Holaa! ¿Qué tal?
Como siempre la vida real apartándome de ustedes, pero aquí estoy con un nuevo capi para que no crean que he abandonado… pero antes, gracias a todos por leer, dar fav y follows, en especial a Guest, perdizRyhe y Guest por sus comentarios n.n Contesto:
Guest: no, no; abandonar no está en los planes en lo absoluto; de hecho he pasado las últimas semanas organizando las cosas que me faltan para los siguientes caps n.n me alegra que te gustara :) un beso
Guest: jajajaja, con bastante lejía xD Un beso
PerdizRyhe te contesto por inbox n.n
Ahora sí, a leer!
Parte VI: Sacrificio
Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.
Leal – Veronica Roth
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Capítulo 26: Tormento
Somos producto de nuestro pasado, pero no tenemos por qué ser sus prisioneros.
Una vida con propósito (2002) – Rick Warren
X.X.X.X
Maxxie observó el inusual movimiento en el instituto algo retraído. Rafael a su lado también veía la gran cantidad de desconocidos que iban y veían, cada uno más armado que el anterior. El niño de los cuernos negros se sentía incómodo, le había agradado ver a los hermanos silenciosos: el hermano Enoch siempre había sido agradable, pero luego de que se encerrara en la biblioteca con el tío Max y la abuelita Maryse, todo se había puesto extraño: cuando el hermano silencioso salió, Maxxie pudo ver al tío Max llorando en el suelo de la biblioteca aferrado a la mujer; había intentado preguntarle a papá Magnus que pasaba, pero él apenas prestándole atención le había dicho "está bien" y por si fuese poco, no había visto a pa… a Alec en lo que iba de día.
Rafael a su lado susurró algo que Maxxie no entendió. El brujito gruñó por lo bajo, sabía que Rafe estaba tan confundido como él, pero no lograban comunicarse eficientemente y planear una manera de descubrir que pasaba; especialmente luego de que Robert llegara.
Hacía un buen tiempo que Maxxie no lo veía y no pudo evitar pensar que se veía cansado.
- Rafael – Llamó al niño a su lado, señalando a Robert quien atravesaba el pasillo apenas notándolos – ¡Es Robert!
- ¿Qué? – Preguntó. Maxxie rodó los ojos, tendría que preguntarle a papá Magnus que significaba eso porque Rafael no dejaba de repetirlo cuando le hablaba.
- Él es el papá de Alec… así que…- Abrió la boca en forma de O al darse cuenta que, si la madre de Alec era su abuela entonces…- ¡Abuelo! – Gritó de pronto emocionado tomando a Rafael del brazo y corriendo por el pasillo para seguir al adulto.
- Maxxie, no me hales – Se quejaba el niño argentino.
- Abuelo, abuelo – Repetía el niño azul. Robert los escuchó justo antes de abrir la puerta del despacho de Jace y se detuvo sintiendo el impacto de los dos niños golpeando contra sus piernas.
- ¿Qué diab…? – Se detuvo al ver a los dos niños - ¿Maxxie?
- Abuelo – Repitió el pequeño de niño azul. Robert abrió los ojos de par en par, ya sabía sobre las intenciones de Alec de adoptar al niño, pero una cosa era aconsejarlo sobre los asuntos legales de la adopción de un brujo y otra tener al pequeño llamándolo abuelo justo antes de partir en una misión casi suicida. – Él es Rafael, mi hermano - Lo presentó alegremente.
- Rafael…- Repitió.
- Hola – Saludó el moreno tímidamente al escuchar su nombre. Robert parpadeó como si su cerebro necesitara un segundo más para entender lo que pasaba… Maryse le había dicho algo sobre otro niño al cuidado de Alec, solo que había omitido el detalle de que fuese un niño extranjero, que no hablaba inglés y aparentemente nefilim. Se masajeó las sienes sintiendo de pronto una punzada que amenazaba con volverse un dolor de cabeza: evidentemente Alec no le dejaría las cosas fáciles aun después de que lo rescataran de Sebastian.
- Hola – Respondió; dirigiéndose luego a Maxxie en inglés – ¿Porque no van a jugar un rato? tengo algo importante que discutir con Jace. No esperó respuesta, abriendo la puerta y entrando sin tocar. Maxxie quiso seguirlo, pero Robert cerró la puerta antes de que pudiera. El brujito bufó.
- En la ciudad silenciosa era más divertido – Se quejó.
- ¿Qué? – Repitió Rafael; Maxxie rodó los ojos, tener un hermano con quien no podía hablar, no era divertido.
Isabelle ajustó su traje de caza, antes de tomar el cuchillo serafín. Estaba en la nave de la iglesia del instituto al igual que unos pocos miembros de La Enclave, listos para partir en cuando Jace diera la orden; todos preparando sus cinturones de armas, ajustando las armaduras con la emoción y la expectativa previa a la batalla a flor de piel. Había también algunos hombres lobos de la manada de New York entre ellos Maia y Bat que hablaban entre sí en aparente calma, y por supuesto Luke quien intentaba mantener serena a Jocelyn.
Habían llamado a Lily al hotel Dumort pidiendo la ayuda de los vampiros, pero si bien tanto ella como alguno de los miembros de su clan estaban dispuestos a ayudar, habían tenido que negarse: no sabían nada sobre Edom, no sabía llegarían de día, si había sol o no en esa dimensión y si este podía hacerles daño, era demasiado riesgo a ciegas; Catarina en cambio había acudido al instituto y se encontraba en ese momento meditando, esperando que su magia fuese requerida; y luego estaba Simon…
Isabelle enarcó una ceja al ver a su novio ajustando un traje de combate que había adoptado como propio desde que había decidido acompañarla a algunas de sus noches de cacería en que su vampirismo fuese útil. Había un arco y un carcaj frente al castaño que lo evaluaba antes de tomar un par de cuchillos sin runas que colocó en su cinturón para luego colgarse el carcaj al hombro. A veces tendía a olvidar que Simon era un buen arquero, no tan bueno como Alec, pero su puntería era decente para alguien que no había entrenado toda su vida para ello.
Negó con la cabeza tomando su látigo y con un rápido movimiento golpeó en la mano de Simon con la punta antes de que tomara el arco, con la fuerza suficiente para causarle molestia, pero no daño real.
- ¡Ey! – Se quejó.
- Tu no irás a Edom – Sentenció ella – Alec no te necesita – Aseguró – Ninguno de nosotros necesita a alguien que está dispuesto a dejarlo allá.
- Isabelle – Suspiró cansinamente – No voy a atravesar el infierno para dejar a tu hermano a la primera de cambio – Ella enarcó una ceja – No debí decirle que fuera con Sebastian, fue un error ¿Vale? Pero estaba desesperado, aun lo estoy – Aseguró – Pero el no haber tenido que decirlo no significa que no sea la mejor opción para Clary.
- Simon…- Advirtió ella - ¿Cómo puede entregar a mi hermano, ayudar a Clary? Alec tiene horas de haberse ido y Sebastian aun no la libera ¿Sabes por qué? ¡Porque nunca fue su intención hacerlo!
- ¡Ya lo sé! – Alzó la voz él, no habían dejado de discutir desde la noche anterior que Magnus dijo sobre su discusión con Alec, pero las cosas habían empeorado esa mañana tras la partida del ojos azules – Pero Sebastian tiene a Clary desde hace tres días ¿Y habían preparado una expedición de rescate? ¡No! – Se auto contestó – Además de Jace, nadie con poder en la Clave parecía dispuesto a hacer nada - Las miradas de todos en la nave se enfocaron en ellos, Jocelyn incluso dio un paso en dirección al vampiro dispuesta a respaldarlo – Pero Alec solo tiene unas horas de haberse ido y el Inquisidor ya movió todas sus influencias.
Los susurros no se hicieron esperar ante la acusación del diurno, en especial los hombres lobos y Jocelyn parecían de acuerdo con el favoritismo. Isabelle los miró, escuchando un par de comentarios incluso sobre lo poco que confiaban en que Alec volviese con Sebastian. El rostro de la chica enrojeció de enojo.
- Mi padre lo hace por ambos – Simon bufó incrédulo porque Isabelle realmente alegara eso y una risa despectiva se escuchó desde la banca donde Catarina estaba sentada – Y vamos a traerlos a ambos, solo que ahora gracias a tu influencia no solo hay dos personas en riesgo, sino que nuestra misión se ha complicado.
