La Strega ha decidido ser más incisiva en su actuar y está por darle un buen susto a todo el mundo. Chloé trata de lidiar con dolores misteriosos al tiempo que asume algunas cosas. En el futuro, Maeve recibe una nueva misión. ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! Jejejejejeje, le dije a Abby que hoy no podría actualizar porque tenía cosas que hacer. Y no, no planeaba actualizar, pero aquí me tienen. Si ella me hace sufrir, pues quien ríe de últimas, ríe mejor. Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!
Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIA
Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
Capítulo 23: La Visita de la Strega
Residencia Rossi. París.
Martes, 21:48 hrs.
Lila se levantó de la cama en donde había estado echada las últimas tres horas sin hacer mucho más que respirar. No tenía ganas de estudiar ni de comer. Estaba triste, frustrada y profundamente furiosa. Miró de reojo el libro de hechizos, que de a poco le iba soltando sus secretos y apretó los dientes.
-¿De qué sirve usar magia si no puedes hacer lo que quieres?
¡Argh! Lila se puso de pie y salió de su cuarto muy molesta, a pisotones, sin consideración por nadie. Entró a la cocina y se dirigió directo al refrigerador, buscando algo para comer. De nuevo estaba sola: sus padres seguían en el trabajo o habían ido a alguna cena con altos ejecutivos de algún lugar que a ella nunca le importaba, ya fuese alguna empresa o algún diplomático. No le importaba nada. Le habían dejado la comida en un tupper… el que sacó y puso sobre la mesa, como meditando si lo ponía en el microondas, se comía el contenido frío o si lo botaba a la basura.
-¡Par de hijos de p**a!
Finalmente optó por darle un golpe a la mesa y arrojar el tupper con todo y comida lejos. ¡¿Cómo se atrevían sus padres a dejarla sola?! ¡¿Por qué nunca la acompañaban?! ¡¿Qué tenían esas cenas de entretenido?! Siempre era igual, siempre… sus padres trabajando y disfrutando de eso y a ella la dejaban sola como un estorbo en casa, sin preguntarle nunca nada ni pasar tiempo con ella.
-¡No los necesito! ¡Por mí que se los folle un pez!
…
¿Cuántas veces se había dicho lo mismo y al final terminaba ella contradiciéndose a sí misma? Odiaba a sus padres por dejarla sola, pero odiaba más a los padres de los demás porque cuidaban de sus hijos. ¿Qué chiste tenía trabajar y trabajar y olvidarte de lo importante? ¿Por qué siempre la dejaban atrás? ¿Qué tenía que hacer para llamar su atención, sentirse querida?
-¡¿Cómo se atreven a dejarme sola?! ¡PUES YA NO LOS NECESITO!
Lila entrecerró los ojos. La luz de la cocina tintineó y varios de los utensilios comenzaron a temblar. Un sonido profundo y arcano comenzó a fluir por la habitación y sus cabellos se erizaron. Odiaba a sus padres, decidido: nunca más en la vida iba a permitir que la trataran de esa manera. ¡Nunca nadie más la ignoraría! La verían por lo que era, una chica excelente, que hacía cosas y tenía éxito, ¡no como la mocosa llorona que siempre estaba mendigando atención! ¡Ni bien tuviera la oportunidad se iría de la casa! Y a esos los encerraría en un asilo y los olvidaría.
Estaba frustrada y deprimida. Si bien aprender magia le estaba dando una seguridad en sí misma que nunca creyó que tendría, odiaba no poder usar todo su potencial. Odiaba no salirse con la suya, pero por sobre todo, ODIABA a la china esa por haberse quedado con…
-Te dije que la ahorcaras cuando antes. ¿Me hiciste caso? No. ¡Así que sin llorar!
-¿Tú que haces en mi casa?
-Ah. La zorrita estaba agitando el ambiente. ¿Creíste que no me iba a dar cuenta?
-¿Me vas a salir ahora con una hermandad de brujas?
-¡Ay por favor! ¿Así como hermandad? ¡No seas ridícula!
Alil Issor hizo un gesto de desdén con la mano y salió de la cocina. Lila la siguió la sala de estar, en donde la vio salir a la amplia terraza, por lo que se apresuró para no perderla de vista. Una vez fuera, la vio observando la noche parisina.
-Esta ciudad es milenaria y tiene secretos. ¡Nunca los sabré todos! -Comentó Alil como quien habla sobre el clima.
-Te pusiste filosófica.
-Una usa poder, pero no es la única. Y en esta ciudad por siglos han ocurrido cosas que no terminaremos de entender siempre. -Alil entrecerró los ojos y miró hacia su versión más joven con cierto desdén uy peligroso -Trata de mantener un perfil bajo, niña, o las protecciones de la ciudad se van a sensibilizar y eso también me afectará a mí.
-¿Tienes miedo?
Lila iba a comenzar a burlarse de la mujer mayor, cuando esta de improviso la sujetó por los cabellos y le dio una buena sacudida. Sin soltarla, la inmovilizó con magia.
-Deberías. NO agites tu poder o las dos vamos a sufrir. -Le siseó sin explicarle nada más.
No le dijo que como bruja ya no podría acercarse a suelo sagrado, que la sal la repelería o que nunca podría entrar a las catacumbas. La arrojó al suelo como si fuera basura.
-¡Eres una hija de la remil p**a!
-Mírame llorar entonces.
