Hola hola!
Todavía es jueves así que por una vez estoy siendo puntual jajaja gracias a los que todavía siguen la historia n.n y a Lalala Gem por su comentario :D les dejo leer!
Parte VI: Sacrificio
Si el sacrificio es lo último que puede hacer una persona para demostrarte que te quiere, debes dejarla hacerlo.
Leal- Veronica Roth
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Capítulo 32: Elecciones
El verdadero sacrificio es seguir siendo quién eres
Anónimo
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Vio a Catarina detenerse solo un instante para tomar un respiro antes de recibir al nuevo grupo de heridos. Alacante se había convertido en un gran hospital: Hermanos silenciosos y brujos iban de un lugar a otro revisando a los heridos, haciendo lo posible por ellos, ordenando a los que eran muy jóvenes para pelear, pero no así ayudar con algún recado o encomienda. Habían dispuesto el Gard para la atención de las heridas más leves mientras que Basilias se destinó exclusivamente para los más graves. Nefilims y submundos por igual estaban siendo atendidos, no había tiempo para discriminar al respecto si querían la ayuda de los brujos.
Vio a la bruja azul perderse de la vista dando indicaciones para tratar a un hombre lobo que tenía el abdomen rasgado con una fea supuración violeta; mientras tanto en las calles niños y ancianos corrían con mantas, estelas y ungüentos de un lugar a otro según se requirieran. Richard incluso estaba seguro de haber visto a más de uno convencer a algún jinete de la cacería salvaje para que los llevara con ellos al volver a la batalla en Edom, con intenciones de ayudar.
Tontos nefilims sin sentido de auto preservación.
Emitió un suspiro profundo. Ese era el problema con la sangre del ángel, los empujaba a marcharse para arriesgarse en estúpidas batallas por otros mientras lo dejaban a él a cargo de los niños.
- ¡Es trampa! – El grito ofuscado de Maxxie lo sobresaltó cuando Rafael golpeó al niño menor en la mano con la vara de madera que el brujito hizo aparecer minutos antes. El pequeño latino solo lo miraba satisfecho empuñando la vara mientras continuaban con su guerra de espadas. Richard realmente no se había dado cuenta en qué momento Maxxie las hizo aparecer, y mucho menos cuando se habían entendido lo suficiente para establecer un juego. Suponía que Rafael solo decidió que seguir intentando explicar que no entendía a Maxxie, no lograría que el pequeño brujito dejara de parlotear así que simplemente se dejó llevar.
Siguieron jugando entre risas, ignorantes de la tensión que había en la gran biblioteca en la que se encontraban. Había algunos otros niños allí, casi todos demasiado pequeños como para unirse al juego de los chiquillos de Alexander Lightwood, cuidados por algunos adolescentes que solo refunfuñaban por ser encomendados de niñeras en lugar de ayudar activamente.
Y luego estaba él, a quien solo le interesaban los pequeños que Well había dejado a su cargo.
Esperar en el instituto había sido largo; desde que la comitiva se fue, habían estado manteniendo informados a Catarina, Noelie y algunos miembros de la Enclave, con actualizaciones periódicas de la misión a través de mensajes de fuego; y entonces Max se fue, y Catarina envió un mensaje para avisar a Robert Lightwood, y cuando no recibieron respuesta, fue que se dieron cuenta que, de hecho, tenían más de una hora sin noticias.
Noelie y Catarina habían discutido con la Enclave de New York exigiendo pedir un reporte a Idris, donde seguramente la Cónsul y El Inquisidor priorizarían los mensajes; fue entonces que la bruja recibió el mensaje de fuego de la Clave exigiendo su presencia en Idris: la cacería salvaje había llevado a los primeros heridos.
De eso hacía casi dos horas. Catarina había acudido de inmediato llevando consigo a Maxxie y Rafael; Richard los acompañó sin dudarlo: Well le había pedido que los cuidara y pretendía cumplir; si al hacerlo podía mantenerse al tanto de lo que ocurría y quizás tener noticias de su amigo, sería un plus.
No había esperado que los nefilims lo creyeran un niñero y lo encerraran allí con tantos mocosos llorones.
