Holaa ¿Qué tal? Lo sé, lo sé volví a tardarme u.u pero otra vez estoy en plan de mudanza y todo es un caos :S
Le agradezco a todos por leer, dar fav y follow, especialmente a Hikari, Guest, perdizRyhe, Guest y Noesis por sus comentarios que me alegran el día a pesar de que ahora todas odian al pobre Simon jajaja contesto n.n
Hikari: oh bueno, Alec no iba a quedarse de brazos cruzados cuando le amenazan a los pequeños, bueno, en defensa de Jace, Alec se ha dedicado en esta historia a poner a prueba la confianza de todos por él una y otra vez. Jajaja bueno, sin duda ya veremos qué pasa con Sebastian y Alec ;) Gracias por el comentario n.n
Guest: Era obvio que Alec haría algo, pobre Simon, ahora ya nadie lo quiere jajaja gracias por comentar n.n
Guest: oh bueno, ¿qué clase de villano sería si no intenta arruinar todo? ;) Un beso :3
Noesis: Oh bueno, de eso no hay duda, el brujo sexy irá por su nefilim estúpido ;) gracias por el comentario n.n
PerdizRyhe te contesto por PM n.n
Ahora sí, les dejo leer :D
Parte VI: Sacrificio
Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.
Leal – Veronica Roth
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Capítulo 25: Prisionero
El amor no es únicamente: sufrir o hacer sufrir. También puede ser ambas cosas.
El amor dura tres años – Frédéric Beigbeder
X.X.X.X.X.
- Hemos considerado los atenuantes presentados por la defensa, por lo que este consejo ha decidido perdonar su vida y sus marcas, pero se le prohíbe volver a Idris salvo que sea llamado – Hubo un susurro conforme con el veredicto mientras que él alzaba la mirada sorprendido ante las palabras de Jia – Puedes marcharte Alexander.
Había pasado un par de días desde su juicio, y el veredicto se repetía en su cabeza una y otra vez: apenas podía creer que La Clave lo dejara en libertad sin un mayor castigo, que entendieran su situación con Sebastian y las pociones cuando él había esperado como mínimo ser condenado a vivir el resto de su vida en la ciudad silenciosa ¿Entonces porque no estaba feliz y satisfecho en el instituto? ¿Porque, aunque su familia no lo culpaba de nada, Alec se sentía desdichado?
No era difícil de responder: no había visto a Magnus ni una sola vez desde la batalla contra Sebastian. Caminó a prisa a través de la calle asegurando el bolso en su hombro El brujo no quería verlo y él sentía la necesidad de poner distancia de New York y las personas a las que había lastimado, su familia incluida; quería olvidar que había herido a su madre, la muerte de Jordan, haber perdido a Max por segunda vez y, aunque no podía admitirlo ante su familia, la perdida de Jonathan.
Lo último que había escuchado era que su cuerpo desapareció de la custodia de La Clave, y de no ser porque todos los que estuvieron en la cueva vieron la esencia demoniaca de Sebastian abandonar su cuerpo y desaparecer, la clave estaría totalmente desesperada en encontrarlo.
Observó el tablón informativo frente a él, exhibiendo destinos y horarios: su plan era tomar el bus lo más lejos posible de New York e intentar conseguir un lugar donde quedarse; él sabía varios idiomas, muchas leyendas y religiones, artes marciales y primeros auxilios, estaba seguro que podía conseguir algún trabajo mundano con eso.
Solo quedaba un bus para Seattle, el ultimo del día que saldría en veinte minutos. Seattle al otro lado del país, estaría bien, podría establecerse en la ciudad o conseguir parada en un pueblo aledaño y…
- ¿Seattle? Mucha nieve en esta época del año – Alec sintió un salto en el pecho al escuchar la voz agradable a su lado, mientras el aroma a azúcar quemada llenaba sus fosas nasales – Aunque te recomiendo mejor que vayamos a ver las flores en un par de meses.
- ¡Magnus! – Su voz fue un agudo hilo cargado de esperanza al verlo: el brujo le sonreía con una mirada cariñosa. Alec lo miraba fijamente y el brujo se removió - Si… eh… lamento las fachas, no tuve tiempo de arreglarme – Se disculpó acariciándose la barba de días que Alec no había notado hasta entonces, demasiado ocupado en apreciar sus ojos dorados de gato.
Se fijó en Bane a detalle, además de la barba, su cabello era un desastre y sus ropas estaban desarregladas. No había maquillaje ni purpurina, en cambio su piel brillaba por las perlas de sudor en su frente; Alec pudo notar incluso un rasguño en su cara y… ¿Eso en su brazo en forma de media luna era una mordida?
- ¿Cómo me encontraste? – Preguntó.
- Llamé al instituto y me dijeron que dejaste una nota despidiéndote, así que te rastreé – Admitió - Quiero saber porque no has ido a casa si desde hace un par de días que eres libre; Presidente Miau te extraña.
- ¿Por qué no fui a…? – El corazón de Alec se saltó un latido; abrió la boca para responder, bajando la mirada finalmente avergonzado.- ¿Por qué iría? Nunca fuiste a la ciudad silenciosa o a las vistas del juicio – No había reproche, no culpaba a Magnus por eso.
- Estaba ocupado – Admitió – Acabo de volver a New York – Dijo y agregó – Pero eso no significa que no quisiera verte Alec – Esta vez su corazón latió más rápido ¿Acaso Magnus quería decirle lo que creía?
- ¿Por qué lo harías después de lo que hice? Debes estar enojado, incluso mi familia…
- Isabelle me pidió que no permitiera que te fueras, ¿Te parece que eso haría alguien que está enojada? – Los latidos seguían acelerándose ¿Su hermana no lo odiaba? Magnus hizo un gesto con la mano – Como si fuese a dejarte marchar sin mí de cualquier forma – Agregó.
El corazón acelerado parecía a punto de salirse de su pecho mientras la esperanza crecía en él ¿Había escuchado bien? Magnus sonaba tan confiado de sí mismo que no podía haber lugar a duda.
- Te hice daño – Susurró Alec tomando sus manos temblorosamente, acariciando la cicatriz en su muñeca que él mismo había causado, pero ambos sabían que no se referían solo al daño físico.
- No eras tu – Aseguró él – Tu eres el Alexander que está aquí queriendo irse porque cree que es lo que todos queremos de ti, aun y cuando en el fondo no quieres apartarte de tu familia… ni de mí.
- Magnus…-Susurró con lágrimas en los ojos
- Así que mejor haznos un favor a todos y vuelve a casa, vuelve a tu hogar Alec.
El ojos azules asintió, las lágrimas inundando sus ojos. Magnus tomó la maleta del chico quitándosela y colgandola en su hombro y con la otra tomó a Alec de la mano entrelazando sus dedos. Los dedos de Alec se aferraron a él de inmediato como si temiera que fuese a desaparecer en cualquier momento y quisiera aferrarse a Magnus cuanto fuese posible.
- Vamos a casa Alec – Susurró caminando para salir de la estación junto al pelinegro en silencio, caminando por la acera preguntándose donde lo dejaba esa situación. Llegaron a la esquina y Alec cruzó a la derecha deteniéndose al sentir el jalón de Magnus que había cruzado a la izquierda. El brujo también se detuvo mirándolo confundido.
- El instituto…-Empezó Alec señalando a la derecha.
- Hasta donde sé, nuestro loft queda por allá garbancito – Sonrió Magnus, Alec abrió la boca como pez fuera del agua y no pudo más. Las lágrimas cubrieron sus mejillas, lágrimas de alegría mientras se aferraba a Magnus abrazándolo como un náufrago a una tabla salvavidas; Magnus no estaba enojado con él, no lo estaba llevando de regreso al instituto, lo llevaba de regreso a su vida.
- Te amo – Sollozó con una sonrisa amplia en sus labios – Te amo Magnus.
- Yo también te amo Alexander – Aseguró.
Alec escuchó esas palabras repetirse junto a su oido una y otra vez mientras Magnus convocaba un portal que los llevara hasta el loft, llenándolo de esperanza, y por primera vez, sentirse desde que escuchó el veredicto en la clave, realmente feliz de haber sido dejado en libertad, feliz de poder retomar y reconstruir una vida junto a Magnus.
