Chat Noir es un gato contento con la vida. Ha tenido una gran tarde y ya sabe quién es la dueña de sus quincenas. Nada hará que su buen humor se arruine. Ni la Bruja ni nada… Matagot en cambio, está demostrando ser algo… gruñón y aprensivo. ¡Ternurita! ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!
Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIA
Sugiero uso de pelotita antiestrés y/o pañuelitos. Podría contener spoilers de la tercera temporada.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
Capítulo 9: Cosas de Gatos
Techos de París.
Esa noche. Viernes, 22:56 hrs.
¡Estaba feliz! Era una sensación que le fascinaba y que no se había sacudido en toda la tarde, desde el momento preciso en que por fin abrazó a Marinette y ella le había correspondido. Como que todos los nervios se le habían desaparecido de un plumazo y hasta se había energizado con todo. ¡Hasta incluso pudo comer tranquilo! Ciertamente sus preocupaciones seguían allí, pero se sentía tan a gusto con la vida que hasta parecía que sus problemas estaban al otro lado del mundo y de momento no lo molestaban. ¡Ya tendría tiempo de ocuparse de esos temas luego! Ahora disfrutaba el momento.
Se detuvo sobre una saliente y se sentó relajado, pero siempre presto a dar un salto si llegara a necesitarlo. Miró a la luna y sacó pecho, dejando brotar una enorme sonrisa en su rostro. Acababa de dejar a Marinette en su casa: pasaron casi toda la tarde juntos conversando de cualquier cosa, en especial de todos los momentos en que casi habían descubierto la identidad del otro y que no lo habían hecho. Eran compañeros y ahora novios, pero además, cómplices y colegas. Solo les faltaba conocerse y acompañarse más. Tenían mucho por crecer todavía, pero bueno, ¡un día a la vez!
Sin duda que el maestro Fu no iba a estar nada contento con ellos, pero ¿de qué importaba ahora? Ellos no habían sido quienes revelaron sus identidades, sino que fue otro el motivo. Y lo hecho, hecho estaba. ¿Qué les podría pasar? ¿Qué les quitara los miraculous? Era una posibilidad, pero ¿qué conseguiría con eso?
Chat Noir se rascó una oreja y maulló casi sin querer. Se puso de pie y estiró los brazos todo lo que podía. Pocas cosas podrían arruinarle el humor en ese momento, como por ejemplo un akuma, pero tenía la impresión de que esa noche no habría akumatizados en París.
– Hmm… –
¡Epa!
El muchacho pareció mirar hacia atrás solo son los ojos. Sus orejas parecieron moverse inquietas y la cola se movía con descaro. El como sucedía eso no tenía idea, pero no se lo cuestionaba: como que ese cinturón le daba más información sobre su entorno de lo normal y eso siempre lo favorecía. Por eso no le gustaba cuando tenía que sacárselo: como que quedaba cojo.
– ¡Hora de irse! –
Chat Noir pegó un salto y se dejó caer edificio abajo, quebrando su caída en las distintas salientes y balcones con destreza felina. Llegó al suelo rápido, pero ileso, mas no se detuvo y echó a correr por las calles cercanas esquivando a la gente igual que un gato. Quienes lo veían pasar, no reprimían su sorpresa, ya fuese exclamando de asombro o sacándole fotos, si es que alcanzaban a sacar su celular. Se introdujo por los callejones cercanos y escaló varias paredes y postes en lo que ascendía hacia los techos, solo para repetir la jugada y dejarse caer de sorpresa hasta el nivel del piso. A veces retrocedía por el mismo camino o cambiaba de dirección bruscamente, con maniobras juguetonas que por momentos parecían burlarse de la gravedad o del espectador ocasional.
Es que Chat Noir quería alejarse lo más posible de la panadería, en donde ahora sabía que dormía su lady, su princesa. Si iba a pasar algo, pretendía que fuera lo más lejos posible de allí. Marinette había tenido un día largo y necesitaba descansar.
Porque Chat Noir sabía que lo estaban siguiendo y muy de cerca, alguien muy persistente y peligroso. No podía darse el lujo de pelear cerca de su familia. Eso explicaba lo errático de sus movimientos.
– Creo que por aquí está bien–. Dijo en voz alta, al llegar a otro extremo de la ciudad, lo más alejado que pudo de los lugares que le importaban. Desde allí, podía ver el Arco del Triunfo a la distancia.
