Holaaa :D ¿Qué tal? Lamento haber olvidado el cap ayer, como avise en Facebook, así que aquí lo traigo y espero compense la espera n.n peeero antes, agradezco a todos los que leen, dan fav y follow a la historia, en especial a Hikari, Nina, Guest y Jaz Por sus comentarios; contesto:

Hikari: Los niños son una lindura, me encantan y es refrescante escribir sobre ellos… de Simon, vamos, no lo odies tanto, él solo está desesperado por Clary; y por supuesto que Sebastian tiene planes de respaldo… oh sé que quieres Sebalec, pero debes recordar que este Sebas no es el mismo con el que Alec vivió, le falta el lado Jonathan ;) un beso

Nina: me alegra que te gustara, pero quede con la duda de que sensación tenías u.u el review se cortó; un beso :3

Guest: oh si, se prendió y se va a incendiar n.n un beso :3

Jaz: Me alegra que te gusten los aspectos de cada personaje n.n lamento la tardanza u.u un beso:3

Ahora sí, ¡A leer!

Parte VI: Sacrificio

Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.

Leal – Veronica Roth

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Capítulo 24: Decisiones difíciles

No hay decisión que podamos tomar que no venga con un tipo de equilibrio o sacrificio

Simon Sinek

X.X.X.X.X

Las palabras de Magnus no tardaron en hacer efecto, Jace desenvainó su cuchillo serafín ante la perpleja mirada de Moon y la confundida de Maxxie.

- ¿De qué hablas? – Preguntó entre desconcertada y ofendida - ¡Fui yo quien descubrió que los Seelies lo ayudaban! Quienes, por cierto, aseguran haberte visto en el cementerio de Idris antes del primer ataque, besándolo – Agregó en dirección a Alec con veneno; Jace volteó hacía su parabatai con sorpresa y decepción en sus ojos, pero fue solo un segundo, de inmediato se volvió a Moon sin bajar la guardia. – Si hay que desconfiar de alguien es del amante de Sebastian: Alexander Lightwood.

- Y apuesto que tuviste que ver con eso harpía envidiosa – La acusó Magnus – Así que no intentes poner las dudas sobre él cuando eres tú quien ha estado quemando los institutos – Le espetó – Rafael te vio en Buenos Aires – Aseguró; Moon miró al latino que no dejaba de llorar intentando zafarse de su agarre mágico y enarcó una ceja con renovado interés.

- Suéltalo Moon. – Dijo Alec con tono de advertencia sin apartar la mirada del niño ni destensar el arco, no había pasado desapercibido que la bruja seguía teniendo a Rafael suspendido en el aire, atado con su magia.

- Aprovechaste mi salida del negocio de la magia debido al brazalete – Seguía Bane – Conseguiste que Jace te contratara para los asuntos del instituto valiéndote de los altibajos de mi relación con Alec, incluso te hiciste con mi puesto en el consejo ¿A cambio de qué? Quemar unos cuantos nefilims para Sebastian, mantenerlo informado y quitar a las hadas de su camino…

La mirada desconcertada de Moon poco a poco se fue convirtiendo en una sonrisa un tanto malvada.

- Además consigo ingredientes para mis pociones a cambio de un par de favores con Alexander – Le guiñó un ojo descaradamente y rió, los bigotes de gato vibraron frenéticamente ante el gesto – Y solo necesitaste que el niño lo gritara para darte cuenta gran brujo – Se mofó.

- Fuiste tú…- El cerebro de Alec comenzaba a hilar cabos luego de haber mencionado los "favores" recordaba en el cementerio como se había nublado su voluntad ante la lujuria cuando había olido el perfume con aroma a magia que Sebastian tenía ese día – Tu hiciste que Magnus nos viera ese día ¡Y tú le dijiste sobre Maxxie! – La ira cegó a Alec y disparó la flecha, la bruja la contuvo con facilidad con un movimiento de su mano, pero el chico Lightwood estaba furioso: no tenía otra explicación, Sebastian no tenía manera de saber del brujito azul cuando en ese entonces ni Max sabía sobre él, pero Moon había sido contratada por Jace para que le enseñara al niño a enviar mensajes de fuego; la contrató a ella y no a Magnus porque todos en el instituto estaban disgustados con él por haberse "acostado con otro"; todo había sido parte de una telaraña entretejida por Sebastian desde el principio y habían sido demasiado ciegos para notarlo a tiempo.

El movimiento para esquivar la flecha hizo que Moon acercara a Rafael hacía si, el niño lloró aún más fuerte pataleando en el aire, intentando luchar para soltarse con tanta fuerza que Alec estaba seguro que, si en vez de magia lo estuviera sujetando una persona, ya se habría podido librar.

- Rafael…- Sollozó Maxxie por lo bajo, el pequeño estaba agazapado tras Magnus, Alec y Jace.

- Yo confié en ti – Masculló Jace.

- Suelta al niño y resolvamos esto entre tú y yo, como dos brujos – Dijo Magnus.

- Por favor – Se mofó ella ignorando a Magnus y dirigiéndose expresamente al rubio - Ustedes los Nefilims no confían en submundos, nos usan y es gracias a brujos arrastrados como Bane – Escupió – Los hijos del ángel siempre se han creído superiores, mejores que el resto del submundo, pero no somos nosotros quien está destruyendo sus enclaves; no fue un submundo quien se llevó a tu noviecita Jace Herondale.

La ira en los ojos dorados del rubio, destelló como una explosión solar. Jace arremetió contra ella con una estocada de su cuchillo serafín; la bruja movió sus manos a prisa con una sonrisa sádica, haciendo que Rafael se moviera para usarlo como escudo humano ante la horrorizada mirada de Jace para quien ya era muy tarde para detenerse.

- ¡Deja a mi hermano! – El grito asustado de Maxxie fue el detonante de varias cosas que ocurrieron a la vez: Magnus logró reaccionar a tiempo para invocar un escudo azul que cubrió al pequeño niño por lo que en el momento en que el cuchillo serafín hizo contacto con este, Jace fue arrojado a la pared contraria mientras que una fuerte ráfaga de magia en forma de fuego negro surgía de un aterrado Maxxie y golpeaba a Moon quien no se lo esperaba en lo absoluto, tirándola contra el techo y de vuelta al suelo escandalosamente.

Alec logró sujetar a Rafael antes de que se golpeara con el suelo al ser liberado; Maxxie corrió hacia ellos para abrazar a su hermano protectoramente.

- Maldito mocoso – Rugió Moon al pequeño azul, pero rápidamente Alec dejó a los niños parándose delante de ellos y antes de que la bruja pudiera invocar cualquier hechizo, el nefilim disparó su arco atravesándole la mano, clavándola contra la pared, inmovilizándola. Magnus hizo lo propio inmovilizando la mano izquierda con un lazo mágico.

- Te metiste con la familia equivocada – Siseó el brujo, golpeándola con una esfera de magia que la noqueó al instante.

Por un segundo todo en el pasillo fue silencio, solo roto por los sollozos ahogados de Rafael. Alec y Magnus se volvieron hacía él de inmediato.

- ¿Está bien? – Preguntó Jace, el rubio seguía en el suelo, tenía una mirada preocupada y miraba sus manos con aprensión - ¿No le hice daño al niño, o sí?

- Está bien – Aseguró Alec acercándose a su parabatai, viendo como Magnus se acercaba a los pequeños y Rafael se incorporaba a prisa sin dejar de llorar aferrándose al brujo de ojos de gatos, quien lo miró con los ojos muy abiertos sin saber que decir o si Rafael aceptaría que lo tomara en brazos. El latino escondió su rostro en el abdomen de Bane sollozando un bajo "gracias" que arrebató una suave sonrisa en los labios de Magnus, no dudando ya en tomarlo en brazos. Rafael se aferró con sus bracitos a su cuello, escondiendo el rostro en este, mientras Maxxie corría a abrazarse también a Magnus.

Por un segundo la escena robó el aliento de Alec, naciendo un cálido sentimiento en su pecho, no iba a agradecerle nada a Moon, pero el niño se había dado cuenta esa noche que no todos los brujos eran malas personas que querían hacerle daño: Magnus y Maxxie se lo habían demostrado, ayudándolo.

El quejido de Jace al intentar incorporarse lo hizo volver al rubio. El golpe contra la pared no había sido demasiado fuerte, pero Jace aún estaba herido de su enfrentamiento contra Sebastian.

- ¿Estás bien? – Preguntó de inmediato acercándose para ayudarlo, pero Jace lo rechazó con un manotazo, apoyándose con la pared para incorporarse. Sus ojos dorados ocultaron la preocupación por Rafael con una máscara de dureza cuando miró a Alec quien estaba confundido.

