Holaaa! Me tardé, lo siento, pero tuve un gran bloqueo con las escenas de la batalla porque no hallaba como colocarlas en la secuencia adecuada; pero creo que finalmente lo logré así que he aquí el resultado n.n
Pero primero agradezco a Guest, AyleenXime, Jazmin,Noesis,nicocupon y Guest (2) por sus comentarios n.n contesto :D
Guest: oh ya verás :) los capítulos que quedan estarán llenos de intriga, lo prometo.
Jazmín: Hay una gran diferencia en Alec entre antes y ahora, y no es solo la poción de odio, sino que esta vez Alec tiene el control, ya verás a lo que me refiero n.n Pero si, es un gran riesgo.
Noesis: Tranquila, es un retroceso controlado (?) Clary y Alec tienen un plan (?) jajajaja no, en serio; prometo que todo tendrá sentido n.n
Guest (2): oh no, al contrario… amo a Magnus, solo que por alguna extraña razón, mientras más amo a un personaje más lo hago sufrir n.n`
Los demás por PM…Ahora sí, ¡A leer!
Parte VI: Sacrificio
Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.
Leal – Veronica Roth
.
.
.
Capítulo 29: Caos
Me encanta el poder. Es como un artista que me gusta. Me encanta como un músico ama su violín, para extraer sus sonidos, acordes y armonías.
Napoleón Bonaparte.
X.X.X.X
Simon golpeó un par de demonios con su arco, eran muchos y no le daban el tiempo y la distancia para tomar una flecha y apuntar por lo que había desistido valiéndose solo de sus colmillos y el arco a modo de bate para golpearlos. Quería acercarse a Isabelle que estaba espalda con espalda con Maia a unos cincuenta metros de distancia. La Cacería Salvaje había supuesto un alivio en la batalla al traer a Max con su consejo sobre como derrotar a los demonios intangibles, pero no era suficiente, apenas y habían podido avanzar unos diez metros, y necesitaban entrar a la fortaleza o no tendrían oportunidad.
El sonido del metal cortando el aire lo distrajo, Simon se volteó utilizando sus reflejos vampiros solo para recibir con un jadeo el impacto de una flecha clavándose en su cuello, derribándolo al suelo.
Escuchó el grito de Isabelle llamándolo, el aullido de Maia y el olor a sangre acompañando el dolor. Quiso incorporarse sintiéndose débil, en cambio solo quedó tendido viendo el cuerpo de la flecha sobresaliendo y desconcertándose por el penacho rojo de la flecha que le atravesaba.
Él reconocía esa flecha; la había visto por años en el instituto junto a otras similares en una aljaba, esperando a su dueño encarcelado; custodiadas por Isabelle, Maryse y Jace que las cuidaban como si fuesen verdaderas reliquias.
Era una de las flechas de Alec.
- ¡Simon! – Escuchaba a Isabelle lejana pese a que se acercaba lo más rápido que los demonios le permitían; con la loba alfa de New York cuidándole las espaldas, ambas preocupadas.
Movió su mano en dirección a su cuello y el líquido rojo y frio cubrió sus dedos. Estaba perdiendo sangre y eso era lo peor que podía pasarle a un vampiro, especialmente a uno que no se alimentaba desde que salieron del instituto; pero no era solo el aroma de sangre seca con un ligero toque de divinidad que solía tener su sangre diurna lo que percibía; no… había algo más.
Sangre de Nefilim.
- ¡Simon! – Isabelle finalmente llegó hasta él con el rostro distorsionado por la angustia. Lo tomó de la camisa jalándolo a prisa. Maia saltó sobre un demonio sacándolo del frente, permitiéndole llevar al vampiro a un lugar en la periferia de las batallas. Isabelle se valió de una gran roca para recostarlo, permitiéndose tomarse unos segundos al ver como Bat en su forma de lobo corría hacía ellos para ayudar a Maia a protegerlos mientras verificaba a Simon.
Y entonces la chica volvió la mirada a su novio y jadeó llevándose la mano a la boca al reconocer la flecha. Se incorporó a prisa buscando en todas direcciones como si esperara encontrar a su hermano en medio de la batalla arco en mano, pero evidentemente, no encontró rastro alguno de él.
Simon jadeó e Isabelle volvió la atención a él de inmediato poniéndose de rodillas a su lado, no tenía tiempo de pensar en Alec cuando Simon se estaba desangrando con una flecha atravesándole el cuello allí frente a ella.
- Tranquilo, vas a estar bien – Susurró tomando la flecha con manos firmes y arrancándola sin contemplación. Simon jadeó de dolor por el daño de la flecha al salir, y los borbotones de sangre oscura no tardaron en brotar con mayor cuantía del agujero en su cuello; una persona normal no sobreviviría a ese disparo, y en el milagroso caso de que ocurriera ella normalmente no la sacaría, pero él era un vampiro, y para cerrar la herida tenía que extraerla primero. Estiró la muñeca a los labios de su pareja instándolo a prisa – ¡Bebe!
- No voy… a beber tu sangre… en medio de una batalla – Masculló Simon entre dientes, su voz era ronca, evidentemente la flecha había afectado sus cuerdas vocales y el aumento de la hemorragia lo hacía sentir más débil con mayor rapidez.
- No te atrevas a morirte mientras sigo enojada contigo; así que bebe – Le ordenó presionando su piel contra los colmillos del chico de Brooklyn hasta hacerse un corte. Simon se aferró a la muñeca de ella de inmediato al sentir el sabor de la sangre, hincándole los colmillos.
Cada gota de sangre le hizo sentir como se revitalizaba, deteniendo el sangrado y cerrando la herida, reagudizando sus sentidos. Se detuvo por sí mismo cuando fue suficiente, tenía suficientes años bebiendo de Isabelle para saber cuándo detenerse sin afectar realmente a la nefilim. Isabelle se apartó apresurándose en trazar una iratze y una runa reponedora de sangre en su brazo.
- Gracias – Susurró él llevándose la mano al cuello, fuera de la sangre que manchaba su piel, no había rastro de la herida.
- Te disparó – Susurró ella consternada, mirando la flecha en el suelo – Alec lo hizo.
- Clary…- Susurró él tomando la flecha a prisa; ella se mostró confundida – El olor…- Explicó recuperando la flecha y llevándosela a la nariz, y en efecto, podía sentir la sangre seca de la pelirroja en el arma – Es su sangre.
La expresión de Isabelle cambió de inmediato con el brillo esperanzado en sus ojos mientras le arrebataba la flecha de inmediato, observándola en busca de detalles y jadeando cuando sus dedos se encontraron con el relieve en el cuerpo de la misma.
- ¡Es un mensaje! - Exclamó apresurándose en limpiar la sangre con su ropa, intentaba contener una sonrisa: su hermano estaba intentando ayudar.
- Me uní al malo otra vez y los quiero muerto – Ironizó Simon – Si, lo entendí claro.
- ¡No! – Rodó los ojos – Es una flecha simple de acero; de haber querido matarte habría usado una con agua bendita.
- Quizás se le acabaron – Dijo mordaz, la chica lo golpeó en el brazo con un chillido enojado.
- ¡Alec tiene flechas para cada tipo de submundos! Y en cambio te ataca con una que no va a matarte de inmediato porque esperaba que sobrevivieras – Dijo, estaba decidida a creerlo: ya había desconfiado de su hermano una vez, no volvería a hacerlo y está vez convencería a Simon – Porque necesitaba que vieras esto
Le devolvió la flecha ya limpia, el diurno la tomó no pudiendo evitar la sorpresa al ver tres palabras allí talladas.
