Iván y Mylene descubren un secreto no tan bien guardado, y la Strega le revela a Lila como usar el libro. Por otro lado, Chat Noir por fin ha descubierto a sus hijos e invita a Ladybug a una travesura. ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! Cuando Abby les diga que soy malvada... deben creerle. Aunque aquí entre nos, ya no sé quien es la mala influencia, si ella, o yo. ¡Ahora a lo que nos convoca!
Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIA
Sugiero uso de pañuelitos. Podría contener spoilers de la tercera temporada.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
Capítulo 10: Algunos secretos
Puente de las Artes. París.
Dos días después. Domingo, 18:12 hrs.
Le gustaba llevar a su chica de la mano, lo hacía sentir muy bien. Había algo en el simple gesto de sujetar su manita que incluso lo hacía sentir más fuerte. Él era un chico grandote y muy rudo, pero sin embargo, nunca dejaría de tener estos gestos con su chica. Mylene era la mejor novia del mundo.
-Tengo que admitir que estos días sin akumas han sido muy agradables.-
-¡No los menciones! Capaz que aparezca alguno y nos arruina la tarde, con lo linda que está- Suspiró Mylene.
Eran las primeras semanas del otoño, pero todavía estaban agradables. El frío todavía no se dejaba caer con tanta fuerza sobre la ciudad y todavía podían disfrutar de un resto de calor veraniego. Eso sí, en las noches ya se estaba percibiendo el cambio de temporada de manera más clara, lo mismo que en las mañanas. Iván le sonrió burlonamente a Mylene y siguieron caminando.
-Tienes razón, no debemos bromear con eso.- Iván miró de reojo a su chica. -Hay que disfrutar lo que tenemos y cuando.-
Mylene, sin decirle nada, se le recargó en el brazo con cariño, disfrutando de su presencia. Siguieron caminando y atravesaron el puente, siguiendo la dirección en la que les habían indicado que habían visto a André. Iban por su helado, de los últimos que comerían esa temporada. Iván miró hacia el frente, ya casi saboreando el que les tocaría a él y a su novia… Y efectivamente vio al heladero justo donde dijeron que estaría, pero… vio algo más que lo hizo detenerse.
¿Pero qué…? Parpadeó varias veces. Arrugó el ceño y sacudió su cabeza, antes de enfocar su mirada, refregándose los ojos brevemente. Observó… y observó… y… observó. ¡NAAAAAAH! No podían ser… ¡O eran muy parecidos o una broma muy…!
-Iván. - Lo llamó Mylene con la voz en un hilo. -¿Estás viendo lo mismo que yo? -
-¿Qué se supone que estás viendo y que yo estoy viendo?-
Mylene señaló hacia André, que aún estaba a buena distancia. El heladero no los había visto, ocupado como estaba con otros clientes… aquellos no habían llamado la atención de la pareja, sino otra cosa. Allí, alejándose de André en la dirección contraria a ellos (de manera que nunca los vieron), estaban…
-¿De qué nos perdimos?- Preguntó Iván en voz alta. Miró a Mylene, cuyos ojos estaban muy abiertos de la sorpresa.
-¡Son Adrien y Marinette!-
-Van de la mano.- Notó Iván. -¡Estuvieron con André, comprando helados!-
-Y van bien acarameladi… ¡OH LA LÁ!-
De la impresión, Iván y Mylene se sujetaron de las manos, a punto de echarse a fangirlear de lo lindo. Pese a la distancia, habían visto bien claro que esos dos habían compartido un beso, y en los labios, para luego seguir su camino, centrando su atención en el helado que compartían, muy cerca uno del otro.
-¡¿Cuándo pasó eso?!- Quiso saber Mylene, con corazones en los ojos. -¡Cosa tan tierna! ¡Ya era hora que pasara algo así! ¡Míralos que lindos se ven!-
- ¿Agreste y Dupain–Cheng?- Iván rió contento. -¡Quién lo diría!-
-¡Iván! ¡Nadie sabe!- Mylene se sujetó de la playera de su novio para darle más énfasis a sus palabras. -Lo mantienen en secreto o ya habríamos sabido algo o quizás hasta hubiera salido en alguna revista. ¿Te das cuenta?- A Mylene no le borraban la sonrisa del rostro. -¡Estoy tan contenta por Marinette!- Entonces el rostro de la chica mudó en sorpresa. -¡Alya no tiene idea!-
-¡No, no debe saberlo aún!- Apoyó Iván. -Habría sido la primera en anunciarlo al colegio y…-El muchacho se quedó pensativo. -Quizás esos dos quieren privacidad… disfrutar un poco esto a solas… antes que los demás se enteren… o los medios.-
-O con lo aprensivo que es el papá de Adrien, capaz que hasta lo estén ocultando de él.- Gruñó Mylene, frunciendo el ceño.
