Holaa holaa!

Heme aquí con un nuevo capi, se suponía que se llamaría "Caos" pero aquí solo comienza, el desastre real viene en el próximo cap, así que decidí dejarle ese título al próximo. Antes de leer, le agradezco a todos los que leen, dan Fav, Follow y a Guest, Clau Salvatore 94 por sus comentarios; además un agradecimiento especial a juesneca, bella, gracias por tomarte el tiempo de todos esos mensajes :3 me hacen muy feliz n.n

Contesto:

Guest: Pues la verdad si, en lo que se enteren lo vuelven eunuco xD y bueno, realmente lo del caos es en todos los aspectos; pero ya veremos.

Los demás review los contesto por PM

Nos les entretengo más ¡A leer!

Parte VI: Sacrificio

Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.

Leal – Veronica Roth

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Capítulo 28: ¿Dispuesto a todo?

Caos es cuando un ángel se enamora de un demonio

Anónimo

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La bofetada se escuchó en todo el salón. Richard se llevó la mano en la mejilla sin atreverse a alzar la mirada, más apretando la mandíbula; eso era tan humillante: ser disciplinado frente a la bruja y los nefilims del instituto. Al menos los niños no estaban allí, Catarina con un hechizo los había encerrado en el invernadero donde Maxxie seguía llorando por el supuesto odio que le tendría su tío Max por bajarle el novio; mientras Rafael se burlaba.

La bruja azul lo había llevado ante los nefilims y Noelie cuando había quedado claro que Max no estaba en el instituto; para los primeros solo era un revés, y sin duda un motivo de vergüenza para la encargada de vigilar las puerta, pero Noelie no lo había tomado tan bien: la Reina Kaelie le había encomendado una misión que no podría cumplir.

- No voy a repetirlo Richard, ¿Dónde está Maxwell?

- Estoy seguro que puedes suponerlo – Dijo.

- ¿Lo ayudaste a escapar? – Cuestionó; Richard se mantuvo en silencio; le había prometido a Well que no mentiría, y mantendría su promesa. – Responde Richard, ¿Te atreviste a ayudarlo a escapar contra las órdenes de nuestra Reina Kaelie?

- No desobedecí ninguna orden – Dijo manteniendo el rostro en alto; Noelie chilló abofeteándolo nuevamente; Catarina dio un paso adelante.

- No resolveremos nada con golpes; realizaré un hechizo de rastreo y…

- No es necesario – Resopló Noelie – Avisaré a la Reina de la situación; y tú, tendrás que responder ante ella por cualquier daño que Maxwell sufra.

- Eso haré – Dijo serio; después de todo y aunque estaba seguro de lo que había hecho dejando que Well corriese a Edom, si Well terminaba con algún daño, él mismo no se lo perdonaría.


La comitiva había reanudado la caminata hacía el lugar que, según las indicaciones de Max, sería la guarida de Sebastian. Jocelyn sujetó el mango de su cuchillo serafín, se sentía tan extraño, todo hasta el momento había sido solo caminar, todo tan fácil…

Quizás demasiado.

La pelirroja suspiró; cuando ella escapó de Idris hacía veintiún años huyendo de Valentine, había pensado en no volver a tomar un cuchillo serafín para la batalla; había jurado que no volvería a activar sus runas jamás porque esa sería la única forma de proteger a Clary, y sin embargo, en los últimos cinco años había tenido que tragarse sus palabras al menos en cuatro oportunidades; y en todas, sus dos hijos habían estado involucrados de una forma u otra.

Miró el arma con aprehensión; realmente esperaba que esta vez fuese la última, poder acabar a Sebastian y que Clary estuviese a salvo; quería disfrutar de su vida como la esposa de Luke, quería una vida lo más normal que le fuese posible; que sus seres queridos pudiesen estar bien, pero sobre todo quería dejar finalmente atrás el tormento que era ser la madre de Sebastian, que era el rubio para la vida de todos. Ella sabía que no era la única que estaba pasándolo mal, debido al rubio: Robert y Maryse, por ejemplo también estaban viviendo un infierno como padres con Alec en poder de Sebastian, y la responsabilidad que había tenido el demonio sobre la crianza de Max.

A veces, y eso Jocelyn debía admitirlo, se preguntaba si todas esas situaciones eran su culpa. Hacía cinco años ella había podido ver a Jonathan por unos segundos, al hijo que había tenido, que habría podido tener si las circunstancias hubiesen sido diferentes; había visto al joven que Alec pudo encontrar en Sebastian sacándolo a la superficie.

¿Podría ella haber logrado lo mismo de haberlo intentado realmente?

A pesar de haber cuidado de su hijo por dos años, no lo quiso, nunca lo hizo y no lo intentó realmente, siempre excusándose con la sangre demoniaca en él para justificarse, para no pretender quererlo, sin esforzarse en entender que era solo un niño que necesitaba de alguien que lo amara para ser mejor. Era vergonzoso que para entenderlo Alec había tenido que enseñárselo en aquella cueva de Idris hacía cinco años y los terribles ataques de Sebastian por el mundo durante la última semana solo le recordaban su responsabilidad.