Se detuvo sobre una chimenea, sentándose igual que un gato, incluso moviendo la cola. Estaba relajado y distraído, al menos en apariencia. Disfrutaba de la noche y de su felicidad, así como también lo divertía el ejercicio que acababa de hacer. Esa noche, cuando llegara a casa y por fin se durmiera… descansaría como gato de chalet por todo lo que no había descansado en semanas.
Su oreja de gato derecha se movió un poco. A simple vista parecía como si se hubiera sacudido una comezón. Chat Noir no se movió y siguió con la misma actitud, pero sus ojos se tornaron afilados, tensos… prestos…
– ¡MUERE! –
Alil Issor lo atacó por la espalda con su báculo. La mujer se dejó caer con todo el peso del arma y el suyo propio contra aquella chimenea, que destruyó con gran estrépito. La mujer no pudo evitar la sorpresa cuando al despejarse la polvareda, Chat Noir no estaba ahí. De inmediato se puso en guardia.
– ¡Linda noche! ¿No lo crees, Lila? – Le dijo de pronto Chat Noir, a sus espaldas, en tono burlón, sonriéndole como el gato de Cheshire. – Sería una lástima que alguien esquivase tu golpe. –
– ¡¿Quién te crees, infeliz?! –
La mujer arrugó la nariz y nuevamente se lanzó contra Chat Noir. ¡¿Sabía Quién era Ella?! ARGH. Matagot seguro lo había puesto sobre aviso el hijo de su p… ¡Aish! No tenía tiempo para eso. La Strega blandió su báculo e intentó golpearlo. Chat Noir bloqueó un par de veces sus golpes, asumiendo de momento una postura defensiva. Necesitaba saber qué tipos de golpes usaba su contrincante y hasta qué punto podía llegar antes de atacarla con todo. Estudia a tu enemigo, le había dicho una vez su lady: era hora de aplicar el consejo.
Bueno… sabía hasta qué punto podía llegar esta loca: después de todo, había matado a sangre fría.
– ¡Quédate quieto! –
– ¡No gracias! Me apasiona no recibir golpes. –
– ¡Si te quedas quieto no te dolerá tanto! –
– ¿Eso qué tiene de divertido? –
– ¡No te burles, Wayhem querido! –
– ¡OOoooh, me lastimas! ¡Mis chistes no te divierten! –
¿Wayhem? ¿Por qué la Strega lo llamaba Wayhem? Nota mental para preguntarle después a sus hijos, si es que los veía de nuevo.
Chat Noir ignoró a Lila y siguió evadiéndola, en lo que estudiaba sus movimientos y buscaba puntos débiles. Era una adversaria difícil, pero no imposible de manejar. No obstante, pronto comenzó a detectar el patrón en sus golpes y con ello también se dio cuenta que la Strega parecía estar ocultando algo.
– ¡Quédate quieto y dame tu miraculous! –
– ¡¿La edad te hizo cegatona?! ¡Estoy justo aquí! Ven por él. –
– ¡GATO RIDÍCULO! –
– ¡Gracias! ¡Me esfuerzo! –
Lila dejó caer el báculo al suelo con fuerza. Ni bien rozó la superficie, se dividieron en dos por la mitad y rebotaron a las manos de la Strega casi por arte de magia. Los ojos de la mujer se tornaron blancos y brillantes y una energía maliciosa brotó de ella. A Chat Noir se le pararon los pelos de la nuca, pero no se dejó intimidar, sino que sacó las garras y siseó amenazador. No era el momento de desconcentrarse: los golpes de Lila se tornaron más certeros y destructivos.
– QUÉDATE. QUIETO. DE. UNA. VEZ. –
– ¿La vejez te está afectando? Creí que querías mi miraculous. –
– ¡¿A QUIEN LE DICES VIEJA?! –
– ¡Oh, perdone usted, señora! –
– ¡¿Señora yo?! ¡No me llames señora! ¡Soy Mucho Más que ESO! – Alardeó Lila con aires de grandeza. Chat Noir aterrizó sobre una saliente, adoptando la pose más burlona y felina que pudo.
– ¿Anciana entonces? –
El aire alrededor de Lila dio un latido que hizo vibrar el edificio sobre el cuál estaban luchando. Los ojos de la mujer brillaron con fuerza y se notó claro el tic nervioso en uno de ellos. Al parecer la mujer tenía algunas trancas relacionadas con la edad. ¡Bien! ¡Podía usar eso a su favor!
