Hola Hola!

No pudes traerles el capitulo el sabado; no contaba con que no tendría internet; pero aquí está, el comienzo de la batalla. Gracias a 399 por su comentario y a las que siguen leyendo esta historia n.n les dejo leer :D

Parte VI: Sacrificio

Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.

Leal – Veronica Roth

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Capítulo 31: Las Joyas de Edóm

En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.

Napoleón Bonaparte.

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Max se arrastró por el suelo estirando la mano para recoger la bolsa de cuero.

El caos se había desatado con la llegada de Sebastian; los demonios Hellhount arremetiendo contra una Kaelie herida y una Maryse pobremente armada rápidamente las pusieron en aprieto. Las mujeres habían intentado acercarse a Max, pero un zarpazo rasgó la bolsa de cuero en la cintura de Maryse haciéndola caer al suelo. Sebastian había observado todo impasiblemente desde la entrada, disfrutando como si viera un entretenido programa de concursos como las dos mujeres y el chico intentaban hacerse de nuevo con la pequeña bolsa donde sabía estaba brazalete.

Max sintió la textura firme del cuero con la yema de los dedos, pero desistió encogiéndose sobre sí mismo cuando uno de los demonios se lanzó sobre él con garras extendidas y fauces abiertas dispuestas a desgarrarlo por completo. Se paralizó sin ser capaz de siquiera cerrar los ojos; vio a la criatura acercarse en cámara lenta y escuchó a Maryse y Kaelie gritando aterradas.

Y entonces Sebastian finalmente se movió, saltando sobre el lomo de la bestia cortándole la cabeza con su espada de un solo tajo, el cuerpo de la criatura cayó junto al muchacho antes de estallar. Max respingó viendo al rubio bañado en icor.

- Nadie lo toca a Maxwell – Rugió en dirección a los demonios. El más joven olvidó su intento de tomar la bolsa de cuero, acurrucado en la tierra como estaba miró a Sebastián intentando entender lo que acababa de pasar porque ¿Lo había salvado? El rubio evitó que el demonio le hiciera daño ¿Por qué lo hacía? Él había aceptado ya la idea de que no le importaba ni un poco, estaba en paz con eso ¿Por qué Sebastian lo protegía ahora?

Sebastián se inclinó para tomar el bolso cuando esté se iluminó arrastrándose lejos de sus manos hasta las de Max que lo miró sorprendido sintiendo la calidez de la magia Feéra manteniendo el contenido alejado de cualquier demonio, Sebastián incluido.

La ira brilló en los ojos negros de Sebastián fue de ira; dirigió una fea mirada a Kaelie antes de girarse a Max transformando su rostro por completo con una sonrisa encantadora que no llegaba a sus ojos; la misma sonrisa que Max había visto durante los últimos cinco años cuando lo visitaba, cuando le contaba sobre sus proezas en Feéra. Max se preparó para rechazar cualquier insulto u orden, en cambio Sebastian le tendió la mano.

- Dame el brazalete Maxwell – Dijo con amabilidad. Cualquier replica, cualquier intento de discutir, murió en su garganta – No tiene sentido seguir peleando, todas estas personas están muriendo innecesariamente.

- No puedo…- Balbuceó viendo del bolsito a la mano extendida con duda. - Alec…

- Está bien -Aseguró - Sabes que no le haría daño a tu hermano -Casi parecía ofendido de que Max pudiera creer lo contrario; el muchacho se encogió confundido - ¿No lo viste ya? Vinieron para salvarlo cuando él está a gusto conmigo – Dijo – Me ama como siempre lo hizo – Aseguró.

- Te está engañando como hizo la primera vez – Aseguró Kaelie con un grito débil, intentando ponerse de pie apoyada en una roca de mediano tamaño mientras se sujetaba el costado; su vieja herida abierta y empeorada por unas más recientes.

- Podemos volver a ser una familia Maxwell – Continuó Sebastian ignorándola; agachándose para ponerse a la altura del muchacho – Apuesto que te gustaría volver a visitar Praga…- Seguía - Tú, Alec y yo.

- ¡Max no lo escuches! – Gritó Maryse intentando pasar por delante del demonio que la acorralaba, mirando con horror como la duda crecía en su expresión mientras se incorporaba quedando sentado frente a Sebastian, mirándolo a los ojos.

- Es lo que yo también quiero – Seguía el demonio con un susurro encantador, el susurro del diablo que incitaba al peor de los pecados. – Ser una familia, detener esto; nadie más tiene porque morir pequeño Max.

- ¡Well él está mintiendo! – Clamó Kaelie – Te lastimó, lastimó a tu hermano…

- Incluso podremos recuperar a los que has perdidos, traerlos como te traje de vuelta. – Max respingó ante eso, su mano libre viajando a su bolsillo para tomar la estela de Robert. Sebastian podía revivir a su padre. Se mordió el labio ¿Estaba tan mal si tan solo deseaba que ocurriera? ¿Si tomaba la oportunidad que le estaban ofreciendo?

Kaelie miró con horror como el chico extendía lentamente la mano con el bolsito del brazalete. Ella siempre supo que su prioridad no eran las joyas, las prendas solo eran un medio para conseguir el fin que de verdad le importaba: alejar a Sebastian de Max, asegurarse que ese maldito bastardo no siguiera manipulando a su pequeño humano, lastimándolo. Y ahí estaba Max, tan dispuesto a creer que ese ficticio mundo perfecto en el que había vivido durante su infancia podía ser posible a pesar de todo cuanto había descubierto en las últimas semanas.

Y sabía que era su culpa, ella había alimentado esa ilusión por muchos años.

Kaelie no lo pensó demasiado; estaba débil, pero tenía las fuerzas suficientes para empuñar la daga y arrojarse sobre Sebastian. No le iba a permitir seguir arruinando a su pequeño Well.

