Gabriel no se lleva bien con nadie, pero ni modo. Al menos Gustave pudo conversar con Adrien, y analizar su petición. Por su parte, Emma y Marinette comparten un momento charlando de cosas del futuro. ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!


Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!

Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIA

Sugiero no beber líquidos durante la lectura de este capítulo. Podría contener spoilers de la tercera temporada.

Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.


"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")

Capítulo 15: Tiempo en Familia

Mansión Agreste. París.

Jueves, 20:17 hrs.

Hay que poner las cosas en perspectiva: Gustave era a los negocios lo que Gabriel era al mundo de la moda. Un lobo, hombre de gran astucia e instinto para moverse por el mundo de las inversiones como un depredador en su momento cúlmine. Un crack. Fue el menor de tres hermanos, un hijo muy tardío de sus padres. Su familia también se había dedicado a los negocios, y si bien Gustave había heredado una pequeña fortuna de sus padres cuando estos fallecieron, la mayor parte de su patrimonio lo había ganado él mismo y a pulso. Era tan solo siete años mayor que sus sobrinas Amelie y Emilie, con quienes se había criado prácticamente fungiendo el rol de hermano mayor.

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

Las gemelas Graham de Vanilly habían sido hijas de padres adolescentes que no superaban los 16 años al momento de su nacimiento. Juliette, la madre de las niñas y hermana de Gustave, había querido darlas en adopción, y Travis, el padre de ambas, un muchacho bastante inmaduro, las reconoció a regañadientes. La abuela materna plantó los pies y no permitió que se las alejara de su lado. Fue así como los Graham de Vanilly les dieron el apellido, pero quienes terminaron criando a las gemelas como hijas fueron los abuelos D'Alençon. Juliette nunca se hizo cargo y se desentendió rápido de las niñas (pese a que estaban en su misma casa), no así Travis, quien a medida que él mismo crecía y maduraba, más se involucraba con ellas.

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

A lo largo de su vida, Gustave siempre se había mostrado, y seguía siendo, muy protector con las gemelas, más cuando Emilie comenzó a mostrar interés por Gabriel, a quien nunca tragó del todo. Si lo toleraba se debía únicamente por el cariño que le tenía a su desaparecida sobrina y ahora a Adrien, pero eso apenas garantizaba un trato mínimamente cortés con su cuñado. Insisto, a Gustave nunca le había gustado el sujeto, siempre le había dado mala espina y se mantenía muy a la defensiva en todo lo que refiriese a Gabriel Agreste. Esto solo se había exacerbado después de la desaparición de Emilie. ¡Nada le sacaba de la cabeza a Gustave que Gabriel había tenido algo que ver! Su instinto nunca le fallaba y había aprendido a darle crédito. ¡No tenía dudas al respecto! Pero tampoco tenía pruebas.

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

Por razones obvias, Gabriel tampoco soportaba a Gustave. Era un odio parido el que le tenía: primero porque el hombre había hecho lo imposible para evitar que se casara con Emilie y luego porque no perdía oportunidad de molestarlo con toda clase de peticiones y exigencias. Insistía en que llevara a Adrien a las reuniones familiares de los D'Alençon, lo demandó para tener derecho a visitarlo libremente, hacía preguntas incómodas sobre Emilie y era un odioso malparido con él. Estaban en igualdad de condiciones. Gabriel sospechaba que Gustave tenía alguna idea de lo que le había ocurrido a Emilie, por lo que tenía que mostrarse extra cuidadoso con él: si el hombre llegaba a enterarse de qué había pasado con su sobrina y en donde estaba, sería su fin en todos los niveles imaginables.

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

Aquella bocina sonaba insistente desde el frontis de la mansión como si estuviera anunciando la venida del Apocalipsis. El ruido llegó hasta su despacho con estruendo incesante, incluso haciendo vibrar los cristales. Nathalie dio un brinco del susto cuando empezó a sonar, igual que él, quien al acercarse al ventanal para ver de qué se trataba tamaño escándalo, apretó los dientes y las manos. Allí, el mercedes negro de su tío cuñado se veía tan tranquilo mientras resonaba esa bocina. Algunos viandantes en la calle se tapaban los oídos y de los edificios cercanos se asomaban para ver qué ocurría.

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

-Creo que no se va a aburrir.

-¡Por supuesto que no! ¡Ese connard no se va a ir hasta que vea a Adrien! ¡Nathalie! -Gabriel se volvió hacia su asistente. -¿Acaso Adrien lo llamó para acusarme de su castigo?

-No señor. Las líneas telefónicas de la casa han estado vigiladas y Adrien no tiene su celular desde el lunes. Tampoco acceso a internet. ¡Imposible que lo haya llamado!

¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK!

-Quiero un informe de todas las llamadas salientes de la casa, por si acaso. Puede que se haya escabullido para llamar. -Gabriel golpeó el vidrio. -Aunque no debería sorprenderme. ¡Abre el portón y déjalos entrar!