- Quemó institutos – Siseó - Destruyó ciudades, ¡Secuestró a Clary!… ¿Y tú volviste con él? – Había una clara acusación matizada con decepción y traición en su voz. Alec abrió la boca dispuesto a responder; sabía perfectamente a quien se refería, pero ninguna palabra salió de sus labios. – Y yo angustiado porque no podía entregarte – Alec palideció mientras Jace se enderezaba lo más que pudo, con una mano en el costado herido.

- No puedes hacerlo – Le advirtió Magnus con voz dura en una clara advertencia de que lo rebanaría si tan solo llegaba a decirlo.

- Me haré cargo de Moon, y luego recuperaré a Clary. – Sentenció finalmente.

- Jace… - Comenzó Alec, pero el rechazo del rubio fue categórico.

- No necesito tu ayuda.

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Alec no estaba seguro de que había sido lo más difícil del día: los planes para ir a Edom, descubrir que Sebastian hacía todo eso por él, Simon pidiéndole entregarse a Sebastian, luchar contra Moon y atraparla, o la forma en que Jace lo había rechazado luego; y mientras caminaba en dirección a la biblioteca; era realmente consciente de cuán lejos estaba el día de terminar.

Magnus se había ido junto a los niños luego de que Alec le asegurara que estaría bien, el brujo los tranquilizaría, ducharía y llevaría a dormir mientras él se dirigía a la biblioteca: Había dejado a Max esperándolo desde hacía un buen tiempo y sinceramente no tenía ánimos de más problemas o dificultades sin embargo ahí estaba, viendo como Max alzaba la mirada de inmediato al verlo abrir la puerta.

- Te tardaste.

- Lo siento yo… Moon vino de visita.

- ¿Y? – Max enarcó una ceja con molestia – Esto es más importante.

- Y descubrimos que trabaja con Sebastian – Dijo – No fue agradable – Max se descruzó de brazos y abrió la boca con sorpresa, pero se contuvo a si mismo de preguntar, había otras prioridades.

- Aun así, esto es más importante – Aseguró – Hablé con Sebastian… bueno él habló. –Alec se sentó frente a su hermano haciéndole un gesto para que continuara - Dijo que estaba haciendo todo esto, de quemar institutos y secuestrar a Clary por…

- Por mí, lo sé – Admitió masajeándose las sienes – Realmente estabas dormido si no te diste cuenta que sobre eso discutíamos Simon y yo. – El menor bufó.

- Y luego dicen que yo soy el ególatra narcisista – Gruñó con molestia y aclaró – Por nosotros, nos quiere a ambos. - Alec suspiró agotado, realmente el día estaba lejos de terminar.

- No iré Max – Dijo; el criado por hadas negó con la cabeza, Alec no lo estaba entendiendo – Y tú tampoco – Agregó de inmediato con determinación.

- Ya te lo dije, quiero quedarme – Dijo él – Que nos quedemos – Aclaró – Estoy esforzándome realmente en cambiar, merecer un lugar en el instituto, pero…

- Entonces enfócate en eso Max – Lo interrumpió él – Yo también estoy recuperando un lugar en el instituto…- Pero Max negaba repetidamente con la cabeza.

- Sebastian… dijo que vendrá a New York si no vamos con él antes de que termine su ataque mañana en el instituto de Copenhague.

- Max…

- Dijo que atacaría a la familia…

- Lo detendremos – Aseguró notando que el miedo del más joven se cargaba de angustia al no recibir la preocupación que esperaba en Alec.

- ¡No entiendes! – Se incorporó con cierta desesperación - ¡Amenazó con destruir a los niños! – Dijo y Alec se incorporó también, pálido como una hoja de papel – Está planeando hacerle daño a Maxxie y Rafael si no vamos con él; pero no podemos… no podemos hacerlo.

Alec lo observó, su cerebro intentando pensar a mil por hora, intentando reprimir el pánico que empezaba a nacer en la boca de su estómago porque si sucumbía ante él, no habría manera de tranquilizar a su hermano. Se acercó a Max tomándolo de la mano para calmarlo, haciendo que volviera a sentarse en el sofá y agachándose para quedar a su altura; Max realmente había cambiado, podía verlo en cómo se preocupaba por otras personas que no fuesen él mismo, realmente se estaba esforzando en eso.

- No permitiremos que le haga daño a nadie – Dijo lo más seguro posible -Pero tu…tienes que bloquear la conexión con Sebastian, Max. – Le advirtió – Hablaré con Mamá, mañana a primera hora…

- Estaba dispuesto – Dudó él bajando la mirada – Realmente iba a hacerlo, pero ¿Cómo sabremos entonces lo que planea?

- Ya sabemos lo que planea – Dijo rotundo colocándolo en la mano en su quijada para hacerlo mirarlo a la cara – Y vamos a detenerlo; pero tienes que confiar en mi Max – El muchacho asintió mientras el timbre del instituto sonaba.

- Esa debe ser Kaelie – Dijo él, Alec lo miró interrogante – Maryse me pidió hablar con ella, convencerla de que les permita el paso a Edom. – Alec asintió ante la información, planeando su próximo paso, su próxima decisión.

- Escucha, esto es lo que vamos a hacer…

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- Jace cálmate – Dijo Isabelle al verlo arrojar su teléfono con frustración sobre la mesa: sin Magnus como opción, con Catarina que no contestaba, y Moon revelada como una asquerosa traidora; el rubio se estaba quedando sin opciones para abrir el portal a Edom, otros brujos en la nómina del Instituto no eran tan poderosos – Papá conseguirá ayuda de alguien del laberinto espiral.

- Seguro que Magnus puede mover algunas influencias también – Sugirió Simon; les habían contado ya lo ocurrido con Moon; Maryse estaba con ella en una celda especial del santuario donde podían neutralizar su magia. Y a medida que el minutero daba vueltas en el reloj mayor era la desesperación de Herondale: Jocelyn no dejaba de marcar a Alacante intentando comunicarse con Jia, mientras que Luke había reunido ya toda la ayuda que la manada podía otorgarles; estaban listos excepto porque no tenían una llave que les abriera la puerta a Edom. – O incluso aún pueden convencer a Alec…

- No continúes por ahí Lewis – Lo interrumpió Isabelle seria – Nadie va a decirle a mi hermano las intenciones de Sebastian.

- Quizás debieron dejárselo claro a Draculín antes de dejarlo hablar a solas con Alec – La voz de Magnus fue mortal, estaba recostado en la puerta del despacho de Jace con un pedazo de papel en la mano, expresión cansada y restos de espuma de baño en el cabello y sobre la oreja; sin duda duchar y dormir a los niños no había sido tarea fácil.

- ¿Qué quieres decir? – Saltó Isabelle de inmediato.

- Que tu novio le sugirió a Alec que fuese a entregarse en bandeja de plata a Sebastian – Lo acusó Magnus, dirigiéndole una molesta mirada a Simon. – Un golpe bajo Lewis.

- ¿Qué tu hiciste qué? – Isabelle se giró hacía Simon golpeándolo con molestia; el vampiro se irguió lo más dignamente que pudo.

- ¡Alec tenía derecho a decidir!

- Tu no solo le dijiste que Sebastian lo quiere – Siseó Bane – Le exigiste que se entregara a Sebastian – Bufó – Y yo pensando que eras mi amigo.

- ¡Es mi hermano! – Gritó Isabelle furiosa, sus ojos refulgían de ira y Simon estaba seguro que si sobrevivía a la guerra, Isabelle lo machacaría.

- Es mi mejor amiga – Se defendió él.

- ¡Voy a matarte! – Chilló la mujer desplegando su látigo. Simon retrocedió dispuesto a emprender la retirada.

- No tiene sentido que hablemos así – Comenzó dispuesto a marcharse – Cuando te calmes…

- Ya basta -Intervino Jace finalmente entre frustrado y enojado – Alec nunca ha necesitado que nadie le sugiera nada para decidir irse con Sebastian ¿No? – Preguntó amargamente.

- Exactamente – Exclamó Simon dándole la razón. Isabelle chilló furiosa, tomó uno de los portalápices del escritorio de Jace arrojándoselo al rubio antes de lanzarse sobre Simon. El vampiro se apresuró en esquivarla, escapándose de la chica, saliendo del despacho de Jace a prisa.

- Déjense de tonterías y vamos a centrarnos en lo importante– Gritó Jace golpeando con el dedo índice el mapa de las llanuras de Edom que le habían enviado del laberinto espiral, desplegado en su escritorio; pero su hermana y el submundo lo ignoraron. Jace chilló furioso, sintiendo las ganas de voltear su escritorio de una patada: le frustraba sentirse el único que estaba realmente angustiado por su pelirroja.