Lo siguiente ocurrió tan solo en una pequeña fracción de segundo: la expresión de Sebastian mutó, su "encantadora" sonrisa desapareciendo y con un rápido movimiento arrebató el brazalete de las manos de Max empujándolo para derribarlo al suelo antes de incorporarse y girar clavando la espada Morgenstern en el pecho de Kaelie.

- ¡NOOOO! – El grito de Max fue desgarrador. Quiso incorporarse y arremeter contra el rubio o ayudar a Kaelie pero sus oídos zumbaban y no escuchó el grito de advertencia de Maryse, en cambio su rostro se estampó contra la tierra cuando la pata de un demonio Hellhount lo pisó por la espalda, sus garras lastimaban su piel cuando intentó liberarse sin éxito. - ¡Déjala en paz! ¡Iré contigo! ¡Por favor! – Suplicó con impotencia. Las lágrimas de ira e incredulidad distorsionaban su mirada y sin embargo pudo apreciar como Sebastian retorcía la espada en el pecho de la hada, asegurándose de atravesarle hasta llegar a la empuñadura.

- Te habría dejado seguir cuidándolo, pero te encariñaste – Se mofó con el rostro a la altura del de la hada – Y él es mi mascota. - Sus ojos negros mirándola con superioridad mientras los borbotones de sangre se escapaban por los labios de ella que solo reía débilmente con triunfo, confundiéndolo. - Causé la muerte de la anterior Reina Seelie y de la actual ¿Por qué reirías?

- Te acabas de asegurar que Max no se quede contigo – Escupió con una sonrisa de triunfo ante el destello de sorpresa en sus ojos negros. Sebastian se recompuso rápidamente y con un rápido movimiento rompió su cuello, dejando caer el cuerpo sin vida al suelo.

Tomó su tiempo en retirar la espada, limpiando la sangre de la Seelie en la ropa de esta. Max seguía gritando a lágrima viva, llamando Kaelie. Sebastian volvió la mirada hacía él y luego a Maryse que seguía acorralada.

- Llévenlos a ambos al salón principal. – Ordenó, su tono había perdido cualquier falsa amabilidad o paciencia. – Reunámonos con el resto de mis invitados.

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Simon e Isabelle corrieron por Clary; el chico tomó los barrotes forzándolos con su fuerza de vampiro para doblarlos y separarlos lo suficiente para permitirles el paso. Clary sonrió al verlos, era una sonrisa cansada y débil, andrajosa, sucia y bastante pálida.

- ¿Estás bien? – Isabelle fue la primera en hablar, pero fue Simon quien se adentró, cayendo de rodillas para abrazar a su amiga. Clary le devolvió el abrazo con una sonrisa de alivio: nunca había dudado que irían por ella, pero por momentos había llegado a temer que sería tarde.

- Sebastian te hizo daño – Dijo Simon entre dientes, no era una pregunta.

- Estoy bien – Aseguró ella – Debemos ir por él.

- Lo haremos – Aseguró Isabelle – Pero déjanos ver esas heridas antes – Pidió. Había algunos cortes mal curados con vendas sucias de los días que estuvo encerrada. No tenían nada lo suficientemente limpio cerca por lo que la nefilim tomó los extremos más limpios de las gasas tendiéndoselos a Simon quien los tomó usando el agua del termo de Isabelle para humedecerlas mientras ella colocaba una iratze sobre la pelirroja.

- Tienes fiebre – Notó Simon mientras limpiaba las heridas de su amiga.

- Las runas aquí funcionan, pero no demasiado – Lamentó – Voy a estar bien, pero debemos darnos prisa, no sé por cuanto tiempo la poción de amor funcione en Alec y pueda seguir fingiendo ante Sebastian.

- ¿Poción de amor? - Isabelle jadeó, su pulso temblando.

- Sebastian iba a emboscarlos – Explicó ella mientras Simon hacía lo mejor para vendar nuevamente la herida en su hombro – Y esa era la única forma de tener una oportunidad para ustedes, de hacerles llegar un rastro para salir de aquí y mantener a la mayoría con vida.

- ¿Entonces mi hermano no lo ama? – Preguntó esperanzada.

- Alec ama a su familia – Respondió a la pelirroja – Y va a hacer lo que sea por sacarlos de aquí, así como ustedes harán lo mismo por sacarlo a él – El vampiro la ayudó a incorporarse.

Sin perder más tiempo Simon la ayudó a caminar a través de la celda. Subir las escaleras supuso un esfuerzo extra por lo que el vampiro decidió tomar a su amiga herida en brazos.

- Clary está muy débil - Isabelle se mordió el labio – Yo buscaré a Alec.

- No voy a dejarte sola – Negó Simon de inmediato, el recuerdo de la visión que el demonio le hizo vivir, seguía muy fresco en su memoria.

- Tienes que sacarla de aquí – Contravino Isabelle – No puede enfrentar a Sebastian así.

- ¿Y la llevo dónde? – Fue testarudo pasando por el cadáver del demonio – Te recuerdo que afuera está desatado literalmente un infierno.

- La cacería salvaje pueden llevarla a Feéra.

- Chicos sigo aquí – Intervino Clary cuando fue más que obvio que seguirían discutiendo sin pedir su opinión. – Y no creo que sea buena idea separarnos, tal vez no puedo luchar bien pero aun hago las runas más fuertes en este sitio – Razonó y luego preguntó - ¿Dónde está Jace?

- No estoy segura – Admitió Izzy – Accidentalmente nos separamos antes de entrar a la fortaleza.