– ¡MOCOSO INSOLENTE! ¡TE ENSEÑARÉ A RESPETAR A TUS MAYORES! –
Lila invocó una esfera de energía que disparó hacia Chat Noir, quien la bateó de vuelta con su bastón, golpeando a la mujer. Esta retrocedió unos metros, pero no cayó al suelo, sino que lo atacó de nuevo con esferas similares sin perder más tiempo del necesario. El miraculous de la mariposa dio entonces un débil brillo y Chat lo pudo distinguir muy bien de entre las ropas de la mujer. También pudo distinguir dos miraculous más, que parecían estar insertados en la piel de la bruja.
– ¡HSSSSSSS! – Le siseó.
– ¿Se te acabaron las bromas, Wayhem? –
– ¡Nunca! –
– No pareces sorprendido que conozca tu identidad. ¿Acaso no te preocupa que pueda ir tras los…?–
¡Wayhem otra vez! Definitivamente tenía que preguntar a qué se debía eso.
Chat Noir cargó contra la mujer. Esquivó el golpe de una de las secciones del báculo y golpeó a Lila en la garganta con su bastón, aprovechando el descuido de la mujer. Ahora que sabía atacarla, no dudaría en hacerlo: bien que podía burlarse de ella, pero no era idiota y se daba cuenta del peligro que revestía. Los golpes que intentaba asestarle la Strega causarían mucho daño si dieran en el blanco, por lo que tenía que evitar que lo lastimase a toda costa. Siguió dándole golpes, y esquivando otros. Chat Noir llegó incluso a utilizar sus garras, pero sin éxito. En cuanto a técnica, él llevaba las de ganar, pero Lila tenía más fuerza que él. ¡Le podía ganar! Pero no iba a ser fácil: le tomaría al menos una hora y no sabía si sería capaz de resistir.
¡GOLPE!
– ¡ARGH! –
Un bastón le pegó a la Strega en la nuca. Matagot la atacó por la espalda y se unió a la refriega con particular entusiasmo. A diferencia de Chat Noir, Louis no tenía pudor alguno en asestar golpes más mortíferos. Pronto los tres estaban entrelazados en una coreografía complicada de golpes, bastonazos, mazazos y zarpazos que en un principio no parecían llegar a nada, pero que poco a poco comenzó a dejar a Lila en desventaja.
– ¡¿Acaso no les da vergüenza atacar dos contra uno?! –
– Nope. ¡Y Fallaste! –
– No, para nada. – Dijo Louis, hablando por primera vez desde que había llegado.
– ¿No te da vergüenza atacar a traición, vieja menopáusica? –
– ¡¿CÓMO TE ATREVES, MOCOSO INFELIZ?! –
La Strega intentó sujetar a Chat Noir del cuello, pero éste le dio un zarpazo y cuál gato feral la atacó harto ya de tanto juego, logrando empujarla contra una chimenea cercana, que apenas aguantó el embiste. La Strega entonces juntó las manos y murmuró algo que no pudo descifrar: una energía muy oscura flujo de sus manos y los tres miraculous que utilizaba comenzaron a brillar. Chat Noir, curioso, entrecerró los ojos y permaneció atento, pero Matagot reaccionó. ¡Conocía ese truco!
– ¿Qué trampa se te ocurrió, Bruja? –
– ¡APARTA! –
Matagot le dio un empujón a Chat Noir, apartándolo en el momento en que cientos de cuchillas surgían del piso con ansias asesinas y se disparaban hacia arriba a toda velocidad. Si no hubiera quitado a su padre, sin duda éste habría resultado muy malherido. El mayor entonces se impulsó sobre sus pies cuál resortes y embistió a la bruja con las garras desplegadas. Sin embargo, Chat Noir no hizo preguntas y también se lanzó contra la mujer. Padre e hijo se aprestaron para golpear a Lila al mismo tiempo.
– ¡PAR DE INFELICES! –
Lila les lanzó una onda de poder que los arrojó lejos, y solo sus reflejos impidieron que los lanzase por el borde del edificio directo a la calle. Rápidamente ambos gatos se pusieron en guardia, y atacaron de nuevo, para así no darle respiro a la Strega. Un sonido sordo se apoderó el ambiente y Lila encendió sus ojos en color rojo antes de desvanecerse como si nunca hubiera estado ahí. Matagot se quedó quieto, mientras Chat Noir, más alerta que nunca, buscó con la mirada a su alrededor, como esperándola verla en cualquier lado.