- Él se ha mandado mensajes con Jace de esta forma desde que eran niños – Seguía ella, pero él solo observaba las palabras apenas entendibles pero que, con el claro olor de la sangre de su amiga pelirroja, dejaba claro lo que pretendía.
"Sigue el rastro"
Les había dado un mapa directo para encontrar a Clary.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
- Las joyas de Edom… las tiene el Inquisidor – Recriminó Gwyn en medio de la batalla; había logrado llegar hasta Kaelie ayudándola al golpear con su maza al demonio que la atacaba mientras intentaba proteger a Magnus. – Nos mentiste.
- Sabes que no puedo – Se defendió ella – Pero si oculté información importante porque el Rey Unseelie habría actuado por codicia de saber la verdad desde el inicio.
La Reina soltó a Magnus para atravesar a un demonio con su delgada espada; era frustrante, no importaba cuantos matara, los demonios solo seguían apareciendo y ella tenía su mente dividida entre proteger a Bane, verificar que Well no estuviese herido y chequear la ubicación del resto de las Joyas: en ese momento vio a Robert en el suelo junto a Max, mientras Maryse los defendía de los caballeros del Rey Unseelie y de Herondale no había rastro.
Maldijo, necesitaba reunirlos a todos tanto como necesitaban seguir avanzando a la fortaleza de Sebastian.
- No soy el Rey Unseelie – El jefe de la cacería parecía ofendido.
- Las joyas son nuestra mejor oportunidad contra él – Masculló la Reina – Para detenerlo de una vez por todas y que deje de asesinar submundos, a nuestros pueblos.
- Y de lastimar a tu chico – Gruñó Gwyn, evidentemente nada agradado por haber sido engañado, mucho menos en favor de un nefilim – ¿Sebastian posee algunas de las joyas? – Preguntó mientras su brazo abanicaba para derribar a un demonio que pretendía acercarse a ellos.
- No, pero lo destruiremos con ellas – Dijo mostrando la diadema escondida en su bolso de cuero. El hombre miró fascinado tanto como aterrado el brillo de la gema.
- Presuman su joyería cuando no estemos en medio de una batalla – Gruñó Magnus haciéndose notar finalmente; como respuesta Kaelie lo empujó arrojándolo con fuerza lejos de ella contra una de las rocas altas. Magnus iba a maldecir cuando vio a la hada en el suelo, derribada por un demonio Hellhound e intentando mantener sus fauces lejos de su cabeza.
Gwyn utilizó su mazo contra él y su caballo relinchando golpeó al demonio con su coz. Magnus maldijo sonoramente a todos los infiernos y al maldito reino de su padre en particular: odiaba sentirse tan inútil, y odiaba tener que ser protegido. Introdujo la mano en su bolso buscando un vial de poción alarmándose al sentir el líquido frio y el cristal filoso ¡Se habían roto dos de los viales! Eso solo le dejaba dos y si los usaba ahora estaría totalmente indefenso al enfrentarse a Sebastian. Observó a su alrededor: Demonios voladores salían desde la fortaleza en dirección a la batalla, mientras que algunos jinetes de la cacería salvaje montaban sobre sus caballos a los aliados más heridos para llevarlos en dirección contraria y ponerlos en resguardo en tierras Seelies; incluso divisó a Patrick quejándose mientras Jia lo obligaba a subir al caballo con su pierna herida.
Vio también a Simon un poco más allá, tendido contra una de las rocas más grande, con sangre a su alrededor mientras mordía la muñeca de Isabelle; y Maia y Bat los protegían; pero sus ojos quedaron fijos en la flecha tendida a su lado, una que reconoció al instante.
La flecha de Alec…
Se apartó de la roca, tambaleándose por lo débil que se sentía, buscando con la mirada a su novio. Tenía que llegar hasta el vampiro, saber si había visto a Alec y que había ocurrido. Un par de hombres lobos despedazaban a un demonio Moloch casi arrollándolo en el proceso, pero una Seelie se apresuró a su lado sujetándolo apoyada por su compañero hada mientras Jace, salido de Lillith sabrá donde, saltaba sobre la espalda de un demonio Kuri que intentaba acercarse a ellos, atravesándole un cuchillo serafín en la cabeza a solo un par de pasos.
- ¿A dónde…? - El rubio recibió un porrazo en la espalda. Se giró de inmediato desconcertado: era un caballero Unseelie quien le atacaba, sus ojos negros sin irises fijos en el anillo que se había descubierto colgado con una cadena a su cuello - ¿Qué diablos? – Escupió suciedad y sangre; el rubio tenía algunos cortes por las batallas que había estado librando contra los demonios hasta ahora.
- ¡Dame el anillo, Nefilim! – Ordenó el Unseelie.
- Ven por él – Gruñó Jace pero fue un demonio Oni quien arremetió, la espada de Jace lo atravesó sin causarle daño, siendo distracción suficiente para que el Unseelie volviese a golpearlo. Magnus dio un paso en dirección a ellos.
- ¡No! – Lo detuvo su guarda espaldas Seelie. - Debes mantenerte fuera de las batallas, brujo – Maldijo una vez más ¿Desde cuándo ser de provecho lo hacía tan inservible? ¡Incluso el inútil de Max estaba siendo de más ayuda que él a pesar de que solo lanzaba piedras a los demonios, protegido tras la falda de Maryse!
Dejó que las hadas lo ayudaran a alejarse; los Unseelies no solo atacaban a Jace: Robert estaba teniendo dificultades por exhibir el collar que tenía colgado en su pecho y no había tenido de otra que apartarse de su ex esposa e hijo para que los Unseelies lo siguieran y se apartaran de su familia. A pesar de que ahora sabían cómo matar a los demonios, los Unseelies estaban jodiendo todo, causando el caos.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.**.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Alec observaba desde atrás, sus dedos se sentían inquietos alrededor de su arco con la presencia de tantos demonios cerca mientras Sebastian impartía ordenes sin esperar ni permitir replicas. Cada cierto tiempo volvía la mirada por la ventana intentando ver más allá, saber cómo iba la batalla en el exterior, pero desde esa nueva ubicación no tenía una buena vista pese a que podía oír todo el alboroto, los gritos de los aliados a su familia y alaridos de demonios; la batalla estaba cada vez más cerca y él aun no entendía lo que Sebastian pretendía.
- Quiero que a bran las defensas solo el tiempo suficiente para que algunos pasen. – Volvió la mirada rápidamente hacía al rubio al escucharlo – Tengo asuntos que resolver con Jace. – Sebastian observó de reojo a Alec con una sonrisa maliciosa – Y con algunos otros.
- ¿Quieres que entren a la fortaleza? – Preguntó con sorpresa, el rubio le sonrió con una abierta sonrisa torcida.
- ¿Cómo si no les daremos la bienvenida, Alexander? – Cuestionó. Alec se estremeció, pero Sebastian solo entrecerró los ojos por medio segundo antes de volverse de nuevo a los demonios, en especial a los voladores – También quiero que me traigan las Joyas de Edom. – Esta vez los demonios se removieron inconformes, pero sin atreverse a llevarle la contraria al rubio; emprendiendo el vuelo para marcharse.
Alec los observó retirarse volando en dirección al cielo amarillo de Edom, y dio un paso tentativo en dirección al rubio mientras fruncía el ceño ¿Las joyas de Edom? ¿Cómo el brazalete que Max colocó en Magnus? ¿Por qué las quería?
