Buenas. ¿Disfrutaron las fiestas?

Kaiser: La verdad, me olvidé el castigo XD. No sé si lo pondré en el proximo capitulo. Por el momento, es el menor de los problemas.

LIz: a veces tardo tres semanas en actualizar, pero lo hago. Gracias por leer mi fic.

Capítulo cuarenta y nueve

La verdad los hará libres

Jessie y James dejaron a Ash y a los demás en la casa de Delia y volvieron al rancho de Oak. Meowth estaba sentado en el fondo de la carreta con la vista perdida en un rincón mientras Lunita dormía en el regazo de James.

—No podemos dejarlo así otra vez —le susurró James a Jessie—. No quiero que pase lo de la última vez.

—La situación es distinta. Lunita ahora está en su vida y…

—No me pienso arriesgar. Necesita ayuda —le respondió James—. No hay que dejarlo solo bajo ninguna circunstancia.

Cuando llegaron a la casa de Oak, James tuvo que llevar a Meowth en brazos mientras que Jessie cargó a Lunita. Cuando llegaron, encontraron a Oak sentado en la sala, mirando la televisión.

—Oh, ya llegaron —Oak bajó el volumen del aparato—. ¿Cómo estuvo la película?

—La verdad no la vimos —respondió James—. Profesor, ¿puedo hablar con usted a solas?

—Seguro.

James puso a Meowth en el suelo. De milagro se mantuvo en pie en lugar de simplemente dejarse caer.

—Ve con Jessie, Meowth.

Arrastrando las patas, Meowth siguió a Jessie hasta la habitación, dejando a solas a James y a Oak. El científico lo miró, confundido.

—¿Pasó algo malo, James?

James le contó todo lo que había pasado en Hollywood. Una vez que terminó de explicar, Oak dijo:

—Vaya, es obvio que Meowth se siente mal, no solo por ver a Meowzie finalmente como era en realidad, sino por haberle negado ayuda a su clan. Los Meowth son pokemón en lo general muy solidarios con los de su propia especie.

—¿Hay algo que podamos hacer por Meowth?

Oak se frotó la parte de atrás de la cabeza.

—Bueno, no soy psicólogo pokemón, pero creo que lo único que podría animar a Meowth sería ayudar a su clan. Así él haría algo bueno por ellos y dejaría de sentirse deprimido.

—¿Cómo lo ayudo?

—Podría hacer un par de llamadas mañana por la mañana. Hay grupos activistas que podrías acercarse hasta allí para ayudar, pero lo mejor sería que lo haga él mismo. No funcionará si tú o yo lo hacemos.

—Si, si, entiendo. Iré a dormir un poco. Mañana seguiremos hablando.

—Buenas noches, James.

James se dirigió a la habitación. Dudaba mucho que pudiera conciliar el sueño.


El sueño de James fue liviano y plagado de pesadillas donde Meowth se sumergía dentro de un mar de basura gigantesco. Cada vez que se despertaba, se giraba para ver a Meowth, quien dormía a su lado. James no se animó a levantarse hasta que Meowth despertó.

—Buenos días, Meowth.

Meowth lo miró y tardó varios segundos en responder.

—Buenos días, James —gruñó, más dormido que despierto.

—¿Preparamos el desayuno juntos? —lo invitó.

Meowth bostezó audiblemente.

—Mejor hazlo tú. No tengo muchas ganas de hacer nada.

—Pero Meowth…

—Te alcanzaré en un rato, si.

James no se movió. Meowth suspiró.

—James, si crees que voy a hacer alguna locura, quédate tranquilo. No haré nada.

James se sentó en la cama.

—¿Me lo prometes?

—Lo juro por Lunita, el ser que más amo en esta vida. Confía en mi.

James no tuvo otra opción que creerle.

—Te avisaré cuando esté el desayuno.

—Está bien.

James se puso unas pantuflas y salió de la habitación para dirigirse a la cocina. ¿Meowth mantendría su palabra? Ya había intentado suicidarse una vez, pero ahora las cosas habían cambiado con Lunita en sus vidas y el embarazo de Jessie. Las cosas estaban yendo bien hasta ayer.

Mientras James preparaba los omelettes, escuchó el inconfundible sonido de la guitarra de Meowth que venía desde la sala, lo que le dio cierto alivio.

Si yo al final me rompiera

Y de todo esto yo me riera

¿Qué harías tú?

Si yo al final cayera rendido al suelo

Y no soportara más todo esto

¿Qué harías tú?

Por favor, hazme pedazos

Y luego entiérralos

Porque yo ya no quiero seguir

James apagó la hornalla con un seco movimiento de la muñeca y fue corriendo hacia donde estaba Meowth. El pokemón parlante estaba sentado en un sillón, tocando su vieja guitarra.