– ¿Desapareció? –
– Eso creo, no me confío. –
– ¿Le brillaron los ojos de algún color?
La pregunta de Matagot aterrizó a Chat Noir. Este se volvió hacia su hijo y se acercó a él, notando sus orejas enhiestas y que se movían en todas direcciones, como radares que buscan amenazas. La cola se mantenía tensa, presta… y eso que era un vil cinturón igual que el suyo. Supuso que así se orientaba: cualquiera que lo viera pelear, dudaría de su ceguera, sin duda.
– Sí… como de color rojo. – Chat Noir se detuvo pensativo. – Durante la pelea le brillaron de blanco, ahora que lo pienso. –
– Oh, ya siento. –
– ¿Ya sientes? –
– Diría ya veo, pero eso sería mentir. –
– Pues sí. ¿Y qué sientes? –
– Esa bruja debió quedarse sin energía. –
– Pero no sentí que estuviera usando los miraculous. –
– No los usa mucho, a menos que necesite akumatizar a alguien – Explicó Louis– Pero se aprovecha de los miraculous para ganar energía y así poder usar sus hechizos. –
– ¿Hechizos? –Adrien rodó los ojos– Eso explica mucho. ¿En qué momento se hizo bruja? –
– Rossi pasó un tiempo en la cárcel después de la secundaria; se metió en un lío bien feo y como ya era mayor de edad, tuvo que asumir. –Explicó Matagot a regañadientes– Luego de eso se fue a Italia, a casa de familiares en donde pasó varios años antes de volver a Francia. Supongo que fue entonces que se convirtió en una. –
– ¿No tiene energía ilimitada? –
– Nope. Por eso se ayuda con los miraculous. Aunque… desde que vino a este tiempo, se queda sin energía más rápido y le cuesta recuperarla. Seguro no la veremos en tres o cuatro días. –
Matagot estiró las extremidades y la espalda, tratando de elongar su musculatura todo lo que podía. Inconscientemente y sin ponerse de acuerdo, o fijarse, Chat Noir hizo lo mismo y los dos al unísono se rascaron la nariz y acicalaron el cabello sin darse cuenta. El menor se apoyó en su bastón:
– No parecía sorprendida de verte. –Le comentó curioso, ladeando la cabeza– ¿Hace cuánto que sabe que están aquí? –
– Hemos tenido algunos encuentros estas semanas. –Matagot sonrió cómplice– No le hizo nada de gracia verme. Todavía no se percata que Emma está aquí (y espero que no suceda). –
– ¿Algún motivo en especial? –
– No debe saber que mi hermanita existe. MENOS que somos hijos tuyos. –
Matagot relajó la postura y se encuclilló en el suelo. Parecía estar orientándose, por lo que Chat Noir esperó unos instantes antes de hablarle de nuevo. Se puso de cuclillas junto a él eso sí, en silencio, notando al cabo de un rato que su hijo estaba muy pendiente de él.
– ¿Cómo han estado? De pronto ustedes dos desaparecieron –Adrien buscó con la mirada a su alrededor – ¿Y Emma? –
– … En Les Invalides. Anda escaneando el interior del edificio y huyendo de los guardias. Como el gato y el ratón. –
– ¿Y? –
– ¿Y qué? –
– ¿Todo bien? –
Matagot se pasó la mano por la nuca y se revolvió el pelo, pero no respondió. No parecía estar mal en todo caso, pero sí lo notó cansado e incómodo. ¿Pueden culparlo? No sabía bien cómo actuar. Se puso de pie y lo imitó rápidamente.
– ¿No tienes clases mañana? –
– Es sábado, pero tengo sesión de fotos en la mañana. –
– ¿Modelas en serio? –Preguntó Matagot perplejo. Chat Noir asintió.
– Sí, pero estoy acostumbrado. –Respondió Adrien, mientras se pasaba una mano por la nuca y se revolvió el pelo. Le daba la impresión de que Louis se reservó varias palabras… o que no sabía cómo dirigirse a él.
– Bueno… me voy…–
– ¡Hey! –Lo atajó con rapidez– ¿No quieres acompañarme a casa? Está lejos. –
– Creo que te sabes cuidar solo. –Le dijo Louis aprensivo. De nuevo, algo faltaba en esa oración.