Vio por la ventana a Noelie discutiendo alguna estrategia junto a un brujo de piel atigrada y el nefilim esposo de la Cónsul; recordaba haberlo visto llegar hacía casi treinta minutos con una pierna herida, ahora la tenía vendada y se mantenía con apoyo de un cayado; intentó centrarse en ellos, como si prestar más atención lo ayudara a descifrar que se decían; y fue entonces que lo vio: una mariposa negra que llevaba un pétalo marchito voló errante hasta acercarse a Noelie. La expresión de la hada se descompuso y Richard se sintió palidecer, ese era un augurio, una mala señal para el pueblo Seelie.
La reina Kaelie acababa de morir.
La discusión de los tres se volvió frenética. Noelie observaba el pétalo marchito en su mano con cierto grado de incredulidad. La Reina Kaelie había dispuesto que ella la sucediera en caso de su fallecimiento, pero un nuevo cambio de regente en tan poco tiempo era algo que nunca había ocurrido, mucho menos de una manera tan ajetreada.
Un nuevo grupo de jinetes de la cacería salvaje arribó con nuevos heridos. Richard se enfocó en ellos buscando entre los heridos un rostro familiar, intentando contener el nudo en la garganta sin estar seguro de lo que esperaba conseguir realmente: no quería que Well se lastimara, pero siendo honestos el chico era un artista, un músico como todos los criados por hadas, no un luchador: su esperanza de vida para enfrentarse a demonios no era muy alta, y sin la Reina Kaelie para protegerlo…
Una parte, una muy pequeña se alivió al no verlo en el nuevo grupo; la otra parte, la que le oprimía el pecho con una lágrima amarga cayendo por su rostro, se había dado cuenta que, en todos los viajes, los jinetes no habían llevado ni un solo cuerpo ¿Qué haría si Well moría y su cuerpo quedaba para siempre atrapado en Edom? ¿Si ni siquiera podía recibir un digno funeral Seelie y todo por su culpa? Después de todo fue él quien lo ayudó a escapar del instituto.
- ¡Tío Richard! ¡Tío Richard! ¡Rafael me pegó! – Maxxie corrió hacía él lloriqueando mientras le mostraba la mano donde el niño mayor había vuelto a golpearle con la vara de madera, esta vez con un poco más de fuerza. Richard enarcó una ceja.
- No soy tu tío – Negó como toda respuesta limpiandose el rostro.
- ¿Cuándo volverán Alec y Magnus? - Preguntó Rafael de pronto, acercándose a ellos; parecía satisfecho de sí mismo por haber ganado la pequeña batalla.
- No lo sé – Fue escueto al responder en español.
- Me duele la mano – Seguía llorando Maxxie.
- ¿Por qué todo está tan ajetreado?
- ¿Dónde está papá Magnus?
- ¿Y tu novio Max dónde está?
- ¡Basta! ¡Cállense! - Estalló - ¡Ya basta! No...
Un fuerte golpe de magia se sintió en el ambiente haciéndolo callar de inmediato. A Richard se le erizaron los vellos de la nuca y pudo decir que no fue el único; los adolescentes en la sala se inquietaron y los bebes estallaron en llanto, Maxxie incluso soltó la vara aferrándose a la pierna de Richard en un fuerte abrazo, Rafael dudó, pero era evidente que luchaba consigo mismo para hacer lo mismo.
Si algo podía haber desatado ese nivel de magia en el aire, tenía que ser sin duda las Joyas de Edóm. Sin darse cuenta acarició la cabeza del brujito, tomando a Rafael para acercarlo también a él, el niño no se resistió aferrándose a su cintura. Si finalmente usaron las joyas, todo había terminado; solo esperaba que Bane hubiese hecho bien su trabajo, y sobre todo, que Well volviera a casa.
El silencio se apoderó de la sala mientras veían al hombre recién aparecido. Todo en él era discordante, en primer lugar verlo en Edom tan tranquilo como si estuviera de paseo, vestido con un impecable traje blanco adornado con brillantes gemelos en forma de moscas en sus mangas, pasando por su rostro humano que resaltaba los ojos demoniacos en forma de gato, o esa belleza etérea casi angelical que se contrastaba con la maldad en su expresión. La corona llena de espinas que exhibía en su cabeza sin cabello, parecía una analogía perfecta a lo que representaba.
