Marinette por fin contacta al tío abuelo a nombre de Adrien, quien decide tomar cartas en el asunto, o al menos a llamar para ver de qué se trata. Por su parte, el maestro Fu aconseja a su nueva aprendiza… quien tiene mucho en qué pensar. ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! Todavía sigo con el dolor de cabeza… y eso me estoy con medicación. ¡Qué horror! Y encima fueron dos días muy desafiantes en el trabajo. ¡Necesito un muffin! Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!


Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!

Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIA

Sugiero uso de pañuelitos. Podría contener spoilers de la tercera temporada.

Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.


"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")

Capítulo 14: Problemática de adultos

Habitación de Marinette.

Esa tarde. Jueves, 18:45 hrs.

Cerró rápidamente la escotilla de su habitación. Después del ataque akuma de aquella mañana, ella había tenido que volver al colegio, a diferencia de Adrien quien tuvo que volar de regreso a su castigo. Apenas tuvieron tiempo de despedirse como era debido, apenas un besito a lo sumo, pero bueno, ya habría otras oportunidades. ¡El día se le había hecho eterno! No solo por las clases, sino por todas las cosas que surgieron a las que debió prestarle atención. Parecía que se había alargado hacia el infinito.

Curiosamente, al regresar a clases, mademoiselle Bustier apenas había comentado sobre su larga ausencia y pareció tragarse con relativa facilidad su excusa de oí un ruido y me dio miedo salir del salón, así que me escondí bajo el escritorio. La profesora apenas entrecerró los ojos y pareció escanearla de pies a cabeza como quien busca heridas. Marinette arrugó la nariz: ni siquiera tuvo que insistirle mucho; todo terminó cuando Caline Bustier le dio unas palmaditas en la cabeza, como asegurándose en serio de que estuviera entera, y la dejó seguir con su vida. Antes que se diera cuenta, estaban de regreso en clases.

Marinette infló las mejillas muy pensativa. ¡Ahí había gato encerrado!

Hmmm. Gato… ¡Aaaaw! ¡Chat Noir! Marinette se permitió un suspiro enamorado. ¿Cómo estaría Adrien en esos momentos?

-¡Marinette! Recuerda tu misión. -La aterrizó de pronto Tikki.

-¡Cierto! ¡Tengo que llamar al tío abuelo de Adrien! -Recordó la chica dando un brinco en el aire.

Aquél lunes en la noche, cuando se había reunido con él y sus hijos en la mansión Agreste, a Adrien se le había ocurrido la idea de pasarles a Louis y a Emma un lugar donde vivir temporalmente. Se refería a un departamento propiedad de su madre, administrado, como la mayoría de los bienes de Emilie, por su tío abuelo Gustave D'Alençon.

Aquello le había llamado la atención a Marinette. ¿No debería ser Gabriel Agreste quien administrase los bienes de su madre? Pues… no exactamente. Adrien le había confesado toda una disputa familiar. Emilie y Gabriel se habían casado con bienes separados, no en sociedad conyugal y además, presionados por ambas familias, sobre todo por los D'Alençon más que por los Graham de Vanilly, habían firmado un contrato prenupcial que especificaba que los cónyuges renunciaban a los derechos que podrían haber tenido sobre los bienes del otro adquiridos antes del matrimonio. Eso incluía los anillos que Amelie, la hermana de Emilie, tanto quería de regreso. De esta manera, Gabriel no podía acceder a las propiedades que Emilie Graham de Vanilly y D'Alençon había adquirido antes de convertirse en madame Agreste, y viceversa.

Esto impedía que Gabriel se involucrase con el patrimonio de soltera de su esposa, incluyendo la herencia que le correspondía de los D'Alençon, lo que a su vez convertía a Adrien en heredero directo de la actriz, al menos de esa rama familiar. Sin embargo, al ser menor de edad y porque aún no se declaraba muerta legalmente a Emilie, no podía acceder ni disponer libremente de ellos, sin la autorización de su tutor legal (su padre), o del albacea de su madre, su tío abuelo Gustave.

Quien, por cierto, se llevaba TERRIBLE con Gabriel. Sobra decir que el sentimiento era mutuo.

-Tikki. ¿Crees que el tío abuelo de Adrien acceda?

- Adrien lo describió como buena persona. No creo que esté mintiendo.

