Buenas!
Algo que quiero contarles es que estoy trabajando en un nuevo fic. No es de Pokemón, sino de Harry Potter. Es un UA del Prisionero de Azkaban, donde Severus Snape tiene hermanos. Suena a badfic, ya lo sé, pero si quieren darle una oportunidad... Todavía no lo publiqué, pero lo haré a finales de este mes o principios de Marzo. Se llamará "Lo que sea necesario".
Bueno, ahora que hice el anuncio... ¡Este es el penúltimo capítulo, yay!
Viruz: Gracias por tu apoyo!
Nancy: Son personas que se complementan la una a la otra. ¿Sabes que yo siempre me quejo como narro? Tal vez soy yo que siempre veo mis capítulos peor de lo que son. Gracias por ese subidón a mi autoestima de ficker.
El clima es espantoso acá, pero me las puedo arreglar, por suerte.
Capítulo cincuenta y nueve
La depresión de Ash
James intentó hablar con Ash apenas terminó la batalla, pero el chico tan solo lo evitó y se fue directo a su cabaña, haciendo caso omiso hasta de sus mejores amigos y su madre.
—Acaba de perder, es normal que esté así —le dijo Brock, con una sonrisa triste.
—Con lo poco que entrenó, tiene suerte de que haya llegado donde llegó —se burló Misty.
—Ni te ocurra decirle eso —le dijo James a Misty—. No necesita que lo tires más abajo, necesita apoyo.
—¿Dónde están Jessie y Meowth? —preguntó Brock.
—Ya deben estar en camino.
—Nosotros volvemos a la cabaña. Felicidades por tu victoria.
—¡Ay, es verdad! ¡Felicidades! —le dijo Misty, abrazando con fuerza a su Togepi.
—Espero verlos mañana en la semifinal.
—Ahí estaremos.
Los chicos se marcharon y él se quedó solo, en frente del estadio. Algunas personas pasaron y lo felicitaron por la batalla mientras esperaba. Incluso un niño de unos seis años le pidió que le autografiara su gorra.
Estaba preocupado por Ash. El chico quería ganar la Liga más que cualquier cosa en el mundo y James se había encargado de truncárselo. Ni siquiera deseaba ir a la Liga, lo había hecho solo porque había pasado un exámen y no quería desperdiciar la oportunidad. No había visto mucho al chico desde que se habían ido a vivir con Oak, pero suponía que había entrenado un poco, ¿no? ¿Qué le había pasado?
A los pocos minutos, Jessie llegó, junto con Jamie, Meowth y Lunita. Jessie le estampó y apasionado beso en los labios delante de todos, lo cual hizo que James se sonrojara violentamente.
—Jessie… la gente… —murmuró, abochornado.
—Que se vayan al carajo. ¡Ganaste!
—Papi, ¿Qué es carajo? —preguntó Lunita a su padre.
—¡Jessie! ¡Cuida esa boca tuya! —la retó Meowth.
—Ay, disculpe usted —se burló Jessie—. Lo importante aquí es que James le ganó al bobo, ¿verdad?
—Si, si —respondió James, no muy convencido.
—Oh, vamos, ¿no me digas que te sientes culpable?
—Tal vez un poco…
Jessie le golpeó en la parte de atrás de la cabeza con la palma de la mano.
—No seas id… tonto —se corrigió Jessie al ver la mirada asesina de Meowth—. No es tu culpa que él no se haya preparado lo suficiente.
—Vamos a comer afuera —dijo Meowth, sonriente—. Tenemos que celebrarlo.
Almorzaron en uno de los restaurantes de la zona donde podían comer gratis. James quería saber de su rival, pero Meowth juzgó imprudente hablar del tema en un lugar público, donde cualquiera podría escuchar su estrategia, así que prefirieron comer tranquilos y regresar a la cabaña.
—No son buenas noticias —dijo Jessie, apenas se sentaron en la mesa—. El rival se llama AJ y tiene la edad de Ash, mas o menos.
—¿Y por qué son malas noticias? ¿Acaso no perdió ninguna batalla? —le preguntó James, sin entender.
—James, ¿recuerdas cuando quisimos robarnos a Pikachu en un gimnasio no oficial y nos llevamos a su Sandshrew por error? —le preguntó Meowth.
