La Strega tienta a Papillón solo por el gusto de hacerlo, y para darle un buen susto, le revela que sabe perfectamente quién es… y que sus amenazas no son el balde, como lo va a probar su visita al colegio. ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! … Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!


Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!

Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIA

Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic. Sugiero una pelotita antiestrés o una bolsa de papel en su defecto.

Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.


"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")

Capítulo 24: La bruja en el colegio

Pasillos del colegio Françoise Dupont

Jueves, 13:40 hrs.

Sabrina sujetó con fuerza su mochila. Iba camino del comedor cuando Lila Rossi la interceptó en los pasillos. No confiaba en ella, y no porque Chloé lo dijera constantemente, sino que algo tenía esta chica que la hacía sentir muy incómoda. No es que Lila le hubiera hecho daño a ella directamente, pero sí había visto como las mentiras de la chica habían afectado a otros, siendo Marinette el caso más notable. Era del tipo de personas de las que prefería mantener la distancia.

Chloé incluso le había dicho que ni siquiera le hablara.

-¿En serio Sabrina? ¡Tú eres la única que puede ayudarme! ¿Por qué no quieres hacerlo?

-Porque no me da la gana.

Lila apretó los labios, pero nunca dejó de sonreír. Había ideado un plan para dejar a Marinette en vergüenza frente a todo el colegio durante el próximo evento escolar y para eso iba a necesitar la ayuda directa de Sabrina, pero la chica se estaba negando a ayudarla, principalmente porque además de que no confiaba en ella, Chloé se vería afectada… dado que ella había sido elegida anfitriona y Lila necesitaba ese puesto para ejecutar su plan.

-¡No es que no te dé la gana! Pasa que no quieres afectar a Chloé, ¿verdad? -Le dijo Lila con zalamería. Si quería sacar a Chloé del medio, entonces la ayuda de Sabrina se hacía indispensable.

-¡Toda la razón! Ni me da la gana ni quiero afectar a Chloé. Ella ha trabajado mucho por ese puesto. ¡Ni de broma te ayudo! -Perseveró Sabrina plantando los pies. ¡Oh no! A ella no la iba a meter en sus maquinaciones. ¡No se iba a dejar!

-¿Qué acaso es tu novia que la proteges tanto? Nadie quiere a Chloé. ¡Es solo un puesto!

-Si es solo un puesto, ¿entonces por qué tanto lo quieres? -Retrucó Sabrina. En verdad estaba un poco asustada.

-¡Uy! Qué sensible.

Sabrina solo frunció el ceño. Se armó de valor e hizo a Lila a un lado para continuar su camino hasta el comedor. Aceleró el pasó, esperando con ello dejar a Lila atrás y que la dejara en paz. No quería problemas, solo seguir con su vida. ¡Aish! Chloé seguro ya se estaba enojando por su tardanza y…

Lila la sujetó del cabello y le dio un buen tirón, jalándola hacia una pared cercana, dándole un buen remezón con ello. Con tan repentino movimiento, Sabrina no pudo hacer más que seguirle el ritmo del jalón para no lastimarse más de la cuenta. Cuando sintió que Lila la soltó, intentó alejarse, pero una fuerza la contuvo contra la pared, bien quieta. El corazón se le aceleró a full cuando notó que no podía moverse de su sitio y eso que no parecían estarla sujetando con nada. Una fuerza invisible le atenazaba los músculos.

-¡Escúchame pedazo de tarada! Vas a conseguir que saquen a Chloé como anfitriona del maldito evento y que me pongan a mi o vas a ver que haré de tu vida un infierno. -Amenazó Lila con saña, haciendo resplandecer sus ojos por instantes, o eso pareció.

-¡Suéltame!

-¿Qué te suelte? ¡Tienes retraso de libro! NO te estoy sujetando. -Se burló la italiana.

-¡No puedo moverme!

-¡No te estoy sujetando! -Para darle énfasis a sus palabras, Lila se cruzó de brazos, mostrando una burlona actitud. Sabrina abrió los ojos como platos: ¡No podía moverse! Pero si Lila no la estaba sujetando, ¿entonces como…? -¿Qué? ¿Por qué abres y cierras la boca así? ¿Acaso no puedes respirar?

Sabrina notó con horror que sus vías respiratorias se sellaban y apenas dejaban pasar aire. Intentó inflar sus pulmones sin éxito, pero una presión externa le comprimía la caja torácica, impidiendo que tomara aire con libertad. Vio como Lila le sonreía con dulzura. Se asustó y bastante.