- No es justo que trates así a Alec por algo que dijo Moon solo para discordar. – Comentó Magnus con un suspiro cansado; Jace se restregó el rostro: realmente no tenía ánimos para lidiar con tantas cosas.

- ¿Es mentira? – Preguntó. Magnus dudó, pero finalmente negó con reticencia, como si le costase, o más bien no quisiera admitirlo en voz alta. - ¡Entonces no lo defiendas! – Le espetó, con el sentimiento de traición a flor de piel – ¿Cómo puedes estar con él cuando…? – Estranguló la expresión - Tu menos que nadie deberías…

- Yo menos que nadie estoy feliz con lo que Alec y Sebastian hayan hecho – Admitió y su voz era mortalmente seria – Y sinceramente, el estado de nuestra relación no es tu problema Jace; pero no puedes solo hacerlo a un lado porque es tu parabatai y él no tiene la culpa de lo que está pasando con Clary.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro? – Preguntó, y su tonó decayó un tono, cubriéndose de amarga incertidumbre – Pasamos los últimos cinco años junto a él en esa celda ¿y lo primero que hace al salir es irse con Sebastian? – Jace podía sentir el dolor de la traición completamente arraigado en su pecho y por un segundo se permitió dejar a un lado su preocupación por Clary - ¿Cómo puedes asegurar que no está con él, de su lado, otra vez? ¿Que no está engañándonos…engañándote?

- Porque confío en Alec – Dijo seguro; no iba a negarlo, había tenido las mismas dudas de Jace, los mismos temores; pero le había creído a Alec, cuando hablaron en Buenos Aires, había visto en sus ojos azules el amor que sentía por él, había visto sinceridad y había decidido creerle – Y tú también deberías – Le riñó. – Especialmente ahora que lo necesitas a tu lado más que nunca: no hagas a un lado a tu parabatai, Nefilim.

- Jace no dijo nada, solo lo observó, escuchando como llamaban a la puerta, pero lo ignoró. Realmente no sabía que creer de Alec, y tenía miedo de pensar demasiado en ello, de pensar que, si Alec se volvía a besar, acostar o lo que fuera con Sebastian, solo significaba que en el fondo nunca dejó de estar con el demonio y peor aún, que al igual que Max, podría estar ayudándolo; y si era así, no lo perdonaría, no esta vez, no cuando Clary estaba en riesgo en manos de aquel demente.

Miró a Bane, Jace había admirado hacía cinco años, toda esa fé, esa confianza del brujo hacía Alec: incluso cuando ya nadie confiaba en él, ni Maryse y Robert, o Isabelle y el mismo Jace, Magnus siempre estuvo allí para defenderlo; y justo ahora parecía repetirse la historia y el rubio no pudo evitar preguntarse amargamente si toda esa confianza no le estallaría en la cara al brujo.

- Magnus… lo siento – Se disculpó de pronto, el brujo volteó a verlo notando lo terriblemente cansado que estaba Jace. No pudo evitar sentir simpatía por el muchacho: él sabía lo que era que el amor de su vida fuese secuestrado por un maniaco.

- ¿Por qué…?

- Lo que pasó hace un rato… la posición ventajosa en que estaba Moon… es mi culpa – Dijo – Intenté mantenerme al margen de tu situación con Alec, pero aun así te hice a un lado de los asuntos del instituto – Se explicó – Me molestaba toda esa idea de tú con "el otro" y luego cuando se supo que era Max… debí confiar en ti, todos debimos hacerlo porque nunca has hecho más que amar y confiar en Alec, aunque no siempre lo merezca.

Magnus lo miró boquiabierto: él no había esperado una disculpa de los nefilims por como lo trataron; después de todo, aunque parcialmente agradables, seguían siendo nefilims. Pero ahora que escuchaba las disculpas de Jace, no pudo evitar pensar en cuanto le había herido la forma en que los Lightwoods lo habían tratado, rechazándolo sin detenerse siquiera a preguntar su versión.

Intentó sonreír y recordarse que ellos solo habían intentado proteger a Alec.

- No le hagas cabeza a eso justo ahora Jace – Lo disculpó, recordando de pronto la nota en sus manos – Mejor ocupémonos de esto – Le tendió la nota, pero informó antes de que pudiera leerlo. – Catarina respondió al fin, estará aquí a primera hora para colaborar con el ritual para Max y abrir el portal a Edom.

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Llamó a la puerta, le había sorprendido ser citada al instituto y aún más por quien. Había pensado en ir sola, pero sinceramente, las cosas ahora estaban tensas entre ella y Well por lo que terminó tomando la precaución de llevar un escolta que aligerara el ambiente.

Sin embargo, no fue Well quien la recibió en la puerta sino su hermana. La Nefilim parecía disgustada discutiendo con el vampiro diurno junto a ella, pero casi al instante su expresión dio paso a la sorpresa al verla allí y luego de nuevo al enojo.

- ¿Qué haces aquí? – Espetó Isabelle.

- Mi señora, la Reina Kaelie del pueblo Seelie, fue convocada a este instituto, Nefilim – Respondió Richard por ella con prepotencia. Isabelle enarcó una ceja, pero fue el vampiro quien habló.

- Espera ¿Qué…? ¿Reina?

- Sucesora de nuestra Reina Seelie.

- ¿Y reina no tiene lengua para hablar por si misma? – Masculló Isabelle. Richard infló las mejillas ofendido dispuesto a responder con mordacidad, pero Kaelie lo contuvo alzando una mano.

- Fui convocada por Well – Y esta vez fue el turno de Isabelle de inflar las mejillas disgustada y de Simon sujetarla para que no hiciera una estupidez. La nefilim se soltó con brusquedad de su novio.

- Tu no me toques, Lewis – Siseó, volviéndose a Kaelie de forma amenazante – Y su nombre es Max – Se enderezó con una sonrisa presuntuosa - Y no puedes entrar si el jefe del instituto no te autoriza, y resulta que nadie aquí va a llamarlo. – Se dispuso a cerrar la puerta. Kaelie le dirigió una rápida mirada a Richard quien se adelantó atravesando un pie en la puerta, evitándolo.

- En realidad, solo necesito que un nefilim me habrá la puerta, y eso ya lo hiciste – Dijo Kaelie con voz fría, empujando la puerta; Isabelle intentó oponer resistencia, pero la hada tenía más fuerza de lo que había esperado siendo empujada hacía atrás, Simon se apresuró en sujetarla para que no callera. Kaelie y Richard se dieron paso en el instituto mientras la muchacha se enderezaba sacando su látigo, le importaba un comino cuan Reina se dijese ser.

- Isabelle déjala pasar – La detuvo la voz de Max. La chica estaba por replicar cuando…

- Déjala – Coincidió Alec respaldando a su hermano menor. Isabelle masculló en desacuerdo sin embargo bajó el látigo. Richard sonrió con prepotencia y un bajo "¡Ja!" asegurándose de tropezarla cuando le pasó por un lado adelantándose para, con solemnidad, anunciar.

- Su majestad, la Reina Kaelie del pueblo Seelie se dará lugar en la estancia; hónrenla como se merece Nefilims.

- Reina – Repitió Alec sorprendido, pero no más que Max quien abrió la boca completamente. El muchacho dio un paso al frente apresurándose en inclinar una rodilla en una marcada reverencia. Simon se removió incomodo al verlo: no era precisamente algo de todos los días ver a un joven sangre nefilim arrodillándose ante un submundo. Alec e Isabelle intercambiaron una mirada con claro disgusto, la de la chica no sin dejo de acusación.

- Max – Lo llamó Alec, su hermano quería ser parte de la familia, ser parte del Instituto y, sin embargo, el ojos azules acababa de darse cuenta cuan arraigado tenía al pueblo Seelie en su ser.

- Mi señora – Dijo el menor sin levantar siquiera la mirada – No tenía conocimiento de su nueva posición, de lo contrario no me habría sobrepasado convocándola. Me disculpo por mi insolencia.

- Deja de decir tonterías y enderézate Well – Dijo ella, y Alec no pudo evitar sorprenderse al sentir el cariño de la mujer por su hermano; hasta ahora todo lo referente a la relación de Max y Kaelie lo sabía por referencia de terceros y debía decir que su madre e Isabelle no habían sido precisamente los narradores más imparciales que pudo conseguir. El muchacho obedeció enderezándose – Si me llamaste para hablar, entonces hablemos – Max asintió intercambiando una mirada de duda con Alec quien imitó el gesto dándole ánimos; finalmente hizo una seña indicándole el camino a la mujer Seelie.

Ella lo siguió en silencio dejando a los hermanos y el vampiro junto a Richard, este último dispuesto a seguirlos.

- ¿Y tú quién eres? – Cuestionó Simon enarcando una ceja y deteniéndolo.

- Suéltalo Simon – Intervino Alec.