-Mejor mantener el secreto.- Añadió Iván. -Con Gabriel Agreste nunca se sabe.-
-Tiene sentido.- Mylene suspiró, tomándose una vez más del brazo de su novio. -Respetémosles eso. ¡Ya dirán esto cuando estén listos! Pero de momento…-
-¡No diremos nada! - Afirmó Iván muy decidido. Tomó entonces la mano de Mylene, su querida chica. -Vamos, que quiero nuestros helados.-
Mylene sonrió y se dejó llevar.
Residencia Rossi.
Esa noche. Domingo, 22:36 hrs.
El libro era interesante, tenía que admitirlo, pero no podía leerlo todo, tal y como habría querido. No, el desgraciado iba revelando su contenido a medida que Lila superaba algunas tareas o entendía algunas cosas. La chica aun así no perdía su interés, sobre todo porque podía interactuar de alguna manera con el artefacto.
-Entonces… eres un libro de hechizos.- Dijo mientras hojeaba las páginas, cuyo contenido se mantenía ininteligible para ella. -¿No me vas a enseñar nada?-
Mágicamente, el libro se cerró de golpe y se abrió solo, regresando al principio. Lila se sopló el flequillo: cada vez que hacía esa pregunta, las páginas volvían al principio. Esperó que las hojas se detuvieran y volvió a leer el enunciado.
-Mi destino lo forjan mis decisiones.- Leyó en voz alta. -¿Cómo se supone que tengo que continuar si no me dices nada?-
-Existen solo decisiones, no accidentes.-
Lila pegó un brinco y se puso de pie junto a su cama, girando sobre sus talones. Apoyada en el marco de la puerta, limando sus uñas, estaba la mujer que le había entregado el libro: Alil Issor.
-¿Quién te llamó, Bruja? Avisa que te vas a aparecer aquí, ¿quieres?-
-Nadie me dice que debo o no hacer.- Dijo Alil, sin dejar de arreglarse las uñas. -Son mis decisiones.-
Lila puso un mohín en la cara. Se tenía que ir con cuidado con esta mujer, le daba mucha desconfianza. Miró de reojo el libro… ¿quién se deshacía de un libro de hechizos así como así? Sobre todo de ese que le había pasado, que parecía ser muy peligroso a la vez que fascinante. ¡Porque a veces le ponía los pelos de punta!
-¿Y no te harás cargo de tus decisiones, bruja?-
-¿Para qué? Yo hago con mi vida lo que me antoja y decido sobre ella… que los demás no puedan lidiar con las consecuencias, no es problema mío.-
-¡Vaya! Primera vez que escucho decir eso a un adulto.-
-Son muchos los adultos que lo dicen, lo que pasa que tú estás rodeada de santurrones insufribles.- Alil dejó de limarse las uñas y caminó hacia Lila con cierto contoneo. -Como tus padres, que se llenan la boca de lo mucho que se preocupan por ti y ¡aquí estás! Con tu sombra como única compañía.-
Lila sintió bastante rabia al oír eso. Alil tenía razón, sus padres siempre se jactaban de lo bien cuidada y criada que estaba, con todas sus necesidades cubiertas, pero apenas sí los veía, nunca estaban ahí para ella, prefiriendo estar en su trabajo, con sus amistades y que a ella la partiera un rayo. ¿Cómo Alil sabía todo ello?
-Siguiendo tu lógica, entonces son sus decisiones.- Comentó Lila. -… pero yo no soy débil y sí puedo lidiar con el abandono.-
-¿Puedes? ¡No me hagas reír!- Alil le dio un tope en la frente. -Es hora de que empieces a tomar tus propias decisiones, niña. ¡Debes tomar lo que es tuyo!-
-¿Y eso lo voy a obtener de este libro?-
-Solo si así lo decides.-
-¿Y los accidentes?-
-Problemas de los demás.- Alil puso las manos en las caderas y pareció aumentar de tamaño. -Que no te importe el resto, ¡hazte cargo de tu vida le guste a quien le guste! No tienes que enfrentar las consecuencias.-
-¡Lo que sugieres está mal! Uno tiene que saber aceptar los errores y…- Alil le dio un zape. -¡AAAAUCH!-
-¡Ni tú te lo crees! Es la ley de la selva allá afuera, y si no luchas por lo que quieres te lo van a quitar… Como a Adrien.- Alil la miró con falsa amabilidad. -¿O dejarás que Chloé, Kagami u, ¡horror!, la china esa te lo ganen?-
El libro pareció dar un pulso de energía, y comenzó a brillar. Lila lo miró aprensiva, pero llena de curiosidad.