- Esto – El hombre señaló a Magnus con burla en su voz - Es lo divertido de los humanos: hacen cualquier cosa impulsiva sin detenerse a hacer su tarea primero – Se incorporó caminando en su dirección - Y me temo que no es un cumplido cuando digo que tienes mucho de humano Magnus.
Alec se apresuró a plantarse entre él y Magnus protectoramente. Jace apenas podía mantenerse en pie, pero eso no lo detuvo de colocarse al lado de su parabatai con espada en mano, dispuesto a luchar codo a codo para proteger al brujo. Maryse también se incorporó protectoramente ante Max, e Isabelle y Clary junto a Simon. El recién llegado los ignoró a todos, ninguno parecía merecer su atención.
Magnus de rodillas, sin fuerzas para incorporarse alzó la mano sujetando a Alec del traje de combate intentando contenerlo, pero al hablar lo hizo mirando al hombre frente a él.
- Yo no te llame - Siseó
- Oh por supuesto que no, eres un obstinado – Desestimó el hombre – Pero entenderás que todo este… escándalo que el hijo de Lilith ha causado fue más que un poco interesante, en especial cuando resulta que mis joyas han vuelto a casa – El hombre se acercó con paso lento, haciendo un gesto con la mano como si barriera el aire frente a él, uno por uno los nefilims y el vampiro fueron apartados del camino del demonio hasta quedar lejos, junto a las paredes. – Como es lógico, tenía que venir y ver quien fue el tonto que las reunió y activó todas juntas – Siguió explicando mientras llegaba finalmente ante Magnus, solo Alec había quedado en pie entre ellos, separándolos; pero el hombre lo ignoraba, sus ojos de gato fijos en el brujo – Imagina mi sorpresa al llegar y darme cuenta que fuiste tú: siempre supe qué harías grandes cosas, y que eres estúpido, nunca imaginé que tanto de ambas.
- ¿Quién eres tú? -Intervino Alec su cuchillo serafín en la mano que Magnus no sujetaba. Estaba a solo una estocada del demonio, y tenía toda la disposición de apuñalarlo si era necesario. El demonio sonrió filosamente.
- Pero que maleducado: el hijo prodigo regresa a casa y no les habla a sus amigos de su padre y anfitrión. - Un jadeo generalizado de sorpresa se escuchó en la sala ante la sorpresa
- ¿Padre? - Alec bajó el cuchillo serafín con asombro, volviendo la mirada a Magnus en busca de su confirmación. El brujo seguía sujetando la manga de Alec en un débil agarre, evitando su mirada avergonzado.
- Él es Asmodeus - Confirmó - Uno de los siete generales del infierno, aliado de Lilith, regente de Edom y… mi padre – Asmodeus hizo una inclinación con la cabeza acompañada de una floritura en respuesta a esa presentación.
- Tu padre...-Repitió Alec, miraba a Magnus y luego a Asmodeus cargando su mirada de decisión - Bien, eso está bien.
- ¿Qué? - Jace volvió a ver a su parabatai como si estuviese loco: la aparición de un príncipe del infierno justo ahora que todos estaban tan heridos y agotados era todo menos "bien", y Asmodeus era lo que se consideraba la realeza de los demonios mayores. Pero Alec no lo pensaba así, en cambio veía al demonio casi esperanzado.
- Y tú debes ser el nefilim amante de mi hijo y del hijo de Lilith – Devolvió el demonio – Me gustaría decir que he oído hablar de ti por Magnus, pero ya vez lo malagradecido que es. – Alec hizo caso omiso de eso, su cerebro iba a mil por hora analizando las posibilidades.
- Tu...Usted – Se corrigió usando un tono respetuoso mientras razonaba – Usted creó las joyas, entonces puede decirnos como quitárselas a Magnus.
-Si, podría – Afirmó sonriente; y Alec dejó escapar el aliento que no notó que había contenido.
- Alec...no – El brujo apretó su mano aún más fuerte intentando detenerlo.
- ¿Entonces que espera? – Lo urgió intentando no parecer demasiado exigente - ¡Esas cosas están debilitándolo...! – La sonrisa de Asmodeus solo se ensanchó.
- Y él se está fortaleciendo con eso - Hizo ver Simon; el demonio amplió su sonrisa dando una clara imagen del gato de Cheshire que erizó los vellos de la nuca de todos; Alec abrió la boca horrorizado.