Siguieron andando, con Isabelle al frente; el lugar estaba desierto algunas puertas no abrían y Simon se dio cuenta que se estaban desviando del camino que habían recorrido al inicio. Ciertamente algo tenía que estar mal, con cada puerta que intentaban abrir sin éxito se incrementaba la impresión de estar atrapados como un hámster en un laberinto, y eso solo aumentaba el deseo de salir de allí, porque peor que una puerta cerrada eran aquellas que abrían dándoles la sensación de estar siendo dirigidos al matadero.

Aunque, suponía, mientras siguieran lejos de los problemas podían considerar que no era tan malo.

Y entonces escucharon voces. Simon dejó a Clary en el suelo e Izzy le tendió una daga que ella asió con determinación. La morena enristró su látigo y el vampiro preparó su espada dispuesto a emboscar a los demonios que estuvieran al otro lado de la puerta.

Esperaron unos segundos, se escuchaban cuchicheos distorsionados por el sonido de pasos y el muro de los separaba… cuchicheos, no chillidos, de hecho, notó Simon, parecían humanos…

- Espera Iz…- Intentó detenerla, pero era tarde, ella había abierto la puerta lanzando un certero golpe con su látigo que resonó metálicamente al golpear contra el cuchillo serafín de un Jace alerta.

El rubio estaba en lo que parecía un gran salón de trono, desierto excepto porque tras él estaban Magnus y…

- ¡Alec! – Clamó Isabelle soltando el arma para saltar sobre su hermano.

- ¡Clary! – Jace reaccionó similar corriendo hacia ella con lágrimas amenazando sus ojos mientras la abrazaba con fuerza; durante un segundo las miradas de Clary y Alec se encontraron ambas cargadas de alivio y agradecimiento. Jace tomó el rostro de su novia besándola repetidamente. Simon y Magnus retrocedieron un poco uno en dirección al otro sintiéndose como intrusos y queriendo darles espacio.

- Creo que lo logramos – Celebró el vampiro sonriente.

- Aun no acabamos a Sebastian – Lamentó el brujo. Simon lo miró confundido.

- Pensé…- Señaló el collar en su cuello.

- Kaelie tuvo que ponérmelo – Suspiró - Casi lo perdemos cuando el Rey Unseelie mató a Robert para quitárselo.

Simon se ahogó, su mirada se estranguló y rápidamente miró a Izzy que apenas soltaba a Alec para darle un puñetazo en el hombro con un "No vuelvas a escapar, idiota"

- Jace, Max y Alec lo saben – Continuó Bane viendo al rubio examinar las heridas de la pelirroja- Pero tal vez quieras esperar a volver para decirle a Isabelle – Suspiró. Simon asintió aun aturdido sin saber qué hacer.

- Esto – Alzó su mano con el anillo – Es precaución; de hecho, la puerta… - Se giró al recordarlo, maldiciendo en centhoniam porque estaba cerrada, y no necesitaba estirar la mano para saber que la habían bloqueado de nuevo.

- ¿Y Maryse? – Simon preguntó preocupado.

- Kaelie y Max fueron por ella – Dijo – Nosotros veníamos por Clary antes de buscar a Sebastian – Sus ojos se estrecharon peligrosamente.

- ¿Estás bien? – Simon se preocupó, tomando su brazo con cautela - ¿Alec está…?

- Él está bien – Negó para si – Pero Sebastian va a pagar por todo lo que nos ha hecho.

- Debemos movernos – Dijo Alec finalmente, mirando con desconfianza el salón a su alrededor- No me gusta este lugar. – Jace asintió, manteniendo a Clary abrazada protectoramente alrededor de los hombros – Creo que Sebastian tiene control sobre la fortaleza, notará si permanecemos todos juntos por mucho tiempo en el mismo sitio.

- Mejor que lo haga – Dijo Jace y sus ojos dorados refulgían en la clara advertencia de hacer pagar al rubio demonio – Quiero encontrarme cara a cara con él.

- De preferencia cuando tengamos todas las joyas – Intervino Magnus.

- Intentemos salir por allá – Alec señaló la puerta principal – Tenemos que buscar a mamá – No conocía muy bien el lugar, pero si la puerta abría esperaba poder dirigir a todos al menos al punto de partida y de allí al patio donde estaba Maryse y entonces, finalmente, derrotar a Sebastian.

El grupo asintió dirigiéndose con cautela a la puerta doble; no sin antes Simon asegurarse que no abriera la que acababan de usar. Sin embargo, no habían llegado siguiera a la mitad del camino cuando esta se abrió dándole lugar a todo un ejército de demonios que se arrojó sobre ellos. Jace tomó a Clary tras él para protegerla mientras repelía a un demonio Kuri. Isabelle azotó con el látigo, espalda con espalda a Simon.

Magnus no dejaba de maldecir mientras sus manos brillaban en azul intentando repeler a un demonio Oni, pero el hechizo fue consumido por las joyas incluso antes de terminarlo. Cayó de rodillas esperando el golpe, pero el impacto nunca llegó: Alec había disparado una flecha directo a la cabeza del demonio. Un Hellhount le impidió acercarse a Magnus, golpeando con su cola a Jace a la vez. El rubio fue arrojado al suelo empujando a Clary para evitar que fuera impactada también; la pelirroja rodó jadeando al impactar sobre sus heridas sin embargo tomó su cuchillo que arrojó al costado del demonio que estalló.

No hubo tiempo para celebrar ese pequeño éxito; al menos tres demonios más ocuparon su lugar. Isabelle corrió entre ellos deslizándose para llegar hasta Clary mientras cortaba a uno de ellos con un cuchillo serafín; Simon en cambio se posicionó cerca de Magnus ayudándolo mientras Alec le daba la mano a su parabatai para incorporarlo y luchar codo a codo.