Algunos nefilim susurraron de acuerdo a esto y la pelea de la pareja parecía estar a poco de extenderse al resto de las personas cuando el llamado a la puerta del instituto interrumpió cualquier otra replica. Jocelyn dirigió una molesta mirada a Isabelle antes de dirigirse a la puerta abriéndola. El silencio fue inmediato cuando un joven con hojas en el cabello se dio lugar rápidamente sin esperar invitación, y tras él lo hizo un hada.
- ¿Qué demonios…?
- La enviada de La Reina Kaelie, Noelie, se da lugar en la sala y solicita audiencia con el Inquisidor. – Vociferó el muchacho que Isabelle reconoció como Richard.
- Las hadas no son bienvenidas en los institutos – Se adelantó Kadir de inmediato, con la mano en su cuchillo serafín amenazante.
- Sin embargo, estoy segura que no pretendes derramar sangre de un submundo en nuestra presencia si esperan mantener esta alianza – Se adelantó Maia con dureza; no quería arriesgar el ayudar a Luke, ni era su prioridad defender hadas, pero como submundos no podían permitir la prepotencia de los nefilims.
Kadir resopló. Y Noelie lo miró como si aguardara a su respuesta, al nadie decir nada más la hada fue quien habló.
- Mi Reina ha conseguido aliados, pero necesitamos hablar con el inquisidor antes de otorgar la ayuda prometida a la Clave.
- ¿La Clave ha hecho un trato con ustedes? – Jocelyn estaba sorprendida, no se fiaba de las hadas, pero si aliarse a ellas significaba más posibilidad de rescatar a su hija, no sería ella quien pusiera el pero - ¿Pese a la paz fría? - Noelie asintió ante la mirada sorprendida de todos.
- Y luego dice que el inquisidor no tiene favoritismo – Masculló un hombre lobo; esta vez fue el turno de Isabelle de removerse incomoda.
- Los llevare con el inquisidor – Dijo Catarina interviniendo al fin, incorporándose.
Noelie asintió siguiendo a la bruja, siendo escoltada por Richard; dejando el silencio en la nave. Simon suspiró arrebatando el arco del látigo de Isabelle.
- Quizás Alec no me necesita, pero Clary sí.
Robert se dio lugar en el despacho negando con la cabeza para sacarse el encuentro con los niños de la cabeza: en ese momento debía estar centrado en los planes para Edom.
Jace estaba de pie frente a su escritorio, inclinado sobre un mapa en la mesa negando ante algún punto que Magnus señalaba también en el mapa. Los dos hombres alzaron la mirada al escucharlo entrar.
- Por favor, dime que me hiciste retrasar la ida a Edom dos horas porque traes buenas noticias de Idris – Jace intentaba sonar duro, pero había una clara suplica en su mirada. Robert se acercó a ellos quedando de pie junto al escritorio alrededor del mapa de Edom; le dirigió una rápida mirada antes de contestar.
- Jia ordenó la movilización de las tropas de Alacante y del Scholomance – Informó – Nos acompañaran a Edom – Jace dejó escapar el aliento que no sabía que contenía mientras que Magnus susurraba aliviado. Ambos estaban decididos a enfrentarse a Sebastian aun si fueran solo ellos dos, pero ambos eran conscientes de la importancia de los números, cuando se enfrentaban a un enemigo tan formidable.
- Perfecto – Celebró el rubio - Un brujo del laberinto espiral puede realizarles el portal y nos encontramos con ellos en… - Su voz bajó el tono intercambiando una mirada preocupada con Magnus.
- ¿Qué pasa? – Notó Robert.
- Tenemos aún una cuestión por resolver – Dijo Magnus obviamente frustrado - ¿Cómo sabemos a qué parte de Edom debemos ir? – Preguntó golpeando el mapa con el índice. – Podríamos aparecer en cualquier lugar y los nefilims de Idris en un sitio totalmente opuesto y aun así no acercarnos a donde sea que Sebastian tenga su guarida.
- No sabemos cómo encontrar a Sebastian – Lamentó Jace con un suspiro. Robert se restregó el rostro entendiendo el problema: Apenas y habían conseguido ese mapa de Edom gracias a los brujos del laberinto espiral y estos no habían podido asegurar que fuese cien por ciento fiable, no podían contar con runas de rastreo o mensajes de fuego para comunicarse con Jia porque ni siquiera estaban seguros de que las runas funcionaran, un hechizo también estaba descartado cuando Magnus era el único brujo y no podría utilizar su magia, eso sin contar con que no sabían dónde estaría el refugio del demonio y mucho menos tenían idea de en qué parte del mapa aparecerían cuando atravesaran los caminos de Feéra.
Los tres hombres cayeron rápidamente en un estado de frustración absoluta porque básicamente el plan era vagar por Edom hasta que accidentalmente tropezaran con Sebastian. Y Robert sabía que, si le decía eso a Jia, hasta allí llegaba toda la expedición.
Por suerte lo que podría ser la respuesta a sus problemas, llegó casi diez minutos después cuando Maryse abrió la puerta del despacho. La mujer tenía los ojos enrojecidos, y tras ella se dio paso Max, con marcas de lágrimas en las mejillas y algo retraído.
- Está hecho, el ritual – Informó ella. Los tres hombres la miraron y luego a Max, el joven se aferraba al anillo Morgenstern en su mano como una tabla en medio de un naufragio. Robert lo notó apartándose de la mesa.
- ¿Eso… es el anillo de Sebastian? – Preguntó sintiendo el enojo bullir en su interior.
- Robert no es el momento – Le advirtió Maryse.
- ¿No es el momento? ¡Esto es ridículo! Desde que volvió dice que solo le importa Alec ¿Y lleva el anillo del maníaco que se llevó a su hermano?
- El anillo se lo dio Alec – Masticó Jace. Magnus lo observó y luego al ex matrimonio y por último a Max, el más joven no los miraba, el ritual para cerrar su mente a Sebastian evidentemente lo había afectado. El brujo se desconectó por un segundo, realmente no le interesaba pasar de nuevo por la sorpresa, el enojo, la incomprensión que el descubrir que Alec había conservado ese anillo, causaba en todos; en cambio pensó en Max, en cierta forma sentía pena por él, y su sentimiento de pérdida, porque Sebastian era un maldito, pero por cinco años fue quien estuvo para Max como único recuerdo de Alec, su único contacto fuera de las hadas y…
El curso de sus pensamientos se interrumpió, ¡Eso era!
- Max – Lo llamó directamente por encima de la discusión entre Robert y Maryse, el joven alzó la mirada fijándola en Magnus - ¿Cuantas veces has estado en Edom? – Preguntó. Jace abrió los ojos con entendimiento mirando de Magnus a Max mientras un destello de esperanza cubría sus ojos.
- Visitaba a Bash casi a diario - Confesó; Robert chasqueó la lengua con disgusto y la mirada de Max se endureció: fueron ellos quienes preguntaron.
- ¿Cómo llegabas hasta él? - Preguntó Jace de inmediato. Robert abrió la boca con sorpresa, entendiendo - ¿Donde solían reunirse?
- Yo… llegaba a través de los caminos Fey hasta las afueras del bosque muerto – Dijo tímidamente; Magnus le hizo un gesto para que se apresurara en continuar - Hay...unas montañas de piedra rocosa al noreste, caminaba en esa dirección, pero cambiaba al este cuando las cuevas iniciaban nos conseguíamos cerca de allí, o a veces debía atravesar la explanada, hay una...fortaleza que...- El chico se cayó ante el gesto rápido de Jace llamándolo para que se acercara, abriendo espacio en la mesa para él. Max dudó, pero finalmente se acercó a la mesa, Maryse siguiéndolo cautelosamente a modo de respaldo.
Max miró el mapa con duda y luego a los tres hombres frente a él, volvió la mirada a Maryse quien le asintió, y finalmente la devolvió al mapa
- ¿Te importaría señalarnos el camino? – Apremió Robert.
- Oh...si...eh claro - Aseguró observando el mapa con detenimiento. El chico casi pega la nariz al mapa observando cada detalle. Se separó tomándolo en sus manos, girándolo noventa grados, luego noventa más; le dio la vuelta, pero por el reverso del papel solo había cientos de símbolos en un idioma que no conocía; volvió al frente y...
- Está de cabeza Max – Informó Maryse intentando no sonar exasperada; cosa que Jace no logró:
- Si no quieres ayudar...