- ¿Por qué también lo defiendes a él? – Preguntó Isabelle con disgusto, pero Alec solo rodó los ojos.

- Me alegra verte de nuevo Richard – El criado por hadas sonrió soltándose del vampiro diurno.

- Lo mismo digo, Alexander Lightwood, besador de Leanansidhe.

- Besador de… ¿Qué? – Su hermana abrió los ojos perpleja y él desvió la mirada con el rostro totalmente rojo por la vergüenza ¿Era necesario mencionar eso?

- Leanansidhe – Dijo Richard como si tal cosa – Un par… atractivas, aunque sin duda no la mejor idea…

- ¿Te besaste con dos mujeres hadas? – Isabelle no cabía en sí de la sorpresa.

- Deja eso, ¿Te besaste con dos mujeres? – Simon tenía los ojos abiertos de par en par.

- Vamos Richard, te llevaré con Kaelie y Max – Los cortó Alec ignorando las preguntas y tomando del brazo al muchacho para que lo siguiera

- Bien... – Silbó Simon - Esa fue una revelación inesperada – Se burló, Isabelle lo fulminó con la mirada y sin aviso le golpeó con fuerza en el brazo.

- Todavía no termino contigo Lewis.

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El silencio entre ellos era tenso y eso lo hacía doloroso, por años la confianza fue algo implícito en la relación de ambos, la familiaridad en sus gestos, sus palabras, sus acciones; pero justo ahora se sentían torpes, como si no supieran comportarse, o definir donde estaban parados respecto al otro.

Max la guió hasta la biblioteca, Alec le había sugerido ese lugar para hablar tranquilamente. Abrió la puerta para la mujer permitiéndole el paso, siguiéndola luego cerrando la puerta tras él; solo entonces, el muchacho se permitió detallarla, Kaelie se veía regia con la diadema en su frente, una diadema que Max no pudo evitar reconocer con el brillo naranja en el interior de la piedra negra y, sin embargo, a un tiempo había algo de nerviosismo expresado en la manera en que se sujetaba las manos. Pudo apreciar también el anillo y el brazalete de Edom y tenía que admitir que después de todo lo que había pasado al robar las joyas para la reina Seelie, le sorprendía que esta se las cediera a Kaelie; por supuesto, tampoco había esperado verla en el lugar de la Reina.

- Conque la Reina – Comentó finalmente rompiendo el hielo y sin poder evitar la curiosidad - ¿Eso significa que la Reina Seelie está…?

- Viva, pero no esperamos que lo esté por mucho tiempo – Respondió ella con un deje de lamento – Los Nefilims la tienen esperando un juicio en Idris.

- ¿Qué? – Había un total desconcierto en su mirada - ¿Cómo es posible…?

- Sebastian la traicionó – Dijo con rencor, y ciertamente con intención de que Well entendiera…

- ¿A quién no? – Suspiró él restregándose el rostro, sorprendiéndola por el tono resignado de su voz. – Me alegra que Seelie confiara en ti – Admitió – Estoy seguro que harás un mejor trabajo, serás una mejor reina.

- Ella nunca te agradó, pero gracias – Dijo con una sonrisa suave. Él se estremeció…

- ¿Qué? No, yo no…

- No mientas, siempre fuiste obvio Well

- Mi nombre es Max – La corrigió con algo de riña y Kaelie lo miró con sorpresa, él bajó la mirada – Señora… - Agregó rápidamente, como si temiera haberle faltado el respeto. Kaelie sonrió con tristeza, pero solo asintió para sí misma, acercándose a él y con manos suaves lo tomó de las mejillas haciéndole alzar el rostro y mirarla.

- Esta bien, Max – Aceptó ella y él se sintió extraño, estaba seguro de nunca haberla oído llamarlo así antes. – Pero no tienes que comportarte con cautela conmigo; reina o no, sigo siendo Kaelie Whitewidow contigo, pequeño.

El muchacho contuvo el aliento al oír su nombre completo; ya lo sabía, Kaelie se lo había dicho hacía un par de años, pero el nombre completo de un Seelie otorgaba poder sobre ese Seelie, y Kaelie se lo estaba ofreciendo, a pesar de ser la reina, a pesar de lo mal que la había tratado la última vez, de cómo le había gritado que era una mentirosa, que prefería volver con Sebastian que a su lado.

Algo en su estómago se estrujó, no merecía que ella lo tratara así, no después de lo idiota y malagradecido que había sido; se desconcertó porque, de hecho, ese estrujón no era de vergüenza sino de enojo: Confiaba en él después de haberle gritado, de haberla tratado mal la última vez que se vieron, pero por los cinco años que estuvo a su lado solo lo engañó, no confiando en él en lo absoluto.

- ¿Qué se supone que significa eso? – Preguntó y Kaelie lo soltó notando la hostilidad - ¿Qué reina o no, seguirás siendo la misma que me engaña?

- W…Max – Se corrigió – Nunca fue mi intención… Realmente lamento no haber desmentido a Sebastian, haberte engañado...

- No mientas Kaelie – Dijo utilizando sus mismas palabras.

- Sabes que no puedo hacerlo…

- Eso no te detuvo.

- No le hables así Well – Richard acababa de abrir la puerta de la biblioteca dándose paso, intervino al escuchar el tono frio del muchacho. El menor iba a replicar, quizás iba a decirle que no era su problema, que no se metiera o que ese no era su nombre, pero solo bufó conteniéndose ante los disgustados ojos verde mar del mayor. – Y recuerda que fuiste tú quien le pidió a mi Reina venir aquí.

- Correcto – Aceptó Max, tenía razón, él había sido quien la llamó por petición de su madre, pero ahora había más: él y Alec tenían un plan, necesitaba dejar de lado sus sentimientos por Kaelie y concentrarse en eso – Hablemos de porque la llamé – Volvió a la formalidad. Kaelie dudó, pero asintió permitiéndole continuar - El instituto necesita que le permita el paso por el camino que lleva a Edom – Dijo – Pensaba que preguntarle sería una pérdida de tiempo, pero ya que es la reina, puede hacerlo.

- ¿Por qué lo haría? – Pregunto la mujer, había algo de rigidez en su voz.

- Porque se lo estoy pidiendo – Respondió, una respuesta clara y fría, como Feéra le había enseñado a darlas. Richard chasqueó la lengua con disgusto.

- Corregiré mi pregunta – La voz de Kaelie se escuchaba lejana, como si hubiera establecido un muro emocional, un medio de auto preservación - ¿Por qué la gente del instituto querría ir a Edom?

- Sebastian secuestró a Clary, quieren rescatarla – Dijo con simpleza. – Pero tú tienes que decirles que no puedes. – Kaelie enarcó una ceja.

- No puedo mentir. – Repitió.

- Usa a Richard entonces, él podría – El aludido se removió incomodo, no le gustaba la idea de mentir – O déjeme hablar en su nombre, yo se los diré. – Kaelie entrecerró los ojos.

- ¿Porque no quieres que les de paso a Edom? – Temía saber la respuesta, una que involucrara no querer ver a Sebastian lastimado; pero en su lugar lo que dijo, aunque esperado, la sorprendió.

- Si quiero que nos des paso, solo a Alec y a mí; pero no al resto de las personas del instituto. – La sonrisa de Kaelie se endureció.

- No – Su respuesta fue rotunda.

- ¿Qué?

- He dicho "No" – Repitió sin dejar lugar a duda.

- ¡No puedes negarme esto! – Gritó enojado.

- No voy a permitir que le grites así a tu Reina – Dijo Kaelie volviendo fría su voz – No por esto.

- ¡Es lo menos que puedes hacer por mi después de engañarme!

- ¡Well! – Exclamó Richard.

- Si Maryse o Jace quieren que mi respuesta cambie, no discutiré este asunto contigo – Bufó Kaelie con disgusto saliendo de la biblioteca con un portazo, sorprendiéndose al ver que alguien la aguardaba en el pasillo.

Max chilló frustrado dispuesto a seguirla, enojado con Kaelie por negarse y consigo mismo por no poder llevar las cosas en paz para conseguir lo que necesitaban: Maryse y Jace contaban con él, pero sobre todo Alec lo hacía; y no había podido conseguir nada para ninguno de los dos. No podía solo darse por vencido: Kaelie tenía que ceder.

Pero Richard lo detuvo sujetándolo del brazo, su expresión demostraba cuan enojado estaba. Max iba a replicar, pero el mayor se adelantó.

- Mi señora es nuestra Reina y es la mujer que te ha cuidado por cinco años, no merece que le hables así, que la trates de esa manera.

Max bufó, girándose hacía él también molesto, no tenía tiempo para eso.