La batalla se prolongó; eran muchos demonios, cuando lograban acabar con algunos, una nueva tanda se daba lugar, algunos a través de la puerta principal, otros atravesando el ventanal que detrás de uno de los tronos mostraba la imagen de la batalla en la llanura de Edom; habían demonios sencillos como los rapiñadores, inteligentes como los Raum y bestiales como los Kuri; el sonido de los cuchillos serafines, las flechas y el brillo angelical iba de un lugar a otro, el icor salpicando y las heridas aumentaban a medida que el cansancio se hacía mayor.

Habían intentado reagruparse no con mucho éxito, los demonios se habían asegurado de ello apenas dándoles unos pocos segundos de respiro entre ataque y ataque. Era un asco, todos habían considerado la posibilidad de morir enfrentando a Sebastian, pero al paso que iban, ni siquiera llegarían a encontrar al chico demonio.

Y entonces los demonios se detuvieron cuando una fría risa resonó en el salón cortándoles el aliento y erizándoles el vello de la nuca; todos se incorporaron precavidos, buscándose con la mirada, estaban bastante apartados entre si cuando por la puerta principal se dieron paso un par de demonios Hellhount, cada uno empujando con el hocico a Maryse que intentaba resistirse, pero parecía relativamente ilesa y Max que iba con paso trémulo, mirada perdida y un sollozo bajo. En medio estaba Sebastian con una total expresión de burla.

-Aww, ¿no es una emotiva reunión? – Todos enfrentaron sus armas a él aprovechando la inactividad de los demonios. Jace, Izzy y Alec con la vista fija en sus familiares cautivos, aunque parecían relativamente ilesos estaban manchados de barro y sangre.

Simon se acercó más a Magnus la cercanía del hocico de los Hellhount a Max y Maryse era demasiado riesgosa para intentar algo, incluso para la intrepidez insensata de Jace.

- Tal vez sea buena idea ponerte las joyas Magnus – Masculló el vampiro entre dientes. Magnus hizo un gesto estrangulado, Jace todavía tenía la diadema, y eso no era lo peor.

- Apuesto que ahora habría sido buena idea buscar a Maryse primero – Lamentó el brujo con una clara acusación al rubio que él no escuchó, estaba muy apartado para eso.

- Cuantos intrusos – Sebastian seguía mofándose mientras avanzaba en dirección al grupo. Maryse intentó adelantarse, pero el demonio Hellhount gruñó amenazante con los colmillos a la altura de su cintura. – Y tú los ayudas Alexander, me siento herido – Se llevó la mano al pecho en falso dolor, desatando un jadeo colectivo al ver el brazalete en su muñeca siendo exhibido como una señal de triunfo porque sin importar que hicieran, que planearan, sin el brazalete nada importaría.

Jace lo entendió adelantándose entonces; recaía sobre él la lucha directa contra Sebastian, y lo haría, mataría al bastardo o al menos recuperaría la joya. Isabelle intentó no mostrarse sorprendida al ver que el rubio había dejado la bolsa de cuero con la diadema en el suelo. Buscó con la mirada a alguien mientras intentaba tomarla con el movimiento más sutil que podía para no poner a Sebastian en advertencia. Solo encontró los ojos azules de su hermano que la miraba con sorpresa antes de él también adelantarse cortando el paso de Jace.

- ¿Ayudarlos? – Preguntó el moreno intentando que su voz no temblara - ¿No los reuní a todos en el salón como querías?

- YO los reuní a todos – Recalcó – Tu solo pretendiste matar al diurno – Señaló a Simon – Y no tolero a los traidores – Alec detuvo su paso tentativo. Isabelle aprovechó el momento para pasar la diadema a Clary quien la escondió tras su espalda - ¿Debería castigarte? – La espada de Sebastian apuntó directamente a Maryse.

- ¡Espera! – Saltó el muchacho, había soltado el arco para extender las manos en dirección a Sebastian con precaución, como si intentara amansar a una bestia – Yo… ¿Qué quieres que haga?

Los ojos de Sebastian brillaron peligrosamente. Alec se estremeció, pero la atención del rubio en él no permitió que viera cuando Clary arrojó por el suelo la diadema a Simon pero la misma se desvió un poco y el vampiro tuvo que hacer un movimiento brusco para tomarla.

Sebastian volteó de inmediato y Simon arrojó sin disimulo la diadema a Magnus, ya no tenía sentido seguir intentando pasar desapercibidos. Los ojos del chico demonio siguieron el recorrido de la diadema hasta las manos del brujo. Una sonrisa malvada creció en los labios de Sebastian al ver el mismo brillo naranja en el anillo y el collar del brujo.

- Me trajeron las joyas de Edom – Dijo complacido y Alec sabía porque: él no sabía que Magnus podía activarlas, el rubio creía que solo era un intento fallido por parte de los nefilims para detenerlo. – Y yo pensando que tendría que buscarlas.

- Ven y quítamelas- Lo retó Magnus colocándose la diadema y agregando con altanería – Pero no existe ser vivo capaz de arrebatarle su joyería a Magnus Bane. - La sonrisa burlona de Sebastian solo creció.

- Ahí tienes – Dijo mirando a Alec – ¿Quieres congraciarte conmigo? Tráeme esa diadema, aun si es con su cabeza incluida.

El pulso de Alec tembló y fue como si toda la sala contuviera el aliento; las imágenes en la cabeza del nefilim lo aturdieron: él en el instituto hace cinco años, amenazando a Magnus, golpeándolo; esa misma sala, cubierta de sangre y cuerpos, Sebastian arrastrando a un Magnus mutilado pidiéndole que lo asesinara, su espada atravesando el pecho del brujo en esa visión que el demonio le hizo ver no hacía tantas horas en una visión…una pesadilla. Solo había sido eso; no era realidad, no era una predicción… solo…

- Dame…dame una espada – Dijo, su voz temblaba trémula al igual que su pulso mientras se acercaba al rubio. Sebastian enarcó una ceja, calculando que tanto podía confiar en él, que tan sinceras eran sus palabras o reacciones de las personas a su alrededor.