Su culpa…

- ¡Jocelyn! – Escuchó a Luke llamarla. Se detuvo buscándolo con la mirada, girándose por completo al no verlo, de hecho, no había nadie a su alrededor. Luke se dirigía hacia ella a prisa, dejando atrás al resto de la comitiva: estaba tan metida en sus pensamientos que no notó que todos se habían detenido al menos cien metros atrás.

- ¿Qué ocurre? – Cuestionó.

- No te separes del grupo – La riñó su esposo agregando – Kaelie recibió un mensaje: al parecer Max escapó del instituto hace unas horas; ella, Robert y Maryse discuten si continuar o enviar a alguien por él.

- No podemos detenernos ahora – Exclamó entre incrédula y enojada- Clary podría…

- Lo sé, todos los sabemos – La tranquilizó Luke – Por eso la discusión.- Negó con la cabeza para si – Volvamos, no es seguro apartarnos del grupo – Le tendió la mano; ella asintió tomándola, ambos disponiéndose a volver a la multitud cuando el grito alarmado de Maia los alertó.

Luke buscó a la alfa totalmente alerta, tarde se dio cuenta que ella miraba en su dirección, convirtiéndose rápidamente en lobo mientras corría hacía ellos seguida de inmediato por Bat. Jocelyn jadeó jalando la mano del vendedor de libros, quien se volvió a ella perdiendo el color del rostro al ver el enorme aguijón sobresalir del pecho de la pelirroja con un demonio Shax tras ella, y una horda de lo más variada acercándose a ellos.

- No… Jocie… - La voz del hombre lobo se quebró, apenas y notando a Maia arremeter contra el demonio Shax. La pelirroja abrió la boca intentando decir algo: que no se distrajera, que corriera con la multitud, que se preocupara solo por salvar a Clary, que todo estaría bien, que lo amaba; pero su garganta solo produjo un quejido adolorido mientras se dejaba caer con una solitaria lagrima cayendo en sus mejillas y el último pensamiento de que al fin conocería a su verdadero hijo, conocería al pequeño Jonathan.


Se dirigió a las mazmorras con una sonrisa complacida, había tenido que armarse de paciencia y esperar, pero finalmente vería resultados: el demonio encargado de custodiar a sus prisioneros había acudido a él informando que Alec lo llamaba asegurando que tomaría la poción si retiraba a los demonios que custodiaba los alrededores de la fortaleza. Rio socarrón, un debil intento por proteger a sus seres queridos; debía admitir que por momentos creyó que el ojos azules no lo haría, pero era tonto preocuparse: Alec era un tonto noble, y como tal, se sentía responsable por los demás, aun a su costa.

Se detuvo justo en la puerta de la mazmorra, ordenándole al demonio que esperara allí afuera, no podía arriesgarse a no ser lo primero que el muchacho viera tras beber la poción. Solo entonces, cuando el demonio se apostó a un lado de la puerta, Sebastian se dio lugar.

Clarissa estaba en su celda, cerca de la pared que la separaba de Alec, llamándolo e intentando obtener alguna respuesta. El rubio demonio la ignoró dirigiéndose a la celda que le importaba.

- Déjalo en paz – Gritó ella al verlo.

- Cierra la boca Clarissa – Ordenó plantándose finalmente frente a los barrotes de la celda. Podía ver a Alec agazapado contra la pared del fondo, hecho bolita con el rostro oculto entre sus brazos apoyados en las rodillas; enarcó una ceja al notar el temblor en sus manos.

Abrió la celda entrando, Alec parecía ensimismado, sin notar su presencia ni los gritos de Clary en lo absoluto. Sebastian caminó hasta quedar justo en frente, mirándolo desde arriba.

- Contuve a los demonios voladores, como muestra de mi buen corazón - Informó. Clary bufó con incredulidad pero Alec no respondió - Ahora es tu turno, Alexander…

- Lo intenté…- Balbuceó intentando contener el temblor en sus manos – Intenté tomarla pero… no puedo… - Ahogó. Sebastian frunció el ceño durante el segundo que le tomó darse cuenta que el vial en una de las manos del nefilim estaba vacío y en el suelo a su lado, su cuchillo serafín tenía la hoja mezclada con sangre y liquido dorado.

- ¿Qué hiciste entonces? – Cuestionó, una sonrisa empezando a nacer en sus labios.

- No podía beberla – Repitió, estirando uno de sus brazos sin alzar el rostro. Sebastian pudo ver el corte en su brazo, la poción dorada en el interior de la herida mezclada con su sangre. Su sonrisa se amplió, porque eso no arruinaba sus planes en lo absoluto, al contrario: el efecto sería más intenso y duradero entonces.

Se agachó frente a él hasta quedar a su altura. Su mano haciéndose con firmeza en el antebrazo herido del muchacho; Alec siseó de dolor pero no alzó la mirada.

