Adrien y Marinette cenan con Tom y Sabine en una velada bastante más distendida, en la que no solo conversan seriamente con ellos, sino que también se divierten. Es más, hasta duermen juntitos… al menos un poco. La mañana del sábado trae novedades y gatos… ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! … Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!


Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!

Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIA

Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic. Tengan pelotita antiestrés.

Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.


"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")

Capítulo 19: Residencia Dupain–Cheng

Residencia Dupain–Cheng. París.

Día siguiente. Viernes, 17:56 hrs.

Siendo sinceros, Marinette parecía estar muy tranquila, pero en verdad era un manojo de nervios, idéntico a como se sentía Adrien el día anterior, pero a diferencia de lo sucedido en la mansión Agreste, esperaba en serio que la cena fuera menos tensa y más familiar. Se abrazó del brazo de su chico y suspiró, mirándolo de reojo. ¿En serio todas sus cenas eran así? ¿Tan frías y formales? Miró de costado al muchacho: ¡Ay, su vida! ¿Cómo era que no se había convertido en un muchacho pedante igual que Chloé? O peor aún… ¿un delincuente ávido por atención? Sin dejar de verle, sonrió con ternura y le abrazó con más fuerza el brazo: Adrien Agreste tenía el corazón de oro y ni toda la mala leche del mundo era capaz de corromperlo.

¡OH WAIT!

Un dolor repentino le atenazó el corazón, al recordar su pelea con Chat Blanc… ¡NO! ¡eso nunca ocurriría! Ella misma se aseguraría que Chat Noir no fuera llevado al límite de la desesperación ni que pasara tan solo tanto tiempo. ¡NO!

-Si quieres me sacas una foto: va a durar más, ma lady.

-Sabes que te quiero mucho, ¿verdad, chaton?

-Hoy no me lo habías dicho.

-Hmpf. ¡Pues te quiero mucho! -Le dijo Marinette entre dientes, bajando la mirada para ocultar su sonrojo. -Tampoco me lo has dicho a mí, así que estamos iguales.

Adrien no respondió en seguida, sino que se dedicó a disfrutar el minuto. Aquel día de clases había estado más movido que de costumbre, pero al mismo tiempo se les había hecho eterno: tuvieron que entregar una tarea larga, terminar un trabajo grupal en clases, completar un examen sorpresa de matemáticas y derrotar a un akuma, todo antes de almuerzo. Y en la tarde se aburrieron un montón, pues ni las clases los motivaron ni un poco, sin mencionar que el cansancio de la mañana y la reciente ingesta de comida los había dejado con un mal del puerco del terror. Por fortuna Alya estaba más calmada con los interrogatorios y había dejado de sacarles fotos… y lo mejor de todo es que había vuelto a concentrar sus energías de futura periodista en el Ladyblog, actualizando las más recientes teorías que indicaban que a Ladybug y Chat Noir se les veía más juntitos que de costumbre. Esto último podía ser un arma de doble filo.

¿Por qué? Pues… durante el ataque akuma de esa mañana había obtenido una estupenda fotografía de Ladybug y dos Chat Noir, ¡porque había aparecido otro más!, publicando además una loquísima teoría al respecto.

-También te amo, Buginette. -Dijo por fin Adrien, inclinándose hacia su chica y besándole la frente. -Estoy nervioso… lo admito. ¡Ah! Ya te pedí perdón por lo de anoche, ¿verdad?

-¿Nervioso por qué? -Marinette le dio un coqueto codazo. -Y ya me pediste perdón, ¡no tenías para qué! -Le reprochó, aunque pronto la asaltó una duda. -No entiendo por qué me pides tantas disculpas.

-¡Por Père! Anoche fue muy pesado. -Adrien rezongó descorazonado. -¡No sé qué le pasa el último año! Antes era más amable, pero desde que maman desapareció, está muy raro. -Explicó con tristeza. -Eso sí, siempre ha sido antipático con mis primos y amigos.

-Adrien, tu papá hizo un esfuerzo anoche por agradar. Honestamente creí que me echaría de la casa en cualquier momento. -Le dijo la chica con calma. -Además, entiende que todos somos distintos y todos sobrellevamos los duelos de distinta manera… ¡No te preocupes, mon minou!