- ¡Claro que quiero! - Gruñó con molestia – ¡Cerré mi mente a Sebastian y estoy haciendo todo lo que me piden para ayudar! – Reclamó y sus dedos se aferraron nuevamente al anillo - Quiero salvar a Alec, pero ninguno de ustedes me enseñó a leer un mapa ¿O sí? - Preguntó mordaz, los cuatro adultos se miraron con desconcierto, tendían a olvidar la poca instrucción de Max.
- ¿Las hadas no...?
- En Feéra nos guiamos por la naturaleza - Dijo - Si me llevan con ustedes puedo guiarlos.
- Perfecto entonces vienes – Dijo Magnus de inmediato como si cerrara un trato.
- Olvídalo - Negó Maryse de inmediato.
- ¿Qué? – Saltó Jace - ¡Es nuestra mejor oportunidad! – Clamó de acuerdo con Magnus.
- Acaba de recordarnos lo poco entrenado que está – Alegó la mujer; Max replicó por lo que ella continuó - No te llevaremos a un lugar tan peligroso.
- Es su decisión- Gruñó Magnus.
- Sobreviví en ese "lugar tan peligroso" – Marcó las comillas - …más tiempo del que tus "experimentados" nefilims lo harán.
- Sebastian te estaba protegiendo - Bufó su madre exasperada – ¡Robert di algo! – El inquisidor miró a su ex esposa casi con reproche, no estaba seguro de lo que se suponía que debía decir: estaba de acuerdo con Magnus y Jace, Max era su mejor oportunidad y al mismo tiempo, el muchacho era su pequeño hijo, no podía solo ponerlo en riesgo para que actuara como guía turístico.
Estaba por contestar cuando llamaron a la puerta; casi suspira aliviado al no tener que decir palabra alguna. La puerta se abrió sin esperar respuesta y fue Catarina la primera en darse lugar.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Magnus de inmediato.
- En realidad esperaba que ustedes me lo aclararan – Dijo dándole lugar a Noelie. Max dio un paso adelante expectante, como si esperara que tras suyo se diera lugar Kaelie, pero solo entró Richard; no estuvo seguro si eso lo desilusionó o no. Richard le dirigió una pequeña sonrisa de saludo antes de adelantarse e introducir a la cortesana de la Reina en voz alta.
- Noelie, enviada de nuestra Rei…
- Ya, ya, sáltate todo eso; no tenemos tiempo para formalidades – Le interrumpió Jace. - ¿Qué quieren?
- He sido enviada para hablar con el Inquisidor – Dijo Noelie – Dirigiéndose expresamente a Robert – Sobre la alianza con nuestro pueblo – Dirigió una rápida mirada a Max como si no estuviera del todo segura de estar de acuerdo con esa alianza, pero al mismo tiempo no podía culpar a Kaelie por hacerla.
- ¿Alianza? – Preguntó Jace de inmediato.
- ¿Te aliaste a las hadas? – Se indignó Magnus.
- ¡Ellas secuestraron a Max y estaban aliados a Sebastian! – Saltó Maryse.
- Pensé que habíamos acordados que Maxwell Lightwood fue secuestrado por Sebastian, no por el pueblo Fey – Dijo sin inmutarse y volviendo la mirada a Robert - ¿Inquisidor…?
- Puedes hablar aquí – Aseguró Robert – Todos son de confianza.
- No estoy tan segura pero la Reina dijo que podía hacerlo – Aseguró con un suspiró dando un paso en dirección de ellos acercándose. Richard avanzó también manteniendo la distancia protocolar como escolta. – La Reina ha escuchado que la Clave se está movilizando y pretenden utilizar un portal de brujo, y le ruega que recuerde que los caminos de Feéra están abiertos como método más seguro para llegar a Edom.
- ¿Qué? – Saltó Max de inmediato ofendido. – Ella me lo negó cuando se lo pedí.
-…Por lo que les pide que se reúnan todos a las afuera de Alacante en donde les permitirá el paso a Feéra y de allí a Edom. – Culminó ignorando la interrupción.
- ¿Así que ese el plan? ¿Arrojar a los nefilims a Edom y dejarlos a su suerte? – Ironizó Catarina.
- El pueblo Seelie los acompañará – Dijo la hada con los ojos entrecerrados mirando a la bruja.
- Espera ¿El Reino Seelie quiere ayudarnos? – Magnus movió su mano como si quisiera apartar una mosca. Noelie lo miró para luego volver la mirada a Robert y suspirar, después de todo, su misión era hablar expresamente con él.
- En pos de nuestro fin común, la Reina Kaelie ha conseguido el apoyo del Reino Unseelie y la cacería salvaje.
- ¿Toda Feéra nos ayudará? – Preguntó el inquisidor sorprendido.
- El pueblo Seelie ayudará, la cacería salvaje también es de fiar, pero la Reina acota que es probable que el Rey Unseelie solo intente hacer en su poder las joyas por lo que le suplique que la resguarde.
- ¿Robert de qué diablos habla? – Gruñó Jace.
- Seré cauteloso, espero que ella también lo sea – Dijo el hombre mayor con una mano en su bolsillo, aferrándose a la cadena del collar de Edom. Noelie asintió y el inquisidor suspiró volviéndose a su familia que obviamente tenían cientos de preguntas – Las hadas tienen un plan, los detalles no son importantes por ahora, pero nos ayudaran a traer a Alec y Clary, y destruir a Sebastian.
- Todos sabemos porque estamos aquí – Intervino Magnus escéptico y Robert no podía culparlo – Porque vamos a arriesgarnos, pero ¿Porque lo harían las hadas? ¿Porque debemos confiar en ellas?
- Porque Sebastian lastimó a Well…Maxwell – Se corrigió Noelie, como si la Reina le hubiese dejado claro que no debía llamarlo Well; y Max tuvo que admitir que la idea lo hizo sentir incómodo, o quizás fuese el saber que Kaelie estaba haciendo todo eso por él. No pudo evitar mirar a Richard y recordar sus palabras: "ella te defendió" - Y la Reina Kaelie no se lo perdonará.
- Así que el enemigo de mi enemigo es mi amigo – Entendió Jace, la hada asintió.
- Pues bien, muy bonito y todo lo que quieran – Intervino Catarina – Pero no vine aquí por nada, así que espero no les moleste que ponga un hechizo sobre todos para evitar cualquier truco o ilusión que pueda sorprenderlos al cruzar Feéra o Edom – Dijo cautelosa – Y no es porque no confié en ustedes – Su sonrisa sarcástica fue respondida por una agradecida de Magnus.
- Como quieran – Se encogió de hombros Noelie. Richard se acercó a ella susurrándole algo al oído a lo que ella asintió agradecida por recordarle antes de volverse nuevamente a Robert. – Hay una cosa más: Si quieren llegar a Edom a través de Feéra, Maxwell se queda en el instituto.
- ¿Qué? – Saltó el muchacho - ¡Richard! – Lo acusó.
- La Reina me pidió expresamente no dejar ese punto sin aclarar – Se defendió él desviando la mirada.
- ¡No! – Bramó Jace – Max va, él es la única manera que tenemos de encontrar a Sebastian.
- La Reina no ayudará si Max no se queda en el Instituto: es parte del trato. – Informó.
- ¿Cuál trato? – Intervino Maryse - ¿Robert que trato hiciste? – El inquisidor negó con la cabeza encogiéndose de hombros: él no había hecho ningún trato al respecto.
- Sin embargo, si Max da indicaciones precisas, los exploradores de Feéra son expertos en seguir rastros y encontrar lo que sea - Max irrumpió en una sarta de palabrotas en idioma Fey ante semejante oferta era obvio que lo dejarían por fuera. Maryse sonrió satisfecha, había juzgado demasiado pronto a Kaelie.
- No pueden dejarme a un lado – Intentó suplicar. Robert negó con la cabeza: Las hadas estaban ofreciéndoles aliados, guías, el arma para destruir a Sebastian y salvar a Clary y Alec a cambio de mantener protegido a Max, no había manera de que se negaran.
- Max, entiende – Intentó ser comprensivo - No será lo mismo para ti en Edom, no podrás defenderte mucho cuando no tienes a Sebastian de tu parte sino en contra.
- ¿Y creen que Bane si podrá? - Preguntó mordaz. El brujo lo miró con enojo y Jace volvió la mirada a Bane.
- ¿A qué se refiere, Magnus? - Entrecerró los ojos.
- A nada - Negó categórico.
