Holaaa holaaa!
¿Qué tal? Vaya, me tardé muchísimo u-u lo siento, mis planes eran actualizar antes de fin de año pero bueh… las fiestas y el trabajo lo complicaron x.x espero hayan pasado unas agradables fiestas y que este año sea un año de cosas buenas para todos y todas y que Cassandra Clare no asesine más personajes que amamos Y_Y en fin… espero que el cap les agrade y me perdonen n.n
Respecto al anterior me divierte como unas decían "entreguen a Alec" y otras "que darle a Alec ni que nada" jajajajaja me encantan las opiniones divididas jojojo :D Gracias a todos por leer, por sus favs y follows, en especial a Hikari, Guest, Nina y Jaz por sus reviews; contesto n.n
Hikari: oh si… ternurita (?) jajaja aunque siendo sinceras, casi nadie estaría dispuesto a entregarlo… y digo casi porque…bueno, ya verás. Lamento la tardanza, un beso n.n
Guest: Bueeeh…sinceramente yo le dejaría a Clary xD no porque no apoye el Sebalec, pero no me agrada la pelirroja x.x en fin, ya verás :) igual Alec tiene motivos por los cuales no pensar en volver con Sebas ;) Lamento la tardanza, un beso :3
Nina: jajajajaja Magnus será el padre cool xD así que o los ayuda a escaparse o les arma la fiesta xD Espero te guste este cap y me perdones la tardanza u.u un beso :3
Jaz: Oh sí, es un poco enredado, pero era la idea para que no lo descubrieran fácilmente n.n y pues sí, la familia Malec se está uniendo cada vez más n.n lamento la tardanza, un beso :3
Ahora sí, les dejo leer y odiar a Simon tranquilamente n.n
Parte VI: Sacrificio
Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.
Leal – Veronica Roth
.
.
.
Capítulo 23: ¿Egoísta?
Me parece que ciertas revelaciones crueles son una forma de egoísmo, de quedar simplemente en paz con uno mismo.
Eduardo Mignogna
X.X.X.X.X.
Simon no podía creer cuán rápido podía volverse mustia la piel de una persona; solo habían pasado un par de horas desde que descubriera el significado de la "X" Isabelle había corrido por su madre de inmediato y esta, alarmada, les había ordenado no hablarlo con nadie en lo que ella buscaba a Robert; la mirada de la mujer se había cargado de la determinación y ferocidad de una leona dispuesta a todo para proteger a sus cachorros, y a un tiempo había una fuerte porción de miedo que le recordaba que, si la Clave se involucraba, no sería la seguridad de Alec la prioridad.
Desde entonces, Isabelle y el vampiro diurno habían estado junto a Jace en silencio, sin atreverse a sugerirle nada. Simon sabía que su posición era muy similar a la de la Clave: si dependiera de él, lo lamentaría profundamente por Alec pero recuperaría a su amiga; mientras que si fuese por Izzy , ella mantendría a Alec a salvo aun cuando la culpa de dejar a Clary a merced de Sebastian la remordiera el resto de su vida; por lo que ambos, en acuerdo tácito habían decidido no emitir opinión alguna y simplemente dejar pensar a Jace, porque no se trataba sobre lo que ellos pensaran sino sobre la única persona que no podría elegir entre la pelirroja y el ojos azules.
Jace apenas y se había movido en esas dos horas, ni que decir emitir algún sonido. En su rostro se vislumbraba cada paso de lo que pensaba: se había imaginado en ambas situaciones, intentando determinar con cual podía vivir, y el resultado era claro para todos.
- No… no puedo…- Estalló finalmente, estaba sentado en la cama inclinado sobre su abdomen, apoyando la cabeza en ambas manos con la vista fija en la colcha.
- No desesperes Jace…
- ¡Clary tiene día y medio con ese maniaco! – Exclamó – Ha atacado dos ciudades más desde Victoria City, no quiero pensar lo que pueda estar haciéndole y…
- Espera a que mamá hable con papá - Susurró Izzy – Ellos nos ayudarán a conseguir la manera de rescatarla sin poner en riesgo a Alec – Colocó una mano sobre su hombro intentando ser reconfortante, mirando significativamente a Simon por apoyo, pero este no sabía exactamente que se suponía que debía decir. -…Así debamos perseguir a Sebastian hasta el infierno.
- Nadie irá a ningún lado - Lo contradijo Maryse de inmediato dándose paso a la habitación junto a Robert; ambos notándose claramente tan consternados como todos. Jace alzó la mirada al oírlo, esperando que el inquisidor le trajese buenas noticias.
- Pero Clary…
- No la dejaremos a su suerte – Aseguró el hombre – Pero no pondré en riesgo a Alec.
- Por supuesto – Aceptó Jace, parecía de pronto un pequeño niño esperando instrucciones de sus padres para saber cómo actuar y no el director de un instituto.
- ¿Y cómo será eso? – Cuestionó Simon de inmediato – Porque hasta ahora la Clave ha demostrado que no tiene idea de cómo rastrear a Sebastian: no pudieron cuando se llevó a Jace o a Alec ni desde que volvió de los muertos; sin contar con que no sabemos cómo destruirlo.
- Hallaré la manera aun si tengo que hacer trato con el diablo – Aseguró Robert, inconscientemente su mano al bolsillo de su camisa, sus dedos rozando el collar de Edom que poseía desde hacía día y medio, mientras que en su cabeza se repetían las palabras de la Reina Seelie y su promesa de destruir al demonio. La hada había sido relegada en la prioridad de la clave luego de dos ataques más y los preparativos para prevenir el siguiente, pero lo cierto era que la mujer hada parecía tener tanto o más interés que muchos Nefilims de devolverle la partida a Sebastian.
- Buscaremos a Sebastian con la única persona que puede saber realmente donde se esconde – Dijo Maryse intercambiando una mirada con su ex esposo, lo habían discutido bastante ya y ambos habían llegado a la misma conclusión – Le preguntaremos a Max.
- Max…-Repitió Jace.
- Max se comunica con Sebastian – Recordó Izzy; su madre asintió.
- Lo cual significa que no podemos confiar en él – Dijo Simon intentando hacerles entender.
- Max está intentando cambiar – Alegó la mujer – Él nos ayudará.
- Eso podría ponerlo en peligro – Admitió Jace.