No se dio cuenta que habían llegado al loft hasta que Magnus se detuvo frente a la puerta, con la mano en el pomo sin abrirla. Sus ojos de gato veían a Alec y sonreían.
- Estuve ocupado recorriendo todo el submundo porque había algo que tenía que recuperar para ti.
- ¿De qué hab…? – Pero el escándalo en el interior del loft lo interrumpió. Magnus sonrió abiertamente y Alec sintió la expectativa al reconocer la voz de un niño. El brujo abrió la puerta y Presidente Miau salió disparado maullando alarmado sin reparar en ninguno de los dos huyendo del revuelo en el interior.
- ¡Quédate quieto que hay que bañarte antes de que llegue tu hermano! – Esa era la voz de Tessa y…
- ¡NO! – El alma de Alec cayó a sus pies - ¡Quiero ir con Bash, quiero…! – Alec se apresuró a entrar sintiendo que el corazón se le detenía una vez más, las emociones de esa noche no iban a ser buenas para su salud pero que podía importarle cuando tenía frente a él a Max, su hermanito corría por el loft con Tessa persiguiéndolo por todo el lugar, pero él con la agilidad de un pequeño niño de diez años lograba escaparse.
"Alec"
Estaba vivo, su hermano estaba vivo y allí, con él: en el lugar al que pertenecía.
- ¡Max! – Gritó con una sonrisa que abarcaba todo su rostro.
- ¡Alec! – Gritó el niño al escucharlo, corriendo hacía su hermano para aferrarse a su cuello. Alec lo tomó en brazos cargándolo – Ya estás aquí ¡Mamá y papá ya vienen! E Izzy dijo que podríamos volver a casa hoy y…
El niño continuó con su perorata, pero Alec solo podía abrazarlo; había temido tanto que Max estuviera muerto, después de que Sebastian lo insinuara la última vez que se vieron, el día de la batalla final. Su pequeño e inocente hermano estaba bien, amaba a sus padres, a Izzy, a todos como debía ser.
- Debiste escuchar a Robert cuando lo llamé, me preocupaba su corazón, el pobre ya no es tan joven como antes. – Bromeó Magnus.
- ¿Cómo lo supiste? Que estaba vivo – Preguntó sin soltar a Max.
- Jonathan intentó decirte sobre Max – Admitió – Así que lo busque…lo buscamos, él me dijo donde dejó a Max.
- ¿Él? – Preguntó confundido, y como si lo hubiese invocado, la puerta del baño de visitas se abrió. Alec observó boquiabierto al joven que salió de este con una toalla en la cintura y otra más pequeña secándose el rubio cabello.
- Tessa ya puedes usar el baño para duchar a Max y…- Se detuvo al ver a Alec y sus ojos esmeraldas se conectaron al par de zafiros. La boca de Alec estaba abierta por la sorpresa, su mirada siendo captada por la cicatriz sobre su pecho, la cicatriz de la naginata conque Magnus le habia atravezado con el fuego celestial.
- ¿Jo…Jonathan? – Preguntó con voz ahogada recibiendo una sonrisa a modo de respuesta, una sonrisa suave, cariñosa y sincera.
"Alexander"
- Hola Alexander – Saludó él.
- Pero te vi morir - Dijo volviendo la mirada a Tessa y Magnus, en una clara pregunta.
- Sebastian murió – Aclaró Magnus – El fuego celestial se deshizo de él, pero gracias a ti, había algo lo suficientemente bueno en él, para rescatar.
- Gracias a ti pude existir Alec – Susurró el rubio y Alec no pudo evitarlo, dejó a Max en brazos de Tessa y corrió a abrazarlo; Jonathan lo abrazó de vuelta de inmediato. ¿Acaso podía desear algo más? Su hermano estaba bien, Jonathan podía existir sin la sombra de Sebastian y tenía a Magnus.
Los tenía a los tres…
"¡Alec!"
Era más de lo que merecía
"¡Alec despierta!"
Pero no le importaba, después de todo lo que había pasado finalmente las cosas perfilaban a estar bien…
"¡Alec!"
Y él era feliz.
- ¡ALEC!
Abrió los ojos sobresaltado. El loft había desaparecido, Magnus, Max, Tessa y Jonathan también, en cambio estaba tendido en el suelo sucio y polvoriento de una celda oscura, iluminada solo por el resplandor rojizo de una ventana un poco más alta de la altura de su cabeza. Podía ver por ella dos lunas en un cielo amarillo cenizo ¿Dónde demonio estaba?
- Alec – Volvieron a llamarlo, se incorporó a prisa porque, de hecho, reconocía esa voz.
- ¡Clary! – Exclamó de inmediato incorporándose, no había nadie en la celda, y afuera solo pudo ver a un demonio que, tras dirigirle una aburrida mirada, salió de la mazmorra. Se acercó a los barrotes maldiciendo a Sebastian: había pasado cinco años encerrado en una celda por su culpa y ahora este lo ponía de vuelta en una.
- ¡Gracias a Raziel! – Exclamó ella, no podía verla, pero su voz se escuchaba de la celda continua por lo que se apresuró al extremo de la propia – Temí que Sebastian te había hecho daño.
- Estoy bien – La tranquilizó - ¿Y tú?
- Algo así – Alec torció el gesto, la voz de Clary se escuchaba algo débil - ¿Cómo te atrapó? - Alec no respondió de inmediato y Clary intuyó por qué - ¡Por el Ángel! Dime que no hiciste algo tan estúpido como entregarte a Sebastian – Lamentó ella porque sabía ya la respuesta - ¿Jace estuvo de acuerdo con esto? ¿Cómo pudo…?
- No, Jace no tuvo que ver – Dijo de inmediato – Yo…estábamos buscando la manera de salvarte, hacer una misión de rescate y entonces Sebastian amenazó con dañar a los niños y no podía….
- ¿Los niños? – Lo interrumpió Clary - ¿En plural?
- Magnus y yo estamos cuidando a un pequeño que trajimos de Buenos Aires, Rafael – Explicó.
- Le dieron un hermanito a Maxxie – Dijo ella y por su tono Alec estaba seguro de que sonreía.
- Es el plan…-Admitió con una sonrisa débil, no era fácil pensar en lo que había dejado atrás y Clary lo notó. La pelirroja estiró la mano por los barrotes tratando de cubrir el muro que los separaba y llegar hasta Alec. Este la imitó, sacando la mano y estirándose hasta tomar la de la chica, no podía ver su piel, pero si sentir las heridas en su palma, la suciedad y por sobre todo sentía el calor: estaba ardiendo.
- ¡Tienes fiebre! – Exclamó alarmado porque solo podía pensar en heridas infectadas como causa de ello – Sebastian te ha estado torturando…
- No físicamente – Admitió Clary – Pero ese demonio que acaba de salir, te hace vivir una fantasía de cosas que deseas, que no puedes tener para alimentarse de los sentimientos – Alec asintió a pesar de que ella no podía verlo, sentía un nudo en la garganta al recordar lo que había soñado, cuan real había parecido en ese momento y cuan cargado de emociones había sido: la tristeza, la desolación, la esperanza, la expectativa, la dicha, la felicidad. El demonio debió darse todo un festín con él – Pero tampoco ha considerado necesario dejarme curar las heridas de la batalla en Victoria City.
- Tienen tres días… están infectadas.
- Tres días...- Susurró Clary con algo de sorpresa antes de suspirar - Sin duda lo están – Lamentó. Alec la soltó para buscar en su bolsillo. Sebastian no lo había desarmado, un hecho que le llamó la atención considerablemente, no era un movimiento lógico.
- Tengo mi estela – Informó al hacerse con ella – Voy a pasártela, puedes hacerte un Iratze…
- Yo también tengo la mía – Dijo ella con un suspiro – Las runas no funcionan correctamente aquí, apenas si surten efecto por poco tiempo – Lamentó. Alec volvió su mano, observando su estela, si las runas no funcionaban adecuadamente, cuan inútil se veía ese pequeño instrumento.