- Los brujos no pueden hacer magia en la dimensión de sus padres - Informó Max - No solo eso, la dimensión los drena... lo drenaran como hacía el brazalete.
- ¿Qué? - Saltó Jace - ¿No pensabas decirnos...?
- ¡No me quedaré aquí mientras Alec está allá! - Saltó Bane.
- Si Edom va a matarte lentamente solo te volverás un estorbo Bane - Gruñó Robert
- Preparé pociones que me ayudaran, pero no voy a quedarme - Dijo categórico; sus ojos chispearon con magia azul, como si los retara a intentar detenerlo
- Yo tampoco - Saltó Max.
- ¡Tú te quedas con los niños! - Gruñeron Jace, Magnus, Maryse y Robert a la vez; Max saltó en un coro de palabrotas en una mezcla de inglés e idioma Fey, saliendo del despacho furioso sin preocuparse por tropezar a Richard en el camino. El criado por hadas quiso salir tras suyo, pero se contuvo suspirando.
- Chiquillo maleducado - Gruñó Catarina antes de dirigirse al resto – Como sea, empezare a enviarlos a Alacante.
- Vamos entonces – Aceptó Jace tomando sus armas y el mapa, saliendo del despacho seguido por Maryse.
- Una cosa más – Dijo Noelie – La Reina Kaelie espera que Richard y yo nos quedemos a cuidar de Maxwell. – Robert entrecerró los ojos con desconfianza.
- No se quedarán solos en el instituto – Advirtió.
- Catarina también se quedará – Ofreció Magnus, la bruja frunció el ceño, pero finalmente se encogió de hombros y suspiró.
- Por supuesto que lo haré… y si intentan algo, tengan por seguro que no dudaré en convertirlos en cucaracha – Amenazó. Noelie asintió saliendo del despacho junto a Richard y Robert este último dispuesto a ir de inmediato por un nefilim de la Enclave para ordenarle quedarse: no podían dejar el instituto a merced de puros submundos.
- Gracias – Dijo el brujo a su amiga; esta negó con la cabeza.
- No me fio de las hadas, y no voy a dejar que estén en posición de hacerle daño a tus niños Magnus; además, quiero conocer a ese brujito azul del que me hablaste – Le sonrió, sonrisa que Magnus le devolvió agradado hasta que ella continuó – Tu también deberías quedarte, sabes que en Edom...
- No voy a discutir esto contigo Cat – Negó él saliendo también del despacho de Jace buscando con la mirada en todas direcciones, no podía solo irse sin decirle Maxxie y Rafael; además si algo llegaba a pasarle, odiaría no haberse despedido de los niños - Ayudare a Alec, fin de la historia. - La bruja azul suspiró con un lamento, pero asintió.
- Siempre supe que este Nefilim solo te traería problemas.
Todo era rojo: la túnica de su vestimenta tirada en el suelo, su pecho desnudo teñido de cálido carmesí que goteaba de sus ropas, los ríos que surgían por la losa, las paredes; el trono imponente tras el cual dos grandes ventanales, uno dejando ver la torre de los demonios sin brillo alguno, la ciudad a sus pies consumiéndose en las llamas, el otro abierto a la gran explanada de cielo amarillento donde se suscitaba una atroz batalla, una masacre...la sangre estaba en todos lados donde mirase: de Nefilims y submundos, de aliados y enemigos, caras desconocidas y otros más cercanos como amigos y familiares; todos por igual teñían el salón principal y él se sentía satisfecho, al ver como ante la simple visión, el hombre al otro lado de la sala sonreía.
Alec lo miró, las gotas de sangre recorrían con lentitud su rostro, su cuerpo. Había sido una batalla cruenta, el tipo de batallas que Sebastian amaba, el tipo de batallas que él estaba dispuesto a ofrecerle a su amor.
...Su monstruo
Sebastian caminó hacia él, espada en mano: imponente, hermoso, letal...perfecto; un conquistador que no temía regodearse en su victoria. Traía consigo, casi a rastras, un cuerpo magullado que Alec se sorprendió al darse cuenta que estaba vivo, pero basándose en el estertor de su respiración, no lo estaría mucho tiempo más.
- Ganamos - Susurró Alec complacido acercándose al rubio para besarlo; el golpe sordo del cuerpo al caer al suelo no inmutó a ninguno. Nada podía excitarlo más que eso: la imagen de Sebastian arrasando con el mundo.
- Te traje un regalo - Susurró Sebastian besando su quijada y detrás de su oreja. Alec se estremeció placenteramente obligándose a centrarse en lo que Sebastian le mostraba y no en la sangre sobre acumulada en su entrepierna.
Le tomó un par de segundos reconocer el cuerpo que aun boqueaba, estaba tan magullado y ensangrentado que no lo habría hecho de no haber posado sus inconfundibles ojos de gato en él.
- Magnus - Susurró inicialmente sorprendido, la mayoría de la sangre provenía de los muñones donde deberían estar sus manos; Sebastian las había cortado para evitarle hacer magia; por un segundo casi siente pena por él...casi.
- Voy a traer a Max y tus niños - Susurró Sebastian colocándose tras Alec, abrazándolo por la cintura y apoyando el mentón en su hombro; casi parecían una pareja normal. Sebastian besó su mejilla - ¿Eso te haría feliz? – Alec asintió. Magnus boqueó jadeando alarmado, intentando negar…suplicarle a Alec que lo detuviera, que no permitiera que involucrara a Max y Rafael – Si quieres criar mocosos, mientras te portes bien, te dejaré hacerlo: necesito un brujo que crezca leal a mí.
- Maxxie será el más leal…- Aceptó girando el rostro, buscando sus labios ansiando más, como un sediento buscaba la última gota de agua; pero Sebastian mantuvo la distancia, continuando.
- Y mientras se porte bien le dejare tener al otro niño de mascota; Max sabe mucho de eso – Rió de su propio chiste - Pero antes, tienes que hacer algo por mi Alexander… - Pidió buscando la piel de su cuello, besando y succionando hasta arrancarle un gemido placentero.
- Lo… lo que ah…quieras – Aceptó. Sebastian presionó suavemente su caderas sobre Alec, haciéndole notar su dureza, manteniendo a Alec de frente a Magnus.
- Quiero que lo mates - La petición fue un susurro en su oído tan suave y sedoso que casi hace jadear a Alec pese a lo que decía - Mátalo sin contemplación alguna - Dijo, depositando un beso "casto" en su hombro desnudo mientras sus manos recorrían el torso del ojos azules con descaro ante los ojos de gato fijos en ellos - Dile que lo haces porque me amas... y luego iremos al loft y al instituto, y te voy a coger en cada superficie que él lo haya hecho; porque eres mío Alexander – Su mano se prensó como tenaza en su quijada obligándolo a girarse parcialmente para que sus ojos azules se mantuvieran fijos en los oscuros como pozos sin fondo del rubio – Y no voy a permitir que nadie piense lo contrario...ni siquiera tú.
Estaba duro, cada palabra, cada caricia lo había excitado como nunca antes; quería decirle a Sebastian que se olvidara de todo y lo tomara allí mismo: no le importaba la sangre, no le importaban los muertos, no le importaba Magnus suplicándole que reaccionara, él era de Sebastian, Sebastian era suyo y no quería que quedara duda alguna; pero sabía que no lo haría, Sebastian no lo tocaría un centímetro más mientras no lo complaciera; y no había nada que Alec amara más que cumplir sus deseos y hacerlo feliz.
Se separó del rubio con un último beso, jalando el labio inferior con los dientes de forma juguetona antes de tomar la espada del rubio y acercarse a Magnus; jalándolo del cabello para que alzara la mirada. Sus ojos de gato eran suplicantes.
- Alec...- Dijo con voz ahogada y rasposa – Por favor… los niños...
- Lo siento brujo, pero no tengo tiempo para lloriqueo: tengo una cita en tu loft con el hombre que amo - Aseguró y lo próximo fue el sonido del acero cortando la carne en su cuello, sintiendo la sangre salpicarle y la risa complacida de Sebastian...
- ¡NO! - Despertó con un grito sobresaltado, abriendo los ojos cuando su cabeza resbaló del apoyo en sus rodillas. Estaba temblando, el corazón le martillaba a toda velocidad, pero no había sangre, no estaba en ese gran salón, no había espadas ni cuerpos, no estaba Magnus ni tampoco Sebastian; solo él sentado en el suelo de una celda oscura intentando contener el temblor de su cuerpo y las ganas de vomitar; tratando en lo posible de no mirar el vial con poción dorada que descansaba en el suelo casi al otro lado de la celda.