-¿Por qué estás aquí? ¡¿QUÉ QUIERES DE MI?! -Lila se levantó y caminó hacia Alil con las manos empuñadas, consiguiendo que la mujer solo la mirase con un desdén bastante burlón. -¡Me arruinaste la vida!
-¡NUNCA! Solo la mejoré. ¡Eres tú la que no ha sabido aprovechar la oportunidad!
-¡Es que no me dices como!
-¡¿TE TENGO QUE DECIR TODO?! -Los ojos de Alil le brillaron por momentos. -Eres creativa. ¿O acaso estás deprimida porque Adrien se quedó con la china esa?
-¡No lo menciones!
-Te ganaron y no fuiste capaz de quedarte con el premio. Ni has sido capaz de quitárselo, de hechizarlo, de hacer que se quede contigo. ¡O de ahorcar a la competencia como te dije desde el principio!
-¡¿Crees que no lo he intentado?!
-¡No lo suficiente! Aún tienes muy bajo nivel de magia, te falta edad y experiencia. Pero ya puedes manipular tu entorno. -Alil chasqueó los dedos. -Solo son necesarios SEIS segundos para sofocar a alguien… pero si lo quieres hacer sufrir…
-… mis hechizos pueden funcionar muy bien. Solo tengo que practicar.
-Seis segundos, Lila Rossi. O la paralizas y le partes el cuello mientras observas sus ojos aterrorizados.
Alil aplaudió con las manos una sola vez, desapareciendo en el acto. Lila se quedó ahí muy perpleja, pero pronto comenzó a pensar a mil por hora. Entró a la casa a pisotones y cerró la puerta tras de sí.
-Adolescencia. ¡Qué terrible etapa!
Desde un edificio cercano, Lila Rossi observó cómo su versión más joven entraba de regreso en su casa y apretó los labios. Seguramente estaba haciendo berrinche, quizás lloriqueando porque nada le resultaba y porque esa sucia perra de Marinette se había quedado con su Adrien. ¡Argh! ¡Qué chasco! Tanto plan para viajar al 2015 a robar los miraculous de dos chiquillos e impedir que esa odiosa santurrona se quedara con el heredero de los Agreste y resulta que terminaban juntos antes de tiempo.
¡Qué mal! Ella sabía que no podía cambiar su futuro, pero al menos le hubiera gustado que su versión más joven hubiera tenido más oportunidades con Adrien y quizás quedarse con un mejor partido que su actual esposo. ¡Hmpf! Bufó molesta: ya era hora que cambiara al muy maldito, la tenía aburrida.
-Cualquier cosa mejor que el esposo que tengo ahora. -Murmuró entre dientes. -¡Bah! Mejor me concentro en recuperar mis miraculous.
Caminó en la dirección contraria a la que estaba y se acercó al borde del edificio, llevándose las manos en las cadera y concentrándose en la ciudad. ¡Podría llenarla de akumas si así lo quisiera! Por como percibía el ambiente, París era una ciudad muy adolorida y sus ciudadanos rebosaban toda suerte de rencores, unos más fuertes que otros. Ladeó la cabeza y arrugó la nariz con disgusto. Papillón era un papanatas debilucho, incapaz de tomar la ciudad de una buena vez y convertirla en su paraíso personal. Incluso las protecciones mágicas de París, que habían sido instaladas y olvidadas por siglos, estaban más dormidas que en su época y bien podría hacer y deshacer a gusto.
El sujeto la tenía mucho más fácil que ella. ¿Y no lo aprovechaba? ¡Inaudito!
-Eres un debilucho Gabriel. ¡Esta ciudad podría ser tuya si quisieras y te reprimes! -La Strega se cruzó de brazos y sonrió torcido. -Pero bueno, por eso fui yo la que finalmente triunfó. ¡Yo tengo tu miraculous! ¡Soy Schmetterling además de la Strega!
Un sentimiento rozó su pensamiento. Miedo, profundo terror, desarraigo… Le puso atención… venía de aquella dirección, salvaje, aterrado, rencoroso… lo analizó con cuidado.
-Eso será un akuma perfecto, Gabriel, si tienes las agallas de convertirlo…
Lo haría ella, si no tuviera que conservar energía. Pero ¿para qué esforzarse si podía esperar a que otro hiciera el trabajo sucio? Ahora en estos momentos solo podía esperar dos cosas: que su versión adolescente finalmente tomara valor y acabara con la panadera… y robar los miraculous si podía.
-¿Y si intento matar a Ladybug en esta época, junto a Chat Noir?
Interesante…
Catacumbas. París, 2052
Habitación personal de Maeve. Martes, 23:45 hrs.
No digamos que las habitaciones personales eran la gran cosa. Estaban en las catacumbas parisinas después de todo, lugar que había servido de cementerio durante al menos un milenio entero, si no más. Cuando la Resistance había comenzado a ocupar dicho espacio, aprovechando la inesperada protección anti brujas y anti akumas que daban aquellos arcanos pasadizos, fueron ocupando las habitaciones conforme las encontraban, aprovechando estructuras y vericuetos ya existentes en su mayoría, o derechamente las construían y habilitaban para uso de los vivos con lo que encontraban a la mano. Todas eran muy modestas, pero ingeniosas.
Así de pronto habían convertido las catacumbas en una ciudad subterránea, y a los pasadizos sin salida en dormitorios que les brindaban privacidad, o en habitaciones que tenían un sinfín de propósitos, desde viviendas, salas de juntas, enfermerías, escuelas, calabozo…
-Creo que Schmetterling pasó ajos por la hoja de su estilete. -Dijo Hildegard, una de sus amigas. -Esa herida no está cicatrizando, Maeve. -Añadió muy grave, con un acento marcadamente alemán.