- ¿Dónde estamos Clary? – Preguntó de pronto sintiéndose estúpido, quizás esa debió ser su primera pregunta. Sinceramente lo suponía, pero quería estar seguro puesto que lo ultimo que recordaba era estar en Copenhague y aceptar que Sebastian lo llevase con ayuda de su anillo a donde sea que quisiera y luego todo se había vuelto parte de ese extraño sueño de mundo perfecto hasta que despertó en la celda.
- Edom – Recibió la confirmación que esperaba, pero no fue Clary quien respondió, fue Sebastian que se daba paso por el pasillo de esa mazmorra seguido por el mismo demonio que Alec había visto antes. El rubio llevaba una caja de mediano tamaño las manos y sonreía de una manera que no tenía nada que envidiarle al gato de Cheshire – Al fin despiertas Alexander, tenemos mucho de qué hablar.
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Todo era tan confuso…
Se había despertado temprano como de costumbre; abrir los ojos con el primer rayo del sol era una costumbre que le había quedado de su crianza en Feéra. Desde que había llegado al instituto generalmente solo se quedaba acostado en su cama, contemplando su habitación, pensando en todo y nada a la vez; algunas veces, cuando su mente estaba muy inquieta, se daba a la tarea de explorar el instituto sin rumbo fijo, a sabiendas que los Nefilims solían despertarse temprano pero no tanto a menos que tuviesen alguna tarea pendiente; por eso esa mañana si iba a encontrar a alguien, Max habría creído que sería a Jace o Maryse, no a Alec en la cocina, mucho menos con los niños ¿Qué clase de ser desalmado era su hermano que despertaba a esa hora a dos pequeños no acostumbrados a madrugar?
La gracia en sus pensamientos fue opacada por la voz de Alec.
- Claro que si quiero ser tu papá – Le aseguraba a Maxxie, el pequeño estaba sollozando – El de ambos. – Y Max se detuvo antes de entrar, porque la voz de su hermano se escuchaba realmente triste. – Pero Magnus estará feliz si lo llaman papá ¿No quieres que Magnus sea feliz?
- Si, pero…
- Vamos a sorprender a Magnus y hacerlo feliz – Dijo con una emoción que a Max le parecía forzada. – Sorpresa a papá Magnus…feliz - Dijo en español para Rafael y Max se sorprendió porque ¿Acaso estaba enseñando a Rafael a llamar papá a Magnus?
- ¿Entonces por qué estás triste? – Preguntaba el latino confundido y Max tuvo que reconocer que era un niño muy perspicaz. El criado por hadas escuchó el suspiro frustrado de su hermano, estaba seguro de que no había entendido al niño.
- Vamos a llevarle esto a Magnus – Su voz intentaba sonar alegre, pero pese a que Maxxie asintió un poco más convencido, Max no lo estuvo, la voz de Alec se escuchaba mal, había algo roto en él, en su interior – Vamos – Agregó a Rafael.
Los niños exclamaron con cierta expectativa y Max se escondió en el pasillo para ver a Alec saliendo con una bandeja repleta de comida, haciendo malabares para no derribar nada mientras Rafael caminaba a su lado sujeto a la tela de su pantalón y Maxxie se le atravesaba en todo el camino. Max notó su expresión, su hermano estaba triste, y había quizás algo de miedo que intentaba ocultar en su expresión; y él pudo notar, siguiéndolo con cautela, que estaba vestido con su ropa de caza, llevaba su cinturón de armas llenos y tenía en la espalda el arco con el carcaj lleno de flechas.
Caminaron hasta la habitación del ojos azules, los niños chitándose mutuamente, entrando con el mayor sigilo que sus risitas traviesas les permitió. Max se quedó en la puerta, apenas mirando como su hermano dejaba la bandeja en la mesita auxiliar junto a Bane quien dormía en la cama. Max ni siquiera enarcó una ceja al darse cuenta que bajo las sabanas Bane estaba desnudo, en cambio se fijó en la forma como Alec deslizó sus dedos sobre el cabello del brujo antes de comentar en un susurro.
- Debo ir con Jace.
- ¿No vas a desayunar con nosotros? – Pregunto Maxxie confundido.
- Claro que sí, pero iré a ver a Jace primero; ya ves que ha estado muy triste – Eso sonaba tan mal, sonaba a mentira, sonaba a…
Alec abrazó a ambos niños depositando un beso en el cabello de cada uno.
- Pórtense bien con Magnus ¿Eh? – Dijo con una sonrisa débil – Maxxie, trata de no quemar muchas cosas mientras no estoy – El niño asintió, mascullando que tenía un par de días sin quemar nada – Y cuida a tu hermano.
- ¡Si! – Exclamó tomando la mano de Rafe quien tuvo intención de soltarse, pero se contuvo.
- Rafael – Se dirigió luego a él – Papá Magnus…él cuidar…te, confía – El niño asintió tímidamente y Alec se obligó a sonreír revolviéndole el cabello.
Sonaba como… una despedida.
Max retrocedió hasta que su espalda pegó contra la pared del pasillo, apenas considerando la situación cuando Alec salió. Su hermano tenía lagrimas acumuladas en los ojos, y caminaba a prisa, tan metido en sus pensamientos que no notó al menor pese a que este no estaba escondido. Max se dio prisa en seguirlo, el paso de Alec era rápido, obviamente quería evitar que alguien lo viera y quisiera detenerlo.
- ¿Solo vas a seguirme mientras finjo que no me doy cuenta, Max? – Preguntó al llegar ante el ascensor, presionando el botón para llamarlo. Su tono de voz era bajo: si alguien más estaba despierto no quería atraerlo. Max se dio prisa en llegar hasta él.
- Te estás yendo – Lo acusó – Con Sebastian.
- Fue lo que acordamos ¿No? – Dijo con una sonrisa amarga, subiendo al ascensor cuando este abrió sus puertas. Max se dio prisa en subir con él.
- Acordamos que iríamos los dos – Le recriminó – Y solo si Kaelie nos ayudaba a llegar a Edom y salir luego.
- Sebastian estará en Copenhague, puedo conseguir que un brujo haga un portal – Explicó.
- ¿Y luego qué? – El tono de Max era retador. El ascensor se detuvo y Alec salió a la nave de la iglesia, ignorándolo. Max lo siguió - ¿Cuál es tu plan para que salgamos de Edom luego sin ayuda de las hadas y si nadie sabrá que nos fuimos?
Alec se detuvo finalmente, a escasos pasos de la puerta principal. El ojos azules suspiró girándose a su hermano, colocando las manos sobre sus hombros para detenerlo y mirarlo a los ojos.
- Por eso tienes que quedarte Max – Aseguró – Eres la mejor opción para ayudar a los demás a rescatarnos a Clary y a mí.
- ¡No voy a dejarte solo! – Exclamó y Alec lo chitó de inmediato preocupado de que alguien lo escuchara.
- Max… - Alec miraba en dirección al ascensor, no podía escuchar que se estuviese moviendo, pero obviamente temía que alguien más bajara.
- No vas a dejarme aquí - Le espetó sin bajar la voz. – Así que o me llevas contigo o gritare para que todos se despierten y te detengan- Le amenazó; los hombros y la mirada de Alec se aflojaron, Max sonrió con triunfo cuando escuchó el suspiro cansado de su hermano.
- Supongo que no tengo de otra – Lamentó dándole paso a Max; el muchacho le pasó por un lado dispuesto a abrir la puerta cuando…-Lo siento – Y lo próximo fue el dolor en su cabeza y todo volverse oscuro.
Alec lo había golpeado, lo había dejado inconsciente; era lo único que tenía sentido en su adolorida cabeza cuando abrió los ojos y se vió en la enfermería del instituto. Estaba rodeado por todo el mundo: Maryse, Isabelle, Simon y Jace lo veían con preocupación. Había una bruja azul a su lado que aparentemente era quien lo había despertado y Bane estaba un poco más allá intentando contener a los niños, apresurándose a Max en lo que una maldición en idoma Fey le rebeló que el menor había despertado.
- ¿Dónde está Alec? – Preguntó de inmediato; había intentado rastrear a su novio en lo que ató cabos al ver a Max inconsciente, pero no pudo ubicarlo en ningun lado.
- Magnus – Lo riñó la bruja azul, aparentemente era muy protectora con sus pacientes.