-Antes que el libro decida enseñarte sus poderes… debes mostrarle decisión. ¿Qué tan lejos eres capaz de llegar con tal de obtener lo que quieres?-
Lila entrecerró los ojos y apartó a Alil de un empujón, se abalanzó sobre el libro y lo abrazó durante varios instantes. Tomó aire y giró sobre sí misma de nuevo, lista para enfrentar a Alil.
-¡Quiero hacerlo!- Exclamó decidida.
-¡Pruébalo!-
-¡En verdad quiero! -
Pero Alil Issor ya no estaba ahí. El lugar que había ocupado parecía desprender un olor extraño que no alcanzó a identificar… Justo frente a ella… estaba su póster de Adrien Agreste.
El corazón le dio un brinco.
Habitación de Marinette.
Madrugada del lunes. 0:45 am.
Marinette se apresuró a su ventana, llena de aprensión. Los constantes golpeteos la habían despertado y a tentones se bajó de su cama, para atender aquél llamado. La urgencia dio paso a la frustración cuando vio a un sonriente Chat Noir tan campante del otro lado de la ventana. Ciertamente le temblaron los dedos cuando finalmente se compadeció del gato y lo dejó pasar.
Éste le dio un beso en los labios ni bien se apoyó en el suelo.
-¡Prrrrrrincesa! Creí que me ibas a dejar ahí en la ventana toda la noche.-
-Son pasadas las doce y media de la mañana, Chaton. ¿Qué haces aquí a esta hora?-
-Me dieron ganas de ver a mi buginette.-
-¿A estas horas, cuando mañana tenemos clases?-
Chat Noir sonrió para sus adentros. Marinette hacía esfuerzos por verse ruda y mosqueada, pero el rubor que le decoraba las mejillas y ese temblorcillo en las manos le indicaban otra cosa. Se inclinó hacia ella un poco, bastante coqueto.
-Si quieres me voy.-
-¡NO! No, no, no, no. Digo… No. Está bien. Ya que viniste…- Marinette se tapó la cara y respiró profundo. Y por impulso lo abrazó, como queriendo impedir su partida. Ni lento ni perezoso, Chat Noir la abrazó de vuelta. -¿Todo bien por París?-
-AHEM. Chat Noir…- Tikki, con cara de pocos amigos, apareció flotando al medio de ambos y los separó. -Ya, vale que sepan sus identidades y todo, pero no es de caballeros entrar así a la habitación de una señorita a mitad de la noche.-
-¡Tikki!-
-¡Aw, Tikki!- Chat Noir asumió una expresión de disculpas. -No eras así conmigo cuando venía antes de que se supiera quien soy.-
-La situación era diferente Chat Noir.- Le dijo Tikki.
-Déjalo Tikki, no me molesta.- Marinette le acarició la cabeza a su kwami. La chica corrió a su escritorio, al frasco donde guardaba galletas. -Además ya se va. Creo que tengo galletas por aquí… se come unas cuantas y ya.-
-¡Pero esas son mis galletitas!- Se lamentó Tikki descorazonada. Chat Noir le dio un topecito y le ofreció un éclair comprado especialmente para ella, envuelto con especial primor.
-En compensación por las molestias, querida Tikki.-
-¡¿Intentas comprarme con comida?!- Protestó la kwami indignada, pero solo se encontró con la enorme sonrisa de Chat Noir. Tikki hizo un puchero y aceptó el éclair. -Lo aceptaré, pero me ofende mucho. ¡Los estaré vigilando!-
Chat Noir dejó a la kwami con su éclair y se acercó a Marinette, quien disponía de algunas galletitas sobre un plato que tenía por ahí. Cuando se giró sobre sus talones, ahí estaba el gato, tan encantador como siempre, quién robó una de las galletas y comenzó a comerla.
-¿Qué te trae por aquí, Chaton?-
-Quería verte.- Chat Noir le apartó un mechón de la cara. -Y hacerte una propuesta.-
-¿Propuesta?- Preguntó Marinette abriendo mucho los ojos, quizás algo ruborizada.
-¡Que se sepa que los estoy vigilando!- Insistió Tikki, mientras comía su pastelito.
-¿Qué… sucede?-
Chat Noir se inclinó hacia Marinette hasta apoyar sus frentes, sin olvidar de acariciarle una mejilla. El sonrojo de la chica aumentó algunas tonalidades.
-Tendrás que molestar a Tikki, porque te estoy proponiendo un paseo.- Le dijo en un susurro. Sus ojos pasaron de coquetos a tierna severidad. -Creo que los encontré. ¿Quieres venir a verlos? No tenemos mucho tiempo, pues no dejan de moverse…-
Esto borró el sonrojo de sopetón del rostro de Marinette. Abrió los ojos de la sorpresa y hasta sonrió un poco aprensiva. Tomó las manos de Chat Noir entre las suyas.