- Mírame – Ordenó; sus ojos negros brillaban complacido, porque obtendría lo que quería, porque cuando Alec lo mirara, él habría ganado. El pelo negro negó.

- Promete que no lastimaras a mi familia.

- Levanta la cara Alexander – Rugió - O no quedará ninguna familia que intentar proteger.

Alec tardó unos segundos, pero finalmente empezó a alzar la mirada con lentitud hasta que sus ojos azules atribulados se posaron sobre los de Sebastian. El demonio lo observó, podía ver un camino de lágrimas recientes en sus mejillas y el rastro de líquido dorado en la comisura de sus labios: Alec realmente había intentado beberla; pero lo que más resaltó para él, fue el momento preciso en que su expresión consternada cambió y su mirada se aligeró en una sonrisa antes de inclinarse al frente, besando al rubio con el deseo contenido de quien se reencuentra con un antiguo y querido amante.

Sebastian jadeó sorprendido ante la intensidad de Alec, ante el movimiento de sus labios con el sabor a azúcar quemada de la poción de amor. Le devolvió el beso de inmediato, tomando el control de la situación y de su boca, ignorando los gritos de Clary y solo centrándose en la sensación de triunfo que la batalla entre sus lenguas por dominar, le generaba.

Lo había logrado, Alexander era suyo.


El grito de Maia los había alarmado a todos; al volverse vieron a la loba arrojándose sobre un demonio Shax para desmembrarlo, con Bat y el resto de la manada siguiéndola para respaldarla, y a Luke en medio del alboroto de rodillas con el cuerpo ensangrentado y sin vida de Jocelyn en brazos; y al segundo siguiente, la batalla se había desatado y todo se había vuelto un infierno de la peor manera en que podía implicar una metáfora.

Simon había corrido hacía Luke para ayudarle a salir de allí con el cuerpo de la mujer que por años había sido como una segunda madre para él; no era el momento de derrumbarse y dejar que el nudo en su pecho le dominara, ni de sentir que una parte de él había muerto con Jocelyn y la otra moriría cuando tuviese que decírselo a Clary; ahora solo debía centrarse en ayudar a Luke.

- Tenemos que salir de aquí…

- Jocelyn…- La mirada del hombre lobo estaba perdida en el cuerpo de su esposa.

- Luke, reacciona, tenemos…

- ¡Simon al suelo! – El grito de Isabelle lo alertó. El diurno se arrojó sobre Luke cayendo ambos al suelo, sobre él el látigo de Isabelle partió en dos a un demonio Oni llenándolos de icor - ¿Están bien? – Simon asintió intentando sonreír en agradecimiento pero ella jadeó al ver el cuerpo de la mujer.

- Jocelyn… necesita una runa – La suplica de Luke a Isabelle era la desesperación de quien sabe que ya no tiene nada que hacer pero intenta aferrarse a cualquier opción, por más mínima que sea.

- Ella…está…- Isabelle no quería verbalizarlo.

- Se ha ido Luke – Dijo Simon tomándolo de los hombros para obligarle a mirarlo, tratando de hacerle entender. – Y nosotros tenemos que movernos, debemos ir por Clary y salvarla, Jocelyn no nos perdonaría si no lo hacemos. – Simon escuchó el jadeó aterrado de Isabelle, y de inmediato soltó a Luke para volverse; la chica esquivaba un asqueroso demonio en forma de lagarto verde luego de que su látigo lo traspasara como si de un fantasma se tratase; Simon sacó una flecha de su aljaba disparando a prisa con su arco para ayudarla pero también su arma lo traspasó.

- Las armas no le hacen nada – Exclamó la chica alarmada – ¡No podemos matarlo!

El demonio se volvió hacía ellos con una risa socarrona agachándose para recoger una piedra que arrojó con todas sus fuerzas. Fue Luke quien los jaló de los brazos tirándolos al suelo, un grito se escuchó tras ellos, y al volverse notaron que la piedra había atravesado el cráneo de un Unseelie que se derrumbó sin vida.

Isabelle maldijo sonoramente, estaban demasiado cerca de los demonios y prácticamente los habían rodeado, debían alejarse, huir y volver con el resto pero a donde mirasen, la situación se repetían. Solo unos pocos demonios, como el que mató a Jocelyn el cual ahora yacía desmembrado gracias a Maia, eran realmente corpóreos; la mayoría solo eran atravesados por cualquier ataque que intentaran, no importaba si eran armas Seelies, Unseelie o Nefilims o si eran garras o colmillos de hombre lobo, todo solo los traspasaban y sin embargo los malditos se las habían arreglado para que más de un cuerpo de sus aliados se encontrara ahora yaciendo en el suelo con piedras atravesándoles el cráneo.

