¡Buenas!
Siento haber tardado, pero la Universidad me comió un poco de tiempo.
Andreina: I don't understand what you mean by "add more" to the story. Can you explain it to me?
Kaiser: La pequeña al fin nació, pero ahora tiene que enfrentarse con la Liga Pokemón y luego con el desafío de ser padre primerizo. Ash no ha entrenado mucho, pero ahora Charizard le hace caso y eso lo hace algo peligroso.
Capitulo cincuenta y uno
La Liga Pokemon.
Una semana pasó desde que Jamie nació.
Durante ese lapso de tiempo James redujo el entrenamiento al mínimo para poder estar con su hija, así fuera simplemente quedársela mirando durante dos horas mientras la pequeña dormía dentro de su moises.
Apenas regresaron al rancho, James llamó a sus abuelos para contarle la noticia del nacimiento de su hija. Sus abuelos se emocionaron mucho y prometieron visitarlo en la Liga, ya que su abuela aún se estaba recuperando de la fuerte gripe que le había agarrado.
A pesar de que James estaba entrenando poco, Meowth no dejó su entrenamiento. Al fin había llegado la maldita Piedra eterna por la que había esperado más de un mes. Aparentemente, la enfermera Joy se había olvidado de su pedido y hacía poco lo había recordado. Parecía una roca común y corriente con un poco de brillantina encima, pero Oak le aseguró que no era falsa. Ahora la tenía colgada de su cuello, como si fuera un collar.
Cuando faltaban tres días para la liga, el ataque Día de Pago finalmente salió. En uno de sus movimientos, el amuleto brilló con fuerza y cuatro monedas salieron volando, aterrizando en el pasto. Meowth se quedó mudo durante casi medio minuto antes de salir corriendo y contarle a todos.
—¡ME SALIÓ! ¡SÉ DIA DE PAGO! —gritó por todo el rancho, asustando a todos. Una vez que Meowth se calmó un poco, les mostró a Oak, Jessie y James las monedas que habíatirado.
—Te felicito —le dijo Oak, tomando una de ellas y examinándola detenidamente—. Si sigues entrenando, podrías tirar hasta más de una docena de monedas.
—Ja, lo hubieras aprendido antes, gato malcriado —lo retó Jessie en modo de burla.
—Basta, Jessie, déjalo, hizo un muy buen trabajo —James le dio un ligero golpe en el hombro a modo de regaño.
Meowth levantó las monedas que estaban tiradas y le dio una a Jessie y la otra a James.
—Escuché por ahí que las monedas salidas de un primer Día de Pago atraían la fortuna a quien las tuviera encima y que jamás serían pobres. Quiero que las conserven. Usted también, profesor Oak, guardela.
—Oh, muchas gracias —le agradeció Oak.
—¿Y que harás con la última? —le preguntó Jessie.
—Se la daré a Brock cuando lo vea. La Liga ya está cerca, ¿no?
—Demasiado —James estaba muy nervioso. ¿Y si lo eliminaban en la primera ronda? Sería una vergüenza en televisión nacional.
Oak le palmeó el hombro.
—¿Nervioso? No te preocupes, seguro que lo harás bien. No digo que ganes, pero estarás bien.
Finalmente, el día llegó.
James se despertó a las cinco de la mañana, hecho un manojo de nervios. Sabiendo que no podía volver a dormirse, se levantó y se vistió, ansioso. Antes de salir, le dio un beso a Jessie y a Jamie.
Durante dos horas, James se quedó sentado en el patio trasero, rodeado de todos sus pokemón. En silencio, solo acariciándolos uno por uno. A veces soltaba un aleatorio "Todo saldrá bien" y eso era todo. Así lo descubrió Oak a las siete de la mañana.
—¿Nervioso? —le preguntó Oak.
—Un poco —minimizó James.
—Será mejor que desayunes algo antes de ir. ¿Iras a buscar a Ash?
—Hablamos sobre eso y quedamos de acuerdo en que viajaríamos por separado esta vez. Somos rivales, al fin y al cabo.
Oak se rio un poco.
—Si tu lo dices…
—Oiga, hay que tomarlo en serio. No porque Ash sea mi amigo me dejaré ganar.