- Se fue – Susurró Max, incorporándose a prisa al darse cuenta de lo que sus palabras significaban – Tenemos que darnos prisa, ¡Se fue con Sebastian! - Un estremecimiento general los recorrió. Intentó levantarse, pero la bruja lo evitó colocándole una mano en el hombro.
- Tú te quedas acostado hasta que yo lo diga – Lo retó, volviendo luego una preocupada mirada a Magnus, para luego dirigirse a Jace – Deben prepararse, les abriré el portal a Edom lo antes posible. – Jace asintió, su rostro se había vuelto cenizo; Magnus en cambio se dió media vuelta, parecía que saldría y nadie lo culparía si quería estar solo, pero en su lugar se detuvo frente a Simon apenas el tiempo suficiente para darle un puñetazo.
- ¡Ey! – Saltó Isabelle a defenderlo.
- Espero que estés feliz ahora Lewis – Siseó el brujo furioso.
-Alec no se fue por lo que él dijo – Lo contradijo Max – Sebastian nos amenazó, los niños…
- Tu…te harás el ritual ya mismo – Ordenó Jace, la palidez de su rostro se había acrecentado – No me arriesgaré a que Sebastian se entere de lo que vamos hacer.
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- Sus acciones presentes y pasadas nos hacen considerarla un peligro para la clave y el submundo – El silencio en el salón principal del Gard era expectante. Habían deliberado, habían votado y ahora solo quedaba escuchar el veredicto de labios de la máxima autoridad: la Cónsul Penhallow – Es por eso que este Consejo ha decidido condenarla a la pena de muerte Seelie Queenborn.
La antigua Reina Seelie se mantuvo impasible pese a que su quijada se había tensado ante la mención de su nombre real.
- No esperaba menos – Aseguró ella dirigiendo una mirada con la ceja enarcada al cuerpo sin vida de la bruja a su lado. El juicio y ejecución de Celeste Moon se había dado lugar minutos previos al propio y el Consejo había dejado su cuerpo atravesado por un cuchillo serafín en el pecho como advertencia de que no tendrían contemplaciones.
- Se te concederá una muerte rápida y honrosa en reconocimiento por los años como regente de tu pueblo – Hubo algunos murmullos en desacuerdo – Una muerte sin uso del hierro frio.
- Es lo menos que podían hacer teniendo en cuenta que estoy colaborando – Alegó con filo, su mirada se fijó en Robert; el Inquisidor le mantuvo la mirada con un ligero y discreto asentimiento: le había sorprendido como Seelie supo torcer las preguntas que le realizaron para no mencionar las joyas en lo absoluto cosa que él agradecía: no consideraba que esa fuese una información que debiesen conceder a los nefilims en general: si el alcance de las joyas se volvía de dominio público se infundiría el pánico y el caos al saber que la mayoría de esas joyas estaban en poder de una Seelie, y eso era lo último que necesitaba en ese momento.
- Finalmente, se concede el aislar del castigo al pueblo que gobernó, considerando que sus acciones corresponden a un interés personal, más en caso de una infracción futura de su pueblo, por mínima que sea, será causal de un castigo con todo el peso de la ley, y esto que quede como precedente. – Seelie asintió una vez más.
Jia hizo un gesto de su mano y un nefilim en función de verdugo se acercó a ella. La antigua reina lo miró de reojo antes de volver la mirada a Jia.
- Se te concederá una última palabra.
- No tengo mucho que decir – Aseguró ella – Solo que se aproxima una batalla y sé que muchos de ustedes…y de sus hijos – Dirigió una rápida mirada a toda la sala – Me seguirán pronto; vivan con eso mientras puedan.
Murmullos indignados no se hicieron de esperar. Robert vio como el nefilim la sujetaba del brazo justo cuando un guardia, Redsky, se acercaba a él susurrándole discretamente.
- Inquisidor, señor… su espo…Maryse Trueblood está al teléfono en la oficina principal.
- Dile que luego…
- Dice que es urgente – Agregó – Se oía desesperada y…- Miró a ambos lados antes de bajar la voz – Dice que es sobre su hijo Alec – Esto último salió con un toque de reprobación en su voz, después de todo el hombre había sido muy cercano a Cossette.
Robert se incorporó a prisa, susurrándole unas palabras a Jia para que no se preocupara antes de salir del salón del Gard con un mal presentimiento. El camino al despacho principal del Gard se le hizo eterno, había algo que llevaba temiendo desde que Seelie le dijo haber visto a Alec con Sebastian en el cementerio, y justo ahora ese miedo crecía con cada paso en dirección al teléfono.
Redujo la velocidad ante la mirada de los nefilims que vigilaban el lugar, después de todo esa oficina era el principal puesto de atención publica de la Cónsul y el Inquisidor.
- ¿Pueden…dejarme un minuto? – Preguntó; los guardias se miraron.
- Esperaremos al otro lado de la puerta, señor – Dijo uno de ellos finalmente, saliendo y cerrando la puerta doble tras ambos. Robert respiró profundo para darse valor antes de tomar el funicular.
- Por favor dime que Alec no se fue con Sebastian – Le suplicó, sus ojos cerrados implorando a Raziel una negativa.
- Lo hizo – Admitió la mujer. El inquisidor golpeó el escritorio con una florida maldición intentando contener la furia que crecía desde su estomago.
- No puedo creerlo – Bramó. – Despues de todo lo que hice… - Su mano se hizo con el collar de Edom que había vuelto a su bolsillo – De todo lo que hicimos por sacarlo, por confiar en él… Les dije que no debía enterarse que Sebastian lo quería a cambio de Clary ¡Se fuea la primera oportunidad!
- Robert es de Alec de quien hablamos así que calmate y escúchame – Lo riñó la mujer con voz seria, el hombre bufó, pero no dijo nada – Alec no usó a Clary como un pretexto para irse.
- ¿Entonces por qué? – Su pregunta sonaba más a una acusación. – ¿Cual fue su excusa?
- Robert, Alec se negó a irse aun cuando se enteró de lo de Clary – Dijo ella con tono frio, el hombre no pudo evitar sentirse sorprendido – Estaba preparándose para luchar junto a Jace, pero nada más y entonces… Max nos dijo que Sebastian amenazó con lastimar a los niños, y Alec no quiso arriesgarse.
Robert tardó un poco en constentar, sintiéndose aliviado y culpable a un tiempo; dejando que la preocupación empezara a surgir en su interior a niveles que el enojo anterior había contenido y por un segundo sintiéndose confundido.
- ¿NiñoS? ¿En plural?
- No es el momento para darte los detalles de Rafael – Gruñó la mujer – Estamos esperando a los hermanos silenciosos y las hermanas de hierro para hacer el ritual en Max, y luego Catarina abrirá el portal a Edom: iremos por Alec y Clary con apoyo de la manada de New York y algunos miembros de la Enclave, supuse que querrías estar aquí.
- No…espera…- El hombre se masajeaba las sienes pensando a millón.
- ¿No? ¿¡Como que no Robert Lightwood!?
- ¡Por Raziel Maryse, contrólate y déjame hablar! – Exclamó él – Necesitamos refuerzos, tienen que darme un par de horas, e iremos con el apoyo de la Clave y las hadas.
- ¿Las hadas? Dudo que quieran…
- No te preocupes por ellas – La interrumpió, la gema del collar brillaba como si anticipara el volver a reunirse con el resto de las joyas – Recuperaremos a nuestro hijo Maryse, solo dame dos horas – Le pidió.
- Está bien, hablare con Jace.
- Dile que lo llamare en cuanto haya hablado con Jia – No esperó que ella contestara, en cambio colgó la llamada y se apresuró en salir, tenía que darse prisa.
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Caminó de un lugar a otro intentando contener los nervios. Había visto a la Reina Seelie durante años, haciendo tratos de doble rasero y asumía que por lógica ella debía preocuparse cuando estos amenazaban en salirse de control, por lo que admiraba como nunca lo demostró, siempre manteníendose estoica.
Kaelie en cambio no podía dejar de andar de un lugar a otro repitiendo en su mente una y otra vez su plan, intentando asegurarse de que no habría nada sospechoso, que no diría nada que desatara preguntas que no le convenía responder.
