mi hija, pedazo de basura — le dijo, con la voz entrecortada por el odio. Le dio la espalda y comenzó a caminar fuera del patio, empujando con suavidad a Lunita para que caminara con él—. Vamonos.
No queriendo dejar solo a su amigo solo, Jessie y James caminaron detrás de él, dejando a Meowzie, Persian y todo el amor que Meowth alguna vez sintió por ella tirados en el patio abandonado de un colegio deshabitado en una ciudad en ruinas.
...
Nunca pudieron ver esa condenada película.
Cuando al fin llegaron, encontraron a Ash, Misty y Brock fuera del cine (una de las pocas estructuras que aún se mantenía en buen estado).
—¿Dónde estaban? —les preguntó Misty —¡Pensé que habían decidido no venir!
—Tuvimos… unos inconvenientes —respondió James —. ¿Y la película?
—Ya terminó —le explicó Brock—. La película fue horrible, si te soy sincero.
—¿No hay película? —Lunita miró a James con los ojos vidriosos.
—Te prometo que veremos una película más tarde y será mucho mejor, ¿si?
Lunita asintió con lentitud, no muy convencida.
—Bueno, se está haciendo tarde, así que salgamos de esta puta ciudad y volvamos a Pueblo Paleta —gruñó Jessie.
—¡Ahora sé por qué Lunita dijo esa palabrota! —exclamó James—. Tú se la enseñaste.
—Yo no le enseñé nada —se defendió Jessie.
—Jessie siempre dice eso —la delató Lunita—. Jessie mira tele y dice: esa chica se viste como una…
—No lo vuelvas a decir —la calló James, con un tono más suave—. Es una mala palabra.
—Entonces Jessie castigada —Lunita lo dijo casi con una sonrisa en su cara.
—Claro que va a estar castigada —se dirigió a los otros—. Vámonos a tomar el autobús.
Todos comenzaron a caminar. Meowth estaba trepado al hombro de James de tal manera que parecía un muñeco inanimado. Eso no le gustaba a James para nada.
Se veía igual al día que había intentado suicidarse.
Solo que estaba vez estaba preparado para lo que viniera con tal de salvarlo.