Alec finalmente llegó ante él, dudando miró atrás antes de estirar la mano para tomar la espada del rubio. Sebastian fue más rápido, su mano sobre la de Alec, deteniéndolo.

- ¿Crees que no sé qué estás fingiendo? – Preguntó y el corazón de Alec se detuvo ante ello; no intentó desmentirlo, Sebastian no tenía ninguna duda en lo que decía – Ahorita, antes en el pasillo, en la habitación… no sé cómo lo hiciste, pero sé que pese a la poción no me amas.

Lo había sabido, todo el tiempo y aun así Sebastian lo había tratado como en antaño, aun así, se acostó con él porque solo le interesaba demostrar su poder sobre él; podía verlo en sus ojos negros, vacíos observándolo con sorna, una mirada encantada por la idea del daño que causaba, que se regocijaba escuchando la maldición de Magnus que como todos estaba atento al intercambio. Alec nunca lo había visto así, siempre pensó que, aun después de la muerte de Jonathan podía ver algo de preocupación por él en su mirada, algo del destello verde aun cuando este ya no existiera; pero por primera vez se dio cuenta que no estaba allí; que Jonathan ya no existía, no en Sebastian

- Por eso no vas a matarlo – Continuó el rubio con ojos entrecerrados. – No eres capaz.

Alec le mantuvo la mirada, observando luego el punto donde sus manos se unían: su mano derecha sobre la espada de Sebastian, bien sujeta con dedos apretados como garras por la del rubio dejando exhibido el brazalete. La determinación se cruzó en los ojos de Alec.

- Haré lo que sea necesario para proteger a mi familia – Dijo, y no había sonado tan seguro desde que llegó a Edom hasta ese momento cuando con un fluido movimiento de su mano libre robó el cuchillo en el cinto de Sebastian dejando caer la hoja con todas sus fuerzas sobre el antebrazo del demonio salpicándolo de icor.

La mano mutilada de Sebastian cayó al suelo, estallando como hacían los demonios, dejando el brazalete libre para rodar por el suelo. Sebastian rugió golpeando a Alec en el rostro como una maza haciéndolo caer al suelo. El nefilim se giró arrastrándose para tomar el brazalete, pero Sebastian pateó al chico en el costado apartándolo con ira

- ¡Vas a morir con ellos! - Rugió con una segunda patada esta vez en la cabeza. Alec intentó escapar, pero Sebastian lo tomó del tobillo. – Y vas a sufrir… no tienes idea cuanto…

Alec sitió como era arrastrado por el suelo lejos del brazalete. Vio a Jace lanzando su cuchillo serafín de forma que Sebastian tuviera que soltarle para detenerlo. Intentó escapar de su alcance, con su parabatai corriendo para enfrentarse al chico demonio mientras los Hellhount se alteraban. Se sentó, tenía la cabeza aturdida por la patada, podía saborear la sangre en su boca mientras veía la escena a su alrededor: Maryse logró apartarse del demonio tras suyo saltando sobre Max para protegerlo. Isabelle corrió hacía ellos saltando sobre la grupa de uno de los demonios, atravesándolo con un cuchillo serafín. Clary intentó arrojarse por el brazalete jadeando cuando el zarpazo de uno de los Hellhount la alcanzó. Simon saltó sobre este hincando los colmillos en el cuello apenas asqueándose por el sabor rancio mientras intentaba estrangularlo con sus brazos. Alec busco entre sus ropas, sabía que tenía una estela en algún lado, no podía pensar con claridad.

Rió tontamente al ver a Magnus esquivar todo el desastre con la vista fija en el reflejo del brazalete que rodaba de un lugar a otro, intentando alcanzarlo. Se veía extraño, en medio del infierno exhibiendo una diadema, un collar y un anillo, intentando alcanzar un brazalete… tan solo Magnus conseguiría luchar en Edom usando un juego de joyería como arma.

- ¡Alec, espabila! – Escuchó a Jace gritar como si se encontrará realmente lejano. Volvió la mirada, Jace se enfrentaba a Sebastian, el cuchillo serafín contra la espada, no importa que el demonio estuviese manco no era tarea fácil para el semi ángel.

Clary llegó hasta Alec y con su propia estela trazó un rápido iratze en su cuello; el efecto fue inmediato, Alec no había notado la terrible presión y el pitido en sus oídos hasta que desaparecieron junto al aturdimiento. Se incorporó a prisa, deteniéndose un segundo cuando sintió un leve mareo, pero rápidamente tomó a Clary del brazo apartándola del demonio Kuri que atacó.

Maryse arrojó un cuchillo acertando al Kuri que atacaba a su hijo mayor y la pelirroja, volviendo su atención completa a Max; el chico solo seguía allí, parado llorando perdido de la batalla que ocurría a si alrededor.

Isabelle había logrado llegar hasta la batalla principal, coordinándose con Jace contra Sebastián. Alec necesitaba llegar hasta allá, tenía que ayudar, tenía...

Magnus gritó cuando el último Hellhount se aventó sobre él; Alec sintió el alma caerle a los pies: el demonio estaba sobre el brujo que intentaba mantener con sus manos las fauces lo más lejos posible de su rostro; la mano derecha le sangraba roída por los colmillos y su espada estaba en el suelo; solo le tomó medio segundo darse cuenta que Simon estaba muy lejos para ayudarlo.

-Cúbreme - Jadeó dejándole la daga a Clary, él también estaba muy lejos de Magnus, pero en cambio se arrojó contra el grupo de rapiñadores sorteándolos a prisa. Clary arrojó la daga cuando uno de los demonios casi atrapa a Alec, un segundo se arrojó sobre él, pero el muchacho se deslizó por debajo recuperando su arco abandonado en el suelo disparando una sucesión rápida de flechas contra el demonio que tenía al brujo; el Hellhount estalló, pero Alec no dejó de disparar, abriéndose camino, acercándose a prisa a Magnus.