Y justo ahora tenía demasiadas cosas acumulándose.
Quizás ella no tenía madera para ser reina y tomar las decisiones difíciles o quizás Seelie no tenía que proteger el corazón de nadie.
Suspiró recordando el trato que había hecho con Alexander Lightwood, no había sido fácil de considerar, en especial sabiendo que, al enterarse, Maxwell solo se enojaría más con ella. Tras salir de la biblioteca en el instituto, enojada porque Well realmente creyera que ella se prestaría para ayudarlo a volver a Sebastian, le sorprendió verse interceptada por el mayor de los hermanos Lightwood.
- ¿Estarías dispuesta a discutirlo conmigo? – Le había dicho, demostrando que había estado escuchando la discusión. Kaelie había fruncido el ceño.
- No me importa lo que alegues Lightwood – Siseó con frialdad - No te dejaré ir a Edom con W…Max – Se corrigió; y fuera de todo lo que ella hubiera esperado, él sonrió con simpatía y casi complicidad.
- No esperaba que lo hicieras – Admitió – Pero puedes dejarme pasar a Edom solo a mí, Max no tiene por qué saberlo – Kaelie lo miró analítica, entendía lo que Alec le pedía, pero no estaba segura de que él mismo lo entendiera realmente.
- No puedo – Negó al fin, la sonrisa de Alec desapareció.
- Pensé que era evitar que Max fuese con Sebastian lo que te importaba – Dijo sorprendido.
- También quiero evitar que su odio por mi siga creciendo – Dijo ella – Te perjudiqué en los juicios hace cinco años Alexander, era lo que tenía que hacer en el momento; pero ahora en consecuencia Max está enojado conmigo y ni siquiera sabe todo lo que hice ¿Qué sentiría por mi si le entrego a Sebastian al hermano que tanto ama?
- Él no tiene por qué saberlo.
- La verdad es como el sol – Dijo ella – Puede que se oculte por un rato, pero siempre vuelve a salir, visible para todos – Aseguró – Una lección que tu gente debería de aprender.
- Al igual que tú, yo también quiero proteger a quien me importa – Suplicó – Sé que ves a Max como tu niño, pero son mis niños los que están en peligro.
- No sacrificaré el amor de alguien que me importa por personas que ni siquiera conozco, las hadas no somos así de desinteresadas.- Alec gruñó restregándose el rostro entre frustrado y desesperado.
- ¿Y a mi familia? ¿A la clave? ¿Puedes darles paso a ellos? – Preguntó.
- Pensé que tu plan era excluir a tu familia – Dijo confundida.
- Si, Max también lo pensó – Admitió. Ella lo miró analíticamente y fue entonces que se dio cuenta: Alec había contado con que ella le negara el paso a su hermano por eso le había dicho a Max que pidiera que pasaran solo ellos dos y no al resto de su familia porque así ella se negaría y Alec tendría una excusa para marcharse luego a hurtadilla sin Maxwell, pero su plan era, desde el inicio esperar que su familia pudiera llevarlo de vuelta al instituto.
La mujer analizó las opciones, las posibilidades ante la mirada azul y expectante.
- La antigua Reina Seelie nos dejó a tu padre y a mí una manera de destruir a Sebastian – Admitió – No voy a darte los detalles por obvias razones, y aun me falta una importante pieza para que el plan funcione, pero si tú te escaparas por tu cuenta del instituto y Sebastian te retuviera en Edom; el pueblo Seelie no se negaría a una alianza con el inquisidor para una misión de rescate.
- Le abrirían el camino a Edom a todos y destruirían a Sebastian – Dijo sorprendido.
- A todos menos Max – Aclaró – Pero si, eso haría.
- ¿Por qué? – Enarcó una ceja.
- Fue mi responsabilidad dejar que Max se apegara tanto a él hasta incluso permitir que le hiciera daño para robar la magia de Bane, no lo pondré en riesgo de que lo lastime de nuevo, pero eso solo podré hacerlo si consigo lo que busco.
- ¿Y qué es eso? – Kaelie dudó. La Reina Seelie le había dicho que no confiara en Alec, y sinceramente si él estaría tan cerca de Sebastian no le convenía saberlo, pero al mismo tiempo sabía que debían manejar la misma información mientras estuvieran del mismo lado.
- Sangre…un submundo con cierta sangrede Edom – Dijo sin dar detalle. Alec abrió la boca y luego la cerró como si se debatiera en lo que estaba por decir. Escucharon pasos acercarse y Alec se alarmó ante la perspectiva de que alguien se les uniera sin haber concretado nada definitivo.
- Magnus – Dijo finalmente a prisa – Habla con él…puede que sepa de alguien – Dijo sin dar demasiados detalles, no cuando no sabía porque ella lo necesitaba, lo último que quería era arriesgarlo a salir lastimado. Kaelie estaba por preguntar más cuando Richard llegó interrumpiéndolos y Alec se había tensado al verlo, apenas manteniéndose discreto al cuestionar.
- Entonces… ¿Estamos de acuerdo?
- Lo estamos – Aceptó considerando que era importante aclarar – Pero no puedo prometer seguridad hasta que no encuentre lo que busco. – No le había sorprendido que él asintiera después de todo, ya se había percatado que no era la seguridad propia lo que más le importaba al muchacho.
Noelie entró en el salón de la reina sacandola de sus cavilaciones; la cortesana hizo una ligera reverencia antes de acercarse. Kaelie la miró dispuesta a escucharla.
- Señora, sus invitados han llegado – Informó. Kaelie retiró el anillo, el brazalete y la diadema de Edom guardándola rápidamente en un pequeño compartimiento de su trono antes de dirigirse a su cortesana.
- Hazlos pasar. – La mujer asintió y Kaelie esperó pacientemente, observando como dos hombres altos, fornidos e imponentes se daban lugar: El Rey Unseelie y Gwyn Ap Nudd
- Caballeros – Los saludó.
- Reina Kaelie de Seelie – Saludó Gwyn cortésmente, el Rey en cambio chasqueó la lengua.
- Una reina sin corona – Dijo él con desaprobación al notar la ausencia de la prenda – Una corona que me pertenece al igual que este reino.
- No es para hablar de los delirios de omnipotencia de su majestad que los llamé – Dijo con frialdad. El rey se irguió ofendido, pero Gwyn se apresuró a intervenir.
- ¿Cuál fue entonces el motivo?
- Para advertirles – Dijo ella alzando el mentón para demostrar poder y conocimiento, los ojos de ambos hombres se entrecerraron con sospecha.
- ¿Advertirnos de que? – Gruñó el rey de mal talante.
- Los Nefilim y algunos submundos se preparan para atacar a Sebastian – Dijo – Y el pueblo Seelie esta vez se pondrá de lado de la Clave – Informó – Sebastian ya ha asesinado a muchos de los nuestros en sus ataques por el mundo, como líderes del pueblo Fey, no podemos seguir permitiéndole dañar la sangre Feéra.
- La cacería salvaje acude a los combates, pero no se involucra – Dijo Wyn – No es nuestro trabajo luchar en un bando u otro.
- Mi reino se está ocupando de asuntos más importantes que ayudar a los nefilims – Bramó el Rey. Kaelie inspiró profundo porque justo ahora debía pensar muy bien sus palabras: sabía que necesitaban la ayuda de ambos y si iba a obtenerla tenía que lograr engañarlos. Suspiró, por primera vez en su vida, deseó poder mentir con la misma facilidad con que Well lo hacía.
- Esta vez la situación es diferente a hace cinco años – Dijo – Las joyas de Edom están involucradas.
- ¿Qué? – Gwyn se desconcertó.
- ¡Tonterías! Son una leyenda – Escupió el Rey.
- No lo son – Contravino ella y ambos palidecieron. - La anterior Reina Seelie las tuvo en su poder, por un tiempo las joyas estuvieron cambiando de sus manos a las de Sebastian.
- ¡Como se le ocurre! – Gritó el Rey Unseelie y Kaelie tuvo que contener una sonrisa de triunfo al ver el destello de miedo en sus ojos.