- Solo nos dará un curso que seguir – Lo tranquilizó Robert – Yo mismo coordinaré y dirigiré la misión de rescate con el Scholomance para rescatar a Clary, la traeremos de vuelta y acabaremos con él.
- Quiero ir – Jace intentó incorporarse, Maryse lo evitó.
-No digas tonterías, estás herido – Isabelle estuvo por replicarle a su madre en favor del rubio, pero ella se adelantó – Ninguno de ustedes irá, deben volver al instituto conmigo, mantener a Alec al margen de todo esto: si se entera de las exigencias de Sebastian, querrá ceder para evitar que Clary salga lastimada.
- Sería su decisión entonces – Masculló Simon con amargura – Y eso nos daría oportunidades reales de recuperarla. – Jace negó con pesar.
- Dejaremos a Alec fuera – Aseguró rotundo dirigiéndose luego a sus padres adoptivos – Pero yo iré y eso no está en discusión. – Los adultos se miraron antes de asentir finalmente con un suspiro prolongado y profundo.
- Solo si estás recuperado para entonces – Cedió Robert – Se irán con Maryse cuanto antes para hablar con Max, yo entretanto negociaré nuestras oportunidades.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
La clave te acusará de traición, y ya sabes lo que les hacen a las hadas: serás condenada a muerte; pero primero te torturaran para interrogarte, no importa que no puedas mentir, no importa que no sepas nada más, no te creerán; y mientras el hierro frio te queme, destruyendo esa hermosa piel, mientras ves como cazan y asesinan a tu pueblo, vas a recordar que fui yo quien te puso ahí.
Las palabras de Sebastian se repetían en la cabeza de la Reina Seelie cada segundo que pasaba encerrada en el Gard; estaba furiosa; al principio había gritado y chillado, maldiciendo a todo el que la escuchara, a los guardias, a La Clave, al estúpido chico mascota de Kaelie, a Sebastian e incluso al mismísimo Asmodeus, especialmente a estos demonios.
Pero ahora la mujer mantenía la calma; una tranquilidad peligrosa que prometía desatar una tormenta. Se había burlado de ella, del pueblo al que representaba haciéndole creer que tendría un poder incomparable, ilimitado; y solo había quedado en ridículo.
No lo entendía: la leyenda era real o no le habría costado tanto conseguir las joyas de Edom, si no tuviese el poder de destruir la sangre del cielo y el infierno el brujo Jaxx no habría muerto intentando evitar que se hiciera con las joyas.
Miró el brazalete en su muñeca, tenía horas cuestionándose si era falso: Sebastian se lo había entregado a cambio de permitirle el paso por su reino a cada rincón del mundo, la había engañado para utilizarla, se había puesto en la mira de la clave a cambio de nada.
Apretó los dientes mientras escuchaba la puerta de las mazmorras abrirse. Había podido sentir el poder de las cuatro joyas hasta que se quitó el collar para dárselo al Inquisidor, eran reales; ella lo sabía y Sebastian también lo supo cuando se las dio, pero él no había estado preocupado al hacerlo, tampoco impidió que Maxwell le diera la diadema lo que significaba que el demonio sabía que no funcionarían y no se lo había advertido; no, apostaba lo que fuera a que hacerla enfrentarse a la Clave convencida de que podría destruirla, había sido su plan desde el inicio.
- ¡Mi Señora! – Exclamó Kaelie al entrar, sus manos estaban atadas y era guiada por un guardia, tras ellos estaba Robert - No pueden tenerla aquí, ¡Es una Reina! – Exclamó la pixie.
- Es una submundo – Escupió el guardia – Una muy problemática.
- Basta Woodland, retírate. – Dijo Robert, tenía una de sus manos en el bolsillo del pantalón, tocando el collar de Edom como si temiera que este fuese a desaparecer o activarse en algún momento.
- Pero señor…
- Yo vigilaré la conversación de las dos – Aseguró; el guardia asintió realizando un saludo marcial antes de retirarse.
La Reina Seelie ignoró todo eso, su cabeza aun repleta de cosas ¿Qué había omitido? Ella conocía las viejas historias, había conocido demonios que estuvieron vivos cuando estas fueron activadas la primera vez, había sido una hija de Fey quien lo hizo, lo que significaba que las hadas tenían el poder de activar las joyas ¿En que había fallado?
Había repasado una y otra vez los versos de las baladas que en el Reino se cantaban:
Aquel poderoso demonio
Rigió el infierno cuando del cielo se hartó
Con humanos y ángeles una gran progenie
De brujos y hadas engendró.
.
Joyas con fuego de Edom
Hambriento de caos y poder, forjó;
Y con ellas por centurias
A ser reclamadas esperó
.
Fue de los Seelie una dama,
de su sangre la más digna;
Quien con las joyas se convirtió
del cielo e infierno el mayor temor.
.
Y mientras el caos surgía
El brillo de Edom se fortaleció
En sus ojos que sonreían
cual gato en banquete de sardinas.
.
Y así continuaba, la balada duraba alrededor de dos horas narrando todo lo que había ocurrido en ese entonces; ella era una dama Seelie, ella había conseguido las joyas ¿Qué le había faltado?
- Me preguntaba si había olvidado nuestro trato Inquisidor; ha pasado día y medio desde que le di el collar.
- Sebastian atacó Hong Kong y mi hijo Jace resultó herido; luego casi destruye los enclaves de Camberra y Managua, La Clave ha tenido otras prioridades – Dijo serio intentando no debelar su mayor angustia en la situación; Seelie enarcó una ceja, pero no dijo nada puesto que Kaelie se adelantó preocupada.
- Mi señora ¿Está bien? – La hada se acercó a la reja de la celda; la Reina asintió - ¿Qué pasó? Las joyas no funcionaron…
- Ya lo sé – Dijo cortante – Por eso le di el collar al Inquisidor Lightwood – Dijo, Kaelie se mostró sorprendida – Hice un trato con la Clave, los van a liberar.
- "Los" – Hizo notar, abriendo la boca con horror – Señora usted…
- Yo vengaré esta ofensa de Sebastian desde aquí – Dijo ella retirándose el aniño de la mano y tendiéndoselo a la Pixie – Necesito que te encargues de hacer lo mismo desde afuera.