Escuchó el sonido del demonio al otro lado de la puerta de las mazmorras, riendo aparentemente satisfecho, seguramente se estaba dando todo un festín con sus emociones.
- Alec, trata de calmar tus sentimientos o le seguirá siendo fácil entrar a tu cabeza - Escuchó a Clary. Apretó la quijada para no gritarle que se callara, que ella no entendía lo que estaba sintiendo, que estaba seguro que ella sería la primera en morir si tomaba la poción y luego la lista sería interminable. Le aterraba pensar que ese sueño, esa pesadilla se volviera una predicción de su futuro cercano: él ya había asesinado antes por Sebastian, había lastimado a su familia, a Magnus y estaba seguro que lo volvería a hacer, solo necesitaba unas gotas, unas gotas de la poción que lo había vuelto adicto y se convertiría en una marioneta de Sebastian, ¿Y si luego no podía parar de tomarla?
... ¿Y si no recordaba querer parar?
Magnus frunció el ceño, era de noche en Idris y él había sido el último en llegar a Alacante; se había tomado su tiempo para buscar a Maxxie y Rafael y presentarlos con Catarina; había sido un momento de lo más memorable.
- Chicos, tengo que presentarles a alguien – Había dicho entrando a la biblioteca cuando finalmente los encontró revisando los dibujos de los libros; repitió sus palabras en español mientras Catarina se daba paso en el lugar y de inmediato Maxxie soltaba los libros mirando a Cat con la boca abierta; Rafael por su parte miraba de la mujer al niño de piel azul con interés – Ella es…
- ¿Mamá? – Preguntó, sus ojitos se habían abierto con ilusión corriendo hacía Catarina quien abrió la boca con desconcierto.
- Espera… ¿qué? – Se alarmó cuando Maxxie corrió a ella aferrándose a su cintura. – No… yo no soy…
- ¿Es la mamá de Maxxie? – Preguntó Rafael con confusión.
- ¡NO!- Exclamaron tanto Magnus y Catarina.
- No me quites a mi hijo, acabo de obtenerlo – Se quejó Magnus a la bruja, tomando a Maxxie en brazos - No es tu madre Maxxie – Explicó con cuidado, la sonrisa e ilusión del niño se apagó y Magnus sintió el pecho rompérsele al ver las lágrimas formándose en sus ojos – Es mi amiga Catarina… la tía Cat – Dijo.
- ¿Tía?
- Lo cual es genial, porque nos parecemos ¿Eh? – Dijo ella condescendiente, tomando en brazos a Rafael – Y tú y yo, también vamos a hacer buenos amigos – Agregó en español guiñándole un ojo.
Le había tomado algo de tiempo explicarle a Maxxie que no por ser ambos azules los volvía familia de sangre, y luego fue aún más difícil explicarles porque quedaban al cuidado de Catarina por, esperaba, solo unas horas; finalmente asegurándoles que cuando volviera lo haría con Alec. Maxxie lo había aceptado, pero Rafael, mayor y con las experiencias difíciles que había vivido últimamente, notó que algo iba mal "¿Pero estarán bien?" Había preguntado y Magnus esperaba que su "Por supuesto" se hubiese escuchado más convincente de lo que en realidad lo sentía.
Al llegar a Idris, a las afueras del bosque Brocelind los escuadrones estaban ya formados, dándose paso poco a poco bajo la guía de hadas para atravesar el camino hasta Feéra como habían planeado y sin embargo Magnus no podía dejar de pensar que ahí había gato encerrado: lo veía en la manera en que Jia y Robert discutían alejados del resto, en como Kaelie parecía exasperada negándose a cual fuera que fuesen las exigencias de la Cónsul o en como esta y el Inquisidor intercambiaban miradas cuando Jocelyn y Luke se acercaron a preguntar que ocurría; pero, sobre todo, en la rigidez con que ambos respondieron un nada convincente "nada" sin apartar la mirada de Kaelie.
Magnus no apartó la vista mientras discutían por lo bajo a la vez que en voz alta daban órdenes a los escuadrones; habían intentado hacerlos mixtos ya que no sabían con que podían toparse, tener miembros de cada raza presente evitaba escuadrones en desventaja. Magnus suspiró, no culpaba la precaución de los vampiros de no asistir, aunque si lamentaba que ningún otro brujo hubiese respondido al llamado para acompañarlos, ni siquiera Catarina que les estaba ayudando acudiría; y sinceramente no la culpaba: ningún brujo cuerdo iría a una dimensión demoníaca por iniciativa propia, nadie quería correr el riesgo de toparse con su padre, y nadie lo había hecho desde Nyx que nunca estuvo bien de la cabeza; y ahora él mismo… que estaba enamorado de un nefilim estúpido, lo que bien podía ser lo mismo.
Un brillo llamó su atención cuando Kaelie hizo un gesto despectivo. Magnus frunció el ceño, reconocería ese brillo naranja donde fuese y aún más ese maldito brazalete. Masculló una maldición acercándose a los Nefilims cuando Jocelyn y Luke se retiraban y por sus expresiones no parecían conformes en lo absoluto.
- ¿Qué está pasando? – Preguntó sin rodeos al llegar a ellos.
- Nos ponemos de acuerdo para rescatar a Alec y Clary – Dijo Jia amargamente, muestra inequívoca de que no estaba nada feliz – Pensé que lo sabías dado que has vuelto a Alexander tu misión personal ante la clave.
- Jia – Le advirtió Robert. Los ojos de Magnus se entrecerraron con molestia que incrementó cuando la Cónsul alegó:
- Lo siento Magnus, pero ya no eres el representante de los brujos para hablar…
- Nunca renuncié – Gruñó interrumpiéndola – Y dado que mi suplente fue ejecutada y no hay otro brujo aquí, es conmigo con quien deben hablar ¿Qué está pasando? – Repitió mirando de reojo a los dos nefilims - ¿Cuál es el plan tras el plan? – Agregó directamente hacía Kaelie.
La hada le mantuvo la mirada desafiante por un segundo antes de suspirar.
- Está bien, de todas formas, Alexander me sugirió hablar contigo. – Hubo un extraño silencio ante la mención del joven; Robert, Jia y Magnus se miraron como si se preguntaran en silencio si sabían al respecto.
- ¿Alec? – Se confundió el brujo.
- ¿Con él hiciste el trato al que Noelie se refería? – Cuestionó Robert entendiendo.
- Si Alexander sabe que vamos a Edom, a estas alturas Sebastian también lo sabrá – Se alarmó Jia. Kaelie bufó.
- Sebastian sería un idiota si no lo esperara desde que se llevó a Clarissa – Dijo la hada – Y si, Alexander y yo hablamos; él… tenía su propio plan – Dijo – Pero acordamos que unir fuerzas sería lo más adecuado dado que tenemos el mismo fin – Y agregó directamente a Magnus – Y me sugirió que podrías ayudarme a encontrar lo que falta para destruir a Sebastian…y salvar a Alec – Magnus gruñó como siempre las hadas sabían que botones tocar.
- ¿Qué necesitas? – Preguntó derrotado.
- No aquí – Dirigió una cautelosa mirada a los nefilims.
- ¡No más secretos Kaelie! – Le advirtió Robert, pero ella lo ignoró colgándose del brazo de Magnus guiándolo para alejarse de todos - ¡Kaelie!
- Y así quieres que confiemos en el pueblo Seelie – Masticó Jia; Robert tuvo que tragarse su respuesta porque sabía que ella tenía razón.
Los dos submundos se alejaron lo suficiente para que nadie, humano o submundo, pudiera escucharlos; sin embargo, la expresión mortal de Magnus no los alentó en lo absoluto. El brujo parecía cada vez más pálido y cuando finalmente suspiró derrotado asintiendo, Kaelie se dispuso a quitarse el brazalete para entregárselo satisfecha, pero Magnus negó retrocediendo un paso, mirando con recelo el artefacto.
- Solo faltamos nosotros – Exclamó Jace llegando hasta los líderes de la Clave. El rubio estaba ansioso, todo su lenguaje corporal lo gritaba; de todos los allí presentes Jia prefería que él no los acompañara, Jace sería el único incapaz de tomar la decisión difícil si se requería y eso solo le confería un alto riesgo de volverse una carga en el momento decisivo, pero ¿Quién en la tierra lograría que Jace Herondale no acudiera a la batalla cuando estaban en riesgo las personas las personas que estaban? – Así que Kaelie ya puede guiarnos a… ¿Dónde está? – Se interrumpió al notar la ausencia de quien les abriría el paso a Edom.
