Se cortó la luz por cuatro días, así que tardé mucho esta vez, lo siento.

Kaiser: Yo no diría que no merecen ayuda, estaban muy desesperados por sobrevivir e iban a hacer cualquier cosa por eso.

Capitulo cincuenta

La llegada

Meowth estaba más tranquilo, por suerte para todos. Con Lunita a su alrededor dando y exigiendo mimos era difícil estar triste.

Lo preocupante era Ash.

Durante la cena, Ash admitió que no estaba molesto con Oak. Sabía que era un buen hombre y que no lastimaría a su madre. Solo estaba un poco aturdido por todo lo que no le habían dicho durante años. Jessie no quiso hablar y dejó que el chico tuviera su espacio. Ya tendría tiempo de hablar con él después.

Al día siguiente, después del desayuno, Jessie invitó a Ash al patio trasero del rancho, para poder hablar más tranquilos.

—¿Cómo te sientes? —fue lo primero que ella le preguntó cuando se sentaron en unas sillas de jardín.

—Un poco mejor —respondió Ash—, Pero aún estoy molesto con mi madre.

—¿Vas a volver a tu casa?

Ash titubeó.

—No… no lo sé. Es que siento que…no confía en mi.

Jessie se remojó los labios.

—Tu madre quiso evitar lastimarte, solo eso. No digo que haya sido una decisión inteligente, pero no lo hizo por maldad.

—¡Pero era algo muy importante! —Ash alzó la voz—. Se trata de mi padre, de alguien de mi familia. ¿Cómo fue capaz de ocultarme algo así? ¿Cuándo pensaba decírmelo? No me sorprendería si me enterara de que está muerto o algo así y esto sea una mentira.

Jessie negó con la cabeza.

—Las mujeres (y los hombres también) pueden reaccionar de manera muy raras al rompimiento. Creo que tu madre sufrió tanto con la separación que decidió hacer como si nunca existiera para poder seguir adelante y quiso que tú también hicieras lo mismo.

Ash se cubrió los ojos con una mano.

—Fue demasiado tiempo…

Jessie asintió.

—Si, tu madre cometió el error de dejar pasar años antes de contártelo.

—Y solo lo hizo porque el profesor Oak le dijo que lo hiciera. Nunca me lo hubiera contado de otra manera.

—Nunca lo sabremos. Pero déjame decirte esto: tu madre te ama y deberías reconsiderar ciertas…

Un dolor en su vientre le cortó la frase y la respiración, impidiéndole hablar. Su panza, tan redonda como un balón, estaba dura como una roca. Ash se levantó de golpe.

—¿Jessie? —le preguntó Ash, alarmado—. ¿Qué tienes?

Jessie respiraba con dificultad. Un liquido caliente comenzó a escurrirse entre sus piernas.

—Ash… Llama a James… el bebé va a nacer.


De no ser por Oak, todo hubiera sido un desastre total.

Todos en el rancho estaban histéricos. Como Jessie y James estaban muy nerviosos por el parto, Meowth se puso casi a gritar y a correr en círculos, cosa que hizo que Lunita comenzara a llorar. Como si eso fuera poco, Arbok salió de su pokebola casi tan nervioso como los demás y no había forma de que quisiera entrar a su pokebola.

—Escuchen todos —dijo Oak, apenas terminó de hablar con el hospital para que viniera la ambulancia. Jessie estaba sentada en un sillón, sosteniéndose el vientre con una mano entre quejidos de dolor—. Jessie, respira profundo; James, ve a buscar el bolso que preparaste para este momento; Meowth, no pasa nada malo, son todos los partos del mundo, incluyendo para los pokemón cuando ponen huevos, así que mejor calma a tu hija; Arbok, tu ama va a estar bien y todo esto es normal, no te asustes; Ash, llama a Gary y dile que venga con cualquiera de sus padres para que cuiden el rancho en mi ausencia porque yo también iré al hospital ¿Está todo claro?