-No sé, quizás no pueda ayudar… debe estar viejito.

-Si es un albacea no creo que esté senil. -Comentó Tikki. -¡Vamos Marinette! Es Adrien el que va a hablar con él, tú solo le vas a pedir que se contacte con su sobrino nieto.

-¡Cierto! -Asintió la chica. -Es por una buena causa. ¡Mis hijos lo necesitan!

Se produjo un silencio incómodo entre ambas, pero sonrieron divertidas. Marinette sintió una gota deslizarse por su cabeza y Tikki suspiró.

-Es muy raro escucharte hablar de tus hijos cuando no tienes más de 14. -Confesó la kwami. -Ni siquiera has estado embarazada.

-No digamos que puedo mentir al respecto, Tikki. También me perturba a mí, pero… no los voy a negar. ¡Algún día los llevaré en mi vientre! Y desde ya los quiero mucho. -La chica tomó aire y se preparó para marcar los números. -Ahora, el teléfono.

Marinette desdobló el papelito que llevaba consigo desde el lunes. En un principio, tras escuchar la idea de Adrien de pasarles el departamento de su mamá, Louis y Emma se habían negado rotundamente. No querían llamar la atención más de la cuenta, ni arriesgar su misión, ni nada, pero evidentemente cambiaron de opinión con el correr de los días. Las noches estaban en efecto más heladas y ellos básicamente a la intemperie, por lo que accedieron a aceptar la ayuda ofrecida al notar que arriesgaban una neumonía de antología si continuaban como un par de sin techo más. Eso le había aliviado el corazón más de la cuenta.

-Bien, estoy marcando. ¡Ojalá me responda él

-¡Lo harás estupendo!

Marinette le sonrió a Tikki y con su mano libre le acarició la cabecita con un dedo. La llamada conectó y pronto comenzó a escuchar el tono. La kwami voló hacia el frasco de galletas y sacó una, regresando al lado de su portadora mientras se la comía. Una pequeña eternidad después… contestaron. La chica aguantó la respiración.

-¿Aló? -La voz sonaba cauta, pero curiosa. ¡Obvio! Era una llamada de número desconocido.

-¿Aló, Monsieur Gustave D'Alençon?

-Con él. ¿Con quién tengo el gusto?

Marinette tragó saliva. Se esperaba una voz mucho más mayor, pero lo que estaba oyendo en el teléfono sonaba bastante más joven de lo esperado. Bueno, algo le había comentado Adrien que su tío abuelo no era mucho mayor que su mamá. Caminó de su escritorio hacia su chaise longue y se sentó en el borde. Tomó aire y sonrió para darse ánimos.

-Soy Marinette Dupain–Cheng. Lo llamo de parte de Adrien Agreste. Soy… una… err… ¡amiga del colegio! -La chica exhaló aire, nerviosa. -Me pidió que lo llamara.

-¡Oh! -El hombre sonó gratamente sorprendido, y se notó que bajó las defensas. -¡Es un gusto, mademoiselle! Dígame, ¿por qué mi sobrino no quiso llamarme y…? -El hombre se detuvo a media frase y pareció rezongar molesto. Así como había bajado las defensas, el mal humor le aumentó por cien. -¿Qué hizo Gabriel Agreste ahora? -Añadió con saña en la voz, casi siseando. No le sorprendió: Adrien le había comentado que su padre y su tío abuelo no se tragaban.

Y a juzgar por la inquina en la voz de Gustave, era evidente que era así.

-Adrien está castigado sin celular ni internet… pero necesita hablar con usted lo antes posible y no tiene como contactarlo…

-¿Por qué está castigado?

-Tuvo una pelea. -Dijo Marinette mordiéndose el labio. No quiso dar más detalles.

-¡¿Le pegaron a Adrien?!

-No exactamente, verá…

-¡¿Adrien se fue a los golpes?! ¡Genial! Supongo que ganó, ¿verdad? -Preguntó con calma.

-Sí. Podría decirse que ganó, pero... lo castigaron por eso. -Marinette suspiró: se sentía muy culpable por eso. Gustave pareció darse cuenta.

-Oh vaya… si se metió en una pelea así debió ser grave. ¿Cuándo ocurrió esto?

-El lunes, Monsieur.

-¿El que Adrien quiera hablar conmigo es debido a esto?