- Estamos listos – La voz de la hada los sorprendió, parecía realmente satisfecha. Magnus en cambio estaba pálido – Pero vamos a necesitar que en Edom, cuando sea el momento inquisidor, nos entregues el collar sin que el Rey Unseelie lo note.
- No – Negó Jia de inmediato – No tendrás todas las joyas de Edom para que puedas usarlas contra nosotros.
- Así que ese es el porqué de tantos peros – Dijo curiosa negando para sí.
- ¿Las joyas de Edom? – Jace abrió los ojos mirándolos a todos con sorpresa. - ¡¿Van a usar las joyas?! – Pero Kaelie negaba para sí asegurándose de que nadie más los estuviese viendo antes de quitarse uno de sus delicados guantes revelando el bonito anillo con una piedra negra y llama naranja a juego con el brazalete, el anillo de Edom.
- Conservaré la diadema – Dijo ella e inconscientemente su mano se posó protectoramente sobre una bolsa de cuero de mediano tamaño atada a la cintura de su traje de batalla – Y para su tranquilidad Cónsul y muestra de mi buena fé, entregare el anillo a Jace Herondale – Dijo quitándoselo - Si promete devolverlo cuando estemos en Edom y sea el momento – Acotó; el rubio dudó, pero asintió extendiendo la mano para recibir el anillo en sus manos con sorpresa y no podía negarlo, algo de miedo.
- Y el brazalete – Entrecerró los ojos Robert – Dáselo a Jia – Sugirió, era la mejor opción para que Jia se sintiera más segura con la situación. Kaelie enarcó una ceja analizando a las personas frente a ella antes de volver la mirada, como si buscara a alguien.
- Se lo daré a Maryse – Dijo – Confío en que ninguno arriesgará la seguridad de Alec o Max por un estúpido deber Nefilim; y sinceramente en usted no confió Cónsul. – Jia entrecerró los ojos.
- ¿Qué estás tramando?
- Solo intento mantener las joyas a salvo: Si el Rey Unseelie o alguien más que sepa lo que son, las ven todas juntas, querrán utilizarlas para sí.
- ¿Cómo tú? – La hada negó ante la pregunta de la Cónsul.
- Yo no usaré las joyas de Edom, tienen mi palabra.
- ¿Entonces quien lo hará? – Cuestionó Robert apretando el colgante del collar.
- Yo – Y aunque la voz de Magnus parecía decidida, sorprendiéndolos a todos; su expresión se veía totalmente enferma.
La música y la risa resonaban en el salón de música del instituto. Richard y Noelie se habían refugiado allí para evitar mientras vigilaban a un huraño Max, que las miradas hostiles de Catarina Loss o los nefilims de la enclave que habían quedado a cargo del lugar. Pero la rítmica melodía de los timbales de Richard atrajo rápidamente al par de niños que residían allí; y ahora los pequeños disfrutaban alegremente bailando ante un complacido Richard, mientras Noelie leía un libro que había tomado de la biblioteca.
Max bufó; por donde lo viese la escena era totalmente absurda.
Quizás él no sabía leer un estúpido mapa, pero era el único que había ido y venido de Edom por años, él podía guiarlos mejor que cualquier explorador Seelie; él sabría cómo evitar los peligros que pudieran esconderse tras cada esquina ¡Por Lilith! Él había visitado a Sebastian por cinco años, por lo que sabía exactamente dónde estaba su fortaleza y como llegar.
Además, no era justo que lo dejaran allí cuando su hermano estaba en riesgo; cuando toda la familia a la que se esforzaba por volver a pertenecer, se ponía en la línea de peligro; cuando el pueblo que lo acogió se disponía a la batalla y la mujer que lo había criado por cinco años tan largos como podían serlo en Feera, era quien orquestaba el plan para destruir a Sebastian.
Masculló una maldición ¡Él se estaba esforzando todo cuanto podía para volver a ser parte de los Lightwood! ¿No era eso lo que querían? ¿No era suficiente? Negó para sí, no, ellos lo habían dejado porque Kaelie había sabido mover sus cartas, y ella lo había hecho para protegerlo, podía verlo pero al mismo tiempo sentía que la incertidumbre iba a matarlo.
- ¿Por qué estás enojado? - Preguntó Rafael notando su hostilidad. Richard le había ofrecido uno de los timbales a Maxxie para que este tocara siguiendo su ritmo.
- No es tu problema - Gruñó en respuesta.
- No te desquites con el niño, no es su culpa que no te llevaran a Edom- Lo regañó Noelie sin apartar la mirada del libro que leía. La simple visión le hizo reventar, porque él no recordaba como leer, y si a Maryse le pasaba algo ¿Quién lo enseñaría de nuevo? Y en cambio ahí estaba ella presumiendo la habilidad que había aprendido gracias a su amante mundano.
- Lo sé, es tu culpa – Gruñó enojado.
- No vas a hacerme sentir mal con eso Maxwell – Dijo ella – La Reina dio una orden y la cumplí, es todo lo que importa.
- ¡Es mi familia la que está en riesgo!
- Y a todos ellos les interesa mantenerte a salvo aquí – Dijo la mujer. – Así que deja de comportarte como un chiquillo inmaduro y tu sigue tocando Richard – Agregó, hasta ese momento Max no se había dado cuenta que la música se había detenido; volvió la mirada a Richard, sus ojos verde agua lo miraban casi como si le pidieran disculpas, pero eso solo le hizo enojar más: había sido su culpa que Noelie "recordara" su orden.
Bufó incorporándose y pateando la mesa de los instrumentos de aire, volteándolo; dirigiéndose a la puerta.
- Donde pueda verte Maxwell. – Le advirtió Noelie; Max vociferó una palabrota en idioma Fey saliendo del salón de música, tropezando en la puerta con Catarina.
- Maleducado como todos los chiquillos que educan – Dijo la bruja sin ocultar su mirada directa en Richard. Noelie suspiró cerrando el libro y disponiéndose a incorporarse.
- Yo voy por él – Dijo Richard de inmediato – Hablaré con él para que se calme.
- Bien, encárgate – Dijo ella con fastidio, no tenía intención alguna de soportar berrinches; Richard se incorporó a prisa, dejándole el segundo timbal a Rafael para que tocara - ¿Y tú qué quieres bruja?
- Los niños deben ir a comer, hada – Dijo Catarina con el mismo tono despectivo, pero Richard no les prestó más atención, salió a prisa por el pasillo para darle alcance al joven ojos grises. Lo consiguió al final del siguiente pasillo de la derecha, Richard pudo ver el ascensor a un lado y la puerta abierta de las cocinas al otro; se preguntó hacía donde se dirigiría.
- Espera We… Maxwell – Lo llamó, corrigiéndose. El chico se giró de inmediato al escucharlo; su enojo siendo desplazado por el desconcierto.
- ¿Cómo me llamaste? – Preguntó.
- Maxwell – Repitió llegando finalmente hasta él – La Reina Kaelie nos dijo que te llamáramos así, que no querías seguir siendo Well – Había algo de reproche en su voz.
-No – Negó de inmediato – No es eso, yo… estaba enojada con ella – Dijo él – Pero tu… sigo siendo Well, puedes llamarme Well – Concedió; Richard sonrió, porque había temido que Well quisiera dejar atrás todo lo referente a Feéra por volver con los nefilims, pero ya veía que no era así, y eso le hizo sentir más tranquilo. Max le devolvió la sonrisa solo un segundo antes de que esta desapareciera y en cambio lo golpeara en el brazo – También estoy enojado contigo: esto es tú culpa; yo debería estar en Edom ayudando a mi familia, ayudando a Kaelie…
- La Reina me ordenó recordarle a Noelie…
- Ya lo sé – Se exasperó – Pero no puedo solo quedarme aquí y tocar y bailar contigo cuando todos están en riesgo – Se quejó. Richard se mordió el labio volviendo la miraba sobre su hombro, asegurándose que nadie los estuviese siguiendo.
- Lo sé – Aceptó finalmente con un suspiro, desarmando a Max que esperaba seguir discutiendo – Arriesgarte de esa manera por otros…Siempre supe que tenías más de Nefilim que de hada...no es un insulto, al contrario - Agregó rápidamente antes de que el chico protestara. - Solo...no olvides que no tienes entrenamiento y… ten cuidado ¿Sí? – Le suplicó, haciéndose a un lado para permitirle el paso libre al ascensor; Max lo miró boquiabierto ¿Qué…?
