Hola!
Aprobé los dos examenes, gracias a Dios.
Andreina: Thanks, sweetie.
Capitulo cincuenta y cuatro
Pelea en las rocas
James y Katrina se encontraron con Jessie, Meowth y Lunita fuera del estadio y de allí al Centro Pokemón. Una vez que dejaron a sus heridos pokemón (y James se diera una ducha), fueron al cine para ver la película donde había participado Psyduck. Era tan mala que James se prometió que jamás le haría ver esa película a Golduck, ahora que tenía un nivel de razonamiento mucho mayor. En cuanto a Lunita, no podía estar más feliz. Era la primera vez que estaba en un cine y todo lo que veía le parecía mágico.
Cuando salieron del cine (habían sido los únicos en verla) se la pasaron hablando sobre la horrible adaptación de Romeo y Julieta que habían visto.
—No puedo creer que a esto se haya reducido el cine de Kanto —se quejó Katrina.
—Pasamos de tener una gran industria cinematográfica a películas de clase B —la apoyó James.
—Tanta mala película me hizo dar hambre —gruñó Jessie—. Quiero ir a un restaurante y comer hasta reventar.
—Pero solo los entrenadores comer gratis —le recordó Meowth.
Jessie se encogió de hombros
—¿Y que más da? Tengo el dinero suficiente para pagarme la comida. Ni que fueramos un montón de muertos de hambre.
—Yo también tengo hambre —dijo Katrina, poniendo una mano sobre su estómago.
—Y yo —dijeron Meowth y James al unísono.
—¿Y que estamos esperando? ¡Vamos a buscar un buen restaurante! —los animó Jessie.
Tardaron en encontrar un restaurante porque un desfile les llamó la atención. Hermosos carros alegóricos con forma de varios pokemón circulaban por las calles, mientras una multitud de turistas se apiñaban en las veredas para verlos. El grupo se sumó a los turistas y estuvieron un largo rato allí. Después, no pudieron dejar de mirar los puestos de souvenirs, donde vendían cosas tan curiosas que tuvieron que usar todo su autocontrol para no comprar nada.
Finalmente encontraron un restaurante con la imagen de un Doduo que les llamó la atención y entraron. Afortunadamente, era un tenedor libre y no tardaron mucho en llenar sus platos con todo lo que veían. Cuando se estaban por sentar, escucharon una voz conocida.
—¡Jessie, James!
Era Misty, quien estaba en una mesa junto con Ash y Brock. Con permiso de la encargada, juntaron las mesas para poder comer todos juntos.
—¡Es genial que hayas pasado a la siguiente ronda! —le dijo Ash a James, entusiasmado. Misty le pegó un codazo y señaló a Katrina disimuladamente con la cabeza—. Ehh… y tu también estuviste muy bien, Katrina.
Katrina le sonrió con un poco de tristeza.
—Gracias, aunque creí que llegaría a los octavos de final al menos. Tengo que esforzarme más duro esta vez.
—¿Esta fue tu primera vez en la Liga? —le preguntó Misty.
—Si —respondió Katrina, melancolica—. Nunca me había animado en años anteriores hasta que tuve a Raichu… era un Pikachu en ese entonces —suspiró—. Bueno, al menos he llegado.
James le palmeó la espalda.
—La próxima lo harás mejor, ya lo verás.
Jessie sorbió lo que le quedaba de ramen del tazón y dijo:
—Bueno, ya estamos llenos y es muy tarde. Hay un duro día de combate mañana.
—Ash, tienes que ir al Centro Pokemón —le recordó Misty.
—¿Todavía no los has llevado? —le preguntó Jessie, indignada.
Ash se rio, nervioso.
—Es que quería comer primero. Intenté ir a uno, pero estaba lleno.
—¿Lleno? Pensé que la ciudad estaba preparada para recibir muchos pokemón —comentó Meowth, extrañado.
—Hubo un accidente en el desfile de carros alegóricos —explicó Brock—. Al parecer un ladrón asaltó un negocio y en la huida chocó contra uno de los carros del desfile y atropelló a varias personas y pokemón que estaban allí. O al menos eso me contaron cerca del Centro Pokemón donde fuimos.
James miró su plato de carne de Doduo, extrañamente incómodo, como si hubiese sido él quien hubiera provocado el accidente. Los errores del pasado aún le remordían la consciencia…
—¿James?
El aludido sacudió la cabeza. Era Jessie la que le había hablado, algo preocupada. James le sonrió, intentando tranquilizarla.
—Creo que me estaba quedando dormido —mintió, bostezando—. Creo que debería irme a la cama.
—Si, ya es muy de noche —Katrina miró la hora en el reloj de pared que estaba en el restaurante.