- No quieres esas cosas – Advirtió – Vi lo que le hizo a Magnus: solo robaron su magia mientras las usó.
- Y esa magia me hizo un cuerpo con el que puedo tocarte – Sonrió satisfecho ante la confusión en sus ojos azules – Alexander…- Y sonó como un intento de caricia verbal mientras caminaba en su dirección, su mano haciéndose con su mejilla. – No tienes ni idea del poder de las joyas ¿No es así? – Alec negó con la cabeza dándole la razón.
Pero él si lo sabía, y eso era lo que le preocupaba: recordaba todo lo que Catarina les había dicho sobre el peligro que supondría para todo el mundo de sombras, incluso para los demonios.
Sebastian chasqueó la lengua palmeándole la mejilla con sorna.
- No importa, no les servirá de nada mientras no encuentren a un hijo de Asmodeus – Dijo – Pero no me arriesgaré.
Alec abrió la boca con sorpresa y Sebastian rió apoderándose de sus labios como hacía cada vez que tenía oportunidad para demostrar su posesión sobre el ojos azules. Alec le sonrió al apartarse.
"…La antigua Reina Seelie nos dejó a tu padre y a mí una manera de destruir a Sebastian"
"…aun me falta una importante pieza para que el plan funcione"
"Sangre…un submundo con cierta sangrede Edom"
Su sonrisa vaciló por el recuerdo de las palabras de Kaelie la última vez que se vieron, cuando acordó con ella la ayuda del pueblo Fey para rescatar a Clary y vencer a Sebastian; eran como rápidos flashbacks en su mente dispuestos a darle sentido a todo: El arma de Kaelie eran las joyas, y Sebastian lo sabía, así como sabía que necesitaban el poder del creador de las joyas a través de un heredero directo para activarlas; y sabía que Kaelie no lo había encontrado.
- ¿Pasa algo Alexander? – Lo cuestionó el demonio notando el cambio en su mirada.
"Magnus – Había sido su respuesta a Kaelie – Habla con él…puede que sepa de alguien"
¿Era eso lo que necesitaba la hada? ¿A Magnus?
Y él la había enviado directo al brujo, directo al hijo de Asmodeus,
- ¿Tienes algo que decir? – Exigió con los ojos entrecerrados.
Kaelie tenía un arma contra el rubio, y él la había cargado.
Y Sebastian no lo sabía.
- Muero de ganas de que esto termine – Dijo besándole en la comisura de los labios con una sonrisa genuina – Nada más.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Esquivó la estocada de un caballero Unseelie, recibiendo un corte en el brazo cortesía del Rey; no tenía ni idea de cómo seguía la batalla luego de la llegada de Max porque no había tenido tiempo para desviar la mirada ni un segundo: el Rey Unseelie y su pueblo estaban sobre él desde el momento en que vieron el collar de Edom.
Un par de demonios Hellhound saltaron sobre el Rey Unseelie quitándoselo de encima; sería tan irónico que debiera agradecer su vida a esos malditos demonios; más no le dieron tiempo a considerarlo demasiado, tuvo que esquivar a un Kuri arrojándose al suelo para cubrir la hoja de su espada con la tierra de ese demoniaco lugar y atravesar la cabeza del demonio con una estocada rápida; jadeando adolorido al recibir un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza que le hizo ver oscuro por un segundo. Escuchó el sonido del acero contra acero, esos no eran demonios.
Sacudió la cabeza enfocándose en intentar centrarse; encontrando frente suyo a Maryse que lo defendía con fiereza del caballero UnSeelie que le había atacado; tras ella estaba Max manteniéndose a resguardo con piedras en la mano.
- Robert no es hora de una siesta – Escuchó a Maryse exclamar como si se encontrara al otro lado de la explanada. Asintió con unos segundos de retraso sintiendo su cerebro trabajar con lentitud, incapaz de incorporarse aun con la mirada opaca por el golpe.
- Date prisa, tienes que ponerte una Iratze – Escuchó la voz de su hijo un tanto lejana pese a que se había acercado hasta quedar a su lado. Robert movió la mano buscando su estela, confuso; malditos Unseelies golpeaban con bastante fuerza; seguro tendría una terrible migraña en la mañana.
- ¡Rápido! – Exclamó Maryse, había dejado fuera de combate al caballero Unseelie pero otros dos habían tomado su lugar intentando acercarse a ellos. Max la miró, eso no tenía sentido, que las hadas del Reino Unseelie atacaran a Robert, se suponía que estaban allí para ayudar, pero si no se daba prisa su madre no podía contenerlos eternamente.
Soltó las piedras para rebuscar a toda velocidad en la ropa del Inquisidor, jadeando sorprendido cuando se dio cuenta del collar en su pecho. Se detuvo por un segundo con duda, él realmente no sabía mucho respecto a esas joyas más allá de que permitieron que Sebastian recuperara su fuerza y que la antigua Reina Seelie las quería a como dé lugar.
Consiguió lo que buscaba en uno de los bolsillos de la pierna del pantalón: la estela. Se la colocó a su padre en la mano y este la observó turbado sacudiendo la cabeza intentando enfocarse para dirigir la estela a su piel. Max lo observó y luego a su madre, había un demonio ahora intentando acercarse a ellos y el hombre parecía que se incendiaria la mano en vez de conseguir trazar la runa.
Le arrebató la estela por precaución, alguien más tendría que ayudarlo. Miró en todas direcciones, todos los nefilims estaban ocupados en la batalla, pero si no hacía nada Maryse podría salir lastimada o peor intentando protegerlos en vano.
- ¡Max a prisa! – Jadeó Maryse de rodillas en el suelo tras recibir un golpe en el costado; alzando su cuchillo serafín e interceptando otro golpe. El asintió estirando la mano con la estela sobre el brazo de Robert, su mano temblaba ligeramente y se detuvo cuando la punta tocó su piel, maldiciendo en idioma Feéra ¡Él realmente no sabía realizar iratzes!
Se mordió el labio pensando a toda velocidad, si tan solo supiera como se veía la maldita runa.
Pero si lo sabía…la había visto por años en su tobillo, en la cicatriz de la runa que intentaba ignorar mientras más abrazaba la crianza Seelie. Apoyó una rodilla en el suelo dejando apoyado el pie donde estaba la runa y apresurándose en subir el pantalón para observar la cicatriz mientras trazaba una figura similar en el brazo de su padre.
Como la vez que trazó la runa de apertura sobre sobre el cristal de la biblioteca para intentar obtener la diadema de Edóm, sintió la energía del ángel fluir de sus dedos a través de la estela para materializarse en forma de runas; no era su primera runa, pero si la primera vez que se la hacía a otra persona y por primera vez en años, se encontró rezándole a Raziel para hacerlo bien.
Robert lo observó, su mirada fija en la expresión confundida de su hijo; tenía que intentar centrarse, sabía que había algo que estaba olvidando respecto a las runas. Max soltó el aliento que contenía cuando terminó el trazado y Robert bajó la mirada observando la runa, sintiéndose ligeramente mejor pero la runa rápidamente empezó a desvanecerse.
- ¡No está funcionando! – Max se alarmó – ¿Qué hago? – Se desesperó mirando de la marca que acababa de hacer a la cicatriz en tu tobillo, eran idénticos - ¡No funciona!
Robert lo miró entornando los ojos, podía ver con mayor claridad su rostro, pero las voces seguían siendo lejanas, algo estaba mal, algo… su cabeza finalmente hizo conexión.