- ¿Richard que demonios…?
- No voy a detenerte Well – Aseguró – En feéra nos han enseñado seguir nuestro instinto, y si el tuyo te dice que vayas, no seré yo quien lo impida.
- Pero Kaelie…
- Me ordenó asegurar que te dejaran en el instituto, no que te quedaras allí.- Le guiñó un ojo; pero Max no se movió, no podía hacerlo, solo irse y nada más, sin entender…
- Te meterás en problemas – Intentó hacerlo recapacitar, porque quería ir a Edom, pero no a costa de Richard, no si eso podía hacerlo ganarse un castigo. Las cicatrices en su espalda por los azotes de la Reina Seelie aún le dolían a veces, y aunque sabía que Kaelie no azotaría a Richard, no significaba que fuese a salir bien librado.
- No tienen por qué saberlo, no sería mi culpa que te escapases – Y eso era aún peor, le estaba ofreciendo mentir, por él; Richard el perfecto ejemplo de la crianza feéra, estaba dispuesto a mentir por él, y eso le daba nauseas.
- No… no puedo dejar que mientas – Se negó retrocediendo, no podía permitir que el chico sacrificara en lo que creía, su ideal Seelie, de esa manera. – No está bien… no por mi… - Richard sonrió, una sonrisa ladeada.
- La otra opción sería que me lleves contigo, pero sinceramente yo no duraría ni un minuto en batalla – Intentó bromear pero Max no rió en lo absoluto; Richard suspiró enseriándose, tomándolo del brazo afectuosamente – No mentiré – Prometió – Pero si debes ir, no te quedes aquí a causa mía.
Max le mantuvo la mirada, sus ojos verdes se veían decididos a aceptar las consecuencias de dejarle ir. Se mordió el labio pero finalmente asintió cargándose de determinación, porque ayudaría a su familia, y luego alegaría por Richard ante Kaelie, e incluso de ser necesario, sería él quien mintiese por su amigo, no al revés.
- Te ayudaré a burlar a los nefilims de la entrada del instituto – Ofreció soltando al menor al notar que había tomado una decisión; marcando el botón del ascensor para llamarlo.
- Gracias – Susurró Max; Richard asintió tomándolo de pronto de la muñeca besándolo antes de que pudiera apartarse.
Max recibió sus labios, al principio por reflejo, pero rápidamente sintió como su cuerpo y su cerebro se paralizaban, porque se habían besado muchísimas veces antes, pero era la primera vez que Richard lo besaba con esa lentitud, que estrechaba su cintura con tanta necesidad de aferrarse a él. Ningún beso antes había sido como este que recibía de su amigo, no era un beso de los que daba a otros solo porque le provocaba, era un beso diferente, que acarreaba sentimientos, que decía cosas que en palabras no se habían verbalizado y eso aterró a Max cuando las puertas del ascensor se abrieron y ellos finalmente se separaron.
- ¿Q…qué...?
- No me agradezcas, solo… asegúrate de volver…por favor - Suplicó Richard y Max sintió un nudo en el estómago al notar que su amigo no lo miraba, al contrario, evitaba sus ojos avergonzado ¿Qué diablos? –…Y entonces podremos hablar de esto. - El chico asintió turbado porque ¿Qué era "esto"? Sintió el suave apretón de la mano de Richard antes de que lo soltara y se subiera al ascensor, pero aun así Max tardó un par de segundos más del necesario en recordar que tenía que subir también, pese a lo incomodo que se respiraba el aire, si quería salir del instituto rumbo a Feera, y de allí a Edom.
Eso era el infierno y no porque literalmente se encontrara allí, de hecho el lugar no podía importarle menos; el problema era en lo que se estaba convirtiendo su mente: una máquina de tortura de la cual no podía escapar. Estaba cansado, y dormitar (ni que decir dormir) se había vuelto una hazaña imposible cuando la imagen de él mismo asesinando a Magnus se repetía una y otra vez tras sus parpados o cuando una nueva y terrible ilusión lo ahoga; el demonio se había entretenido haciéndole pensar que Sebastian tenía salvación, que tal como había sucedido antes, si bebía la poción y amaba al rubio podía enseñarle otra vez a amar de vuelta, podría rescatar a Jonathan y entonces podrían ser felices juntos.
Esta vez había reaccionado con el grito de Clary llamándolo, pidiéndole que intentara resistirse. Alec intentó no enojarse con ella por muy odiosa que le sonara; sus ojos en cambio se clavaron en el vial con poción de amor sintiendo la tensión en el cuello y el deseo de probarla una vez más.
Había intentado escapar de la celda cuando las ilusiones llegaron a su punto más insoportable, quiso forzar la cerradura, utilizar runas de apertura e incluso forzar los barrotes con runas de fuerza, pero nada había funcionado, y rápidamente se dio por vencido; si conocía a Sebastian sería imposible abrir esas celdas desde adentro.
- ¿Has comido algo? – Preguntó la pelirroja.
- No creo que Sebastian nos dé de comer hasta que beba la poción- Suspiró cerrando los ojos para dejar de verla, pero una vez más el rostro sangrante de Magnus suplicándole que se detuviera le hizo jadear angustiado. Abrió los ojos fijando la mirada en la pared. – Y de todas formas no comería nada por si intenta forzarme a beberla. – Escuchó el suspiro de Clary.
- Creo que ya tienes un día aquí – Dijo –Aunque realmente no estoy segura; es difícil determinarlo con esas dos lunas. – Alec asintió alzando la mirada para ver el cielo de Edom a través de la ventana antes de volver a fijarla en el muro.
- Ni yo – Admitió, solo podía decir que tenía hambre y sed, pero esto último no era un signo de fiar cuando se trataba de las pociones. Sus manos se habían hecho con su carcaj solo por hacer algo, jugando con el penacho de sus flechas; todos eran rojos y sobrios pero todas tenían ligeras marcas que le permitían diferenciar en medio de la batalla si eran flechas con punta de plata (blandas, pero útiles contra hombres lobos), de hierro (pesadas y difíciles de manejar pero efectivas contra hadas) con runas para enfrentar demonios, bañadas en agua bendita para los vampiros o simples flechas de acero.
Generalmente su puntería era suficiente para clavar una flecha entre los ojos a quien fuera y entonces no importaba demasiado el material de las flechas, pero se había acostumbrado a tenerlas porque no siempre había tiempo para apuntar como se debía.
Con los años había aprendido a identificar cada flecha solo con un ligero toque, pero tenía tantos años fuera de combate que se le hacía un tanto complejo ahora; y sin embargo, las marcas se sentían tan familiares en sus dedos…
- ¿Cómo están tus heridas? – Preguntó, no quería que el silencio los cubriera o volvería a dormitar.
- Me siento mejor – Admitió ella – Creo que al menos no moriré de una infección – Alec suspiró porque podía completar esa frase "…aunque moriremos de hambre si no te bebes la poción" Sabía que Clary no le diría eso, la pelirroja había aceptado su negativa sin chistar pero su mente seguía preguntándose si el demonio podía tener razón y podía conseguir una manera de beberla y aun así beneficiarse, o tomarla y salvar a Sebastian; poder volver con Jonathan.
Negó con la cabeza; no iba a dejar que jugara con su cabeza, la salvación del rubio era Jonathan y él había muerto. Además, se ruborizó, él ya tenía una familia a la cual volver.
Paseó las manos por el cuerpo de su flecha recordando por un segundo cuando de niño las usaba para enviar mensajes ocultos a Jace durante los entrenamientos: tallaba algún mensaje en el cuerpo de la flecha que "accidentalmente" caía en el área donde el rubio entrenaba. Apretó el puño alrededor de su flecha, deseaba poder comunicarse con Jace; como había dicho Sebastian, solo sería cuestión de tiempo para que el rubio intentara rescatarles.
- Al menos tienes esperanzas, si el demonio sigue en mi cabeza creo que me clavare una flecha yo mismo - No lo decía en serio, pero su tono de broma fue realmente amargo - ¿No te ha hecho sufrir visiones a ti también? – Escuchó el suspiro de Clary.