—Yo tengo que ir a buscar un Centro Pokemón que no esté tan lleno —Ash se levantó de la mesa, seguido de sus amigos—. ¡Nos veremos mañana!
Misty y Brock también se despidieron y se fueron con Ash. Jessie, James, Meowth y Katrina regresaron caminando al sector de las cabañas, que estaba alejado de centro de la ciudad. En el camino, vieron a varias Jenny corriendo de un lado para el otro, cortando el tráfico, y algunas ambulancias que ululaban pasando a toda velocidad.
Al fin llegaron al conjunto de cabañas y se despidieron de Katrina. Apenas entraron a la suya, James entró a la habitación, se sacó las zapatillas y se dejó caer en la cama, con el estómago lleno. No tardó nada en dormirse.
Apenas se levantó, James desayunó y se fue directo a ver que estadio le tocaba. Por suerte, le tocó el de roca y no el de hielo. El contrincante era un chico de unos dieciocho años, de cabello largo, negro y desordenado llamado Otoshi. James regresó a la cabaña y comenzó a planear una estrategia en base al terreno.
—Growlie sabe ataques de tierra, así que me conviene usarlo en ese terreno —razonó James.
—Podrías poner uno de Agua o Planta, sabiendo que es un terreno ideas para pokemón tipo Tierra o Roca.
James resopló.
—Golduck recién acaba de evolucionar, Victreebel es lenta y Bulbasaur no es lo suficientemente fuerte —murmuró James.
—Gracias a Victreebel ganaste la batalla anterior —le recordó Jessie.
—Es verdad —admitió James—. Aunque creo que elegiré a Golduck, por sus poderes psíquicos.
—¿Y el último? —le preguntó Meowth.
—No lo sé —admitió James—. Creo que Persian podría ser la mejor opción.
—Si, un pokemón Normal es adaptable a casi todos los terrenos —murmuró Jessie.
—Entonces, ese será mi equipo —James separó las tres pokebolas y las guardó en el bolsillo. Jessie estiró la mano sobre la mesa y tomó la de James.
—Demuestrale quien es el mejor —le sonrió ella.
James apretó su mano.
—Claro que lo haré.
El estadio era, como era de esperar, de aspecto rocoso. Estaba lleno de rocas de diferente tamaño y altura, lo que podría complicar ciertos ataques relacionados a la agilidad. El adolescente llamado Otoshi tenía toda la pinta de un samurái, con la ropa tradicional (hitoe verde y hokome de color gris). Incluso tenía una espada de madera colgada de la cintura. A James le dio la impresión que se iba a tomar la batalla muy en serio.
Una vez que fueron presentados, el presentador gritó
—¡Que comience la batalla!
Otoshi sacó primero.
—¡Yo te elijo!
Lo último que James esperó ver era un Doduo, pero ahí estaba. Se sintió algo desconcertado, pero no tenía que caer en las apariencias.
—¡Sal, Persian!
Persian salió de la pokebola, listo para atacar. James esperaba que ya no estuviera enojado por lo de la última batalla. No había tenido tiempo de hablar con él.
—¡Usa Agilidad!
Doduo comenzó a correr en círculos alrededor de Persian, esquivando las rocas, a una velocidad increíble. Apenas era un borrón amarronado y no mucho más.
—¡No pierdas la concentración, Persian! —le gritó James, al ver que estaba desconcertado.
—¡Usa Picotazo!
—¡Agachate!
Con la misma velocidad, Doduo arremetió contra Persian, pero al estar agachado, no pudo acertar el ataque, sino que se tropezó con el lomo del pokemón de James y cayó al suelo.
—¡Persian, Golpes Furia!
El pokemón gato se arrojó contra Doduo y le dio tres zarpazos en las cabezas de Doduo. Cuando Persian se alejó, ya estaba fuera de combate.
—¡Doduo no puede continuar! ¡Persian es el ganador!
James no pudo menos que parpadear, sorprendido. Estaba en la tercera ronda y creía que las batallas serían cada vez más complicadas. La pelea que había tenido casi había sido un calentamiento.
Otoshi llamó a su pokemón, con la decepción pintada en la cara. Sacó la siguiente pokebola.
—¡Yo te elijo!
Su siguiente pokemón fue un Tauros. James lo pensó un instante. Persian aún estaba en condiciones de pelear, pero el pokemón de Otoshi era uno de los pokemón más fuertes de tipo Normal que conocía. Decidió que Persian podría seguir un poco más.
—¡Tauros, Cornada!
—¡Esquivalo!