Oak asintió.
—Tienes toda la razón.
—¿Usted irá a la Liga?
—Recién iré dentro de unos días. Tengo que dejar varias cosas en orden antes de irme.
James se levantó, puso a todos sus pokemón dentro de sus pokebolas y despertó a Jessie, Meowth y Lunita para que desayunaran juntos. James comió a la velocidad de la luz los panqueques que hizo Meowth y se quemo la garganta con el café con leche.
—¿Quieres terminar en el hospital, James? —lo retó Jessie.
James casi ni la oyó. Terminó su taza y se levantó.
—Preparemos nuestras cosas. No sabemos cuanto tiempo nos vamos a quedar.
—¿Pero nos dejarán entrar a todos? Pensé que el alojamiento era solo para entrenadores —dijo Meowth.
—Entrenadores y acompañantes —lo corrigió James—. Estaremos varios días en las cabañas…
—Si es que no te eliminan en las eliminatorias —se burló el gato.
Jessie le pegó en la parte de atrás de la cabeza.
—Estoy segura que voy a disfrutar de unos lindos días de relax mientras participes en la Liga —Jessie se echó para atrás en la silla—. Así que quiero que dures hasta los cuartos de final al menos.
James sonrió, intentando que no se notara lo presionado que se sentía.
—Lo prometo, cariño.
Jessie, James, Meowth, Lunita y Jamie viajaron en la carreta todo el camino hasta la Liga Pokemón. En ningún momento se cruzaron con Ash y sus amigos y James temió que llegara tarde.
En una parte del camino, tuvieron que correrse porque estaban en el recorrido de la antorcha que se hacía todos los años para la inauguración de la Liga. La llevaba un hombre de tal vez unos treinta años con aspecto de atleta mientras una camioneta y una oficial Jenny lo seguían.
—Supuestamente es el fuego de Moltres —comentó James, mientras la comitiva se perdía de vista—. No pueden empezar la Liga sin encender la antorcha que está dentro del estadio.
—¿La encenderán hoy? —preguntó Meowth.
—Mañana a la mañana, si no me equivoco, en la ceremonia de apertura.
—¿La has visto alguna vez? —le preguntó Jessie. Tenia a Jamie en sus brazos, profundamente dormida.
—Una vez lo vi por televisión, pero supongo que nada se compara a verla en persona —le respondió James.
—Espero que no sea muy temprano. Necesito mi sueño de belleza —le dijo Jessie con su tono arrogante de siempre.
—¿Qué es temprano para ti? ¿El mediodía? —se burló Meowth.
Jessie le dio un leve empujón a modo de respuesta.
—Como si tu te despertaras al la salida del sol.
Sin más incidentes llegaron a Ciudad Victoria al atardecer, el lugar donde se celebraba la Liga todos los años. Construida entre un lago cristalino y una cadena montañosa, parecía un lugar maravilloso para visitar cualquier día del año. James había ido allí una vez antes de sumarse al Equipo Rocket, pero fuera de la fecha de la Liga y le había parecido una ciudad tranquila y hermosa.
Pocas veces habían visto tanta aglomeración de gente. Las calles estaban atestadas de entrenadores de todas las edades que habían venido a registrarse, turistas y Dios sabe que más. A Jessie y James les estaba costando un poco avanzar con la carreta, ya que varias personas estaban paradas en medio del camino. Mientras intentaban ubicarse, Meowth notó a alguien.
—¡Miren, allí esta Gary! —señaló.
James detuvo la carreta. Sentado en la mesa exterior de una cafetería, tomando té, estaba Gary junto a su Bulbasaur.
—¡Hola! —los saludó Gary alegremente—. ¡Casi pensé que no vendrían!
—¿Estás loco? —James se bajó de la carreta y acarició la cabeza del pokemón plantao—. ¡Claro que voy a participar?
Gary inclinó la cabeza, mirando dentro de la carreta.
—¿Ash no vino con ustedes? —preguntó, extrañado.
—No, decidimos venir por separado.
Gary asintió.
—Fue una buena decisión. Puede que te enfrentes a él en la batalla y no te conviene que sepa tus tácticas. Para ser un buen entrenador, hay que conocer al oponente —recitó esto último como si fuera un maestro de primaria.