- ¡Vamos! – El grito de Jace corriendo en su dirección con cuchillos serafines en ambas manos les advirtió de su llegada antes de que el rubio saltara sobre uno de los demonios, lo traspasó por completo pero eso no lo amilanó, golpeando al siguiente demonio más cercano, el arma también lo atravesó y sin embargo el demonio chilló replegándose al igual que los otros a su alrededor con la vista fija en Jace.

- ¿Están retrocediendo?

- ¡Que importa, muevan el culo! – Rugió el rubio a la pregunta de Simon, llegando finalmente hacía ellos y jadeando al ver el cuerpo de Jocelyn. Su mirada se horrorizó, buscando en Simon una negativa, Jocelyn era la madre de Clary, no podía morir, no podía decirle a su pelirroja que salvarla había requerido ese precio.

Luke se incorporó, tomando el cuerpo de la mujer pelirroja para llevarlo consigo; Jace estuvo por ayudarlo pero Isabelle lo sujetó del brazo impidiéndoselo.

- Simon…- dijo ella, y él no necesitó nada más, tomó el lugar del rubio; la chica mantuvo a Jace cerca.

- ¿Isabelle, que demonios?

- Creo que te temen…- Dijo ella mirando con desconfianza a los demonios con su látigo expectante; ninguno se atrevía a acercarse, con sus miradas febriles y aterradas puestas en Jace.

- Deberían – Dijo; el rubio dio un paso al frente y los demonios retrocedieron de inmediato, Jace enarcó una ceja. – No se separen de mi – Dijo dando otro paso; Isabelle apuró a Simon y Luke para mantenerlos cerca, la batalla se mantenía a su alrededor, sangrienta con pocas esperanzas para ellos, pero alrededor de Jace era como si se creara una burbuja que los mantenía alejados. El rubio dejó uno de los cuchillos serafín en su cinto para llevarse la mano libre al pecho donde el anillo de Edóm palpitaba cada vez con más fuerza.

Volvió la mirada buscando a otros de los portadores de las joyas de Edom para saber si las de ellos también se estaban comportando extraño o si los demonios les rehuían y encontró a Maryse, la mujer se apresuraba en correr con un grupo de hombres lobos rodeados por demonios que se apartaron de inmediato dándoles el tiempo a los lobos de reagruparse.

Durante un segundo, Maryse le devolvió la mirada a su hijo rubio, llevándose la mano al bolsillo en que el brazalete estaba escondido. Las joyas de Edom estaban reaccionando cada vez más y los demonios le huían, eso no podía ser coincidencia.


Alec se aferró a la camisa del rubio casi con desespero, halándola, deseando cada centímetro de piel que pudiera obtener en un beso urgido y desordenado. Sebastian buscó la piel de su cuello marcándolo con los dientes; Alec se aferró a la cintura del rubio rozando sus cuerpos, ahogando un gemido junto a su oído.

- ¡Alec! ¡Alec resiste! – Gritó Clary desde la celda contigua golpeando los barrotes con algún objeto metálico que hiciera escándalo, quizás un cuchillo. - ¡No lo hagas!

- Haz que se calle – Jadeó Alec sobre sus labios.

- Que grite lo que quiera – Lo contradijo apartándose, Alec estiró la cabeza buscándolo, intentando seguir sus labios casi con desespero - Tu vienes conmigo – Agregó jalando a Alec de la camisa para ponerlo de pie, apropiándose de su boca una vez más en un desorden de labios, lengua, dientes y saliva; Alec jadeó cuando su espalda golpeó contra los barrotes de la celda, la aljaba llena de flechas atada firme a su espalda se le clavó en la columna, sus manos desesperadas intentando deshacer la ropa de Sebastian, sus cuerpos adaptándose al otro con la misma facilidad de antaño. -…A mi recamara – Fue el turno de Sebastian de jadear, abriendo la celda. Alec sonrió complacido, ambos permitiéndose salir sin separarse el uno del otro, el hambre en sus besos no mermó mientras trastabillaban por la mazmorra.

- Céntrate Alec – Seguía Clary, su voz se volvía un pito agudo – Él no es Jonathan… Jonathan jamás te forzaría…

Por un segundo Alec tuvo a Clary en su campo de visión, la pelirroja se veía mustia y andrajosa, sus heridas estaban precariamente vendadas; evidentemente Sebastian había hecho lo posible por no hacerla sentir cómoda en lo absoluto.

- A la única que pienso forzar es a ti, Clarissa – Siseó Sebastian y fue como si hubiese tocado un interruptor en Alec. El ojos azules detuvo el intento de seguir besándolo, separándose del demonio con brusquedad.

- ¿Qué? – Cuestionó indignado.

- Alec, piensa en Magnus…piensa en Maxxie y Rafael – Seguía ella.

- Sigue andando Alexander – El tono imperativo de Sebastian fue filoso, intentando hacerse con su brazo pero Alec se removió soltándose.

- ¡Déjala ir!– Exigió entre dientes.

- No lo haré – Los ojos de Sebastian se entrecerraron, su mano se deslizó en su cinturón por su cuchillo serafín evidentemente dispuesto a enfrentarse a Alec si este se revelaba en su contra, el pelonegro miró el arma un segundo antes de exclamar aireado algo totalmente diferente.