Era común que Gustave hiciera visitas a Adrien. De hecho, al menos lo visitaba una vez al mes y sabía que mantenían contacto telefónico muy seguido. Tenía que reconocer que como tío, Gustave era bastante preocupado. Un hijo de p**a, sí, pero preocupado por su familia. Gabriel, indignado, salió cuál vendaval de su despacho en dirección a la entrada principal de su mansión. El escándalo de la bocina había cesado y en el momento en que abrió las puertas de su casa, el auto se estaba deteniendo frente a las escaleras. Con las manos en las caderas y aires de superioridad, Gabriel esperó a su jurado enemigo con Nathalie de pie detrás de él.

Antoine Foissard, el asistente ejecutivo de Gustave, se bajó del vehículo y se mantuvo a la derecha de la puerta del auto, pero no la abrió en seguida. Madame Colette Bardot detuvo y se bajó, echando un vistazo a su alrededor como buscando amenazas. La mujer caminó entonces con paso calmado y luciendo una sonrisa burlona hasta ubicarse a la izquierda de la puerta de su jefe. Al cabo de unos segundos, quizás para añadir mayor dramatismo, abrió la puerta con parsimonia. Solo entonces Gustave se bajó del vehículo, fijándole una altiva y enojada mirada a Gabriel, quien tuvo un tic en el ojo.

Gustave ajustó sus lentes y le hizo una seña a Antoine con la mano para que lo siguiera. Comenzó a subir los escalones ajustando su traje, de impecable confección, aunque no de la marca Agreste sino de la competencia directa. Se detuvo frente a Gabriel con las manos en los bolsillos y escaldándolo con la mirada. Por un tenso momento, ninguno intercambió palabras.

-¡¿Tenías que hacer este escándalo?! -Exigió saber Gabriel una vez que lo tuvo al frente. -¿De qué clase de arrabal vienes que te crees que...?

-¡Del mismo que vienes tú! No te hagas el fino, que sé de dónde saliste. -Lo atajó Gustave entrecerrando los ojos. -¿Se puede saber por qué se me negó el acceso a mi sobrino–nieto? Agradece que no tengo tiempo de ir a tribunales a exigir el cumplimiento de la sentencia.

-No llamaste. -Respondió Gabriel con los dientes apretados.

-No tengo que hacerlo. -Gustave se quitó los lentes y los revisó. -Y sí, llamé antes de venir. -Añadió como quien le resta importancia al asunto.

-Como cinco minutos antes de activar esa bocina infernal.

Se produjo otro silencio entre ambos, tan tenso que se podía cortar el aire con un cuchillo. Gabriel no tenía muchas opciones, sabía que no podía negarle a Gustave que viera a Adrien: por él que nunca lo hiciera, pero en serio sabía que si se negaba en ese momento, el hombre iniciaría otra batalla legal nada más por incordiarlo. Ambos tenían fortunas muy similares y podían darse el lujo de pagar abogados caros e iniciar largos procesos judiciales solo para incordiar al otro. Gustave le hizo entonces una seña a Nathalie a manera de saludos.

-Buenas tardes, mademoiselle Sancoeur. -La saludó con cortesía. Entonces se volvió hacia Gabriel. -Tu secretaria dijo que no podías atenderme... ¡y mírate nada más! -Añadió con sarcasmo, a sabiendas que Nathalie detestaba que la llamaran secretaria. Gabriel también odiaba que la trataran así.

-¿Qué necesitas, D'Alençon?

-De ti nada. -Siseó Gustave. -Vine a conversar con mi sobrino.

-Es tarde, día de semana y mañana tiene clases. ¡No puedes!

-¿Qué no estaba en una sesión de fotos? Dile a tu secretaria que se ponga de acuerdo contigo antes de mentirme.

Gabriel le hubiera dado un puñetazo ahí mismo a Gustave, pero se contuvo. Bah. ¡Mientras antes Gustave viera a Adrien, antes se iría! Mejor acababa con esto pronto.

-Que sea rápido y te largas. -Gabriel se dispuso a entrar a su casa y encerrarse en su despacho. Sin embargo, se detuvo junto a Nathalie. -Escucha esa conversación. -Le ordenó en un susurro antes de entrar a la mansión.

-Por aquí, Monsieur D'Alençon.

Nathalie le indicó la puerta con su típica frialdad. Gustave esperó hasta perder de vista a Gabriel antes de hacer caso a Nathalie. Asintió con la cabeza en señal que la había escuchado, pero no entró en seguida a la mansión. Antes bien, les hizo una seña a su guardaespaldas y asistente para que se acercaran un poco.

-Asegúrense que mi conversación con Adrien se mantenga privada, por favor. -Les pidió con firmeza.

-Monsieur. -Colette estiró el brazo y le ofreció un pequeño objeto electrónico con forma de cubo, no mayor a la palma de una mano. -Esto le servirá. Y déjeselo de regalo al muchacho. -Le dijo sonriendo.