—Lo sé. A propósito, ¿sabes donde tengo que ir? Estoy algo perdido.
Gary terminó de tomar su té.
—Por supuesto —hizo un gesto con la mano—. Camarera, la cuenta.
Ya era de noche cuando llegaron a la zona de cabañas, donde los entrenadores se alojaban. Eran básicamente todas iguales: angostas y de dos pisos. Contaba con cocina, comedor, baño y una habitación, todo amueblado. Incluso le habían puesto una cuna en el dormitorio.
—Esto es vida —Jessie dejó a Jamie en la cuna y se dejó caer en la cama—. Dios, esta cama si que es cómoda.
Lunita se trepó a la cama de un salto.
—¡Cama! —gritó, entre risas.
James las miró a ambas. Por un segundo, se olvidó de la Liga y se sintió como si solo estuviera de vacaciones.
—Mientras ustedes están ahí de vagos, yo voy a preparar la cena. Dicen que la nevera de las cabañas ya vienen con comida —dijo Meowth, saliendo de la habitación.
—Recuerda que Gary dijo que no era la gran cosa —le dijo James antes de que el pokemón gato desapareciera.
James se sentó en la cama y Lunita no tardó un segundo en subirse a sus piernas para recibir sus mimos. Mientras la acariciaba, James le dio un vistazo a la cuna.
—Pensé que Jamie sería como esos bebés que se la pasan la mitad del día llorando, pero es muy tranquila —comentó James, asombrado—. No recuerdo que me haya despertado durante la noche o algo así.
—En realidad, si lloró alguna que otra vez, solo que tú no te despertaste —Jessie cerró los ojos—. Es una nena bien portada.
James se acostó a su lado y Lunita se acurrucó en su pecho, quedándose dormida casi de inmediato.
—Es nuestra nena bien portada —corrigió James, tomando a Jessie de la mano.
—¿A quien habrá salido así? —se preguntó Jessie.
—No a ti
Jessie lo golpeó en el brazo.
—Tonto —rio ella.
James puso a Lunita a un costado, se giró y la abrazó por la cintura, mientras la besaba en el cuello.
—James… cuarentena —le recordó ella, con un gruñido.
—¿Y que? ¿Acaso no puedo ser mimoso?
—Oh, se muy bien para que son esos mimos…
James la besó en la punta de la nariz.
—Esta espera será una tortura —James se llevó la mano a la cabeza, en un gesto melodramático.
—¿Y crees que para mi no? —Jessie le mordió el lóbulo de la oreja, contradiciendo lo que había dicho un minuto atrás.
Antes de que James mandara la cuarentena y todas las órdenes del medico al mismísimo demonio, Meowth apareció.
—Gary tenía razón. No hay la gran cosa. Espero que les gusten los macarrones con queso —giró sobre sus talones—. Y no hagan eso delante de mi hija, degenerados —agregó con irritación antes de marcharse.
Jessie y James se miraron a los ojos y se rieron como si fueran dos adolescentes. Ella sacó su pokebola y llamó a Arbok.
—Cuida bien de mi pequeña, ¿si? —le dijo Jessie. Arbok asintió y se puso al lado de la cuna como un fiel guardaespaldas. Ya con el estomago gruñendo, bajaron por las escaleras.
James casi no pudo dormir. Estuvo con la mirada clavada en el techo, levantándose ocasionalmente para chequear el estado de su hija y cambiarle los pañales. Era tan hermosa que le dolia. Cuando Jessie se levantó para darle el pecho, no se sorprendió de verlo despierto.
—Noche difícil, ¿eh? —comentó, entre bostezos. James asintió, medio dormido—. Pues más vale que estés espabilado cuando entres al estadio. No quiero que caigas redondo al suelo y que medio Kanto oiga tus ronquidos.
—Entonces seguiré durmien…
—Ni se te ocurra —lo amenazó Jessie—. Si te duermes ahora, será más difícil mantenerte despierto después. Mejor ve a lavarte la cara y prepárate un café bien cargado. Ya podrás dormir todo lo que quieras al final del día.
