¡Hola hola! ¿Alguien todavía lee esto? Espero que si x.x Seguramente no me esperaban por aquí, la verdad es que me tomé como uno de mis propósitos de año nuevo terminar los fics que tengo a medio acabar; y pues pase todo el mes de enero releyendo y esforzándome para darle un buen final a esta historia a la cual le tengo mucho cariño (Si alguien lee Crisis, también me esforzaré en terminarla en el próximo mes)

Realmente gracias a todos los que, a pesar del tiempo, seguían enviándome reviews y PM de ánimo para continuar. La historia tiene un total de 32 capítulos más un epilogo y ya está completa, espero subirlos todo en el transcurso de esta semana y la próxima.

Dejaré un pequeño resumen de los últimos episodios para que puedan leer este cap en contexto.

Sebastian tiene a Clary y Alec en Edom, los nefilims van a rescatarlos unidos al submundo que se une para derrotar a Sebastian (Salvo los brujos, solo Magnus los acompaña a Edom donde sus poderes se debilitan). El plan es usar las joyas de Edom con el poder de eliminar cualquier rastro del cielo o el infierno si se usan todas juntas y son activadas por el hijo de Asmodeus (Magnus). Robert tiene el collar, Maryse el brazalete, Kaelie la diadema y Jace el anillo. Un demonio asesina a Jocelyn y se arma la batalla; los nefilims van perdiendo hasta que Max (que había estado con Richard y Catarina cuidando a Maxxie y Rafael en el instituto) llega con la ayuda de la Cacería salvaje. El rey Unseelie asesina a Robert intentando quitarle el collar, pero este queda en manos de Jia y ella logra que llegue a Kaelie. Alec que había estado en una celda junto a Clary, logra salir de allí "tomando" poción de amor por orden de Sebastian; y luego desde la habitación arroja una flecha a Simon para que hacerle saber que debe seguir el rastro de la sangre de Clary para encontrarla. Los demonios secuestran a Maryse con el brazalete incluido y la llevan a la fortaleza donde solo logran entrar Simon, Izzy, Kaelie, Max, Jace y Magnus; Kaelie le pone el collar de Edom a Magnus y gracias a eso su magia deja de ser drenada y Simon e Izzy se separan del resto.

Creo que eso es básicamente lo importante del cap anterior así que ¡A leer!

Parte VI: Sacrificio

Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.

Leal – Veronica Roth

.

.

.

Capítulo 30: ¿ El Plan?

¿Quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes

Woody Allen

X.X.X.X.X.X.X.X.X

Se habían adelantado del resto con la intención de asegurar el camino. En los terrenos de la fortaleza solo había más tierra gris y piedra separándolos del castillo propiamente, pero la organización de esta se notaba que no era por obra de la naturaleza sino más bien como si parodiara el jardín de algún castillo de la realeza francesa en los años de la monarquía. El lugar estaba tan mortíferamente tranquilo que sin duda era una mala señal, y Simon e Isabelle confiaron en que los demás los demás los seguirían lo más pronto posible; por eso, al llegar ante las escalinatas principales y detenerse se sorprendieron al darse cuenta que Magnus, Jace, Kaelie y Max estaban aún junto a la reja y esta se había cerrado. Los separaban poco más de quinientos metros, pero Isabelle sabía, que no era buena idea mantenerse apartados del resto, Jocelyn había sido una terrible prueba de eso.

- Deberíamos reagruparnos – Sugirió ella preocupada, pero Simon tenía otra idea en mente: desde que entraron a los dominios de Sebastian, el vampiro había maximizado sus sentidos buscando algún rastro de Clary, y solo había captado una cosa extraña con su visión periférica: de las tantas ventanas que el castillo tenía al frente, pocas estaban abiertas, y una un tanto al este en lo que parecía ser el tercer piso tenía piezas de ropa a medio caer del alfeizar, como si alguien hubiese intentado deshacerse de ella, sin intención real de hacerlo, más bien era como si esperara que la ropa quedara allí colgada marcando la ventana y, la excelente visión de vampiro de Simon le aseguraba, era ropa de nefilim.

Le señaló a Isabelle la ventana mientras lo analizaba: coincidía incluso con el ángulo que Alec habría necesitado para dispararle como lo hizo.

- Si tienes razón sobre Alec dejándonos un mensaje para intentar ayudarnos, entonces ese debe ser él diciéndonos donde comenzar a buscar el rastro. – Explicó volviendo la mirada a ella y tomándola de la mano. - Vuelve con el resto.

- Olvídalo – Frunció el ceño la chica de inmediato.

- Ustedes van a ir por Alec y Sebastian.

- ¡Es mi hermano!

- Lo sé, y está bien – Aceptó él rápidamente tomando sus manos, no la haría elegir – No voy a pedirte que lo dejes a un lado, pero Clary es como mi hermana y debo ir por ella. – Apretó su mano en despedida, como una forma de darse fuerza para continuar solo en algo que tenía todo el potencial para ser una trampa. – Sé que Jace vendría, pero tampoco puedo pedirle que elija - La chica se mordió el labio con indecisión; Simon tenía razón, pero…

Sujetó con firmeza las manos de Lewis antes de que él la soltara.

- No vas a ir solo – Dijo decidida – Tienes razón, todos buscaran a Alec y Jace es más útil contra Sebastian que yo, así que te acompañaré. – Simon no pudo evitar el desconcierto.

- Pero Alec…

- Somos un equipo Lewis, así que buscaremos a Clary, le patearemos el trasero a Sebastian y salvaremos a Alec…juntos.

Él la besó; necesitado de demostrar las palabras y los sentimientos que hizo aflorar en su pecho; buscando en su cabeza como describir el agradecimiento, la satisfacción y la dicha que le hacía sentir su apoyo en ese momento, especialmente cuando en los últimos días, el tema solo los había hecho pelear una y otra vez; sin embargo, al separarse su cerebro solo logró hilar una sola frase.

- Tienes que casarte conmigo cuando salgamos de aquí.

Izzy abrió los ojos como plato, haciendo un ruido extraño como si se ahogara con su propia saliva ante la sorpresa; casi tanta sorpresa como sintió el mismo Simon cuando su cabeza terminó de procesar lo que acababa de proponer.

- ¿Q…Que clase de propuesta es esa en un lugar como este? – Ahogó Isabelle.

- Yo… quiero decir…- Tartamudeó - Si…eso…exactamente lo que dije… - Agregó decidido, debía admitir que no era así como había imaginado proponérselo, pero no se arrepentía en lo absoluto. Isabelle se restregó el rostro; tenían que concentrarse.

- Su…subamos la ventana, luego hablamos sobre eso – Desvió el tema escuetamente, sin embargo, notó Simon, ella realmente sonreía


Maryse esperó paciente, el demonio dragón la llevaba a una especie de patio en medio de la fortaleza sobrevolándola sin prisa; la criatura no parecía tener demasiado interés en ella, en cambio descendió para soltarla a solo un par de metros del suelo. La mujer cayó, rodando por el suelo; aprovechando para tomar algunas piedras antes de incorporarse a prisa.

Arrojó una de las piedras golpeando al demonio en el abdomen, la criatura rugió en su dirección y Maryse arrojó la piedra más grande directo a sus fauces. El demonio dragón se atragantó rugiendo y jadeando, lanzando zarpazos desesperados. Maryse tomó otro par de piedras cuando un silbido pasó volando junto a su oído y una flecha con penacho rojo se clavó en el centro del pecho del demonio haciéndolo estallar.

Maryse volvió la mirada de inmediato, su corazón latió más fuerte al ver a su hijo mayor, arco en mano devolviéndole la mirada.

- ¿Estás bien? – Cuestionó el muchacho.

- ¡Alec! – Exclamó la mujer, dando un paso en su dirección, el chico dio un paso atrás alzando la mano en señal de pare y negando con la cabeza; Maryse se detuvo confundida, pero Alec en cambio volvió la mirada. Ella miró en la misma dirección jadeando cuando de las sombras del interior de la fortaleza, salió la única persona que odiaba más que a nadie.

- Buen tiro, como siempre Alexander – Celebró Sebastian deteniéndose justo a su lado. La mirada de Maryse iba del rubio a su hijo.