- ¿Estás bien? - Preguntó al llegar al brujo y ayudándole a incorporarse.

- Perdí de vista el brazalete- Gruñó Magnus; Alex negó, no es que no le importara el brazalete, pero Magnus estaba herido. Se rasgó a prisa un trozo de camisa vendando la mano rasgada del brujo.

- Lo conseguiremos- Aseguró; Magnus asintió mirando su mano vendada con una sonrisa agradecida que el chico le devolvió tímidamente antes de que toda la sala se estremeciera por un fuerte impacto. Alec sujetó a Magnus protector mirando en todas direcciones confundido, una nube de polvo se había levantado cubriendo todo el lugar; escuchó la tos de Clary y la exclamación de sorpresa de Simón y a Maryse llamando a Max sin entender que había pasado.

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Jace e Isabelle no lo estaban teniendo fácil; ambos eran diestros en batalla al igual que Sebastian, pero él no era un demonio cualquiera, no podían solo matarlo con una daga en su pecho y la muestra estaba en como su mano mutilada se había regenerado.

- Pueden intentar matarme todas las veces que quieras - Se había mofado- No es como si les haya funcionado antes.

-La tercera es la vencida - Dijo Jace interceptado el ataque del rubio de ojos negros; Isabelle intentó aprovechar la oportunidad, pero Sebastián esquivó su estocada.

- ¿Sin fuego celestial de su lado? Lo dudo - Se mofó pateando a la chica en la rodilla derribándola.

- Con las joyas de Edom no lo necesitamos - Jadeó ella apuñalando la rodilla del demonio; Sebastián rugió, Jace intentó un golpe limpio de su espada en la cabeza, pero el demonio aún fue capaz de esquivarlo con una risa divertida.

- ¿Esas baratijas? -Se burló - No me harán daño, no funcionan con cualquiera.

- Lo harán con el hijo de Asmodeus - Jace aprovechó la sorpresa que la declaración causó en Sebastián para golpearlo en la cabeza; el demonio trastabilló golpeando contra una de las columnas. Isabelle se incorporó a prisa para sujetarlo a esta con el látigo de electrum por el cuello. - A quien por cierto has cabreado muchísimo. - Está vez fue el turno de Jace de burlarse

Algo titiló en los ojos de Sebastian no porque Jace se disponía a clavarle el cuchillo serafín en el pecho sino por lo que acaban de decir. Su mirada rápidamente buscó a Magnus que en ese momento era ayudado por Alec; Magnus exhibiendo las joyas, Magnus que parecía muy decidido a destruirlo; Magnus quien él sabía, tenía ascendencia de Edom, pero nunca pensó que del mismísimo príncipe del infierno Asmodeus.

Por primera vez había preocupación en su mirada.

Sebastián golpeó la columna sobre la que lo sujetaban antes de que Jace lo golpeara, con tanta fuerza que la columna se destrozó derrumbándose y trayendo consigo parte del techo. Isabelle grito soltándolo apenas con tiempo para no ser aplastada.

El rugido del techo derrumbándose fue atronador, todo el piso se estremeció y la nube de polvo que se alzó en todo el salón fue tan densa que impedía la visión.

-Jace- Clamó la morena angustiada - ¡Jace!

-Estoy... bien - Tosió el rubio con un jadeo adolorido. Izzy corrió en su dirección; Jace quitaba algunos escombros de su pierna; no parecía fracturada, pero se veía muy malograda - Sebastián...- Recordó él cuando su hermana quiso ayudarlo; Isabelle lo buscó con la mirada, pero no era mucho lo que podían ver.

Escucharon la voz de Maryse llamando a Max, a Clary toser por el polvo y la exclamación de sorpresa de Simón; al menos eso les decía que estaban bien. Isabelle terminó de ayudar a Jace colocando rápidas iratzes en su pierna herida, no sería suficiente, necesitaba ayuda médica pero aun así se volvió su apoyo para ayudarlo a incorporarse.

Poco a poco el polvo se fue asentando; algunos demonios habían muerto aplastados por el derrumbe; Alec estaba un poco más allá, protector frente a Magnus, pero Sebastián se hallaba en medio de la sala como si intentara dar con algo.

Buscaba el brazalete.

Porque mientras no lo tuvieran, no serían una amenaza real para él.

- ¡Alec! - Gritó Jace señalando a Sebastián; no tuvo que decir nada más, el ojos azules asintió con determinación. Isabelle dejó que Jace usara su cuchillo serafín como bastón para mantenerse en pie, ella en cambio imitó a su hermano, acechando a Sebastian; Simón se adelantó rápidamente también, los tres rodeaban al demonio, los tres dispuestos a luchar todo lo que fuese necesario para detenerlo, para evitar que obtuviera el brazalete, para encontrarlo primero.

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Max se sentó; sentía la cabeza ofuscada mientras miraba a su alrededor: el techo de la sala se había caído, todo a su alrededor era polvo impidiéndole la visión y los gritos de Maryse llamándolo. Ella lo había empujado cuando un trozo de techo cayó entre ambos quedando atrapada detrás de este contra la pared. Había un demonio Raum frente a él aplastado por el trozo de techo, sintió las náuseas amenazándole con hacerlo vomitar, ese pudo haber sido él, pudo ser Maryse o sus hermanos.

Negó empujándose con las piernas para retroceder, su cabeza era un caos como lo era la sala; deteniéndose cuando su mano se posó sobre un objeto metálico. Max lo tomó llevándolo al frente para mirar el brazalete de Edóm manchado en icor –la sangre de Sebastian– con curiosidad y repulsión. Era un objeto tan hermoso como terrible y las náuseas solo aumentaron: Robert estaba muerto, Sebastian era un asesino, había matado a Kaelie… no volvería a verlos jamás y todo por esas estúpidas joyas.