- Ni creas que te permitiré que le des las joyas; son objetos peligrosos – Saltó Robert de inmediato. Kaelie se apresuró en colocarse el anillo y Seelie sonrió con malicia.
- Le reto a que intentes quitársela ahora Inquisidor – Dijo; Robert maldijo: recordaba a Catarina diciendo algo sobre que solo quien ponía la joya podía quitarla. La reina notó su entendimiento y sonrió de lado agregando – Kaelie lo ayudará a destruir a Sebastian – Dijo seria – Créame, es la única de mi Reino que no cambiara de opinión: tiene un motivo personal para hacerlo, una mascota que criar.
- No es una mascota…mi señora – Masculló entre dientes, volviendo la mirada al Inquisidor – Créame, no permitiré que Sebastian le siga haciendo daño a Well.
- Su nombre es Max – Masculló el hombre sin ocultar su resentimiento.
- Como sea – Le restó importancia la Reina, retirándose luego el brazalete que le tendió a la hada; esta también lo tomó colocándoselo de inmediato. – Encárgate de buscar a quien si pueda activarlas.
- ¿Quién…? – La Reina sopesó su respuesta por un segundo; había tenido todo el día para pensarlo, pero una vez más repasó la balada en su mente "De su sangre la más digna"
- Su sangre – Dijo simplemente; Kaelie abrió la boca para preguntar, pero notó la mirada desconfiada de la Reina puesta en Robert y solo asintió.
- ¿Qué demonio se supone que significa eso? – Exclamó Robert de inmediato; la soberana lo miró con el mentón en alto. Antes de ignorarlo volviendo a su cortesana.
- Sabrás cuando sea el momento, no me importa a quien salves con esto - Intentó no mostrar su enojo consigo misma por no haberse dado cuenta antes de los detalles haciendo exactamente lo que Sebastian esperaba, dejándola en la posición que él quería; furiosa por notar que, él demonio había visto la letra pequeña en el "manual de instrucciones" de las joyas cuando ella, en su soberbia lo había ignorado. – Siempre que destruyan a Sebastian.
Porque junto a las palabras de Sebastian estaban las propias, repitiéndose una y otra vez: "te juro que me encargare de que seas destruido antes de dar mi último respiro" Y era precisamente lo que iba a hacer.
- Empieza por cerrar el paso de Sebastian a través del Reino Seelie – Le recordó Robert de inmediato.
- Hazlo – Coincidió la Reina – Aunque estoy segura que tiene brujos de su lado que pueden hacerle un portal.
- Y necesito que empecemos cuanto antes en los planes para acabarlo – Dijo sin poder contener su urgencia. La Reina Seelie enarcó una ceja, pero no dijo nada, se quitó la Diadema de Edom tendiéndosela a Kaelie que la miró con la boca abierta.
- Ya que seré juzgada por la Clave sin piedad alguna, esa será tu primera tarea como la nueva Reina Seelie. Kaelie estaba perpleja, totalmente incrédula al igual que Robert quien apenas fue consciente de ello hasta que la mujer se dirigió directamente a él.
- E Inquisidor, si de verdad quiere que tengamos éxito; no comente nada a sus hijos – Dijo seria – Quizás Kaelie no considere a Maxwell una mascota; pero Sebastian si, y al joven le encanta ir tras él como un perro meneando la cola – Robert estaba por replicar ofendido, pero la mujer continuó – Y Alexander no tiende a pensar con claridad cuando está con él, como todo hombre se ha dejado llevar por sus hormonas las dos veces que ha estado con Sebastian esta semana.
- ¿Dos veces? – Preguntó confundido, Alec solo había estado cerca de Sebastian en la casa en Idris y se suponía que nadie lo sabía - Alec no ha vuelto a ver a Sebastian – Gruñó - Está resguardado en el instituto y…
- ¿Está seguro? – Lo interrumpió sonriendo de lado de una forma extraña, era como si disfrutara lo que iba a decirle, pero al mismo tiempo sintiera lastima por él - Entonces supongo que mis hadas solo lo habrán confundido con alguien más cuando los vieron en el cementerio de Idris besándose muy…muy entretenidos hace cinco días. - Robert palideció maldiciendo a Seelie y las hadas por esa condición de no poder mentir, porque entonces lo que decía solo podía ser cierto.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Maryse tuvo que detenerse antes de salir del ascensor, cuando al abrir las puertas un par de niños le pasaron a prisa por un lado deslizándose sobre un pequeño inflable en forma de barco pirata por el pasillo que estaba cubierto de espuma, ambos riendo y gritando de emoción, poco después pasó por frente de ella, ignorando su presencia, Alec quien intentaba alcanzarlos sin resbalarse en el proceso.
- ¡Máximum desaparece toda esta espuma! – Gritaba – Rafael cuidado… ¡Cuidado! – Agregó en español.
- ¡A un lado! – Gritó Max, la mujer apenas pudo verlo por lo rápido que pasó frente a ella sobre una dona inflable deslizándose por el suelo riendo a mandíbula suelta.
- ¡MAX! – Lo riñó Alec puesto que tuvo que saltar para no ser arrollado y casi resbala por eso - ¡Magnus, detenlos! – Exclamó por ayuda, el brujo tras él rió dejándose caer chasqueando los dedos para aterrizar sobre un bote inflable dejándose deslizar por el pasillo, y chasqueando nuevamente para hacer que Alec cayera sobre su regazo - ¡Magnus! – Lo riñó mientras ambos también se deslizaban.
Maryse no pudo evitarlo, pese a todo el desastre, pese al caos que estaban causando ante las paredes del respetable instituto, la mujer rió escuchando los gritos cuando el pasillo acabó y todos fueron estrellándose escandalosamente contra la pared.
- ¡Otra vez! – Gritó un niño moreno emocionado y entonces la mujer tuvo que reconocer que no tenía ni idea de quién era ese que jugaba con su nietecito azul. - ¡Quiero más!
- ¡Si, otra vez! - Exclamó Max también en español agregando en ingles directamente a Maxxie - ¡Otra vez! – El niño azul gritó emocionado y Magnus lo celebró, Alec le dio un golpecito al brujo mayor en el brazo.
- No los alientes Bane.
- Querías que se llevaran mejor ¡Están jugando juntos! – Se defendió.