—¿Eh? —Meowth paró de tocar y lo miró—. ¿Ya está el desayuno?

James se acercó y se puso de rodillas.

—Creo que… que podemos ayudar a tus amigos de Hollywood.

Meowth se lo quedó mirando en silencio un par de segundos antes de preguntar:

—¿Cómo?

—Oak tiene amigos en todos lados. Podrían terminar en un santuario pokemón o los podrían reubicar en otra ciudad donde fácilmente podrían conseguir alimento.

Meowth soltó una risa seca.

—Los santuarios son solo para pokemón protegidos y en cuanto a otra ciudad… será bonito al principio, pero luego van a empezar a poner vidrio molido en la comida o aparecerán muertos dentro de sacos de arpillera. Necesitan un lugar seguro donde poder vivir en paz.

James le acarició la cabeza.

—Te juro que encontraremos un buen lugar, ¿si? No te deprimas.

Meowth le sonrió apenas.

—Lo intentaré. Pero las cosas que pasaron anoche fueron… muy fuertes para mi. Necesito poner mi cabeza y mi corazón en orden antes de seguir adelante.

—Lo sé. ¿Quieres despertar a Jessie y decirle que ya está el desayuno?

—Enseguida.

Meowth dejó la guitarra sobre el sillón y fue a la habitación. James se dirigió a la cocina y llevó todo lo necesario a la sala para el desayuno. No tardaron mucho en llegar todos y sentarse alrededor de la mesa para desayunar.

Durante el desayuno, mientras tenían charlas circunstanciales, James notó que Oak estaba muy callado y con la mirada perdida. No quería meterse en los asuntos del profesor, pero se preocupaba por el y no pudo evitar preguntar:

—¿Se siente bien, profesor? Lo noto… callado.

Oak sacudió la cabeza como si hubiera estado en trance.

—¿Eh?

—Le preguntaba si se sentía bien.

Oak apenas dibujó una pequeña sonrisa triste.

—Hablé con Delia anoche —dijo, en un suspiro.

—¿Acaso terminaron? —le preguntó Jessie.

—No… aún. Fui a su casa y le dije que si no aclaraba nuestra relación con Ash, terminábamos.

—¿Y ella que dijo?

—Prometió hacerlo hoy mismo. Va a ser un desastre.

—Ni que lo digas —Jessie comió uno de los panqueques de manera despreocupada—. El chico vendrá hasta aquí hecho una furia, puedo asegurarlo.

—Conozco bien a Ash y sé que lo hará —asintió Oak. Como si quisiera cambiar de tema, se dirigió a Meowth, quien también había estado callado—. Oye, Meowth, ¿quieres ir al laboratorio para que discutamos sobre como ayudar a tu pandilla?

Los ojos de Meowth se iluminaron.

—¿Lo harías?

—Lo haremos —lo corrigió Oak—. Apenas terminemos el desayuno.

James sonrió internamente. Sentía que había evitado una tragedia. Pero como ahora se venía otra catástrofe de la mano de Ash, tenía que tomar medidas para que Oak y Meowth no sean interrumpidos por la ira asesina del chico.


Para variar, en lugar de entrenar en el fondo, se puso a entrenar en el frente del rancho, que era muy espacioso para entrenar. Si veía a Ash, podría frenarlo a tiempo.

—¡Persian, usa Joya de Luz! ¡Growlie, Ataque Rápido!

La gema de Persian brilló y un montón de rocas se materializaron para arrojarse encima de Growlithe, pero el pokemón de fuego las esquivó con facilidad y lo golpeó con fuerza, tirándolo al suelo.

—¡Bien hecho, Growlie! Persian, también lo estas haciendo bien, pero hay que seguir entrenando.

Persian lanzó un gruñido. No parecía muy feliz.

—Lo sé, lo sé, pero no puedes ser perfecto en todo. Solo tenemos que…

James se interrumpió cuando vio una figura que se acercaba por el camino, seguido de una mucha más pequeña. No tardó ni dos segundos en darse cuenta de que eran Ash y Pikachu. ¿Delia le habría contado la verdad?

—Mr Mime, ponte en posición. Haz una barrera si es necesario, pero no dejes que Ash entre a la casa hasta que yo te diga.

El ex circense, quien estaba regando las plantas, asintió y se puso en posición defensiva. James esperó a que Ash estuviera cerca para hablarle.

—¡Ash! ¡Que gusto verte! ¿Una batalla de práctica?