Tenía razón. No podía dormir ahora. Se dio una ducha rápida y se preparó un café fuerte en el desayuno. Apenas comió unas tostadas; se sentía tan nervioso que sintió que vomitaría cualquier cosa sólida que se metiera al estómago.
Salieron muy temprano al estadio, pero ya había bastante gente en las calles, todos ansiosos por ver la antorcha entrar al estadio.
Mientras caminaban, miraron por todos lados, esperando ver a Ash o a Gary, pero no se los encontraron. Total, estaba lleno de gente y no sería fácil encontrarlo en la multitud. Ya se toparían con ellos en cualquier momento.
Jessie fue hasta las gradas, con Jamie en brazos, Meowth y Lunita. James fue llamado por uno de los organizadores. Tenía que entrar con todos los participantes de la Liga.
Estaba buscando el asiento más cercano al campo, cuando escuchó que alguien la llamaba.
—¡Jessie! ¡Aquí hay asientos libres!
Misty estaba haciéndole señas con la mano desde la platea, junto a Brock. Jessie se dejó caer con suavidad en el asiento al lado de la pelirroja para no despertar a su hija, Meowth y Lunita se sentaron al lado de Jessie, compartiendo el mismo asiento.
—¿Cuándo llegaron? —les preguntó Jessie.
—Ayer por la noche —le respondió Brock—. ¿Cómo está James?
—Muerto de nervios. ¿Y Ash?
Brock sonrió.
—Igual. Creo que anoche no pudo dormir.
Misty señaló el cielo, emocionada.
—¡Va a empezar!
Una bandada de Pidgey salieron volando desde una esfera roja gigante suspendida en el aire, mientras que los fuegos artificiales empezaron a sonar con fuerza. La multitud comenzó a aplaudir enloquecida. Jamie se removió en sus brazos y comenzó a llorar, asustada por todo el ruido.
—Shhh —Jessie la acunó en sus brazos—. No te asustes, mami está aquí.
—¡Se ha iniciado oficialmente la apertura de la Liga Pokemón! —anunció una voz masculina a través de los parlantes—. ¡Aquí es donde los mejores entrenadores junto a sus pokemón vienen a demostrar su habilidad, fuerza y determinación! ¡Ellos pelearan uno contra otro, buscando siempre la excelencia y la victoria que necesitarán para entrar a las filas de los Maestro Pokemón!
A través de las puertas ubicadas en distintos puntos del estadio, salieron unas chicas portando la bandera de la Liga Pokemón (blanca, con una pokebola en el centro), Detrás de ellas, un centenar de entrenadores marchaban, La mayoría parecía tener la edad de James o incluso más. No habían muchos niños.
—¡Y aquí vienen los entrenadores entrando orgullosamente al estadio que han demostrado su valía con el mínimo de ocho medallas!
—¡Vaya, que emocionante! —dijo Misty, maraviilada por el espectáculo.
—Me pregunto donde estará Ash —Brock miraba por entre la multitud de entrenadores. Jessie hizo lo propio, pero buscando a James.
—¡Miren, ahí está! —señaló Misty.
Ash caminaba en medio de los entrenadores. No se veía muy bien desde lejos, pero se veía muy tenso. Un poco atrás de él, estaba Gary, muy confiado.
Jessie siguió buscando por entre los grupos y allí lo vio. Vestido con unos jeans y una camisa negra, se lo veía casi tan tenso como Ash.
—Ahí está tu papi, Jamie —le dijo a su hija, quien estaba poco a poco dejando de llorar.
—¿Dónde? Lunita quiere ver a Jimmy —protestó Lunita, intentando ponerse de pie.
—Por allí —Jessie señaló al otro lado de la cancha. Le había tocado un grupo distinto al de Ash.
Una vez que los entrenadores se acomodaron, una chica entró corriendo al estadio, con ropa deportiva blanca llevando la antorcha.
—¡Y ahora, la entrenadora que porta el fuego de Moltres entra al estadio para encender la antorcha central!
La chica subió las escalinatas hasta donde se encontraba la enorme antorcha central y la encendió. Un fuego casi sobrenatural emergió de allí, entre los aplausos y gritos de la multitud.
La Liga Pokemón había comenzado.
