¡Otra vez sopa! XD

Dije que ya tenía todos los capítulos, ¿para que tardar?

Tommi: Muchas gracias, cariño. Me alegro que te hayas puesto al corriente.

Nancy: Por desgracia, el Equipo Rocket fue parte de su vida y no es algo de lo que estén orgullosos, pero han sabido madurar y dejar todo atrás. Me hubiese gustado hacerlo un poquiiiiito más crudo y que la relación con Misty sea mucho mejor con Jessie, James y Meowth. Tal vez algún día lo edite...

Capitulo cincuenta y siete

Octavos de final.

Al día siguiente, James fue temprano a la recepción para saber quien sería su rival. Se sorprendió mucho a ver frente a los mostradores de entrada unas piscinas redondas que le llegaban casi a la cintura con varios Magikarp nadando dentro. Una de las recepcionistas fue a su encuentro y le preguntó si era participante. Ante su afirmativa, la chica le preguntó su nombre y luego le dijo que esperara a que fuera llamado por uno de los mostradores. Pasaron varios minutos antes de que una recepcionista lo llamara por su nombre.

—Tome —la mujer le extendió una caña de pescar, ya con el cebo colocado—. ¿Sabe pescar?

—Si.

—Bien, usted solo tiene que pescar uno de los Magikarp. Cada uno de ellos tiene una letra y un número asignado. El que pesque o haya pescado el mismo número que usted será con el que peleará en los octavos de final.

James tomó la caña y tiró el anzuelo al agua. No pasaron ni treinta segundos, cuando un Magikarp picó y lo sacó del agua,

—A-4 —anunció la recepcionista. Miró la pantalla gigante donde algunos ya habían sido elegidos y otros no. Ash estaba en la pantalla y le había tocado el A-3. Eso quería decir que si ambos ganaban los octavos de final, se enfrentarían en los cuartos—. Todavía ningún participante ha pescado el A-4. Puede esperar si quiere, para saber quien luchará con usted.

James no tenía muchas ganas de sentarse en la recepción a esperar, así que regresó a la cabaña, donde lo estaban esperando.

—Te hubieses quedado —le reprochó Jessie, cuando James le contó lo sucedido—, así sabías quien era el imbécil.

—Imbécil —repitió Lunita.

Meowth puso los ojos en blanco.

—¡Jessie, no digas palabrotas delante de mi hija! —la retó Meowth, mientras tapaba los oídos de Lunita.

—Imbécil no es una mala palabra —se defendió Jessie.

—No para ti, pero si para una nena chiquita como Lunita. ¿O te gustaría que Jamie dijera esa palabra?

Jessie lanzó un gruñido.

—Esta bien, está bien. Lo siento —se disculpó. Se dirigió a James—. De todos modos, creo que deberías saber quien es tu contrincante y armar una estrategia en base a eso.

—¡Pero si no vi ninguna batalla!

—Nosotros vimos algunas por televisión además de la tuya, incluyendo a Ash —le dijo Meowth—. Si reconocemos al baboso de tu contrincante, tal vez podamos hacer algo.

James lo reflexionó.

—De acuerdo, pero antes de almorzar. Después no voy a querer salir.

Poco antes de la hora del almuerzo, James volvió a la recepción, esta vez con toda la familia. No tardó mucho en ver a su rival en pantalla. Era un hombre que tendría su edad o tal vez un poco más, de piel bronceada. Su cabello estaba tapado con un pañuelo rojo con un dibujo muy similar a los que poseían los Koffing en su cuerpo.

—Vaya —murmuró Jessie—. Si que quiere aparentar ser rudo, ¿eh?

James sonrió.

—Parece pandillero.

—Bah, no te dejes intimidar y aplástalo.

—¿Lo vieron en alguna batalla?

Jessie iba a responder pero una voz la interrumpió.

— Oye, ¿tú eres James Kojiro? —preguntó una voz altanera.

El aludido se giró y vio al hombre con el que iba a enfrentarse en los octavos. No se parecía a un pandillero, sino mas bien a un pirata. Solo llevaba un chaleco amarillo con dos pokebolas enganchadas, unas bermudas violetas y zapatillas blancas y negras. Llevaba una espada colgada del cinto y James rogó que fuera de utilería.