- ¿Alec? – Preguntó esta vez con duda - ¿Qué está pasando? – Pero Alec no contestó, en cambio Sebastian continuó caminando en dirección a ella.

- Dámelo Maryse – Exigió.

- ¿De qué hablas? – Gruñó la mujer a la defensiva.

- Envié estos demonios a buscar las joyas de Edom y te traen a ti; dame las joyas – La mujer retrocedió, su mirada se había endurecido.

- No sé a qué te refieres.

- ¡No mientas! – Rugió, y la nefilim casi podía ver sus ojos negros refulgir mientras su mano iba a la empuñadura de su espada.

- Sebastian… - Se adelantó Alec llegando hasta él, su tono intentaba ser tranquilizador como un bálsamo que aplacara a la bestia mientras su mano vacilante se posaba sobre la de Morgenstern evitando que sacara la espada. Maryse observó el punto en que se tocaban sin entender, ella realmente no quería entender – Prometiste no hacerle daño.

- Prometí dejarla vivir si colabora y no lo está haciendo – Advirtió de forma peligrosa sacándose la mano de Alec con un manotazo y entrecerrando los ojos en dirección a ella – Por última vez Maryse, dame las joyas. – Desenvainó la espada.

- Mamá… - Saltó Alec de inmediato – Solo… dile y estarás bien, todos lo estaremos – Aseguró; veía a Maryse suplicante con una mano estirada en dirección a ella y la otra a Sebastian como si quisiera contenerlo. La mujer estaba boquiabierta: Alec no podía estar hablando en serio – Por favor – Suplicó mirándola a los ojos – Confía en mí…

- Kaelie las dividió – Aceptó al fin. Alec suspiró bajando las manos con alivio al ver a Sebastian enfundar la espada de nuevo sin desfruncir el ceño.

- ¿Quién las tiene? – Exigió Sebastian. Alec asintió como si le diera ánimos a responder sin apartar la mirada de ella, ni ella de él, intentando leer cuál era su plan porque debía haber uno: su hijo tenía motivos por los cuales volver a casa, dos de ellos apenas le llegaban a la cintura y debían estar volviendo el instituto un pequeño caos.

- Ella tiene la diadema – Dudó, porque prácticamente pondría un blanco sobre la espalda de todos, sin embargo, no es como si no lo tuviesen ya; pero si Sebastian iba a ir tras ello, por las joyas y si lograba obtenerlas todo se iría al infierno; peor aún, para hacerlo significaba que los lastimaría. Y sin embargo Alec seguía mirándola con insistencia. Suspiró – Le dio el anillo a Jace y el collar a Robert.

- ¿Y el brazalete? – Apremió Sebastian. Maryse movió el brazo casi imperceptiblemente, cubriendo con él la pequeña bolsa de cuero en su cinturón. La mujer vio a su hijo abrir los ojos con sorpresa y algo de pánico antes de volver la mirada a prisa a Sebastian como si temiera que él también se hubiese dado cuenta del gesto, pero el rubio no había hecho gesto alguno. – Te lo dio a ti o no te habrían traído mis demonios.

Maryse estaba lista para defender el brazalete con su vida, pero nuevamente captó la mirada de su hijo su cabeza negando casi imperceptiblemente, mientras su mirada azul le pedía, no, le imploraba que mintiera.

- Yo… me atraparon cuando intentaba proteger a Max.

- ¿Qué? – La tensión del momento se rompió ante la exclamación indignada de Alec, y por primera vez parecía enojado - ¿¡Trajeron a Max!? - Preguntó dispuesto a acercarse a ella - ¡Él debía permanecer seguro en el instituto!

- Alexander…- Esta vez fue Sebastian quien habló para contenerlo. El chico se detuvo a medio paso – De todas formas, Max volverá nuestro lado – Advirtió. Alec lo miró tomándose un segundo antes de asentir, pero Maryse conocía bien a su hijo, podía ver la tensión en sus hombros. Sebastian chasqueó los dedos, otro demonio dragón se aproximó desde lo alto posándose sobre una columna en posición amenazante y Maryse se plantó defensiva, las piedras en mano dispuesta a dar la batalla – No va a hacerte nada mientras no intentes escapar – Aseguró el rubio – Pero cuando llegue Max, espero que cambies de opinión sobre mentirme porque si no me das el brazalete que guardas en esa bolsa en tu cintura, no impediré que se coman a Max frente tuyo. – La mujer jadeó al igual que Alec; la amenaza iba dirigida a ambos porque Sebastian sabía, sabía que ella tenía el brazalete, sabía que Alec había intentado engañarlo allí, pero no iba a arrebatárselo, no aun, eso sería muy fácil para él.

Maryse miró a su hijo mayor que estaba pálido, pero no había replicado, en cambio le dirigió una última mirada atribulada a su madre antes de darse media vuelta y tomar la mano que Sebastian le tendió para volver juntos al interior del castillo dejándola afuera en el patio, sola con el demonio dragón.

La criatura no se movió, al parecer Sebastian había dicho la verdad; como fuese no iba a fiarse y dejar que la tomaran desprevenida. Se aseguró el brazalete mientras caminaba en dirección al cadáver del otro demonio sin apartar la mirada del que la veía desde lo alto, recuperando la flecha que su hijo había utilizado: tener algo con filo sin duda sería de ayuda.

Suspiró mientras pensaba que más hacer: confiaba en que Kaelie sabría mantener seguro a Max casi con más convicción de lo que estaba confiando en las acciones de Alec en ese momento. Había visto a su hijo a los ojos y sabía que estaba de lado de Sebastian nuevamente, pero no de su parte: había podido verlo en su mirada, un mar en una calma tan aparente que ocultaba toda una tempestad de angustia y temor.

Alec le había dicho con sus gestos que decirle a Sebastian, pero realmente no estaba tan segura de que su hijo tuviese un plan; y si no lo tenía… ¿Qué estaba haciendo?


No había rastro de Simon e Isabelle y eso solo aumentaba las preocupaciones; la misión de rescate no solo tenía cada vez más víctimas, sino que las personas a las cuales rescatar solo aumentaban.

Durante todo el camino del "jardín" de Sebastian hasta la puerta principal, los demonios no hicieron ni el más mínimo gesto de acercarse a ellos, ni siquiera cuando se detuvieron frente a la puerta para discutir quien iría adelante al entrar. Finalmente fue Jace quien la abrió dándose paso, pero tampoco en el interior parecía haber amenaza.

- Esto no me gusta – Susurró Max medio agazapado tras Kaelie. Magnus iba junto a la hada, llevaba en mano una espada corta que Jace le había tendido.

- ¿Además del obvio letrero de es una trampa? – Ironizó Jace.

- Afuera éramos cientos y nos masacraban – Dijo el más joven – Aquí somos solo cuatro y…

- Por eso debemos apegarnos al plan- Intentó tranquilizarlo Kaelie.

- ¿Tenemos un plan? – La pregunta unísona de Jace, Magnus y Max hizo que ella rodara los ojos.

- Pasar desapercibidos hasta encontrar a Maryse, ella es la prioridad.

- Clary

- Alec – Replicaron de inmediato Jace y Magnus.

- Una vez tengamos el brazalete, Magnus podrá enfrentar a Sebastian y ellos dos estarán a salvo – Aseguró – Y si encontramos a Sebastian antes, nuestra mejor oportunidad es que Jace lo enfrente.

- Bueno, supongo que tenemos un plan – Susurró Max. Magnus enarcó una ceja, eso ni siquiera era el esbozo de un plan, pero no replicó. Continuaron por el pasillo, las patas de un rapiñador correteando al otro extremo se escuchó, Jace hizo un gesto para detenerlos a todo mientras arrojaba una daga, pero la misma solo traspasó al demonio quien los ignoró cruzando el pasillo.

Voces lejanas se escucharon en esa dirección; una de las voces parecía enojada:

¿Cómo crees que me hace sentir eso, Alexander?

Todos se detuvieron con cautela, expectantes; la voz provenía del otro lado de la siguiente puerta, pero fue la respuesta lo que les hizo jadear en reconocimiento:

Hice que te dijera lo que querías saber ¿No?

Magnus y Jace se miraron de inmediato, ¡Era Alec! Estaba allí, a tan solo unos pasos de ellos. Kaelie tomaba la muñeca de Max con precaución viendo como los dos hombres se dirigían a la puerta a prisa, dispuestos a abrirla sin precaución alguna.