- Porque te dejé solo con ellos veinte minutos y dejaste que se comieran todo el tarro de galletas – Lo riñó.
Maryse no sabía cómo interpretar la escena, conque sorprenderse más: su hijo y Bane estaban allí al parecer juntos de nuevo, con dos niños jugando con Max quien por cierto hablaba otro idioma y a quien además era la primera vez que lo veía reír de esa manera tan abierta desde que lo recuperaron de las hadas.
- ¡Lancémonos por las escaleras! – Propuso Max; repitiéndolo en español para el otro niño.
- ¡Sí! – Gritaron ambos pequeños.
- ¡Max! No los sonsaques – Saltó Alec de inmediato.
- Fue él quien pidió más – Se defendió el criado por hadas acusando a Rafael. Maxxie infló las mejillas, aparentemente dispuesto a defender al otro niño, cuando al girarse finalmente notó a Maryse.
- ¡ABUELITA! – Gritó alegre corriendo hacia ella, los demás voltearon a mirarla; Alec restregándose la nuca avergonzado por el desastre que presentaban a su madre, pero lejos de pensar que no podrían volver a confiarle el instituto, pudo ver en la mujer una sonrisa cálida mientras recibía el abrazo de Maxxie. El niño azul se apartó rápidamente volviendo la mirada – Rafael, Rafael - Corrió de vuelta a él tomándolo de la mano, el pequeño respingó por el contacto con su piel azul, pero aun así se dejó llevar – Ella es la abuelita – Dijo señalándola repetidamente – A-BU-E-LI-TA – Dijo lentamente intentando hacerse entender.
- Abuelita – Repitió el moreno en ingles con algo de duda ante los ojos pasmados de Maryse – Hola, soy Rafael – Agregó en español. La puerta del otro ascensor se abrió justo en ese momento dándole paso a Simon e Isabelle que entre ambos servían de apoyo a Jace, los tres parecían sorprendidos, pero fue Izzy quien rezongó.
- ¿Quién es este niño y porque llama abuelita a mamá?
- Eh… yo… él es Rafael, quedó huérfano luego del ataque de Buenos Aires y Magnus y yo decidimos que vamos a hacernos cargo de él; me alegra ver que estás de vuelta Jace – Cambió el tema rápidamente. Los recién llegado parpadearon, a la final fue Simon quien no pudo contenerse.
- ¿Acaso piensas adoptar un niño cada vez que te quedas solo?
- Yo pregunté lo mismo – Suspiró Max.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Maryse había sido cuidadosa al hablar; mientras explicaba evitaba mirar mucho tiempo a Alec frente suyo o a Simon quien mantenía el ceño fruncido; solo así podía mantenerse firme en la disposición de no mencionar ante Alec, Magnus y Max lo que Sebastian estaba pidiendo a cambio de Clary.
- Déjame ver si entiendo – Dijo Max – Literalmente tienen semanas exigiendo que me mantenga lejos de Sebastian, ¿y ahora quieren que los lleve con él?
- Es la vida de Clary lo que está en juego, Max – El chico tuvo que morderse la lengua ante la súplica de Jace, para no decir que Clary lo tenía totalmente sin cuidado. – Por favor – El muchacho suspiró derrotado.
- Probablemente esté en Edom – Dijo finalmente – Vivir ahí era el plan, aunque no la incluía a ella. - No pudo evitarlo, eso último sonó con cierto resentimiento.
- ¿Edom? – Maldijo Magnus ganándose la mirada de todos – Perfecto, de todas las malditas dimensiones, Edom. – Max enarcó una ceja.
- ¿Te recuerda a casa, Bane? – Preguntó con malicia; recordaba que las ciruelas de hada cosechadas con tierra de Edom que había usado para drogarlo le habían afectado más de lo que esperaba lo que significaba que era particularmente sensible a las cosas de esa dimensión como lo eran los brujos respecto a las dimensiones demoniacas de sus padres.
Magnus endureció su mirada y Alec le dio un disimulado codazo a su hermano para hacerlo callar.
- ¿Cómo llegamos a Edóm? – Cuestionó Jace de inmediato apenas notando lo que pasaba; el criado por hadas se encogió de hombros.
- Eso lo sabrá Bane – Se escaqueó – Yo visitaba a Bash a través de los caminos de Feéra, pero no creo que ningún hijo de Fey quiera permitirles el paso hasta ellos – Las miradas volvieron de inmediato a Magnus, quien suspiró.
- Puedo hacer un portal, pero no es una forma segura de que lleguemos, mucho menos de salir – Admitió.
- ¿Por qué no? - Saltó Jace de inmediato.
- El motivo por el que mi magia no funcionaba con las joyas de Edom es pues…Edom – Explicó escuetamente intercambiando una significativa mirada con Alec, que no pasó desapercibida por el resto. El ojos azules lo entendía, sabía que el padre de Magnus era de Edom, más que eso, lo regía; se lo había contado hacía un par de años, en la ciudad de hueso, una noche mientras conversaban sentados en el suelo con los barrotes de por medio.
- Pensé que el asunto de las joyas era genérico para toda la sangre no humana – Dijo Simon confundido; Magnus rodó los ojos.
- Pues lo es Stevens.
- Entonces no entiendo…
- El padre de Bane es de Edom, a eso se refiere – Gruñó el menor Lightwood.
- ¡Max! – Lo riñó Alec con molestia; Magnus había necesitado tiempo para confesárselo a él; si Max lo sabía, no tenía ningún derecho a divulgarlo. Un pequeño silencio expectante cubrió la sala, todos mirando a Magnus en espera de que confirmara sus palabras a pesar de que la riña de Alec era confirmación suficiente.
- ¿Bane…? - Comenzó Maryse, el brujo suspiró.
- El mocoso malcriado tiene razón – Dijo finalmente, sin ahondar en detalles.
- ¿Y qué hay de otro brujo? – Preguntó Isabelle, Alec le dirigió una mirada de agradecimiento a su hermana por cambiar el eje de la conversación. - ¿Podría abrir un portal que nos lleve y traiga sin problema? – Magnus asintió y Jace se incorporó.
- Avísenle a Robert – Dijo dispuesto a salir de la sala, deteniéndose de pronto para mirar a Max con rigidez en la mirada -Si le adviertes a Sebastian, juro que haré que te arrepientas.