-No, Monsieur… es por otro motivo. Él se lo explicará mejor que yo. -Marinette volvió a tomar aire, armándose de valor. -Pero necesita hacerlo lo antes posible.

Se produjo un meditabundo silencio al otro lado de la línea. Oyó ruidos de escritorio, pasos y como que se rebuscaba algo en alguna parte. Eran sonidos de una oficina. Daba la impresión de que el hombre se estaba moviendo de su sitio, haciéndole señas a otras personas. Gustave incluso pareció hablar con otra persona, dando algunas instrucciones y pidiendo ajustes en su agenda. Era un hombre ocupado, pero le dio buena espina. A diferencia de Gabriel, Marinette no le tuvo miedo y tenía la sensación de que si llegaba a conocerlo, estaría tranquila. Todo lo contrario a lo que le pasaba con Gabriel. Eso sí, en ningún momento logró calmarse del todo.

-¿Mademoiselle? Disculpe mi silencio. Le agradezco mucho por avisarme.

-Adrien me dijo que le dijera que si no fuera importante no lo molestaría.

-Conozco al chiquillo, salió a su madre, ¡Gracias a Dios! -Dijo el hombre con alivio. -Es un buen muchacho. ¡Y esto nunca será molestia! Adrien sabe que puede llamarme cuando y las veces que se le antojen. -Añadió de buen humor.

-Gracias Monsieur.

-¡Tío Gustave! -Exclamó de improviso. -Llámame así. Creo que eres más que una amiga de Adrien, ¿me equivoco?

-¡Aaah, Monsieur! No me pongs ens etros. AHEM. ¡DIGO! No me corresponde decir eso y…

-¡Jajajajajajajaja, acerté! Ya lo interrogo a él después. ¡Gracias por avisar, mademoiselle! Supongo que nos conoceremos pronto.

- Oui, Monsieur. Gracias por atenderme. Errr… Adiós.

-Un gusto Marinette. Adiós.

La chica colgó el teléfono y se lo quedó viendo largo rato, como procesando lo ocurrido. Tikki terminó de comer su galleta y se le acercó al rostro, dándole unos toponcitos en la nariz para llamar su atención.

-Estás más roja que yo, Marinette. ¡Respira!

-¡Eso hago! Uff. -La chica dejó caer sus hombros, aunque pronto estuvo echándose viento con las manos. -Fue más fácil de lo que esperaba y al mismo tiempo más difícil también.

-¡Lo hiciste estupendo! Y cumpliste tu parte. Ahora le toca a Adrien.

Sin duda era un pequeño triunfo, y Marinette podía darse por satisfecha. Se dejó caer en su chaise longue con una gran sonrisa, y estiró los brazos. El día estaba terminando redondo. ¡Si tan solo pudiera llamar a Adrien y contarle podría darse por satisfecha! Tan solo esperaba que el objetivo final, conseguirle un lugar a Louis y Emma, se concretase.

En eso, unos golpecitos muy familiares se sintieron en la ventana que Chat Noir solía usar.

Toc. Toc. Toc. Toc.

-¿Adrien? -Tikki miró hacia la ventana, levantando una ceja. -¿Se habrá escapado de nuevo?

-No lo creo, no se hubiera arriesgado a salir dos veces en el día. -Marinette se acercó a la ventana a ver quién era, sin ver a nadie en primera instancia, lo que aumentó su cautela. -Nathalie está muy activa de día, si lo descubre, lo acusará con Gabriel.

Tikki asintió: su portadora tenía un dejo de razón. Por eso flotó hasta posarse en su hombro y se escondió entre su cabello, por cualquier eventualidad. Volvieron a escucharse golpecitos, esta vez en la escotilla que daba a la pequeña terraza de Marinette. Por eso, la chica se asomó con prudencia, pero confiada. Ni bien se asomó, se encontró con una sorpresa.

-¡Emma!

-Err… Hola. Err… disculpa que haya venido así, pero… -La chica, como descubierta a mitad de una travesura, sacudió su cabeza. Se la veía muy nerviosa. -¡¿Qué m**rda pasa conmigo?! Vine a verte. -Emma se llevó una mano detrás de la nuca y ocultó un furioso sonrojo, mirando hacia un costado. -Y también quería saber si además me pudieras prestar el baño.