-Hija, tienes que decirle al doctor Deschamps. -Añadió Rosario, otra de sus amigas, quien la estaba ayudando con las curaciones. -Si se te infecta y te pasa algo que te mate, es capaz de arrearte a calambrazos para resucitarte y matarte él mismo por irresponsable.
Maeve miró a sus amigas con una expresión neutra. Durante el último encontrón con la Strega, Lila había hecho un especial esfuerzo por matarla, o al menos dejarla fuera de combate por varios días. ¡Se las vio color de hormiga! NI idea lo que había pasado por la mente de la menopáusica esa, pero de que la había tenido contra las cuerdas todo el combate, lo había hecho. ¡Bah! Al menos se había quedado con un cadejo entero de su cabello, que había quemado a la primera oportunidad.
-No está infectado, solo no cicatriza. -Gruñó Maeve mientras miraba como Rosario la curaba. Tenía que admitirlo: estaba así tantito preocupada por el aspecto de esta.
-¡Por eso te hablo de ajos! -Exclamó Hildegard. -Hacían eso en la Edad Media: pasaban ajos cortados por las hojas de las espadas para ralentizar la cicatrización.
-Y también magia. ¡Jo, esto está más grande que ayer! ¿No te habían puesto puntos? -Rosario se levantó y le dio un zape a Maeve. -¡Como que te hayas estado rascando...!
-¡Basta Rosario! -Exclamó Maeve mientras se protegía de su amiga. Apretó los dientes y dejó escapar algunas maldiciones en gaélico. -¡Por algo les pedí ayuda! No puedo darme el lujo de tener una herida así ahora.
-Justo cuando estamos cortos de antibióticos y otras medicinas. -Recordó Hildegard, muy práctica ella, como siempre. -Herr Anciel está preocupado y con razón: hace meses que no consigue buenas remesas de suministros médicos.
-Lo que explica la mala hostia que se está cargando Deschamps. ¿Han visto lo andropáusico que está ese hombre? -Añadió Rosario, terminando de vendar la pierna de Maeve. -¿Sabes algo al respecto, Mavs?
-Estamos muy restringidos en la enfermería. -Explicó la escocesa meciendo la cabeza. -Remy nos tiene a todos, a los médicos, a las enfermeras y a nosotros, los pollos estudiantes, con régimen de guerra.
-Ya estábamos con régimen de guerra.
-Ahora está peor. -Maeve se puso de pie para calzarse los pantalones, cuidando de no pasar a llevar mucho su herida. -No vayan a la enfermería a menos que estén por perder la vida o se estén desangrando. Instrumental nos queda poco, pero al menos repararon el autoclave. Sobre las medicinas… estamos bajos.
-¿Qué tan bajos?
-… críticos en todo. Y se nos acabaron las medicinas infantiles. -Añadió Maeve apretando los puños de la indignación.
Las tres chicas se quedaron en lúgubre silencio. Al amparo de la Resistance en las catacumbas, también vivían quienes que si bien trataban de contribuir a la causa como mejor podían, eran simples ciudadanos que solo querían sobrevivir todo este desmadre. Los mismos miembros de la Resistance tenían a sus familias viviendo con ellos en las catacumbas en la medida de lo posible: había gentes de todas las edades y todas ellas tenían diferentes necesidades.
El que se hubieran acabado las medicinas infantiles tenía a todos muy preocupados y con el ánimo por los suelos. Justo atravesaban por una epidemia de tuberculosis que solo venía a agravar la situación en sí, pues no tenían recursos suficientes para contenerla. El doctor Deschamps trataba de mantener los ánimos a flote y a su personal, sobre todo a los estudiantes como Maeve, motivados. Él era el jefe del servicio de sanidad de la Resistance: un experimentado médico que había servido muchos años en el ejército francés, y cuya imponente presencia asustaba incluso akumas. El hombre, que rondaba los 60 años, pero se mantenía más vital que nunca, era además ferozmente leal con sus pacientes y tenía un genio de la remil si se lo provocaba.
Era difícil mantener la moral alta, complicado tratar tanto paciente sin los recursos mínimos. Cada día peor.
-Nos urge un farmaceuta. -Gruñó Rosario entre dientes. -¿Cómo no va a quedar ninguno en París?
-Niñas.
La nueva voz llamó la atención del grupo. Acto seguido llamaron a la puerta con un par de golpes. Todas se miraron brevemente y Hildegard, quien estaba más cerca de la puertecilla, la abrió para dejar pasar a la recién llegada. Madame D'Alençon hizo un amable gesto con la cabeza y esperó a que Maeve la invitara a pasar, cosa que no tardó en suceder. La mujer ya rondaba sus años, pero se mantenía en buena forma e irradiaba elegancia, generosidad y templanza a partes iguales. Era muy respetada y aunque no era la líder directa de la Resistance, la suya era una voz que no se desobedecía. Su kwami, Orikko, estaba sentadito sobre su hombro.
-Hildegard, Rosario. ¡Espero que me comprendan! Tengo que hablar a solas con Maeve.
-No se preocupe, Frau D'Alençon. Con Rosario nos vamos.
-Mavs. Nos vemos al rato.
Rosario y Hildegard se retiraron de la habitación, dejando a su amiga a solas con la mujer mayor. Esta esperó unos momentos antes de dedicarle una mirada muy intensa. Maeve no se asustó, estaba acostumbrada a los modos de la mujer. Era, en todo caso, muy difícil intimidarla.