Todos asintieron y obedecieron a Oak, mientras el científico se quedó al lado de Jessie para reconfortarla.

—¿Estás bien, Jessie?

—¿¡Soy madre primeriza, como crees que estoy!? —le gritó Jessie, con el rostro cubierto de sudor. Oak ni parpadeó ante sus gritos.

—Jessie, lo primero que tienes que hacer es calmarte y respirar profundo —le respondió Oak en tu tono bajo y calmo—. Yo pasé lo mismo con mi difunta esposa, no te preocupes. Todos estamos aquí para ayudarte. Incluso tu Arbok.

Arbok se acercó a Jessie, reposando su barbilla en el brazo del sillón. Jessie apenas pudo acariciarle la cabeza para calmarlo un poco.

La ambulancia tardó quince minutos en llegar. James y Oak entraron junto con Jessie, pero no había forma de que los paramédicos dejaran entrar a Meowth, Lunita y Arbok. Al final, solo dejaron entrar a Lunita. Arbok seguiría la ambulancia con Meowth montado en su lomo. Ash se quedaría en el rancho hasta que llegara Gary con su familia.

El viaje fue rápido, pero a James le pareció una eternidad. Tenía un conjunto de emociones licuadas justo en su estómago, donde se encontraban la alegría, el miedo, los nervios y la angustia. Lo único que podía hacer era tomarla de la mano y decirle que todo estaría bien, aunque no tenía ni la más remota idea si todo iba a salir bien. Por suerte, Oak estaba allí para reconfortar a ambos.

—Este será el día más importante de sus vidas —les dijo—. No tengan miedo, conozco a los médicos del hospital y son excelentes profesionales. Todos los apoyaremos.

James apretó fuerte la mano de Jessie y ella lo hizo a su vez mientras se miraban a los ojos. Dentro de poco tiempo, su hija llegaría a sus vidas para hacerla aún mejor.


Meowth estaba sentado en la sala de espera, muerto de nervios. Lunita dormía a su lado, compartiendo la silla. Oak estaba en la silla de al lado y Arbok deambulaba de un lado al otro del pasillo como si el bebé fuera de él, asustando a todo desprevenido que se le cruzaba en su camino. James estaba con Jessie en una de las habitaciones, asistiéndola en el parto.

—Arbok, te vas a cansar si sigues yendo de aquí para allá —le dijo Oak amablemente.

—A mi me está cansando. Tanto ir y venir me está mareando —se quejó Meowth, quien lo seguía con la mirada perdida

—No me mires —le respondió Arbok, sin siquiera mirarlo.

—Sería un placer, de no ser porque estás pasando frente a mi maldita cara —gruñó Meowth.

—Basta —se metió Oak, sin perder su amabilidad—. No podemos hacer nada por Jessie aquí, salvo esperar a que nazca el bebé.

Pasaron varios minutos en silencio. Meowth se concentró viendo a su hija dormir hecha un bollito. Pensó en Jessie y James, quienes sentirían lo mismo que él cuando vieran a su propia hija dormir plácidamente en sus brazos. Ninguna sensación podría ser más hermosa que esa, sin duda.

Unos pasos se acercaron por el pasillo.

—¿Ya nació? —preguntó Ash, apresurado, con Pikachu corriendo detrás de él.

—Aún no. ¿Gary está en el rancho?

—Si, está junto con su mamá.

Ash tomó asiento al lado de Oak.

—¿Avisaste a tu madre? —le preguntó el profesor.

Ash bajó la mirada.

—A Misty y a Brock —dijo, con la voz apagada—. Dijeron que vendrían enseguida con mamá.

Oak le pasó una mano por el hombro. Pikachu se subió a las rodillas de Ash y se apretó un poco contra su estómago.

—Bueno, al menos Jamie va a nacer antes de la Liga, como tú querías, ¿no? —le dijo Oak, como para distraerlo del tema de su madre.