-¿Estás seguro?-
-98% seguro… pero tendríamos que apresurarnos. Siempre se mueven.-
-¡TIKKI, TRANSFÓRMAME!-
Catacumbas de París.
Madrugada del lunes. Media hora después. 1:15 hrs.
Ciertamente aquellos laberintos no eran los pasadizos en los que ellos habían crecido. Estaban húmedos, olían a muerte, a encierro, no tenían luces y estaban infestados de toda clase de plagas… pero eran seguros y sabían muy bien como navegarlos. Estaban en un sector que habían adaptado como una suerte de salita. No se quedarían mucho tiempo, pronto buscarían otro sitio, pero de momento se contentaban. Las últimas semanas se habían estado moviendo por distintos albergues y casas okupa de las periferias, pero nunca más allá de dos o tres días a lo sumo.
Ellos mismos estaban cazando a la Strega, lo que había sido más difícil de lo esperado. Sin mencionar que Emma tenía que estar más o menos cerca de Les Invalides para poder procesar el edificio, lo que también estaba probando ser desafiante, sobre todo con la seguridad del lugar, quien ya no la veía con muy buenos ojos.
Hablando de Emma, esta estaba mirándose intensamente en un espejito.
-Looooooooooooooooouuuuuuuuuuuuuuis…-
Su hermano estaba sentado a su derecha y se mantenía alerta. Giró la cara en su dirección con bastante paciencia y cariño. Una pequeña fogata chisporroteaba cerca de ambos y les daba algo de calor. Los ecos que llegaban de los corredores eran por momentos muy inquietantes. Prefería mil veces las catacumbas del futuro que las del 2015.
-¿Qué rezongas, Minette?-
-¡No me dijiste nada!-
-¿Qué no te dije?-
- ¡Que Me Parezco Al Papá! Tengo los ojos azules y soy mujer, ¡es la única diferencia!-
- ¡Pues discúlpame por ser ciego! No sabía que te parecías tanto.-
Louis estaba de mal humor, pero aun así intentó contenerse por su hermanita, quien no tenía la culpa de sus mañas. Hacía apenas unas horas que había descubierto a la Strega rondando a su versión más joven, pero aunque lo intentó, no consiguió atraparla. Su regreso de la patrulla tampoco había tenido ningún resultado positivo… aunque había detenido un asalto cuando iba de pasada. Suspiró: ya se le pasaría el malgenio. Rodeó a su hermana con el brazo para darle calor.
-¡Me lo dicen todo el tiempo! Pero nunca imaginé que fuera tan patente el parecido-
-Exageran, seguro.- Insistió Louis con cariño burlón.
-No tanto.- Aseguró de pronto Plagg, quien había estado durmiendo en el bolsillo de Louis, desde donde salió y flotó hasta quedar frente a él. Le dio unos golpecitos en la nariz a su portador para indicarle que estaba frente a su rostro y bufó. -Emma es muy parecida a Adrien, las diferencias son muy mínimas. Tú en cambio, te pareces mucho a los dos.-
-Sobre todo mis ojos, ¿no Papá Plagg?- Preguntó Louis bajando la cabeza. -Ya casi ni me acuerdo del color que los tenía…-
-¿No me parezco a mi maman? ¿Ni un poquito?- Preguntó Emma descorazonada. -¿Papá Plagg?-
El kwami suspiró. Frotó su cabeza contra la mejilla de Louis y luego voló hacia Emma, a quien le revolvió un poco los cabellos. Recordaba los ojos de Louis: tanto él como su hermano destacaban por tenerlos de la misma forma de Adrien, sobre todo Hugo, que hasta incluso había heredado el color, pero de eso ya solo se acordaba él. Hugo nunca más abrió sus ojos y Louis… los perdió a consecuencia de su insolencia desesperada. En cambio, los ojos de Emma, si bien eran como los de su papá, tenían el mismo color de los de Marinette: bien azules y vibrantes.
-Eres una copia al carbón de tu papá, Minette, pero tus ojitos son los de tu maman.- Le dijo con cariño. La muchacha sonrió por unos instantes, antes de soplarse el flequillo.
-Infiltrarme en el colegio va a ser difícil con este parecido.- Comentó ya con más calma. Se reclinó en el hombro de su hermano, y se acurrucó a su costado, quien la dejó acomodarse. -Cuéntame un cuento, Papá Plagg.-
-¿No estás muy grandota para cuentos?- Preguntó Louis con calma y burlón.