- ¿Qué sabes tú? ¡Ella me engañó! Y ahora me niega…

- ¡Al diablo con eso! Ella te cuidó – Lo contradijo el muchacho alzando un poco la voz – Fuiste traído a Feéra por Sebastian Morgenstern por su alianza con la Reina Seelie, y gracias a esa misma alianza con él nuestro pueblo cayó en desgracia con la Clave, gente dictó la paz fría y nos excluyó del resto del submundo ¿Quién más cuidaría a un niño Nefilim que era protegido por él? – Max retrocedió era la primera vez que Richard lo llamaba Nefilim y no pudo evitar estremecerse.

Kaelie siempre lo había hecho sentir parte de Feéra, y aunque ella siempre estaba ahí a su lado, Max a veces se sentía como el primo lejano, el que estaba allí sin ser realmente parte de ninguna de las razas Fey, aunque si parte de la "familia"; pero con Richard había sido diferente: ellos dos eran iguales, ambos eran los primos lejanos, ambos los "criados por hadas", las "mascotas". El chico le había hecho sentir que no estaba solo al no ser el único diferente porque su contacto con los otros criados por hadas era realmente escaso ¿Acaso no había sido lo mismo para él? ¿Porque hacía distinción de su sangre Nefilim ahora?

Richard notó el dolor en su mirada y se masajeó las sienes, no había sido su intención restregarle a Well su sangre Nefilim; él odiaba que hicieran eso con su sangre Mundana, por lo que, al continuar su voz se había suavizado, mas no se disculpó.

-… ¿Crees que cualquier hada tomaría de buena gana que el niño por el que murió el duende Rask viviera tranquilo entre ellas? ¿Qué no buscarían venganza?

- Yo… eso fue un accidente… Kaelie no…

- Kaelie te protegió de ellas – Dijo serio – Yo lo sé, estuve ahí, vi cómo te defendía día a día de las demás, como se esforzó hasta conseguir que la Reina Seelie le permitiera criarte e incluso hacerte parte del pueblo Fey porque si la Reina te aprobaba ¿Quién iba a atreverse a lastimarte? Kaelie te crió y protegió como a un hijo así que no me importa como digas que te ha engañado, no te voy a dejar hablarle de esa manera.

- ¿Por qué te preocupa tanto…?

- ¡Porque las hadas somos egoístas de naturaleza Well!, y a pesar de eso cuando te miro, veo a una buena persona – Dijo, y había cierta decepción en su voz – O eso pensaba, no me hagas creer que me equivoqué y solo eres un malagradecido.

Richard se dio media vuelta saliendo de la biblioteca, dejándolo allí parado para que pensara en lo que había dicho. Tenía que darse prisa en alcanzar a la Reina Kaelie porque se suponía que lo había llevado para que la escoltara y él solo la había dejado marcharse sola.

Y sin embargo se sorprendió cuando al cruzar el pasillo la vió de pie frente a Alexander; ambos se callaron al verlo y Richard los miró con curiosidad.

- Entonces… ¿Estamos de acuerdo? – Preguntó Alec con duda y una mirada cautelosa a Richard que caminó hasta quedar junto a su Reina.

- Lo estamos – Aceptó ella, y Richard frunció el ceño al notar que no parecían precisamente aliviados por lo que sea que hubiesen acordado – Pero no puedo prometer seguridad hasta que no encuentre lo que busco. – Alec asintió consciente de eso. – Nuestros caminos volverán a cruzarse entonces, Alexander.

Richard se apresuró a seguirla cuando la mujer se dio paso por el pasillo saliendo con paso digno. Volvió una mirada interrogante hacía el hermano de Well preguntándose ¿Qué había acordado con su reina? Negó con la cabeza, si la reina no consideraba conveniente contárselo, entonces no era asunto suyo.

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Alec abrió la puerta de su habitación lentamente; debían ser cerca de las dos de la madrugada y estaba agotado, mental y emocionalmente más que física. El día había sido terriblemente largo: el secuestro de Clary, la discusión con Simon, descubrir a Moon, los sueños de Max, la amenaza de Sebastian, además de lo agotador que era de por si seguirles el paso a los niños incluso antes de que todo se saliera de control.

Y a eso debía sumarle la pequeña discusión que acababa de tener con Kaelie. Al menos habían logrado llegar a un acuerdo tolerable para ambos, pero sinceramente, eso no lo hacía sentir mejor.

Sintió el corazón detenérsele al ver a Magnus despatarrado en su cama; ni siquiera se dio el lujo de pensar en cuan adorable era que se hubiese quedado dormido de esa manera ¿Por qué estaba dormido, cierto? Y en su lugar el pánico le embargó por lo que no veía.

- ¡Magnus! – Se apresuró a él zarandeando al brujo para despertarlo – Magnus…

- Ummmm…sih… me encanta Dubái – Masculló el brujo entre sueños; el Nefilim sintió algo de alivio al oírlo, pero rápidamente lo zarandeó con más fuerza.

- ¡Magnus! – Gritó. Bane abrió los ojos sobresaltado, pero ni siquiera tuvo tiempo de ubicarse cuando Alec ya preguntaba - ¿Dónde están los niños? – No podían estar en peligro, Sebastian les había dado hasta el día siguiente, ¿Por qué darle un plazo si iba a secuestrarlos antes?

- Alec ellos…

- Buscaré conque rastrearlos – Dijo a prisa maldiciendo porque no tenían ningún objeto personal de Rafael, aunque quizás podían intentar con la foto de sus padres que conservó de Buenos Aires. Las cosas de Maxxie, todos los juguetes que se llevó de la ciudad de hueso, estaban en su habitación y era hacía allá a donde se dirigía.

- Alec los niños están... – Pero el nefilim no esperó a escucharlo. Magnus abrió los ojos, perplejo por esa reacción exagerada, apresurándose a seguirlo - ¡Alec! Max y Rafe están durmiendo en…- Alec abrió la puerta de la habitación del brujito, deteniéndose en seco, Magnus chocó contra su espalda al no esperárselo.

- ¿Se quedaron durmiendo aquí? – Preguntó sorprendido.

- Eso intentaba decirte – Dijo Bane, el ojos azules se ruborizó avergonzado por su actitud – Ninguno quiere dormir solo en sus habitaciones así que les sugerí que podían dormir juntos – El brujo hablaba bajo para no incordiar a los pequeños, y sus ojos de gato veían con cariño y una sonrisa suave como los dos pequeños estaban prácticamente abrazados, arropados con una manta de barcos pirata – Así que se quedaron aquí.

- ¿Así de fácil? – Alec no pudo evitar el desconcierto.

- Si hubieses visto lo que me costó bañarlos, no dirías que fue fácil – Alec sonrió, más que divertido estaba aliviado. Cerró la puerta con cuidado de no despertarlos.

- Lo dicho ayer, eres un buen padre; harás un buen trabajo – Lo alabó. Magnus aceptó el cumplido.

- Si te soy sincero…- Comenzó mientras ambos caminaban de vuelta a la habitación del Nefilim – Cada vez es más fácil imaginarme sosteniendo sus bicicletas mientras aprenden a andar sin rueditas – Alec se sentó al borde de la cama y Magnus se subió a esta, colocándose de rodillas detrás de él - Y eso me aterra - Agregó. Alec rió, alzando los brazos cuando el brujo tomó su franela dispuesto a quitársela por la cabeza. El ojos azules se dejó llevar, sintiendo al brujo hacerse con sus hombros masajeando con movimientos suaves pero consistentes. Alec cerró los ojos con un sonido gutural de su garganta.

- Puedes enseñarle todas esas cosas mundanas si dejas que mamá los entrene cuando tengan edad.

- Diez años no es edad para jugar con cuchillos – Contravino él; Alec gruñó algo y Magnus sonrió – Pero creo que puedo ceder un poco.

- Podrás llevarlos también de compras contigo – Ofreció Alec dejando escapar luego un suave quejido – Ah… ahí – Dijo cuándo los dedos de Magnus deshicieron un nudo en sus hombros.

- Estás muy tenso – Alegó Magnus sin detener sus movimientos – Y esa manera en que reaccionaste cuando no viste a los chicos ¿Qué pensaste? – Alec tardó en contestar: Magnus no sabía de la amenaza de Sebastian y no tenía caso angustiarlo, no hasta que fuese necesario.

- Moon – Fue su respuesta.

- Ya la atrapamos – Lo tranquilizó – Y nunca dejaría que vuelva a acercarse a ellos.

- Lo sé – Aseguró – No hay lugar más seguro para Maxxie y Rafe que contigo.