- No voy a compartirte con ella – Decretó, Clary abrió los ojos con sorpresa.

- Alec…- La voz de la chica fue aguda. Sebastian en su lugar se relajó soltando el arma y sonriendo de lado.

- ¿Y qué piensas hacer para evitarlo Alexander? – Algo en los ojos de Alec brilló, un brillo peligroso que lo llevó a, para sorpresa de los hermanos Morgenstern, tomar una flecha de su aljaba caminando a prisa hacía la celda.

Sebastian se movió a rápidamente; tomándolo del brazo y apartándolo de la celda y de Clary, pero fue tarde: la pelirroja había jadeado de dolor y la sangre cubría su hombro y la mano de Alec, goteando a través de la flecha que aun sujetaba.

- ¡Alexander! – Rugió el rubio.

- Alec – Sollozó Clary incrédula, dejándose caer al suelo, apretándose el lugar donde él había clavado la flecha, intentando parar el sangrado.

- No – Se soltó enfrentándose a él – No lo acepté con la Reina Seelie y no lo haré con Clary. - Dijo acusador. Sebastian sonrió, tomándolo de la cintura y pegándolo a sí, besándolo para callarlo.

- Por Lilith, olvide cuan celoso eres Alexander – Bromeó complacido – Pero Clarissa se queda – Agregó serio – Hasta que me hagas cambiar de opinión.

- Alec por favor…- Intentó la pelirroja una vez más. El chico la ignoró, guardando la flecha en la aljaba para desocupar sus manos y tomar de vuelta a Sebastian, prometiendo con un susurro ronco.

- Lo haré.


Magnus tropezó cayendo al suelo; un Seelie lo ayudó a incorporarse a prisa, mientras otros cuatro los rodeaban intentando mantener a los demonios alejados por órdenes de Kaelie. Había al menos un par de cuerpos en el suelo, hadas que habían muerto intentando mantenerlo a salvo..

- Necesito mis pociones…- Jadeó tratando soltarse del Seelie y hacerse con los viales. Uno de sus "guardaespaldas" cayó sin vida sobresaltándolo; de inmediato otro Seelie tomó su lugar; el brujo destapó un par de frascos, no podía permitir que siguieran muriendo para protegerlo. Tomó el contenido de ambos al mismo tiempo sintiendo su magia y la energía de su cuerpo reponerse; movió las manos a prisa antes de que el efecto pasara, causando una fuerte explosión de fuego azul. Los demonios chillaron replegándose, algunos incluso huyeron. Magnus cayó de rodillas totalmente agotado; al menos su magia si les afectaba.

- ¡No vuelvas a hacer eso! – Gritó Kaelie.

- De nada – Gruñó Bane.

- Te quedan solo cuatro pociones y no mataste ningún demonio – Le hizo ver la hada corriendo hacia él, su escudo en alto para protegerse de cualquier ataque de las piedras que los demonios intangibles arrojaban, pero estos solo retrocedían a su paso, con chirridos atronadores y espantados con cada paso que daba hasta Magnus. – Mantente cerca de mi Bane. – Dijo pasando un brazo del brujo por su hombro para ayudarlo a andar.

- ¡Nos trajiste a una trampa! – Llegó hasta ella el rugido del Rey Unseelie arremetiendo con sus armas contra los demonios que pudiese, mientras un grupo de sus súbditos lo protegían con escudos de las piedras. – No se puede confiar en Seelies – Escupió.

- Me alegra ver la unión de tu gente.

- Cállate y sigue andando – Jadeó Kaelie; sus hadas los rodearon pero era innecesario, a diferencia del Rey Unseelie, a ellos ningún demonio los atacaba; Magnus sin quererlo rozó el bolso de cuero en la cintura de la Reina, donde mantenía oculta la diadema y sintió como el corazón le saltaba un latido al percibir a través del cuero el latido de la joya – Las joyas te reconocen así como reconocieron Edom – Dijo ella.

- Magnifico – Ironizó – Justo la herencia que siempre quise de mi padre.

- Tenemos que darnos prisa en encontrar a Sebastian o todo podría complicarse.

- ¿Aún no se complica? – Ironizó él; sobresaltándose cuando el grito de Jia resonó en la llanura.

- ¡Patrick! – La Cónsul estaba prácticamente al otro lado de la explanada y corría hacía su esposo cuando un demonio atravesó su pierna con una piedra, derribándolo.

- Estoy bien… - Jadeó el hombre – ¡Jia, no te distraigas! – Patrick la empujó sacándola del camino del demonio que arremetía contra ella, lanzando el boomerang en su mano. El arma atravesó el demonio sin hacerle daño, pero al devolverse sacó del camino la piedra que este lanzaba hacia ella.