Una enorme sonrisa decoró el rostro de Marinette, quien se abalanzó hacia su hija y le dio un abrazo gigante por toda respuesta. Emma… hizo un par de pucheros, pero también sonrió y abrazó de vuelta a su madre.


Residencia Lenoir.

Más tarde ese día. Jueves, 19:56 hrs.

Marianne le puso una mano sobre el hombro a Fu. Éste se la acarició y ambos se sonrieron. El Guardián de los Miraculous llevaba al menos unas tres semanas ocultándose en casa de su novia, cosa a la que accedió solo cuando la mujer, una decidida ancianita, prácticamente lo había sacado de su entonces escondite de una oreja y llevado a su casa.

¿Qué era peligroso? ¡Claro! ¿Qué Papillón sabía quién era? Lamentable, pero a Marianne Lenoir le importó tres hectáreas de… AHEM… ya se imaginarán de qué. La vida se componía de momentos y ella ya no estaba dispuesta a seguir dejando pasar el tiempo. Se había cansado de esperar, pero a diferencia de la vez anterior, decidió canalizarlo de otra manera.

¿Por qué Wang Fu había accedido a su propuesta? Marianne le dio buenos argumentos que no pudo rebatir y él… él también estaba cansado. Una cosa era ocultarse a los 60, otra muy diferente a su edad.

-Amor, sé paciente con la chica, hoy tuvo una impresión muy fuerte. -Intercedió Marianne con dulce firmeza.

-Con los muchachos no fue tan así. Se lo tomaron con más calma. -Se lamentó el maestro Fu.

-Porque son adolescentes… tienen la mente más abierta, los adultos no tanto. -Marianne miró hacia su terraza, en donde… esa mujer se mantenía discreta, apoyada en el barandal observando el cielo, muy pensativa. -Vamos a hablar con ella.

Fu se levantó de su sitio y caminó hacia la terraza. Sin embargo, Marianne se le adelantó y se asomó primero. Con una sonrisa amable, pero firme, corrió la cortina y llamó la atención de la mujer.

-Caline, hija. Por favor, te vas a enfriar ahí. Ven aquí, para que podamos hablar.

-Creo que tienes muchas preguntas, sobre todo después de hoy. -Le dijo el maestro Fu. -Vamos a hablar.

Caline Bustier giró lentamente y miró a la pareja con el rostro serio, pero sonrió al cabo de unos segundos y asintió. Entró al departamento y cerró la puerta tras de sí. Se sentó en un sofá y aceptó la taza de té que le ofreció Marianne.

-Gracias Marianne. -Caline tomó un sorbo. -Está muy bueno.

Tanto Marianne como el maestro Fu se sentaron en lugares separados, pero juntos. Los tres comenzaron a hacer unos breves ejercicios de respiración. Wayzz flotó cerca del maestro Fu y un segundo kwami se posó sobre la cabeza de la profesora Bustier.

-Ya estoy más calmada. Solo tenía que despejar la cabeza. -Confesó la profesora. -Sobre mis nervios anteriores, le pido disculpas maestro Fu: no volverá a pasar.

-Hija…

-Espero que no me haya malinterpretado. -Caline levantó la mano en señal de que aún tenía algo que decir. -Cuando acepté ser su sucesora, di mi palabra y la voy a mantener hasta las últimas consecuencias.

Hacía años que el maestro Fu notaba que sus fuerzas ya no eran las de antes y supo que tendría que comenzar a entrenar pronto a un sucesor como guardián de Miraculous. Esto se tornó incluso más urgente después de que les entregase los miraculous de la creación y la destrucción a sus actuales portadores. Durante un tiempo, sin embargo, estuvo tranquilo, pues creyó que ese rol recaería en Marinette, considerando lo juiciosa que era la muchacha, pese a su corta edad, pero… poco después del episodio de Zombizou tuvo una seguidilla de sueños que lo llevaron a meditar al respecto hasta que por fin tuvo una revelación. No, Marinette no estaba destinada a ser la guardiana de la caja, al menos no todavía, sino que otra persona… Caline Bustier.

Lo más probable es que Marinette sucediera a Caline en aquél cargo en todo caso.

