Lamento mucho, pero mucho, muchísimo haber tardado tanto... Debí haber publicado en enero, pero se me complicó. Hace menos de un mes me casé y me han pasado muchas cosas, pero eso no es importante.
Guest: Ya escribí todos los capítulos, así que ya voy a actualizar seguido.
Anna: No he abandonado, tranquila. Ahora publicaré todos los capítulos.
Nancy: La verdad es que siento que no he escrito esta historia tan bien como me hubiese gustado, pero me alegro que te esté gustando.
Capitulo cincuenta y seis
Al borde del abismo
James entró a la comisaría solo acompañado de Jessie. Se negó rotundamente a que Jessie o Meowth lo acompañaran, a pesar de insistieron en todo momento. Había puesto como excusa de que tenían que cuidar de Jamie, pero no era cierto. No sabía por qué lo habían llamado, pero no quería que estuvieran allí. SI caía, caería solo.
Entraron a la comisaria y se dirigieron a una pequeña oficina que contaba con un escritorio, una computadora, un par de sillas y no mucho más. La habitación no contaba con ventanas y le estaba dando miedo.
—¿Me puede decir por qué estoy aquí? —preguntó James, ligeramente nervioso.
Jenny se sentó del otro lado del escritorio.
—Sientese, señor Kojiro.
James parpadeó. Nadie lo había llamado señor Kojiro desde sus maestros particulares. Eso solo lo hizo sentir peor. No le quedó otra que sentarse.
—¿Me permite su Pokedex?
James metió la mano en el bolsillo de su pantalón y se la entregó. Jenny la colocó en una ranura de la CPU y la escaneó.
—La pokedex fue activada hace poco tiempo —comentó la oficial Jenny.
—Se me ocurrió un día ir a la Liga y, como no iba a tener tiempo para viajar y mi novia estaba embarazada, hice el examen de admisión y aprobé —le explicó James.
—O sea que se despertó un día y decidió ir a la Liga…
James se encogió de hombros.
—Si, ¿tiene algo de malo?
—No —respondió la oficial Jenny. Buscó algo en un cajón y puso un objeto sobre el escritorio.
James empezó a transpirar frío. Lo que Jenny puso sobre la mesa era un lector de huellas digitales. Con solo poner su pulgar en el lector saltaría todo su historial delictivo.
—Apoye su dedo pulgar en el lector, por favor —le ordenó Jenny, sin parar de mirarlo a los ojos.
James se mordió el labio y tragó saliva.
—Aún no me ha explicado sobre por qué estoy aquí —le dijo James.
—Se le acusó de intentar robar la Pokemón Tech hace casi un año y también se le acuso de que los pokemón que tiene en su poder son robados.
—¿Y usted le creyó solo porque alguien se lo dijo?
—Es solo el protocolo, no tiene nada que temer —le explicó Jenny, intentando tranquilizarlo—. Apoye su dedo pulgar en el lector, por favor.
James vaciló, pero no tenía otra salida. Apoyó el pulgar en el aparato y esperó. Casi no podía respirar. Jenny lo miraba a él y de tanto en tanto le daba un vistazo al monitor.
—Ya puede retirar la mano —le dijo Jenny, después de unos segundos. Miró la pantalla, con el ceño fruncido—. Tiene un prontuario bastante extenso, señor Kojiro. Robo, estafa, secuestro de pokemón, violación y destrucción a la propiedad privada, vandalismo, resistencia a la autoridad, robo de identidad… y miembro del Equipo Rocket, sin contar que usted está prófugo de la justicia.
James se removió en la silla. Quería salir corriendo e internarse en la cueva más oscura y profunda que encontrara y no salir nunca más.. Sentía que todo el esfuerzo que había hecho por cambiar, ser una mejor persona y comenzar a construir un futuro para él y su familia había sido en vano. No podía perder todo eso solo porque alguien lo había señalado con el dedo.
—No sé quién le dijo eso, oficial Jenny, pero yo no he robado la Pokemón Tech.
Jenny tamborileó los dedos sobre la mesa.
—Discúlpeme, pero no le creo nada.
James se inclinó un poco hacia adelante, ya desesperado.
—He hecho muchas cosas malas en mi vida, pero soy un hombre nuevo. Renuncié al Equipo Rocket, estoy llevando una vida honesta, me enamoré de una mujer maravillosa y hace muy poco tiempo nació mi pequeña hija, Jamie, a la que amo con toda mi alma. No me quite todo lo que he logrado por una acusación sin fundamentos, por favor.