Un demonio Kuri saltó sobre Jia, la mujer blandió su Changdao por instinto, cortándolo a la mitad. Un par de Kuris más chillaron furiosos, un nefilim le arrojó un cuchillo envalentonado por lo que Jia acababa de hacer, pero el arma solo lo traspasó. Robert estando cerca corrió en su dirección, los demonios no parecían tener demasiado interés en él al contrario, todos, tangibles o no retrocedieron a su paso, chillando fuertemente pero permitiéndole llegar hasta Patrick a quien ayudó a incorporarse.

- ¡Tenemos que sacar a todos de aquí! – Gritó Jia aprovechando la retirada para acercarse a ellos.

- ¡No! – Negó Robert señalando la fortaleza de Sebastian, estaban prácticamente en la entrada, no podían solo renunciar cuando habían llegado tan cerca del rubio y de su hijo - ¡Estamos a solo metros de Sebastian, Jia!

- Y vamos a morir aquí – Rugió la mujer estirando la mano en dirección opuesta para que viera la escena: todos los que estaban lejos de Kaelie, Jace, Maryse o el propio Robert, lejos de las joyas estaban siendo masacrados; y eso no tenía sentido: los demonios no eran intangibles, los demonios no atacaban lanzando piedras como mundanos pandilleros.

- ¡No voy a dejar a Alec! – Jia se volvió al escucharlo, soltando a Patrick para tomar a Robert del pecho de la camisa.

- ¡NOS ESTÁN MASACRANDO ROBERT! – Gritó zarandeándolo - ¡Eres el inquisidor, no puedes…!

Los demonios chillaron cuando el movimiento sacó del bolsillo de Robert la gema del collar. Todos se retrajeron de inmediato ante el resplandor naranja de la gema que palpitaba con intensidad.

- Le temen al collar – Entendió Patrick. Jia miró a su esposo y luego a Robert y por un segundo, el inquisidor entendió el brillo determinado en su mirada.

Los líderes de la Clave no mediaron palabra, Jia saltó sobre él para intentar arrebatarle el collar: si los demonios le temían debía poder destruirlos con ellos, era una oportunidad. Robert soltó a Patrick dejándolo caer para tomar la muñeca de Jia impidiendo que le quitara la joya.

- Robert…- Exclamó la mujer a modo de advertencia – Si esa cosa es lo que necesitamos para derrotarlos…

- Las necesitamos para destruir a Sebastian – Masculló él forcejeando con ella; Jia lo golpeó con todas sus fuerzas.

- A este paso no llegaremos a Sebastian vivos – Rugió; era su responsabilidad mantener la mayor cantidad de nefilims y submundos con vida, la responsabilidad de ambos; pero Robert no parecía entenderlo, tenía la vista fija en recuperar a su hijo sin notar como el campo se llenaba de cuerpos de hadas, hombres lobos y cazadores de sombras sin vida mientras que los demonios seguían surgiendo de cualquier dirección que mirasen.

Patrick se arrojó sobre sus piernas forcejeando también con él, dispuesto a ayudar a su mujer a obtener la joya.

- ¡No se lo des! – El grito de Kaelie llegó hasta ellos; Robert la miró, los demonios también la esquivaban y la mujer hada llevaba consigo a Magnus. El Inquisidor tomó una decisión colocándose el collar a prisa alrededor del cuello. Jia tomó la cadena intentando arrebatárselo pero la joya no cedió.

- ¡Robert! – Rugió – Tu deber es con los nefilims…

- Y por eso debemos centrarnos en Sebastian – Clamó él dispuesto a apartarla de si cuando una criatura alta y robusta golpeó el costado de Jia separándola de Robert. El inquisidor no tuvo tiempo a sentirse aliviado: los ojos del Rey Unseelie frente a él brillaban con un fuego cargado de ira y codicia, fijos en el collar en el pecho de Robert.

- ¡Las joyas de Edom! ¡Ustedes Nefilims, las tienen! – Rugió el Rey arremetiendo contra él. Robert se arrastró a prisa para salir del camino de su mazo y apartarse - ¡Hijos míos, atrapen al Inquisidor! – La orden del Rey retumbó en la oscuridad de la noche al mismo tiempo que un trueno estruendoso surcaba el cielo dándole lugar a la caballería.

La cacería salvaje había llegado finalmente, sus jinetes armas en mano emitieron un grito de guerra guiados por Gwynn ap Nudd, pero no se dirigieron contra los demonios directamente, al contrario al tocar suelo algunos recogieron piedras, otros clavaron sus armas cubriéndolas de la tierra de Edom antes de arremeter con estas a los demonios.

Los nefilims, y hombres lobos gritaron de júbilo al ver como los ataques esta vez afectaban a todos los demonios, los cuales se replegaron; Robert esquivó a un Unseelie, interceptando su ataque con su propia espada, viendo de reojo una figura más que conocida para él, una que no debía estar allí.

- ¡Max! – Gritó Maryse al ver a su hijo saltar del caballo de una de las hadas de la cacería.