De no ser por esa revelación Fu nunca hubiera pensado en Caline ni en un millón de años, por lo que tuvo que poner manos a la obra lo más pronto posible. Pero no fue cosa de acercarse a la maestra y decirle de sopetón sobre su destino, sino que tuvo que trabajar durante meses para convencerla, tratando de ser todo lo discreto que podía.

Caline en un principio se negó, pero mientras más pasaba el tiempo, más se convencía de su misión hasta que por fin, tan solo dos meses antes, la profesora había aceptado oficialmente ser entrenada como la sucesora del maestro Fu. Desde entonces, Caline iba a la residencia Lenoir todos los días por dos horas a recibir las lecciones que le permitirían asumir algún día la responsabilidad de ser una guardiana de miraculous.

-No esperaba menos de ti.

-Hija. -Intervino Marianne. -Sé que tienes dudas sobre lo que pasó hoy…

-¡Cómo no tenerlas! ¿Se da cuenta que dejé que una niña de catorce años se enfrentara a ese monstruo?

Tras el incidente con Corrosif, las cosas para Caline habían sido muy vertiginosas y le habían sacudido el piso en más de una ocasión. Primero le fue otorgado el miraculous del gallo, y su Kwami, Orikko, rápidamente se encargó de cambiarle su perspectiva de la vida. Segundo… se enteró de la presencia de dos viajeros del tiempo, Louis y Emma. Personalmente ella no los había visto, cuando llegó ese día a su sesión de entrenamiento, los muchachos ya se habían ido, pero el maestro Fu tuvo a bien que ella supiera exactamente lo mismo que le habían contado y sabía que pronto tendría que interactuar con ellos. Y tercero, pero no menos importante…

… Caline descubrió la identidad de Ladybug y Chat Noir.

Había sido durante una sesión de meditación con la caja miraculous ocurrida apenas unos pocos días atrás. Era un ejercicio específico que hacía todos los días con el maestro durante unos 15 minutos antes de empezar las lecciones. Cuando todo parecía indicar que sería una sesión más, la revelación sobre las identidades de los héroes de París le había golpeado la cabeza como un mazo. Caline se desmayó incluso y cuando despertó, con Marianne y Fu rodeándola, lo primero que preguntó fue si acaso sus estudiantes eran Ladybug y Chat Noir.

El maestro tomó esto como un signo de que había elegido la persona correcta y no le negó la respuesta. Lo que sí, la urgió a no revelar ni su identidad ni lo que sabía, por un asunto de precaución. Caline accedió a guardar el secreto… de momento al menos. Y no, ni Marinette ni Adrien sabían, ¡ni sospechaban!, que su profesora sería la próxima guardiana de miraculous o que sabía sus identidades secretas.

-Marinette es una jovencita muy hábil. Hasta ahora se ha manejado muy bien: con la debida guía se convertirá en una gran portadora de la creación. -Explicó el maestro Fu. -Lo mismo el joven Adrien… y tengo que añadir que, de todos los portadores de la destrucción, es el más gentil.

-Plagg lo quiere mucho, me consta. Aunque lo niega con fervor. -Comentó Wayzz. -Eso es raro en Plagg.

-Los portadores de la creación y la destrucción no siempre se llevan bien. Muchos ni siquiera se han soportado. Este no parece ser el caso. -Añadió Orikko.

-Cuando la creación y la destrucción están unidos, se forma una dupla poderosa. -Comentó Marianne. -Los últimos portadores de esos miraculous nunca lograron congeniar… y eso terminó en tragedia. ¡Lo recuerdo patente!

Caline vio el suspiro triste de Fu y de Marianne. No quiso indagar al respecto.

-Marinette y Adrien estarán bien. Más ahora que saben quien es el otro. -Caline suspiró emocionada y tomó un sorbo de su té. -Hacen una linda pareja.

-Hmpf. -Fu frunció el ceño. -No me cabe la menor duda, pero no debieron saber sus identidades tan pronto. ¡Menos de la forma en que lo hicieron! Son niños todavía.

-No los subestimes, querido. -Le dijo Marianne. -Cierto, son niños, y es verdad, debieron mantener sus identidades en secreto, pero el que se hayan enterado ni fue su culpa ni es poco apropiado.

-¡Es muy pronto! Todavía no maduran bien. -Insistió el hombre. Debieron esperar un tiempo prudente.