-¿Ya te sientes mejor, Maeve?
-Claro, una siempre está bien. -Afirmó con entusiasmo. -Sobre mi herida… no debería molestar tanto.
-¿La tienes bajo control?
El tono de madame D'Alençon daba a entender que sabía muy bien que la herida no estaba cicatrizando, pero que dejaba su cuidado al criterio y responsabilidad de Maeve, en virtud de que era una adulta. La chica asintió con cautela: no, no era irresponsable, se estaba cuidando la herida como mejor podía en vista de las circunstancias, y que no se arriesgaría a una infección si podía evitarlo. Por eso había dejado de ir a Les Invalides a seguir buscando a Tikki.
-Oui, madame. Todo bajo control.
-¿Qué te ha dicho Remy?
-Que si la cuido, no debería haber problema. -Maeve dejó escapar un suspiro. -Claro… hace unos cuatro días que no ha vuelto a verla, pero no veo que se esté infectando.
-Uno nunca sabe. Tienes que ser prudente, sobre todo con la escasez de medicinas.
-Lo tengo muy claro, madame. Pero no digamos que medicinas nos sobran y tenemos varios enfermos de tuberculosis y…
-… y de peste que necesitan tanto antibióticos como oxígeno. -Madame D'Alençon suspiró apenada. -Pero también necesitamos a nuestro personal de sanidad.
-Solo soy una estudiante de enfermería. -Atajó la escocesa bajando la cabeza.
-Con mayor razón. -Intervino Caline con firmeza. -Te recuerdo que hace dos meses perdimos a dos enfermeros en el ataque al Ayuntamiento: eso fue un golpe muy fuerte.
-Sin mencionar que Tikki va a necesitar a su portadora entera de ser posible. -Añadió Orikko. -Tienes que cuidarte… y como Remy se entere que tu herida ha empeorado, vamos a terminar todos flambeados como los crepes.
Maeve no pudo evitar reír, por lo que sofocó sus risitas. Con el genio que se gastaba Remy Deschamps, era probable que pasara eso si se enteraba que le había ocultado información, pero no digamos que el viejo médico tenía mucha moral para andar reclamando nada. Como buen profesional de la salud que era, como paciente era mañoso, trágico e intratable.
-De eso no me cabe duda, pero no voy a molestar al doctor Deschamps por algo como mi herida. Es más bien superficial, mañosa, pero controlable.
-Esa herida lleva una maldición. -Rezongó Caline.
-Y voy a sobrevivir a ella. Si lo hago, la Strega no podrá volver a echarme la misma maldición encima.
Caline bajó la mirada y le concedió el punto a Maeve, aunque tenía sus reservas. Tomó aire y levantó la mano, para acariciar a su kwami, quien en seguida puso la cabecita para que se la rascaran. Madame D'Alençon se llevó la mano al bolsillo y sacó una cajita, que Maeve reconoció en seguida.
-Necesito un favor.
-Usted dirá, Neach-gleidhidh bean nan seudan. -Le dijo con una educada reverencia de cabeza.
-Esto es para Emma. Tienes que convencerla de usarlo.
-¿Es el miraculous que creo…? -Maeve aguantó la respiración. -¿Sigue negándolo?
-Solo está asustada. -Dijo Caline con voz muy calmada, pero sonrió. -Pero llegó el momento que enfrente sus miedos. Y sé que tú podrás convencerla… tal como has convencido a otros.
-Difícil que se lo pueda entregar si está en el 2015.
-Por eso necesito que se lo lleves. -Anunció con gravedad. -Si aceptas la misión, Bunnix te está esperando para llevarte al 2015.
Maeve irguió la espalda y le mantuvo la mirada a Caline D'Alençon unos segundos, antes de tomar la cajita en sus manos.
-Así se hará.
Colegio Françoise Dupont. París. 2015
Jueves, 13:36 hrs.
Chloé se miró la muñeca derecha y arrugó el ceño. Le dolía, por alguna inexplicable razón el dolor que sentía desde el sábado no había hecho más que esparcirse por todo su brazo, desde la muñeca hasta el codo. No es que le doliera más o menos, de momento era bastante soportable y no la invalidaba, solo… el área afectada había aumentado. ¡Qué extraño! No recordaba haberse golpeado ni nada, pero el dolor ahí estaba, como una extraña y constante señal de alerta que no tenía idea como interpretar.
-¿Dónde rayos está Sabrina con mi almuerzo? -Gruñó mientras levantaba la cabeza para buscar a la chica con la mirada, pero al no verla por ninguna parte, se sopló el flequillo. -¡Ya debería haber llegado!
Honestamente Chloé no sabía por dónde andaba Sabrina. No tenía por qué saberlo tampoco, no estaban pegadas a la cadera, pero estaba algo preocupada. Así como no podía sacudirse ese molesto dolor en el brazo, no podía quitarse de encima la sensación de que algo le iba a pasar. ¡ARGH! Odiaba sentirse así, pero también odiaba cuando no le prestaban atención, así que se levantó de su puesto y decidió ir tras Sabrina.
-¡Las cosas que tengo que hacer para que…! OOOOUCH.
Chloé había avanzado unas pocas mesas cuando el dolor en el brazo se hizo más intenso. Se sujetó la muñeca con la mano izquierda, sorprendida del repentino flash de dolor que se le irradió hasta el hombro y se sentó en el primer asiento que pilló, sin fijarse quien o quienes estaban en esa mesa.