- Con nosotros – Aseguró Magnus. Alec asintió soltando otro quejido ante el dolor placentero de otro nudo en sus hombros cediendo por el masaje de Magnus – Así que deja de preocuparte tanto y relájate – Le pidió depositando un suave beso en el cuello, en ese punto donde este comenzaba y el cabello terminaba. Alec emitió un suave gemido gutural, complacido por la sensación que recibía de los labios del brujo quien volvió a besarlo esta vez un poco más abajo y luego con otro y otro, realizando un camino de besos hasta su hombro.

- Sería una lástima…- Comentó Alec volviendo la mirada para encontrarse con los ojos de gato; el nefilim sonreía de forma suave con un toque de travesura, pero Magnus pudo notar que en su mirada seguía estando presente esa sombra que la velaba, la misma que había visto antes del asunto de Moon.

- ¿Qué cosa?

- Te esforzaste haciendo aparecer una cama tan grande – Dijo – Sería una lástima no darle un buen uso a tanto espacio. – Guiñó un ojo traviesamente y Magnus no pudo evitar sonreír con alivio mientras recibía los labios de Alec en un beso suave e incitador, presionando un poco hacía el brujo para recostarlo sobre el colchón, sintiendo sus manos estrechándose en su cintura, pegándolo a su cuerpo. El menor se derritió en el abrazo, bajando sus propias manos para acariciar el cuerpo de su novio, pero encontró la molesta tela interponiéndose entre los dos; tras batallar por unos segundos con las capas de ropa que separaban su piel, Magnus finalmente se dignó a chasquear los dedos y desaparecerlas, dejándolos a ambos totalmente desnudos - Al fin - Suspiró el Nefilim, haciéndolo sonreír.

El Brujo enredó sus piernas en la cintura de su novio, pero Alec sin dejar de besarlo, tomó las bronceadas piernas, desenredándolas de su cintura y girando en la cama para cambiar de posición y que Magnus quedara sobre él. El Brujo se dejó hacer, sentándose a horcajadas sobre Alec, sus glúteos rozando sobre el miembro del chico que comenzaba a endurecerse; pero nuevamente el menor cambió su posición, tomándolo por la cadera y levantándolo con la pura fuerza de sus brazos. El Cazador de Sombras movió sus piernas entonces, sacándolas de entre las bronceadas piernas y enredándolas en la cintura de Magnus en una clara invitación.

- Alguien se ha estado ejercitando - Ronroneó Magnus una vez que sus rodillas volvieron a posarse sobre el colchón.

- O alguien ha estado haciendo dieta - Respondió Alec con una traviesa sonrisa. Ambos rieron suavemente antes de volver a besarse. Sus manos acariciando la piel del otro con pasión creciente pero no desenfrenada, era como si no quisieran perderse en las líneas de su pareja, sino como si buscaran aprenderse cada una queriendo recordarlas, descubrir en que habían cambiado desde hacía cinco años y memorizarlo.

Los dedos de Magnus se movían por cada musculo del Nefilim, disfrutando de cada línea, acariciando cada cicatriz. Mordió un poco fuerte la clavícula de Alec, haciéndolo soltar un sonoro gemido y apretar sus piernas alrededor de su bronceada cintura

- Quiero sentirte, Magnus - Le susurró al oído.

Había pasado un mes, casi cinco semanas, treinta y un días, setecientas cuarenta y cuatro horas, desde que Alec había salido de la Ciudad Silenciosa ¿Cómo es que apenas era la tercera vez que se besaban de esa forma, disponiéndose a hacer el amor?

La primera vez había sido una amalgama de urgencia, controlada con suave y exquisita lentitud, disfrutándose el uno al otro después de tener que reprimirse por cinco años; la segunda vez, en Buenos Aires, había sido la pasión embriagadora de la reconciliación; pero esta vez era diferente: no había urgencia, no había estallido desenfrenado de lujuria, sino amor y muchas sensaciones. Esta vez trataba sobre zambullirse en la piel del otro, halagar su olfato con el aroma de su pareja o embriagarse con cada centímetro que sus bocas recorrían.

-Alexander...- Suspiró Magnus, con intención de preguntarle si estaba seguro, pero Alec levantó la cadera restregando sus glúteos contra el miembro de Magnus. Ahora fue turno del Brujo de soltar un gemido de placer. Supuso que esa era una buena respuesta por parte del Nefilim.

Se separó solo un poco para poder llevar una mano entre ellos. Sabía qué hacía bastante tiempo que no era el activo, por lo que tendría que tomarse su tiempo preparando a Alexander. Apareció una buena cantidad de lubricante en sus dedos y besó suavemente los labios del Nefilim jugando con sus dedos en la entrada de él antes de empujar el primero al interior de Alec. El ojos azules soltó un siseo placentero, cerrando los ojos con deleite. Con mucho cuidado y paciencia, Magnus comenzó a meter y sacar su dedo de la entrada del menor, esperando un poco antes de introducir un segundo dedo y comenzar a moverlos suavemente. Las caderas del Nefilim se movían a la par de los movimientos del Brujo.

-Ya, Magnus, te necesito ya - Y eso era todo lo que Magnus necesitaba para moverse. Sacó con cuidado los dedos del interior del Nefilim y se acomodó entre sus piernas. Alexander arqueó la espalda, sintiendo el miembro de Magnus avanzar milímetro a milímetro con lentitud casi reverencial, llenando su interior, dándole tiempo a acostumbrarse a la intromisión antes de empezar a moverse.

Los dedos del Nefilim se crisparon aferrándose a las sabanas cuando Magnus empezó a mover las caderas, obligándose a sí mismo a mantener los ojos abiertos: quería disfrutar de la expresión del brujo, concentrado mientras sus caderas se movían rítmicamente, quería perderse en sus ojos verde-dorado rasgados como los de un gato.

- Magnus – Jadeó con un sonido arrancado directamente desde el fondo de su garganta, el brujo se estiró hacía él besando su quijada, con la misma lentitud mortal con que se movían sus caderas; Alec rodeó su cuello con uno de sus brazos, buscando sus labios con desespero como un hombre que había pasado el último mes perdido en el desierto y solo en los labios del brujo conseguiría el tan ansiado sorbo de agua.

Magnus le respondió con la misma urgencia, sus caderas aumentando el ritmo, acariciando el paladar de Alec con su lengua, mordiendo su labio inferior, danzando sus lenguas en lo que lograba hacerse con ese lugar tan ansiado en su interior. Alec gimió lo más alto que la boca de Magnus sobre la suya le permitió, empujando las caderas hacía adelante intentando profundizar cada embestida del brujo. Magnus gimió sintiendo sus uñas rasgando la piel de su espalda.

- Ah…Mags…Raziel ahí… ah…ahí… más…más rápido – Suplicó y el brujo no se hizo el de rogar; se hizo con uno de los muslos de Alec para alzar una pierna, mejorando el acceso mientras su otra mano se aferraba a las caderas del nefilim guiando los movimientos de este para coordinarlo con sus embestidas. Alec se aferró a su espalda conflictuado: no quería perder de vista a Magnus, pero tampoco quería ni un centímetro de separación entre sus pieles mientras sus cuerpos danzaban al ritmo que sus propios gemidos

- Me… Magnus… voy a venir…me – Gimoteó Alec, sus labios no habían dejado de marcar la piel del brujo. La mano de Bane que sujetaba la cadera del más joven la dejó para hacerse con su miembro acariciándolo con prisa, deslizándose con los restos de lubricante sobre su piel sensible, manteniendo el ritmo de sus embestidas.

- Está bien cariño, córrete para mí – Le susurró al oído, mordiendo el lóbulo de su oreja.

El calor en su vientre bajo brotó como un estallido en la mano del brujo, entre gemidos y espasmos, Alec mordió el hombro de Magnus quien gimió, sintiendo las contracciones de las paredes del chico a su alrededor, volviéndolo loco haciéndole acelerar, más rápido y errático en medio de la bruma de placer de Alec hasta liberarse a sí mismo.

Alec se mantuvo aferrado a él, a fin de cuenta había ganado el deseo de sentirlo cerca. Su rostro estaba escondido en el hombro del brujo, mientras intentaba regular su respiración. Los corazones desbocados de ambos apenas separados por los escasos centímetros que suponían la capa de piel de cada uno.

Magnus soltó su pierna, pero Alec no la bajó, al contrario, se aferró a la cintura del brujo con ambas impidiéndole apartarse. Magnus rió bajito, recordando que él había hecho lo mismo la primera vez que estuvieron juntos luego de que Alec saliera de la ciudad silenciosa.

- Garbancito – Lo llamó Magnus girando el rostro apenas lo suficiente para rozar su cabello. – Déjame salir cielo.

Sintió los labios de Alec besar con suavidad la piel en su hombro, el lugar exacto donde lo había mordido.