Gustave sonrió y tomó el cubo, guardándoselo en un bolsillo. Entonces giró se dio la media vuelta y se dirigió hacia la entrada, pasando de largo junto a Nathalie.

-Lo llevaré con el joven Agreste, Monsieur. -Ofreció Nathalie, entrecerrando los ojos al ver las confianzas que se tomaba Gustave.

-Puedo solo, Nathalie. Conozco el camino. -Le gruñó Gustave sin detenerse y seguido de cerca por Colette Bardot, quien ni siquiera la miró. Nathalie tomó aire y se dispuso a seguirlos. Esto iba a ser muy incómodo.

Entonces la rodearon con un brazo, deteniendo su avance. Antoine Foissard la miraba con cara de circunstancias y una sonrisa llena de burla y doble sentido. Nathalie tuvo un tic en el ojo.

-Y bien, mi querida Nathalie. -Antoine se ajustó los lentes sin perder la expresión ni por un instante. Estaba a segundos de desconcentrar a su colega asistente por los siguientes dos días y quería disfrutar de aquello. -¿Ya te metiste en la cama del jefe?

¡PLAAAF!

Nathalie lo empujó para que la soltara y acto seguido le cruzó el rostro de una bofetada que resonó con un estupendo eco, antes de alejarse indignadísima y a pisotones hacia el interior de la mansión, en pos de Gustave y Colette. Atrás, Antoine se sobaba la mejilla sin dejar de reír.

-¡Valió la pena!


Residencia Dupain-Cheng. Habitación de Marinette.

En esos momentos. 20:25 hrs.

Marinette levantó la cazadora de Emma y la revisó, tomando medidas mentales. Se veía de buena calidad, pero sin duda estaba muy usada. Era muy práctica, estaba llena de bolsillos y todos cumplían con su propósito. Necesitaba una lavada urgente, pero Emma no había consentido que la echaran a la lavadora. Suspiró y la dejó a un costado, doblada junto al resto de cosas de la chica.

Emma había vaciado sus bolsillos sobre el escritorio antes de quitarse la cazadora. Su set de cuchillos de lanzamiento, celulares, artilugios varios, chocolates, un set de ganzúas, llaveros, entre otros estaban apilados sobre la superficie del mueble. Marinette parpadeaba sorprendida.

-¡Sigo sin poder creer todo lo que te guardas en los bolsillos!

-Y eso que no has visto mi mochila.

Emma se estaba secando el cabello con una toalla. Se había pegado una ducha rápida, incluso lavándose el cabello. Estaba vestida, a excepción de sus zapatillas y la cazadora, y se la veía de bastante buen humor. ¿Quién no, después de una ducha caliente y jabón?

-La oferta del secador sigue en pie. -Le dijo Marinette, mientras le pasaba un cepillo.

-Naaah, estoy bien con la toalla. -Emma dejó la toalla a un lado y sacudió la cabeza con fuerza. -¡Como nueva! Vuelvo a ser persona otra vez. ¿Dónde dejo esto?

-La colgamos en la terraza, dame. -Marinette tomó la toalla de las manos de Emma, saliendo a su terraza por unos instantes. -¡Traje bocadillos! Sírvete. -Le gritó desde la escalerilla que salía hacia el exterior.

-¿Los que están en tu escritorio?

-Sí.

Emma volvió la mirada hacia donde le había indicado Marinette. Junto a su pila de cachivaches, había un plato con algunos croissants dulces y salados y un vaso con leche chocolatada. ¡Oh leche! La chica casi se pone a dar saltitos de emoción, pero se contuvo. Una tenía que ser digna. Bebió un buen sorbo, disfrutando cada segundo del sabor, antes de detenerse para tomar un croissant y comerlo. Le echó entonces un vistazo a la habitación de Marinette: no era tan gigante como la de Adrien, sino más bien pequeña, pero muy acogedora y alegre. Era de todo su gusto: si alguna vez pudiera tener una habitación para ella, sin duda sería como esta. Quizás no del mismo color, ella era más de verdes y naranjas, pero a esto aspiraba.

-AMO tu habitación. Dijo Emma al ver a Marinette entrando de regreso.

-¡No tiene nada de especial! Esto ni siquiera era un cuarto, era un ático. Mis papás lo reformaron hace varios años.

-¡Pues entonces amo tu ático! Creo que aquí sí podría dormir. -Emma se sentó en el chaise longue, con su vasito de leche, sin dejar de mirar su entorno -Ni de chiste dormiría en una habitación como la de Adrien.

-¿Ah no?

-Es muy abierta. No me gustan las cosas muy abiertas.

-Al principio me daba miedo dormir aquí. -Confesó Marinette sentándose junto a su hija. -Antes dormía en un cuartito pequeño que había junto a la habitación de mis papás. Cuando tenía seis años hicieron reformas en todo el edificio, incluida la casa y ese cuarto desapareció para ampliar el de mis papás. Arreglaron este ático para que fuera mi habitación. Me costó un poco acostumbrarme.