Ash no respondió ni aminoró la marcha. Su cara estaba casi irreconocible por los ojos hinchados por las lagrimas y el rostro contraído por el enojo. Definitivamente lo sabía.

—¡Ash! —James se puso en medio y lo agarró por los hombros con fuerza.

—¡Sueltame! —le gritó Ash, intentando zafarse.

—Dime que te sucede —le dijo James en el tono más tranquilo que pudo.

—¡Tengo que hablar con Oak! —Ash siguió retorciéndose en sus brazos.

—No creo que tus intenciones sean esas.

—¡Déjame pasar! ¡Pikachu, Impactrueno!

Pikachu miró a Ash, confundido. No parecía tener muchas ganas de pelear. Luego miró a James, con sus mejillas chispeando.

—Pikachu, ¿de verdad quieres dejar que Ash entre y lastime a Oak o a si mismo?

Pikachu emitió un gemido lastimero y bajó las orejas, aunque sus mejillas seguían cargadas de electricidad.

—¡Pikachu, Impactrueno! —siguió gritando Ash, estaba vez ahogándose con su llanto.

—Basta, Ash, basta —James lo apretujó contra su pecho—. Cálmate.

Poco a poco, Ash dejó de luchar y se rindió, apoyando la cabeza en el hombro de James.

—¿Cómo pudieron… como pudieron hacerme esto? —lloró Ash

James tragó saliva. No quería opinar sobre Delia y Oak con el chico, mucho menos cuando ni él mismo había tenido buenos padres como ejemplo, pero no sabía que más hacer.

—Los adultos no siempre toman decisiones inteligentes, ni siquiera los que son padres —murmuró James—. ¿Quieres que demos una vuelta y hablemos de ello? Golpear a Oak no ayudará.

Ash se separó y asintió, secándose los ojos con una mano. Su Pikachu se subió al hombro y comenzó a lamerle la mejilla en un intento de consolarlo.

—Mr Mime, dile a Meowth que me fui con Ash a dar un paseo —le informó Ash al pokemón psíquico. Sacó varias pokebolas de su bolsillo y llamó a todos sus pokemón dentro de las pokebolas, excepto a Nina, quien esquivó el rayo rojo y se tiró a sus brazos, refregándose contra su pecho.

Ash y James salieron de los terrenos del rancho y se pusieron a caminar en silencio. Ash era el que lideraba el camino y James no se lo discutió. Si necesitaba un lugar donde se sintiera más tranquilo, bienvenido sea.

Después de andar un rato, llegaron a un rio angosto, pero que tenía pinta de ser profundo. Había un puente rústico de madera que parecía que no soportaría que alguien más cruzara por encima. Le faltaban varias tablas y algunas partes de las cuerdas parecían carcomidas.

—Venía a pescar aquí con mi padre —dijo Ash, sentándose en una roca. La voz le temblaba—. No entiendo por qué nos dejó. ¿Fui un mal hijo?

—No, no, no digas eso nunca —James le palmeó la espalda—. Tú no tienes la culpa.

Ash asintió despacio. De golpe, se levantó y se giró hacia James.

—Lo sabías —musitó.

—¿Qué?

—¡Lo sabías! ¡Sabias lo de mi madre y Oak y no me dijiste nada! ¡Traidor! —Ash lo empujó con ambas manos y James trastabilló, pero no se calló. Pikachu hizo un gesto con sus patas para que se calmara. Nina, en cambio, se puso en posición de ataque.

—¡Ash, cálmate! ¡Lo sabíamos, pero no nos contaron ellos, sino que nos dimos cuenta solos! Bueno, en realidad Jessie fue la que se dio cuenta.

—¿Y por qué no me lo dijeron?

—Porque era cosa de tu madre que te lo contara, no nuestra. Es un problema demasiado personal para que nos involucremos.

Ash miró para un costado. Su pecho subía y bajaba bruscamente.

—Me tratan como si fuera un idiota…

—Ash, no es eso.

—¿Y por qué no me contaron nada entonces? —gritó Ash.

—No lo sé, Ash, pero supongo que pensaba que te estaba haciendo un bien—dijo James, muy despacio—. Oak fue el que la convenció de que te contara la verdad porque no era justo para ninguno ocultártelo.

Ash se tapó los ojos con una mano, como si quisiera desaparecer por arte de magia.

—Me siento mal —gimió Ash. James solo atinó a acercarse y a acomodarle la gorra.

—Lo sé —dijo—. Pero no estás solo. Estás conmigo. Y haré lo que sea para ayudarte.


Lo único que hicieron Ash y James en el rio durante una hora fue estar sentados juntos mirando el agua correr por debajo del destartalado puente. Una vez que tuvieron suficiente, se levantaron y volvieron al rancho de Oak.