—Si, soy yo. Tú debes ser…

—Raymond Johnson —se presentó el entrenador—. Seguro que ya estarás pensando en rendirte, ¿cierto?

Jessie y James enarcaron una ceja al oírlo.

—¿Por qué lo haría? —preguntó James, sin dejarse intimidar. Idiotas como esos se podía cruzar en cualquier día de la semana.

—Porque seré yo quien se lleve la copa a casa —Raymond se señaló a si mismo con el pulgar con una sonrisa de oreja a oreja, mostrando una hilera de dientes bastante blancos.

—¿Qué, acaso te la vas a robar o qué? —se metió Jessie, burlona—. Porque creo que esa sería la única manera en la podrías tenerla.

—O estar cerca al menos, porque tu espada de juguete no podrá hacer mucho con una taser de las oficiales Jenny —agregó James.

Eso enfureció al hombre, quien sacó una pokebola.

—¡Te reto a una batalla ahora mismo! — lo desafió, apuntándolo con el dedo, casi tocándole la nariz. James le bajó la mano, casi con suavidad.

—A diferencia tuya, no soy tan idiota para que me echen de la Liga. No se puede pelear en lugares comunes mientras el torneo está en curso. Además, no quiero cansar a mis pokemón.

Raymond miró a su alrededor, como si quisiera buscar algún cartel donde constatara lo que James decía. Con un bufido, se dio media vuelta, refunfuñando.

—Dijiste que lo habías visto, ¿verdad? —le preguntó James a Jessie.

—Si, lo recuerdo. Viene de Hoenn, aunque no vi que tuviera pokemón de esa región. Todos los que le he visto son de Johto y de Kanto.

—Cuando volvamos a la cabaña trazaremos un plan, ¿verdad? —preguntó Meowth en voz baja, para que nadie lo oyera.

—No te preocupes —le dijo Jessie, sonriendo—. James lo hará trizas.


A lo largo del día, recopilaron toda información posible sobre Raymond Johnson. Era oriundo de Ciudad Portual, Hoenn. La mayoría (si no todos) de sus pokemón eran conocidos por su gran fuerza. Donphan y Machamp eran los que más había usado en las rondas, mientras que el tercero siempre era uno distinto: Golem, Pinsir, Hariyama, Zangoose… Eran todos los pokemón que había usado.

Despues de meditar un rato, ya tenían una estrategia:

—Para el Donphan podría usar a Victreebel y para el Machamp podría usar a Golduck y sus ataques psíquicos… En cuanto al tercero, usaré a Butterfree para que pueda atacar más a distancia —dijo James, ya con las tres pokebolas sobre la mesa.

—Pero si llega a sacar uno de fuego… —comenzó a decir Meowth, pero Jessie lo detuvo.

—Eso no lo sabemos.

—Muchos de esos pokemón son grandes y pesados, así que necesito a un pokemón ágil —explicó James—. Butterfree no solo es ágil, sino que es el único volador que tengo (Weezing flota, así que no cuenta). Es la mejor opción que tengo.

Meowth asintió lentamente.

—Si, puede ser.

James se levantó de la mesa.

—Estoy muy cansado. Mejor me acuesto a dormir. Buenas noches a todos.

James fue a su habitación, se puso el pijama y se acostó. Jessie no tardó mucho en seguirlo, no sin antes poner a Jamie en la cuna y asegurarse de que todo estuviera bien antes de acostarse.

—¿Estás nervioso, cariño? —le preguntó Jessie, mientras se acurrucaba en su pecho.

—Tal vez un poco. Cuando más avanzo en la Liga, los contrincantes son cada vez más difíciles —le respondió.

Jessie entrelazó una de sus manos con la suya.

—No te dejes intimidar. Aunque pierdas, estaremos todos aquí.

James le sonrió.

—Gracias. Te amo.

—Lo sé —Jessie soltó una risita—. Y yo a ti, no pongas esa cara.

James apretó a su novia para acercarla aún más. Mientras se deslizaba hacia el sueño, se preguntó cuánto tardaría en hacerla su esposa.

James entró al estadio, bajo una multitud de aplausos. Ya no era temático, sino que era más parecido a las canchas de los gimnasios, con el suelo naranja y las líneas blancas para delimitar el terreno. Tampoco había plataformas de metal para subirse, solo había que estar en la punta de la cancha, marcada con tiza.