- Las joyas de Edom, si realmente existe, son peligrosas – Dijo Gwyn con más calma, aunque no por eso más tranquilo – En las manos equivocadas significan el peligro de que nuestros pueblos desaparezcan.
- Que todo el submundo desaparezca – Coincidió Kaelie – Sebastian ha estado asesinando personas, muchos de ellos de los nuestros, imaginen lo que podría hacer con las joyas si no lo detenemos ahora que podemos – Ambos hombres se estremecieron y Kaelie se sintió un poco más tranquila al ver que estaba obteniendo la respuesta que esperaba – Solo piensen si él las activara ¿Cuántas posibilidades tendríamos de asociar al cielo y el infierno cuando apenas podemos asociarnos al resto del submundo? Y aun si lo logramos, sabemos que el precio será alto.
El silencio se instauró por un par de segundos. Ambos hombres se miraban sin hacerlo realmente, sus expresiones conscriptas analizaban la situación que Kaelie planteaba, ellos no tenían porque saber que era una probabilidad remota teniendo en cuenta las circunstancias actuales, solo necesitaban saber que era real.
- ¿Donde estan las joyas ahora? - Preguntó el Rey; Kaelie se mantuvo lo mas impasible que pudo.
- El Inquisidor tiene el collar - Dijo intentando no mostrarse evasiva - Y él sin duda la llevará a Edom ya que Sebastian tiene a su hijo.
- Malditos Nefilims sentimentales - Rugió el Rey UnSeelie; Kaelie solo lo miró con dureza, ella no tenía ningun hijo de sangre, y podía entender al inquisidor porque hacía lo mismo por Maxwell, ¿Como el Rey Unseelie teniendo tantos hijos, no podía?
- ¿Cuándo será la batalla? – Preguntó Gwyn finalmente; Kaelie volvió la mirada a él, su mano sujetaba el yelmo con incluso un poco más de fuerza de la necesaria.
- Se desatará en cualquier momento.
- Alistare a mis soldados – Gruñó el Rey Unseelie dándose media vuelta para marcharse con paso rápido y firme.
- La cacería también ayudará, las joyas de Edom no deben caer en manos de nadie – Dijo colocándose el yelmo - Ni siquiera de las hadas - Agregó saliendo.
Kaelie esperó, contando mentalmente hasta cien antes de soltar el aire que había estado conteniendo y dejándose caer en su trono. Ella sabía, que ir a Edom no era enfrentarse solo a Sebastian, su ejército estaría allí y conseguir toda la ayuda posible era indispensable.
Recuperó las joyas, observando el destello naranja en sus gemas.
Ahora solo tenía que hablar con Bane.
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- No podemos sacrificar a todos por Alec, ni siquiera por Clary – Intentó hacerlo entender Jia. Llevaban casi media hora desde que Robert había vuelto al salón principal del Gard, sacándola tras la ejecución de la Reina Seelie para llevarla a solas y decirle esa loca idea sobre ir a Edom. – Acudir con tantos soldados, tan pronto, a una dimensión prácticamente desconocida y sin un plan es prácticamente suicidio.
- Ya no se trata solo de Alec y Clary, Jia – Dijo él; el ruido sordo del collar siendo colocado con rudeza sobre el escritorio de la mujer la hizo sobresaltarse – Y hay un plan en marcha, las hadas lo tienen.
- ¿Las hadas? – La mujer abrió los ojos de par en par – Por favor dime que no me estas diciendo que debo poner en riesgo cientos de vida por una fé ciega en las hadas que, te recuerdo, odiabas hace un par de días por robarte a tu hijo – Le suplicó mirándolo como si temiera por la salud mental de su amigo, Robert rodó los ojos – Las hadas no tienen como matar a Sebastian, Robert.
- Si lo tienen, solo… déjame ponerte el collar para que entiendas – Le pidió. La mujer le sostuvo la mirada por casi un minuto antes de suspirar y asentir. Robert se apresuró en tomar el collar y colocarlo alrededor del cuello de ella casi con solemnidad. Jia esperó un segundo, pero salvo la ligera calidez que podía percibir desde el punto donde estaba la gema, no sintió nada
- No siento nada – Dijo Jia enarcando una ceja. Robert tendió la mano pidiéndole la suya y Jia la estiró, viendo con escepticismo como el Inquisidor sacaba su estela para trazar una runa de fuerza; expresión que se volvió horror cuando pocos segundos tras haber sido trazada la runa empezó a borrarse. - ¡Por Raziel! ¿Qué demonios?
- Son las joyas de Edom, y es el arma que las hadas tienen contra él – Dijo y no tardó en explicarse, le contó a Jia sobre su conversación con la Reina Seelie y Kaelie, sobre lo que sabían de las joyas de Edom y de cómo estas estaban hechas para destruir la sangre del cielo y el infierno. En este punto la mujer había intentado quitarse el collar alarmada, sin éxito alguno; Robert se dio prisa en quitárselo, guardándolo en su bolsillo, no pudiendo evitar notar como Jia veía la joya con miedo, como si tuviese que contenerse para no arrojarse sobre Robert, arrebatársela y destruirlo. No podía culparla, él había sentido lo mismo.
- Si lo que dices es cierto – Comenzó ella, intentando contener el temblor en su voz - ¿Cómo pretendes que te permita poner en manos de las hadas un arma que sería capaz de acabar con los nefilims?
- No es como que tengamos otra opción Jia – Gruñó él - ¿Cuántas veces hemos matado a Sebastian por nuestra cuenta? ¿Cuánto tiempo se ha quedado muerto? Estas joyas dan la oportunidad de destruirlo permanentemente.
- Lo haremos sin las hadas entonces – Bufó ella – Dile que te entreguen el resto de las joyas, nos encargaremos nosotros mismos.
- Las joyas no pueden ser activadas por nefilims – Bufó él - Y la Reina Kaelie me dio su palabra de usarlas contra Sebastian.
- ¿Y te prometió no usarla contra nosotros luego? – Preguntó la mujer molesta, Robert se removió incomodo- ¿O entregarlas cuando todo haya terminado? No me respondas, ya se la respuesta ¡Por supuesto que no!
- Con mayor razón: ¿Cómo puedes solo ignorarlo todo y no acudir a la batalla? Porque si Kaelie va a rescatar a Clary y a mi hijo, Kaelie tendrá este collar, pero como líderes Nefilim, debemos estar dispuestos a contenerla en caso de ser necesario.
La mujer entrecerró los ojos, no le gustaba lo que escuchaba, no le gustaba la manera en que Robert estaba manejando las cosas, ella podía entender que su familia tuviese un lugar prioritario ¡Por Raziel! Nunca lo juzgó respecto a sus acciones con Alexander en los últimos cinco años, pero eso era demasiado.
- Movilizaré las tropas de inmediato – Aseguró la mujer con dureza; Robert estaba por suspirar de alivio cuando ella continuó - Pero si sobrevivimos y ruego a Raziel porque así sea, espero tu dimisión inmediata como Inquisidor. – Su voz estaba determinada, sin admitir contra alguna; contra que Robert no daría: era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer.
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Cuando la hermana de hierro y los hermanos silenciosos llegaron, el sol apenas comenzaba a fortalecerse, a medio camino desde el horizonte. Max había visto a Maxxie correr hacía el hombre de la hermandad abrazándose a su túnica a modo de saludo y juraría que este antes de separarlo de si, había acariciado su cabeza con un gesto que fuese cariñoso si no se vieran tan atemorizantes.
Lo habían excluido de todo luego de interrogarlo: Jace había preguntado sobre Alec, la amenaza de Sebastian, el plan que habían tenido de irse los dos sin poner en riesgo al resto del instituto evitando que Kaelie les diera paso a Edom, y como esta se había negado a ayudarlos dispuesta a darles paso si se comunicaba directamente con Jace; ya no tenía caso negarlo, tenía que rescatar a su hermano.
Pero eso no había sido lo peor, en algún punto Jace había notado el anillo Morgenstern en su mano; Max había tenido que pelear con él, con mordidas incluidas para evitar que se lo quitara, alegando que Alec se lo había dado. La noticia no había tranquilizado al rubio en lo absoluto, mucho menos cuando Magnus le confirmó que el ojos azules había conservado el anillo todo ese tiempo.