- Harán que Sebastian nos mate a todo – Clamó por lo bajo haciéndoles entrar en razón, no podían solo irrumpir impulsivamente allí. Magnus estaba a nada de replicar y ella alzó un dedo callándolo – Aun falta el brazalete, eres totalmente inútil contra él – Le hizo ver – Solo pondrán en riesgo a Alexander.

- Quedarnos aquí tampoco es inteligente – Farfulló Jace – Mas demonios pasaran en cualquier momento. – Kaelie debía admitir que el rubio tenía razón, y ser encontrados por los demonios sería igual de malo que anunciar su presencia a Sebastian. No tuvo nada que replicar por lo que Herondale bufó – Al diablo – Dijo abriendo la puerta cuchillo serafín en mano, sería cauteloso, pero no dejaría a su parabatai ni un segundo más.

Magnus lo siguió al instante y Kaelie no tuvo de otra cuando Max jaloneó en esa dirección; todos con armas en mano, preparados para enfrentarse a la batalla, para enfrentarse a Sebastian, pero él estaba muy ocupado como para notar su presencia.


Alcanzar la ventana fue fácil para una nefilim entrenada y un vampiro. La habitación estaba desierta y desordenada con la ropa y armas esparcidas por el suelo y la cama deshecha pero lo que hizo que Simon frunciera el ceño fue el aroma a sexo en el aire.

Habría sentido nauseas de no ser físicamente imposible para un vampiro. Volvió la mirada a Isabelle quien veía la recamara con tal desconcierto que supo que no tenía por qué tener su desarrollado olfato para entender lo que ocurrió allí.

- Estuvo con él de nuevo – Susurró dolida. Simon tomó su mano con un suave apretón, Isabelle se había esforzado en creer en Alec, en estar ahí para él después de haberle fallado hacía cinco años, le dolía ver la decepción reflejada en sus ojos.

- No pienses en eso ahora – Susurró – Alec nos está ayudando a encontrar a Clary, él está de nuestro lado – La chica lo miró y asintió con determinación.

- Tienes razón, está de nuestro lado – Repitió - Consigue el rastro, quiero salir de este lugar – Dijo. Simon asintió concentrándose en encontrar el olor de la sangre de Clary. Le tomó unos segundos, pero finalmente pudo localizarlo: había una gota en el suelo, un par más en dirección a la puerta y una mancha grande en esta; lo que sea que causó la herida en Clary, Alec había tenido que llevarlo consigo hasta allí; seguramente se había asegurado en dejar en los muros marcas como la de la puerta por lo que ambos se apresuraron en salir.

Isabelle mantuvo el látigo enristrado por precaución mientras Simon cerraba la puerta e intentaba centrarse en alguna otra marca. No le tomó mucho, allí sin otros olores que le distrajera pudo detectar fácilmente la mancha de sangre seca con forma de una mano que se había apoyado en la pared.

- Por la izquierda – Indicó. Ella se apresuró en seguirlo deteniéndose al final de la escalera esperando que él indicara la próxima dirección a tomar. Simon se concentró por un segundo más, haciéndole una seña rápida que ella entendió antes de atacar con su látigo que se enroscó alrededor del cuello de un demonio Kuri que chilló intentando soltarse mientras salpicaba icor. Simon saltó sobre el segundo demonio clavando un cuchillo común en su tórax. Los cuerpos quedaron tendidos en el pasillo ya despejado antes de que el vampiro continuara descendiendo por la siguiente escalera a la derecha. Isabelle se apresuró en darle alcance.

- Esto está un poco fácil ¿no crees? – Dudó Isabelle, había esperado una batalla interminable contra horda de demonios una vez que lograran entrar a la fortaleza de Sebastian; Simon asintió enseriándose para tomarla del brazo y esconderla tras una columna ante un grupo grande de rapiñadores reptando por el siguiente pasillo.

- Tenías que hablar – Dijo él, extrañamente sintiendo la necesidad de sonreír. Isabelle bufó con una media sonrisa mientras esperaban expectantes: eran muchos y no sería sensato enfrentarse a todos ellos ahora.

- Eso ni siquiera cuenta, no peleamos con ellos – Se mofó ella casi un minuto después cuando los demonios se hubieron perdido de vista. Simon hizo una mueca antes de apartarse y adelantarse para seguir el rastro centrándose todo lo posible en el olor. A medida que descendían por las escaleras el aroma se hacía más concentrado y un mal presentimiento crecía en él porque la sangre, después de todo, había tenido que venir de algún lugar lo que significaba que Clary estaba herida.

Simon se detuvo de pronto; perdiendo el rastro al llegar a un largo pasillo rodeado de solida piedra a ambos.

- ¿Qué pasa?

- No lo sé…- Admitió – No puedo olerlo en ninguna dirección – Intentó centrarse un poco más, se sentía muy tenue – Espera… es como…como si viniera del interior de la pared – Admitió – No tiene sentido.

Pero Isabelle no estaba dispuesta a creer eso; la chica se adelantó apresurándose en marcar el muro de piedra frente a Simon con runas de apertura; si Simon estaba seguro de que era por allí, entonces debía haber una puerta secreta. Y en efecto, una puerta secreta se abrió revelando una estrecha pero larga escalera en el fondo de la cual había una pesada puerta de madera iluminada por una antorcha; ya no solo podía oler la sangre de Clary, podía escuchar sus latidos y respiración ligeramente acelerados. Alec realmente los había llevado hasta su amiga, estaba a solo metros de ella e iba a salvarla, solo tenía que superar al demonio de pie junto a la puerta

Simon sintió una bruma fuerte golpearlo al mismo tiempo que escuchaba un chillido demoniaco tras suyo, se volvió de inmediato cuchillo en mano dispuesto a defenderse, pero solo se encontró con la mirada perpleja de Isabelle.

- ¿Qué pasa? – Cuestionó ella impasible.

- Escuché… - Negó para sí mismo, el pasillo estaba tranquilo y no había rastro de nada más allí – Olvídalo, vamos – Dijo volviéndose con precaución al demonio al final de la escalera.

…solo que ya no había demonio.

- ¿Viste un demonio allí abajo? – Cuestionó dudoso.

- No vi nada – Negó Isabelle. Simon frunció el ceño confundido ¿Lo había imaginado? – Tengo una luz mágica – Sugirió ella sacando la piedra de Luz y tomando la delantera en la escalera para iluminar el camino con un resplandor casi fantasmagórico, pero sin nada visible allí. Simon dudó aun inseguro por lo que había visto, por lo que se apresuró en seguirla, sin soltar sus armas

- ¿No es esto mejor que calabozos y dragones? – Bromeó ella.

- Oh no, no lograras mermar mi amor por calabozos y dragones comparándolo con Edom – Bromeó él; ella rió entre dientes. – Si no te casas conmigo, me casare con ese juego – Advirtió. Isabelle no respondió y Simon maldijo por lo bajo; solo había sido un comentario, no era su intención presionarla, estaba consciente que no era el momento para tener esa conversación.

- Sabes que después de cómo has apoyado a Alec tras todo lo que peleamos sobre eso, no hay manera de que te diga que no – Comentó ella de pronto; fue un susurro bajo, pero perfectamente audible que lo tomó por sorpresa.

- Esperaba que me dijeras que si por algo más que ser un buen cuñado – Replicó él; ella rió

- Tal vez si lo pidieras con una propuesta cursi como en las películas que te encanta ver, yo te daría una respuesta más empalagosa.

- ¿Qué puede ser más cursi que pedírtelo durante una batalla, rodeada de demonios en el mismísimo infierno?

- Un anillo – Dijo sinceramente - El anillo hace la diferencia. – Isabelle volvió la mirada a él guiñándole un ojo y Simon le sonrió ampliamente solo un segundo antes de que la piedra de luz mostrara el aguijón de demonio Shax que le atravesó el abdomen.

Simon gritó y corrió hacía ella olvidando las armas; tomó al demonio golpeándolo con todas sus fuerzas de vampiro contra la pared de piedra y alcanzó a Isabelle antes de que se derrumbara escalera abajo. Sus ojos se abrieron de par en par sin saber qué hacer, viendo la sangre brotar sin control de su abdomen.