—¿Listo para perder, perdedor? —se mofó Raymond, con los brazos cruzados. James ni siquiera lo miró.

—Cada uno puede usar tres pokemón, sin límite de tiempo y se pueden hacer sustituciones —dijo la voz por los altavoces—. Preparados…. ¡Comiencen!

Raymond sacó su primera pokebola, enganchada en su chaleco.

—¡Yo te elijo!

Un Machamp apareció en el estadio. James ya sabía que lo sacaría tarde o temprano, así que sacó su pokemón.

—¡Yo te elijo!

Golduck salió de la pokebola, ya en pose de ataque, como si pudiera llevarse el mundo por delante.

—¡Usa Golpe Karate!

—¡Psiquico!

A pesar de la onda expansiva del ataque de Golduck, no fue suficiente para parar a Machamp. Logró golpearlo justo en la cabeza y Golduck cayó sentado al suelo. Por suerte, no lo desmayó, ya que el ataque psíquico había reducido la velocidad del golpe.

—¡Golduck, levántate y usa Confusión!

Golduck usó sus ondas psíquicas para confundir al Machamp. El pobre pokemón tipo Lucha se veía aturdido y parecía desencajado mirando hacia todos lados.

—¡Machamp, usa Demolición!

Pero el pokemón ni siquiera parecía saber dónde estaba parado. Pegaba golpes al aire, mientras gritaba con furia.

—¡Lo tenemos! ¡Usa Hidrobomba!

Golduck abrió su pico y escupió un chorro de agua inmenso pero, para sorpresa de todos, Machamp pegó un enorme salto, esquivando el ataque.

—¡Tajo Cruzado!

Machamp se abalanzó desde el aire, con los brazos en cruz.

—¡Esquivalo, Golduck!

Golduck se tiró hacia atrás y también puso los brazos en cruz en un intento de cubrirse. El golpe no le pegó de lleno, pero le lastimó mucho los brazos y lo arrojó a un par de metros de distancia.

Golduck se levantó, temblando. James no creía que pudiera aguantar mucho más.

—¡Regresa, Golduck!

James lo llamó a su pokebola, abatido. Mientras sacaba la segunda pokebola, escuchó a Raymond burlarse:

—¿Por qué no te rindes y vuelves del agujero de dónde saliste? —le dijo. James apretó los dientes, dispuesto a no seguirle el juego.

—¡Ve, Butterfree!

Su pokemón bicho entró al estadio, hermoso como de costumbre. Raymond lanzó una risotada.

—¿Crees que podrás ganarme con ese pokemón de niña? ¡Ahora verás! ¡Machoke, Golpe Karate!

James sonrió. Ese tipo se arrepentiría de subestimar a su Butterfree.

—¡Usa Paralizador!

Butterfree tiró un polvo brillante de sus alas sobre el Machoke. El pokemón lucha saltó para golpearlo, pero su cuerpo se paralizó en el aire y cayó al suelo como una piedra.

—Ahora, ¡Psicorrayo!

Los ojos de Butterfree brillaron y disparó unos rayos multicolores hacia el Machamp. Al no poder moverse para defenderse, le golpeó de lleno y lo desmayó, dejándolo fuera de combate.

—Machamp no puede continuar. ¡James es el ganador!

Raymond pegó una patada contra el suelo.

—Me las pagarás —llamó a su pokemón y desenganchó la segunda pokebola—. ¡Yo te elijo, Donphan!

James recordó haber visto ese pokemón alguna vez. Si mal no se equivocaba, era de tipo Tierra y originario de Johto.

—¡Butterfree, usa Supersonico!

—¡Tormenta de arena!

Una gran nube de polvo se levantó y se creó una gran tormenta, desestabilizando el vuelo de Butterfree. James se tapó los ojos con el antebrazo para impedir que la tierra le entrara en los ojos.

—¡Butterfree, usa Tornado para disipar la tormenta! —gritó James.

El pokemón bicho batió con fuerza las alas para alejar la tormenta, pero le estaba costando demasiado. A duras penas podía mantenerse en el aire.

—¡Donphan, desenrollar!