-Lo hecho, hecho está. -Intervino Caline. -Nada se puede hacer al respecto, excepto guiar a los muchachos. En lo personal creo que es bueno que se hayan enterado, así van a crecer juntos y más cómplices el uno del otro. ¡Debemos guiarlos, no coartarlos o será peor!

Marianne sonrió satisfecha: Caline tenía agallas y se notaba que era pedagoga. Fu gruñó para sus adentros, pero concedió el punto. En todo caso, ya no tenían nada que hacer y a partir de ahora tendrían que estar más pendientes de la formación de esos dos chiquillos. El anciano guardián bebió un sorbo de su té.

-¿Cómo te sentiste hoy, Caline?

La profesora lo miró sorprendida, pero pronto suavizó la mirada. Se concentró en su taza por varios segundos, recordando los sucesos de aquella mañana. Sabía que en algún momento de su vida tendría que ayudar a Marinette y a Adrien a acudir a la lucha contra algún akuma, pero nunca esperó que fuera tan pronto. No había pasado ni siquiera una semana desde que descubriera el secreto de sus alumnos y ya había tenido que ayudar en un combate. Le dio la excusa perfecta a Marinette para ir contra el akuma y ella misma también había hecho un acto de desaparición luego que sus alumnos estuvieran a salvo, para ir a observar de lejos.

Incluso se había transformado por primera vez.

-¡Por supuesto que se sintió bien! -Exclamó Orikko. -¡Fue una transformación casi perfecta!

-Convertirme en Marsellesa fue maravilloso, pero observar la batalla de lejos no tanto. -Admitió Caline. -Me asusté un poco, por mis alumnos y por las consecuencias de la batalla. No sé pelear… me falta mucho mejorar en eso. -La profesora dejó su taza en la mesita y empuñó las manos. -Sé que tengo que mantenerme oculta, y hoy lo conseguí, pero habrá un momento en que no podré aguantarme.

-Cuando llegue ese momento, hija, será el adecuado.

-¿Y si con mi intervención meto las patas?

-Confía en tu juicio, Caline Bustier. Llegado el momento, sabrás que hacer. -El maestro Fu cerró los ojos e inspiró. -Solo respira.

La profesora Bustier asintió con la cabeza… y se mordió el labio.


Despacho de Gabriel. Mansión Agreste.

En esos momentos. 19:56 hrs.

Lo más probable es que al día siguiente sus diseñadores comenzarían a correr como pollos sin cabeza cuando vieran que había rechazado TODAS las propuestas para la nueva línea de ropa que estaban preparando. Gabriel se apretó el puente nasal. ¡¿En qué estaba pensando esa manga de inútiles?! ¡No los podía dejar solos ni quince minutos! Tentado estaba de despedir al menos a la mitad de sus trabajadores y de mandar a quemar lo que sea que hubieran hecho hasta ese momento. ¡NO! Tendrían que diseñar todo de nuevo y ¡AAAARGH! ¡Quería clonarse!

Cuidar de su negocio y del prestigio de su apellido era casi tan importante como conseguir los miraculous y encargarse de ESA BRUJA.

-¡Nathalie! ¿En serio no has averiguado nada sobre esa mujer?

-Nada concluyente, Monsieur. -Le dijo su asistente con voz casi mecánica. Estaba cansada y decaída. -Estoy comprobando algunos rumores, pero solo se quedan en eso.

-¿Qué clase de rumores?

-Se está hablando de una mujer muy extraña en Montmartre.

-¡Montmartre está lleno de hippies!

-Ciertamente, pero no todos asustan a los residentes. -Añadió la mujer con calma. -Además se han reportado en vídeo las andanzas de Chat Noir en dos lugares al mismo tiempo durante las noches… o de Chat Noir menos niño en Montmartre.

-Bien. Eso quiere decir que los dos Chat Noir se pasean de noche y el mayor reside en Montmartre. ¡No es la gran cosa! -Gabriel caminó hacia el cuadro de Emilie, con las manos en la espalda. -¿Alguna idea de quién pueda ser ese Chat Noir adulto y qué se hizo de la chiquilla que te lastimó?