- No soy un soplón – Saltó ofendido; Jace bufó.
- Llamaré a Moon para que se encargue – Fue lo último que dijo saliendo del lugar.
- Espera, creo que es mejor encargárselo a Catarina – Lo siguió Magnus a prisa.
- Me encargaré de avisar a papá – Dijo Isabelle saliendo también. Simon la siguió susurrando algo sobre escribirle a Jocelyn, no sin antes dirigir una extraña mirada a Alec quien también salió de la sala, después de todo hacía ya mucho rato que nadie vigilaba a los niños.
- Quizás nos convenga tener nuestro propio plan B – Comentó Maryse cuando se vio a solas con su hijo menor. Max la miró.
- ¿A qué te refieres?
- Habla con Kaelie – Le pidió y era claro que le estaba costando verbalizarlo – Ella nos permitiría el paso si tú se lo pides hijo – Max estuvo por replicar, tenía ya algunos días sin hablar con la hada y la última vez habían discutido; tenía algo de reservas sobre hablar con ella, aunque admitía que tal vez le debía una disculpa.
- Lo haré – Aceptó con un suspiro – Porque no estoy de parte de Sebastian, estoy de parte de ustedes.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
El instituto era puro movimiento, habían llamado a Jocelyn para contarle el plan de rescatar a Clary yendo a Edom, la mujer no había dudado en hacerse en armas y e integrarse de inmediato al plan. Luke, que la había acompañado, se marchó de inmediato alegando que iría con Maia y conseguiría el apoyo de la manada de New York, mientras tanto, prepararse se había convertido en intentar averiguar qué clase de amenazas demoniacas conseguirían en Edom mientras esperaban que Moon le respondiera a Jace puesto que Catarina estaba en algún lugar del Tíbet y la comunicación se había dificultado.
Tampoco es como si Jace hubiese hecho demasiado esfuerzo por obtener una respuesta de Cat, hizo nota mental Magnus, el rubio parecía confiar más en Moon que en la amiga del gran brujo quien en ese momento se dedicaba a realizar pociones que pudieran funcionar en Edom, porque sabía que Alec acompañaría a Jace, y él no dejaría solo a Alexander pero tampoco pretendía quedar indefenso en los dominios de su padre y sinceramente no pensaba que la magia de Moon fuese suficiente, de hecho y aunque no se lo había dicho a nadie, no confiaba en ella.
No había encontrado ninguna ruptura en las salvaguardas del instituto, ningún fallo que justificase que Max y Alec pudiesen salir cuando se suponía que no podían; y si no había falla entonces significaba que desde el inicio las salvaguardas habían sido puestas con la intención de permitir el libre paso de los hermanos Lightwood. Removió el líquido que preparaba en el pequeño caldero frente a él, había intentado comunicarse con Moon, escribirle para preguntarle al respecto, pero la bruja solo le había ignorado y eso lo había llegado a preocupar más porque entonces ¿Cual era la intención de las salvaguardas? Magnus no quería pensar mal, pero lo único que se le ocurría era que funcionaran para vigilar la entrada y salida del instituto.
La pregunta importante era ¿Sabía Jace al respecto o las había colocado Moon con otro propósito?
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
El movimiento en el instituto estaba haciéndole molestar de nuevo: tras la reunión Jace no dejaba de andar de un lugar a otro cojeando mientras hablaba por teléfono apurado; algunas personas, en su mayoría convocadas por Maryse pero que Max desconocía o al menos no recordaba, entraban y salían del instituto organizando una fuerza de ataque que los ayudase contra Sebastian. Bane había tomado una de las salas secundarias a modo de taller y tenía al menos un par de horas ahí encerrado. Ante tanto revuelo Max había estado tentado a recordarles que así peinaran todo Edom, si Sebastian quería, no la recuperarían nunca.
Como fuese, sabía que el comentario solo encresparía los ánimos de todos por lo que se contuvo y en cambio se avocó a la tarea que su madre le había encomendado: hablar con Kaelie. Le había enviado un mensaje a la hada solicitándole hablar en el instituto lo más pronto posible y justo ahora, despatarrado en un sofá de la biblioteca, esperaba su contestación mientras rememoraba lo mal que había ido la discusión de su último encuentro. Un poco más allá a Alec se hallaba tras una pila de libros sobre Edom y mucho más relajados y ajenos a lo que ocurría, los niños jugaban: Rafael seguía comportándose cauteloso y hasta con algo de recelo cuando estaba con Maxxie, pero al menos intentaba jugar con él. Max enarcó una ceja al verlos corretear alrededor de la mesa, preguntándose como hacían para entenderse entre ellos y descifrar de qué iba el juego.
De cualquier manera, tampoco iba a preguntarles, apoyó la cabeza al reposabrazos, de pronto sentía que el día se estaba volviendo eterno y lo peor era que aún no terminaba. Se cubrió la cabeza con un brazo: solo quería dormir y que al despertar alguien le dijera que habían logrado resolver todo sin inmiscuirlo tanto.
Ya no formaba parte de Feéra, al menos no como antes, pero tampoco se consideraba uno más del instituto, su poco interés a lo que pasara con Clary era prueba de eso.
- No perteneces allí y lo sabes – La voz de Sebastian tras suyo lo desconcertó. Max maldijo sonoramente, se había quedado dormido otra vez, era la única explicación; y maldijo su suerte, se suponía que pronto le realizarían la ceremonia que acabaría con esos encuentros furtivos en su mente. – Tu eres mío, y tu lugar es en Edom con tu hermano y conmigo.
- Mi lugar es en el instituto, al igual que el de Alec – Dijo serio encarándolo, buscando con los ojos a Alec, pero la figura del mayor había desaparecido, solo quedaban los libros allí. Sebastian notó su desconcierto y rió con sorna.
- Por favor Well – Dijo con una risita burlesca - Hemos estado planeando esto por cinco años; ¿Qué te hace pensar que permitiré que lo arruines?
- Planee recuperar a mi hermano y ya lo conseguí – Dijo – Y lo habría hecho antes si no te hubiese escuchado.
- Si no me hubieses escuchado, te habría matado de nuevo hacía mucho – Dijo acercándose a él amenazante pero esta vez Max no retrocedió, en cambio lo encaró.