-Eso sí, tienes razón… pero pudo ser más simpático. -El muchacho resopló. Su padre debería ya aceptar que Emilie no volvería. Ya era hora que buscase de nuevo la felicidad en otra persona (como Nathalie), pero bueno, allá él. -A maman le habrías caído muy bien, ¡te habría adorado!, estoy seguro. -Adrien rió nervioso. -Lo que me lleva a lo nervioso que estoy ahora…

-¿Por mis papás? Chaton… ya desayunamos los cuatro una vez.

-Sí, pero yo estaba como Chat Noir. Te recuerdo que tu padre resultó akumatizado e hizo un buen esfuerzo en machacarme.

Marinette se mordió la lengua incapaz de retrucar nada. ¡Aquel día había sido un desastre de marca mayor! Partiendo por su inútil esfuerzo por ocultar su identidad de las sospechas de Chat Noir, hasta el aterrizaje en plena calle, pasando por todo el proceso de drama juvenil, akumatización y posterior purificación. En ese momento no se habían reído, pero ahora que lo pensaban en perspectiva…

-¡JAJAJAJAJAJAJA, JAJAJAJAJAJAJA!"

… Rieron de buena gana. ¡Era una gran historia para sus futuros hijos!

-Esperemos que nadie resulte akumatizado hoy.

-Haré mi mejor esfuerzo, ma lady. ¡Soy un gato de palabra!

-Y espero que la cena te guste… mi mamá no es un chef, pero cocina delicioso.

-No soy remilgoso, así que no te preocupes. ¡Eso sí! No puedo comer arroz.

-¡¿No puedes?! -Marinette se detuvo en seco, semi espantada. El arroz era prácticamente algo esencial en su casa, ¡cosa de todos los días!, seguramente había eso… -¡Un momento! -La chica entrecerró los ojos al ver a Adrien demasiado sonriente. -Te he visto comiendo arroz mil veces. ¿Por qué dices ahora que no puedes comerlo?

-¡Porque se me llena la boca de granos! JAJAJAJAJA.

Ah. Era un chiste. Marinette lo miró en blanco tratando de encontrarle la gracia, pero todo en vano. Sin embargo, vio a Adrien tan divertido que terminó sonriendo y sofocando una risita.

-¡Justo así te quería ver! ¡Sonriendo!

-¡Qué insoportable eres, Chaton!

Entre bromas y conversaciones, por fin llegaron a la panadería. Eran pasadas las seis de la tarde para cuando llegaron, justo a tiempo para comenzar a ayudar con la mesa. Se habían tomado su tiempo en llegar, pues salían a las 17 horas, pero avisaron que pasarían antes a comer helados. Entraron a la tienda con casualidad, apenas prestándole atención a la campanita que anunciaba el ingreso de clientes. Su madre estaba en la caja y podía escucharse a Tom en el fondo.

-¡Ah, niños! Llegaron. -Los saludó Sabine, quien estaba atendiendo a unos clientes. -¡TOM! -Llamó la mujer a su esposo.

-¡Hola maman!

-¿Cómo está, madame?

-¡VOY! -Se escuchó la voz de Tom resonando por toda la panadería.

Tanto Adrien como Marinette aguantaron la respiración. No le habían tomado el peso a la situación que enfrentaban, pero ahora que estaban metidos hasta la cintura, por fin comenzaban a caer en cuenta. Los clientes fueron despachados, Sabine les dio un abrazo de bienvenida, Tom emergió de las profundidades de la panadería y tras abrazar a su hija, le dio una palmada en la espalda a Adrien a manera de saludo.

-¡Qué bueno que llegaron! Creí que se iban a tardar más. -Sabine le dio unas palmaditas a Adrien en la cabeza. -¡Me alegra que por fin estés aquí, cariño!

-Gracias madame.

-También creí que se tardarían. Es difícil dar con André los viernes en la tarde. -Comentó Tom con conocimiento de causa. -¡Sabe Dios la cantidad de veces que me castigaron por llegar tarde por andar buscándolo!

-Llegaron justo para ayudar. -Anunció Sabine, tomando la mano de Marinette. -Vamos a la cocina, ahí me ayudarás.