-Creo que te comprendo… aunque en mi caso… no duermo lejos de mis padrinos. Apenas una habitación más allá. -Emma suspiró. -Louis dormía en la habitación de junto, y cuando se cambió más lejos, pasé un poco de miedo, pero no le digas.

-¿Por qué se cambió?

-Porque decía que necesitaba más privacidad y espacio y que ya estaba mayor. Mis padrinos le concedieron el punto. Tenía como 18 cuando lo hizo. -Emma se sopló el flequillo. -Todavía no se muda con Maeve en todo caso.

Marinette se encogió de hombros, sonriendo. Miró el vaso de leche casi vacío que Emma tenía en las manos y suspiró: debió haber traído más. Se levantó para buscar los bocadillos y al regresar con su hija, dejó el plato en el chaise longue y se sentó en el suelo. Emma no perdió tiempo y la imitó, cruzándose de piernas.

-¿Quiénes son tus padrinos? -Preguntó Marinette muy atenta. Emma parpadeó un par de veces, como meditando si le decía o no. Pero bueno, a estas alturas del partido le había dicho tantas cosas del futuro que si le decía una más no tenía importancia.

-Mi madrina es Kagami Tsurugi. -Le confesó con calma. -Está casada con mi tío Luka, pero él no es mi padrino, sino el de Louis. Ellos nos criaron.

-Oooh. ¿Y quiénes eran los padrinos de Hugo?

-La tía Alya y el tío Nino. -Dijo Emma con calma. -Siempre he querido saber por qué Hugo tenía dos padrinos y Louis y yo solo uno. Supongo que nunca lo sabré.

-No sé. -Dijo Marinette sonriendo. -Supongo que debió haber habido una buena razón para eso. -Añadió divertida.

-Seeeeh. Igual esos dos terminaron de criarnos juntos, así que como que da lo mismo.

-Ooooh, ¿Así que Luka y Kagami? -Marinette miró al cielo con estrellas en los ojos. -¡Qué linda pareja! ¿Cómo no pensé en ellos antes?

-Jejejeje, se casaron al año después que ustedes… bueno. Ya sabes.

Marinette sintió un vuelco en el corazón, pero no dejó que eso la amargase. Había decidido que cada cosa que le contaran Emma o Louis sobre el futuro le ayudaría a tener argumentos para cambiar el futuro y no dejarse matar tan fácil. Más que nunca tenía que sobrevivir.

-¿Fueron buenos padrinos?

-Son los mejores. Para lo tranquilo que es, el tío Luka es medio cabezota a veces, pero no lo culpo. Mi madrina lo enriela rápido.

-¿Qué me cuentas de los demás? ¿De Alya y Nino…?

-Casados. Siguen siendo Rena Rouge y Carapace.

-¿Qué hay de Rosie, Juleka, Nathaniel…? ¿De Iván y Mylene? Ya sé que Alix es Bunnix, pero ¿qué es de ella? ¿De Kim?

-Rosie se casó con el rey Alí de Achoo; lo que sorprendió a todos, porque la shippeaban con la tía Juleka: nos envían suministros por medio del mercado negro y algunas ONG's de ayuda. La tía Juleka está casada con Marc Anciel y se dedican al contrabando y logística: nos consiguen suministros. Ella trabaja con madame Anarka en su barco… contrabandean de todo y cada tanto hacen incursiones piratas en las instalaciones de la Strega. El tío Nathaniel… -Emma se calló unos instantes. -También es parte de la Resistance: maneja a la red de informantes. De hecho, muchos de tus amigos y compañeros son miembros activos. Lo que sí el tío Nate está bajo mucho estrés…

-¿Por qué?

-La tía Chloé.

-¿Lo sigue amargando? ¿Qué le pasa a esa mujer? -Gruñó Marinette empuñando las manos. -¿Es que no ha aprendido nada?

-Sí, lo amarga, pero no en ese sentido: esos dos se adoran mucho… ocurre que la tía Chloé está muy, muy enferma y conseguir sus medicinas está cada vez más c**rón.

Emma se arrepintió en el acto de haberle dicho eso a Marinette, pues del enojo pasó a la sorpresa y al espanto en cosa de segundos. No sabía cómo sentirse al respecto: Chloé le caía mal y habían sido adversarias ya mucho tiempo, pero sin duda que su situación de salud en el futuro no la hacía feliz. Reprimió un puchero y tomó aire.

-¿Qué tiene?

-Algo autoinmune. Siempre olvido el nombre de su enfermedad, pero de que le hace m**rda la vida, se la hace m**rda. El tío Nathaniel se amarga mucho… y Pascal también.

-¿Quién es Pascal?