-Entonces… ¿dices que me vas a conseguir el papel? -Preguntó Lila sin dejar de sonreír, expresión que por cierto, perturbaba bastante. Entonces alguien apareció en su campo visual.

-Típico de tu gente de caer en extorsiones. ¡Mafiosa! -Emma se interpuso entre Lila y Sabrina, haciendo retroceder a la primera con un buen empujón.

-¡Eso me ofende mucho! ¡No soy ninguna mafiosa! -Se apuró en reclamar Lila, manteniendo el equilibrio a duras penas.

-Casi me engañas, p**a zorra de m**rda.

Emma sacó de su raída mochila un salero y tras abrir la tapa, vertió el contenido en el suelo, dibujando una línea, con toda la calma del mundo, mientras Lila la miraba sin saber exactamente porqué hacía eso. Por su parte Sabrina, quien había recuperado la movilidad, pero todavía estaba demasiado asustada como para salir corriendo, levantó una ceja al ver esto. ¿Sal de mesa? ¿En el suelo? Dejó escapar un suspiro de sorpresa. Algunos engranajes en su cerebro comenzaron a correr. ¿No decía la tradición popular que la sal…? ¡Oh La lá! ¡Eso explicaría por qué no se podía mover! Decidió prestar mucha atención a lo que pasaría luego, porque si la sal hacía efecto, entonces Lila Rossi era…

-¡Métete en tus asuntos! ¿Qué no ves que estoy hablando con Sabrina?

-Oye, no te sulfures. ¡Sabes que mi asunto es hacerte la vida imposible! -Emma se giró y se quedó mirando a Sabrina. -¿Estás bien?

En ese momento, Lila intentó dar un paso hacia adelante, quizás para ganar el terreno perdido, pero ni bien se acercó y pisó la línea de sal, ésta reaccionó y Lila tuvo la sensación de que se le quemaban los pies, lo que la hizo dar un salto hacia atrás.

ARGH!

Sabrina bien se hubiera fundido con la pared de haber podido y Emma tuvo que reconocer que se preocupó. Después de todo, si la sal ya la estaba afectando, es porque Lila iba muy bien encaminada a convertirse en una bruja.

-Este… -Comenzó a balbucear Sabrina, pero Lila la interrumpió.

-¡OUCH! Aaaish. -Exclamó molesta por la súbita sensación de dolor. -¡Tampoco tenía ganas de hablar con ustedes dos! Me voy.

Y dicho esto, giró sobre sus talones y se alejó a pisotones muy marcados, casi echándose a correr. Emma suspiró de alivio cuando Lila estuvo a buena distancia. Relajó los hombros y se volvió hacia la chica. No conocía a Sabrina en el futuro, nunca la había visto, al menos no que ella recordara, pero sí que sabía bien lo que estaba haciendo por la Resistance. Hasta incluso le debían la vida, de eso estaba segura.

-¿Estás bien?

-¡Claro que sí! -Exclamó Sabrina, recuperando la compostura. -Solo un poco nerviosa, pero ya se me pasa. Dame unos momentos…

-Si esa zorra te vuelve a molestar, me das un grito y lo soluciono. -Le ofreció Emma de corazón. Sabrina parpadeó sorprendida, pero negó con la cabeza.

-No es problema. Me las arreglaré bien. Solo… solo me alejaré de ella. Soy cobarde: es Chloé quien me protege y…

-No lo eres. Podrías ser cualquier cosa, menos una cobarde. -Afirmó Emma muy decidida. -Eres más valiente de lo que te imaginas.

Sabrina asintió con lentitud. No conocía a esta chica, excepto por los pocos rumores que habían llegado hasta ella y a los que no sabía si dar crédito o no. Era malhablada, matona, y solía vérsela cerca de Adrien y Marinette. Decían que era prima del Agreste de hecho, y a juzgar por el parecido físico era bastante verosímil, pero Chloé no recordaba que su Adrichou mencionase a una prima, aparte de Félix. Pero ni modo.

-Eres muy amable, pero te equivocas en eso. ¡Gracias por darme una mano! -Sabrina relajó los hombros y se mordió el labio. -¿Por qué derramaste la…?

-¿Están bien las dos? ¿Estás bien, Sabrina?