El pokemon de tierra se enrolló hasta hacerse bolita y arremetió contra Butterfree una y otra vez, golpeándolo en todos los angulos. Para cuando la tormenta amainó, Butterfree ya estaba inconsciente.

—Butterfree no puede continuar. ¡Raymond es el ganador!

James llamó a su pokemón y respiró hondo. No iba a perder contra ese fanfarrón.

—¡Ve, Victreebel!

Su pokemón planta salió de un salto, dando chillidos. Como de costumbre, intentó tirarse sobre James para darle "cariño", pero él logró pararla a tiempo.

—Podrás tragarme todo lo que quieras cuando termine el combate —le dijo James—. Ahora ve a pelear.

Victreebel entendió y se puso en pose de batalla, lista para enfrentarse a lo que fuera.

—¡Donphan, Cornada!

—¡Constricción!

Donphan fue corriendo para embestirlo con sus largos colmillos, pero Victreebel usó su única liana para poder inmovilizarlo desde la cintura y lo apretó con todas sus fuerzas..

—¡Donphan, sacatelo de encima!

Donphan se hizo una bola y comenzó a rodar alrededor del campo, arrastrando a Victreebel por toda la cancha.

—¡Intenta soltarte! —le gritó.

No se podía soltar. La liana estaba enredada y atrapada en el cuerpo de Donphan y no había manera de que se liberara. Tenía que hacer que parara.

—¡Usa Polvo Sueño!

Victreebel abrió la boca y soltó un polvo amarillento que se esparció por toda la arena. Poco a poco, Donphan perdió velocidad hasta que paró y extendió su cuerpo.

—¿Te encuentras bien?

Victreebel desenredó su liana y se paró a duras penas.

—¡Despierta, maldita sea! —le gritó Raymond, pateando el suelo como un niño pequeño, pero en vano.

—¡Victreebel, usa Hojas Navaja!

Como si fueran estrellas ninjas, Victreebel ejecutó su ataque hacía Donphan. Más de una docena de hojas golpearon el cuerpo del pokemón, pasando de estar dormido a noqueado.

—Donphan no puede continuar. ¡James es el ganador!

Raymond estaba furioso. En cualquier momento le explotaría una vena del cerebro. Llamó a su pokemón y desprendió la última pokebola de su chaleco.

—¡Tu Victreebel está cansado y el Golduck no aguantará mucho más! —le gritó Raymond, intentando sonar confiado, pero temblaba de odio—. ¡Yo te elijo!

El público jadeó de asombro. James entrecerró los ojos. Era un pokemón grande y robusto, de unos dos metros de alto. Su cuerpo estaba cubierto de una especie de armadura de metal muy brillante y dos cuernos largos y filosos que parecían de acero. Le hacía recordar vagamente a un Nidoking. James sacó por primera vez su pokedex del bolsillo y apuntó al pokemón.

—No se encuentran datos —le respondió la voz robótica de la pokedex. Mierda.

—¡Aggron, usa Golpe Cabeza!

—¡Paralizador!

VIctreebel apuntó su boca hacia el Aggron y un polvillo amarillento y brillante salió de allí. ¿Era un tipo Acero puro? Si era así, estaba perdido. Si tenía otro tipo más (como Roca o Tierra), tal vez tuviera una oportunidad con Golduck.

—¡Rodéalo! ¡No aspires ese polvo!

Aggron no era muy rápido, pero como casi no corría viento, pudo cambiar su recorrido y evitar que el polvo no lo dañara.

—¡Hojas Navaja!

—¡Tormenta de Arena!

Victreebel tiró sus filosas hojas, pero la tormenta las desvió para estrellarse contra las paredes. Ahora no se veía nada.

—¡Golpe cabeza!

VIctreebel salió volando por los aires por la terrible embestida de Aggron. Cuando la tormenta se disipó, la pokemón planta yacía en el suelo, inconsciente-

—¡VIctreebel no puede continuar! ¡Raymond es el ganador!

James llamó a su pokemón y le dio un beso a la pokebola antes de guardarla. Se sentía terrible por no haber cambiado de pokemón antes.

—¿Quieres llorar? —le gritó Raymond, como si ya hubiera ganado la batalla.