-El hijo del tío Nathaniel y la tía Chloé. Es mi mejor amigo. -Dijo Emma abrazándose las rodillas. Se sopló el flequillo. -El tío Iván es psicólogo y el terapeuta colectivo, está casado con la tía Mylene… sobre Kim… -La chica se encogió de hombros, dejándolos caer casi en seguida. -Está muerto. Se sacrificó muy al principio de toda la debacle, por salvarnos a un grupo de niños entre los que estábamos Louis (recién cegado) y yo. Intentó darnos tiempo para escapar y lo consiguió, pero a cambio Schmetterling lo mató y robó su miraculous.

Marinette bajó la cabeza e hizo dibujos imaginarios en la alfombra. No se sentía a gusto, sino todo lo contrario. Mientras más escuchaba a Emma, más ganas le daban de acabar con Lila Rossi lo antes posible. En eso sintió la mano de su hija sobre su hombro, dándole algunas palmaditas.

-Discúlpame, no quise…

-Es bueno que sepa esto. -Interrumpió Marinette decidida. -Me das más razones para evitar mi muerte a toda costa. ¡Si pudiera viajaría al futuro a buscar yo misma a Tikki!

-¡No Marinette!

Tikki, quien hasta entonces se había mantenido oculta en la casita que su portadora le había preparado, salió volando ni bien escuchó eso último. Flotó angustiada hasta quedar cara a cara con Marinette.

-¡Ni se te ocurra! No puedes viajar al futuro a menos que Fluff lo permita, pero aun así, no quiero que vayas al futuro, es peligroso y quién sabe qué…

-TIKKI.

-¿Huh?

Tikki se giró hacia Emma, quien la miraba con los ojos abiertos de par en par y una mano en el corazón. Sintió una gota sobre su cabeza: por lo visto la chica no se acostumbraba a verla. ¡Oh! Tikki sintió un tironcito en su arcano corazón. No le cabía duda de que en el futuro se encariñaría horrores con los hijos de su portadora y por eso estaba segura de que su contraparte en el futuro tendría una severa crisis de ansiedad cuando los viera.

-¡Vaya, hasta que te asomaste! -Le dijo Marinette, tomándola entre sus manos. -No te preocupes Tikki. Si viajo al futuro, tendré cuidado.

-Me preocupo, Marinette. -Le dijo sinceramente. -Y… quería darte un poco de privacidad con Emma.

-Creo que te recuerdo… -Confesó de pronto Emma entrecerrando los ojos y acercándose para mirarla mejor. -Es como un sueño, pero creo que… te recuerdo revoloteando sobre mi cama…

-A lo mejor Tikki lo hacía. Hace eso conmigo cuando estoy resfriada, para asegurarse que estoy bien. ¿Cierto Tikki?

Tikki asintió con timidez. No podía evitar ser maternal con sus portadores o sus hijos, cuando éstos los tenían, estaba en su naturaleza. ¿Podían culparla? Marinette era la Ladybug más joven que recordaba y encima había tenido no uno, sino tres hijos durante su vida. ¡Imposible no encariñarse! Emma le rascó la cabecita.

-Papá Plagg tenía razón sobre ti… eres una lucecita muy agradable.

-¿Plagg te dijo eso?

-Siempre me habla de ti. Te echa mucho de menos.

-¿Por qué le dices Papá Plagg a Plagg? -Preguntó de pronto Marinette.

-Me ha cuidado toda la vida. Cierto, es el kwami de mi hermano, pero nos ha contenido a los dos desde que recuerdo. -Emma sonrió con cariño. -Me cantaba en las noches, me acompañaba si tenía miedo, apoyó mucho a mi hermano durante sus berrinches y sé que lo aconseja.

-¿Louis con berrinches? -Preguntó Marinettte. -Fue por lo que tuvo que vivir, ¿verdad?

-Sí. Le costó mucho aceptar que estaba ciego. Se puso muy difícil y tenía arrebatos notables. Le costó mucho al tío Luka controlarlo y consolarlo. -Reconoció Emma muy triste. -Papá Plagg lo ayudó mucho a sobrellevar ese duelo.

-Eso no suena como Plagg. -Dijo Tikki un poco incrédula.

-Papá Plagg es una caja de sorpresas. Es cosa que te fijes. -Emma solo sonrió enigmáticamente. -Jejejejeje, si Maeve te viera, Tikki, se pondría a fangirlear de lo lindo y a hablar a toda velocidad y nadie le entendería palabra.

Tikki puso una expresión en blanco, pero terminó por sonreír con educación. Como Marinette ya la conocía un poquito más, supo que su kwami estaba algo sonrosada. Carraspeó un poco: mejor cambiaba el tema o Tikki moriría de pena en cualquier momento.

-Emma, me dijiste que pronto comienzas clases en Françoise Dupont…

-¡Ah sí! La próxima semana. No digamos que me emociona mucho, pero con tal de vigilar a la perra de Rossi, yo feliz. -Emma exhaló aire con pesar. -¡Todavía no termino mis planimetrías! Están a punto de prohibirme la entrada a Les Invalides. ¡Así no se puede!

-Pues pronto nos ocupamos de eso. -Le dijo Marinette con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Has pensado en lo que te vas a poner para ir a clases?