La profesora Bustier apareció de pronto. Venía caminando por el pasillo cuando se encontró con Lila, quien le dijo que Emma había estado molestándola de nuevo. Caline asintió con la cabeza y enfiló para hablar con la chica, encontrándola donde Lila le había indicado, conversando con Sabrina, ni más ni menos. Emma rodó los ojos, pero se disciplinó en el acto. La otra chica por su parte levantó las cejas.

-¡Mademoiselle Bustier! Estoy muy bien. Emma aquí me ayudó un poco.

-Esa puuuAHEM. Digo, Rossi estaba siendo cargante aquí con ella. -Gruñó Emma bajando la cabeza. -Solo le di una mano.

-Ya me parecía. -Caline apretó los labios, como evaluando la situación. -Sabrina, adelántate un poco, necesito hablar con mademoiselle D'Alençon.

-Claro maestra. ¡Pero no la regañe! Emma me estaba ayudando.

-Ya veremos.

Sabrina asintió con la cabeza y tras mirar unos instantes a Emma, echó a correr en dirección del comedor. Caline por su parte se quedó con Emma y tras asegurarse que no había nadie más en el pasillo, resopló con ganas. Orikko, su kwami, se asomó de entre su cabello.

-Creo haber entendido que no podías acercarte a Lila Rossi.

-No puedo acercarme a la Strega, madame. -Afirmó Emma, mordiéndose la lengua para no decir ninguna grosería. -Tengo que mantener controlada a la Lila de este año.

-Fue lo que dijo tu hermano. -Caline dijo apenas en un susurro. -Pero debes tener cuidado. Nuestra Lila se siente muy descompensada: su energía está cambiando más rápido de lo que puede procesarlo.

Caline estaba preocupada. Su entrenamiento como futura guardiana la estaba sensibilizando mucho a su entorno y comenzaba a detectar las auras de quienes la rodeaban. Adivinar el estado de ánimo de sus alumnos se le estaba tornando fácil y eso le permitía al mismo tiempo poder interactuar mejor con sus alumnos. Con los adultos le costaba más, pero con los adolescentes se le estaba haciendo muy fácil. Y Lila Rossi… estaba experimentando unos cambios energéticos tan bruscos que le ponían los pelos de punta y ya no sabía cómo contenerlos ni cómo abordarla para compensarla un poco al menos. ¡Porque sí! ¡Lo estaba intentando! Aunque por lo visto en vano…

-La Strega está en el edificio. -Dijo de pronto Orikko, muy alarmado. -En el comedor.

Emma se tapó la boca y quiso ir hacia el comedor corriendo, pero Caline la detuvo y la llevó hacia la dirección contraria. Ambas sabían lo que estaba en juego y que Emma ya se había expuesto mucho la primera vez. Doblaron por otro pasillo, en dirección del salón de maestros y al menos la profesora tenía toda la intención de seguir hasta el final del corredor, pero se detuvo en seco. Caline tuvo un tic en el ojo al ver pasar a… alguien que se supone que no debería estar ahí y que ya le estaba crispando los nervios, seguido de su asistente y guardaespaldas.

-¿Ese qué hace aquí?

-¿Gustave D'Alençon?

-¿Lo conoces, Emma?

-Sí… más o menos. Err… él… es el tío abuelo de mi papá. ¿Pero qué hace aquí?

Caline apretó los dientes. ¡Aish! ¡Sabía perfectamente qué estaba haciendo ese hombre aquí y no era precisamente visitar a su sobrino! Tomó aire y reguló su respiración: no podía dejar fluir su frustración en ese momento, ni que su vida privada se mezclara con su ámbito laboral. Ya bastante tenía lidiando con alumnos superhéroes, viajeros del tiempo y con su entrenamiento como futura guardiana de miraculous como para tener que estar lidiando con este cargante. Se sobó una de las sienes y gruñó.

¡No quería cruzarse con él!

-Escucha Emma. Vete al salón de maestros y si alguien te pregunta que haces, diles que me estás esperando. Yo voy a lidiar con esto.

-¡Pero la Strega!

-¡Dije que yo voy a lidiar con esto!

-¡Como diga, madame Bustier!

Emma no esperó mayores instrucciones y echó a correr hacia el salón de maestros, considerando seriamente la posibilidad de avisarle a su hermano. Caline por su parte respiró un par de veces más para recuperar compostura antes de enfilar de regreso hacia el comedor. Tenía la certeza que algo grande iba a pasar, pero… ¡¿Tenía que estar justo el pesado de Gustave D'Alençon en las instalaciones?! ¡¿Qué hacía en el colegio?! ¡Porque ni siquiera el hecho de ser…!