- No…no – Ahogó. Tenía que ser mentira; no sabía qué hacer, sintiendo el tirón en su garganta exigiéndole beber de esa sangre; pero no podía, no podía hacerle eso – Vamos Iz… no puedes…

- Creo que no era tan fácil después de todo – Ahogó ella con voz débil. Simon sintió ahogarse por el dolor en su pecho ante el miedo de lo que estaba ocurriendo, no podía perderla, no a Isabelle.

- Izzy – Sollozó – Iz, vamos mírame – Le suplicó; ella lo miró, con una sonrisa débil en sus labios.

- En realidad…creo que si me hubiese gustado ser tu esposa. - Simón jadeó negando con la cabeza y abrazándola mientras veía como la piedra de luz en manos de la chica se apagaba lentamente junto a la vida en ella. Era su culpa, él la llevó a ese lugar: ella debía estar buscando a Alec con Jace que si podía protegerla; no con él, él no era suficiente, no era…

Escuchó el silbido del metal cortando el aire y prácticamente sintió la daga pasando por el frente de su rostro antes de que un fuerte chillido desgarrara el estrecho pasillo de la escalera y la Isabelle moribunda en sus brazos desapareciera. Miró en todas direcciones: Isabelle cubierta de icor y con un par de rasguños bajaba por las escaleras en su dirección con el rostro contorsionado de preocupación; su mano aun extendida, muestra inequívoca de acabar de lanzar el cuchillo serafín que ahora descansaba en el cuerpo sin vida del demonio humanoide parado junto a la puerta de madera al fondo.

- ¿Estás bien? – Preguntó la chica llegando hasta él, agachándose para quedar a su altura. – Simon vamos, mírame – Le pidió con voz determinada; el vampiro abrió la boca para responder, pero no halló las palabras; no se dio cuenta que estaba temblando hasta que Izzy tomó el rostro entre sus manos obligándolo a mirarla a los ojos. – Simon, escúchame, céntrate en mi – Le ordenó – Lo que sea que ese demonio te hizo ver, no era real cielo – Aseguró besando sus labios rápidamente – Estoy aquí, contigo.

Había sido aterrador como al abrir la puerta Simon pareció sumido en una visión que solo ocurría en su cabeza, ignorando el demonio Hellhount que se abalanzaba sobre ellos desde lo alto de la escalera al que Isabelle tuvo que enfrentarse mientras lo veía descender por esa oscura escalera directo a un demonio humanoide con ojos brillantes en color naranja, sin reaccionar, no importa cuán fuerte lo llamara. Al principio había escuchado a Simon mascullar algunas cosas inentendibles e incluso reír, como si mantuviera una divertida conversación con alguien, luego había gritado su nombre, sollozando mientras corría directo al demonio al fondo de la escalera.

Simon la abrazó, hundiendo el rostro en su cabello, llenando sus fosas nasales de su aroma; Isabelle estaba bien, lo demás no importaba.

- Estoy bien – Lo tranquilizó la muchacha – Estamos bien – Aseguró – Así que démonos prisa en continuar para presumirle a Clary y a mi hermano que seremos los primeros en casarnos. – Simon rio asintiendo vagamente, aun afectado por lo que había visto. Ella se separó dándole un tierno beso - Dijiste que Clary está tras esa puerta, vamos por ella.

Simon tomó su mano mientras se incorporaban y descendían juntos los escalones que le faltaban. Isabelle se aseguró de enterrar completamente sus tacones en el cuerpo del demonio al pasarle por encima. Se detuvieron un segundo ante la puerta de madera, porque de hecho no estaba cerrada, sino más bien parecía como si alguien en prisa por salir de allí, solo la hubiera soltado sin preocuparse en pasarle llave nuevamente.

La pareja se soltó con precaución para asegurar sus armas. Isabelle se adelantó colocándose a un lado y estirando una mano para abrir la puerta dejando a Simon del lado contrario listo para atacar en caso de que fuese necesario.

Pero al abrir la puerta de par en par, no encontraron ningún demonio en el interior, sino una gran antesala que dirigía a varias celdas.

- Me preguntaba cuanto más se tardarían – Simon e Isabelle bajaron las armas con alivio al ver a la pelirroja dueña de esa voz sonriéndoles débilmente desde la celda a su derecha.


Sebastian dirigió el camino, era un tramo lleno de puertas, pero no difícil de recordar, incluso si Alec no estuviese prestando toda la atención que pudiera: quería saber cómo llegar hasta su madre en caso de que fuese necesario. Ser tres prisioneros en lugar de dos no había estado en los planes, mucho menos que Maryse tuviese una de las Joyas y en especial no el que Max fuese a Edom: ¡Kaelie le había prometido que lo dejaría fuera de peligro!

Sintió la mano de Sebastian apretándose con mayor fuerza; el pelonegro jadeó.

- Me estás lastimando – Hizo ver. Sebastian volvió la mirada en su dirección, su expresión era dura, evidentemente estaba enojado.

- ¿Yo te lastimo? – Dijo con voz helada que hizo estremecer al nefilim – Quieres que confíe en ti y al primer intento tratas que tu madre me esconda el brazalete. – Su mano se aferró fuertemente alrededor de su brazo empujando al joven contra la pared - ¿Cómo crees que me hace sentir eso, Alexander?

- Hice que te dijera lo que querías saber ¿No? – Cuestionó a la defensiva – Solo no quería que le hicieras daño – Alegó; Sebastian lo miró airadamente, buscando la mentira en sus ojos, Alec le mantuvo la mirada, después de todo no estaba mintiendo. – Dijiste que no lastimarías a mi familia – Alegó. Sebastian finalmente lo soltó bufando con sorna.

- Esto es una guerra Alexander – Dijo con mofa – Siempre habrá bajas.

- No mi familia – Hizo todo lo posible para que su tono no se oyera amenazante; no quería poner a Sebastian sobre aviso, no más de lo que ya había hecho.

- Entonces reza a Raziel porque Maryse me dé el brazalete – Dijo – Solo así podemos garantizar mi reinado y solo si te portas bien estarás a mi lado – Le advirtió; Alec asintió haciendo un esfuerzo para no apretar la mandíbula.

Sebastian se dispuso a darse media vuelta justo en el momento en que la visión de Alec captó el brillo del cuchillo serafín. No lo pensó demasiado, tomó al rubio del brazo jalándolo para que su atención volviera a centrarse en él evitando que viera la cabeza de Jace asomándose por la puerta entreabierta.

- No deseo nada más – Aseguró. Sebastian lo observó un instante, casi calculador antes de sonreír de forma ladeada.

- Demuéstralo – Dijo, más bien ordenó atrapando los labios del ojos azules. Esta vez Alec tuvo que poner todo de su parte para obligar a sus labios a moverse: la poción de amor que lo empujaba a Sebastian ya no funcionaba, pero estaba movido por algo más importante: el amor por su familia.

Sebastian empujó a Alec contra una de las columnas; el muchacho jadeó por el dolor del golpe en su espalda no demasiado sorprendido, después de todo a Sebastian siempre le gustó jugar rudo. Escuchó a Jace jadear de sorpresa y mentalmente maldijo cuando Sebastian se tensó, Alec gimió sobre sus labios esperando que no se diera cuenta, y debió funcionar porque el demonio sonrió de medio lado sin dejar de besarlo, haciéndose con la pierna del pelonegro por el muslo, alzándola para colocarla alrededor de su cintura, presionando aún más su cuerpo su cuerpo al de Alec para tomar la otra pierna y mantenerlo a pulso contra la pared.

Alec lo permitió implorando silenciosamente porque Jace fuese sensato y se escondiera a prisa. Abrió los ojos para comprobarlo, pasmándose cuando no lo solo vio al rubio sino tres pares de ojos adicionales mirándolo desconcertados. Jadeó esta vez con vacilación, sorpresa y pánico.

Los ojos dorados de Jace estaban dolidos, a su lado los grises de Max lo miraban con confusión; había reprobación en los azules de Kaelie que luego volvía la mirada preocupada en el brujo; pero fue la traición en sus ojos de gato favoritos lo que más le dolió, porque no había dolor, después de todo suponía que había decepcionado a Magnus ya tantas veces que no era dolor sino ira lo que se contorsionaba en su expresión.