James tuvo que hacer un esfuerzo para recordar.
—No me digas que es él…
—Es ese chico.
—¿Me reconocerá como lo hizo Giselle? —James se encogió en la silla. No sabía si podría zafarse de la policía otra vez.
—No lo sé. Tal vez si, tal vez no. Pasó mucho tiempo —opinó Jessie.
—Con Giselle también pasó mucho tiempo —replicó James.
—¿Qué haremos? Porque si te reconoce y te denuncia… no sé si tendrás un ángel de la guarda esta vez.
—¿Quieres que diga que no voy a participar?
Hubo silencio. James continuó.
—Me he tomado esto en serio, a pesar de que todo esto empezó como un juego. Voy a seguir hasta el final, gane o no la Liga Pokemón. No voy a echarme atrás.
Jessie le pasó una mano por el hombro, sonriendo.
—Bueno, ahora que tomaste una decisión, ¿vas a hacer una estrategia?
—Vamos a hacer una estrategia —respondió James, resaltando la palabra "vamos" —. Ademas del Sandshrew, ¿Qué otros pokemón tiene?
—Para empezar, es un Sandslash ahora —lo corrigió Meowth—. Tiene pokemón bastante variados, pero a los que más usa son a Sandslash y a un Ninetales.
James meditó un momento, procesando lo que Meowth le había dicho.
—Entonces tendré a Victreebel y a Golduck seguros en el equipo. ¿Qué otros pokemón ha estado usando?
Esta vez fue Jessie la que respondió.
—Desde pokemón comunes, como Raticate y Beedrill, hasta pokemón poderosos, como Gengar y Onix.
—Tendré que cubrir todo lo que pueda —murmuró James—. Weezing… Mr Mime… Butterfree… y Nina. Si, ese será mi equipo ganador.
James se levantó y se estiró, crujiendo sus huesos.
—Mañana será un día complicado, así que me voy a acostar un rato. Si tengo suerte, mañana seré el finalista.
James se levantó temprano, desayunó y se marchó para el estadio, a pesar de que faltaba varias horas para la batalla. Jessie llamó por teléfono a la cabaña de Ash y la atendió Brock.
—¡Hola, Jessie! ¿Cómo están? —preguntó Brock.
—Bien, James salió ya para el estadio; está muy ansioso. ¿Cómo está Ash?
Brock suspiró.
—No se ha levantado de la cama desde que llegó. Está muy triste.
—Me imagino… Oye, veré la batalla por la tele, ¿ustedes van al estadio o se quedan?
—Nos quedaremos, ¿quieres venir a nuestra cabaña?
—Llamaba para eso. Y no te preocupes por Ash, ya lo levantaré de las orejas.
Brock soltó una risa seca.
—Te espero.
Jessie colgó el teléfono y se dirigió a Meowth, quien estaba muy ocupado haciéndole caras graciosas a Jamie.
—Vamos a la cabaña de Ash para ver la batalla de James.
—Ah, genial ¿Cómo está Ash?
—Tirado como una bolsa de papas —respondió Jessie—. Preparemos nuestras cosas y vámonos.
La cabaña de Ash no estaba muy lejos de la suya, pero había que caminar un poco. Mientras andaban, Jessie miraba de vez en cuando a su hija, quien tenía la mirada perdida en el cielo. ¿Cómo había podido tener una criaturita tan hermosa? Y nada más que con James. Un año atrás, ni siquiera salía con él y ahora tenían una hija por la que daría su vida.
Llegaron a la cabaña y tocaron a la puerta. Brock fue el que los atendió. Adentro se escuchaba una discusión.
—Misty y Ash se están peleando —les dijo, haciéndolos pasar—. Delia y Oak están intentando calmarlos.
—¿Puedes tener a Jamie un momento?
—S-si, claro.
Jamie le pasó al bebé y se dirigió a Meowth y Lunita.
—Ustedes quédense ahí, voy a intentar calmarlos a estos dos.
Jessie se dirigió a la habitación de Ash, pero Delia y Oak estaban tapando la entrada, intentando tranquilizar a los chicos, pero aún así, podía ver como se gritaban mientras Pikachu estaba en el medio, intentando calmarlos.