-No para los de Papá Plagg.- Anunció Emma tras un bostezo. -¡Y no te hagas!: también quieres escuchar.-
-¡Quien te viera, Plagg!-
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!-
Emma, Louis y Plagg casi tuvieron un infarto al escuchar la voz de Chat Noir. Se pusieron de pie en el acto y bien hubieran atacado a ciegas de no ser por el susto. ¿Cómo no los habían sentido llegar? Si eso hubiera pasado en el futuro, ahora estarían muertos. ¿Se habrían confiado al estar en las catacumbas? Ladybug se adelantó con las manos extendidas, en señal de paz, mientras Chat Noir se colgaba su bastón a los hombros, muy divertido con el susto que les había pegado.
-¡Calma los dos! Solo somos nosotros.-
-¡Chat Noir!- Plagg se abalanzó enseguida hacia Adrien. -¡Este es un susto que agradezco!-
-¡CONNARD! ¡Se supone que estabas atento! ¡Nos pudieron haber matado!- Emma atinó a darle un golpe a su hermano en el brazo, reclamándole por haber sido sorprendidos así con la guardia tan baja.
-¡Pero yo no era el único despierto!- Rezongó Louis sobándose el área afectada. -¡Y tú eres la que tiene ojos funcionales!- El muchacho se volvió hacia sus padres. -¡¿Qué hacen aquí y como nos encontraron?!-
-No digamos que fue fácil, pero lo hicimos.- Dijo Ladybug, aunque en seguida señaló a Chat Noir. -Bueno, Chaton hizo todo el trabajo.-
-¡Hola a los dos! Sí, gracias, estamos muy bien.- Los saludó Chat Noir con alegre sarcasmo.
-Llevábamos un tiempo buscándolos. Les trajimos algo de comer.- Dijo Ladybug señalando la mochila mientras se acercaba a ellos. -¿Qué hacen aquí? Está muy frío…-
Ladybug intentó acercarse a sus hijos, pero Emma se ocultó rápidamente detrás de Louis, quien a su vez retrocedió un paso. Esto descorazonó un poco a Ladybug y a Chat Noir por alguna razón que no alcanzaron a comprender.
-Pues… verán… Crecimos aquí abajo.- Afirmó Louis obligándose a calmarse. -Aunque en lo personal nunca he visto estos pasadizos.-
-Quedaste ciego antes, ¿me equivoco?- Preguntó Ladybug.
¡Aish! Esa noción la irritaba un poco. ¿Era en verdad necesario que cegaran a Louis? La heroína se acercó a la pequeña fogata que tenían encendida y se sentó cerca, llevando consigo la mochila. Chat Noir la imitó al rato, tras observar en todas direcciones: nunca había bajado a las catacumbas, Gabriel no lo habría permitido ni de chiste. En algún momento había sentido curiosidad por ellas, pero ahora que las veía de cerca, creía que no se había perdido la gran cosa. Eran exactamente tal como se las imaginó: lúgubres y llenas de huesos.
-¿Por qué las catacumbas?- Preguntó de pronto Ladybug. La chica ladeó la cabeza. -¿No piensan sentarse?-
-Solo vinimos a ver como estaban.- Comentó Chat Noir. El muchacho se inclinó sobre la mochila y la abrió. -No sé ustedes, pero hay un montón de croissants y otras cosas que huelen delicioso. ¿No tienen hambre?-
Ladybug y Chat Noir intercambiaron silenciosas miradas, pero no presionaron más. Sonrieron para sus adentros al ver a sus hijos acercarse con timidez a ellos y estirando el cuello para ver dentro de la mochila… bueno, al menos Emma, pues Louis parecía estar oliéndola. Se guiñaron un ojo y se quedaron quietos, en espera que ellos tomaran la iniciativa, mirando el fuego con paciencia. Poco a poco la ansiedad comenzaba a darles patadas en el estómago.
Justo cuando Ladybug iba a abrir la boca para decir algo, Louis se sentó junto a ella y Emma a un costado de Chat Noir.
-¿Cómo nos encontraste?- Preguntó Louis, orientado en dirección de Chat Noir.
-Ni idea. Improvisé.-
-¿Cómo que improvisaste?- Preguntó Emma curiosa. Ladybug sofocó una risita.