Como sea, toda esa información había incrementado el movimiento en el instituto. Escuchó cuando el rubio discutía con el inquisidor sobre la nueva situación y el aparente apoyo de la Consul y la Clave, hasta que su hermana lo apartó, confinándolo a la biblioteca en el centro de un circulo de runas que usarían para bloquear su mente de la influencia externa y solo su madre se quedó a hacerle compañía. Frunció el ceño en dirección a ella, la había escuchado hablando con Izzy antes, planeaban dejarlo en algún lugar seguro cuidando a los niños, no confiaban en él, pero realmente estaban equivocados si creían que se quedaría.
Max podía escuchar los murmullos del hermano silencioso y la hermana de hierro, suponía que ya el fulano ritual había comenzado porque le habían pedido quedarse allí, de rodilla, inmóvil y con los ojos cerrados.
- Hola Max – La voz amable junto a él lo tomó por sorpresa. Abrió los ojos a prisa de inmediato, seguía escuchando los murmullos, pero no podía ver a los nefilims, ni siquiera a Maryse; el único frente a él, en el interior del circulo de runas, era un rubio con ojos verdes al que conocía muy bien.
- ¡Bash! – Max se había sobresaltado al verlo, ¿No se suponía que eso era lo que ese ritual debía evitar? Y sin embargo estaba aliviado: había algo diferente, no sentía miedo; al contrario, el ambiente en la biblioteca transmitía paz, al igual que la sonrisa cariñosa en los labios del rubio – Jonathan – Entendió.
- Puedes llamarme Bash si quieres – Concedió – Me gusta ese apodo.
- Pero me dijiste que no… fue Sebastian – Entendió. Era tan confuso aun ahora, la dicotomía del buen Jonathan y el malvado Sebastian, el entender quien había sido entonces Bash: ¿El muchacho que lo arrojó como carnada contra un duende o el que curó su tobillo mordido con una iratze?
¿Ninguno?
… ¿O ambos?
- Esta será la última vez que nos veamos Max – Le informó, estaba descalzo y vestía de blanco, no lo había notado hasta que se acercó a él para ayudarlo a incorporarse. Max se dejó ayudar poniéndose de pie – Pero tenía que advertirte antes…las joyas…
- Se las entregué a la Reina Seelie – Admitió avergonzado – No te hice caso y las saqué del instituto, tampoco te escuché que no dejara que Alec se fuese a Edom, y ahora todo es un desastre.
- No lo es – Negó, pero no le permitió la falsa esperanza – No es ni la mitad del desastre que puede llegar a ser.
- Y será mi culpa.
- No es momento para culpas Max – Le advirtió - Habrá perdidas…
- Un camino de muerte y pesar – Recordó con voz baja la advertencia que Jonathan le había dado antes, la que él había ignorado.
- Que terminará solo con un gran sacrificio – Completó – Deben prepararse.
- ¿Qué puedo hacer? – Se lamentó jalándose el cabello con algo de desesperación.
- Ser, hacer… a veces lo difícil es no ser, no hacer.
- ¿Qué significa…? – Pero el rubio se estaba volviendo más borroso. Max estiró la mano para sujetarlo y el rubio de ojos verdes tomó su mano de vuelta, dándole apenas una sensación de contacto que le recordó los cinco años con el recuerdo de Sebastian en Edom. – Bash… – Su voz se ahogó.
- No puedo imaginar que Alec encontrara un mejor lugar para mi anillo – Dijo con cariño, mirando la mano de Max, el lugar donde el anillo Morgenstern descansaba.
- No… no te vayas – La realidad de la idea acababa de golpearlo: Jonathan o Sebastian, ambos habían sido parte de su vida por años y él los estaba apartando, cortaba el lazo que los unía.
- Dile a Alec que lo amo Max – Susurró, su voz se escuchaba cada vez más lejana – Pero no puede dejar que un mal recuerdo siga interponiéndose en la familia que intenta construir…
- Bash…-Sollozó, intentando aferrarse a su mano, pero esta solo se desvaneció de sus dedos como un fantasma.
- …Lo mismo para ti – Su voz también se desvanecía.
- No…Bash… Bash… ¡Bash! – Eso último fue un grito que brotó de sus labios, los reales. Estaba de rodillas, apoyado en el suelo de la biblioteca sobre sus manos; podía ver la túnica y los pies del hermano silencioso y la hermana de hierro frente a él, fuera del circulo de runas; los murmullos se habían detenido, pero ahora eran suplantados por sollozos, sollozos que brotaban de lo más profundo de su pecho.
Las lágrimas que nublaban su visión caían por sus mejillas sin reparo alguno. Le dolía el pecho, era un dolor profundo ante la sensación de vacío. Su mente estaba cerrada a la influencia del cielo y el infierno, había perdido la conexión con Sebastian, pero también lo que lo unía a Jonathan.
- Bash…- Repetía apretando los puños, aferrándose al anillo Morgenstern. Escuchó los pasos y al segundo siguiente su madre estaba frente a él, arrodillada, abrazándolo sin decir palabra alguna, sin preguntar, solo entendiéndolo y apoyándolo - Ya no puedo sentirlo - Ahogó- Se ha ido mamá – Maryse contuvo la respiración al oírlo aferrándose más a él, Max no se había dado cuenta que era la primera vez que la llamaba "mamá" – Bash se ha ido. - Y era doloroso, porque, aunque había estado esperando eso por semanas, lo último que quería era oir esa palabra tan cargada de dolor.
Porque había perdido a Bash; y esta vez para siempre.
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- Sebastian – Alec se incorporó al verlo, la sonrisa del rubio solo crecía viendo al ojos azules acercarse a los barrotes, acercarse a ellos - ¡Suelta a Clary! – Exigió.
- Alexander – Chasqueó la lengua – Llegar haciendo exigencias no es cortes – Lo riñó con sorna.
- No estoy para juegos Sebastian, Clary está herida.
- Quizás – Sebastian prácticamente se relamía con sus palabras. – Pero no quiero soltarla.
- ¡Ese era el trato! – Bramó. La sonrisa del rubio se hizo aún más amplia.
- Mis palabras fueron que la dejaría vivir y eso es lo que haré – El rubio abrió la caja en sus manos, Alec pudo ver algunas cosas mundanas: gasas, vendas, antiséptico y antibióticos que Sebastatian dejó caer en el interior de la celda de Clary. Alec escuchó a la pelirroja moverse – Pero no la soltaré, no es mi culpa que tu hermano interprete tan a la ligera las palabras, ¿qué clase de hada cree ser?
El demonio tras Sebastian rió con un sonido que parecía más el chillido de uñas contra una pizarra. Alec apretó la quijada, no le sorprendía que Sebastian jugara a quedarse con ambos, pero no por eso se sentía mejor en lo absoluto.
- ¿Dónde está el molesto Well, por cierto? – Preguntó el rubio como si de pronto se hubiese percatado de su ausencia.
- Tendrás que conformarte conmigo porque Max no vendrá – Gruñó y Sebastian enarcó una ceja.
- De acuerdo, no es como si tuviera demasiadas ganas de seguir cuidándolo, ya tuve que soportarlo por cinco años – Se acercó aún más a Alec, aun barrotes de por medio – Eres tú quien ha estado recogiendo cuanto huérfano encuentra – El ojos azules apretó los puños alrededor del metal de los barrotes - ¿Intentando llenar el vacío que dejé?
- Deja a los niños fuera de esto – Masculló entre dientes, tenso. Inspiró profundo intentando recordarse que debía centrarse en el momento - ¿Ese es tu plan entonces? – Volvió al tema – Tenernos encerrados acá hasta que te aburras de nosotros.
- Ese es el plan para Clary – Se burló y la puerta de su celda se abrió. Alec retrocedió de inmediato un par de pasos por instinto al ver que el rubio avanzaba en su dirección. Se llevó la mano al cinto para tomar su cuchillo serafín por precaución – Pero tú, Alexander, ¿Cuándo entenderás que, para mí, no eres en lo absoluto como ella?