- El collar…- Articuló; eso era, la runa no funcionaría mientras él tuviese el collar en su cuello absorbiendo su poder; y con la mitad de las hadas atacándole para intentar arrebatárselo, quitárselo no era una opción. – Debes trazar varias.
- Si…yo…- Max dudó, una cosa era dibujarla una vez, otra diferente era hacerlo repetidamente y esperar que quedaran igual; pero tenía que intentarlo, Robert contaba con él, su madre lo hacía – Lo haré. – Dijo con determinación apresurándose a por ello; trazó al menos tres runas de forma irregular antes de que Robert sintiera sus sentidos totalmente despejados mientras la joya sobre su pecho palpitaba cada vez más y más rápido. - ¿Funcionó?
- Funcionó – Corroboró con tono orgulloso, quería abrazar a su hijo en agradecimiento, pero el grito de Maryse lo alertó por lo que en cambio empujó a Max para sacarlo del camino de la maza de un Unseelie y arrojó su cuchillo serafín para matar al que arremetía contra su ex esposa. Se incorporó a prisa para colocarse codo a codo con la mujer.
- Gracias por el descanso – Bromeó; ella se incorporó con una sonrisa aprovechando que Robert le cubría la espalda para trazarse una iratze junto al corte en su abdomen. - ¿Estás bien? – Preguntó.
- ¿Por qué los Unseelie te atacan? – Ignoró su pregunta por una que consideró más importante.
- Las joyas de Edom – Susurró lo más bajo que pudo; un demonio se intentó abalanzar sobre ellos cayendo en medio del salto cuando Max le arrojó una piedra que le atravesó el pecho – Deben alejarse antes de que noten que también tienes una – Dijo con preocupación.
- No digas estupideces Robert – Lo riñó. Pero él no decía estupideces, él veía como cada vez eran más Unseelies los que se acercaban a ellos y el Rey Unseelie había logrado librarse de los demonios Hellhounds; sabía que Maryse podía defenderse, pero Max que seguía arrojando piedras contra los demonios con una puntería regular, sería otra historia; y solo era cuestión de tiempo para que descubrieran que Maryse tenía el brazalete y entonces se ensañarían con ella.
- Si ves a Kaelie dile que necesito quitarme las joyas. – Dijo.
- ¿Qué? – La mujer se confundió ante la mirada decidida del Inquisidor antes de que este solo echara a correr lejos de ellos.
- ¡Robert!
- ¡Papá! – El hombre casi se detiene, ¿Lo había llamado papá? Sintió el corazón acelerársele tentado a volver sobre sus pasos y abrazar a su pequeño y pedirle que lo repitiera; volvió la mirada y vio a Maryse detener a Max sujetándolo de la cintura para evitar que lo siguiera, y a todos los Unseelies incluyendo al Rey, dejándolos en paz para perseguirlos. Su determinación creció, cuando todo terminará tendría tiempo para oír a Max llamarlo papá una y otra vez, para abrazarlo cuando quisiera, ahora lo importante era mantener a su familia a salvo. - ¡Van tras él, hay que ayudarlo!
Por un segundo Maryse logró conectar su mirada con la del hombre, antes de que esquivara a un hombre lobo y un demonio que luchaban entre sí, y los usara como barrera entre él y los Unseelie, y no pudo evitar que la preocupación nublara su mirada, solo esperaba que Robert supiera lo que hacía.
- ¡Suéltame! ¡El Rey UnSeelie va a matarlo! - La angustia en la voz de Max podría haber estrujado su corazón de no tener cosas más apremiantes: Maryse lo soltó girando a prisa enristrando su guisarme para proteger al muchacho cuando un demonio Kuri intentó arremeter. El demonio chilló estallando de inmediato, pero rápidamente dos Oni tomaron su lugar: Los UnSeelies se habían marchado tras Robert pero los demonios seguían arremetiendo, prácticamente cercándolos contra las rocas.
Maryse se mantuvo al frente, los Oni eran los únicos demonios que utilizaban armas por lo que el sonido del guisarme contra las katanas resonó; Max se apresuró a tomar un par de rocas para arrojárselas con toda la fuerza que pudo intentando ayudar; una de ellas golpeó en lo que se suponía era la cara del demonio dándole la distracción suficiente a Maryse para cortarle la cabeza y con un rápido giró, sacó una daga de su cinto clavándola a la altura donde se suponía que debía estar el corazón del demonio. Intentó estirar el cuello para buscar a Robert con la mirada, pero lo único que encontró fueron colmillos y garras intentando abalanzarse contra ella.
Escuchó el jadeó asustado de Max tras suyo cuando el demonio Hellhound se aproximó; el muchacho recordando como uno similar lo había dejado tan malherido como parte de los planes de Sebastian. Maryse arrojó la daga en su mano para clavarla en el costado del demonio quien rugió, pero fue distracción suficiente para tomar a Max del brazo y jalarlo a correr lo más rápido que podían en dirección contraria y…
Un demonio dragón aterrizó estruendosamente frente a ellos, con un rugido estridente que fue respondido por otros dos demonios voladores que se aproximaban. La mujer se apresuró en colocar a su hijo tras ella sin soltarlo, para protegerlo con su cuerpo mientras enterraba el guisarme en el suelo liberando su mano con la que tomó de su cinturón la última daga que le quedaba, arrojándola los demonios en el aire lastimando el ala de uno que cayó mientras ella recuperaba el guisarme a tiempo para defenderse del que estaba en tierra; el arma golpeó contra una de sus garras, era difícil manipularla con una sola mano, pero no estaba en sus planes soltar a Max.
- En lo que pueda abrir una oportunidad tenemos que correr y reagruparnos al resto – Le advirtió a su hijo.
- Solo los llevaremos con ellos – Le advirtió Max. Maryse no pudo voltear para ver a lo que se refería; en cambio empujó a Max para esquivar una feroz mordida que aprovechó para clavar el guisarme en el paladar del demonio; el icor la salpicó con la molesta sensación de quemar su piel, pero ni siquiera para eso tenía tiempo, ya que otro demonio dragón había tomado su lugar. – Los voladores solo nos atacan a nosotros, y Jace y… ¡Kaelie! – Jadeó el muchacho al ver como los caballeros Seelies ponían todo de sí para proteger a su Reina de los demonios que la acosaban.
Trató de zafarse de su madre angustiado por el peligro que corría la hada.
- ¡No! – Jadeó Maryse volviéndose a prisa para evitar que saliera de su protección; Max no tenía ninguna clase de entrenamiento, correr hacía Kaelie arrojando piedras sin mucha precisión que se diga solo haría que se ganara un aguijón de demonio Shax en el pecho si tenía suerte, sino los Hellhount lo desmembrarían peleándose por su cuerpo. Intentó decírselo, que entendiera, pero el chico solo jaloneaba para soltarse con la vista fija en la mujer que lo había criado los últimos cinco años. – Max…
- ¡Debo ayudarla! – Decía, escuchando el grito de alguien llamando a Robert; más no pudo centrarse en eso, en cambio la mujer abrió la boca para contradecir a su hijo y hacerle entender que su mejor opción era con ella, pero solo gritó al sentir las garras del demonio dragón apretarse alrededor de su cintura. Empujó a Max lo más lejos posible y lo próximo que sintió fue la brisa seca y cálida contra su rostro. No supo en que momento cerró los ojos, pero cuando se dio cuenta, los abrió para ver la mirada aterrada del chico fija en ella que se elevaba cada vez más con cada aleteo del demonio.