No estuvo seguro cuánto tiempo lo estuvo mirando, hipnotizado por el fulgor naranja en el interior de la joya negra de la prenda, lo cierto fue que el polvo había comenzado aplacar dejándolo a vista de todos cuando un rapiñador saltó sobre él.

El muchacho escuchó el grito de su madre volverse alarmado y por instinto se encogió escondiéndose tras el brazalete; no tenía sentido luchar, no podía seguir mintiéndose a sí mismo: no sabía cómo hacerlo ¿Para qué intentarlo cuando las personas que, si sabían cómo Kaelie y Robert, estaban muertos? ¿Por qué él sería diferente? Ni siquiera estaba, seguro de querer que fuese diferente en su caso.

El demonio chilló de dolor casi medio segundo después, retrocediendo cuando al tocar el brazalete con sus garrar, el brillo de este creció quemándolo. Por un instante toda la sala se paralizó. Maryse a medio intento de pasar sobre los restos del techo, Clary, Magnus y Jace los tres heridos en diferentes puntos del salón; Simon, Alec e Isabelle dispuestos a rodear a Sebastián, todos miraron al joven criado por hadas antes de que las prioridades cambiarán y el caos de gritos estallara.

- ¡Max!

- Corre hacía Magnus

- ¡Dame el brazalete!

- ¡Pónselo a Magnus!

- Maxwell - Max se encogió azorado por tantas voces gritando en su dirección.

- ¡Entrégamelo! – Pero fue la orden de Sebastian lo que le hizo arrastrarse por el suelo, intentando retroceder cuando este intentó acercarse. Isabelle y Simón se interpusieron tratando de contenerlo; Jace maldijo al no poder correr hacía ellos para ayudar.

- Dame en brazalete Max - Exclamó Magnus acercándose a él; el chico se encogió sobre sí mismo- Vamos mocoso, me lo debes - Dijo entre dientes.

Alec también se dirigió a su hermano con prudencia, el chico temblaba como un cachorro asustado en medio de la tormenta, parecía querer encogerse tras el brazalete hasta desaparecer, por eso cuando habló fue cauteloso.

- Max, tenemos que darle el brazalete a Magnus – Suplicó Alexander.

- No lo hagas Maxwell - Bramó Sebastián tomando a Izzy y arrojándola contra Simón para abrirse camino también hacia el chico- Si lo haces no podremos volver a vernos – Advirtió mirando a Alec y Magnus con cautela, evaluándolos, ambos acercándose desde el lado opuesto - No será como hace cinco años; esta vez van a matarme, no puedes permitirlo. - El chico respingó negando con la cabeza, no quería más muertes, no por su culpa.

- Es lo que se merece Max - Advirtió Alec - Mira todo lo que ha causado, el daño que ha hecho...

- Mi cuerpo es de pura magia - Seguía el demonio- Si le das el brazalete no habrá un cuerpo que convertir en mundano; desapareceré...

- Cuento con eso - Masculló Magnus realmente maldiciendo el no poder solo chasquear los dedos y traer el brazalete a él.

- Si me matas, también matas a Bash- Max miró la joya con aprensión, con un estremecimiento ante las palabras del rubio – Jonathan desaparecerá.

- Él ya no es Jonathan, no más – Intentó Magnus.

- ¡Jonathan está muerto Max! – Aseguró Alec desesperado – No queda nada de él - Él como Sebastian estaban a la misma distancia del chico, ambos temiendo ser demasiado bruscos, asustarlo y empujarlo hacia el otro.

El adolescente los miró, primero a uno, luego al otro; fijándose luego en el brazalete que tenía en sus manos, manos manchadas de sangre seca. A estas alturas no estaba seguro si era propia, de Robert, Kaelie o de las heridas de Maryse, ya no importaba realmente.

- Tú no eres Bash - Susurró con voz ahogada en lágrimas que cubrieron sus mejillas; la mano con la que sujetaba el brazalete de Edom tembló violentamente - Te... te lo he perdonado todo porque Bash se preocupaba por mí, por Alec; pero tú... asesinaste a Kaelie... ¡solo eres un asesino! - Rugió arrojando el brazalete; Alec saltó tomándolo al vuelo y rápidamente se giró colocándolo en la muñeca de Magnus.

- ¡NOO! ¡Maldito mocoso! – El demonio llegó hasta Max golpeándolo con un rugido. La fuerza fue tal que lo hizo prácticamente volar por los aires. Simon dejó a Isabelle para con su velocidad de vampiro alcanzarlo al vuelo antes de que golpeara contra las rocas - Después de todo lo que he hecho por ti, ¡Me traicionas como hizo tu hermano!

Magnus se plantó delante del ojos azules, frente a Sebastian; el brazalete, el anillo, el collar y la diadema refulgían como nunca antes, reconociéndose entre sí, reconociendo a su portador. Los pocos demonios menores que quedaban chillaron de miedo algunos retrocedían queriendo huir.

Se veía imponente, se veía poderoso

Se veía destructor.

- Ya me tienes harto - Rugió - Es hora que te quedes definitivamente muerto. - Magnus movió sus manos susurrando en purgatic a prisa. Sebastian intentó arremeter contra él pero el brillo de las Joyas de Edóm se incrementó y un rayo blanco con pequeños relámpagos violetas golpeó a Sebastian a mitad del camino, cubriéndolo por completo. Max ocultó su rostro en el pecho de Simon sin poder contener las lágrimas a pesar de todo; había perdido ya a muchas personas esa noche, no quería mirar como perdía a alguien más.