A Ash se le iluminó el rostro de nuevo.

—Así James y yo nos enfrentaremos en la Liga —Ash se quedó pensativo mirando a la nada durante dos segundos antes de preguntarle—. ¿Cuánto falta para la Liga?

—Una semana.

—¿¡Una semana!? —Ash casi saltó del asiento, asustando a Pikachu—. ¡Casi no he entrenado!

—¡Shh! —lo calló Meowth—¡Estamos en un hospital!

—Oh, lo siento… Pero no puedo creer que falte tan poco tiempo.

—Pues… tienes toda la semana para entrenar, ¿no?

—Si, pero una semana no será suficiente…

Oak le palmeó la espalda.

—Seguro que lo harás bien, no te preocupes.

Ash se levantó, sujetando a Pikachu en sus brazos.

—Voy al baño, ya regreso —se excusó y se fue caminando por el pasillo, esquivando a Arbok al pasar.

Apenas se fue, Meowth soltó un suspiro.

—Si que la está pasando mal con su madre —comentó

—En algún momento tendrá que superarlo —respondió Oak—. Nada de esto hubiera pasado si Delia no hubiera sido clara con Ash desde el principio…

—¡Profesor!

Misty apareció por el pasillo corriendo, seguido de Brock y Delia.

—¡Vinimos tan rápido como pudimos! —exclamó Misty, deteniéndose al frente de Oak para recuperar el aliento.

—¡Estamos en un hospital! —exclamó Meowth. Lunita se movió, en sueños.

—¿Ya nació? —preguntó Brock

—Aún no.

Delia miró a su alrededor, de manera nostálgica.

—Yo tuve a Ash en este mismo hospital hace once años —dijo, con su voz embebida en recuerdos—. Estaba asustada, pero fue el día más feliz de mi vida. Mi ex marido estaba conmigo y me juró que siempre estaríamos juntos como una familia. Pero lo único que importa de ese recuerdo ahora es cuando tuve a Ash en mis brazos. Se veía tan… frágil y hermoso. Prometí hacer cualquier cosa para que mi pequeño creciera feliz junto a su familia—suspiró de manera entrecortada—. Aparentemente no lo hice muy bien. Tuvo una familia rota y una madre que le ocultó cosas importantes para su vida.

Oak se levantó de la silla y la abrazó con fuerza.

—Delia, no te tortures más —le susurró Oak, besándola en la frente.

—¿Mamá?

Todos se dieron vuelta para ver a Ash parado en medio del pasillo, mirando a Delia con los ojos vidriosos. Delia se separó de Oak, pero no se animó a acercarse a su hijo.

—Ash, yo…

No la dejó terminar de hablar. El chico fue corriendo hacia ella y la abrazó con fuerza, hundiendo la cabeza contra su pecho.

—No digas nada, mamá, solo abrázame.

Delia sonrió en medio de sus lágrimas y le acarició la mejilla. En medio de toda la escena emotiva, una de las puertas se abrió y salió James. Un llanto de bebé se escuchaba atrás.

—Ya nació.


Jamie era la única bebé que había nacido en el hospital, así que se encontraba alrededor de cunas vacías en la sala de Neonatología. James estaba con la nariz pegada al vidrio, haciéndole caras a su hija.

—Hola, mi preciosa —le decía, con la voz con la uno siempre le habla a los bebés—. Papi está aquí, papi está aquí.

—Te ves como un tonto —le dijo Ash, riéndose.

James se giró, ya más serio.

—Cuando tengas tu propio hijo, ya verás.

—¿Hijos? Nunca, ya se como se hacen los bebes y es un asco —le replicó, haciendo una mueca.

—Ya verás cuando cumplas trece…

—¡Yo quiero ver! —exclamó Meowth, desde el suelo.

—¡Lunita también, nya!

James alzó a ambos y los puso uno en cada hombro.

—Ahí está.