- Te amo – Susurró sobre su piel apenas rozándolo con sus labios antes de aflojar el agarre de sus piernas y brazos, permitiéndole a Magnus apartarse lo suficiente para sacar su miembro de su interior. Chasqueando los dedos para limpiar el desastre mientras se arreglaba de costado apoyado sobre su codo para poder observar a Alec a los ojos. Los dos zafiros tenían un brillo resaltado por la luz tenue de la noche. Alec le mantuvo la mirada, sus ojos conectados por un segundo antes de repetir – Te amo.

El brujo lo besó con suavidad, esta vez era un beso casto, aunque cargado de sentimiento, un beso que robaba el aliento por la intensidad de lo que transmitía. Un beso que terminó con un rápido piquito y un beso tierno sobre la nariz de Alec, quien sonrió suavemente abrazándose a Magnus, hundiendo el rostro en su pecho, inspirando el olor a azúcar quemada, sudor y sexo de su pareja – Te amo – Insistió, Magnus rió divertido.

- ¿No vas a dejas que se me olvide, no? – Bromeó, Alec negó con la cabeza sin apartarse.

- Te amo - Sus labios rozando la piel de su pecho como una suave caricia – Por favor no lo olvides – Magnus se desconcertó un poco por lo cerca que había sonado eso a una súplica - Siempre voy a amarte Magnus, siempre serás tú…

- Yo también te amo – Respondió finalmente. Se movió un poco para buscar sus labios, para rozar sobre ellos – Te amo Alexander - Fundiéndose en un nuevo beso, porque saber que los niños estaban a salvo, y estar así refugiados uno en los brazos del otro les hacía sentir que todo estaba bien, que podían ser felices el resto de sus vidas juntos; aunque con todos los problemas que les acechaba, no fuese más que una ilusión.

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Recargó una buena taza de café, había perdido ya la cuenta de cuantas horas seguidas tenía sin dormir y no veía que fuesen a acabar pronto. Había coordinado la mitad de las fuerzas de la Clave para apostarse en Copenhague, para evacuar discretamente a los mundanos, y advertir a los submundos sobre Sebastian. La otra mitad se preparaba para una posible incursión a Edom.

Tenía brujos del laberinto espiral estudiando maneras alternativas de detener, atrapar o destruir a Sebastian si los planes de Seelie y la Reina Kaelie no funcionaban, y a juzgar por su último mensaje, sea lo que sea que la mujer buscara, no estaba teniendo buenos resultados; había recibido una carta de Maryse informándole sobre Moon, la bruja estaba ahora bajo custodia de La Clave junto a la Reina Seelie, y en base a su última conversación con Jia, la Clave estaba dispuesta a reunirse en la mañana para juzgarlas a ambas. Robert sabía que no serían misericordiosos, seis institutos quemados hasta los cimientos, seis ciudades destrozadas, no les traería a ambas mujeres nada menos que la pena de muerte.

Se bebió media taza de café de un trago ignorando lo caliente que estaba la infusión. Estaba realmente agotado, y las runas de estamina en sus brazos no parecían estar teniendo efecto alguno. Aun debía asegurarse que ese hecho aislado en Los Ángeles, que implicaba a los chicos Blackthorn no fuese a suponer un riesgo inmediato, sin olvidar solicitar la asistencia de los Hermanos Silenciosos y las Hermanas de Hierro para realizar el ritual en Max y evitar que Sebastian siguiera entrando en su cabeza; y por si fuese poco, tenía las palabras de Seelie intentando ahondar en su cabeza y perforar la confianza por su hijo.

Rellenó su taza de café nuevamente, jurando que, si sobrevivía a esa crisis, se tomaría unas vacaciones bastante largas.

- Robert, Jia me pidió los informes sobre la situación en Edom, va a reunirse con los centuriones en unos minutos. – Patrick Penhallow se dio lugar en su oficina, el hombre Lightwood lo miró por un segundo, él también se veía cansado estando en todo momento al lado de su esposa. No pudo evitar sentir cierta simpatía por el hombre.

- La carpeta azul en la mesa – Dijo; Patrick asintió apresurándose en tomar los documentos indicados sin poder evitar una mirada preocupada en quien fuese su amigo desde sus días en la academia.

- ¿Estás bien? Te ves terrible.

- Un poco cansado- Le restó importancia – Imagino que Jia debe estar igual: sintiendo que debimos renunciar a este puesto cuando tuvimos la oportunidad. – Penhallow rió dándole la razón.

- No les ha tocado fácil – Admitió – Pero tú te ves peor – Esta vez fue el turno de Robert de reír considerándolo una broma, deteniéndose al notar que la mirada del hombre tenía un tono grave, obviamente hablaba totalmente en serio – Parece que fueses a caer desmayado en cualquier momento.

- Estaré bien – Aseguró alzando la taza en su dirección y dándole otro trago.

- Por favor, dime que no intentas sobrevivir solo a base de café – Lo riñó. Robert se encogió de hombros y Patrick bufó – En cualquier momento tendremos que volcarnos en una batalla, necesitas al menos una runa de estamina o te matara un rapiñador – Lo riñó. – Y mi esposa te necesita vivo.

Robert iba a replicar, pero estaba tan cansado que realmente no tenía ánimos para eso, por lo que solo descubrió su brazo mientras el otro hombre sacaba la estela. Las cicatrices plateadas de viejas runas, incluyendo las de estamina que se había colocado hacía un par de horas, lo saludaron. Cerró los ojos mientras sentía la punta de la estela en su piel, no era tan doloroso como en su infancia, pero seguía siendo molesto, por eso prefería mantener al mínimo su uso y recurrir al café, pero incluso ahora debía admitir que Patrick tenía razón. Solo esperaba que atribuyera sus ojos cerrados al cansancio.

El suave escozor conocido siguió a cada centímetro de piel que la estela recorría. Robert reconoció cuando el trazo terminaba y se tomó su tiempo antes de volver a abrir los ojos o eso intentó, porque el jadeo sorprendido de Patrick le hizo pensar que algo iba mal.

- ¿Qué demonios? – Preguntó el esposo de la Cónsul, desconcertado. Robert lo miró, pero Patrick no apartaba sus ojos de su brazo, de la runa que acababa de trazar. Robert sintió un vuelco en el estómago incluso antes de volver la mirada y verla: no era negra, el trazado estaba claro, camino a volverse una cicatriz plateada como las otras en sus brazos… cicatrices de viejas runas.

Cicatrices que no deberían estar allí.

Robert se alzó las mangas de la camisa de inmediato, todas sus runas se habían vuelto cicatrices o estaban en camino de serlo, incluyendo las que se suponía eran permanentes como la runa del don. Él no lo había notado hasta ahora, no eran las runas de estamina las que no estaban surgiendo efecto en él, ninguna lo estaba haciendo.

Tomó su estela del escritorio trazando una runa, cualquiera: una iratze, fuerza, coraje, ninguna permanecía más que unos pocos minutos en lo que iban desapareciendo.

- ¿Qué es eso? – Cuestionó Patrick de pronto, fijando la mirada en el destello naranja en el pecho de Robert, sobresaliendo de la camisa. El hombre bajó la mirada estremeciéndose al verlo, al notar y entender lo que ocurría.

- Nada – Negó de inmediato incorporándose – No te preocupes, estaré listo en caso de que la batalla inicie – Aseguró prácticamente empujando a Patrick para sacarlo de su despacho.

- Robert, sea lo que sea puedo decirle a Jia que llame a los hermanos silenciosos para que te valoren y…

- Estoy bien, no tienes de que preocuparte – Lo sacó finalmente, cerrando la puerta tras el otro hombre. Robert no se atrevió a desabotonar el primer botón de su camisa hasta escuchar casi un minuto después los pasos dudosos de Patrick alejarse, solo entonces se permitió descubrir el colgante que descansaba en su pecho.

La joya de Edom brillaba intensa y constantemente. Se la había colgado en el cuello porque le parecía demasiado riesgoso tan solo llevarla en el bolsillo y sin embargo apenas notó lo que ocurría se la quitó arrojándola sobre el escritorio. El brillo se apagó casi de inmediato y el deterioro de las runas se detuvo mientras sentía ahora sí, como la magia del ángel volvía a su cuerpo.

Miró con horror el objeto, había creído que ese efecto lo tenía solo en los brujos. Había pensado que mientras las cuatro joyas no estuviesen juntas, los nefilims no tendrían de que preocuparse. Pero se había equivocado

¿Qué magnitud tenía esa arma que Seelie le había dejado custodiando?

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El aroma a tocino frito y café recién hecho llegaba suavemente hasta él, halagando su nariz, pero estaba realmente cómodo; lo suficiente como para no querer abrir los ojos y solo acurrucarse en la cama junto al cuerpo cálido de su novio sin encontrarlo.

Magnus se removió entreabriendo los ojos buscando al nefilim de los ojos azules, notando también las bajas y divertidas risitas provenientes de junto de la cama.