- ¡Algunos demonios están muertos en nuestra dimensión! – Gritó Max tomando un tronco del suelo – Por eso solo pueden tocarlos cosas de esta dimensión – Y enfatizó golpeando a un demonio como si bateara una pelota de béisbol. La comitiva lo miró con sorpresa, lo último que habían esperado era verlo allí llegando con los refuerzos y mucho menos trayendo la respuesta que necesitaban - ¡Les dije que debían traerme!

Pero no hubo tiempo a mayor asombro, el sonido de una flecha surcando el aire y el grito de Isabelle fue lo único que importó.


- Quiero que te quedes – El susurro de Alec fue casi suplicante, removiéndose entre las sabanas para tomar la mano de Sebastian cuando el rubio se disponía a incorporarse, el desorden en la habitación que fungía como recamara era ignorado por ambos – Conmigo – Acotó atrapando sus labios en un beso que pretendía incitarlo.

Sebastian lo aceptó mordiendo casi juguetonamente el labio inferior del chico antes de separarse de él.

- No – Dijo apartándose, Alec se negó a soltarlo entrelazando sus dedos juntos.

- Por favor – Insistió; Sebastian enarcó una ceja mirando el gesto antes de soltarse de él e incorporarse finalmente, sin vergüenza alguna por su cuerpo desnudo. Alec lo miró recoger su ropa interior para colocársela; aprovechando que le deba la espalda para desviar la mirada a la esquina más alejada y opuesta a donde Sebastian había arrojado sus armas y las flechas de Alec en cuanto llegaron a la habitación

- Estoy ocupado – Fue cortante mientras se colocaba el pantalón. El pelonegro volvió la mirada rápidamente de nuevo al demonio que se dirigió al armario para tomar lo que evidentemente era ropa de combate, Alec protestó por lo bajo incorporándose y acercándose a Sebastian mirando de él a las armas. El rubio de espaldas a él sonrió satisfecho al escuchar sus quejas– Pero tu vendrás conmigo Alexander - Aseguró volviendose; Alec se detuvo de inmediato, sonriéndole a Sebastian.

- ¡Por supuesto! – Exclamó agachándose para recoger su ropa del suelo, conteniendo una mueca adolorida: Sebastian no había sido precisamente amable con él. – Te seguiré hasta el fin del mundo - Aseguró consiguiendo toda la ropa y dudando: estaba realmente sucia. – Sebastian…

- Deshazte de eso y toma algo del armario – Ordenó el rubio al notarlo. Alec asintió apresurándose en obedecer finalmente con una excusa para acercarse, tomando un conjunto que parecía muy similar a los trajes de combate Nefilim solo que en color cobre. Se apresuró también en inclinarse por las armas; pero Sebastian fue más rápido sujetando la espada y la aljaba.

- Yo me haré cargo de esto - Dijo sin apenas mirarlo. El ojos azules asintió mordiéndose el labio antes de sonreír y apresurarse en arreglarse la ropa frente al espejo, sus ojos evitando fijarse en las marcas de chupetones, mordidas y rasguños en su piel; en cambio volvió sobre sus pasos tomando los restos de su ropa vieja acercándose a la ventana dispuesto a arrojarla fuera, jadeando de sorpresa ante lo que vio:

- ¡Sebastian! – Su voz se había cargado preocupación.

El aludido volteó, pero Alec tenía la vista fija en el exterior donde se había desatado una batalla, que para ese momento estaba en los límites de la fortaleza del rubio. El resplandor de los cuchillos serafines era perfectamente distinguible, así como la figura de los hombres lobos arremetiendo contra los demonios que atacaban.

Sebastian apenas y los miró por un par de segundos, en cambio su mirada se centró en Alec y en como su cuerpo se había tensado, apretando los puños con la vista fija en la batalla.

- ¿Qué ocurre? – Se hizo el desentendido.

- ¡Dijiste que retirarías a tus demonios! - Acusó.

- Retiré a los voladores - Dijo con sorna; con la mirada fija en él.

- Son Nefilims – Susurró el ojos azules tenso – Quizás… Quizás mi familia.

- Es tu familia – Aseguró. – Y vienen por ti – Le hizo ver, su mirada fija en el rostro del cazador de sombras, porque podía haber reclamado el cuerpo de Alexander como suyo, pero realmente sabía que para Alec era su familia la prioridad y sabía que, era en este momento en que realmente podría saber que tanto podía confiar en Alec para permanecer a su lado.

Y sin embargo la respuesta de Alec aunque le complació, le tomó por sorpresa: el chico soltó la ropa fuera de la ventana, retrocedió un paso sin apartar la mirada de ellos.

- Vinieron para llevarme – Entendió negando repetidamente con la cabeza – No voy a dejar que me alejen de ti Sebastian – Sentenció, su voz se alzaba una octava - ¡Que se lleven a Clary si quieren, pero no me apartaran de tu lado!

Sebastian rió con un bufido.