-Comenzó a darse vueltas por todos los lugares en los que creía que ustedes habían sido vistos hasta que acertó.-
-¡Ma lady! ¡Me ofendes! Sí los rastreé… costó, pero lo hice.- Chat Noir hinchó pecho. -Sé que han estado en la panadería de los papás de Marinette, en los alrededores del colegio, los han visto en la Place de Vosges, en Les Invalides, obviamente… También por la Defense, pero esa fue solo una vez.-
-La Strega andaba por allá esa vez.- Reconoció Louis. -Rondaba a Wayhem o algo así.-
Chat Noir levantó la cejas curioso. ¡De nuevo Wayhem! Cierto que le iba a preguntar el otro día, pero lo olvidó. Tomó aire: mejor preguntaba antes que se le…
-¿Por qué nos evitan? No mordemos. - Preguntó Ladybug, interrumpiendo el tren de pensamientos de Chat Noir. -Se supone que nos quieren proteger, pero ¿de lejos?- La chica suspiró con tristeza. -¿Acaso les prohibieron hablarnos?-
-No.-
-¿Entonces?-
Louis y Emma permanecieron callados unos momentos sin saber qué debían responder. Chat Noir los miraba con mucha atención, sin quitarles los ojos de encima. Sus hijos capturaban toda la atención de su gato y no lo ocultaba en absoluto. Eso la hizo sentir un poco incómoda… de los dos, ella era quien menos había interactuado con sus hijos y eso se sentía incluso antinatural. Dejó escapar el aire y tomó la mochila que habían traído y la abrió de lleno, sacando algunas de las cosas que habían llevado y que no tardó en repartir.
-Coman, que para eso trajimos todo esto. ¡Y agradezcan que Chat Noir no se morfó todos los dulces!-
A Emma le brillaron los ojos cuando recibió su croissant, lo mismo Louis. Chat Noir recibió el suyo y aprovechó para guiñarle un ojo a Ladybug, quien le sacó la lengua, muy juguetona.
-Es incómodo para los gatitos.- Dijo de pronto Plagg, tras recibir su queso. -Tanto como lo debe ser para ustedes. Por un lado, ellos están frente a dos personas muertas y ustedes ante dos de sus tres hijos. ¡No saben ni como llamarlos!-
-Creí que iba a ser más fácil… que me afectaría menos.- Confesó Emma. -Pero aquí estamos… y creo que estoy contenta.-
-Papá Plagg.- Lo llamó Louis.
-¿Qué pasa, minet?-
-¡Deja de llamarme gatito, minet o lo que sea! ¿Quieres?-
-¡Aww, minet siente su hombría amenazada!-
Louis lanzó un manotazo que Plagg esquivó con cierta soltura. En ese momento Chat Noir se puso de pie, tomó algo que Ladybug le ofrecía y volvió a sentarse junto a Emma, a quien le ofreció su trofeo.
-Ten. Galletas de chocolate. Agradece que no me las comí todas.- Reconoció con humor. Emma se lo quedó viendo con ojos grandes.
-¡Harán que engorde! No me quejo en todo caso.- Rió la muchacha, tomando las galletas.
-¡Transformación Fuera!- Exclamó de pronto Chat Noir, volviendo a la normalidad, atajando a su kwami con las justas en la palma de su mano. -Puedes decirme Adrien si quieres.-
-¡Aaaaargh! ¡Que cansancio! ¿Y mi queso?- Reclamó Plagg ni bien se sentó en la palma de su portador. Este abrió los ojos del susto al ver donde estaba. -¡¿Pero qué…?!-
-Uy, esto se acaba de poner rarísimo.- Sonrió Ladybug muy divertida. -¡Hola Plagg!-
-¡Louis! ¡Hay dos Plagg! ¡Este no está tuerto!- Anunció Emma sorprendida. -¿Por qué…?- Preguntó mirando a su papá.
-Solo ten las galletitas.- Le dijo Adrien con un guiño.
Emma sonrió con timidez y tomó las galletas ofrecidas. Mientras esto ocurría, Louis prestaba atención. Sintió a su Plagg volar de su hombro hasta encontrarse con su versión más joven. Ambos kwamis se miraban con intensidad.
-¡¿Qué le pasó a mi ojo?!- Dijo el Plagg más joven sorprendido.
-¡Qué joven me veía con dos ojos! - Dijo el Plagg más viejo.
Ladybug le entregó otro croissant a Adrien y se acercó un poco más a Louis, llamando su atención con algunas palmaditas en el hombro.
-¿Quieres otro croissant?- Le ofreció con buen humor. -¡El que te di casi te lo respiraste! -
Louis se giró hacia ella. Era un poco difícil leer su expresión en la oscuridad y con esas gafas sobre los ojos, pero Ladybug tuvo la impresión de que negaba con la cabeza. La conversación entre los Plaggs y la interacción que tenían Emma y Adrien pasó un poco a segundo plano, de pronto Ladybug no podía fijarse en otra cosa que no fuera Louis. Este se acomodó mejor hacia ella y levantando su mano derecha, la acercó a su rostro.
-¿Puedo…?-
Ladybug no dijo nada en seguida. Tomó la mano de Louis y la observó mejor. Vio que su hijo relajaba los hombros, como resignado a que la viera más de cerca… tenía una cicatrices muy curiosas, pero sanas, la piel no se veía mal, pero sí podía distinguir las marcas.