-¿Ropa?

-¡Obvio que te vas a poner ropa! Pero… ¿has planeado qué ropa? -Preguntó Marinette con ojos divertidos y calculadores.

Emma la miró perpleja. Tikki sonrió cómplice.


Mansión Agreste. Habitación de Adrien.

En esos momentos

Adrien había estado muy al pendiente del quilombo que se había desatado en el frontis de su casa. Estaba nervioso y muy consciente que contactar así a su tío abuelo podría resultar ser catastrófico. Su padre estaría de pésimo humor por el resto de la semana, pero sin duda que no había tenido alternativa.

Arrugó el ceño e hinchó el pecho: sabía muy bien por qué hacía todo esto y estaba seguro de que Gustave lo ayudaría y con pocas explicaciones. ¡Tenía un plan! Y ese plan consistía en ser honesto. No podía ser de otro modo, pues su tío abuelo tenía el extraño don de detectar cuando le estaban mintiendo y no quería arriesgar que Gustave se enojara con él. Plagg se escondió en su bolsillo al mismo tiempo que Adrien se sentaba en su sillón, fingiendo haber estado leyendo.

-Cachorro, ¿estás seguro de lo que vas a hacer? -Le preguntó Plagg

-¡Segurísimo!

En ese momento se abrió la puerta. Nathalie, con cara de pocos amigos, entró a la habitación y avanzó hasta el centro. Adrien fingió sorpresa y se levantó del sillón, dejando su libro a un costado.

-¿Nathalie?

-Tu tío abuelo está aquí: vino de visita. Sabes lo que piensa tu padre al respecto. -Añadió con un dejo de rencor en la voz. -Los dejo. Monsieur D'Alençon…

Nathalie salió del cuarto, pasando por el costado de Gustave, quien apenas le prestó atención. Caminó hasta Adrien, aprovechando de sacar el cubo de su bolsillo y encenderlo. Lo dejó sobre el respaldo del sillón y alcanzó a recibir el abrazo de Adrien.

-¡Tío Gustave! ¡Qué bueno verte!

-¡Eh, Muchacho! -Gustave lo soltó y le dio un zape. -Por la pelea en la que estuviste metido.

-¡No me arrepiento! -Exclamó Adrien divertido, mientras se sobaba la nuca. Se fijó en el cubo. -¿Eso que es?

-Es un disruptor de señal. Evita que nos escuchen o graben por medios tecnológicos. -Explicó el hombre. -Tengo la sospecha que quieres que esto se mantenga en privado.

-Pues sí. Err… bastante. -Adrien tomó aire y se puso muy serio. -¿Nos sentamos?

Gustave enarcó ambas cejas. Le hizo caso a Adrien y se sentó en el sillón, muy pendiente de lo que podría decirle. Era raro ver al gentil muchacho tan serio.

-Bien, Adrien: soy todo oídos. Antes tenías mi curiosidad, ahora tienes toda mi atención. ¿Qué pasa que llegaste a estos extremos para contactarme?

-El departamento de maman… ¿está disponible? Me gustaría prestárselo a unos amigos.

Gustave se sorprendió: de todas las cosas que Adrien podría haberle pedido, esta era la menos esperada y solo le picó más la curiosidad.

-Explícate.

-Tengo unos amigos, son hermanos, Louis y Emma D'Alençon… -Adrien levantó las manos. -Son de Saint-Jean-Pied-Du-Port. Verás… llevan algunos días en la ciudad y lo están pasando bien mal. Mataron a sus padres hace un tiempo aquí en París y vinieron para ver cómo va la investigación y todo eso, pero se les acabó el dinero y quedaron en la calle… Son buenos amigos, de los pocos que tengo… y los alojaría aquí, pero Père no los quiere en casa.

-¿De dónde los conoces?

-Por la esgrima. ¿Recuerdas el campeonato al que fui hace unos meses? Ahí conocí a Emma. Estaba animando al representante de su colegio. -Adrien se rascó el cuello. -Me los crucé hace unos días en la Place des Vosges y supe de su predicamento…

-¿Y Gabriel no los quiere aquí en casa?

-¡Ni siquiera le he preguntado! Como que intuyo la respuesta.

Adrien se odió a sí mismo por mentirle de este modo a Gustave, sobre todo considerando que al tipo no le pasaban gato por liebre así de fácil. Tenía el extraño don de detectar mentiras, por lo que esperaba que en cualquier momento comenzaría a regañarlo.

¡Todo sea por sus hijos!

-¿D'Alençon? ¿Son parientes?

-Puede que sí. Alguna vez me dijiste que todos los D'Alençon estaban emparentados, que ramas había por montón.

-Pues sí, eso es cierto. De hecho, ni siquiera yo los conozco a todos. ¡Somos legión! Pero… ¿por qué quieres ayudarlos?