- Pero… ¡Es su hijo! - Asmodeus hizo un gesto de la mano restándole importancia.
- No es gran cosa -Desestimó - Tengo más de donde salió él.
- ¡No puedes solo dejarlo morir!
- Está bien, está bien – Alzó las manos con intención de aplacarlo – Te lo diré. – Cedió fácilmente.
- Es una trampa - Aseguró Magnus de inmediato, intentando ponerse en pie, Alec lo sujetó de la cintura antes de que cayera, ayudándolo a mantenerse - Tú no harías nada por mí.
- Por todos los infiernos, con razón están juntos: son igual de dramáticos – Rodó los ojos, aunque cualquiera que lo viera podía decir cuánto estaba disfrutando de la situación - Se los diré sin costo alguno, un regalo especial para mi hijo favorito – Guiñó un ojo en su dirección, haciendo una pequeña pausa solo para aumentar la expectativa de Alec que sentía como el corazón estaba por saltarle de la garganta - Solo deben quitarlas en el orden que las pusieron; cada una de las personas que lo hizo.
El cerebro racional de Alec le dijo que algo estaba mal, no podía ser tan fácil, no cuando se trataba de lidiar con demonios, sin embargo, ver como las líneas de expresión en Magnus eran cada vez más marcadas, con pequeñas patas de gallo en sus ojos lo hizo exclamar de inmediato.
- ¡Bien! ¡Primero el collar! – Dijo mirando a todos en su familia. Magnus palideció como un papel al tiempo que la sonrisa de Asmodeus crecía más y más pero el Nefilim no lo notó, él miraba a todos sus amigos - ¿Quién de ustedes fue? ¡Rápido, quítenselo!
Pero ellos solo se miraban unos a otros, negando con la cabeza.
- Fue...fue Kaelie.
Max respingó al escuchar la voz quebrada de Magnus al igual que lo hizo Alec. El ojos azules buscó a la mujer hada con la mirada, recordaba haberla visto con el resto cuando entraron a la fortaleza lo que parecían horas pero que no hacía ni una hora; pero ahora, no había rastro de ella, no la había vuelto a ver.
- ¿Dónde está? -Preguntó al notarlo - Tiene que...
- Sebastian la asesinó- Informó Maryse en un susurro bajo; Alec jadeó. No... No podía ser, si ella estaba muerta... tenía que haber otra forma, Sebastian no podía quitarle a Magnus de esa forma.
- Debe haber otra manera - Susurró, no podía perder a Magnus al final, cuando habían vencido, no podía...
- Está bien Alec...- Susurró el brujo - Yo...corrí el riesgo, tenía que hacerlo solo así estarían a salvo los niños, el mundo de sombras...- Aseguró agregando en un bajo susurro-tú.
- ¡No! - Negó el ojos azules encarando a Asmodeus - ¡Tiene que haber otra manera! ¡Son tus joyas! - Le gritó, cualquier intento de mantenerse amable había desaparecido en favor de la desesperación.
- Yo podría quitarlas - Aseguró el demonio; estaba realmente divertido por la situación, entretenido con la desesperación de Alec, haciéndolo ir de la esperanza a la angustia con cada frase - Pero no me beneficia en nada hacerlo.
- ¡Quítaselas! - Ordenó Isabelle enristrando su látigo.
- ¡No es la primera vez que nos enfrentamos a un príncipe del infierno! – Siseó Jace. Asmodeus los miró con una ceja enarcada: su encuentro con Azazel no podía considerarse un "enfrentamiento" además todos estaban heridos en mayor o menos medida, no había manera de que intimidaran así a nadie, en cambio solo eran pequeñas orugas tropezaban con su zapato, listas para ser aplastadas si se sentía con los ánimos.
Pero eso no sería entretenido, esto lo era.
- Te devolveremos las joyas – Ofertó Alec en un susurro- Por favor, si se las quitas te las daremos - Suplicó
- ¡No! - Negó Magnus - Es demasiado poder para él, podría dejar al mundo indefenso... - Asmodeus bufó con un gesto despreciativo.
- Si quisiera ir por el mundo convirtiendo Nefilims en mundanos habría usado las joyas para mí en lugar de dárselas a mis estúpidos hijos - Aseguró y agregó hacia Alec – Además no veo a nadie aquí que impida que las obtenga cuando Magnus envejezca y muera; no tardará mucho de todas formas.