-Errr… pues… ¡Claro!

-¡Muchacho! -Tom puso su mano sobre el hombro de Adrien. -¡Me ayudarás a cerrar la panadería!

-Por supuesto.

Atontados por la maniobra de los mayores, Marinette y Adrien no tuvieron más opción que obedecer y así fueron separados. Sabine se llevó a su hija a la cocina mientras que Tom comenzó a cerrar todo el negocio, terminando la contabilidad del día tanto en dinero como en productos, contando para ello con la ayuda de Adrien, quien lejos de sentirse abrumado, se sintió honrado que confiaran en él lo suficiente como para involucrarlo en esto.

Además que no lo hicieron sentir incómodo y hasta disfrutó dicha actividad.

La conversación fue casual y bastante animada. Tom era un hombre grandote, pero lo hizo sentir a gusto. No era la presencia intimidante de su padre, sino alguien muy cercano que le inspiró bastante confianza, incluso intercambiando algún par de chistes malos que solo ellos encontraron graciosos. No se sintió amenazado tampoco por él, sino que extrañamente se sintió a gusto, incluido y valorado. Era el novio de la única hija de la casa, pero en vez de ser rechazado, se sintió aceptado y querido.

-¿Perdón? No escuché la pregunta, Monsieur. -Dijo de pronto Adrien, algo alarmado de súbito, casi soltando la bandeja que llevaba en las manos. ¿Escuchó lo que creyó escuchar? Tragó saliva al notar como Tom explotaba en carcajadas.

-¡Calma, muchacho! Te tomé por sorpresa, pero fue solo una pregunta. -Dijo el hombre de buen humor, antes de ponerse serio. -Solo quiero saber tus intensiones con mi única hija.

A Adrien se le heló la espalda, pero infló el pecho.

-Amo a Marinette.

Mirada intensa.

-Con toda mi alma.

Mirada más intensa.

-Marinette es la chica de mi vida. Yo… yo me voy a casar con ella alguna vez y…

-Fuertes declaraciones para alguien de catorce, muchacho. -Reconoció Tom sorprendido, pero muy tranquilo. -¿No deberías tomártelo con calma?

-¡Me lo tomo con calma! En serio Monsieur. ¡Su hija es demasiado valiosa para mí! Obvio que tengo catorce, obvio que me falta mucho por crecer, por vivir… ¡Y a los dos!, pero… en esto hablo en serio.

-Hijo. ¿sabes que eres muy importante para mí Marinette?

-Sí…

-Entonces necesito que escuches con atención lo que voy a decirte.

Tom sonó muy serio, pero al mismo tiempo muy paternal. El hombre estaba enternecido por la decisión de las palabras de Adrien: el muchacho estaba nervioso, pero hacía falta coraje para decir lo que había expresado. Ahora era su turno de hablar con él, de corazón a corazón, de padre a yerno, y de darle una charla que por lo visto Gabriel ni se había molestado en ordenarle a nadie que se la diera. Adrien tragó saliva… esto iba a ser incómodo.

Mientras tanto arriba, Marinette parecía olla a presión. Estaba toda roja y echaba humo por las orejas. Acababa de tener una charla de mujer a mujer con su mamá que la había tomado tan de sorpresa que parecía que le había quitado el piso de pronto. Curiosamente, y fue lo que más le llamó la atención, no le repitió la incómoda conversación sobre ciertos procesos biológicos y los conocidos y nunca bien ponderados cambios en la adolescencia; muy por el contrario, fue otro tipo de charla que le dieron, igual de incómoda, pero necesaria.

Tenía que ser honesta: no esperaba que su maman le hablara de estas cosas, pero tenía mucho sentido. Hablaron sobre el respeto, de la intimidad y de que cada persona es un mundo diferente, que cuando se está en una relación de pareja, no se debe intentar cambiar al otro, sino aprender a convivir con sus mañas, afectos y virtudes, de respetar los límites y el espacio personal, que a veces la vida pega en el suelo y los malentendidos parecen estar a la orden del día, pero que siempre deben mantener abiertos los canales de comunicación, respetar los silencios y las opiniones, negociar y llegar a acuerdos. Uno no era mejor que el otro, sino un complemento y que siempre debían tener eso mente.