Vio a Magnus dar un paso al frente de forma impulsiva y a Jace sujetarlo del brazo. Maldijo mentalmente a Sebastian por ponerlo en esa situación y se maldijo a si mismo por permitirlo; y Alec deseó por un instante poder no sentir nada como en antaño cuando no le importaba la forma en que lo miraban las personas importantes para él.

Negó para sí, porque era precisamente ese sentimiento lo que le daba la ventaja esta vez y tenía que centrarse en eso, en lo que buscaba que era lo único que le impedía sentir nauseas en ese momento: tener una oportunidad para él y Clary, y ahora Maryse e incluso para ellos que lo veían en ese momento; era en eso en lo que debía pensar, en las personas que tenía que ayudar y todo lo que podía salir mal si fallaba, si tan solo Sebastian se apartaba de él y volteaba la mirada, si se daba cuenta de la presencia de las cuatro personas tras suyo.

Sus dedos se deslizaron por el cabello del rubio, una caricia sobre la piel de su nuca hasta apoyar sus brazos sobre los hombros de Sebastian, fijando la mirada en Kaelie; era menos vergonzoso centrarse en ella, prácticamente una desconocida.

Una de sus manos señaló su muñeca; realmente esperaba que entendiera que se refería al brazalete y por tanto a Maryse; y luego señaló la dirección en que sabía que la encontrarían. Repitió el gesto un par de veces más antes de aferrarse a Sebastian y retomar sus labios esperando que no notara nada mientras internamente solo aceptaba el consejo del rubio y rezaba a Raziel para que todo saliera bien.

Fue Kaelie quien reaccionó primero sacándolos a todos de la vista, empujándolos tras el próximo pasillo; se fijó primero en Max, el muchacho estaba realmente confundido: él y su hermano habían pasado por mucho para aclarar la situación presente y pasada de Alec con Magnus y Sebastian ¿Por qué enredar todo de nuevo?

Sin embargo, a la Reina del pueblo Seelie no le preocupaba tanto Max como lo hacía por Jace y Magnus, ambos demasiado enojados para pensar con claridad.

- Espabilen – Chasqueó los dedos frente a la cara de ambos asegurándose de no alzar la voz- Sea lo que sea que esté ocurriendo allí realmente, aún tenemos que destruir a Sebastian… y salvar a Clary – Dijo fijándose específicamente en Jace. El rubio asintió ante la mención de la pelirroja, pero no Magnus; la cabeza de Magnus era un desastre, un remolino solo superado por el que había en su pecho.

No es como si una parte de él no lo hubiese esperado, Magnus temía eso desde que Alec se había ido. El nefilim le había prometido cuando se reconciliaron en Argentina que no volvería dejarlo y lo hizo pocos días después ¿Por qué sería diferente con su promesa de no volver acercarse a Sebastian? Todas esas personas movilizadas, todos esos sacrificios, incluidos Jocelyn y Robert para salvar a alguien que estaba más que a gusto donde estaba.

Había visto a Alec mirarlos, alarmado; había notado como no fue capaz de sostener su mirada y eso solo lo hizo peor, porque sin odio en esos ojos como zafiros ¿A quién iba a culpar esta vez?

Sintió como su estómago se retorcía; "esta vez", porque no era la primera vez, ni la segunda, ni siquiera la tercera y estaba harto, agotado de sentir el pecho desgarrársele por Alec, por las pociones, por el recuerdo de Jonathan o lo que sea, harto de la confusión en los sentimientos del ojos azules haciendo mella en los propios.

- Alec estaba señalando algo – Masculló Jace intentando centrarse – Tal vez Clary…

- Es Maryse – Contradijo la hada en un susurro bajo y apremiado.

Tengo cosas que hacer, ve al salón principal y espérame – Escucharon la voz de Sebastian, las manos de Magnus se encendieron en fuego azul; la única mujer del grupo bufó.

- Iré por ella – Dijo desatando el bolso con la diadema de su cinto y colocándolo en la mano de Jace – Tu evita que Bane haga una estupidez – Le advirtió. – No se separen de las joyas, traeré el brazalete; y más les vale que cuiden a Max. – Ordenó con fiereza antes de escabullirse en la dirección que Alec había indicado.

Alexander estaba haciendo lo que creía necesario, ella podía entender y respetar eso, pero ni Bane y Jace lo hacían y si no se daba prisa desatarían la batalla sin estar listos. Se detuvo en el único portal que había en esa dirección, aguardando con cautela y espada en mano por si era una trampa antes de…

- ¿Qué esperamos? – Kaelie casi brinca por el susto al escuchar el susurro de Max tras suyo.

- ¿Qué haces aquí? – Le recriminó entre dientes.

- Fue mi culpa que la atraparan, te ayudaré a rescatar a mamá – Dijo decidido y agregó con sorna – No es como si Jace y Magnus me estuvieran prestando atención de todas formas. – Kaelie rodó los ojos, lo dicho, tenía que darse prisa.

Max saltó al interior del portal, pero no había nada allí, solo un pasillo lleno de puertas, algunas abiertas otras no. La mujer se dio prisa en seguirlo, tendrían que revisarlas todas para encontrar a la nefilim.

- No es culpándote que resolverás nada – Le advirtió ella pasándole por un lado para abrir la siguiente puerta, pero solo daba a salones desiertos - Los errores se asumen y se sigue adelante.

- Por eso voy a ayudarte – Dijo testarudo abriendo la siguiente puerta sin resultado. – No te voy a dejar ir sola, estás herida y no voy a arriesgarme. - Kaelie no pudo evitar conmoverse ante eso y suspiró tomando un pequeño cuchillo de su cinto que le tendió al muchacho.

- Mantente detrás de mí y ten los ojos muy abiertos. – Advirtió. Max tomó el arma asintiendo decidido mientras continuaban por el pasillo; era largo y precariamente iluminado, pero eso no los detuvo.

Kaelie no pudo evitar apreciar al muchacho un instante; Max tenía miedo, podía verlo en su mirada, pero también estaba determinado en no dejarla sola, en encontrar a Maryse y ayudarla; había mucho del arrojo nefilim en esa forma obstinada de ser, no importa cuánto quiso intentar borrar ese lado Cazador de Sombras los últimos años en favor a la crianza Seelie.

…No importa cuánto se esforzó en convertirlo en su pequeño Well, ese joven a su lado seguía siendo Max Lightwood.

Y temía perder a su niño humano.

- Los errores se asumen – Repitió ella susurrando para sí misma.

- ¿Qué? – Cuestionó confundido; Kaelie lo miró, después de todo si estaba perdiendo a su niño era en buena parte su propia culpa.

- Cometí muchos errores cuando llegaste a Feéra – Dijo – Era lo que debía hacer por mi Reina y porque si lograba arruinar a Alexander, yo podría quedarme contigo a mi lado – Confesó – Es por eso nunca te dije que tu hermano estaba vivo: no quería que lo supieras y quisieras irte con él, luego con el paso del tiempo temía que lo supieras y me odiaras.

Max parpadeó sorprendido porque finalmente la mujer contestaba la pregunta que tantas veces le hizo en los últimos días; la miró, pero Kaelie había vuelto la vista al frente, evitando verlo. Max se mordió el labio al notar el porqué: ella temía girarse y encontrarse con su mirada cargada de odio; como si él pudiese odiarla alguna vez.

- Tarde o temprano iba a descubrirlo – Susurró – Pero tú me criaste Kaelie…

- Porque no te di la opción de volver con tu familia.

- Aun así…me criaste y te volviste mi familia – Dijo - Puede que este enojado, pero ¿Recuerdas mis primeros días en Feéra? Como me aterraba quedarme solo durante las noches y la Reina Seelie te ordenó dejarme para que me acostumbrara a la oscuridad; tu obedeciste y, aun así, te sentabas al otro lado del claro dónde está mi morada y cantabas; siempre decías que estabas cosechando flores para tus perfumes – La mujer no dijo nada, un nudo de sentimientos estaba atorado en su garganta. - ¿Cómo podría odiarte cuando sé que elegías hacerlo tan tarde en la noche cuando apenas podías ver las flores, para hacerme sentir que no estaba solo?

- Maxwell…

- Es Well – La corrigió, porque no tenía sentido seguir sosteniendo un enojo agotador, porque deseaba haber tenido esa oportunidad con Robert y no la desaprovecharía con Kaelie. La mano de Kaelie tembló sobre el pomo de la siguiente puerta.