- No podías hacerlo, eras apenas un mal recuerdo - Dijo – Y ahora tampoco puedes, no eres más que un sueño en mi cabeza…una pesadilla.
- Te has llenado de agallas mocoso malcriado – Gruñó tomando a Max de la muñeca y obligándolo a mostrarle la mano, Sebastian observó el anillo Morgenstern en sus dedos y por un segundo pareció sorprendido – Esto no es tuyo, es de Alexander – Dijo intentando quitárselo, Max cerró la mano en puño evitándolo y Sebastian frunció el ceño, toda la burla había desaparecido y ahora sus ojos negros brillaban cargados de ira. - Bien, si así lo quieres…- Gruñó, y con su mano libre tomó a Max de la quijada apretándolo hasta distorsionar las mejillas – A como yo lo veo tienen hasta que mañana al medio día en Copenhague, que termine de encargarme del instituto para que ambos, por su cuentan, vengan solos como lo planeamos y aseguren que Clary siga con vida, y quizás incluso evitar que siga destruyendo enclaves, después de todo Lightwood es un apellido con muchas letras y me entretendré mucho buscando una "W" – Max estaba a poco de mandarlo al infierno pero él continuó – O si no, iré a New York y los traigo a la fuerza – Soltó a Max dándole la espalda y caminando por la biblioteca - No me importa destruir toda la ciudad, la enclave, tu familia…- Llegó hasta los niños que habían seguido jugando ajenos al rubio, y los tomó del cuello con cada mano - E incluso a este par.
- ¡Tío Max! – Jadeó Maxxie asustado.
- A…ayuda – Suplicó Rafael.
- ¡Suéltalos! – Saltó Max, Sebastian solo sonrió aún más ampliamente soltándolos haciendo que ambos cayeran al suelo. Maxxie abrazó a Rafael que parecía en Shock, ambos con lágrimas en los ojos; Max corrió para ponerse entre ellos y Sebastian.
- Como sea, en cualquiera de ambos casos tú y Alexander volverán a mi lado.
Le dio una palmada en la mejilla, pero Max no apartó la mirada, sosteniéndosela, decidido a enfrentarlo hasta que una luz fuerte y cegadora cubrió la escena. Tuvo que cerrar los ojos con fuerza al sentir que se lastimaban sus retinas, sin embargo, pudo escuchar la conocida voz de Jonathan resonar en su cabeza.
No escuches a Sebastian Max, haz la ceremonia y no dejes que siga entrando en tu cabeza
- ¿Bash?
- No dejes que Alec vaya a Edom…
- ¿Por qué? Bash…
O el camino de muerte solo se detendrá con un gran sacrificio.
El muchacho despertó sobresaltado, al principio pensó que era por la sensación fría recorriéndole la espalda, que no tenía nada que ver con lo sudado que estaba sino más bien con el vaso con cubos de hielo que Maxxie y Rafael tenían ignorando que se había despertado y mirando con los ojos abiertos debido al verdadero motivo por el que el criado de hadas se había despertado: los gritos de Alec y Simon.
Max se restregó el rostro con preocupación mientras escuchaba el motivo por el que discutían, mirando con aprensión el anillo en su mano. La amenaza de Sebastian había sido clara y sinceramente si lo único en juego fuera la vida de la pelirroja novia de Jace, él ni siquiera pensaría en hablarlo con Alec, pero no era así, era su familia, era la ciudad entera, otras ciudades, eran incluso ese par de molestos mocosos que se veían asustados por los gritos de su "papá"…
Alec no le perdonaría si no le advertía lo que el rubio le había dicho.
Y él no se perdonaría si por su culpa perdían a Alec.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- ¿Puedo hablar contigo? – Preguntó Simon con duda acercándose a Alec, el ojos azules estaba en la biblioteca, los niños habían estado viendo dibujos de los libros mientras él leía sobre Edom, pero justo ahora cuchicheaban entre ellos señalando a Max quien dormía a pierna suelta en el sofá.
Alec por un segundo se preguntó cómo estarían entendiéndose, y casi inmediatamente, si debía preocuparse por lo que Maxxie estuviese planeando esta vez; pero rápidamente lo dejó, centrándose en Simon.
- ¿Claro, que pasa? – Simon negó.
- Es sobre Clary – Dijo tomando asiento frente a él. Alec se enserió cerrando el libro, esperando que continuara, pero el vampiro diurno guardó silencio retozándose las manos con indecisión y duda.
- ¿Qué pasa?
- Esto realmente no es fácil y… sabes que amo a tu hermana, lo último que quiero es causarle alguna tristeza, pero Clary es más que mi amiga…
- Como me digas que le ponías el cuerno a mi hermana con Clary… – Dijo con una ceja enarcada por el extraño rumbo que llevaba la conversación.
- ¡No me refiero a eso! – Negó – Clary es… si yo fuese Nefilim, ella sería mi parabatai - Aseguró - Es mi mejor amiga, mi hermana… y es la persona que ama tu parabatai.
- Ya lo sé – Dijo confundido – Pero no entiendo a qué quieres llegar.
- Esta búsqueda es una pérdida de tiempo, yo lo sé, tú lo sabes: no encontraremos a Sebastian a menos que él quiera que lo hagamos y en ese caso será una trampa, y con cada minuto que pase con Sebastian es mayor el peligro para ella.
- Por eso iremos a Edom lo mejor preparados posibles, Simon; estamos haciendo todo lo que podemos para encontrarla.
- Todo lo que pueden no – Negó el vampiro diurno inspirando profundo mirando su alrededor para asegurarse que ni los niños ni Max estuviesen escuchando; los Lightwood iban a matarlo, pero tenía que hacerlo – Sebastian… dejó un mensaje –Se restregó el rostro – Van a matarme por decirte esto pero… las iníciales de los países que atacó Sebastian forman tu nombre – Alec palideció de inmediato imaginándose lo que continuaría - Te quiere de vuelta a cambio de Clary – Susurró, se sentía ruin por lo que estaba insinuándole a Alec, pero tenía que hacerlo o perdería a Clary.