-¿Qué te pasó?- Le preguntó casi en un susurro.
-Un percance eléctrico.- Admitió Louis en voz baja. -Me curé bien: tenemos un gran médico en la Resistance…-
La chica reprimió un puchero. ¿Por qué le afectaba? Como que el estómago le había dado un tirón. ¿Cómo habría sido ese percance? ¿Quizás causado en parte por la ceguera de Louis o se debía a otra cosa? Sin querer, Ladybug aferró la mano de Louis y la llevó contra su corazón, como si quisiera con ese gesto borrar las cicatrices. ¡No tenía por qué haber pasado nada de eso! Louis por su parte se obligó a tragar el nudo que tenía en la garganta y recuperó su mano, la que levantó y detuvo a centímetros del rostro de Ladybug.
-¿Puedo?- Insistió anhelante.
-Claro…-
Ladybug había visto en alguna película o serie que la gente ciega solía conocer rostros tocándolos con sus manos. Que interactuaban con el mundo de esa manera. Por eso tomo una profunda bocanada de aire y accedió a la petición de Louis. Se relajó, sintiendo una sensación muy tibia al notar los dedos y manos de su hijo sobre su rostro, que no se perdían detalle. Al cabo de unos segundos se detuvieron y Louis bajó las manos… se le notaba emocionado.
-¿Louis?-
-Discúlpame… dame un minuto: estaré bien.- Dijo emocionado. Unas pocas lágrimas brotaron de uno de sus ojos.
-¿Louis?- Lo llamó su hermana. Adrien se levantó, dio una zancada y se sentó al otro costado de su hijo. Ella se acercó más al grupo.
-¿Todo bien?- Preguntó Adrien.
Louis, sin pedir permiso esta vez, estiró las manos y las puso sobre el rostro de Adrien, repitiendo el mismo proceso que antes siguiera con Ladybug, con la misma minuciosidad, pero esta vez fue notorio como las emociones comenzaron a desbordarlo. ¡Qué vergüenza! ¿Qué edad tenía? 23. ¿Y qué hacía? Emocionarse solo porque sentía el rostro de sus padres en sus manos por primera vez en su vida. Hubo un tiempo en que él podía ver, y veía a su papás todos los días. Pero una vez que quedó ciego y su mundo se sumió en sombras, la impresión de sus rostros en sus manos le había quedado vedada para siempre y sin posibilidades de poder trazarlos con sus dedos.
Y he aquí, acababa de volver a ver a sus padres gracias a la impresión de sus rostros en sus manos. Tal cosa lo conmovió más hondamente de lo esperado.
Papá Plagg se limpió su ojito, mientras que Plagg joven trató de ignorar la situación, rodando los ojos al cielo. Emma se encogió de hombros, aprensiva, mientras veía a su hermano dejando a Adrien para refregarse su propia cara y tratar de contener sus emociones. ¡Qué duro debía ser para Louis! No podía ni quería echarse a llorar como un niño pequeño, pero estaba a punto de hacerlo.
-¡Emma! Ven aquí.- La llamó de pronto Louis, con un nudo en la garganta. Emma obedeció.
-¿Qué quieres, llorón?- Le dijo ni bien se sentó frente a él.
Una vez más Louis posó sus manos sobre el rostro de alguien. Esta vez su hermana. Emma suspiró con pena, pero se dejó. Esta vez fue un toque más ligero, menos minucioso, cosa que se debía única y exclusivamente a que Louis la conocía bastante bien. Cuando la soltó, volvió a limpiarse su único ojo que aún conservaba los lagrimales con el revés de su mano.
-Petite soeur… sí te pareces a Adrien, y mucho… pero también tienes bastante de Ladybug.-
Ahora la que hizo un puchero enorme fue Emma, quien intentó tragarse todas las emociones que de pronto se le juntaron en la garganta, sin éxito. Pronto estuvo llorando, muy en contra de su voluntad. Su hermano mayor la abrazó, no solo para consolarla, sino también para contenerse a sí mismo… y Adrien no tardó en rodearlos a los dos con sus brazos.
-Transformación fuera…- Susurró Ladybug con la voz en un hilo, liberando así a Tikki. No perdió tiempo y se unió al abrazo.
La extrañísima familia lloraba en silencio.
Papá Plagg era un inconsolable amasijo de lágrimas. Plagg miraba indiferente y con ganas de darse topes contra las paredes. Tikki… flotó mirando la escena con hipos y lágrimas, sin poder contener las emociones, que poco a poco comenzaron a desbordarla de lo lindo. Plagg joven voló hasta ella y la hizo retroceder.