Persian lo esquivo, pero apenas. Un segundo más y habría sido atravesado como una brocheta. Tauros frenó antes de que se estrellara contra una roca bastante grande.
—¡Joya de Luz!
Un rayo rojo salió de la gema de Persian pegando en el cuerpo de Tauros, derribándolo. James no perdió el tiempo.
—¡Persian, Arañazo!
—¡Tauros, Embestida!
El Tauros se levantó tan rápido que James no lo vio venir. El pokemón de Otoshi embistió a Persian, tirándolo como si fuera un muñeco de trapo.
—¡Persian!
—¡Pisotón!
Aprovechando que Persian estaba tirado en el suelo, Tauros se arrojó sobre él, pisoteándolo con sus patas de tal forma que podía ver la nube de polvo que se levantaba del suelo, Persian intentaba rodar para esquivarlo, pero sin mucho éxito.
James sacó la pokebola del bolsillo. No soportaba ver a Persian así.
—¡Regresa!
James regresó a Persian a su pokebola, maldiciéndose a si mismo. Si iba a sufrir por cada golpe a sus pokemón, ya no tendría pokemón que usar en la batalla.
—¡Ve, Growlie!
Growlithe se materializó en el estadio con un gruñido. James cruzó los dedos para que pudiera ganar.
—¡Ascuas!
Tauros se refugió detrás de una roca bastante grande y así logró salir ileso. Pero no iba a poder estar escondido para siempre.
—¡Tauros, cornada!
Tauros salió de su refugio y corrió directo hacia Growlie.
—¡Corre!
Growlie salió disparando, evitando las rocas y cuidando de que Tauros no lo alcanzara. La mente de James iba casi tan rápido como su pokemón. ¿Cómo podía hacer para derribar a semejante bestia?
Growlie seguía corriendo. El Tauros no parecía estar para nada cansado y seguía persiguiéndolo. Cuando su pokemón se estaba enfilando a una de las rocas más grandes de la pista, James gritó.
—¡Salta!
Growlie dio un salto tremendo y logró pasar por encima. Tauros no pudo frenar y se estrelló con un estruendo enorme. Parte de la roca se desmoronó sobre Tauros, quien cayó de costado.
—¡Tauros!
—¡Lanzallamas!
Growlithe rodeó la roca y lanzó su ataque más potente de fuego, envolviendo al Tauros en llamas. Cuando terminó, el pokemón estaba incosciente, con el humo brotando de su piel.
—¡Tauros no puede continuar! ¡El rojo gana!
Otoshi llamó a su pokemón. Su cara parecía una mascara. Sacó su última pokebola.
—¡Yo te elijo!
El pokemón que salió esta vez fue un Marowak, la forma evolucionada de Cubone. James no lo pensó un segundo. Llamó a Growlie y llamó a su último pokemón.
—¡Yo te elijo, Golduck!
Su pokemón recién evolucionado apareció en el estadio, bajo la mirada seria de Otoshi. Sabía que, aunque le ganara a Golduck, aún tenía a Persian y a Growlie.
—¡Marowak, Huesomerang!
—¡Chorro de agua!
El boomerang de hueso de Marowak fue desviado por el ataque de agua de Golduck. Mientras el pokemón de tierra iba a recuperar su hueso, James ordenó:
—¡Confusión!
Marowak había pegado un salto para recuperar su hueso, pero apenas lo agarró, el ataque de Golduck lo hizo estrellarse contra la plataforma metalica y de allí al suelo. Pero Marowak se levantó enseguida, con el arma en la mano. Su cabeza era bastante resistente a los golpes.
—¡Marowak, cabezazo!
—¡Pistola de agua!
Esta vez no funcionó. Marowak esquivó el ataque de Golduck y lo golpeó con fuerza en el pecho, haciéndolo caer.
—¡Golduck!
—¡Ataque Furia!
Marowak empuñó con fuerza su hueso y comenzó a golpear a Golduck con él, mientras el otro se cubría con el brazo para evitar que le diera en la cabeza.
—¡Usa Confusión!
Como si hubiera recibido un golpe invisible, Marowak salió volando por el aire y aterrizó encima de una roca, golpeándose la espalda. Era su oportunidad.
—¡Chorro de agua!
Golduck disparó su ataque y golpeó al Marowak, tirándolo al suelo. Cuando el referi fue a corroborar, vio que había perdido.
—¡Marowak no puede continuar! ¡El ganador de esta ronda es James!
Los aplausos invadieron el estadio. Golduck se giró hacia James y el hizo un gesto de ok con la mano. James le correspondió el gesto, sonriendo. Pero su sonrisa se borró cuando recordó que le faltaba el campo de hielo si quería llegar a los octavos de final…
Estaba perdido.