– Ah sí, pero… algo me puede pasar de regreso a casa. –
– ¡No te va a pasar nada! –
– ¿Seguro? –
– Seguro–. Afirmó Louis, dándose cuenta de que Adrien no quería que lo cuidaran, pero sí pasar más tiempo con él.
No supo qué pensar sobre eso.
– Ahora no me iba a pasar nada, tenía todo bajo control. –Comentó Adrien a la pasada– ¡Y ya ves la guerra que dio esa bruja! Aunque esperaba más desafío…–
– ¡Ni digas eso que no sabes lo mañosa que es esa mujer! –Intervino Matagot bastante alarmado– La Strega es más peligrosa de lo que aparenta y los ha estado rondando mucho a… a… a ustedes dos. –Matagot infló las mejillas.
Como que le daba cosa tratar a Adrien y a Marinette como papá y mamá… era natural, pero al mismo tiempo no.
– ¡Nah! Lo estaba manejando. –
– No, Chat Noir: no lo estabas manejando. –
– ¡Claro que sí! Es más, creo que me quedaré fuera un par de horas más para buscarla y acabar con ella. –
– ¡Pero desapareció! Va a estar escondida unos tres días en lo que recupera su fuerza. –
– Momento perfecto para buscarla y acabar con ella, ¿no lo crees? –Adrien se puso el bastón sobre sus hombros y sujetó los extremos con sus manos– ¿No te parece buen plan? Puedes acompañarme si gustas. –
– Prefiero que te vayas a casa… donde sea que ésta esté. –
– Claro… eventualmente iré a casa. ¿Me acompañas? –
– ¿Por qué quieres que te acompañe? –
Chat Noir solo suspiró, sin poder explicar por qué quería pasar el rato con Matagot, pero por lo visto no le había resultado su chantaje emocional. Miró hacia la ciudad, en la dirección que debía tomar para volver a su casa. Se acercó al borde y se dispuso a marcharse. No iba a obligar a nadie, menos a Matagot, quien por alguna razón parecía reacio a estar con él. Tomó aire y emprendió la marcha por los techos de la ciudad, tomando una buena velocidad, haciendo todo tipo de acrobacias en el intertanto. Al cabo de 10 minutos, justo cuando aterrizó sobre un techo, sintió como Louis aterrizaba junto a él a poca distancia.
– Me había olvidado lo rápido que eras. –
– ¿Ah sí? –Adrien sonrió para sus adentros– También eres rápido. –
– No tanto como tú y estoy en desventaja. – Matagot apretó la mandíbula en señal de frustración – Tengo que estudiar más mis saltos. Este París no es el que tengo memorizado. –
– Pues… toca memorizarlo de nuevo. ¿Echamos una carrera? –
– … –
– ¿Qué dices, Matagot? –
– No sé dónde vives. –Confesó el mayor perplejo.
– Sígueme entonces. Así sabrás donde, vivo, memorizas algunos techos y aprovechas para visitarme luego. –
Chat Noir ni siquiera se cuestionó porqué Matagot no sabía información tan básica como la ubicación de la mansión Agreste, pero no quiso preguntar. Tampoco le interesó en todo caso. Lo importante en ese momento era que su muchacho supiera donde vivía y como llegar, en caso de cualquier cosa.
– Hmpf. –Sintió que refunfuñaba Louis.
Jejeje. Chat Noir estaba tan contento esa noche que no le afectó nada. Reinició la marcha de regreso saltando por encima de casas y edificios, sin bajar la dificultad de sus maniobras. Llegó finalmente hasta la mansión Agreste y saltó hacia el muro que quedaba más cerca de su ventana, en donde calculó la distancia. Matagot aterrizó al poco rato.
– ¿Qué es este lugar? –
– Mi casa. –
– Se siente como una fortaleza. –
– ¡Y que lo digas! –Rezongó Chat Noir rodando los ojos al cielo– La ventana está a tres metros de aquí justo al frente. – Le dijo momentos antes de saltar.
La entrada a su habitación fue más fácil que de costumbre. Ni bien atravesó la ventana, que mantuvo abierta, Matagot la atravesó, aunque su aterrizaje no tuvo toda la gracia que hubiera querido. Casi se dio un buen porrazo, pero salvó la situación.
– ¡No fue uno de mis mejores aterrizajes! –
– Pudo ser peor. –Le dijo Adrien mientras cerraba la ventana– Las primeras veces no me maté de milagro. A veces olvidaba dejar la ventana abierta.