Jenny lo miró con una expresión impasible. James estaba al borde del colapso, ya con la vista nublada por las lágrimas y su cuerpo entero temblando como si fuera una hoja. En ese momento, alguien golpeó a la puerta.
—Pase.
Un policía joven se asomó a la puerta.
—¿Puede venir un momento, oficial Jenny?
La mujer asintió y se levantó.
—Enseguida vuelvo. No haga ninguna estupidez —le advirtió Jenny y salió de la oficina.
James agachó la cabeza. Claro que no haría nada. Sus pokemón habían sido confiscados antes de entrar a la comisaría, había una cámara de seguridad dentro de la habitación y probablemente había dos guardias armados fuera de la oficina. No podría hacer nada aunque quisiera.
¿Qué sería de él ahora? ¿Lo meterían preso? ¿Qué sería de Jessie y Jamie? ¿Y de Meowth y Lunita? ¿Sus amigos? ¿Sus abuelos? ¿Toda la gente que había confiado en él sabiendo su pasado?
Después de unos minutos que le parecieron interminables, Jenny volvió a entrar en la oficina y se sentó de vuelta detrás del escritorio.
—Logré comunicarme con la Pokemón Tech y los directivos de la escuela dijeron que nunca sufrieron un robo en todos los años que la institución funciona.
James suspiró, aliviado.
—Sus pokemón parecen estar en buen estado de salud y no parecen que hayan sido robados.
—Son todos míos —James se secó las lágrimas con el dorso de la mano de la manera más disimulada posible.
—Pero… usted sigue siendo un prófugo de la justicia. Tendré que arrestarlo por los crímenes por los que no lo han condenado.
James sintió que el mundo se le venía abajo. Apenas había sentido que se había salvado y ahora todo se había ido al demonio… estaba perdido. Todo estaba perdido…
Se escuchó un griterío a lo lejos.
Jenny se levantó y abrió la puerta. Antes de que la cerrara al marcharse, James escuchó algunas palabras sueltas:
—¡El no ha hecho nada, déjenlo en paz!
Esa voz era la de Ash, sin duda alguna. También le pareció escuchar una voz femenina que podría pertenecer a Misty. ¿Jessie les había contado al trío lo que había pasado?
El griterío se calmó y James temió que hubiesen detenido a los chicos. Los minutos pasaban y la Jenny no aparecía. Después de casi media hora de estar ahí solo, con la única compañía de la cámara de seguridad que lo vigilaba desde una esquina, la puerta se abrió, pero no apareció una oficial Jenny, sino dos. ¿Lo iban a encerrar?
Extrañamente, una de las Jenny le sonrió.
—Hola, James. Soy la Jenny de Isla Canela, ¿se acuerda de mi?
James la recordó. Era la que lo había interrogado en la cabaña del pokefilico.
—S-si, claro que la recuerdo.
—Mi colega me estaba contando cuando ayudó a atrapar a un pokefílico que había estado abusando de los pokemón desde hacía años —dijo la oficial Jenny que lo había estado interrogando.
—También hice venir a la Joy de Isla Canela y le contó como usted ayudó a los pokemón a recuperarse y que incluso usted y su pareja adoptaron a dos de las víctimas
James asintió. Ni siquiera podía pensar algo coherente y solo se limitó a escucharlas.
—Mire, teniendo en cuenta lo que ha hecho en Isla Canela y que acaba de ser padre, creo que… podría ignorar que usted es prófugo de la justicia y tal vez hasta borrar su estatus de "buscado"
James abrió la boca, pero tardó un poco en poder hablar.
—Sobre Jessie…
—Tambien nos encargaremos de eso —le respondió la Jenny de Isla Canela—. Ya puedes irte.
—Pero ni se te ocurra desviarte del buen camino o te arrepentirás —lo amenazó la otra Jenny. Luego sonrió —. Ve con tus amigos.
James se levantó de la silla y salió de la oficina, temblando y casi tambaleándose del miedo. El corazón martilleaba en su pecho como si se fuera a salir. Al llegar a la recepción de la comisaria, se llevó una sorpresa.
No solo estaban Ash y Misty. Estaban Brock, Meowth, Oak, Gary y Katrina esperándolo. Apenas lo vieron, Meowth corrió hacia él y pegó un salto, trepándose al pecho de James.
—James… —fue todo lo que pudo decir, llorando en su pecho.
Los demás se acercaron a él.
—¿Estás bien, hijo? —le preguntó Oak
—Jessie vino a nuestra cabaña y estaba muy preocupada por ti —le contó Brock.