-¿Chloé?
La aludida se giró sobre su eje para ver a su interlocutor. Se encendió como semáforo al ver a Nathaniel ahí almorzando solo, perplejo de verla cerca suyo. Se mordió la lengua, sintiendo algunas olas de ansiedad en las tripas. ¡De todas las mesas en donde poder sentarse! Tenía que elegir justo en la que estaba este tomate podrido. Rápidamente le dio la espalda, infló las mejillas y se concentró en su mano, la que refregó en un esfuerzo por aliviar el intenso dolor que la aquejaba.
-¿Estás bien?
-¡Claro que estoy bien! No te metas.
-Entonces sal de mi mesa: no quiero problemas.
-¡No me da la gana! Vete tú.
-No. Vete tú. No quiero más problemas contigo.
-¿Qué has dicho? Soy la hija del alcalde. ¿Quién te crees para echarme de la mesa?
Nathaniel se sopló el flequillo y rodó los ojos.
-Me vale que seas la hija del alcalde. Yo llegué primero a esta mesa y no tengo porqué irme. ¡Largo!
El muchacho regresó la atención a su dibujo, ignorando como Chloé lo miraba con odio y ganas de prenderle fuego. Había sido grosero con la rubia, pero no podía evitarlo. Chloé nunca le había caído bien, era demasiado pedante, insegura, cruel y solitaria para su gusto. Sin embargo, desde que había superado su enamoramiento por Marinette, había comenzado a sentir algo por Chloé: la detestaba cada vez más. Era cosa de verla para que le produjera un rechazo tal que prefería meter los dedos al enchufe. Y por si fuera poco, se le estaba apareciendo hasta en la sopa. Ahí donde miraba, la veía, había agarrado la molesta habilidad de reconocer su voz a lo lejos y para su horror, se había descubierto mirándola más de la cuenta e incluso la había estado dibujando. Lo hacía sentir muy nervioso… sobre todo desde que se había percatado que su día se tranquilizaba si es que la veía por ahí. ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Qué clase de lógica tenía eso? ¡La odiaba! ¡¿Entonces porqué se calmaba cuando la veía?!
Vale, había hecho varios dibujos e incluso un comic de Queen B, pero eso era distinto.
Sobra decir que cuando se descubrió a sí mismo dibujándola, quiso romper el dibujo, pero no pudo hacerlo, por lo que su humor estuvo bastante desmejorado por el resto del día. ¡Y por si fuera poco! El incidente de hacía unas semanas, cuando le había tocado la retaguardia, le había provocado unos sueños muy poco saludables.
¿Tenía que estar Chloé en ellos? ASCAZO.
…
O eso creía.
-¡No me da la gana! -Replicó Chloé, siempre dándole la espalda, demasiado dolorida como para querer moverse. -Si quieres que me vaya, pues ven a quitarme. Si no, ¡Vete!
Otra que tenía problemas era la misma Chloé. Odiaba a Nathaniel con toda su alma y la intensidad de mil soles. Sabía que ella le caía mal, pero en vez de provocarlo, y muy contrario a su personalidad, trataba de mantener su distancia con Nathaniel todo lo que podía. Lo evitaba todo lo que podía para no tener que verle la cara de disgusto cada vez que se cruzaban. De alguna manera le dolía ese rechazo, aunque no se diera cuenta todavía. Iba a ser borde con él, se lo merecía y ella… ella…
Sintió como Nathaniel se ponía de pie y tomaba sus cosas. Bien, el tarado se iba a ir y la dejaría sola. ¡Menos mal! Ya estaba harta de…
No. NO se fue. Se detuvo junto a ella. Con los ojos muy abiertos, Chloé lo miró sorprendida por unos instantes, antes de llenarse de desafío. Frunció el ceño, esperando que el sonrojo que le estaba llenando las mejillas fueran por el próximo enfrentamiento y no otra cosa. ¿Acaso la iba a echar de la mesa por la fuerza?
-¿Qué se supone que quieres?
-Tienes la cara roja.
-¡¿ROJA?! No tengo la cara roja. ¿Qué te metes? Largo y no me…
-Aquí. -Nathaniel le tocó las mejillas, justo por debajo de sus ojos y en las cercanías de la nariz, con los dedos. -Tienes la piel enrojecida y la nariz…
¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡¿POR QUÉ LE TOCABA LAS MEJILLAS?!
-Tengo una alergia. Estoy dejando que la piel respire sola. -Chloé apartó la mano de Nathaniel muy molesta. -¿Qué quieres?
¡Estupenda pregunta! Nathaniel no tenía ni la más pálida idea. Se había levantado de su puesto con toda la intención de sacar a Chloé de su mesa, pero al acercarse y verla con más detenimiento, se aplacó un montón. Lo que vio lo sorprendió: la hija del alcalde estaba pasando por algo y no lograba dar con qué. Estaba a la defensiva y adolorida, eso era evidente. Quizás también asustada por lo que sea que la estuviera aquejando. No estaba cómoda y la vio… muy, muy sola.
Bueno, ella misma había buscado su soledad: no sabía tratar a la gente. ¡Se merecía estar sola! Pero no adolorida. Se sentó junto a ella… Como que el disgusto por verla se le había pasado y no estaba tranquilo ni de chiste. ¿Acaso estaba preocupado?
-Oye, ¿qué te pasa en la mano? -Le preguntó con más calma. Chloé se esponjó como un pez globo.