Alec abrió los ojos con horror mirando al brujo; había nuevas arruguitas en su frente. Sintió el pánico cubrirlo.
- Me quedo con las joyas, me quedo con su magia; es ganar-ganar para mí – Siguió el demonio relamiéndose de placer – A menos claro que le corten la cabeza para quitar el collar y poder retirar el resto de las joyas, aunque yo no lo haría si fuera ustedes.
- ¡No puedes hacer eso! Dejarlo morir… -Intentó lanzarse sobre el demonio pero Magnus lo detuvo jalándolo para que se arrodillara frente a él: no tenía sentido que lo hiciera, no ganaría contra Asmodeus.
- Está bien... está bien Alec – Lo obligó a girarse, sujetando su quijada suavemente haciendo que lo mirara. - Ya he vivido bastante...
- No, no – Su voz se quebró, Magnus no podía estar hablando en serio, no podía romper su corazón de esa forma al darse por vencido - No te atrevas Magnus... - Le advirtió - Tienes que volver ¿Qué voy a decirle a los niños? – El chico sollozó - Tenemos que luchar para salir de aquí... tienes que seguir enojado conmigo, hacerme dormir en el sofá hasta que logre conquistarte de nuevo... Me... me prometiste que viviríamos juntos, y adoptaremos a Maxxie y Rafael - Los ojos de Magnus se llenaron de lágrimas - Que los llevaríamos al mundial de soccer –Su voz se quebró al recordar la conversación que habían tenido en Argentina, los planes que hicieron luego en la privacidad de su habitación en el instituto - Tienes que… que enseñar a Maxxie a andar en bicicleta y hacer magia y… regañarme por dejar que Rafe use armas antes de los diez y...
- Te amo Alexander - Susurró Magnus callándolo al besar sus labios; era muy doloroso que Alec le recordara lo que estaba dejando, la vida que habían planeado juntos, en su lugar quería despedirse, no sabía cuánto tiempo tenía para hacerlo; quería besarlo, no tenía tiempo para estar enojado con él, para resolver las cosas que habían ocurrido con Sebastian, pero sí de sentir sus labios y si eso era lo último que tendría sería suficiente. Alec lo recibió con las lágrimas cubriendo su rostro, no podía, después de todo lo que habían sacrificado, no podía solo sentarse y dejar que le arrebataran a Magnus, no podía dejar que su último beso fuese en un asqueroso salón parcialmente derrumbado en medio del infierno, no estaba dispuesto a permitir que Sebastian ganara, que incluso tras su muerte le arrebatara a Magnus.
Se apartó del brujo, ignorando el sollozo de Clary ante la escena o los culpables de Max. Y volvió una mirada decidida a Asmodeus.
- ¿Qué quieres a cambio? – No había duda en su voz y eso desató la alarma de inmediato.
- ¡Alexander! – Exclamó Maryse.
- ¡Alec no! – Negó Magnus, pero él hizo oídos sordos, estaba determinado a volver a casa con Magnus.
- Te daré lo que quieras, lo que sea - Aseguró - Pero quítale el collar.
- Una interesante propuesta... – Dijo el demonio complacido.
- Olvídalo, no sabe lo que dice - Clamó Magnus.
- ¿Pero de que me sirves nefilim? – Lo ignoró Asmodeus - No tienes una inmortalidad que reponga el poder que me da la de Magnus ¿Qué podrías ofrecerme?
- Mi sangre nefilim - Dijo sin titubear; Asmodeus enarcó una ceja.
- Espero algo mejor que eso - Aseguró y Alec dudó porque entonces ¿Que podía ofrecer? habría esperado que Asmodeus pidiera, no que él esperara una oferta; ni siquiera sabía que podía ser además de su sangre nefilim, no tenían mucha experiencia en tratos con demonios mayores, no desde Azazel hacía más de cinco años.
- ¿Mis… recuerdos? - Ofreció con duda - A ustedes los demonios parece gustarles...
- ¿Y de que me sirven los recuerdos que te atormentan de tu pasado con el hijo favorito de Lilith? - Y por primera vez su voz se escuchó seria - No sé quién crees que soy, pero no me interesa hacerte favores Nefilim.