Hubiera preferido hablar de los procesos biológicos en todo caso. Esa era una charla incómoda, pero conocida y necesaria. Esto era territorio desconocido. ¿Acaso su terapista había hablado con sus padres sobre esto para que lo conversaran con ella?

-Hijita, entiendes lo que te digo, ¿verdad?

-Sí maman. Tiene sentido. Yo… pensaré bien en lo que me dices.

-Yo lo sé: te conozco, Marinette. Ahora mismo quieres olvidarte de todo esto que te acabo de decir, pero sé que le darás varias vueltas y eso espero. -Dijo Sabine mientras le ordenaba el flequillo. -Dime… ahora que hablamos. ¿Vas a sacar el horario de Adrien de tu cuarto?

-Sí.

-¿Entiendes por qué quiero que lo saques?

-Sí… espacio personal. Adrien es mi novio, no mi propiedad y… tengo que darle espacio.

-Y te tienes que dar espacio a ti misma.

-Oui.

-¿Entiendes la importancia de eso?

Marinette asintió. Rápidamente se pasó una mano por el ojo, tratando de enjugar una lágrima que no sabía por qué amenazaba con caer. Sabine se quedó tranquila, mucho. En este preciso instante, Marinette estaba luchando contra esta charla con todo su ser, ¡la resistía!, pero por lo visto había sembrado bien y su hija terminaría por comprender la razón del porqué le decía todas estas cosas. Ahora no podía expresarlo con palabras, pero supo que el mensaje había sido recibido.

-¡Estás muy grande, hijita! -Sabine la abrazó. -Estoy muy orgullosa de la mujer en la que te estás convirtiendo.

-Merci, maman.

-¡Ahora! Apurarse que esos dos están por subir.

-¡Cierto! Se han demorado un montón en cerrar la panadería.

-¡Corresponde, hija! Tu papá le está dando esta misma conversación a Adrien.

La expresión que puso Marinette fue todo un poema y de la sorpresa no pudo ni emitir sonido. Su madre se echó a reír de buena gana al verle la cara. ¡Debió haberlo sabido! Los separaron para conversar con ellos con tranquilidad. Sabine le sonrió con astucia y la instó a moverse. Nerviosa y temblando como jalea, Marinette terminó de poner la mesa mientras su madre atendía la cena.

-¡Eso huele delicioso! ¿Qué hay de cenar?

Tom, muy alegre, preguntó a viva voz ni bien entró en el departamento seguido de Adrien. Ambos se buscaron con la mirada y al notar que el otro había tenido una conversación no convencional sobre vida de parejas, igual de incómoda e importante, se relajaron y se largaron a reír de buena gana. ¡Ya se contarían luego de qué les habían hablado!

La cena resultó bastante bien. Sabine se esforzó en la preparación de la comida y todos comieron con ganas. Adrien recibió una porción más grande de la normal, pues Sabine consideró que estaba muy delgado. Marinette descubrió con espanto que Tom hacía chistes casi tan malos como Adrien y que juntos no solo se potenciaban sino que daban vergüenza ajena. Tom, por su parte, estaba contento, no solo por la conversación que había tenido con el muchacho, sino también porque veía a su hija con los ojitos radiantes e iluminados.

¡Uy! ¡A este par de tontorrones enamorados les quedaba una vida por delante! Y quizás qué obstáculos encontrarían, pero esas miradas que se dedicaban decían mucho sobre el futuro.

-¿Saben lo que sería genial ahora? -Preguntó de pronto Tom.

-¡¿Ultimate Mecha Strike III?! -Preguntó Marinette ilusionada.

-¡Exacto! Vamos a jugar. -Decidió Tom levantando los brazos.

-¡GENIAL! -Exclamó Adrien con entusiasmo.

-¡De ninguna manera! -Gruñó Sabine golpeando la mesa. -Primero me ayudan a limpiar y ordenar.