-Porque están pasando frío. Louis es mayor de edad, tiene 23, pero es ciego y Emma tiene 17. Han pasado por mucho este último tiempo y en serio necesitan una mano. -Adrien levantó las manos. -¡Te prometo que van a cuidar el departamento! Tampoco saben que estoy haciendo esto, ¡tío, por favor! Si no fuera importante no te lo pediría…

Gustave se cruzó de brazos, se apoyó en el respaldo y cerró los ojos. Adrien sintió como se le helaba el estómago de los nervios: ya había hecho su apuesta y esperaba que rindiera frutos. En serio, si Gustave se negaba ya no sabía que más hacer, aparte de contrabandear a sus hijos entre su cuarto y el de Marinette por el resto de su misión.

-Sin duda que a Gabriel primero se le cae el pelo antes de permitir que dos extraños entren a la mansión. Adrien… ¿Estás seguro de que no son dos extraños que intentan aprovecharse de tu buen corazón?

-Tío Gustave. No me subestimes. -Reclamó Adrien. -Parezco tonto, pero no lo soy: sé diferenciar entre malas y buenas intenciones. Han estado bajo mucha presión y justo ahora necesitan toda la ayuda que puedan obtener, pese a que están reacios. Están muy dolidos. ¡Mataron a sus papás!

-Adrien…

-Si fuera yo quien necesita esa ayuda, ¿no me ayudarías?

-¿Son amigos cercanos?

-Desde que estoy asistiendo al colegio, he conocido gente muy valiosa y gente muy repelente. Son buenos amigos, en serio.

-Eres un buen juez de carácter, eso siempre te lo he dicho, y tu padre un amarguetas. -Gustave se puso de pie y caminó hasta la ventana. -Yo los habría metido a esta casa solo para ver la reacción de asco de Gabriel, pero tienes tu punto. ¡No se diga más!

-¿Me dejarás prestarle el departamento?

-Con la condición de que dejen todo limpio y que puedan aguantarse hasta unos días más. -Gustave lo miró por encima del hombro. -El lugar está en obras, pero debería estar todo listo el próximo viernes a más tardar: iba a ponerlo de nuevo en arriendo, pero supongo que esto toma precedencia.

Adrien dio un brinco y tras dos zancadas le dio un enorme abrazo a Gustave. Este le acarició la cabeza enternecido: sin duda era importante para su sobrino prestar el departamento y se notaba que era por una buena causa. ¡Curioso! Adrien no le había mentido mucho, puede que haya dejado caer una mentirilla por aquí y por allá, pero en esencia había sido más que honesto, lo suficiente como para no hacerlo sospechar. Sí, accedería a esta petición de Adrien, no solo porque le permitía ayudar a dos personas que necesitaban el apoyo, sino también porque si Gabriel se llegaba a enterar de esto, moriría del coraje unas tres o cuatro veces.

-¡Gracias, gracias, gracias!

-¡Pierde cuidado, muchacho! Si es importante para ti, lo es también para mí. -Le respondió el hombre. -Le diré a Antoine que se encargue de entregarles el departamento y de lo demás. Mándame los nombres de tus amigos para coordinar con el conserje y la administración del edificio que ellos vivirán ahí de momento, hasta que arreglen sus problemas. ¿Me dices que el chico es ciego?

-Sí, lo es.

-Bien, también se lo diré al administrador: servirá para que acondicionen los espacios para hacerlos más seguros. -Gustave suspiró. -De lo legal, me encargo yo.

Adrien estaba rojo, pero sonriente, y eso le causó mucha ternura a Gustave. De pronto, le recordó mucho a Emilie.

-Muy bien, queda arreglado eso. Ahora… -Gustave lo miró con mucha seriedad. -¿La pelea por qué fue? Que por algo te castigaron.

Adrien se llevó un buen susto. No esperaba que le preguntaran eso. Retrocedió un poco y se cruzó de brazos, mirando a un costado con el ceño fruncido.

-Un compañero fue muy brusco con una amiga. -Explicó muy escuetamente. -No me arrepiento.

-Define brusco.

-¡La trató pésimo! ¡Le dejó la muñeca moreteada y la jaloneó de su camiseta! -Exclamó Adrien indignado. -¡Así de la nada! Casi se la rasgó en el forcejeo.

¡EPA! Gustave hizo rápidos cálculos mentales. De pronto, la voz de la chica que lo había llamado para pedirle que se pusiera en contacto con Adrien comenzó a resonarle en la cabeza. Además, conocía a su sobrino y sabía que éste no se iría a los puños sin tener una razón de peso… y era propio de un D'Alençon, por mucho que llevara el apellido Agreste, de defender el honor de una chica.

De hecho, era tan común que los miembros de su familia, sin importar el género, se fueran a los golpes al menos una vez en la vida por su persona importante, que hasta ya era considerado una suerte de rito de pasaje. No se era un buen D'Alençon sino hasta que se defendía al amor de la vida.

Oooooh… entonces esa chica sí era la lady… ¡Mejor hacía algunas preguntas extra, que esto se ponía interesante!

-¿Una amiga del colegio?