La expresión de Alec se estranguló mirando a su alrededor por ayuda, por alguna idea que pudiera ofrecer para conservar a Magnus. Max miró a su hermano con angustia en el pecho, no podía dejar de mirar y pensar en cuanto todo esto era su culpa: lo fue desde el inicio cuando decidió ayudar a Sebastian, cuando separó a Magnus de Alec e introdujo las joyas de Edom a la vida de todos, lo fue cuando tardó en hacer el ritual para dejar de compartir sus sueños con Sebastian, o cuando ignoró las advertencias que Jonathan le hizo llegar a través de ellos.
¿Cuántas veces le advirtió que no entregara las joyas a la Reina Seelie? ¿O que no dejara que Alec fuese a Edóm? "El camino de muerte solo se detendrá con un gran sacrificio" Le había dicho una y otra vez, y él no prestó atención y entonces Robert había muerto, al igual que Kaelie y la madre de Clary, y otro centenar de nefilims y submundos que habían luchado contra los demonios para darles una oportunidad de detener a Sebastian, una oportunidad para que Magnus también muriera por su culpa ¿Era ese el gran sacrifico que lo detendría todo o solo una muerte más en la lista?
Vio la angustia en el rostro de su hermano convertirse en lágrimas desesperadas ante la diversión en Asmodeus. Él quería ser un Lightwood de nuevo, en las últimas semanas la idea se había vuelto cada vez más atractiva hasta convertirse en un anhelo para su corazón, quería volver a ser el "pequeño Max" para su familia, quería ser el "Pequeño Well" encantador y artístico de Kaelie.
"Ser, hacer… -Había dicho Jonathan la última vez que le vio en su cabeza, justo antes de hacer el ritual que bloquearía su mente a cualquier influencia externa - A veces lo difícil es no ser, no hacer"
Las manos de Max temblaron; sintiendo como perdía el aliento, sabía lo que tenía que hacer, pero era tan difícil. Miró a Maryse, su madre, con lágrimas en los ojos; porque si quería que Alec lo viera como más que el chico que ayudó a Sebastian, como un Lightwood, debía no ser uno.
Y eso dolía.
- Toma mis recuerdos – Exclamó, su voz temblaba, pero su determinación le hizo dar un paso al frente. Isabelle intentó sujetarlo y apartarlo de la atención de Asmodeus pero el chico se la sacudió.
- ¡No Max! - Negó Alec de inmediato.
- ¡No puedes! – Saltó Jace.
- Acabo de recuperarte, no voy a perderte – Maryse intentó llegar a él. Asmodeus hizo un gesto de la mano y su magia detuvo a todos, permitiendo que Max se acercara; mientras él analizaba la reacción de todos con interés.
- Todo esto es mi culpa – Sollozó Max mirando directamente a Alec y Magnus - Les hice mucho daño, Alec; déjame intentar repararlo de alguna forma.
- No lo hagas Max...- Susurró Isabelle derrumbándose – Tiene que haber otra manera...
- Te daré mi inmortalidad – Simon se adelantó con la mirada fija en su novia. Había visto a Isabelle perder a Max dos veces, no iba a permitir que lo sufriera una tercera vez, mucho menos cuando tenía que lidiar aun con la perdida de Robert.
- ¡No! – Intervino Magnus de inmediato. – Eres un no muerto; sin tu inmortalidad solo morirás. – Isabelle y Clary de inmediato saltaron en alarma.
- ¡No, Simon! – Isabelle lo sujetó.
- Jace, no puedes dejarlo – Angustió la pelirroja.
- Deja a Max y Simon en paz – Aun con la pierna lastimada y necesitando del cuchillo serafín para sostenerse, Jace parecía amenazante, o lo sería si no se enfrentara a un principe del infierno que lo ignoraba - Te daré mi sangre de ángel…- Ofertó.
Asmodeus finalmente volvió a verlo, sus ojos de gato contemplativos miraron al rubio. Tenía que darle un punto al chico por no mostrarse intimidado, al contrario, estaba dispuesto a entregar lo que le hacía un nefilim especial a cambio de salir todos de allí ilesos; tenía que admitir, que de todas las ofertas esa era la más atractiva: su sangre era sumamente poderosa, pero al mismo tiempo era muy problemática.