James respiró hondo. No iba a caer en provocaciones. Golduck era todo lo que le quedaba.

—¡Sal, Golduck!

Su pokemón de agua salió al campo de batalla. No se veía muy bien, pero debía intentarlo.

—¡Golduck, Hidropulso!

—¡Cola Férrea!

Golduck disparó un potente chorro de agua directamente a la cabeza de Aggron, pero este simplemente siguió avanzando como si ni lo sintiera. Aggron movió su larga y gruesa cola y lo golpeó con tanta fuerza que lo estampó contra una pared, dejándolo incosciente.

—Golduck no puede continuar. ¡Raymond es el ganador de los octavos de final!

James casi no oyó las palabras del arbitro. Lo único que pudo hacer fue acercarse a su Golduck, ponerse de rodillas y acariciarle la cabeza.

—Eres el mejor —le dijo, antes de meterlo en su pokebola. Sin querer quedarse más tiempo a escuchar los gritos de júbilo de Raymond, se dio media vuelta y se marchó por el mismo lugar por donde había entrado, sin mirar atrás.


James estaba sentado en la mesa de la cabaña, decaído. Meowth le estaba preparando unos onigiris para levantarle el ánimo.

—Lo lamento, James —le dijo Meowth—. Llegaste lejos para ser tu primera vez.

—Lo único que lamento es que hayas perdido con semejante… tonto —agregó Jessie.

James no respondió. Lunita sabía que estaba triste y estaba sobre la mesa, refregándose contra su mano.

—Jimmy campeón. Campeón de Lunita —decía, mientras lo lamía y acariciaba con sus patitas.

—Campeón de Lunita, si —murmuró James de manera pensativa.

—Llegaste a los octavos en el primer intento y con mucho menos tiempo para entrenar que el resto —Jessie le puso una mano en el hombro para reconfortarlo. En ese momento, el videoteléfono comenzó a sonar—. Iré yo.

Jessie cruzó la sala para atender. Seguramente era alguno de sus amigos o sus abuelos para reconfortarlo.

—Jessie tiene razón, has llegado lejos —Meowth le sirvió unos onigiris en el plato—. Con suerte, el idiota perderá en los cuartos.

—¿La pelea de Ash no es en un rato? —preguntó James.

—Me parece que…

Jessie los interrumpió.

—Quieren hablar contigo, James. Es de la Liga Pokemón —le dijo, extrañada.

James se levantó y fue hacia el teléfono. Estaba tan confundido como Jessie. ¿Para que querría hablar con él alguien de la Liga Pokemón?

Tomó el tubo del teléfono y miró a la pantalla. Una chica de su edad, de cabello castaño oscuro y pequeños lentes cuadrados de lectura lo miraba del otro lado.

—¿James Kojiro? —preguntó, con voz monótona.

—Si, soy yo.

—Mi nombre es Cindy, soy la secretaria del presidente de la Liga y estoy hablando en representación de él.

James parpadeó.

—¿Qué necesitan de mi?

—Llamo para informarle que usted aún sigue participando en la Liga.

Por un segundo, James creyó que estaba soñando.

—¿Disculpe?

La secretaria miró unos papeles que tenía en mano.

—Su rival, Raymond Johnson, fue sorprendido haciendo trampa durante el duelo y ha sido descalificado de la Liga, lo que lo hace usted ganador de la batalla. Usted está en los cuartos de final.

¿Trampa? ¿Cuartos de final? A duras penas podía procesar la información en su cabeza.

—Lamentamos mucho lo sucedido y espero que esto no arruine su experiencia en la Liga Pokemón. Que tenga un buen día.

La comunicación se cortó. James se quedó mirando la pantalla apagado, viendo su reflejo opaco en el vidrio.

—¡GANASTE! — gritó Meowth, saltando sobre su hombro y abrazándolo. Jessie lo abrazó por la espalda y Lunita comenzó a dar chillidos de felicidad, intentando subir a sus piernas. Eso le hizo dar cuenta que no estaba soñando y que era real. Sea lo que fuera, sentía que alguien quería arruinarle la vida, pero al mismo tiempo había otro ser que lo salvaba. Pero ahora no importaba. Lo que importaba era que ahora estaba de vuelta en la Liga Pokemón.