Apenas entraron a la casa, notaron que estaban Misty, Brock y Delia esperándolos, además de Oak y Jessie. Esta última se levantó de golpe al verlo.

—Hijo —Delia intentó ir hacia él, pero se congeló al ver la expresión de Ash.

—Mamá, no tengo ganas de hablar contigo —le dijo, cortante.

Misty se acercó a Ash.

—Entiendo que estés molesto, pero…

—¿Molesto? No estoy molesto, estoy furioso. Mi madre cree que soy demasiado idiota como para que me cuenten cosas importantes de mi propia familia,

—Ella solo quiso…

—… protegerme? ¿De qué? Me habría sentido mejor si me hubieran dicho hace años que mi padre era un infeliz. Pude haber lidiado con eso, tal vez. Hacerme a la idea de que nunca regresaría.

Delia se apretujó las manos sobre su falda.

—Ash, sé que debí habértelo contado pero… me fue muy difícil criarte yo sola después de que tu padre se fue. Me sentí destrozada y no quería que te destrozara a ti también. Preferí enfrentarme yo sola a todo.

Ash miró hacia el suelo. Respiró profundo antes de hablar.

—Profesor Oak…

—¿Si? —respondió el científico, aturdido.

—¿Puedo quedarme a dormir esta noche aquí? —le dijo—. Misty y Brock se pueden quedar con mamá. Solo será por hoy.

Oak miró a Delia, quien asintió con la cabeza, derrotada.

—Claro que puedes quedarte.

—Gracias.

Sin decir ni una palabra más, Ash se marchó, yendo aparentemente al patio de atrás para estar con los pokemón.

—Bueno, pensé que sería peor —dijo Jessie, ya levantándose. Se dirigió a Delia—. Quedese tranquila, Delia. Su hijo la perdonará tarde o temprano. Solo hay que darle tiempo y espacio.

—¿Hablaras con él? No creo que quiera escucharme —le preguntó Delia de manera atropellada.

Jessie torció sus labios como si no quisiera meterse, pero luego suspiró.

—No prometo nada, pero lo intentaré.

Delia apretó las manos de Jessie.

—Muchas gracias, Jessie.

James se dejó caer en el sillón. Estaba emocionalmente agotado por Meowth y Ash. Ahora que Jessie se iba a encargar del chico, se podía encargar de su mejor amigo.


Fiel a su palabra, Oak se ocupó de llamar a unos amigos para que rescataran al antiguo clan de Meowth y llevarlos a un lugar mejor, lejos de la ciudad en ruinas que alguna vez fue hogar de gente millonaria dedicada a la industria del cine. Meowth estuvo todo el tiempo al lado del científico, indicando todo lo que tenía que hacer para que el clan aceptara. De no hacerlo, Meowth mismo viajaría a Hollywood para convencerlos.

—Persian no se lleva bien con los humanos y los otros Meowth tampoco —le explicó a Oak—. Pero tal vez la desesperación los haga cambiar de opinión. Supongo que… Meowzie los convencería, a menos que fuera tan arrogante para no aceptar una ayuda que provenga de mi —Meowth dijo esto último con tono amargo.

—Pase lo que pase, llamarán de inmediato para avisarnos. Al menos lo intentaste, ¿no? Si ellos no aceptan tu ayuda no tienes por qué sentirte culpable.

—Sé que debería ser así, pero Persian y los chicos fueron mi primera familia y no puedo dejarlos ahí.

—¿Y Meowzie?

Meowth se puso tieso.

—Creo que fui muy ciego para no ver la clase de Meowth que era. Ella siempre se mostró tal cual es y me rechazó, pero yo seguí intentando conquistarla como un idiota. Fue culpa mía, no suya. Fue el peor error de mi vida.

Oak sonrió de manera condescendiente y le acarició la cabeza.

—De no haber cometido ese error, nunca hubieras aprendido a hablar, caminar y miles de cosas increíbles que puedes hacer; no habrías conocido a Jessie y James y nunca habrías tenido oportunidad de ser padre de Lunita, quien quiere ser como tú. De los errores pueden salir grandes aciertos.

Meowth se quedó de piedra. El científico tenía razón. Había hecho grandes cosas que jamás habría imaginado que podía hacer y había conocido gente maravillosa.

De pronto, se sintió mucho mejor.

—Nunca habría conseguido todo esto de no ser por mi estupidez —Meowth sintió ganas de reírse a carcajadas.

—Exactamente —rio Oak.

Meowth lo miró, con una sonrisa.

—Nunca me sentí tan feliz por equivocarme.