—¡Tendrías que estar agradecido por el puesto en que quedaste! ¡Con lo poco que entrenaste, tuviste suerte de que pasaras la primera ronda! —le gritó Misty a Ash.
—¡Callate! ¡Mis pokemón son los mejores!
—¡No hablo de tus pokemón, hablo de ti! ¡No has entrenado un maldito día!
—¡Eres una…!
—¡YA CALLENSE USTEDES DOS! —gritó Jessie, haciendo que todos pegaran un salto. Jessie respiró profundo—. Quiero hablar contigo, Ash. A solas.
Misty le dirigió una ultima mirada fulminante a Ash y salió de la habitación dando zancadas. Oak y Delia se fueron en silencio, dejándolos a solas.
—¿Por qué peleaban? —preguntó Jessie.
Ash se sentó en la cama y Pikachu se puso a su lado.
—Le dije que no quería salir y luego se puso a insultarme —gruñó—. No se quien demonios se cree que es.
Jessie suspiró.
—¿No vas a ver la pelea de James? Es hoy.
Ash miró hacia el piso y no respondió.
—Entiendo que estés mal por haber perdido, pero no puedes estar tirado en la cama hasta que te echen los empleados de la Liga. Llegaste más lejos que Gary al menos.
Ash levantó un poco la vista.
—Si, pero…
—No es que no vayas a participar nunca más en la Liga. Prueba el próximo año. Total, tienes toda una vida por delante, tienes diez años…
—Tengo once.
—Como sea, el caso es que eres muy joven. Nadie piensa que eres un idiota por perder. Eres el chico de Pueblo Paleta que más lejos ha llegado, deberías sentirte orgulloso de lo que lograste.
Ash la miró a los ojos, ya con una leve sonrisa.
—¿De verdad?
—De verdad.
La sonrisa de Ash se apagó de golpe.
—Misty me dijo de que no he entrenado lo suficiente y creo que tiene razón —dijo, en un hilo de voz.
Jessie torció la boca en un gesto para evitar ser hiriente con él.
—La tiene, pero en lugar de lamentarte, mejora.
Ash asintió con lentitud con la cabeza.
—¿Falta mucho para la batalla de James?
—Un poco. ¿Vas a verlo en la televisión?
Ash se levantó de la cama, ya con los ojos brillantes.
—¡Jamás me lo perdería!
James entró en el estadio bajo una lluvia de aplausos. Delante de él estaba AJ, quien no dio ninguna muestra de reconocerlo.
Se escuchaba la voz por los parlantes del locutor, pero James ya no estaba escuchando. Estaba muy nervioso. El chico era muy bueno en la batalla, tenía mucha experiencia y probablemente lo aplastara, pero al mismo tiempo James había estado entrenando lo suyo. Lo único que tenía claro era que la batalla no sería nada fácil.
—¿Preparados? ¡Comiencen!
—¡Sal, Nina!
—¡Yo te elijo, Gengar!
James tragó saliva. No estaba acostumbrado a tratar con pokemón tipo Fantasma, pero sabía que los ataques normales no funcionarían.
—¡Nina, Impactrueno!
—¡Esquivalo, Gengar!
Gengar se movió enseguida y el impactrueno pegó en la tierra. James ordenó a Nina que hiciera más Impactruenos, pero Gengar los esquivaba a velocidad endemoniada. Como los pokemón fantasma eran inmunes a ataques tipo normal, lo único que podía hacer era tirar ataques eléctricos y rogar que alguno impactara en él.
—¡Haz Doble Equipo, Nina!
Nina comenzó a correr en círculos alrededor de Gengar, pero ya estaba cansada. El único objetivo de James era que Gengar se mareara, pero no estaba funcionando. Antes de que se le ocurriera sacar a Nina, AJ ordenó.
—¡Puño Sombra!
Fue demasiado rápido, como si se hubiera teletransportado. Alzó su puño y golpeó con fuerza a Nina, quien salió volando. Antes de que pudiera reaccionar, AJ siguió dando órdenes.
—¡Tinieblas!
Una especie de humo negro muy denso salió de la psicópata sonrisa de Gengar y atacó a Nina. La pobre no dio más y quedó fuera de combate.
—¡Nina no puede continuar! ¡Gengar es el ganador!