- Buenos días…- Saludó al par de niños que robaban tostadas y tocino de la bandeja repleta que descansaba en la mesita auxiliar. Magnus la observó, tenía un gran plato con tostadas, tocino frito y huevos revueltos; una taza de café recién hecho y dos vasos de jugo de naranja, uno de ellos ya estaba a medio tomar. Junto a la bandeja había una pequeña flor violeta que Magnus apostaba lo que fuera a que Alec la había cortado del invernadero del instituto.

- ¡Despertaste! – Saltó Maxxie alegremente.

- Buenos días – Saludó Rafael con una sonrisa tímida mordiendo una tostada como si de un ratoncito se tratase.

Magnus les sonrió de vuelta sintiéndose un poco más tranquilo, obviamente Alexander se había despertado temprano para darle esa pequeña sorpresa; solo por eso, se dijo, no le reclamaría por ser poco más de las seis de la madrugada.

Se dispuso a sentarse recordando de pronto que cierto detalle...

- Woooa, correcto...ropa– Rió ruborizándose un poco asegurándose que la colcha cubriera bien su desnudez. Se desconcertó: hacía mucho que no se ruborizaba por despertar desnudo, algo de lo que aparentemente tendría que cuidarse de ahora en adelante con los niños rondando cerca. Chasqueó los dedos para aparecer unos pantalones de seda antes de tomar una tostada, haciendo un gesto para que Max y Rafael se subieran con él mientras hacía flotar la bandeja frente a ellos, los pequeños no esperaron una segunda invitación; Max quizás con más ímpetu del necesario, casi volcando el desayuno.

Magnus tomó una tostada colocándole algo de huevo revuelto y tocino encima antes de darle un mordisco y acompañarla con su café, escuchando a Maxxie cantar y a Rafael reír, era un desayuno perfecto excepto porque faltaba la persona que lo había preparado.

- ¿Dónde está Alec? – Preguntó a medio masticar ofreciéndole a Rafael algo de tocino para que acompañara su tostada.

- Dijo que tenía que arreglar algo con el tío Jace – Dijo el brujito azul tomando de su jugo sin hacer demasiado caso y agregó rápidamente – Y le enseñó a Rafael una palabra nueva – Informó emocionado.

- ¿Ah sí? – Cuestionó con una sonrisa, preguntando en español - ¿Qué te enseñó Alec?

- Pa…pá – Dijo Rafael alegremente en inglés – Papá – Repitió orgulloso de sí mismo. Magnus sintió que el corazón se le detenía al escucharlo.

- ¿Le enseñó a llamarlo papá? – Preguntó con una sonrisa; Max negó llenándose la boca con tocino hasta apenas poder hablar.

- P… Alec – Dudó - Nos dijo que te llamáramos papá – La sonrisa de Magnus vaciló.

- ¿Alec? – Cuestionó, Max no había dudado ni un segundo en llamar al ojos azules "papá" desde el momento en que este lo llevó consigo ¿Por qué llamarlo ahora solo "Alec"? Si le estaba cediendo el título de "Papá" ¿Porque Maxxie no lo llamaría con alguna variación de la palabra? Rafael volvió la mirada a Magnus al escuchar que mencionaba al nefilim.

- Estaba triste – Dijo el latino – Parecía asustado, pensé que la bruja había vuelto – Se estremeció ante el recuerdo de Moon – Luego nos hizo el desayuno – Sonrió alegremente, pero Magnus había palidecido sintiendo de pronto una opresión en el pecho que se parecía muchísimo al miedo. El brujo se desplazó en la cama, sintiendo una capa de irrealidad acompañada por un zumbido en sus oídos.

Alec estaba triste…

Les pidió que llamaran papá a Magnus en lugar de a él…

"Harás un buen trabajo"

"No hay lugar más seguro para Maxxie y Rafe que contigo"

¿Porque solo él? ¿Porque no ambos?

"Puedes enseñarle todas esas cosas mundanas si dejas que mamá los entrene cuando tengan edad"

¿Porque debía ser su madre quien los entrenaría?

"Te amo, por favor no lo olvides"

¿Porque lo olvidaría...?

Maldijo sonoramente incorporándose a prisa; había sido tan idiota, ¿Cómo no se había percatado que algo iba mal? Alec estaba actuando tan extraño, se había excluido del futuro de ambos, del futuro de los niños en cada comentario; y él había elegido ignorarlo con la falsa ilusión de que todo iba bien.

- Maldición – Repitió Rafael inocentemente.

- ¡No repitas eso!

- ¡Maldición! – Dijo también Max alegremente.

- ¡Maximum! – Lo riñó – Quédense aquí, debo… hablaré con Alec – Dijo saliendo a prisa; casi se resbala al cruzar el pasillo a la carrera; tenía que darse prisa, evitar que Alexander hiciera cualquiera que fuera la estupidez que estaba pensando, una estupidez que resonaba en su cabeza como un reclamo con la voz de Simon.

No encontró a Alec en el pasillo, ni en la cocina o en la biblioteca; estaba por buscar en la sala de entrenamiento, ya con un agujero en el estómago cuando el revuelo en el ascensor lo detuvo. Fue Jace el primero en salir, el rubio llevaba sujeto por debajo de los brazos a un Max inconsciente, ayudado por Simon. Isabelle salió del ascensor tras ellos, la chica estaba pálida, pero intentaba tranquilizar a su madre que parecía totalmente ida.

- ¡Magnus! – Fue Jace el primero en notar su presencia. – Necesitamos tu ayuda, Max.

- ¿Dónde está Alec?

Y sus palabras solo lograron alarmarlos aún más, porque ninguno sabía la respuesta a esa pregunta.

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Sebastian observó la hora en su reloj de muñeca, era medio día allí, lo que significaba que en New York apenas pasaba de las seis de la mañana. Sonrió con expectativa fijando su mirada el instituto de Copenhague mientras fruncía el ceño. Estaba vestido como un mundano cualquiera con una chaqueta con capucha que ocultaba su rostro de las miradas, fundiéndose entre las sombras de un callejón aledaño, ante el caos cotidiano de una gran ciudad a pleno medio día, era un caos "tranquilo", ordinario, pacifico, y él quería acabar con eso; quería desmoronar esa sensación de seguridad, hacerlos sentir el miedo y la desesperanza, que los mundanos descubrieran que no estaban solos en el mundo y que los nefilims entendieran de una vez por todas que no eran los salvadores de la humanidad.

Bufó, notando a los centuriones dispersados por la calle, sabía lo que eso significaba: el instituto estaba en alerta esperando su ataque, no pudo evitar preguntarse si habrían descubierto al fin el patrón o el llorón de Max les habría advertido de cuál era su próximo objetivo; estaba casi seguro de esto último, la clave presumía de su grandeza pero no eran más que un puñado de idiotas que no veían lo que tenían justo en frente; sonrió de lado con burla; porque esta vez, que lo esperaban, tendría que decepcionarlos y dejarlos esperando:

No había podido atravesar los caminos de Feéra junto a su ejército y no había podido contactar a Moon para que le abriera un portal, por lo que su única opción para llegar hasta allí había sido gracias a su anillo, una opción poco practica para trasportar a todo un ejército cuando solo podía movilizar a unos pocos con cada viaje.

Sabía que todo eso era debido a los nefilims, descubriendo sus planes o siendo Max quien los delatara, ellos estaban moviendo sus cartas; seguramente había hecho algún trato con Seelie, y habían descubierto a Moon capturándola; los idiotas estaban tomando iniciativa o al menos eso esperaba porque sinceramente tener a Clary encerrada y torturarla con ayuda de algunos demonios se estaba volviendo aburrido. Quizás tener a su hermana en su poder había sido lo que deseaba al principio, pero ya no; Clarissa no podría importarle más que el resto de la Clave.

Solo le importaba una persona.

Sebastian escuchó los pasos acercándose directo hacía él y sonrió, no tenía que girarse para verlo porque sabía perfectamente quien era, a pesar de sus planes de ataque frustrados, había acudido Copenhague con la única intención de verlo; por lo que cuando habló, su voz sonaba realmente complacida.

- Te estaba esperando, Alexander.

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¿Qué les pareció?

Ay Alec, ¿Realmente es buena idea ir con Sebastian? ¿Y que será eso en lo que se puso de acuerdo con Kaelie? Esa despedida de Magnus rompió mi corazoncito. Por otro lado, Robert es cada vez más consciente del alcance de las Joyas de Edom y el peligro que representan u.u

El próximo capítulo se llamará "Prisionero" creo que es obvio el porqué; habrá un par de flash backs para aclarar algunas cosas de este cap, y será la última vez que veamos a Jonathan.

Nos leemos pronto

Besos :3