- ¡Mamá! – Gritó, y por un segundo en que se permitió un único pensamiento egoísta, fue para hacer notar de como su hijo había gritado por ella con aun más angustia que por Kaelie, pero ese pequeño momento de madre celosa no le duró prácticamente nada al ver como otro de los demonios dragón se lanzaba en picada a por Max.
- ¡Corre Max, corre! – Gritó desesperada, el guisarme aun en su mano era la única arma que le quedaba y aun así lo arrojó cual arpón para atravesar al demonio. Ella podía buscar otra forma de liberarse, su hijo necesitaba esos segundos de ventaja y sin embargo el chico seguía allí, parado pasmado - ¡CORRE!
Max no lo dudó más, esquivando a un par que había intentado arrojarse sobre él y corriendo en dirección al corro de Seelies que protegían a la Reina.
- ¡Kaelie! – Gritó, ya no con preocupación por el hada sino clamando por su ayuda, porque en los últimos cinco años, cuando las cosas estaban mal, era a ella a quien acudía por una solución, y estaba vez imploraba a Lillith que pudiera ayudarlo.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Magnus pensaba que Raziel no debía tenerle mucho aprecio a los nefilims, o quizás Edom estaba muy lejos de su área de influencia, era lo único con sentido cuando veía como los demonios dragón llegaban rugiendo hasta la explanada, arremetiendo para partir el cuerpo de algunos hombres lobos en dos, otros arrojaban fuego complicando el panorama cuando apenas habían logrado controlar un poco la situación.
Gwyn gruñó con frustración destrozando la cabeza de un demonio con su maza mientras un grupo de caballeros Seelies se apresuraban en rodear a Kaelie para protegerla y ella no soltaba a Magnus. El brujo maldijo mientras escuchaba a un hada gruñir en idioma Feéra: los demonios se arrojaban como aves de presa, ya no rehuían de las joyas de Edom, al contrario, parecían interesados en ellas específicamente: no había rastro de Robert, pero podía ver como la mayoría intentaban arremeter contra ellos, otro par había apartado a Jace y un poco más allá habían acorralado a Maryse y Max
Todos los demás se enfrentaban a demonios comunes, pero con ellos parecía haber una especial insistencia.
Un demonio dragón arrojó un zarpazo; una dama Seelie se interpuso entre las garras y su Reina, la dama falleció al instante mientras la Reina jadeaba al ganarse un feo corte en el abdomen.
- ¡Kaelie! ¡Tenemos que usar las joyas ahora! – Gritó ayudándola a mantenerse de pie; o él se apoyaba en ella, realmente no estaba del todo seguro.
- ¡No! – Negó ella entre dientes testarudamente – Son para Sebastian.
- A este paso no llegaremos a él – Le espetó; Kaelie negaba obstinada cuando el grito de Max la interrumpió:
- ¡Kaelie! – El chico corría desesperado hacia ella mientras señalaba al cielo; ambos voltearon en su dirección y el color desapareció de sus rostros: Maryse era llevada cada vez más alto en garras de un demonio dragón.
- ¡No! – Jadeó la Reina Seelie – Se lleva el brazalete; ¡tenemos que ir…!
Magnus siempre había disfrutado decir esas tres palabras, restregarlas en el rostro de la otra persona porque él amaba tener la razón y en especial dejar claro que el otro se equivocaba, pero justo ahora, tener la razón era perder una gran oportunidad; y sin embargo las palabras salieron de su boca como un terrible lamento.
- Te lo dije – Jadeó.
Jace gritó el nombre de Maryse al ver como se alejaba con cada aletazo del demonio, no iba a permitirlo: Sebastian le había arrebatado a su novia y a su parabatai, no le daría a la mujer que era como una madre para él; no le daría a nadie más…
Aprovechó el lomo de un demonio Raum para saltar sobre la grupa de otro demonio dragón en el aire para acercarse y arrojar un cuchillo serafín contra el que tenía a Maryse; acertó el tiró y la mujer gritó al precipitarse en caída libre cuando el demonio desapareció en un estallido de icor.
Jace saltó para atraparla, maldiciendo cuando un segundo dragón se arrojó en picada capturándola de nuevo mientras otro par se lanzaban a por él. El rubio logró esquivarlos fuera de su alcance haciendo que los demonios chocaran entre sí, mientras caía fuertemente rodando de costado en el suelo. Adolorido, maldijo aún más fuerte al ver como Maryse era alejada de su alcance, llevada hacía la fortaleza de Sebastian. Intentó incorporarse, debía haberse lesionado todas las costillas del lado izquierdo.
Un demonio Shax reptó a prisa en dirección a Jace encontrándose con el látigo de Electrum de Isabelle que se enredó en su cuello arrancándole la cabeza al demonio y salvando al rubio de ser atrapado.
- Se llevan a mamá – Jadeó la chica poniéndose a su altura mirando horrorizada como el demonio dragón que tenía a Maryse rugía y el resto le hizo eco; fue una cadena de rugidos aterradores en toda la explanada que hizo retroceder a la mayoría de los demonios terrestres de forma preventiva ante la mirada desconfiada de todos.
Simon ayudó a Jace a incorporarse; el rubio se apoyó en el vampiro diurno mientras se realizaba un par de rápidas Iratzes en el costado. Sus dientes fuertemente apretados más que por el dolor, por la impotencia.
- ¡Kaelie, ayuda! – El grito de Max fue lo que le hizo volver apartar la mirada del pequeño punto en que se había convertido Maryse y buscar a su hermanito menor. El muchacho intentaba hacerse paso en dirección a la Reina del pueblo Seelie. Jace arrojó una daga a prisa cuando un rapiñador intrépido casi lo alcanza por la espalda. Las damas Seelies corrieron hasta él menor para protegerlo de otros posibles ataques: pese a que los demonios voladores habían perdido el interés en él y la mayoría de los terrestres se replegaban, su inexperiencia en combate lo ponía realmente en peligro.
Las hadas lo rodearon ayudando a llevarlo hasta Kaelie quien discutía con Magnus ante la insistencia de Magnus.
- No es momento para eso Bane – Decía, sus ojos viraban cada segundo para asegurar el bienestar de Max que era acercado - Debemos reunir a Robert y Jace, recuperar a Maryse…
- Y utilizar las malditas joyas – La reina rodó los ojos. Sus hadas llegaron hasta ellos y Kaelie se soltó del brujo para apresurarse a él, la mano apretándose el corte sangrante en el abdomen con una única preocupación: que el chico no tuviese grandes heridas.
- Estás bien – Suspiró aliviada, su mano libre en el rostro del muchacho que le devolvía una expresión de angustia en sus ojos grises.
- Kaelie, tienes que ayudarme a recuperar a Maryse.- Le suplicó
- Vamos a hacerlo – Dijo, porque necesitaban el brazalete que el demonio Dragón se había llevado junto a la nefilim, pero también porque odiaba ver la desesperación en su pequeño humano. – La recuperaremos – Le prometió estirando la otra mano, pero conteniéndose ante el dolor en su abdomen. Max la sujetó ante el riesgo de que se dejara caer al suelo, mirando aterrado la herida ensangrentada en su abdomen.
- Estás herida – Dijo abriendo los ojos - ¡Alguien ayúdela!
Eso no podía estar pasando, no podía estar perdiendo a Maryse y a Kaelie.
- Señora, tenemos que enviarla a Feéra – Dijo uno de sus caballeros; la mujer hada negó testarudamente.