- Well – Coincidió con un brillo acuoso en sus ojos azules.

- Solo…no vuelvas a engañarme – Pidió – Cuando salgamos de aquí quiero volver con los Lightwood – Kaelie contuvo el aliento asintiendo, aceptándolo. – Pero no quiero abandonar Feéra, ni dejarte – La mujer volvió hacía él, soltando la puerta para tomar el rostro del muchacho entre sus manos, sus ojos empequeñecidos por la amplia sonrisa en su rostro

Porque Well le estaba dando más de lo que había esperado: no estaba perdiendo a su pequeño, solo lo compartiría con Maryse; ella podía hacer eso.

- Siempre eres bienvenido en Feéra mi pequeño Well – Aseguró con un beso en su frente. Max sonrió aferrándose a ella en un abrazo.

- Terminemos con esto – La alentó apartándose para continuar con la siguiente puerta, estaba vacía – Para que volvamos a casa, hay algo…extraño que quiero comentarte – Dijo sin saber una mejor manera de adjetivarlo; ella lo miró confundida.

- ¿Es…importante? - Cuestionó con duda, no era el mejor momento para hablar.

– No – Negó – No lo sé – Contradijo. Kaelie enarcó una ceja –Es algo que hizo Richard antes de ayudarme a escapar y…

- Así que fue él – La mujer endureció su rostro; ya hablaría con ese muchacho por desobedecer sus deseos. Max se alarmó por haber echado de cabeza a su amigo y ella ablandó su expresión con un suspiro – La verdad no me sorprende.

Max estaba a punto de preguntar a qué se refería cuando Kaelie abrió la última puerta y la figura de una mujer de pie a la defensiva en medio de un amplio patio fue lo que consiguieron: habían encontrado a Maryse.


Alec sintió el alivio embargarlo cuando Jace, Magnus, Kaelie y Max salieron de su vista; tomó un par de segundos más antes de apartarse de Sebastian. El rubio sonreía, una sonrisa oscura mientras lo veía, soltándolo finalmente. Alec tuvo que hacer gala de sus reflejos nefilim para no caer aparatosamente cuando Sebastian dejó de apoyarlo, en cambio pudo sostenerse a tiempo.

- ¿Eso estuvo bien? – Preguntó intentando parecer más interesado que asqueado por la respuesta.

- Tengo cosas que hacer – Ignoró su pregunta – Ve al salón principal y espérame – Ordenó – Y espero que pienses muy bien en como disculparte por creer que no sé exactamente cuántas personas hay en este momento en mi territorio – Alec palideció de inmediato – A menos claro que quieras que el número empiece a reducirse.

Alec miró fijamente a Sebastian marchándose por uno de los pasillos, en sentido contrario a donde Alec sabía que estaban las cuatro personas que acababa de ver ¿Qué significaba eso entonces? ¿Sebastian estaba faroleando con él para ver su reacción o esperaba ver que hacía Alec, si lo dirigiría directo a todos?

Solo esperaba que Kaelie hubiese entendido su señas y buscaran cuanto antes a Maryse, mientras más rápido estuvieran justos le quitarían ventaja a Sebastian, ahora que no tenía al rubio cerca tenía que darse prisa, no sabía si Simon había entendido el mensaje, tenía que ir por Clary y buscar la manera de salir de allí; ya luego que todos estuvieran a salvo entonces pensaría en lo que significaba para ellos, en especial para Magnus, haberlo visto nuevamente con Sebastian. Estuvo por darse media vuelta, cuando sintió una mano tomarlo de la nuca empujándolo contra la pared.

Soltó una maldición al sentir la piedra de la pared lastimar su quijada y casi habría esperado que fuese Sebastian quien había cambiado de opinión volviendo hasta que notó el cuchillo serafín hincándose en su cuello.

- ¿Los enviaste a una trampa? – Escuchó la pregunta cargada de acusación.

- Jace – Reconoció – No…no…

- ¿Lo estás ayudando? – Y esa era la voz de Magnus vuelta una daga filosa. Alec podía ver el resplandor azul de su magia y cerró los ojos con aprehensión porque no confiaban en él, y dolía no poder decir que no se lo merecía.

- ¡No! – Negó al instante – Estoy del lado de ustedes.

- ¡No mientas! – Jace lo apretó más contra la pared.

- Solo estoy intentando sacarnos a todos de aquí con vida – Intentó explicar.

- Que mal que a Robert no le llegó la notificación – Bufó el brujo. Alec se tensó.

- ¿Qué quieres decir?

- Vas a llevarnos a donde sea que tengan a Maryse y Clary y…- Alec cortó la orden de Jace aprovechándolo desprevenido para con un rápido movimiento librarse de él dándose media vuelta para encararlo; Jace le dio un puñetazo en el rostro que lo hizo caer sentado.

Alec se llevó la mano a la quijada mirando a Jace, sus ojos dorados estaban furiosos, casi tanto como los de Magnus; ellos no entendían, y él estaba dispuesto a explicarles, pero necesitaba respuestas antes.

- ¿A qué te refieres con papá? – Preguntó directamente a Magnus; él le mantuvo la mirada por algunos segundos antes de finalmente contestar.

- Robert dio su vida en batalla – Alec ahogó un quejido, negando para sí - Para salvarte cuando todo este tiempo solo estabas aquí acostándote con Sebastian – Alec ni siquiera atinó a sentirse avergonzado, su mirada se había perdido fija en algún punto del suelo, su padre que había hecho tanto por él no podía haber muerto, no podía ser cierto ¿Pero porque Magnus le mentiría? El brujo observó su reacción y bajó las manos, el fuego azul desapareciendo; no es como si pudiera hacer algo más debido al collar de todas formas; en su lugar suspiró profundamente, cargado de sentimientos antes de preguntar - ¿Por qué, Alec? – Y había algo estrictamente personal, algo que le resultaba tan doloroso – Él no es Jonathan, no más…

- Era la única forma…

- ¡Me prometiste que no volverías con él! – Gritó acusador. Jace retrocedió al no tener parte en ese punto en específico. Alec ahogó una respuesta, abrió y cerró la boca con sorpresa, porque tenía razón: se lo había prometido y le había fallado otra vez; pero en esta ocasión tenía una razón.

- Sebastian me dio poción de amor – Susurró. El cuchillo serafín de Jace fue bajado también con una maldición y Magnus bufó desviando la mirada que Alec intentaba encontrar con tanto empeño. – La dejó en mi celda, quería que la tomara yo mismo porque sabía cuánto odiaba la idea.

- Y sin embargo lo hiciste – Acusó el brujo aun sin mirarlo.

- Clary me convenció…

- ¿Clary? – Saltó Jace de inmediato - ¿Estabas con ella? – Alec asintió.

- Ella se dio cuenta que ustedes venían – Continuó – Y los demonios dragón iban emboscarlos: no tendrían oportunidad, Sebastian había amenazado ya en asesinarlos sin piedad sino lo "convencía" de estar de buen humor, y entonces Clary tuvo una idea y yo me hice un corte en el brazo y vertí la poción pero no fue Sebastian lo primero que vi, fueron ustedes, mi familia.

Sus palabras tuvieron un efecto inmediato, para Jace que se mostró confundido y Magnus quien finalmente lo miró dándole el valor para continuar.

- Utilicé una runa de visión de lejos, aun desde mi celda podía distinguir los rostros de todos acercándose y eso era suficiente para la poción; así que llamé a Sebastian porque creyendo que lo amaba de nuevo me dejaría salir, pero yo no podía pensar en besarlo mucho menos estar con él de nuevo: Sebastian no es Jonathan – Repitió las palabras del brujo – Es un maldito que amenazó a Maxxie y Rafael – Escupió con rencor – Así que bebí lo último que quedaba de poción antes de mirarlo: puedo fingir amarlo con locura si con eso los ayudo a escapar con vida. Cuando me sacó de la celda, seguí el plan: Sebastian se centraría en la mayoría mientras alguien por su cuenta buscaba a Clary, así que le apuñalé el hombro con una flecha.

- ¡Apuñalaste a Clary! – Saltó Jace de inmediato.