Nathalie iba a abrir la boca para responder, cuando en ese momento sonó el celular que estaba encima del escritorio de su jefe. Ambos adultos giraron la cabeza en dirección del aparato con más calma de la esperada. Gabriel rodó los ojos al cielo: era el celular de su hijo, el que mantenía cargando únicamente para controlar quien le mandaba mensajes o llamaba. Buscaba de esa manera determinar quien era la mala influencia en su muchacho…

… pero para su frustración, no había recibido mensajes ni llamadas en toda la semana. Los amigos de Adrien, advertidos que el celular estaba en poder de su padre y conociendo las tendencias controladoras de éste, habían decidido en bloque no contactarlo hasta que él lo hiciese primero, como medida de seguridad.

Esta era la primera llamada que recibía. Y como insistía en sonar y sonar, pese a la nula intención de contestar el teléfono, Gabriel se asomó mejor a ver quién era. Casi le dio una arcada: era Gustave D'Alençon, un importante hombre de negocios, dueño de una considerable fortuna y el sujeto más desagradable que conocía. ¡Argh! Era un Patán.

-Nathalie, contéstale a ese infeliz y dile que no se le puede atender.

DETESTABA a ese hombre con la intensidad de mil supernovas. Aunque si era honesto, detestaba a todos los D'Alençon. Esa familia, en especial Gustave, le habían hecho la vida de a cuadros escoceses cuando cortejaba a su esposa, e intentaron separarlos más de una vez. No los quería cerca de su hijo, ni por error, pero no podía hacer nada por evitarlo, pues ya lo habían demandado y ganado cuando quiso alejarlos de su familia.

Nathalie tomó el teléfono.

-Soy Nathalie Sancoeur. El joven Agreste no puede contestar llamados telefónicos en este momento.

-Buenas noches, mademoiselle. ¿Por qué no puedo hablar con mi sobrino-nieto?

-Está castigado. Todo lo demás no es de su incumbencia Monsieur D'Alençon. Tendrá que hablar con él en otra ocasión. Buenas noc…

-Mademoiselle Sancoeur. -Advirtió la dulce y calmada voz al otro lado del teléfono. -Le recuerdo que tengo derecho a visitas liberadas por orden de un tribunal francés, esto es, cuando se me antojen. Estoy justo estacionado frente a la mansión: quiero ver a mi sobrino ahora. ¿Está el amarguetas de Gabriel ahí en casa?

Nathalie intercambió una mirada con Gabriel, pero éste no cambió su expresión ni medio milímetro. El hombre volvió a concentrarse en el cuadro de Emilie, esperando que su asistente se deshiciera de la plaga.

-Monsieur Agreste no puede recibirlo en este momento. -Dijo Nathalie con voz glacial, aunque sabía que no iba a desanimar a su interlocutor.

-No quiero verlo a él. Quiero visitar a mi sobrino.

-Se encuentra en una sesión de fotos. -Mintió Nathalie, olvidando que se contradecía. ¡La mujer estaba muy decaída! ¿pueden culparla?

-¿A esta hora en día de semana? ¡Mañana tiene colegio y no es legal que un menor esté trabajando a estas horas!

-Au revoir Monsieur D'Alençon.

Nathalie le colgó el teléfono sin mayor miramiento. Al otro lado de la línea, Gustave apretó los dientes y miró feo al aparato, como si tuviera la culpa de algo. En estricto rigor, Nathalie tampoco tenía mucha culpa, solo obedecía órdenes, pero eso no le evitó el mal rato. Gabriel Agreste era un insoportable, idiota, patán, amargado y sociópata cuando se lo proponía.

Afuera de la casa y dentro de un mercedes negro, Gustave guardó su celular mientras trataba de controlar el tic nervioso que se había apoderado de su ojo. ¿Cómo miércoles Emilie se había fijado en un tipo como Gabriel Agreste? ¡Y encima formó familia! Al menos Amelie había tenido el juicio de casarse con un sujeto más agradable (que en paz descanse el pobre diablo). Había que tener mucho estómago para soportar al inseguro de Gabriel. Pero si el diseñador era un antipático, él era mucho peor y podía jugar el mismo juego, que habilidades no le faltaban. Además, Adrien necesitaba hablar con él y por el honor familiar de los D'Alençon, Gustave cumpliría con su palabra de estar disponible para el muchacho cada vez que lo necesitara.

-¿Entonces sí está castigado? -Preguntó Antoine, su asistente ejecutivo, fingiendo desinterés.

-Así me informaron. -Gruñó Gustave. -¿Madame Bardot?