James llamó a Nina a su pokebola y suspiró. No tenía idea que pokemón sacar para un tipo fantasma, así que sacó lo único que se le ocurrió.
—¡Ve, Victreebel!
Su pokemón planta salió, dando saltitos y chillidos. Se giró a medias hacia James, pero se contuvo de tirársele encima y volvió a mirar al frente.
—¡Usa Hojas Navaja!
—¡Esquivalo!
Con su agilidad, a Gengar no le costó nada esquivar las hojas de Victreebel, James creyó ver la táctica de AJ: cansar a los pokemón para después dar los golpes cuando ya los contrincantes estaban demasiado cansados como para esquivarlos o soportarlos. Necesitaba pensar rápido, pero no se le estaba ocurriendo absolutamente nada. De alguna manera tenía que arrinconarlo
—¡Polvo sueño!
Victreebel soltó una polvareda brillante y amarillenta a su alrededor, así al menos Gengar no podría acercarse mientras pensaba en algo.
—¡Psiquico!
Una especie de ondas de color rosa se dirigieron hacia VIctreebel. Ella intentó esquivarlas, pero no era demasiado agil y el ataque la alcanzó. Gengar volvió a repetir el ataque dos veces más hasta que Victreebel dejó de moverse.
—Victreebel no puede continuar, ¡Gengar es el ganador!
James llamó a Victreebel dentro de la pokebola y se mordió el labio. ¿Qué demonios podía hacer? Ya le había derrotado a dos pokemón con facilidad. ¿Qué pokemón eligiria?
James sacó el tercer pokemón.
—¡Ve, Butterfree!
Butterfree salió, desplegando sus lindas alas blancas. James tenía un plan, pero no estaba muy seguro de que funcionaria.
—¡Rayo Confuso!
—¡Tornado!
Butterfree batió las alas con todas su fuerzas, creando un tornado. Gengar no se pudo mantener en el suelo y quedó atrapado por las fortísimas corrientes de aire. No tenía que darle la más minima oportunidad para que atacara.
—¡Ve adentro del tornado y usa Confusión!
Butterfree voló muy alto y se adentró en el centro del huracán. Ya no se podía ver nada, pero confiaba que su pokemón lo lograría. Despues de casi un minuto que a James le pareció como una hora, la tormenta cesó y el Gengar cayó al suelo, inconsciente.
—Gengar no puede continuar, ¡Butterfree es el ganador!
Hasta que al fin ganaba una. A pesar de la derrota, AJ estaba muy tranquilo. Claro, todavía le quedaban cinco y James solo tenía tres.
AJ sacó su segunda pokebola.
—¡Ve, Ninetales!
James tragó saliva. Sabía que los Ninetales podían llegar a ser poderosos contrincantes y, si bien ya había vencido a uno o dos antes, sabía que no era fácil y mucho menos en manos de AJ.
—¡Butterfree regresa! ¡Sal, Golduck!
No esperaba a sacar a uno de sus pokemón estrella hasta el final, pero ya se estaba desesperando.
—¡Golduck, hidrobomba!
Golduck escupió una tremenda cantidad de agua, con la esperanza que impactara contra el Ninetales.
—¡Ataque Rápido!
Ninetales esquivó el ataque con facilidad e impactó su cuerpo contra Golduck, lo suficiente para tirarlo al suelo.
—¡Golduck, Confusión!
—¡Giro fuego!
Antes de que Golduck, pudiera confundirlo, Ninetales usó su ataque de fuego hacia él. Era como un espiral endemoniado que se dirigía hacia su pokemón . No lo llegó a golpear, gracias a que Golduck se echó para un costado, pero le pasó muy cerca de la cara y Golduck se sujetó el rostro con las patas delanteras. Le había pasado tan cerca, que le había irritado los ojos.
—¡Ataque Rapido!
—¡Doble Equipo!
A pesar de su ceguera temporal, Golduck logró esquivar a Ninetales y a hacer varias copias de si mismo, alrededor del pokemón de fuego. Ganaria tiempo hasta que Golduck pudiera ver mejor.
Ninetales se quedó quieto, mirando a las copias de su rival con atención, queriendo averiguar cual era el verdadero. Cuando notó que su pokemón ya veía mejor, ordenó:
—¡Hidrobomba!