- No te desharás de Clarissa tan fácil – Lo corrigió tomando al chico de la barbilla para besar sus labios – Y tampoco dejaré que te lleven Alexander, porque eres mío y tu lugar es a mi lado – Sentenció; el ojos azules asintió buscando sus labios de vuelta, pero Sebastian apretó la tenaza en su quijada, evitándolo – Pero antes debes demostrar que tan dispuesto estás a quedarte.

Alec tardó un instante en responder, cerrando los ojos e inspirando profundo antes de conseguir que que las palabras salieran de sus labios.

- Haré lo que sea por... ti – Aseguró. El rubio soltó a Alec con una sonrisa complacida, como si fuese eso precisamente lo que esperaba escuchar. Sebastian se apartó un par de pasos, recuperando el arco y la aljaba de Alec y colocándolos en la mano del chico quien miraba el arma con los ojos abiertos de par en par.

- Demuéstralo – Siseó, con un tono tan sedoso y persuasivo, que Alec estaba seguro que así debió escuchar Eva al demonio cuando este le instó a pecar. Miró del arco a Sebastian, y de él a la multitud en el exterior; entendía lo que Sebastian le exigía pero… era su familia, sus amigos; y estaba seguro que incluso había podido ver el chispazo de magia azul de Magnus.

Por primera vez desde que utilizó la poción de amor, Sebastian pudo apreciar la duda en sus ojos, porque esta vez no había poción de odio contra su familia, no, Alec se preocupaba por ellos, los amaba y eso, sonrió el demonio ante la idea, hacía la situación aún más exquisita.

- ¿Quieres… quieres que les dispares? – Verbalizó finalmente.

- Quiero que demuestres con hechos lo que estás dispuesto a hacer por mí – Le corrigió – Que tanto quieres quedarte a mi lado.

- Más que nada, pero…- Volvió a ver a la multitud mordiéndose el labio. El rubio frunció el ceño analizando lo que eso podía significar, Alec parecía realmente indispuesto a lastimar a nadie, y eso no le servía de nada.

Se acercó a él invadiendo su espacio personal, su mano como tenaza fijaron la quijada para obligar a que sus ojos como zafiros se mantuvieran fijos en los de color obsidiana del rubio; mientras con la otra lo sujetaba de la muñeca con la que sujetaba la aljaba con flechas, impidiéndole moverla.

- No necesito a alguien que no está dispuesto a todo, alguien que dude – Aseguró – Quiero un general al que no le tiemble la mano el cumplir mis órdenes; y si no eres capaz de eso, entonces no-me-sirves-de-nada – Recalcó cada palabra, soltándolo como si desechara un recipiente vacío, agregando luego con poca importancia – El sexo me lo puede dar mi hermana.

Alec se tensó ante la idea.

- ¡No! – El puño de Alec se apretó alrededor de su arco – No la necesitas… yo puedo… soy lo que necesitas – Aseguró. Sebastian soltó su muñeca permitiéndole tomar la aljaba y apartándose un paso. Alec tomó la única flecha que descansaba en el bolsillo delantero.

Sebastian lo observo recoger también su estela, trazándose en el brazo una runa de visión a larga distancia antes de apuntar el arco y flecha en dirección a la batalla. El demonio se mantuvo tras él, observando; su vista no sería tan detallada como lo habría sido de poder usar las runas, pero al menos podría distinguir si a quien Alec disparara era humano.

- Haré lo que sea – Aseguró tras unos segundos observando a la batalla, buscando su víctima, y ya no había duda en su rostro – Solo mantenme a tu lado.

Sus dedos soltaron la cuerda del arco y Sebastian sonrió mostrando los dientes al ver la flecha atravesar el aire, impactando el cuerpo de un hombre que cayó de inmediato. Alec bajó el arco complacido con su disparo: directo al cuello como pretendía. Se giró hacia Sebastian alzando la mano para tomar otra flecha, pero el rubio con sonrisa complacida lo sujetó obligándolo a bajar la mano, tomándolo de la cintura y besándolo alegre y satisfecho.

- Ese será tu lugar siempre que te comportes – Aseguró – Ahora vamos, tenemos planes que ejecutar. – Se hizo a un lado para indicarle que caminara adelante. Alec asintió, queriendo tomar la mano de Sebastian pero él lo evitó; el ojos azules solo suspiró apresurándose andar no sin antes dirigir una última mirada preocupada al exterior.

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¿A quién le disparó Alec?

No estoy muy segura si el supuesto plan de Clary esté funcionando :/ solo ha logrado que Alec vuelva a estar con Sebas y le dispare directo al cuello a alguien u.u

La batalla ya se llevó a Jocelyn (lo siento, pero no lo siento x.x ella nunca me agradó) y solo puedo decirles, que apenas es la primera… recuerden lo que le advirtió Jonathan a Max, "las joyas solo iniciaran un camino de muerte y pesar que solo se detendrá con un gran sacrificio" :D Como ya había dicho, el próximo capítulo si se llamará "Caos"

Nos leemos pronto

Besos :3