- Cualquiera diría que es obvio – Escucharon la mofa de Clary desde su celda – Ya sabes, alto, apuesto, ojos azules, y yo chaparra, adorable de ojos verde… - Alec vió al rubio rodar los ojos con fastidio.
- Él es inteligente y no tienta su suerte estúpidamente como tu Clarissa – Siseó Sebastian volviéndose de nuevo a Alec, dando otro paso en su dirección. – La verdad es que no tienes que estar en una celda Alec – Aseguró estirando la mano en su dirección; Alec sacó el cuchillo serafín pero la mano rápida como tenazas de Sebastian inmovilizaron su muñeca obligándolo a soltarlo mientras la otra se hacía con su quijada – Pero debes demostrarme que estás dispuesto a amarme de nuevo – Alec se tensó al sentir los labios del rubio sobre los suyos, mordiéndole el labio inferior para jalarlo hacía si con una sonrisa que le cortó el aliento al nefilim, aunque no muy seguro si por la expectativa o el miedo. – Y solo entonces – La mano en su quijada se aflojó - Cuando me hayas convencido – Sus dedos deslizándose a lo largo del trazado de la runa de bloqueo - Me aburra de ella y si lo pides con la suficiente amabilidad – Descendiendo lentamente mientras él tragaba grueso - Puede que libere a Clarissa.
- Maldito – Gruñó la pelirroja, pero Sebastian no le prestó atención. El rubio se había apoderado de los labios de Alec. El pelonegro intentó mantener sus labios cerrados, bloqueados a los intentos de intrusión del demonio, pero Sebastian lo mordió y él quiso quejarse lo que el rubio aprovechó introduciendo su lengua en un beso profundo, intenso, demandante y posesivo; el perfecto recordatorio de su vida juntos. Alec gimió, avergonzado, retrocediendo y empujando al demonio.
El rubio se aferró a ambas muñecas manteniendo sus cuerpos juntos, avanzando para acorralar a Alec contra la pared, exigiendo una respuesta, utilizando su rodilla para abrir sus piernas, presionándolo. Alec se removió, maldiciendo a todos los demonios por la fuerza del rubio; y en cierta forma sintiendo alivio de sí mismo cuando se dio cuenta que ya no sentía la aceptación o el deseo de los últimos dos encuentros, no después de las amenazas a los niños, no después de tener que abandonar a Magnus y el sueño de una familia que intentaban construir.
Lo mordió con todas sus fuerzas, esta vez fue el turno de Sebastian de jadear adolorido o sorprendido o ambos, apartándose de Alec apenas un paso, recuperando esa sonrisa de Cheshire, una que se había vuelto tétrica por el líquido negro que se escurría. Alec tosió, atragantado por el sabor agrio.
- Icor - Entendió
- Mi Alexander, siempre queriendo jugar rudo.
- Púdrete – Escupió, restregándose la boca para intentar quitar el sabor. – No te pertenezco Sebastian – La mirada del rubio se endureció a pesar de que su sonrisa seguía allí – Y no voy a estar contigo; el amor, el cariño, incluso el deseo, todo eso lo sentía por Jonathan, no por ti.
La sonrisa de Sebastian desapareció, la ira destellando ahora en toda su expresión ante la mención del otro rubio, su alter ego. Alec se mantuvo firme cuando el rubio alzó el puño para golpearlo, sorprendiéndose cuando el golpe solo agrietó la piedra en la pared tras él.
- ¿Alec? ¿Alec estás bien?
- ¡Cállate! – Rugió Sebastian en dirección a la pelirroja, volviendo hacía Alec, con una sonrisa aún más aterradora, una sonrisa furiosa – Jonathan…está…muerto – Siseó – Así que ahora no te queda más opción que amarme... A MI! – Su mano se hizo con su quijada como tenazas – Bien sea por tu voluntad – Mientras la mano libre sacaba del bolsillo de su chaqueta un pequeño vial. – O por la mía.
Los ojos azules de Alec se contrajeron con horror al reconocer el líquido dorado en el interior del frasquito. Intentó soltarse del rubio, esta vez con más premura, sintiendo como sus rodillas amenazaban con aflojarse debido al pánico, su cuerpo tenso y la boca seca, con la tirantez en el cuello al recordar su anterior adicción por ese líquido y todo el daño que había causado a su familia, a sus amigos, a Magnus, por esa poción.
- ¡Suéltame! – Masculló como pudo pese al agarre de Sebastian
- Creo que la recuerdas – Se burló – Poción de amor, cortesía de Moon.
- ¡Aleja eso de mí! – Con un dedo Sebastian descorchó el vial, acercándolo a los labios de Alec – Por favor, no Sebastian, por fav…- Su suplica se cortó para apretar los labios todo cuanto pudo antes de que el cristal lo tocase, los dientes haciéndole daño a la parte interna de sus labios al morder con todas sus fuerzas, dispuesto a no permitir que ni una gota entrara en su boca. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió el líquido, podía escuchar a Clary gritando que lo dejara en paz, preguntando qué pasaba, pero el cerebro de Alec solo procesaba todas las fibras de su cuerpo erizándose, suplicando a Raziel que se detuviera.
Y lo próximo que sintió fue la lengua del rubio en sus labios, limpiándolo. Las piernas de Alec cedieron para caer al suelo, todo su cuerpo temblaba
- Vas a amarme como antes, Alexander – Escuchó a Sebastian, debía haberse colocado a su altura porque le susurraba al oído – No me importa cómo – Alec sintió como le colocaba el vial en la mano y el rubio soltaba su quijada. Abrió los ojos viendo el recipiente aun lleno – Pero creo que quizás quieras hacerlo antes de que Jace y los demás vengan a intentar rescatarlos – Sus labios volvieron a unirse, esta vez en un beso que pretendía ser "tierno" – Estoy seguro que te interesa mantenerme contento.
Se apartó de Alec y salió de la celda. El ojos azul miró el vial en su mano con nauseas crecientes por el líquido dorado en su interior.
Se limpió los labios con el antebrazo no muy seguro si para limpiarse del sabor a Icor, la saliva de Sebastian o cualquier resto que pudiera quedar de la poción de amor. No había llegado a probarla, pero no quería arriesgarse.
- Vigílalos desde afuera del calabozo, nadie puede verlos hasta que yo vuelva, ni siquiera tu – Escuchó las órdenes del rubio al demonio que había estado esperando afuera; el demonio chirrió en asentimiento - Llámame cuando me ames Alexander.
- Alec – Escuchó a Clary llamándolo – Alec ¿Qué vas…?
- No puedo – La voz del chico estaba quebrada y su mirada fija en el líquido dorado, sintiendo las náuseas en su interior, las imágenes en su cabeza reviviéndose de todas las cosas que había hecho mientras "amaba a Sebastian", todas las personas que había lastimado, que habían muerto por su culpa.
- No tienes por qué hacerlo, ellos pueden cuidarse de Sebastian solos…
- Ellos pueden… - Repitió él con un tono tan bajo y quebrado que Clary no estaba segura si solo lo había imaginado. La pelirroja maldijo sonoramente, no envidiaba en lo absoluto la posición de Alec.
_OO_OO_OO_
¿Qué les pareció?
El "sueño" de Alec al principio debo confesar que era una de las formas en las que tenía en mente para terminar Por Andarse de Cupido; es decir, siempre tuve claro lo que quería para el final, pero mientras insistían en dejar a Jonathan vivo y demás, pues intente escribir al respecto a ver que tal, no me convencía del todo y la historia terminó como ya lo vieron, pero me gustó lo suficiente para no borrarlo y al fin tuve oportunidad de colocarlo ;) que habría hecho Alec a partir de allí, supongo que jamás lo sabremos xD
Magnus le dio un puñetazo a Simon a nombre de todas :) En fin, al menos ya sabemos que Alec no se fue sin un plan de respaldo y no solo tendrá el apoyo de su familia sino de la clave y toda Feéra; pero ¿Llegaran a tiempo? Ya ven que Sebastian los espera y presiona a Alec con la poción de amor D:
Por cierto, ¿Qué tal Jonathan? Espero haya sido una buena escena para despedirlo n.n
Aun no tengo nombre para el próximo cap x.x Pero todo el mundo irá a Edom.
Nos leemos pronto
Besos :3