Meowth se quedó mudo por varios segundos, admirándola como si fuera la moneda más grande y brillante que hubiese visto jamás.

—¡Es tan hermosa! —exclamó, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Meowth, no llores —James lo estrujó contra su pecho.

Lunita se trepó a James por sus propios medios hasta llegar a su hombro y miró a la bebé con mucha atención.

—¿Jamie? —preguntó.

—Si, es ella —le respondió James.

—Es bonita, pero no para llorar, nya —sentenció Lunita.

Meowth giró la cabeza hacia ella, riéndose.

—¿Y tu eres tan bonita para llorar?

—Si, pero a Lunita no gusta que gente llore —dijo.

—Va a ser preciosa cuando crezca —afirmó Misty, apoyando una mano sobre el vidrio.

Ash se encogió de hombros.

—Supongo —se giró hacia James—. Ahora que ya nació, ¿iras a la Liga?

James lanzó una risotada y bajó a Meowth y a Lunita.

—Claro que iré, pero voy a bajar mucho el ritmo del entrenamiento para poder atender a Jessie y a Jamie —se alejó unos pasos—. Y hablando de Jessie, voy a estar con ella. ¡Arbok!

Arbok, quien estaba mirando a la bebé de manera fija y casi sin pestañear, giró su cabeza hacia James.

—Vamos a ver a Jessie, andando.

—No creo que lo dejen entrar los médicos —opinó Oak.

Arbok emitió un siseo agresivo.

—¡Hey, Lunita está aquí! —lo retó Meowth.

—¿Qué dijo? —preguntó Ash.

—Dijo que los médicos pueden…. Tragarse sus órdenes, pero que él va a ver a su ama.

—Pero papi, Arbok dijo que los médicos podían meterse sus ordenes por el…

—Lunita, Arbok dijo algo malo y se tiene que disculpar, ¿cierto, Arbok? — Meowth agregó esto último mirando al pokemón veneno con los ojos entrecerrados.

Arbok miró hacia arriba y murmuró algo.

—Así está mejor —aprobó Meowth.

—Bueno, ya me voy a ver a Jessie. No tardaré mucho.

James fue hasta la habitación e intentó ignorar a toda persona que pegaba un grito, se paralizaba o salía corriendo al notar el Arbok de tres metros de largo que lo seguía como si fuese su sombra.

—Hola, Jessie —la saludó James cuando abrió la puerta.

Jessie estaba tendida en la cama, tapada con unas sábanas blancas y con el cabello atado en una cola de caballo. Se la veía cansada, pero feliz.

—Nos vimos hace menos de media hora —susurró ella, pasándose la mano por el pelo.

—Te traje una sorpresa.

James se hizo a un lado y Arbok entró en la habitación, con mucho cuidado de no tirar nada a su paso hasta llegar a Jessie.

—Hola, Arbok —el pokemón bajó la cabeza y Jessie lo acarició con lentitud, pero lleno de cariño —¿Has visto a Jamie?

Arbok asintió y se refregó contra ella.

—Es hermosa, ¿cierto? —Arbok volvió a asentir.

—Igual que tú —James se sentó en la orilla de la cama—. ¿Cómo te sientes?

—Un poco cansada, pero nada más. No veo la hora de irme de aquí y descansar en el rancho.

—Te darán de alta esta tarde, no te preocupes por eso

Jessie dejó de acariciar a Arbok y tomó la mano de James.

—Somos una familia completa ahora.

James le sonrió.

—Lo somos.

—Y necesitamos tener nuestro propio hogar.

—Nos iremos a vivir a la casa de mis abuelos al finalizar la liga, ¿si? No te preocupes por eso.

Jessie asintió. De repente, se puso seria.

—¿Seremos buenos padres, James?

Esa era una pregunta que le venía carcomiendo la cabeza a James durante meses y meses, pero no valía la pena preocupar a Jessie.

—No sé si seremos los mejores, pero de algo estoy seguro: nunca le va a faltar amor.