-¡NADA que te importe! ¡Y no me pasa nada! -La chica puso un mohín en la cara, dejó de sobarse la mano (aunque inconscientemente la protegió) y miró en otra dirección. -Eso creo.
-¿Crees? -Nathaniel estiró la mano y tomó la de Chloé en ella, revisándosela. La chica aguantó la respiración. -La tienes bien hinchada. ¿No te duele?
-¿Hinchada?
Chloé tuvo un tic en el ojo. No podía negar que le dolía la mano, sobre todo en el último rato, que parecía que la tenía en carne viva, pero tampoco podía permitir que la vieran débil. ¡Tenía que distraer a Nathaniel y hacer que se alejara!
-¡¿Gorda YO?! PERO COMO TE…
-¡Ya deja el drama, mujer! -La regañó Nathaniel con firmeza, sorprendiendo a Chloé, a quien nunca le habían hablado así. Se hubiera esperado ese tono de cualquiera, Adrien, Kim o incluso Marc, pero ¿de Nathaniel? ¿Del cabeza de tomate podrido? -Dije que la tienes hinchada, ¡no que estuvieras gorda! -El muchacho le tomó ambas manos. -¿Ves?
¡¿Pero por qué le tomaba las manos?! No le había dado esas confianzas. ¡¿Por qué?!... ¿y porqué sentía ese roce tan… suave?! Sonrojada por motivos que no se alcanzaba a explicar, pero que algo tenían que ver con el contacto corporal, Chloé se miró las manos a regañadientes solo para no tener que ver a Nathaniel a la cara… pero no percibió ninguna diferencia, excepto que el dolor era más fuerte ahora.
-¿Ver qué cosa? -Gruñó la chica.
-¿Que no ves? ¡Mira! -Nathaniel le indicó de nuevos sus manos. -La derecha está más hinchada. Justo aquí, por esta zona. -Le explicó tocando justo el punto exacto desde donde se irradiaba el dolor al resto del cuerpo.
-¿Cómo sabes todo eso? No veo la diferencia.
-Soy dibujante, me fijo en esas cosas. -El muchacho suavizó la mirada. Odiaba a Chloé, pero… pero… sentía algo raro en su estómago… y verla vulnerable, y tratando de disimularlo, lo desarmó bastante. -¿Te pegaste, te duele?
-¡Claro que me pegué! ¿O no te acuerdas? -Chloé infló las mejillas de nuevo, a lo que Nathaniel tuvo que hacer esfuerzos para no reírse. -¡Pasa que tienes la cabeza dura! Te abofeteé con esa mano el otro día... ¿no te acuerdas, cabeza de chorlito?
¡Oh sí! Ese incidente. Nathaniel lo recordaba demasiado bien. ¿Qué miércoles le había pasado para agarrarle el trasero a Chloé? Bah. ¿Y porqué no lo había denunciado? Esa era una buena pregunta.
-Sí, pero eso fue hace semanas. Este dolor es reciente.
-¡No me pasa nada!
-¡Pero qué ridícu…! -Molesto, Nathaniel estuvo a punto de regañarla y quizás burlarse de ella por negarse a lo evidente, pero se detuvo… -¿Chloé? -Le preguntó al verla con los ojos muy vidriosos, como si se estuviera intentando hacer la fuerte.
-¿Qué Quieres?
-¿Tus papás saben? -Preguntó casi en un susurro. La rubia asintió casi imperceptiblemente. -¿Hace cuánto te duele? -Añadió con mucha calma.
-Desde el fin de semana. El dolor no se detiene. -Chloé bajó el rostro y le quitó sus manos a Nathaniel. Se cruzó de brazos y miró para el otro lado. -No sé qué pensar... No es nada, pero el dolor está ahí… y no se quita. No importa lo que haga, ¡no se quita!
-Oh. ¡Oh! -Nathaniel bajó las defensas. Se compadeció de Chloé en ese momento. Se mordió el labio. -... puede ser tendinitis. Me pasa un montón. Tengo un gel pack en la mochila, ¿lo quieres?
-¿Qué cosa?
-El frío o el calor ayuda mucho a aliviar el dolor. Podemos probar: no pierdes nada.
Chloé miró varios instantes a Nathaniel, antes de asentir con timidez y en silencio, como si aún no quisiera aceptar del todo su vulnerabilidad y el hecho que le había pedido ayuda a alguien como Nathaniel, quien abiertamente había manifestado su desagrado por ella. No se fijó mucho en él, sino que apartó su mirada y la paseó por el comedor en lo que el pelirrojo buscaba lo prometido y le pedía un poco de paciencia. Inevitablemente se fijó en Marinette, unas cuántas mesas más allá, sentada junto a Adrien, a su adorado Adrichou, y a su grupo de amigos.
Ganaste bien, panadera, te lo concedo. Pensó Chloé para sí misma. Al menos Adrien está feliz… eso nunca me va a pasar a mí. Se dijo en silencio, dejando escapar un suspiro.
Es que en aquella mesa, la alegría enamorada de quienes la ocupaban era demasiado evidente. Marinette sonreía tanto que daba la impresión de que su cara se iba a partir en dos al ver la expresión de Adrien al abrir su tupper. Alya sonrió para sus adentros y se contuvo de sacarle una foto. Nino le dio un codazo y ambos se sonrieron cómplices. Era la hora del almuerzo y gran parte del estudiantado estaba reunido en el comedor del colegio y los cuatro amigos no eran la excepción. Lo simpático de la situación era que Marinette había cocinado extra ese día, para sorprender a Adrien.