– Ya mejoraré. –
– Eso espero. –Chat Noir se apoyó en su bastón– Creí que no me ibas a seguir, Matagot. –
– Creí lo mismo. –
– ¿Y qué haces aquí? –
– Curiosidad. –Matagot comenzó a mover la cabeza y a girar sobre su eje, como escaneando el lugar– ¿Esta es tu habitación? Nos hablabas mucho de ella… Se siente muy amplia. –
– ¿En serio? –Preguntó Chat Noir curioso– Err, sí, es bastante amplia. Al menos tengo privacidad. –
– No sé si podría dormir en un espacio tan abierto. –
Matagot comenzó a caminar alrededor de la habitación, usando su bastón para orientarse, como memorizando el sitio. Chat Noir se dedicó a observarlo mientras curioseaba por el lugar. Pasó desde las rampas de skate, encontró la pared de escalada…
– ¿Tenías unos libreros por aquí? –
– Arriba. Hay que subir. –
– ¿Y una tirolesa? –
– También. –
– ¿Y la cesta de baloncesto? –
– A tu izquierda, unos tres metros. –
Matagot sonrió para sí mismo. Retrocedió hasta el sofá, y se sentó calmado, como disfrutando el momento, como si no se creyera que estaba ahí. Por primera vez Chat Noir lo vio sonreír con sinceridad.
¡Válgame! Ese gesto lo hacía Marinette…
– Cuando era pequeño, nos contabas mil historias a Hugo y a mi sobre este sitio. Francamente creímos que exagerabas. –
– Hugo. –Adrien sintió un apretujón en el pecho, – ¿No le contaba historias a Emma? –
– Sí, pero no las recuerda. Era muy pequeña cuando pasó todo. –Matagot respiró profundo– ¿A qué huelo? –
– Al camembert de Plagg. Está cerca de ahí. Si quieres llévate un poco para tu Plagg. –
– ¿Y puedo llevarme algo para después? –
– ¿Te gusta el camembert? –
– Calorías son calorías. –
Chat Noir ladeó la cabeza extrañado. Bueno, el mundo se dividía entre quienes disfrutaban del camembert y los que no. A él no le gustaba, pero ni modo. De todas maneras, el que Matagot se hubiera referido al queso como calorías y nada más, le hizo tener mil dudas. ¿Estarían comiendo?
– Si lo pones así, puedes llevarte todo el que quieras. Ya luego arreglo con Plagg. –
– ¡Gracias viejo! –
De inmediato Matagot se fue hacia el mueble en el que creía que estaba el camembert y abrió la puerta. Se tapó la nariz y sacó unos pocos trozos, tanto para consumo humano como para su kwami. No, si Chat Noir estaba leyendo bien los indicios, a Matagot no le gustaba el camembert, pero no era tan remilgoso como para negarse la comida. Eso lo hizo sentir rarísimo.
– Oye. ¿Y no te quieres llevar algo de la cocina? Creo que hay fruta o algo así. –
– ¿Frutas frescas? –
– Esta mañana comí fresas al desayuno, así que deben quedar…–
La expresión de sorpresa de Matagot fue de antología. En dos saltos estaba frente a él en actitud de gatito suplicante. En su fuero interno se quería matar: no hacía tal cosa desde que era niño. ¡pero no pudo evitarlo! Chat Noir sonrió de costado.
– Habría que infiltrarse en la cocina, evitando algunos obstáculos y las alarmas. ¡Quizás qué peligros nos encontramos en el camino! ¿Aceptas la misión? –
Matagot sonrió de costado.
Mansión Agreste. Cocinas.
Media hora después
Gabriel miró la hora y se pasó las manos por los ojos. Eran las 23:46 de la noche. No era tan tarde para él, pero estaba cansado. Había pasado más rabias de las usuales en el trabajo, teniendo además que lidiar con la incompetencia de algunos de sus trabajadores. Por si fuera poco, se había dado cuenta que Nathalie no estaba bien de salud (culpa del miraculous) y tuvo que darle el día libre para que recuperara aliento, lo que le significó tener que ocuparse él mismo de su agenda, lo que nunca había sido de su agrado.
Estaba cansado. Tanto que ni ganas tenía de akumatizar a nadie.