¡Un momento! ¡¿Era el tío abuelo de Adrien Agreste?!

-Oh la lá. Eso lo explica… -Caline se mordió el labio. -No… lo explica y al mismo tiempo no.

Sacudió la cabeza y con ello el sonrojo que quiso asomarse en sus mejillas. ¡Mejor se daba prisa!


Afueras del Colegio Françoise Dupont.

Jueves. Momentos antes. 13:03 hrs.

No recordaba esta vista del colegio. Schmetterling estaba sentada en el barandal de un balcón cercano, mirando hacia su antigua secundaria. Tenía una expresión calmada, quizás de disgusto muy menor, pero no hacía nada. Recordaba aquel colegio con cariño y odio a partes iguales. Había sido feliz, se sintió integrada, fue parte de una dinámica que por única vez en su vida la hizo sentir querida y por eso no se animaba a destruir el edificio en el futuro.

Sin embargo también lo odiaba, pues significó su caída de la gracia directo a la cárcel. Con 18 años recién cumplidos, creyó poder salirse con la suya y atacó a la china esa cuando tuvo la oportunidad, estando a segundos de matarla. Pero la habían descubierto y detenido, juzgado y encarcelado por intento de homicidio. Tras salir de ese agujero, se fue a Italia, a una vieja casa familiar, en donde había encontrado su libro de hechizos en una profunda mazmorra. ¡Si tan solo hubiera tenido el grimorio antes!

-Más te vale, Lila Rossi, que aproveches el poder que te pasé. ¡Más te vale! -Schmetterling se puso de pie sobre el barandal y tomó aire. -Es hora de molestar un poco.

Sin que le importase mucho estar a vista y paciencia de todo el mundo, Schmetterling saltó hacia la calle y prestó atención. Tal como sospechaba, Papillón monitoreaba la ciudad en busca de nuevos posibles akumas, sin haberse dado cuenta que ella había regresado al 2015. Sonrió de costado.

-En verdad eres patético, Papillón. -Le dijo fuerte y claro.

En su guarida, Papillón levantó la cabeza en el acto. Había escuchado fuerte y claro el llamado de la Schmetterling y fijó la mirada en su ventanal, que se abrió como obedeciendo una orden ciega. Dicha presencia lo enojó, pero al mismo tiempo le erizó la espalda. El hombre tuvo problemas para controlar el tic nervioso.

-¿De qué agujero te arrastras, mujer? Debiste quedarte donde estabas.

-Tienes toda la ciudad de París a tu merced y no la conquistas porque no quieres.

-No quiero la ciudad, busco otras cosas.

-¡Hasta en eso eres patético! -Schmetterling sonrió con malicia. -Hace mucho rato que mis akumas hubieran plagado la ciudad.

-¿Qué acaso me estás dando consejos ahora?

-¡Nunca! Cobro caro por ellos.

-¿Es lo único por lo que cobras?

Schmetterling se largó a reír. No se habría esperado una grosería de ese calibre del buen Gabriel Agreste, pero se la celebraba. La mujer comenzó a caminar por la calle en dirección de la secundaria, sin perder ni romper el contacto mental con Papillón. Esto probaría ser divertido.

-No creí que tuvieras los huevos de decirme algo así, anciano. ¡Esas palabras no se le dicen a una dama!

-No siento a ninguna dama en las cercanías.

-¡Uy! Papillón, ¡que bajo piensas de las parisinas en general!

Gabriel inspiró aire enojado y se sujetó de su bastón. Había dejado de prestarle atención a la ciudad, ya no buscaba posibles víctimas de akumas, toda su atención estaba concentrada en esa mujer. ¿Por qué había regresado? ¿Acaso lo había hecho para buscar al Chat Noir adulto o insistir en robar sus miraculous?

-¿Qué quieres mujer?

-Lo mismo que tú, Gabriel. -Le dijo Schmetterling a propósito. -Volví por mis miraculous.

Papillón palideció algunas tonalidades. ¿Cómo fue que esta mujer lo llamó? ¡¿Dijo acaso su nombre?! Tragó saliva y apretó las manos, cuyos dedos de pronto sentía muy fríos. ¡¿Quién era y porqué conocía su identidad?!

-¿Cómo me dijiste?

-¡Veo que me echaste de menos!

-¡¿CÓMO ME LLAMASTE?!

-Por tu nombre Gabriel, cálmate. Te podría dar un infarto.