-¿Monsieur?

La chica que conducía el auto le sonrió por el espejo retrovisor. Tenía una mirada afable y aguda: medía 1.58 de alto, pero no era del tipo de mujer que había que subestimar. No en balde era la guardaespaldas personal de uno de los hombres más ricos del país, cuyas habilidades habían sido probadas en más de una ocasión. Antoine suspiró como aburrido: sabía para donde iba todo esto. Sacó tres protectores auditivos, entregándole un par a Gustave, el otro a madame Bardot y el tercero se los puso él mismo.

-Toca la bocina hasta que nos dejen entrar, así llamen a la policía. -Le pidió Gustave a su guardaespaldas mientras se ponía los protectores. -Y si viene la policía, mejor, así podré argumentar que me impiden visitar a mi sobrino.

-¡Por supuesto Monsieur! -Exclamó la mujer con una sonrisa un tanto sádica y claras intenciones de colgarse como una lapa de la bocina, pero una mirada de su jefe la detuvo.

-¡Esa no! La otra bocina. -Le dijo con un suspiro.

A la mujer se le iluminó aun más el rostro con la sonrisa que puso y su sonrisa bien podría haberle partido la cara en dos. Así que, en vez de presionar la bocina normal del Mercedes, se colgó de otro botón, uno que desataba el caos…

… pronto en la cuadra no se oía otra cosa que no fuera la estruendosa bocina de tren que emanaba de aquél Mercedes estacionado frente a la mansión Agreste. Y así seguiría hasta que lo dejaran entrar.

-A ver quién es más odioso, Gabriel. ¡Vamos a ver!

Continuará.

Por

Misao–CG


Próximo capítulo: Tiempo en Familia

-¿Qué necesitas, D'Alençon?

-De ti nada. Vine a conversar con mi sobrino.

-Es tarde, día de semana y mañana tiene clases. ¡No puedes!

-¿Qué no estaba en una sesión de fotos? Dile a tu secretaria que se ponga de acuerdo contigo antes de mentirme.


Notas finales: ¡Perdón por la demora! El día estuvo caótico y apenas tuve tiempo para ir al baño. Espero que esto les compense y para todo lo demás… ojalá que Gustave les haya caído bien. Es un infeliz adorable, ya verán porqué. Y sobre la profesora Bustier… pues… ¡sorpresa! En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


Creo, Manu, que en algún punto de la serie veremos un beso de nuevo. Tan solo espero que no nos infartemos mucho. Ten, una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!

Los mininos hacen un buen equipo, Newfan, sin duda, y ahora fue el turno de los papás adolescentes de hacer algo por sus hijos ya crecidos. Y sí, Marinette es una Stalker profesional, pero ¿no te has fijado en el celular de Adrien? Está lleno de fotos de Ladybug. ¡No te preocupes! Pronto harán algo al respecto de la obsesión de Marinette. ¡No! Por favor, nunca quieras tener una migraña, son del terror. Ten, una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados, como Google Traductor.

Montmartre: Es una colina de 130 metros de altura situada en la orilla derecha del río Sena, en el XVIII Distrito de París, principalmente conocida por la cúpula blanca de la Basílica del Sacré Cœur, ubicada en su cumbre. Cerca, otra iglesia, la más antigua de la colina es Saint Pierre de Montmartre, fundada por la reina de Francia en el siglo XII. En la cripta de la capilla del Martyrium, ubicada en la calle Yvonne Le Tac, se fundó la orden de sacerdotes jesuitas el 15 de agosto de 1534.

El barrio fue cuna de los impresionistas, de la bohemia parisina del siglo XIX e importante teatro de batallas durante la guerra franco-prusiana y la Comuna. Aun hoy está llena de artistas.

Chaise Longue: (proveniente del francés, significa literalmente silla larga,) es un tipo de sofá que posee una prolongación lo suficientemente larga en forma de L como para soportar las piernas humanas, es decir, un diván. A veces se puede encontrar adaptado al castellano como cheslón. Esta palabra no aparece consignada en el Diccionario de la Real Academia, pero sí en otras importantes obras lexicográficas, como el Diccionario del español actual.2

En el francés moderno, el término chaise longue (silla larga) se refiere a todas las sillas reclinables… y si se fijan en la habitación de Marinette, ella tiene una tapizada de rosa.