-Dales su espacio, Sucrette. Lo necesitan.- Le dijo con más tacto del usual.
-¿Tikki?- Preguntó de pronto Papá Plagg, levantando cabeza. Este interrumpió su momento emocional y se quedó mirando a la kwami de la creación. -¡Tikki!-
El kwami del futuro tuvo un mini infarto y embistió a Tikki en un abrazo que no quería soltar. La kwami se revolvió y sacudió.
-¡Suelta, calceta maloliente, Suelta!-
-¡TIKKIIIIIIIIIIIIIIIIII!- Lloriqueó Papá Plagg. -¡TE ECHO TANTO DE MENOS, SUCRETTE!-
-Tenme paciencia, Sucrette. En el futuro me falta un ojo y soy un malvavisco emocional.- Gruñó Plagg de mal humor y celoso de sí mismo. -¡Ya mátenme!-
-¡Qué lindo!- Se quejó Tikki, rodando los ojos. -¡Dos Plagg!-
Plagg se encogió de hombros, y miró unos instantes a la familia que aun lloraba: tenía la impresión de que las cosas… se iban a poner bastante movidas de ahora en adelante.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo capítulo: O por las buenas o por las malas
-¿Qué cosa?- Gabriel se detuvo en seco y miró a Nathalie perplejo. -¿Qué le pegaron a Adrien en el colegio?-
Nathalie aguantó la respiración.
-Todo parece indicar… que fue Adrien quien empezó la pelea. -
Gabriel tuvo un tic en el ojo.
Notas finales: MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJACOFCOFcof. Ahem, disculpen. MI lado malvado decidió dar un paseo o dos. Me pasa a veces, no lo controlo. ¡Pero bueno! Pudo ser mucho peor, ¿no? Al menos no he vuelto a matar personajes en este fic. Por ahí tengo un par en SS en donde maté varios personajes seguidos. En fin. Si se dieron cuenta, cambié el formato de los diálogos: no sé usar bien los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
¡TE HICE CASO, RANDA! Encontré genial la sugerencia, más porque describía muy bien lo ocurrido y el título no me había convencido del todo. Hice los cambios, que espero hayas notado. Y sí, digamos que Marinette también tuvo ese impulso alimentador. Ten, un Muffin, y ¡GRACIAS POR LEER!
Ahora que lo pienso, Shion, creo que debí haber dejado que los gatos le jugaran más bromas a Gabriel. En serio, después de Chat Blanc que no le tengo ni el más menor atisbo de cariño a ese hombre y ojalá que el karma lo muerda fuerte. Que Louis no te dé mucha pena: tiene buen apetito el hombre. Maeve dice que sale más barato vestirlo que alimentarlo, lo que sumado a la escasez de alimento en el futuro (no les falta, pero tampoco les sobra), siempre da la impresión de que está desnutrido. Y… para evitar decirte mucho sobre tu teoría final, digamos que con Lila nada es un accidente. Ten, un Muffin, y ¡GRACIAS POR LEER!
Eso ya es cosa de los guionistas, Manu. Quizás se presta para eso, nunca se sabe. Ahora, depende de lo que me inspire la musa, puede que escriba, puede que no, puede que vuelva al fandom de SS, puede que no. Ya veremos. Ten, un Muffin, y ¡GRACIAS POR LEER!
La falta de sueño, Newfan, es lo que tiene a Gabriel tan psicópata. Ese hombre merece todas las bromas que le caigan encima. Al menos Louis pasó tiempo con su papá y hasta consiguió fruta para él y su hermana… la fruta fresca en el futuro es casi un lujo, así que no iba a desaprovechar. Y sobre la paliza… me conoces un poquito: ya vendrán otras. Ten, un Muffin, y ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados. Estas entradas las debí poner en el capítulo anterior, pero ya saben lo que dicen: más vale tarde que nunca.
Minet: Minino, en francés.
Éclair: (en francés) significa relámpago. A veces también petisús o relámpago, es un bollo fino hecho con pasta choux, a la que se da forma alargada y se hornea hasta que queda crujiente y hueco, y que habitualmente se rellena. No hay que confundir este bollo con el pepito de crema o el suso, originario de Gerona, que se elaboran con otra masa y se fríen. Se cree que el bollo recibió este nombre por la forma en la que brilla cuando es cubierto con el glaseado. Por otro lado, petisús se cree que proviene de una modificación de la palabra francesa petit four (literalmente pequeño horno).
Se originó durante el siglo XIX en Francia, donde fue llamado pain à la Duchesse o petite duchesse hasta 1850. El primer testimonio escrito en francés fue en la década de 1860. Algunos historiadores de la comida especulan que los éclairs fueron hechos por primera vez por el famoso chef francés Marie-Antoine Carême (1784–1833).