—¡Excavar!
Ninetales se metió bajo tierra antes de que la Hidrobomba lo alcanzara. Apenas terminó de escupir la última gota de agua, Ninetales emergió del suelo debajo de la patas de Golduck y lo derribó. El pokemón de fuego saltó hacia atrás para alejarse de él y AJ ordenó:
—¡Llamarada!
Una tempestad de fuego salió de la boca de Ninetales y atacó a Golduck, envolviéndolo en las llamas. El pobre cayó al suelo, vencido.
—Golduck no puede continuar, ¡Ninetales es el ganador!
La cosa iba mal, muy mal. Solo le quedaban tres pokemón: Mr Mime, Weezing y Butterfree. ¿A cual de los tres poner? Las posibilidades de ganar estaban bastante reducidas.
—¡Sal, Weezing!
Su pokemón tipo veneno salió flotando alegremente. Dios mío, ojalá que pudiera vencerlo, así tenía una oportunidad mínima.
—¡Weezing, Pantalla de Humo!
Weezing escupió desde sus orificios una densa cortina de humo. Si Ninetales llegara a usar un ataque de fuego, el gas explotaría. Se preguntó si AJ lo sabría.
—¡Ninetales, usa Rapidez!
De su cuerpo salieron montones de bolas brillantes, muy parecidas a las estrellas, solo que estas eran amarillas. A pesar del humo, las estrellas se dispersaron y buscaron a Weezing hasta encontrarlo e impactaron contra su cuerpo. No era un ataque especialmente potente, pero el caso es que lo había golpeado y eso no ayudaba en nada.
—¡Usa Residuos!
Weezing, escondido en el humo, escupió un barro maloliente justo en la cara de Ninetales. El pokemón agachó la cabeza y comenzó a refregar sus patas sobre su rostro, intentando sacarse el barro. Con suerte, hasta lo había envenenado.
—¡Es tu oportunidad! ¡Placaje!
Weezing se impulsó un poco hacia atrás y arremetió con fuerza hacia Ninetales. El pokemón de fuego no estaba del todo cegado (la mayoría le había pegado en la mandíbula, nariz y el ojo derecho) y logró esquivarlo, aunque con torpeza. El humo se estaba comenzando a disipar lentamente
—¡Placaje otra vez!
—¡Lanzallamas!
El ataque de fuego fue tan repentino, que Weezing no lo pudo esquivar. Al contacto con el gas, se inflamó y explotó, golpeándolos a ambos. Cuando el humo se disipó, Weezing estaba inconsciente y Ninetales se estaba levantando del suelo, pero con mucha dificultad.
—¡Weezing no puede continuar! ¡El ganador es Ninetales!
La gente aplaudia y gritaba de emoción. James, que había estado tenso casi toda la batalla, se relajó de golpe y sonrió. Le hubiese gustado perder de una manera más honrosa, pero no iba a retrasar lo inevitable. Mr Mime y Butterfree eran los únicos pokemón que le quedaba. Si bien Ninetales estaba más muerto que vivo, aún le quedaban cuatro pokemón en perfecto estado. Era obvio que no iba a ganar, ¿para qué hacer pelear a Mr Mime y a Butterfree hasta dejarlos inconsciente, si de todos modos iba a perder?
James llamó a Weezing a su pokebola, levantó un brazo y el referí fue hacia él.
—¿Algún problema? —preguntó.
James se sacó un mechón de pelo de la cara y lo acomodó tras su oreja.
—Renuncio—dijo, con total tranquilidad.
El referí abrió los ojos, como si nunca en su vida hubiese escuchado tal disparate.
—¿Qué?
—Solo me quedan dos pokemón y a mi contrincante le quedan cinco. Jamás podría ganarle y no haré que los pocos que me quedan peleen una batalla que no van a ganar.
El referí asintió, algo dubitativo y volvió a su posición.
—¡El contrincante James se niega a seguir en la batalla, por lo cual la victoria es para AJ!
El estadio quedó en silencio. Mudo. Probablemente que alguien se rindiera en la Liga estando ya en la semifinal era algo que no se había visto en décadas. James se encogió de hombros, se puso las manos en los bolsillos y se retiró del estadio.