Sebastian gritó, la luz absorbiendo cada segundo más y más toda su energía demoniaca, toda la magia de brujo que lo había devuelto a la vida, absorbiendo todo su ser hasta que no quedó nada y solo se escuchó el sonido metálico del anillo para transportarse cayendo en la roca; un anillo sin poder alguno, también absorbido por las joyas.

Magnus avanzó moviéndose por la sala, redirigiendo el rayo, destruyendo a los demonios que quedaban en el salón, los pocos que no habían logrado huir ya. Por el ventanal tras el trono pudieron ver a los demonios del exterior chillar sintiendo todo el poder que desprendía, escapando cuando la ausencia de quién los controlaba significaba que ya no tenían por qué defender la fortaleza.

Los nefilims en el salón también se estremecieron, ellos también podían sentir todo ese poder, podían sentir la sangre nefilim que recorría sus venas inquietándose; Simón seguía aferrado a Max cubriéndolo parcialmente con su cuerpo, era el más cercano al brujo y lo miraba con los ojos muy abiertos esperando que se detuviera, rogando para que lo hiciera, porque él conocía a Magnus, sabía que el brujo nunca dañaría a ninguno de los que allí estaban, pero no sabía los efectos reales de esas joyas sobre su portador.

- Magnus – Lo llamó Alec; el brujo no parecía darse cuenta que se había apartado de él, de hecho, ni siquiera dio reacción de escucharlo – Es suficiente Magnus. – Alec alzó la voz acercándose con cautela, ambas manos al frente como si se acercara a un animal asustado. – Vencimos… destruiste a Sebastian… ¡Magnus! – Alzó la voz. El brujo respingó volviéndose hacia él.

Un grito de alarma generalizado se escuchó, y Simon apenas tuvo tiempo para reaccionar soltó a Max valiéndose de su velocidad de vampiro para correr hacia Magnus, arremetiendo contra él. El rayo blanco de magia que había salido disparado hacía Alec se desvió, pero el impacto hizo que Simon revotara en un estallido de magia blanca y violeta que lo arrojó por el suelo; jadeó, eso realmente había dolido.

- ¡Simon! – Isabelle se apresuró en alcanzarlo. Alec en cambio se dirigió a Magnus a prisa.

- ¡Magnus! – El impacto de Simon le había hecho detener los susurros y con ellos la luz blanca se había esfumado cuando Alec finalmente llegó hasta él. Magnus se notaba totalmente agotado, el sudor caía a raudales por su rostro.

- Estoy bien – Aseguró Simon incorporándose, le dolía el costado, pero no había sido un golpe terrible; recibió el abrazó aliviado de Isabelle, viendo a Magnus caer de rodillas sin aliento

- ¡Magnus! – Alec se agachó alarmado frente a él, quedando a su altura y sujetándolo antes de que se diera de bruces contra el suelo; jadeando escandalizado al notar las marcadas líneas de expresión en su frente. - ¡Por el ángel, quítate eso! ¡Quítatelo! – Lo apremió.

Bane intentó sacarse la diadema que él mismo se colocó, pero sintió que iba a arrancarse la cabeza antes de que cediera. Alec se apresuró a por el brazalete sin éxito alguno.

- No ceden...- Jadeó Magnus; se sentía cansado, terriblemente exhausto como nunca antes, y cada intento fallido por quitarse las joyas de Edom lo estaba asustando cada vez más - ¡No puedo quitármelas!

- No…- Ahogó Alec mirando en todas las direcciones; Magnus no podía quedarse con las joyas, usar solo el brazalete por varios días había consumido su magia, las cuatro juntas…- ¡Jace! – Exclamó buscándolo con la mirada. Luego de asegurarse de que Simon estuviera bien, Isabelle había ido por el rubio para ayudarlo a andar y acercarse al resto mientras Lewis ayudaba a Maryse a salir de donde las rocas la habían dejado atrapada mientras que Max y Clary también se acercaban.

Jace finalmente llegó hasta ellos tomando la mano de Magnus para intentar quitar el anillo.

- Tomaste muy en serio lo de no dejarte quitar tus malditas joyas – Gruñó el rubio cuando el anillo tampoco cedió; insistiendo con más fuerza. Todos habían escuchado lo que Catarina había dicho sobre las joyas, como según las historias, su uso no solo drenó de magia sus primeros portadores, sino que hizo envejecer a esos brujos rápidamente hasta morir; ninguno estaba dispuesto a aceptar eso.

- Espera, me están lastimando - Magnus intentó deshacerse de los intentos de Jace y Alec, intentando ignorar el horror que crecía en la mirada de todos, o como Maryse se tapaba la boca, haciéndolo aún más consciente de su precaria situación.

- Tal vez…. Si volvemos a Feéra… o a Idris – Sugirió Isabelle – O alguien del laberinto espiral podría…

- No voy a dejarte esas cosas puestas… - Alec estaba desesperándose - Tenemos que…

Una risita aguda y divertida, casi deleitada se dejó escuchar. Los nefilims enristraron las armas de inmediato incorporándose para proteger a Magnus de quien fuera, solo que no esperaron encontrar la figura de un hombre de traje blanco, con piel pálida como un hueso, su rostro humano de pómulos afilados estaba enmarcado por una corona de espinas. El hombre, sentado en el trono totalmente entretenido, los observaba desde lo alto con un par de ojos familiares…

Ojos verdes y dorados con pupilas de gato...

Idénticos a los de Magnus.

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¿Qué les pareció? ¡Apareció el PapiSuegro! (como lo llama mi parabatai) Vamos, no pueden esperar que usen sus joyas en sus dominios y que no aparezca ;) El próximo es el capitulo final, se llama "Elecciones" y luego de eso, solo tendremos el epilogo. Lo subiré el jueves.

Nos leemos pronto

Besos :3