El ojos azules se sintió enfermar: tantos ataques, tantos muertos, tantas familias destrozadas, niños huérfanos, traumatizados como Rafael, la angustia de su parabatai por Clary; había creído que Sebastian solo lo hacía porque sí, pero se equivocaba: todo eso tenía un motivo, y era… ¿Por él? Sintió las náuseas crecer desde su estómago. ¿Él era el responsable de todo el dolor que estaba causando Sebastian? ¿La muerte de los padres de Rafael era su culpa por negarse a ir con el rubio a Edom?
- Sabes que no te lo pediría si no pensara que es la única opción – Se excusó Simon ante la mirada trastornada de Alec, por lo que se apresuró a explicarse - Un ataque contra una horda infinita de demonios es una misión suicida, pero si vas estarías en una posición…eh…cercana para acabar con él, sería más fácil para todos nosotros realizar una misión de rescate, para sacarlos a ambos de allí.
Alec estaba pálido, Simon tenía razón, pero ¿volver con Sebastian?
- No puedo – Susurró finalmente, completamente mortificado – No puedo volver con él… No me pidas que vuelva con Sebastian… – El vampiro abrió la boca con sorpresa no esperando esa respuesta.
- Hazlo por Jace – Le suplicó; el labio de Alec tembló - Es la única manera de tener una oportunidad real de rescatar a Clary.
- O Sebastian igual los mata a todos y Clary y yo quedamos atrapados ahí con él para siempre.
- ¡No es como si te hubiese importado antes! – Bufó con enojo y frustración, había pensado que Alec cedería.
- No tienes idea de lo que es estar con él – Masculló entre dientes – Perder el control de tu voluntad, de tus sentimientos y ni siquiera darte cuenta de ello.
- ¡Por favor! – Bufó – Quizás te creería si no te hubieses vuelto a revolcar con Sebastian ¿o vas a negar que por eso se fue Magnus a Argentina? – Le espetó, Alec lo miró sorprendido porque lo supiera, pero el vampiro no estaba en momento de explicar que se lo había contado Catarina – Si de verdad quieres volver con él, adelante, es tu oportunidad de hacerlo sin que los demás te juzguen, sin volver a destrozar el corazón de Magnus; y si no, entonces es tu oportunidad de redimirte, porque ya perdí a un amigo porque no hiciste nada.
Alec se incorporó golpeando la mesa con ambas manos. Los niños se sobresaltaron asustados soltando los cubos de hielo que habían estado metiendo en la camisa de Max quien se incorporó de su sueño con alarma.
- ¡Yo no fui! – Exclamó Maxxie creyendo que lo reñían, pero Alec estaba demasiado enojado como para voltear.
- ¡No tienes ningún derecho a hablar de lo que no sabes! Ni mucho menos meter a Jordan en esto porque no es lo mismo – Estalló el ojos azules.
- ¿Ah no? – Simon también alzó la voz - Porque otra vez te estás negando a actuar mientras tu querido Sebastian le hace daño a alguien que me importa.
- No me estoy sentando de brazos cruzados Simon – Le espetó – Ayudo a rastrearla y lucharé codo a codo con mi parabatai y contigo por ella, pero no me pidas que vuelva con Sebastian porque no lo haré – Aseguró – No volveré a hacerle eso a Magnus, ni a Izzy ni al resto de mi familia.
- Papá…- Volvió a llamarlo Maxxie.
- Alec…- Le advirtió Max mirando preocupado a Rafael quien se había agazapado. Alec los miró, inspirando profundo para contenerse; lo último que quería era asustarlos.
- Magnus y yo estamos formando una familia, los niños me necesitan y yo a ellos; no voy a dejarlos Simon; así que perdóname, pero no lo haré.
Simon se levantó sin decir nada y solo salió de la biblioteca. Alec esperó hasta que la puerta se cerrara para suspirar intentando mantener al margen esa sensación de sentirse egoísta al sacrificar a Clary por su propio bienestar; en su lugar se giró hacía los niños forzándose a sonreír.
- ¿Qué tal si vamos a buscar algo de merendar? – Preguntó.
- ¿Estás enojado? – Preguntó Rafael en un susurro bajo.
- No, no está enojado – Dijo Max con duda, sin apartar la mirada de su hermano.
- ¿Quién es Sebastian? – Preguntó Maxxie.
- Es… alguien del que no tienen que preocuparse – Dijo a prisa arreglando su arco en la espalda con la intención de llevarlo a la habitación a guardar, y cargando a Maxxie con un brazo y a Rafael con el otro. – Vamos por esa merienda. ¿Vienes Max? – Cuestionó, el joven negó.
- De hecho, necesito hablar contigo Alec – Dijo con duda – Yo… no estaba durmiendo; Seb…Bash – Se corrigió mirando a Maxxie. Señaló su cabeza dirigiéndole una mirada significativa. Alec palideció y asintió, llevaría a los niños con Magnus y volvería para hablar con él. Presentía que esa platica le gustaría menos que su discusión con Simon.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Magnus alzó la mirada en cuanto la puerta se abrió, y no pudo ocultar una sonrisa cuando vio a Alec quien se daba paso, llevando a los niños cargados uno en cada brazo: se veía realmente encantador; pero su sonrisa vaciló al notar la sombra en sus ojos.
- Voy por algo de merendar para los chicos – El brujo juntó las cejas, podía sentir la tensión en su voz - ¿Puedes quedarte con ellos un minuto?
- ¿Pasa algo?
- Papá se peleó con tío Simon – Lo acusó Maxxie - ¿Verdad Rafael? – El latino solo parpadeó sin idea de lo que le decía.
- ¿Qué pasó? – Preguntó Magnus dejando las pociones para acercarse a ellos y tomar a Maxxie en brazos, asegurándose de que su glamour estuviese bien colocado en los ojos antes de estirar la mano para alborotar el cabello de Rafael, el niño se tensó, pero aun así lo permitió.
- No fue nada –Intentó restarle importancia Alec – Solo un desacuerdo de opiniones y…
- ¿Quién es Sebastian? – Preguntó el pequeño azul inocentemente, esta vez fue el turno de Magnus de tensarse.
- ¿Un desacuerdo sobre Sebastian? – Cuestionó con una ceja enarcada, Alec suspiró.
- Simon está desesperado por Clary, eso es todo – Dijo – Y tú debes aprender discreción- Riñó a Maxxie mientras salía juntos rumbo a la cocina.