—No te preocupes por Jessie, Jamie y Lunita; están con la mamá de Ash —continuó Misty.
—¿Por qué te arrestaron? —le preguntó Ash, nervioso.
—Probablemente hubo un error —dijo Katrina, intentando restarle importancia al asunto, pero se la notaba un poco asustada.
—¿Al menos te leyeron tus derechos? —dijo Gary, mirando de reojo a los oficiales, como si quisiera demandarlos.
James estaba tan abrumado y agradecido a la vez que no sabía que decir. Juntó fuerzas de donde pudo para sonar normal:
—Estoy bien —dijo, con una voz no muy firme—. Quiero ver a Jessie, no quiero que se preocupe más de lo que ya está.
—Está en mi cabaña, te acompañamos —le dijo Ash, ya tomándolo del brazo y arrastrándolo hacia afuera.
James tan solo se dejó llevar. Tardaría un rato largo en calmarse y asimilar que estuvo a dos pasos de perderlo todo.
Al entrar a la cabaña de Ash, lo primero que vio James fue a Delia sentada en la mesa al lado de Jessie, quien sostenía a Jamie. Lunita estaba dormida echa un ovillo sobre la mesa.
—¡James! —Jessie se levantó de golpe y fue hacia él—. ¿James, que pasó? ¿Te hicieron daño?
—Está todo aclarado y me liberaron, no te preocupes —le dio un beso en la frente y luego otro a Jamie.
—¿Pero de que te acusaron? —le preguntó Delia.
James carraspeó.
—Alguien me acusó de que cometí un robo en la Pokemón Tech hace casi un año atrás, pero no tenían pruebas y me liberaron.
Jessie frunció el ceño.
—No hay que ser la moneda más brillante de la fuente para saber quien te señaló con el dedo —gruñó ella—. Perdedora resentida, le voy a arrancar la piel a tiras.
—¿De quien hablan? —preguntó Katrina.
—¿De quien va a ser? De la mocosa esa que perdió con James hoy —le respondió Jessie. En ese momento, Jamie se puso a llorar.
—Oh, cariño —Jessie se calmó y empezó a acunar a su hija—. Mami está acá, no llores.
James se dio vuelta para ver al grupo.
—Les agradezco mucho su apoyo —les dijo, emocionado—. Fue muy lindo sentir que no estaba solo.
—Cuando Jessie vino a nuestra cabaña, no dudamos un segundo —le dijo Misty—. Sabemos que eres un buen hombre y que has trabajado mucho para lograr todo esto.
—Les agradezco todo lo que han hecho por nosotros, pero ahora debemos irnos. James tiene su batalla en dos días y necesita descansar.
—¡Es cierto, yo también tengo que luchar! —recordó Ash.
—¿Pasaste a los octavos tu también? ¡Felicidades! —lo felicitó James. Se giró hacia Gary—. En cualquier momento ustedes dos podrían enfrentarse.
Gary sonrió con tristeza.
—Me temo que no. Perdí en la cuarta ronda, en el campo de hierba.
James parpadeó, sorprendido.
—Lo lamento mucho.
Gary se encogió de hombros.
—Bueno, supongo que no me he entrenado lo suficiente. El próximo año lo intentaré de vuelta.
El estómago de James gruñó. Con todo lo que había pasado, se había olvidado de comer.
—¿No has comido nada, James? —Delia se le acercó, preocupada—. Deberian salir a comer con nosotros.
James negó con la cabeza.
—Meowth ya preparó la comida en nuestra cabaña, lo siento. En otra ocasión, quizás.
—Seguramente James quiere reponerse del susto —explicó Oak—. Mejor que esté solo con su familia.
Se despidieron del grupo y regresaron a su cabaña. Apenas llegaron, James dejó a Lunita durmiendo sobre una de las sillas y empezó a comer los takoyakis de Meowth. Estaban delicioso, a pesar de que ya estaban fríos.
—Tendría que estar buscando a esa mocosa del demonio —gruñó Jessie—. Casi nos arruina la vida.
—Olvídalo —James terminó de masticar el takoyaki—. Lo importante ahora es que todo salió bien y ahora podemos seguir nuestras vidas tranquilos, ¿si?
—Pero…
—Sin peros. Mejor siéntate a comer.
Con pocas ganas, Jessie dejó a Jamie en el moises y se sentó a comer con James y Meowth. Mientras almorzaban, James los miró uno a uno y casi no podía creer que había estado a punto de perderlos.