La pequeña familia rápidamente se puso manos a la obra y entre todos terminaron ordenando la cena. Terminaron antes de lo previsto y pronto estuvieron los cuatro sentados en el sofá de la sala haciendo competencias para ver quienes sacaban mejor puntaje y las jugadas más osadas. Jugaron por equipos, por individuos y así, todas las combinaciones posibles. Sin embargo, al poco andar, quienes terminaron jugando fueron básicamente Tom y Sabine, quienes se involucraron tanto con el juego, que olvidaron que lo estaban acaparando.

-¡Y con esto te gano una vez más! -Exclamó Sabine. -Mañana te toca hacer caja, amor.

-¡Oye, no es justo! Llevo tres días haciendo caja yo.

-Entonces deberías ganarme un poco más seguido. -Bromeó la mujer, quien iba a hacer otro comentario cuando se detuvo. -¡Tom, amor! ¡Mira!

-¿Huh?

Tom se volvió hacia donde indicaba su esposa. Al otro costado del sillón, Adrien dormía apoyado contra el respaldo y Marinette hacía lo mismo, pero en el hombro del muchacho. Por lo visto llevaban un buen rato así. Superada la sorpresa, el matrimonio los observó enternecido.

-Como la foto que les sacaron en el tren. -Suspiró la mujer. -Apaga el videojuego, iré por una manta. -Le dijo Sabine, mientras se alejaba.

-Buena idea… pero primero les saco una foto. -Dijo Tom mientras sacaba su teléfono para fotografiarlos. -También aprovecho de llamar a mademoiselle Sancoeur para que venga por Adrien.

Dicho y hecho, quince minutos después, Nathalie estaba en la pequeña sala acompañada del Gorila y los dueños de casa, viendo como los dos muchachos seguían durmiendo a pierna suelta y tan a gusto, que les daba pena a todos tener que despertarlos. Nathalie intercambió una mirada con Sabine, quien se encogió de hombros, pero no dejó nunca de sonreír.

-Han tenido una semana cansada. -Dijo Sabine. -Son buenos niños, se portan bien.

-No lo dudo, madame. Lamento mucho el inconveniente: acepte nuestras disculpas.

-Lástima que haya que despertarlos. -Tom se acercó a su hija y la remeció un poco. -Despierta, hijita. Hora de despedirse de Adrien…

-MMMMmmMMmmMMnno keroooo... -Rezongó en sueños, sin querer despertarse. Tom la terminó levantando en brazos. -Mmmmmpghfpuedo solaaaamammmnmm…

El Gorila, a una señal de Nathalie, hizo lo mismo con Adrien, quien rezongó malgenio, sobre todo al no percibir la presencia de Marinette cerca suyo, pero no despertó en ningún momento. Tom se despidió de Nathalie y del Gorila y llevó a Marinette a su cuarto mientras su esposa acompañaba a la puerta a la asistente y el guardaespaldas, a quienes vio subir al auto junto con un aún muy dormido muchacho. La despedida fue breve y la partida muy fría. Sabine vio el auto alejarse y suspiró antes de volver a entrar a casa.

-Esta parejita me da buena espina. -Comentó contenta.


Habitación de Marinette.

Mañana siguiente. Sábado, 8:48 horas.

Más que persona, era un ente despeinado el que emergió de debajo de las cobijas. Marinette, más dormida que despierta, se incorporó en su cama, resintiendo el frío de la mañana. De un tiempo a esta parte comenzaba a notarse el cambio de estación. Bostezó sonoramente y se quedó ahí, como en un limbo, como iniciando el sistema.

Tikki, al notar que su portadora estaba despertando, se desperezó y salió de su casita. Flotó hasta su portadora con su usual buen ánimo, pero curiosa. Era sábado, no tenía clases ni ninguna actividad especial, y anoche se había quedado hasta tarde.

Bueno, ni tanto tampoco. Marinette se refregó la cara con el revés de sus manos y estiró los brazos.

-¡Buenos días, Marinette! ¿Ya despierta? Todavía no son ni las nueve.

-Sí Tikki. -La chica bostezó. -Tengo cosas que hacer.

-¿En serio? ¿Dónde tienes que ir?

-Aquí mismo. -Marinette sacudió la cabeza y finalmente abrió los ojos, decorando su rostro con una sonrisa. Le acarició la cabeza a Tikki y se levantó de la cama. -Mejor comienzo desde ya.