- ¿Qué te dijo? – Preguntó, Alec negó – Alexander…
- Sebastian…quiere cambiar…me por Clary – Dijo escuetamente, no quería que Maxxie supiera más de la cuenta sin embargo se apresuró a agregar al notar como la mirada de Magnus se endurecía – Solo está asustado, supongo que, si la situación fuese al contrario y Jace estuviese en el lugar de Clary, yo le pediría lo mismo.
- No tiene ningún derecho a ser egoísta y pedir que te sacrifiques – Masculló – Estoy seguro que Clary no estaría de acuerdo – Bufó y agregó de pronto sintiendo una opresión en el pecho - ¿Qué le dijiste? – Era absurdo, porque si Alec hubiese aceptado volver con Sebastian no estaría allí con él en ese momento junto a los niños, pero no podía negar que el miedo ante la posibilidad estaba ahí. Alec sonrió afablemente.
- Que haré lo posible por ayudar a Clary, pero estoy formando una familia contigo y no está en mis planes dejarlos a un lado. – Aseguró besando el cabello de Rafael, inclinándose para hacer lo propio con Maxxie y por último depositar un beso en los labios del brujo. Magnus sonrió con alivio devolviéndole tan solo un roce ante la risa alegre de Maxxie, cuando Alec sintió a Rafael tensarse y retorcerse entre sus brazos.
La pareja se separó de inmediato, era la primera vez que se besaban frente a Rafael y Alec pudo ver en los ojos castaños glamourizados de Magnus el reflejo de su propio miedo de tener que lidiar con la explicación "Rafael ahora tiene dos papás" si el niño nunca había visto o sabía siquiera que dos hombres podían ser pareja.
Pero Rafael no los miraba a ellos, tenía la expresión horrorizada y fija en el otro extremo del pasillo y las personas que se acercaban por este.
- Por supuesto que puedo hacerlo, pero no será barato y cobraré por adelantado – Decía Moon, sus bigotes de gatos temblaban con cada palabra mientras discutía con Jace aparentemente sobre los términos para realizar el portal a Edom – Y exigiré un bono extra por ser un trabajo que el gran brujo no es capaz de hacer.
- Te pagare lo que quieras – Decía Jace - Pero debes hacerlo de inmediato…
- ¡Gato! – Exclamó Rafael en español intentando soltarse de Alec
- ¡Moon! – Gritó Maxxie alegremente casi a la vez, soltándose de Magnus para correr a saludar a quien fuera su tutora para aprender a enviar mensajes de fuego.
- Ey pitufo – Lo saludó ella, sus orejas de murciélago se irguieron al escucharlo – Te crecieron más los cuernos – Lo saludó removiéndole el cabello.
- ¡GATO! ¡GATO! – Repetía aterrado de Rafael ignorando los intentos de Alec por tranquilizarlo, susurrándole unas pocas palabras en español.
- ¿Qué le pasa? – Preguntó Jace confundido.
- Rafael tiene… un fuerte trauma con las características de gato – Dijo Magnus señalando el bigote de la mujer y señalando sus propios ojos cubiertos con el glamour.
- Tranquilo pequeño, no te haré daño – Aseguró la bruja encantadoramente, chasqueando los dedos con la intención de hacer aparecer algún juguete, pero en el segundo en que la chispa de magia iluminó el pasillo, Rafael chillo aterrado mordiendo a Alec con todas sus fuerzas para lograr soltarse de él.
- ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Gato! – Gritó echando a correr, Moon tronó los dedos nuevamente atrapando al niño dejándolo suspendido como si estuviese atado de la cintura en el aire mientras él gritaba y pataleaba con desespero. Alec lo miró ignorando a Magnus y sus intentos por detener el sangrado en la mordida, luego miró a la bruja y nuevamente al niño, sintiendo como el corazón se le aceleraba cuando una palabra llegaba a su cabeza.
- Magnus – Susurró alarmado, recordando lo que Rafael había dicho la primera vez que habló frente a ellos, cuando vio los ojos de gato de Magnus, lo recordaba porque era hasta ahora una de las pocas cosas que había podido entenderle al niño. - Fuego fucsia – dijo en español.
- ¿Fucsia? – El brujo se mostró confundido – Eso es magenta Alexander y… oh… - Cayó en cuenta, porque si Alec no distinguía el color ¿Qué le hacía pensar que Rafael conocía siquiera la palabra?
El fuego azul destelló en sus ojos.
- Suelta al niño Moon – Siseó amenazante, sus manos brillando en fuego azul preparado para atacar a la bruja que lo miraba perpleja.
- Max aléjate de ella – Siseó Alec tomando su arco y apuntándole a Moon. Maxxie obedeció confundido, mirando la escena con los ojos abiertos de par en par
- ¿Qué diablos…? – Comenzó Jace, pero la pregunta de Magnus fue explicación suficiente.
- ¿Desde cuándo estás trabajando para Sebastian, harpía?
_OO_OO_OO_
¿Qué les pareció?
Por favor, no odien demasiado a Simon, él solo está preocupado por su amiga, en cambio concentren esos sentimientos negativos en Moon, un personaje que ha mantenido convenientemente un bajo perfil y que justo ahora tiene a ambos niños a su alcance D:
Por cierto, y hablando de los niños… ¿no fue refrescante verlos jugar de nuevo? Y a Maxxie enseñando a Rafe a llamar abuelita a Maryse…linduritas, me pensare hacer un fics de los Lightwood-Bane porque realmente los amo *w*
Sobre Max… bueno, ya ven que está dispuesto a ayudar ¿Pero que pesará más? La amenaza de Sebastian o la advertencia de Jonathan? Ya ven que Alec no está dispuesto a volver con Sebas… por cierto, que de Jonathan solo nos queda una aparición :'(
Oh sobre Robert ¿Será realmente buena idea aliarse a las hadas? Los versos que Seelie recuerda… si se fijan, es prácticamente lo mismo que lee Catarina en el cap 12 sobre las joyas, solo que con un estilo más "hadesco" (¿?) si las rimas son un asco, me disculpo porque en general no me gustan los poemas, pero hice mi mayor esfuerzo :)
El próximo cap aun no tiene nombre porque no consigo uno que cuadre con lo que escribí x.x pero veremos qué pasa con Moon y sobre todo cuando Max hable con Alec.
Nos leemos pronto
Besos :3