- Está bien, ella tiene una estela – Intentó tranquilizarlo – La flecha tenía también un mensaje, se la hice llegar a Simon… aunque quizás de una forma más agresiva de lo necesario, pero Sebastian estaba viendo.

- ¿Pero para qué? – El rubio realmente no entendía. - ¿Cuál es el plan?

- El confía en mi – Dijo – O lo más cercano que puede llegar a eso: podría intentar apuñalarlo mientras estuviera distraido; pero lo primero que hizo fue apartar las armas a menos que estuviera alerta; pero aun así puedo saber lo que está planeando y conseguir la forma de avisarles – Aseguró y entonces agregó con aun más prisa – Sé que están planeando destruirlo con las joyas de Edom, pero Sebastian no tiene ni idea de que Magnus es el hijo de Asmodeus y eso nos da la ventaja.

- ¿Eres el hijo de Asmodeus? – Jace se volvió hacía Bane perplejo, hasta ahora todos sabían que el padre de Magnus era de Edom, pero ni él ni Kaelie habían compartido ese detalle. El brujo asintió, desestimando las preguntas que se gestaban en los labios del rubio, no era el momento para eso, al contrario, tenía las palabras de Alec dando vuelta en su cabeza, sus ojos fijos en los azules de él, buscando mentiras que no encontraba.

- Te advertí que si volvías con Sebastian te haría impotente…- Habló finalmente.

- Pero no lo harás. - Sugirió intentando sonreírle.

- Aun lo estoy pensando – Dijo, y sin embargo estiró la mano para ayudarle a incorporarse. Alec lo tomó de inmediato incorporándose, sonriendo ante la sensación familiar de la piel del brujo contra la suya, el cosquilleo de su magia reconociéndolo. El contactó duró solo unos escasos segundos: Magnus retiró su mano rápidamente sin devolverle la sonrisa lo que hizo desaparecer la del ojos azules.

- Tienes que llevarnos con Clary – Intervino Jace entonces, no era tanto una pregunta como una orden.

- Debemos ir por Maryse primero – Contravino Magnus ganándose una fea mirada del rubio; no es que Jace no quisiera ir por Maryse, pero ella podía cuidarse y Kaelie ya la buscaba, pero nadie buscaba a Clary.

- Kaelie está en eso – Recordó – Sebastian no tiene nada contra ella, pero Clary…

Alec suspiró, Jace tenía razón; además Clary estaba herida en cambio Maryse estaba, dentro de lo que cabía, bien; y sinceramente no estaba seguro de si Simon habría descubierto el mensaje en su flecha para seguir el rastro a la pelirroja.

- Es por aquí – Dijo directamente a Jace, indicando el camino. El rubio se hizo a un lado para dejarle guiar; Magnus bufó antes de darse prisa en seguirlos; tampoco iba a quedarse solo o seguir por su cuenta cuando ni siquiera podía hacer magia correctamente.

Caminaron en silencio un rato; Alec mirando de reojo a Magnus mientras intentaba abrir la primera puerta de la izquierda, pero esta no cedió, no le dio mucha importancia cuando notó que la siguiente estaba abierta, después de todo sabía el camino, pero no lo recordaba a la perfección. Siguieron algunos metros por el pasillo, solo se escuchaban los pasos de los tres en el sofocante silencio.

- ¿Cómo están Maxxie y Rafael? – Preguntó de pronto a Magnus. El brujo tardó tanto en responder, que Alec ya se había resignado a que no lo haría antes de finalmente escuchar que hablaba.

- No están muy seguros de lo que ocurre, pero saben que algo pasa – Dijo – No dejaban de preguntar por ti- Alec no pudo evitar una sonrisa cariñosa ante eso.

- ¿Quién los está cuidando?- Se preocupó.

- Se suponía que Max – Suspiró finalmente, relajando los hombros y rascándose la nuca la nuca – Creo que él los dejó a cargo de Richard – Alec abrió los ojos con alarma – Por suerte llamé a Catarina para que los cuidara de ellos – Alec rio mientras giraban en el siguiente pasillo. Jace a su izquierda llevaba el cuchillo serafín en alto: alguien debía permanecer alerta mientras esos dos hablaban. - Estarán felices cuando vuelvas a casa – Soltó.

La mano de Alec se detuvo sobre la siguiente puerta de la derecha, sin prestar demasiada atención cuando esa tampoco se abrió, en cambio se volvió hacia el brujo porque no había querido pensar en qué pasaría con ellos al salir de allí; no quería pensar en que Magnus no quisiera volver con él, en tener que separar a Max y Rafe del brujo o en tener que alejarse y perder a sus niños; no quería pensar en ninguna de esas opciones, pero lo había hecho. Magnus en cambio, parecía no haberlas considerado siquiera:

- El loft es tu hogar- Alec sintió que perdía el aliento, porque había escuchado esas palabras antes, en sus alucinaciones mientras estuvo en la celda, y entonces sintió que no las merecía, el sentimiento no había cambiado -… nuestro hogar – Y sin embargo Magnus hablaba como si fuese lo más obvio del mundo. – Aunque tendremos que adaptarlo para ese par de terremotos.

- Magnus…- Ahogó.

- No digo que pueda volver contigo ahora - Susurró y fue una octava más bajo; Alec asintió bajando la mirada - Tenemos una larga autopista de cosas por hablar y resolver antes Alexander – Dijo con seriedad, dejando claro que no solo estaba haciendo la vista gorda al gran elefante rosa en la habitación – Pero no voy a permitir que Sebastian gane y destruya nuestra familia.

Alec asintió con el corazón latiendo ante el rayo de esperanza, eso era más de lo que había esperado, de lo que merecía. Dejó de insistir con la puerta que no abrió y en cambio giró a la siguiente, sobresaltándose cuando les dio paso a lo que parecía ser un gran salón principal con un trono en la pared posterior justo delante de lo que parecían ser dos ventanas, una que daba a un hermoso paraje europeo que se mantenía en calma, con el brillo lejano de lo que parecían ser la torre de los demonios en Alacante; el otro daba a las llanuras de Edom donde la batalla continuaba en medio del caos. Toda la sala estaba cargada con un aura realmente pesada, un poder demoniaco que hizo inquietar las tres Joyas de Edom con las que contaban.

E hizo inquietar a Alec por lo familiar que parecía. Porque él había estado allí no hacía muchas horas, mientras el demonio jugaba con su mente en la celda. Sintió el aliento atraparse en sus pulmones ante el panico porque entonces, en esa pesadilla el lugar estaba lleno de sangre y cuerpos.

Magnus se llevó una mano al pecho, al punto donde estaba la gema del collar; Jace realizó un gesto similar aferrándose al anillo que colgaba en la cadena en su pecho e ignorando el golpeteo de la diadema en la bolsa atada a su cintura. Ambos miraron a Alec en espera de una explicación, pero el ojos azules ajeno a esto examinaba la habitación con ojos muy abiertos: él había estado buscando la escalera que escondida en el muro que lo llevaría hasta Clary; tenía que haberse dado cuenta que algo iba mal porque de hecho no había encontrado ninguna escalera hasta ahora.

- ¿Dónde estamos? – Preguntó Jace con sospecha, su cuchillo serafín listo para atacar o defender en cualquier momento.

- Yo… no estoy seguro – Admitió mirando en todas direcciones en busca de una salida: habían entrado por una puerta lateral; y además de esa y los dos ventanales solo estaba una puerta doble y ornamentada al otro lado del salón; tenían que salir de allí cuanto antes, evitar que les hicieran daño, que Magnus terminara como lo había visto en esa terrible pesadilla.

- Deberíamos volver – Sugirió Magnus retrocediendo un paso y girándose; jadeando cuando se encontró con la puerta por donde habían entrado cerrada. Intentó abrirla sin éxito – Está bloqueada.

- ¿Qué? – Jace se adelantó para intentar abrirla; no había manera, el pomo ni siquiera giraba. Magnus se volvió a Alec: la suavidad en su expresión había desaparecido.

- ¿Por qué nos trajiste aquí?- Acusó.

- No lo hice, intentaba llevarlos con Clary – Se excusó el ojos azules intentando no sentirse herido por su desconfianza, sabía que no tenía derecho a ello. - Esto parece…

- El salón principal – Susurró Jace; había escuchado la orden de Sebastian a Alec de esperarlo en ese lugar; Magnus también lo hizo, mirando de Alec a las puertas antes de estirar sus manos a Jace de forma exigente.