- No voy a iniciar una guerra con Raziel por retirar los dones que otorgó – Señaló a Alec - Ni con ninguno de sus mis presuntuosos hermanos en el cielo - Desestimó finalmente con un gesto de la mano a Jace, apartando la mirada; Asmodeus prácticamente se deleitó con el estremecimiento que sus palabras causaron.
- ¿Qué? Pero…- Jace se descolocó por el rechazo.
- Son unos obstinados rencorosos – Dijo el demonio volviendo la mirada para ver a Max y Simon; evaluándolos: Los recuerdos si valdrían la pena, pero no los de Alexander; estos solo tenían poder por las emociones que se ligaban a ellos; y los de el más joven de los Lightwood estaban cargados de emociones, propias y de todos a su alrededor tan desesperados por evitar que se sacrificara para salvar a un brujo al que ni siquiera le importaba. Podía verlo: Magnus no había intentado ni una sola vez detenerlo, era el único que no había dicho nada cuando Max habló, su hijo con gusto borraría todos los recuerdos del nefilim criado por Seelies si con eso se salvaba; en cambio, Magnus saltó de inmediato para proteger al vampiro diurno.
- Simon retrocede – Le imploró el brujo. Asmodeus sonrió ampliamente preguntándose qué pensarían todos de eso... Que pensaría Alexander.
- Max por favor – Suplicó Maryse. Alec que apoyaba a Magnus junto a él, miró de Simon a su hermano sin saber que decir, pero con el corazón acelerando de angustia con cada segundo que pasaba.
- Aceptaré retirar el collar a cambio de quitarle al chiquillo todos sus recuerdos de ustedes, de antes de ser adoptado por las hadas, de su vida como Nefilim.
- ¡No! – Exclamó Maryse; el joven se adelantó con resignación, mirando a Alec antes de asentir, demostrando que estaba de acuerdo aun cuando por dentro sentía que se partía en pedazos. Alec jadeó su nombre, tensando su agarre sobre Magnus.
- ¿Qué hay de mí? – Clamó Simon viendo las lágrimas pesadas en el rostro de Isabelle.
- No tienes nada que ofrecer realmente, mundano.
- ¿Q…? – Simon se desconcertó - ¡Soy un vampiro, un diurno!
- Lo eras, te acercaste mucho a las joyas – Simon abrió los ojos de par en par, incrédulo; no se sentía diferente, y sin embargo apenas se daba cuenta que, de hecho, no podía oler la sangre de la pierna de Jace, o el latido angustiado de Isabelle. – Y yo estoy perdiendo la paciencia – Se volvió directamente a Alec. – Esa es mi oferta nefilim, los recuerdos de tu hermano por quitar las joyas; decide.
- Max no tiene a Kaelie que lo proteja en el mundo Seelie – Exclamó Maryse angustiada mirando a sus hijos.
- Es mi decisión mamá – Intervino Max con lágrimas; Maryse lloró, se negaba a que esa fuera la última vez que escuchara a su pequeño llamarla de esa forma. – Quiero hacerlo, Alec; se los debo – Había lágrimas en sus ojos, pero estaba decidido.
Alec en cambio dudó, porque su madre tenía razón: una sola palabra suya y perdería a su hermanito de nuevo en razón del malcriado chico que se convirtió en Feéra. Como Well Max no quería ser parte de los Lightwood en un principio aun recordando a todos, sin sus recuerdos lo estaría arrojando de vuelta a Feéra pero esta vez solo; Max se apartaría de su familia, después de tanto luchar por traerlo de vuelta y no tendría a Kaelie para cuidarlo.
Pero entonces habían aparecido pequeños reflejos canosos a ambos lados de la sien de Magnus.
- Tic Toc, el tiempo corre Nefilim - Asmodeus no se movió, pero Alec escuchó sus palabras maliciosas como si las susurrara en su oído - ¿A quién elegirás? ¿Tu novio o tu hermano?
Alec cerró los ojos, sabía la respuesta, y una lagrima se le escapó antes de tomar su decisión.
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¿Qué tal? Oh Alec, ¿Qué decidiste? ¿Qué creen?
Lo sabremos en el epilogo "Sin arrepentimientos" y lo traigo para el día domingo n.n
Nos leemos pronto
Besos :3