Adrien debía estar dormido a esta hora. Se masajeó una sien: al menos su hijo era un muchacho bueno que sí sabía obedecer reglas y que se portaba bien. Últimamente había estado teniendo explosiones de rebeldía, pero lo más probable es que eso se debiese a la edad. Después de todo, era un adolescente.
– ¿Te parece justo, Emilie? –Se dijo a sí mismo en un susurro– Te dejé sola mientras Adrien era un bebé y sé que era mañoso… Ahora que es un adolescente, ¿tú me dejas solo con él? –
Abrió el refrigerador. Tenía hambre, pero no sabía exactamente de qué. Revisó qué había de comer y sacó jamón, un poco de queso, mantequilla… se le antojaba un sándwich. Dejó los ingredientes sobre la mesa y fue por un poco de pan. ¡Esperaba que quedara un poco de baguette! Aunque a esas alturas del día se conformaba con cualquier cosa.
Oh sí. Sí había baguette… no era mucho, seguro estaban reservando eso para rallar, pero había… se giró hacia el mesón y…
– ¿Y el queso? –
¡Qué curioso! Hubiera jurado que dejó el queso y el jamón ahí encima, junto con la mantequilla, pero ahora no había nada de eso. Entrecerró los ojos y se rascó la cabeza. Quizás no lo había sacado del refri.
SWOSH.
Algo pasó detrás de él. Giró sobre sus talones a toda velocidad, pero no vio nada. Entrecerró los ojos: pudo ver una alacena abierta y junto al tostador, había un cartón de leche sellado. Gruñó para sus adentros.
– ¿Hay alguien ahí? –
Nada.
Gabriel caminó hasta el cartón de leche y lo revisó. Sí, estaba sellado. ¿Por qué la habrían dejado aquí? Tendría que hablar seriamente con el chef al día siguiente.
El suave click de una puerta cerrándose lo hizo apretar los dientes. Siguió el ruido hasta la puerta de la despensa mayor casi en una actitud depredadora. ¡Él no creía en fantasmas! Esos no hacen daño, pero con los vivos es otro cuento muy diferente. ¡¿Cómo se atrevían a entrar en su casa?!
– ¡TE ATRAPÉ! –
Gabriel abrió la puerta de golpe y encendió la luz del cuarto que servía de despensa, pero no encontró nada más que cosas de comer, debidamente empacadas y clasificadas. Tuvo un tic en el ojo, y tan absorto quedó en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando dos figuras negras salieron de la cocina a hurtadillas, llevándose varias cosas con ellos. Gabriel refunfuñó, apagó la luz y giró sobre sus talones.
– ¡¿Pero qué brujería…?!–
Allí, sobre el mesón, había un sándwich que no recordaba haber preparado, pero con los ingredientes que sí había sacado del refri. ¡Y se lo veía todo inocente!
– ¿Tan cansado estoy? –
Suspiró. En serio necesitaba dormir… pero primero comía un poco, eso nunca tenía desperdicio. Tomó el sándwich, un par de servilletas y salió de la cocina… sin reparar que el cartón de leche que había visto ahí abandonado momentos antes ya no estaba.
Habitación de Adrien.
Momentos después
Ambos gatos entraron a las carreras a la habitación y cerraron la puerta tras de ellos. Una vez que se aseguraron de que no los seguían, esparcieron sobre el suelo el botín obtenido.
– No es mucho. –Se lamentó Adrien– ¡Argh! De todas las noches, Père tenía que elegir justo esta para ir a hacerse un sándwich. –
– ¿Te parece poco? –Louis revisaba con las manos todas las cosas que habían sacado de la cocina– ¡Juntar esta cantidad de fruta fresca toma al menos dos días de dónde vengo! –
– ¿En serio? –
Adrien miró las cosas que tenían. Un cartón de leche, dos naranjas, tres duraznos, una manzana, varias frutillas y el queso para Plagg. Tragó saliva: si en el futuro se tardaban tanto como decía Matagot en juntar este pequeño botín, entonces las cosas sí que debían ser tensas. Miró a su hijo: se veía contento, relajado. Olía la fruta con especial ahínco, como tratando de memorizar su aroma.
¿De qué color habrían sido sus ojos?
– Ya me voy. –
– ¿En serio? Si quieres te quedas y…–
– Tengo que volver con Emma. Si llega a nuestro refugio y no estoy, se va a molestar mucho conmigo. Además, no le gusta estar sola. –
– ¿Y si la vas a buscar y la traes? –
– No, explicar nuestra presencia…–
– ¡Podría esconder un equipo de fútbol entero en esta habitación, hasta con sus reemplazos, si me decido! –Dijo Chat Noir con rapidez.