-¡SANDWICHES CROQUE MONSIEUR! -Exclamó el muchacho. -¿Para Mí? ¡LLEVO MUCHO SIN COMER ESTO! -Añadió con honesta alegría.
-También te traje macarons de maracuyá. -Explicó Marinette tan entusiasmada como él.
-¿Me estabas prestando atención?
-Jejejejeje, JAJAJAJAJA, JEJEJEJE… quizás.
-Creo que lo sabe desde hace meses, Adrien. -Puntualizó Alya, quien pronto frunció un poquito el ceño. -¿Seguro que puedes comer eso?
-Se llegan a enterar en tu casa que comiste todo esto y te dejan a pan y agua una semana, Bro. -Se rió Nino, antes de darle un codazo a Alya. -Nunca me has preparado nada, Chérie.
-Porque nunca me has pedido. -Alya no se hizo problema con su respuesta, y por lo visto Nino tampoco, pues aprovechó para darle un beso en la mejilla.
-¡Eres la mejor novia del mundo, Marinette! -Exclamó Adrien apenas prestándole atención a la chica, tomando uno de los dos sándwiches y comenzaba a comerlo. -¿Cómo te las arreglaste para traerlos? -Le preguntó mientras le pasaba el otro.
-Tengo mis recursos. Le dijo Marinette mientras recibía el segundo sándwich. -Me pareció que querías comer uno de estos, aunque nunca te he visto con uno.
-¡MESES que no los comía! Quizás del año pasado. -Adrien se echó un bocado del sándwich a la boca y sus ojos lo dijeron todo. -¡MMMMMMH! ¡Maravilloso!
Adrien, por ser modelo, tenía una dieta muy restringida. Obviamente estaba muy vigilada, la idea era que no se desnutriera, además que su trabajo, por ser menor de edad, estaba muy vigilado por las autoridades de protección a la infancia. Gabriel lo tenía bajo un estricto programa nutricional que excluía todo lo que pudiera engordar en demasía, para que mantuviera un peso y energía saludables para un muchacho activo de su edad y que no lo desnutriera. Los sándwiches croque monsieur y los macarons de maracuyá estaban fuera de la lista de alimentos permitidos. Marinette se apoyó en su hombro unos instantes.
-Supongo que uno a las quinientas no te hará daño. -Le dijo con ternura, antes de mirarlo con el rostro lleno de sonrojos. -Y con la cantidad de ejercicio que haces, ni lo vas a sentir. -Adrien aprovechó para robarle un beso.
-Tú mejor come, ma souris.
-¡Ugh! Ustedes dos me van a provocar un coma diabético como sigan así de cursis. -Se burló Alya.
-Quien los viera y quién los ve. -Añadió Nino, brindando con su botella de agua.
Adrien y Marinette sonrieron al mismo tiempo, pero no dijeron nada, concentrándose en sus respectivos almuerzos, dedicándose ocasionales miradas enamoradas cada tanto, causando la risa de Alya y Nino, quienes ya habían superado esa etapa de estarse viendo con enamorado nerviosismo. Pronto acabaron de almorzar.
-Esto estaba delicioso. Podría almorzar así todos los días.
-No, porque te vas a poner muy gordo y mi maman me va a matar si vuelvo a dejar la cocina hecha un desastre.
-¡Piensa en tu figura, bro! En un rato más tienes sesión de fotos, ¿no? -Comentó Nino. Marinette asintió triste.
-No te pongas así, princesa, hablaremos por teléfono a la tarde. -Le aseguró Adrien guiñándole el ojo, asegurándole con ese gesto que la iría a ver durante la noche como Chat Noir.
-Sí… ya deberían venir por Adrien… -Comentó Marinette muy triste, mientras guardaba sus cosas del almuerzo en su lonchera.
-¡Soy un muchacho en crecimiento! Necesito alimentarme.
-¡Qué mal gusto tienes, querubín!
Aquella voz les erizó los pelos a todos. Adrien se dio la vuelta a tiempo para ver a la Strega allí, de pie junto a él, como si fuera lo más normal del mundo. ¡La Strega! ¿pero de donde había salido? Ni Nino ni Alya la reconocieron, pero Adrien y Marinette sí, aunque tuvieron que fingir que no la conocían de nada. Aun así, la Strega irradiaba tanta peligrosidad que los cuatro dieron un brinco lleno de susto. ¿qué hacía esa extraña en el comedor del colegio? Se supone que no debían dejarla pasar y ¿por qué les inspiraba tanto miedo?
-¿Qué pasa, querubín? -Preguntó Lila, estirando la mano y acariciando un mechón de cabello de Adrien.
Éste reaccionó apartando a la mujer de un manotazo y poniéndose de pie, en actitud defensiva, delante de Marinette y empujándola hacia atrás, quien se abrazó a su espalda, mirando a su asesina con los ojos muy abiertos.
-¿Tú quién eres? -Gruñó Adrien.
La Strega solo le sonrió maliciosamente. A su espalda, sintió como Marinette temblaba de miedo y buscó su mano para aferrársela e inspirarle confianza, de que no iba a dejar que nada malo le pasara, pero… pero… su chica tenía algo en la mano… era un objeto pequeño, que cabía en la palma de su mano… Era uno de los saleros que solía haber en las mesas.
¿Acaso iba a…?