- Al principio lo hacía, tuve un sueño en que Jonathan vivía – Admitió y su voz se volvió un triste susurro – Vivíamos en una casa a las afueras de Alcante – Era increíble como algo que no había ocurrido jamás causara tanta nostalgia – Tendría los ojos verdes ¿Sabes? Como los míos, brillantes pero más…
- Más profundos, como si contuviera tantos sentimientos que quiere verbalizar pero no sabe cómo – La entendió él.
- Exacto – Dijo Clary tras un segundo de silencio; la pelirroja rio amargamente – A veces olvido que tu conociste al verdadero Jonathan, me hace sentir celosa – Admitió; Alec no supo cómo responder a eso – En mi sueño él es tan agradable, se llevaba bastante bien con Valentina, nuestra hermanita hija de Luke.
- Supongo que en el fondo le agrada hacer del hermano mayor – Rio – Él cuidaba de Max, tonteaban y luego por un motivo u otro Sebastian se hizo cargo de mi hermano mientras estuvo con los Seelies – Reflexionó. El silencio volvió a cubrir las celdas, y Alec se restregó el rostro; no, no podía dejar que su mente vagara en el sueño de Clary, suficiente con los propios - ¿Cómo lo haces? – Cuestionó de pronto - ¿Cómo haces que no te afecte tanto? – Cada vez que cierro los ojos el demonio pone una nueva visión en mi cabeza pero tú te mantienes centrada y me has estado ayudando a reaccionar – Sonaba agotado.
- Una runa – Suspiró Clary – Vino a mí de pronto, tengo que reforzarla cada poco tiempo pero mantiene al demonio al margen.
- Ojalá pudieras enseñármela – Lamentó Alec - Porque lo que veo es realmente terrible.
- Si, ojalá-Repitió ella, su voz ahogándose porque acababa de tener una idea. Alec escuchó el movimiento desde la celda continua y poco después Clary siseaba adolorida – Alec acércate – Lo llamó; él se incorporó a prisa hasta el punto de la celda en que podía estar más cerca de ella, sacando la mano y estirándola lo más que podía hasta hacerse con lo que ella le tendía: un trozo de gaza en la que había trazado una runa nueva para Alec con lo que suponía era su propia sangre.
- Trata de colocarla donde Sebastian no la vea fácilmente o podría quitarnos las estelas.- Alec observó la runa un segundo antes de trazarla en sus costillas a la altura de su corazón, realmente esperaba no estar en posición de que Sebastian pudiese verla fácilmente.
- Espero que funcione – Susurró más para si – Necesito dejar de soñar utopías con Jonathan o apocalipsis fatales con Sebastian – Clary rió con gracia mientras Alec sentía el efecto de la runa: era como si un peso extra que no sabía que tenía en su cerebro desaparecía, aligerándose hasta dejarlo liviano.
- ¿Es con lo que se burla el demonio? – Indagó ella – Tu miedo a caer otra vez con Sebastian.
- No puedes decir que no es justificado – Se lamentó apoyándose en la pared que lo separaba de Clary y sentándose en el suelo. En ese punto estaba más cerca del vial que antes pero se esforzó en ignorarle – Hice muchas cosas para complacerlo, no quiero que se repita.
- Jace también lo hizo – Alegó ella – Cuando Sebastian lo ató a él, pero nadie lo culpa, tampoco a ti.
- La mitad de Idris y el submundo no piensa así – Dijo amargo – Jace estaba atado a su voluntad pero él intentaba negarse aunque su cuerpo no respondía; yo no lo hice Clary, porque no me importaba, me daba igual quien muriera si eso hacía feliz a Sebastian ¿Cómo podría no aterrarme perder mi voluntad y consciencia otra vez?
Clary suspiró, podía entenderlo; por eso no lo culpaba por no querer tomar la poción y no iba a presionarlo para hacerlo, además, ni siquiera tenían garantía alguna de que valiera la pena.
- …Y las utopías de Jonathan – Repitió sus palabras luego de unos segundos de silencio – Todavía quieres salvar a Sebastian. – Entendió.
- ¿Tu no? – Su voz sonaba cansada; Clary suspiró como toda confirmación – Sé que ya no es posible pero el demonio me ha estado atormentando con lo que pudo ser si Cossette no hubiese intentado matarme, si Jonathan no se hubiese atravesado, si Max no hubiese pasado los últimos cinco años con los Seelies.
- ¿Y qué habrías hecho? – Preguntó con genuina curiosidad. Los ojos azules de Alec se atribularon en la oscuridad de la celda; se retozó las manos antes de admitir.
- Sinceramente…no lo sé – Su voz se quebró ante la angustia que suponía esa confesión – Amo a Magnus, no puedo imaginar que haría si no fuese él pero… No creo haber dejado a Jonathan a la deriva si ese hubiese sido el caso - Se detuvo atormentado con el recuerdo de lo que las Leanansidhe le habían hecho ver, de lo que él había hecho – Los besé… ¿Sabes? – Confesó sintiendo como el calor subía a sus mejillas.
- Creo que todo el mundo lo sabe – Bromeó ella – A fin de cuenta por eso estás aquí ¿No? – El rodó los ojos.
- Me refiero…los besé a ambos Clary – Dijo significativamente.
- Espera ¿Qué? – Saltó ella alzando un poco la voz por la sorpresa - ¿A ambos como "al mismo tiempo"?
- Es aún más vergonzoso si lo dices así – Ahogó escondiendo su rostro entre sus rodillas.
- ¡Raziel! ¿Cuándo en el cielo Magnus aceptó un trío con ustedes?
- ¡Por el ángel! No fue así –Saltó de inmediato.
- ¿No le preguntaste? – Se alarmó.
- ¡Clary! – La riñó – Fueron las Leanansidhe, jugaban conmigo y con mi mente – Se excusó suspirando derrotado luego – Aunque si debo ser sincero, no opuse mucha resistencia – Admitió, y la forma en que retozaba sus manos se intensificó – Quiero pensar que fue la sorpresa o la nostalgia de lo que fue vivir con Jonathan pero la verdad no lo sé, creo que en el fondo lo quise después de todo y por eso me aterra beber la poción ¿Cómo puedo querer a alguien que no solo lastimó a Magnus y mi familia sino que amenaza con dañar a Maxxie y Rafael?- Su voz se quebró – Sebastian es un monstruo.
- Lo es – Coincidió la pelirroja.
- Pero entonces ¿En qué me convierte eso?
- Deja de atormentarte Alec – Dijo ella a modo de riña - ¿No te escuchas a ti mismo? Tienes esperanza en reformar a un monstruo, sí; y sinceramente yo también guardo esas mismas esperanzas y no creo que esté mal mientras sepamos que hay una gran posibilidad de fracasar y creo que lo sabes – Aseguró, agregando - Pero eso es diferente a lo que sientes por Jonathan, es a Jonathan a quien quieres y ese sentimiento fue algo fuerte, lo suficiente para llegar a tocar a Sebastian – Razonó.
- Pero amo a Magnus – Ahogó, porque estaba seguro de eso y no quería que su sentimiento se viera opacado porque era lo único que tenía para ofrecerle a Magnus, especialmente hora que se había marchado de nuevo sin dejarle siquiera una explicación, después de haberle prometido que no volvería a hacerlo, que no volvería a herirlo. - No puedo imaginar mi vida sin Magnus.
- Ni yo sin Jace – Admitió la chica – Pero eso no merma lo que siento por Simon o lo que sentí cuando salimos juntos; el amor no tiene por qué ser excluyente.
Alec pestañeó sorprendido de ser en ese lugar y precisamente con Clary con quien nunca había tenido una relación demasiado cercana, con quien finalmente había entendido y conseguido paz para sus sentimientos.
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¿Qué les pareció? Espero les haya gustado, esta última escena de Clary y Alec hablando me costó mucho, quería aclarar a Alec, pero no quería hacerlo ver como un absoluto "Magnus o Jonathan o Sebastian" como bien dijo Clary, el amor no es excluyente… lo importante es con quien elige compartir su vida y eso ya lo dejó claro ;)
Bueno, las cosas ya están en curso, las joyas están repartidas entre Kaelie, Jace, Maryse y Robert y será Magnus quien las use ¿Realmente es eso buena idea, recordando lo que le hizo el brazalete? Max por su parte, no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados y estoy segura que muchas ya veían venir a Richard :P
Sobre los niños… oh ámenlos como yo los amo! *w* me encantan!
El próximo capítulo se llama "Calma" ya saben, antes de la tormenta
Nos leemos pronto
Besos :3