– Lo sé… pero en verdad… no puedo –Louis bajó la cabeza. La oferta era tentadora, pero no se atrevía a aceptar la sugerencia… al menos no sin consultarlo antes con su hermanita menor.
– Creo que podría comprenderlo –Dijo Chat Noir bajando los hombros y aplastando sus orejas sobre su cabeza, lleno de decepción. Matagot suspiró incómodo.
– Ya me voy. –Louis tomó las cosas y se las guardó en una bolsa. Se dirigió enseguida hacia la ventana y se dispuso a saltar– Y… err… gracias…–
– No agradezcas. Solo come eso y dale a tu hermana. –
Matagot asintió. No tenía ganas de irse, pero tenía que hacerlo. Se obligó a saltar y a desaparecer en la noche, saltando por los tejados con relativa facilidad, aunque no tan veloz como Chat Noir.
Chat Noir por su parte se quedó viendo la dirección que había tomado su hijo largo rato. Tenía ganas de seguirlo, pero prefirió respetar su deseo, al menos por esa noche. ¡Ojalá se comieran la fruta! ¡Él y Emma! Sacudió su cabeza y miró al piso: sentía que era su deber hacer algo por ellos, pero ¿Qué?
– Es hora de dormir, supongo –Se dijo a sí mismo. Se miró las garras, mientras caminaba a su estante de queso– Plagg va a estar enojado conmigo, parece. –
Chat Noir miró por la ventana una última vez. Esa noche había sido interesante, sin duda… y había valido la pena.
– ¡Garras fuera! –
Continuará.
Por
Misao-CG
Próximo capítulo: Un secreto en las catacumbas
– Existen solo decisiones, no accidentes. –
Lila pegó un brinco y se puso de pie, girando sobre sus talones. Apoyada en el marco de la puerta, limando sus uñas, estaba la mujer que le había entregado el libro: Alil Issor.
– ¿Quién te llamó, Bruja? Avisa que te vas a aparecer aquí, ¿quieres? –
– Nadie me dice que debo o no hacer – Dijo Alil, sin dejar de arreglarse las uñas– Son mis decisiones, niñita… –
Notas finales: Para este capítulo tuve que buscar referencias sobre la habitación de Adrien. ¡Santa Virgen de la Papaya! Gabriel en serio llegó a extremos impensados para evitar que su retoño saliera de casa. Ya no solo me sorprende que Adrien no sea un delincuente juvenil, sino que solo tenga alergia a las plumas. Con lo hiper protegido que fue, debería tener al menos unas seis o siete alergias más, ¡Pobre nene! En fin. Y sí, si se dieron cuenta, cambié el formato de los diálogos: no sé usar bien los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
¡Ay Randa! Conozco la canción y me encanta. El problema fue que la tuve pegada todo el día y ya sabes que mis loops mentales son insistentes. Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
Noir, una comisión es un encargo, se pague o no. Y no, no acepto escribir de ese modo. Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
Sin duda fue un gran review, Manu, y te respondo: no escribo según ships, sino según tramas y cuando digo comisiones, me refiero a encargos, que no acepto. Simplemente no escribo bajo esas condiciones. Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
Las inseguridades, Shion, nos pueden derrotar sin mayor problemas. ¿Cierto que necesitábamos el Fluff? Ahora puse un poquito de acción. Créeme que no les voy a poner las cosas fáciles a esta extraña familia. Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
Insisto, Newfan, era el Fluff que necesitábamos. Ahora a estresarlos, porque no les voy a poner las cosas fáciles, a estos dos les tengo reservadas muchas sorpresas. Y por Lila no te preocupes, les va a caer el karma a las dos, a la joven y a la bruja… Ahora, has tocado un interesante punto: Nathalie es de armas tomar y bastante hábil. Sobre lo del derechazo de Ladybug… Félix se lo merecía y me encantó el mensaje que transmitió: no es no. Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
¡Pues sí, Miharu! Aquí me tienes en un fandom distinto, que me tiene bastante contenta. La serie me ha gustado mucho y mira nada más en qué estoy. Ojalá que este fic te entretenga y que también disfrutes de todo esto. Y aquí entre nos, ¡También espero volver a escribir en SS! Ten, un trozo de cheesecake, y ¡GRACIAS POR LEER!