La chica se calzó sus pantuflas y buscó un sweater que sabía que estaba en alguna parte por ahí. Cuando lo encontró, se lo puso para defenderse un poco del frío de la mañana. Bajó del altillo y caminó decidida hacia su escritorio, con las manos en sus caderas.

-¿Qué vas a hacer, Marinette?

-Anoche maman me dio una charla. -Dijo con sencillez. -Supongo que tiene razón. Y si no lo hago ahora, no lo haré nunca.

-¿La charla? Creí que sabías de dónde venían los bebés.

-¡No ese tipo de charla Tikki! ¡Gracias a Dios! -Exclamó la chica con un sonroso. -Fue de muchas cosas, del respeto, de que aún tengo que crecer, de la comunicación… del espacio personal. -Dijo mientras miraba la cantidad de fotos que tenía pegadas en las paredes de Adrien… y de su horario.

-¿Vas a quitar tus fotos y planes?

-… sí.

-¿Así nada más? Explícame un poco más.

-Adrien ya es mi novio… No necesito obsesionarme tanto. Él también necesita su espacio personal. -La chica miró el horario de Adrien y la enorme cantidad de fotos y planes que tenía pegados en las paredes y suspiró. -Esto… supongo que está mal.

-¿Supones?

-Es que después de lo que me dijo maman, miro esto y me empieza a dar vergüenza… ¡Tiene razón! No puedo ser tan absorbente…

-Ah, por fin lo estás comprendiendo.

-… Tú me lo intentaste decir más de alguna vez. -Marinette rezongó. -¡También invadí su casa un montón de veces! ¡Qué loca psicópata que soy! ¡Me quiero morir! -Añadió jalándose los cabellos. Tikki le dio palmaditas en la espalda.

-¡Pero por fin lo comprendiste! ¡Eso me llena de orgullo, Marinette! -La kwami le dio un besito en la mejilla. -Te ayudaré a quitar las fotos. Aunque no tienes que botarlas todas. ¿Te parece si guardamos algunas y las ponemos en un álbum?

-¡Me parece buena idea! -Exclamó Marinette con calma. La chica miró de nuevo su pared. -¡Hora de quitar todo esto!

Se puso manos a la obra en seguida. Claro, si bien estaba muy decidida, sentía que cada vez que sacaba algo de la pared se rompía un trocito de su alma en el proceso. Como que dejaba atrás una parte suya que la había caracterizado durante un tiempo que, si bien no había sido tan largo, se sentía como si fuera una vida entera. Era como si estuviera enterrando una parte de su personalidad, para dar vida a otra. Sentía pena y quizás un poco de congoja, pero al mismo tiempo sentía que se deshacía de una piel vieja y comenzaba a estrenar una nueva y mejor. Eso le generaba muchas emociones encontradas y por momentos tuvo que detenerse antes de seguir con lo suyo.

Quizás por eso se sorprendió a sí misma y a Tikki cuando, una vez que hubo quitado el horario de Adrien, comenzó a romperlo por secciones, cuyos trozos acumuló primero en el basurero y luego en una bolsa con las demás cosas. Solo restaba tirarlas a la basura. ¿Qué fue lo que dejó en sus paredes? Su propio horario, sus referencias de modas, algunos de sus bosquejos y las fotos de ella con sus amigos. Tikki la ayudó a hacer una selección de las fotos de Adrien, que puso en una carpeta.

-Luego armamos un álbum de fotos, Marinette. Por mientras las dejamos aquí. -Explicó Tikki.

-¡Gracias Tikki!

-¡Y mira esto! -La kwami voló hasta diario mural que Marinette tenía sobre su escritorio. -Pegué tu horario allá y despejé esta área. ¡Aquí vas a poner fotos!

-Pero las fotos con las chicas están allá. ¿Qué se supone que voy a poner aquí?

-Esas fotos se quedan allá. ¡Acá vas a poner tus fotos con Adrien! Es tu novio: no tiene nada de malo que tengas algunas con él.