- Estaré bien – Dijo tomando de su cinturón un recipiente con un emplasto verde y asquerosamente grumoso con el que se apresuró a cubrir la herida; Max lo miró, sabía lo que era: Kaelie lo había usado en su espalda cuando la anterior Reina Seelie lo mandó a azotar, y sabía que no tenía el efecto inmediato que se requeriría para una batalla.
- No seas testaruda – Gruñó el joven - No puedo perderte a ti también – Y eso ultimo sonaba como una súplica. La mirada de Kaelie no se ablandó, porque no quería que Max se preocupara por ella, pero aún más importante era mantenerlo a salvo y esa determinación Max la notó por lo que buscó apoyo en alguien más - ¡Bane, por favor!
A Magnus le habría encantado devolverle una respuesta mordaz; negarle su ayuda después de todo cuando Max había hecho para joderle y arruinarlo, para lastimar a Alec; pero sabía que no les convenía tener a Kaelie herida, si ella se iba a Feéra, el resto de las Seelies perderían cualquier motivación para luchar.
Maldijo antes de tomar uno de los dos viales que le restaban y dárselo a Kaelie para que bebiera ella; la mujer negó.
- Son para cuando te enfrentes a Sebastian.
- O la bebes o te llevan a Feéra, y dudo mucho que Max quiera irse contigo ahora que se llevaron a Maryse – Le advirtió el brujo; la mujer lo fulminó con la mirada, pero aceptó el vial bebiéndolo de un trago., con eso ayudándole a reponer fuerzas y el emplasto sellando la herida podría continuar. Dejó caer el vial vacío.
- ¡Los demonios se replegaron! – Exclamó Jace llegando hasta ellos con Isabelle y Simon a su lado. – Tenemos que aprovechar para entrar a la fortaleza.
- Sin duda es una trampa – Maia se había acercado también, todos lo hacían ahora que los demonios les daban espacio los nefilims, hombres lobos y Seelies se replegaban; los Unseelies buscaban a su Rey entre la multitud mientras que la cacería se reunía con Gwyn.
- No tenemos otra opción – Dijo Kaelie – Tenemos que recuperar a Maryse – Dirigió una significativa mirada a Magnus quien entendió a la perfección cuál era su prioridad. Había sido un terrible error entregarle el brazalete a Maryse.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Trastabilló mientras atravesaba la explanada intentando al menos ganar algunos metros en dirección a la fortaleza de Sebastian; podía ver cómo demonios alados se acercaban a la batalla corriendo desde allí, pero él tenía problemas más cercanos de los que preocuparse. Retrocedió a prisa ante un nuevo ataque Unseelie, clavando su cuchillo serafín en el pecho de uno de ellos; no había sido el plan en lo absoluto matarlos, pero no iba a dudar cuando era su vida o la de ellos.
Un caballero Unseelie rugió enfurecido; Robert no tuvo tiempo a responder, las iratzes de Max no habían sido muy fuertes y su efecto había pasado sumamente rápido gracias al collar, sin embargo, no sintió ningún impacto contra él: un demonio Raum lo había partido en dos para luego arrojarse sobre el nefilim.
Jadeó con cansancio mientras su cuchillo serafín chocaba contra el aguijón de un demonio Shax; sintió la fuerza con que el demonio le hacía resistencia, pero este solo chilló salpicándole de icor cuando estalló luego de que una estrella ninja se clavara en la parte posterior de su cabeza.
- ¡Pensé que les huían a las joyas! – Escuchó el grito de Jia desde unos cien metros de distancia, arrojando un par de estrellas más contra demonios más cercanos.
- Ya ves, no son tan buen escudo como creías – Gritó él en respuesta, por sobre el sonido de la batalla, aunque sin poder evitar el alivio que no duró mucho…
El sonido de la carne siendo atravesada y el olor metálico de la sangre llegó a él antes de registrar el dolor en su abdomen. El inquisidor bajó la mirada viendo con un velo de irrealidad el filo de la espada que le atravesaba el abdomen desde la espalda, casi como una grotesca parodia.
Se había distraído y había bajado la guardia.
- ¡Dame la joya! – El rugido del Rey Unseelie resonó tras él opacando el grito de Jia que intentaba acercarse. Robert gritó al sentir la espada dejando su abdomen y como el Rey jalaba del collar con todas sus fuerzas; boqueó sintiendo el metal estrangularle. Golpeó el brazo del hombre repetidamente intentando que lo soltara, sintiendo como la cadena cortaba su respiración.
- ¡No! – Su voz sonó como una mezcla entre un rugido determinado y un jadeo derrotado; Intentó apuñalar al Rey con su cuchillo serafín logrando que este retrocediera soltándolo. Luke en su forma de lobo saltó sobre el Rey Unseelie mordiendo la armadura en su brazo. El Rey lo sacudió retrocediendo lo que le dio la oportunidad a Robert de alejarse del conflicto de forma tambaleante; necesitaba llegar a Kaelie, necesitaba poner la joya a salvo; si moría allí, el Rey Unseelie tomaría el collar y entonces no habría manera de destruir a Sebastian y salvar a Alec…
Entonces todas esas muertes, todo ese sacrificio, serían en vano.
Cayó de bruces contra el suelo al tropezar con sus propios pies por el agotamiento: el collar no dejaba de drenarlo y además tenía un par de días sin dormir, horas caminando en ese lugar y al menos una ya luchando sin que las runas le sirvieran de algo, había recibido un golpe realmente fuerte no hacía ni cinco minutos en la cabeza y ahora la hemorragia en su abdomen, era como si su energía se desvaneciera con cada gota de sangre que perdía mientras llevaba una sanguijuela colgada al cuello.
Intentó incorporarse y el esfuerzo solo le hizo escupir una gran cantidad de sangre ante sus ojos; ¡No! No podía morir así, no cuando Max acababa de llamarlo papá, él tenía que escucharlo decir esa palabra una vez más y abrazarlo con todas sus fuerzas mientras le decía a su pequeño todo cuando lo amaba; no podía morir cuando Alec seguía en manos de Sebastian y toda su familia estaba en riesgo. ¿Cuándo fue la última vez que se sentó a charlar con Isabelle, preguntarle cómo estaba o cómo iba su relación con el vampiro? Y Jace ¿Desde cuándo no se reunían para algo más allá de la Clave?
Se arrastró en el suelo: Kaelie luchaba a más de doscientos metros a su derecha contra demonios voladores y un grupo de UnSeelies; necesitaba conseguir a alguien más cercano, alguien en quien pudiera confiar.
Él pensaba "no podía" pero realmente no quería morir allí, tenía tantas cosas pendientes con sus hijos y no quería dejarlo, quería estar allí para ver a Max ser un nefilim, para ver a Alec descubriendo las maravillas de criar a dos niños junto a Bane, para cuando Clary finalmente le diera el "Sí" a Jace, para entregar a Isabelle en el altar si alguna vez decidía casarse con Simon aunque fuese en una ceremonia mundana. No quería morir sin agradecerle a Maryse por esos cuatro maravillosos chicos, sin disculparse por ser un mal esposo para ella…
Sentía con cada centímetro que avanzaba arrastrándose por el suelo como las fuerzas se iban desvaneciendo.
No quería…
Pero estaba muriendo.
Y después de tantos años volvería a ver a su parabatai, se reencontraría con Michael.