- ¡Dame las joyas! - El rubio se dio prisa en arrancar la cadena de su cuello para sacar el anillo y colocarlo en el dedo de Magnus.

- Ni en mis más locos sueños, era yo quien te ponía un anillo – Susurró el rubio dándose prisa para tomar la diadema de su cintura, cambiando de opinión cuando escucharon el movimiento al otro lado de la puerta por la que acababan de entrar.

Los tres retrocedieron con cautela; Alec hizo nota de como Magnus sacaba una espada en lugar de despertar su magia, Jace alzó su cuchillo serafín y él preparaba su arco y flechas; de alguna manera, ninguno parecía muy confiado de que la puerta aparentemente cerrada impidiera que entrara lo que fuera que estaba del otro lado.

Y no se equivocaron, la puerta se abrió de golpe prácticamente rebotando contra la pared mientras embestían contra ellos.


- ¡Mamá! – Max exclamó adentrándose en el patio donde Maryse se encontraba. La nefilim alzó la mirada y su expresión se descompuso en angustia en solo un instante.

- ¡Max espera! – Gritaron tanto ella como Kaelie; una desde el frente la otra a su espalda. El muchacho se detuvo a tiempo para evitar ser aplastado por la pesada cola con ganchos de un Demonio Dragón. Kaelie lo tomó de la camisa halándolo hacía ella mientras Maryse lo miraba perpleja: una cosa era no tener entrenamiento alguno, otra muy diferente era lanzarse al peligro sin detenerse a mirar su entorno ¿Acaso las hadas no le habían enseñado un mínimo de sentido común?

- Toma esto – Susurró Kaelie entregándole un segundo cuchillo que llevaba en su cinto, sin apartar la mirada del demonio – Cuando te diga, corre directo a Maryse y dale las armas.

- ¿Qué? – Se desconcertó.

- ¡Ahora! – Gritó ella empujándolo mientras arrojaba una tercera daga hacía el dragón, corriendo en su dirección con la estilizada espera Feéra enristrada. Max perdió un segundo distrayéndose en mirarla arrojarse sobre el demonio, pero rápidamente negó para sí mismo echando a correr todo cuanto daban sus piernas en dirección a Maryse. Sus ojos grises fijos en su objetivo, su madre; mientras sus oídos intentaban adivinar si todo iba bien con Kaelie o si la distracción no había funcionado; pero solo captaba el sonido del acero golpeando contras las escamas del demonio.

Maryse lo recibió a prisa tomando las dos dagas de la mano de su hijo, sujetando a Max de los hombros.

- ¡Mantente seguro! – Le ordenó antes de lanzarse a por el demonio. Max masculló una mala palabra en idioma Fey ¿Mantenerse seguro? Él no era un inútil, sabía defenderse; quizás no tan diestro como los demás, pero no era un indefenso.

Escuchó a Maryse gritarle un par de indicaciones a Kaelie y como la reina hada asentía. Rápidamente cada una atacó al demonio, por un lado, Kaelie clavó la delgada espada en la pata trasera de la bestia y en lo que el demonio se volvió hacia ella rugiendo furioso, Maryse saltó desgarrando con la daga la sensible piel de la porción interna de una de sus alas. La criatura chilló adolorida arrojando una llamarada de fuego en dirección a Kaelie.

Maryse saltó para sacarla del camino y la reina se apresuró en buscar algo entre sus bolsas. Max abrió los ojos horrorizado cuando notó la sangre en el abdomen de ella, su herida debía haberse reabierto y sin embargo eso no había mermado su determinación.

El nefilim tomó la piedra más grande que era capaz de maniobrar y la arrojó. Maryse y Kaelie eran las mujeres más importantes de su vida, sus madres y no había manera de que él se quedara de brazos cruzados viéndolas luchar porque no estaba dispuesto a perderlas como a Robert.

La piedra golpeó en el pecho del demonio, no estaba tan mal, aunque había apuntado a la cabeza. La distracción valió para que Kaelie finalmente sacara lo que buscaba: una cuerda de lianas tejida por hadas. Le estiró uno de los extremos a Maryse quien saltó para enganchar el ala buena del demonio.

La criatura se removió al ver una de sus alas heridas y la otra inmovilizada. Su cola moviéndose como látigo de un lado a otro buscando lastimar a cualquiera de ellas, pero las dos mujeres lo sujetaban firmemente, con toda la intención de mantenerlo sometido.

Y Max solo podía ver como el esfuerzo hacía crecer más y más la mancha roja en el abdomen de Kaelie.

- Max, toma una de las dagas – Exclamó Maryse entre dientes por el esfuerzo en una petición que incluía una clara implicación. El chico asintió deslizándose por debajo de una de las arremetidas de la cola del dragón sujetando la daga del suelo y llevándose una mano al bolsillo. Por un segundo fue como si el tiempo se detuviera cuando sus dedos se encontraron alrededor del delgado y cálido artefacto que había pertenecido a su padre: su estela.

No se la había devuelto luego de realizarle las iratzes, quizás si lo hubiese hecho él aun estaría vivo, quizás no; no tenía manera de saberlo, así como no tenía forma ahora de que su padre supiera que él quería ser un Lightwood… porque lo era.

Y era un Nefilim.

Trazó a prisa una runa de poder angelical en la hoja de la daga fey incorporándose para clavarla en el centro del pecho del demonio. El icor estalló en todas direcciones cubriendo a los tres mientras la criatura fallecía entre agonizantes aullidos. Maryse y Kaelie cayeron al suelo cuando el objeto sobre el que hacían tanta fuerza se desplomó. Max también se dejó caer, mirando fijamente sus manos que temblaban violentamente: lo había matado, había matado un demonio por primera vez.

- Espero que esta vez sí se extingan los malditos – Masculló Maryse con un suspiro de alivio. Kaelie asintió riendo con una mezcla de alivio y dolor por su herida. - ¿Están bien? – Max asintió viendo a la nefilim incorporarse y dirigirle una mirada minuciosa antes de decidir creerle y volverse a Kaelie a quien tenía más cerca para ayudarla a incorporarse.

- No es tan profunda como parece – Dijo Kaelie aceptando la ayuda de ella. Max las observó no pudiendo evitar una ligera sonrisa al ver cómo Maryse inspeccionaba su herida buscando una manera de ayudarla con un vendaje improvisado con la camisa superior de Kaelie.

Se acostó en la arena gris de Edóm, permitiéndose un segundo de alivio mientras las escuchaba en su rápido intercambio de palabras.

- Sebastian sabe que tenemos las joyas – Informó Maryse. – Tenemos que reunirlas todas antes de que consiga a Jace y Robert…

- Robert está muerto – Dijo la hada sin ningún tipo de preámbulo; Max apretó los ojos al escuchar el jadeo ahogado de su madre; Maryse se había detenido en su labor de vendaje improvisado con una clara pregunta en su mirada – Fue el Rey Unseelie.

La expresión de Maryse se volvió dura, una expresión de odio hacia el regente de la Corte Oscura, que prometía hacerle pagar en cuanto salieran de esa situación. Se apresuró en terminar el vendaje exclamando a Max sin mirarlo.

- Levántate – Le ordenó – Tenemos que irnos de aquí y darle el brazalete a Magnus, acabemos con esto – El muchacho asintió guardando la estela de su padre en su bolsillo e incorporándose para acercarse a las dos mujeres haciendo que Kaelie se apoyara en él para ayudarla andar.

Maryse apretó el arma dispuesta a ir al frente, los tres girándose para volver al interior de la fortaleza y deteniéndose de bruces cuando lo que encontraron fue un grupo de tres demonios Hellhount rabiosos y en medios de ellos Sebastian con una sonrisa aún más peligrosa.

Kaelie se enderezó de inmediato dispuesta a la batalla dando un paso al frente para dejar a Max protectoramente tras suyo.

- Maryse… Maryse – Chasqueó la lengua el rubio con sorna - ¿Qué decías sobre un brazalete?

_OO_OO_

¿Qué les pareció? Realmente espero que les gustara; el próximo capitulo se llama Las Joyas de Edom; y finalmente el tan esperado enfrentamiento contra Sebastian; lo subiré el sabado.

Nos leemos pronto

Besos :3