-Tikki, las estamos guardando para poner en un…

-Esas fotos son recortes de revistas y cosas que has sacado de internet. Aquí vas a poner fotos de verdad. ¡Como la que Alya les tomó en el tren! Solo pondrás aquí las fotos más importantes. ¿Qué te parece la idea?

Marinette se quedó pensativa unos instantes, pero pronto sus ojitos brillaron. ¡Claro! Tikki había tenido una idea genial y tan solo pensarlo la llenaba de entusiasmo. El espacio de su diario mural no era muy grande, así que eso la obligaba a discriminar muy bien qué fotos ponía ahí. No podía ponerlas todas, ni cualquiera, así que realmente deberían ser especiales. Aplaudió de contento y tomó a Tikki en sus manos para darle un beso y un abrazo.

-¡Amo la Idea, Tikki! ¡Será un rincón especial! ¡Eres genial!

TOC. TOC. TOC.

Tikki y Marinette miraron en seguida a la escotilla que llevaba a su terraza. Se miraron curiosas, pero sonrieron a sabiendas de quien se trataba. La chica saltó como un resorte y se apresuró a subir a su balcón. En seguida notó que hacía mucho frío y que el día estaba muy nublado. Se frotó los brazos y salió totalmente al balcón. Entonces vio a Chat Noir sentado igual que un gato sobre la baranda, sosteniendo una rosa en la mano y con su cola moviéndose de un lado a otro.

¿Cómo era eso posible? ¡Esa cola no era más que un cinturón muy largo!, pero parecía tener mente propia o responder muy bien a la personalidad de un felino. Ahora que lo pensaba, la cola de Matagot hacía exactamente lo mismo, aunque en el caso de su hijo, era fundamental que lo hiciera: como era ciego, necesitaba todos los sensores posibles que le ayudaran a navegar su entorno. Tenía que preguntarle a Plagg un día de estos.

-¡Buenos Miau, Prrrrrincesa! ¿Dormiste bien?

Chaton! -Marinette dio dos saltos en su dirección. -¿Qué estás haciendo aquí con este frío?

-Vine a verte. Como que no me alcancé a despedir anoche. -Chat Noir le pasó la rosa y se rió nervioso, mientras se rascaba la cabeza. -¡Nos quedamos bien dormidos!

-¡Ay, sí, no me lo recuerdes! -Se lamentó Marinette. La chica se empinó un poco y besó a Chat Noir en los labios. -¡Buenos días! Mejor vamos dentro que hace frío.

-¡Miau! -Chat Noir saltó a la terraza y estiró los brazos lleno de gusto. -Tienes razón, pero… digamos que no estoy solo.

Chat Noir señaló hacia arriba. Allí en la pared estaba Matagot, dándoles la espalda y con actitud de no saber si podía o no acercarse. Desde el encontrón que había tenido con Marinette el otro día que no le hablaba, pero ahí estaba, todo avergonzado y taimado. La chica se tensó un poco.

-¿Lo obligaste a venir, Chaton?

-No. Estaba merodeando por aquí cuando llegué. -Chat Noir se cruzó de brazos y frunció un poco el ceño. -Admito que tuvimos algún cruce de palabras, pero lo solucionamos…

-¿Tuvieron una pelea?

-¡¿Qué crees?! ¡Me habría dado una paliza! -Dijo Chat Noir muy casual. -No, no tuvimos ninguna pelea. Una discusión que ya resolvimos.

-Pero… ¿sigue enojado…?

-¡Hey, Matagot! -Llamó Chat Noir. -¿Vas a venir o no?

Sin mediar respuesta, Matagot se dejó caer en el balcón de manera controlada, pero no menos ágil. Una vez en el piso, se cruzó de brazos y miró a un costado, como avergonzado, con sus orejas y cola moviéndose acorde a sus emociones.

En serio, tenía que preguntar al respecto.

-¡Matagot!

-Buenos días, maman.

Oooh, Marinette seguía molesta con su hijo, pero no digamos que había disfrutado de la ley del hielo. Que le hablara de nuevo la emocionó mucho y no pudo evitar dar dos saltos y abrazarlo por la cintura, todo resentimiento olvidado.

-¡Hey, hey! ¡Ciego aquí! -Reclamó Matagot entre asustado y aliviado. Con timidez devolvió el abrazo. -¡No te emociones, maman!