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo capítulo: La bruja en el colegio
"-¡Ah! ¡La piojo sabe hablar! -Alil Issor miró con ira a Marinette, como si quisiera hacerla desaparecer de la existencia, avanzando decididamente hacia ella, relampagueando sus ojos peligrosamente. El ambiente alrededor se tornó pesado. -¡¿Qué acaso te crees muy especial que amenazas a…?!
-¡No Se Acerque! -Adrien estiró la mano, señalándole a Alil Issor que se detuviera. Al mismo tiempo retrocedió un paso, ubicándose efectivamente detrás de la línea de sal.
-¡Mocoso! ¿Cómo te atreves a darme órdenes? -Alil avanzó con claras intenciones de abofetear a Adrien, pero este retrocedió otros dos pasos más. Todos los presentes no se perdían detalle. Alya y Nino intercambiaron miradas preocupadas. -¡Te voy a enseñar a respetar a tus mayores! ¡AAAAAARGH!
Pssssssssst…"
Notas finales: Sin duda las cosas en ese comedor se pusieron muy interesantes, pero créanme, se van a poner más intensas. Será un momento que el estudiantado no olvidará en mucho tiempo. Tampoco Adrien o Marinette, que en serio, van a pasar un susto peludo. Por cierto, ¿ya se dieron cuenta de quién es Madame D'Alençon? En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Esas son parte de la personalidad de Emma, Manu: muchos han intentado corregirle el hábito y han fallado. Supongo que ya no hay vuelta que darle. Ten, croissants con nutella, y ¡GRACIAS POR LEER!
Pierde cuidado, CuentaOlvidada, estoy controlada respecto de mis "desafíos" respiratorios y en mi trabajo nos cuidan mucho y nos proveen de lo necesario (mascarillas, guantes, delantales, de todo). Hace años, antes que yo llegara, se les murió un historiador en el archivo y lo notaron al día siguiente, lo que fue un gran lío, así que hacen de todo para que no vuelva a pasar. ¡jejejeje! Solo a mi se me ocurre elegir los archivos como área profesional… Al menos me divierto. No hubo Emma en este capítulo, pero el próximo aparecerá… entre otros personajes que se vuelven a dar una vuelta Ten, croissants con nutella, y ¡GRACIAS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados, como Google Traductor, el sitio web de la Clínica Mayo y Recetas de Rechupete
Neach-gleidhidh bean nan seudan: Señora guardiana de las joyas en gaélico escocés, de acuerdo con Google Traductor
Frau: Señora, en alemán.
Herr: Señor, el alemán.
Ma souris: Mi ratoncita, según Google Traductor.
Autoclave: Es un recipiente de presión metálico de paredes gruesas con un cierre hermético que permite trabajar a alta presión para realizar una reacción industrial, una cocción o una esterilización con vapor de agua a fin de desinfectar materiales e instrumentos quirúrgicos. Su construcción debe ser tal que resista la presión y temperatura desarrollada en su interior. La presión elevada permite que el agua alcance temperaturas superiores a los 100 °C. La acción conjunta de la temperatura y el vapor produce la desnaturalización de las proteínas de los microorganismos, entre ellas las esenciales para la vida y la reproducción de éstos, hecho que lleva a su destrucción. O sea, sirve para desinfectar en cuática.
En el ámbito industrial, equipos que funcionan por el mismo principio tienen otros usos, aunque varios se relacionan con la destrucción de los microorganismos con fines de conservación de alimentos, medicamentos, y otros productos.
La palabra autoclave no se limita a los equipos que funcionan con vapor de agua ya que los equipos utilizados para esterilizar con óxido de etileno se denominan de la misma forma.
Tendinitis: Es la inflamación o la irritación de un tendón, las cuerdas fibrosas que unen el músculo al hueso. Este trastorno causa dolor y sensibilidad justo afuera de la articulación. Si bien la tendinitis puede ocurrir en cualquiera de los tendones, es más frecuente alrededor de los hombros, los codos, las muñecas, las rodillas y los talones.
Algunos nombres frecuentes de los distintos problemas relacionados con la tendinitis son los siguientes: Codo de tenista, Codo de golfista, Hombro de lanzador, Hombro de nadador, Rodilla de saltador.
La mayoría de los casos de tendinitis se pueden tratar eficazmente con reposo, fisioterapia y medicamentos para reducir el dolor. En caso de que la tendinitis sea grave y ocasione la rotura de un tendón, probablemente necesites una cirugía.
Sándwich Croque Monsieur: Es un emparedado muy conocido y típico francés. En Francia se puede encontrar en la carta de todos los bares, cafeterías y "bistros", siendo un bocado perfecto para el aperitivo, la hora de la merienda o una cena sencilla.
Las referencias históricas sitúan su primera aparición estelar en un Café parisino allá por el año 1910. En la novela de Marcel Proust "A la sombra de las muchachas en flor", el autor hace referencia al Croque–monsieur relatando que lo degustaría junto a unos huevos a la crema. Desde ese momento ha ido subiendo su popularidad hasta ser actualmente una elaboración presente en todos los rincones del país.
Al ser una preparación muy conocida cuenta con multitud de variaciones, dependiendo del pan o los complementos que se le quieran añadir. Nos encontraremos con panes integrales o de semillas, diferentes tipos de queso, salsas varias, e incluso se diferencian en la manera de prepararlos: unos van al horno y otros a la plancha. Así podemos hablar del Croque-madame que lleva un huevo frito encima del sándwich, recordando a los tocados de las damas francesas de principios del siglo XX. El Monsieur et Croque Madame lleva además del huevo frito, alguna carne, que pude ser de pollo, pavo o cerdo.