- ¡Robert! – Jia gritaba su nombre intentando acercarse; él la miró: la Cónsul estaba más cerca; ella también había querido quitarle el collar, pero prefería dejarlo en sus manos que en las del Rey
Escuchó el aullido de Luke y el rugido enfurecido del Rey Unseelie, ni siquiera pudo pensar en girar el rostro para ver si el regente de la corte oscura logró zafarse del lobo e iría tras él, en su lugar sus brazos cedieron haciéndole morder la tierra y la sangre bajo suyo; intentó incorporarse y por primera vez el pánico comenzó a crecer en su pecho: era un guerrero y moriría allí solo y ahogado en su propia sangre.
- ¡Robert! – Sintió como le daban la vuelta a prisa, su cerebro comenzaba a nublarse, pero aun así pudo reconocer a Jia. La mujer estaba pálida y tenía una herida en el rostro; sintió el calor de una runa intentando marcar su cuerpo, y el palpitar del collar incrementando en intensidad. – Vas a estar bien… Un jinete de la cacería te llevará a Idris – Intentó sonar segura y convencerse a sí misma de ello pese a que sabía que ese tipo de heridas no era algo que las Iratzes curaran.
- Pro…prometí una renuncia – Tosió – Tendrás que aceptar esto.
- No, no te atrevas Robert Lightwood – Clamó ella intentando una segunda Iratze a prisa; pero él solo alzó la mano, la mujer pensó que tomaría su muñeca, pero en cambio sujetó el collar en su pecho intentando quitárselo.
- Prométeme que se lo darás a Magnus…
- Robert…
- Promételo Jia – Exigió. La sangre brotaba a grandes cantidades y su voz era tan dificultosa como su respiración. Tenía que convencerla, porque si lograba que la joya llegase a Bane, si aún pese a su muerte, lograban destruir a Sebastian y salvar a su hijo, él aceptaría el sacrificio.
- Lo haré – Aceptó – Seguiremos con esta locura, pero no te atrevas a dejarme presentar sola el reporte de daños a La Clave. – Robert rió o al menos lo intentó, ahogándose con la sangre.
- Sé…sé que lo harás bien – Aseguró con una sonrisa débil logrando sacarse finalmente el collar – Gracias por tenerle paciencia a mi familia – Susurró y el collar cayó al suelo junto a su mano cuando el brillo se apagó en sus ojos.
- ¡Robert! – Exclamó ella. Eso no estaba bien, su amigo no tenía que morir allí en medio de una batalla en el infierno, sin su familia al rededor, en un lugar donde ni siquiera tenían como apartar y proteger su cuerpo de la batalla o garantizar que algún nefilim sobreviviera para asegurar que al final volviese a Idris y recibiera los honores nefilims que merecía: La cacería estaba llevándose a los heridos, no a los muertos.
Tomó el collar de Edom apretando el palpitante metal en sus manos.
- Ave atquel vale Robert Lightwood – Susurró lo más solemne que pudo; antes de que varios gritos desesperados retumbaran en la explanada y la mujer viera como un demonio dragón se llevaba a Maryse sujeta entre sus patas.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
- ¡Los demonios se replegaron! ¡A la fortaleza! – La orden se repetía de boca en boca haciéndose eco por todo el lugar, gritos de Kaelie, Maia, Jace e incluso Gwyn intentando organizar a los suyos.
Simon e Isabelle habían tomado la delantera para abrir camino, él aun llevando la flecha ensangrentada de Alec en su mano, la pareja avanzaba con cautela, pero los demonios no parecían dispuestos a atacar permitiéndoles el paso hacia el portón de altas rejas abiertas de par en par. Jace se había dado al trabajo de ayudar a Magnus a andar lo más a prisa posible, no sabían cuánto duraría esa tregua.
- ¡No! ¡Arrebátenles las joyas así tengan que matarlos a todos! – La orden del Rey UnSeelie estremeció a todos como un rayo en la oscuridad. Los UnSeelies no dudaron en obedecer y atacar a quien se le cruzara en frente con aun menos contemplación que antes, dispuestos a cumplir a como dé lugar; incluso los miembros de la cacería tuvieron que defenderse con ferocidad: a las hadas no les temblaba la mano para matarse entre ellas en lo absoluto.
Isabelle atrapó por el cuello con su látigo a un Unseelie que llegó hasta ellos intentando abalanzarse contra Simon, la chica jaló hasta cortarle la respiración y el vampiro aprovechó su fuerza para arrojar el cuerpo al frente, hacia el portón abierto: si había alguna maldición allí no serían ellos los primeros en cruzar.
Pero no le pasó nada al cuerpo, no había maldición, el camino estaba libre por lo que no dudaron en ser los siguientes en pasarlo seguidos de cerca por Maia y Bat. Un poco más allá Max ayudaba a Kaelie y con ayuda de los caballeros Seelies de la reina, no tardaron en darles alcance.
Un aullido resonó haciendo que Maia volviera el rostro de inmediato susurrando un "Luke" antes de volver sobre sus pasos mientras se transformaba nuevamente en su forma animal seguida de inmediato por Bat: podían ver a quien en antaño fuese el alfa de la manada, en ese momento estaba un poco más atrás que el resto, luchando contra el Rey Unseelie mientras que la Cónsul con algunas heridas menores y la vista fija en ellos, trataba de abrirse camino entre un par de príncipes de la corte oscura.
- ¿A dónde van? – Gruñó Jace cuando le pasaron por un lado, finalmente cruzando el portón, pero los lobos no le respondieron; en cambio el rubio se preocupó más por deshacerse de un Unseelie sin soltar a Magnus.
Jia se deshizo lo mejor que pudo de los Príncipes corriendo en esa dirección, los nefilims intentaban proteger a su líder que tenía la mirada determinada en un solo punto.
- ¡Vayan por Robert! – Ordenó Kaelie a sus guardias al no ver al inquisidor por ningún lado, estos dudaron - ¡Ahora! – Las hadas obedecieron, pero al salir de los dominios de Sebastian, los demonios las emboscaron cerrando filas mientras los portones se cerraban.
La Cónsul gritó al verse atrapada en medio de la emboscada del lado externo de las rejas, y Magnus maldijo ¡Estaban encerrados! Él, Jace, Max, Kaelie, Simon e Isabelle quedaron en el interior mientras los demás estaban del otro lado de la cerca; Sebastian los había separado del resto dejándolos solos y aislados y ellos mismos habían, literalmente, corrido allí para eso.
- ¡No! – Jadeó Kaelie con frustración - ¡Consigan a Robert! – Ordenó a sus hadas que habían quedado fuera, porque de nada servía estar allí, en la fortaleza, sin el collar.
- ¡Bane! – El grito de Jia fue feroz, la mujer había logrado esquivar a los demonios llegando casi al límite de las rejas cerradas con un objeto firmemente sujeto en el puño, uno que todos reconocieron, y que se suponía que debía estar colgando en el cuello del patriarca Lightwood.
- ¿Dónde está papá? – Max se adelantó hacía las rejas y Kaelie lo detuvo abrazándolo por los hombros con fuerza en un intento de consolarlo al comprender.
- El Rey UnSeelie…- Jadeó Jia esquivando un Shax.
- ¡No…! – Jadeó Max entendiendo, no necesitaba más aclaratoria, ninguno la necesitaba, no cuando la gema con el fuego de Edom en su interior refulgía bañada en el carmesí de la sangre.