-¡Matagot! -Exclamó Chat Noir severo. -Marinette… -Añadió con voz más suave.

-¡Disculpa, Matagot! ¡Es que creí que no me volverías a hablar en la vida! ¿Sabes cómo eso me hizo sentir? -Se lamentó Marinette al soltarlo. El joven bajó los hombros, sin verla a la cara.

-Sobre lo del otro día… mi arrebato estuvo mal, lo sé. No… debí descargarme con todos.

-Ni yo meterme en tus asuntos. ¡Lo siento Matagot! También estuve mal.

-Eso no lo sé… pero tienes razón. Tengo que conversar las cosas con Maeve, no dejar que mi malgenio se irradie por todos lados.

Marinette volvió a abrazar a Matagot, quien se dejó consentir con alivio: tampoco lo había pasado bien. Chat Noir suspiró aliviado y carraspeó para llamar la atención.

-¡No se ustedes, pero yo mejor me voy dentro! Hace frío y alguien podría vernos.

El gato abrió la escotilla y saltó hacia el interior de la habitación. Marinette tomó la mano de su hijo y lo guió hacia la escalerilla de acceso, permitiéndole bajar antes que ella. Una vez dentro, Chat Noir le puso una manta sobre los hombros ni bien regresó al interior de su habitación.

-Te despertaste temprano Prrrrincese.

-Hoy sí. Parece que dormí mil años.

-Yo también. Dormí muy bien. ¿Matagot? ¿Pasaron frío anoche?

-No. -Respondió el muchacho. -Estuvo más frío de lo normal anoche, pero estuvimos bien abrigados y logramos cenar.

-¿Dónde está Emma? -Preguntó de pronto Marinette.

-En Les Invalides. -Dijo Matagot, mientras comenzaba a caminar por la habitación de su madre, memorizando el espacio. -Está terminando las planimetrías: ahora está con la parte complicada del escaneo.

Chat Noir se sentó en el chaise longue, también observando la habitación. Como que tenía algo diferente, pero no lograba dar con qué. Marinette en cambio se mantenía cerca de Matagot y parecía mostrarle su habitación. Ahora se sentía más tranquilo y no tenía idea porqué, pero tampoco iba a cuestionarlo. Lo que sí tendría que meditar era la discusión que había mantenido con su hijo hasta hacía un rato antes… y demasiado por lo visto.

-¡MARINETTE! -Llamó de pronto la voz de Sabine. -¿ESTÁS DESPIERTA?

-¡Mi maman…!

Los tres dieron un brinco y se pusieron a la defensiva. Los pasos de la mujer comenzaron a sonar cada vez más cerca y pronto se percibieron subiendo los escalones y era cosa de segundos para que los descubrieran.

¡Y si así ocurría, iba a estar muy difícil de explicar!

Continuará…

Por

Misao–CG


Próximo capítulo: En contacto con amigos

"… Mientras caminaban al comedor en silencio, llegó un mensaje a su celular. Esperó el momento apropiado y abrió la aplicación, notando que se trataba de un mensaje de Marinette. Sonrió y sintió como el corazón le daba latidos muy bonitos, pero cuando leyó el mensaje…

-¡Hola Chaton! Disculpa que te moleste, pero… Tikki está hecha un manojo de nervios y no veo como calmarla. Creo que necesita a Plagg. ¿Lo podrías traer?

Adrien levantó las cejas…"


Notas finales: Recordé el capítulo de Chat Blanc. Mi kokoro se atenazó de nuevo. Y aquí tienen, un capítulo más tranquilo, pero no digamos que el final lo estuvo. Algunas explicaciones del porqué Adrien y Marinette se quedaron dormidos en ese sofá con Tom y Sabine al lado, pues… se sintieron seguros, en confianza y contenidos… lo suficiente como para dormirse de la forma que lo hicieron. En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


Pues sí Manu, ya vamos más o menos a la mitad del fic y avanzando a paso constante. Aun faltan cosas que ver y varias sorpresas. Sobre los especiales de navidad, no escribiré ninguno. Ten, un muffin de manzana, y ¡GRACIAS POR LEER!