-Sí. Una compañera. Se sienta detrás de mí en el salón.

-¿Esta compañerita tuya no será de casualidad mademoiselle Dupain-Cheng?

-Sí... -Reconoció en seguida, pero adquiriendo una bonita tonalidad roja… y como el pobre era rubio, se le notó un montón.

-Ah. Ya veo… ¿es una amiga, así como tu novia?

Adrien lo miró con los ojos muy abiertos y decididos, pero rojo como una brasa. Hinchó el pecho lleno de orgullo y no dudó ni un momento.

-No, no es mi novia. ¡Es ma princesse, ma lady! Es el amor de mi vida. -Avergonzado y todo, dijo todo esto decidido y lleno de alegría. Tanta que Gustave hasta abrió la boca de la sorpresa.

-¡Vaya, vaya! Encima lo dices seguro. ¡Rojo, pero seguro!

Adrien no le dijo nada, pero mantuvo su seguridad. Gustave tuvo una linda impresión y se lamentó que Emilie no estuviera aquí para ver a su muchacho con novia ya, y tan seguro, al punto que llegó a defenderla a golpes, arriesgando incluso un castigo. Ahora comprendía porqué Adrien no se arrepentía de haberse liado a piñas en el colegio. Eso lo llenó de orgullo.

-¿Ganaste?

-¡Por supuesto!

-¿Cómo quedó el otro?

-¡Peor!

-Bien. Hiciste bien al defenderla. -Le dijo con seguridad. -Eso sí, espero que sepas que los golpes no siempre son la solución, pero llegado el momento, un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.

-Yo lo sé.

-Además, no sé los Agreste, pero defender a nuestra lady es el modo de ser de un D'Alençon: si no somos capaces de defender con todo a quienes amamos, entonces no valemos la pena. -Añadió lleno de orgullo. -¡El honor de la familia estaba en juego! ¡Yo hubiera machacado a golpes al agresor!

-Gracias tío.

Gustave observó al muchacho. Adrien se pasaba la mano por la nuca, urgido porque sabía que su rostro tenía que estar igual que un semáforo. ¡Tan inocente que era! O no tanto, el chico parecía saber más del mundo de lo que dejaba entrever. Estaba grande y cada vez más maduro: era un buen muchacho y sabía que sería todo un caballero con su chica. Pero…

-¡Tiene novia el chiquillo! Jajajajaja. -Le dijo mientras le revolvía los cabellos. -¿Cuándo la conozco?

-¡Ah, No sé! Déjame advertirle primero: no llevamos mucho tiempo… comenzamos a salir apenas la semana pasada.

-¡¿Y te castigaron esta?!

-¡Ugh, no me lo recuerdes!

-Ouch. Le mandaré flores en tu nombre.

-¡Tío!

-Flores dije. Ya me darás su dirección. -Afirmó severo, levantando la mano. Entonces lo miró burlón. -Adrien… ¿no me estarás pidiendo el departamento para jugar a la casita con tu novia, verdad?

La cara de espanto que le puso Adrien fue de antología. Todo lo rojo que tenía el rostro cambió de sopetón a blanco en cosa de un segundo y se llevó la mano al pecho con violencia, como quien sujeta su corazón a causa de un infarto… aunque en verdad fue para sofocar la carcajada que Plagg casi suelta.

-¡NO! ¡¿CÓMO SE TE OCURRE?! -Farfulló indignado.

Gustave solo se rió a carcajadas.

Continuará.

Por

Misao–CG


Próximo capítulo: De las cosas que se entera Alya

… erupcionó de pronto de la garganta de Alya y todos se voltearon a mirarla. Marinette del susto había pegado un brinco y alcanzó a ver a su amiga retrocediendo un par de pasos y señalándola con la mano. No, en primera instancia Alya no le había creído a Marinette cuando ésta le dijo que llevaba…


Notas finales: Bueno, ahí tienen a Gustave y un pequeño barniz de lo que ocurre en el futuro. Al menos lograron conseguirles un lugar donde quedarse a Louis y Emma en lo que resta de la misión. En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


¡Gracias CuentaOlvidada! Me hace el día que esta lectura haya sido de tu agrado. Y espero que no te decepciones conforme avanzan los capítulos. Sobre Caline… también creo que deberían darle un poco más de tribuna, como personaje es muy interesante. Ten, una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!

Al tío Gustave no le faltan las ganas, créeme, pero bueno. ¡Paciencia Manu! Que esto sigue avanzando. Ten, una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!

¡OOOOOH SÍ! LOS CALLADOS SON LOS PEORES, Randa. Y Adrien es el primerito de la fila, que no en balde es el portador de la destrucción. Félix es un bribón adorable, pero Adrien… demasiado , una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!

Pues… sí, en un par de días pasó de todo Shion. Me alegra que el tío Gustave te haya caído bien: es un desgraciado adorable, moría por presentarlo en sociedad. Ten, una galleta, y ¡GRACIAS POR LEER!