Magnus sintió un vuelco en el estómago horrorizado ¿Robert estaba muerto? No, no podía, no podía solo llegar con Alec y decirle eso, no podía decirle que rescatarlo había costado la vida de su padre. A su lado Jace negaba, Sebastian se había llevado a Clary y Alec, había perdido a Jocelyn, se habían llevado a Maryse y ahora perdía a Robert, no podía seguir, no podía soportar más perdidas. Magnus lo zarandeó intentando hacerlo reaccionar, la noticia ni siquiera se había verbalizado y lo había desestabilizado por completo.
Un demonio Raum se arrojó sobre la Cónsul mordiéndole el puño en que sujetaba el collar; la mujer rugió golpeándolo repetidamente con el Chakram sujeto en su otra mano hasta que la criatura estalló en icor.
- ¡El collar! – El Rey UnSeelie logró sacarse de encima a Luke arrojándolo sobre Maia corriendo en su dirección.
- ¡Protejan a la Cónsul! – El grito de un soldado del Scholomance fue obedecido de inmediato, pero el Rey Unseelie arremetía como un toro enfurecido. Jia lo miró un segundo, no había tiempo de fingir proezas heroicas así que solo se apresuró a envolver el chakram con la cadena del collar, por el rabillo del ojo vio al Rey prácticamente sobre ella y sin dudarlo arrojó el arma con todas sus fuerzas para que pasara por encima de las rejas, lejos del alcance de los demonios terrestres y sobre todo del Rey Unseelie.
Jace la miró, sacudiendo la cabeza para intentar despejarse a pesar del dolor en su pecho, y soltó a Magnus para saltar tan alto como sus habilidades dadas por el ángel le permitieron, atrapándolo como si de un freesby se tratara, y apenas siseando por el dolor del tajo en su palma.
Jia apenas tuvo tiempo de ver al rubio satisfecha logrando tal proeza antes de finalmente girarse, desarmada y dispuesta a afrontar el destino que el Ángel Raziel tuviera preparado para ella; y si este era la muerte, que así fuera si con eso lograban detener a Sebastian.
Pero el estruendo del metal contra metal la sorprendió: Gwyn ap Nudd estaba bloqueando su visión tras interceptar el ataque del Rey, salvándola.
Por un segundo de incredulidad, se permitió volver la mirada al grupo que estaba del otro lado de las rejas, y pudo ver a Jace realizarse un Iratze en las manos y el collar que ahora estaba en manos de Kaelie quien se lo colocaba a Magnus, tras lo cual la Reina del pueblo Seelie, asintió en dirección a la Cónsul con respeto.
Quizás después de todo, aun había esperanzas, incluso cuando se trataba de las hadas.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Tenía que ser una jodida broma.
No es que se quejara, no realmente; pero tenían que estar jodiéndolo. Kaelie le había colocado el collar, después de casi perderlo y haber perdido a Maryse con el brazalete, la mujer hada no había tenido más que admitir que era más seguro colocárselo a Magnus de una vez aun pese a todos los riesgos que esto podía significar; pero en el segundo en que la joya estuvo alrededor de su cuello, todo el cansancio, toda la debilidad y el agotamiento habían desaparecido.
Él había atravesado todo Edom como un lastre para la comitiva entera, muchas hadas habían perdido la vida protegiéndolo durante la batalla, cuando pudo haberlo evitado tan solo poniéndose una de las joyas desde el principio.
Y tenía sentido, por irónico que pareciera porque a diferencia de Edom que lo hacía con cada respiro, la joya drenaba su magia cuando la usaba, sí; pero Catarina le había explicado alguna vez que también protegía a su portador de cualquier magia externa que intentara afectarle. ¿Por qué no había considerado que eso incluiría la influencia de su padre?
- ¿Estás bien Bane? – Preguntó el hada preocupada. Ella aun temía que las joyas solo aceleraran el agotamiento, como todos habían temido.
- Asmodeus es un maldito hijo de perra – Gruñó incorporándose finalmente sin ayuda – Estoy bien, malditamente bien; mejor de lo que he estado en las últimas horas.
- ¿Seguro? – Dudó Jace, las Iratzes ya habían hecho efecto en sus manos.
- Perfectamente – Dijo y agregó – Deberíamos darnos prisa antes de que intenten sacarnos – Los otros dos adultos asintieron y los tres volvieron la mirada a la batalla que se mantenía ahora que el Rey Unseelie estaba tan furioso y los demonios volvían al ataque. Tenían que poner fin a eso, era la única manera de evitar más muertes.
Pero Max no los imitó, el muchacho seguía allí, con la vista perdida en algún lugar de la explanada, su mano temblaba violentamente.
- Max – Lo llamó Kaelie, su voz se había suavizado a un tono de maternal preocupación, se sentía tan extraño llamarlo de esa manera, pero él había insistido la última vez –Max...well.
- Mi padre está muerto – Susurró para así, aun no asumiéndolo del todo. Él había trazado las iratzes ¿Acaso no habían funcionado correctamente? ¿No lo había hecho bien y era su culpa por que no sabía algo tan básico? ¿Por no ser un nefilim como todos?
Él había decidido que volvería a New York, al instituto cuando todo eso terminara, sería de nuevo un Lightwood y se suponía que todo sería como antes, con toda su familia junta…
Toda...
Pero había perdido a su padre sin poder decirle cuanto lo extrañó todos esos años, cuanto le hizo falta porque cuando tuvo la oportunidad de decírselo solo fingió desprecio. El temblor de sus manos solo se volvió más violento.
¡Por Lilith! Su padre había muerto creyendo que no lo quería, que lo odiaba; había muerto conociendo solo la peor versión de lo que se había convertido, la versión que había lastimado a su familia.
- ¡Well! – La bofetada de Kaelie no fue fuerte, pero lo sacó del shock – Tienes que concentrarte – Exclamó ella – Si Robert dio su vida por toda esta empresa, eso es en lo que debes centrarte: buscar a Maryse, a tu hermano y detener a Sebastian; es la única forma de honrar su sacrificio.
El chico asintió con duda, buscando con la mirada a Jace quien asentía: él también estaba sufriendo la pérdida, pero Jace era un guerrero y a pesar de la consternación inicial, había seguido adelante.
- El momento de llorarlo será al volver a casa – Dijo el rubio; esta vez Max asintió mucho más decidido y los tres dieron la espalda a la batalla encaminándose juntos al interior, Magnus los esperaba un par de pasos más adelante y miraba en toda dirección con alarma antes de comentar.
- No quiero traer más preocupaciones, pero ¿Alguien más notó que Simon e Isabelle no están?
_OO_OO_OO_
¡Oh Robert! Cuanto me ha dolido matarlo, pero siempre estuvo en mis planes hacerlo pese a que a medida que me acercaba a este cap, consideraba no otras opciones u.u Una parte de mí siempre ha tenido debilidad por Robert/Jia lo cual me hace sentir culpable porque Patrick me agrada, pero aun así no pude evitar un pequeño guiño al ser ella la última persona quien estuvo con él.
Tuvimos poco de Alec y Sebastian en este capítulo, pero necesitaba mostrar cómo estaban las cosas en el exterior de la fortaleza de Sebastian; sin embargo, podemos ver que pese a la poción Alec no está siguiendo ciegamente las decisiones de Sebas. Como se, nos vemos en el próximo cap con más muertes… digo, digo… con "El plan" 0:) finalmente veremos qué fue lo que Clary y Alec planearon y bueno, ya saben lo que dicen de los planes y como hacen reír a Dios jejeje así que ya veremos cómo va eso.
Nos leemos pronto
Besos :3