Schmetterling dio a conocer que sabía su identidad, con toda la claridad, y la angustia que le provocó eso generó una sensación de morboso triunfo en la mujer. Ella conocía su identidad, pero él no sabía quién era ella. Esto no le gustaba: el estómago se le fue a los pies. Era por completo peligroso que una mujer tan peligrosa supiera quien era. ¡Arriesgaba toda su operación y ponía en riesgo a Emilie!

-¿Quién eres?

-Soy la Strega del año 2052, la Schmetterling que usa tu miraculous. ¿Cómo crees que conseguí a Nooroo? ¿Pidiéndotelo prestado?

-¡¿Qué Quieres?!

-Nada, solo me acordaba de viejos conocidos. ¿Ya saludaste a la vieja esa que tienes en la heladera?

-¡NO TE ATREVAS…!

-¿Qué no me atreva a qué? ¿A mencionarla? Patético y aburrido, Gabriel Agreste.

A estas alturas de la conversación, la Schmetterling había deshecho su transformación y ahora caminaba como Lila Rossi, o más bien, Alil Issor, por los pasillos de la secundaria en dirección del comedor, con un claro objetivo.

-¡Haz lo que tengas que hacer! -Exclamó Papillón con ira. -¿Quieres los miraculous? ¡Consíguelos! No pienso akumatizar a nadie.

Ciertamente Gabriel estaba en desventaja, pues no conocía la identidad de la Strega. Sin embargo sabía algunas cosas, como por ejemplo que la mujer prefería que él akumatizara gente para ahorrar energía. Y si no liberaba akumas en París, entonces Chat Noir y Ladybug no aparecerían, y si eso no pasaba, las probabilidades de robar los miraculous eran nulas.

-Oooouh, la polillita está nerviosa. ¡Crece y madura de una vez Gabriel! Quizás por eso no has logrado vencer a dos adolescentes roñosos.

-No veo que estés haciendo un mejor trabajo. Con el adulto no te ha ido mucho mejor.

-Pero al menos tengo buen gusto. -Alil Issor entró al comedor y rápidamente ubicó su objetivo. Caminó hacia él sin que nadie pareciera verla, con toda la tranquilidad del mundo y no se detuvo sino hasta alcanzar su meta. -A diferencia de tu hijo… ¿Cómo era que se llamaba?

Gabriel aguantó la respiración. Prestó atención al entorno de la Strega, notando para su horror que estaba en el comedor del colegio Françoise Dupont y junto a su hijo ni más ni menos. Dio un paso adelante. ¡Tenía que rescatarlo! Si algo le pasaba, ¿Cómo le explicaría a Emilie lo ocurrido?

-¡Tú no harás nada, Gabriel! Que nada me cuesta partirle el cuello a él y a su noviecita. -Le advirtió la Strega. Esta se hizo visible a todos y estiró la mano para acariciar los cabellos de Adrien. -¡Qué mal gusto tienes, querubín!

Esto provocó una reacción en cadena. Gabriel se quiso morir a la distancia: la Strega sabía su identidad y estaba junto su hijo, a quien podía matar sin mayor dificultad. Por otro lado, Adrien dio un brinco, llevándose a Marinette detrás de él y estirando los brazos en señal de protección. Lila solo se rió menospreciando a los muchachos. ¡Vaya! ¡Qué tiempos que no veía a Adrien Agreste tan de cerca!

-¿Qué pasa, querubín? -Le preguntó Lila, estirando la mano y acariciando un mechón de cabello de Adrien, a sabiendas que Papillón no se perdía detalle y que estaba helado de susto ahí en su guarida.

Adrien reaccionó apartando la mano de la mujer de un manotazo. Sacó pecho y trató de verse lo más grande posible. Algo cayó al piso, pero no se distrajo a ver que era. Al parecer, Marinette había tirado a propósito al suelo el contenido del salero que tenía en su mano, describiendo una línea, antes de deshacerse del objeto y cruzar el torso de Adrien, abrazándolo. La chica tenía las manos muy heladas y parecía temblar de los nervios. ¡No la juzgaba! Él mismo estaba asustado, pero ahora tenía que sacar pecho y enfrentar lo que sea que se le viniese encima. Una cosa era lidiar a la Lila que tenía su edad y otra muy diferente con esta bruja.

La Strega pareció pasar por alto estas actitudes de los muchachos y solo se rió de ellos. Tan jóvenes e inocentes: podría matarlos ahí mismo en ese momento.

-¿Tú quién eres? -Gruñó Adrien, poniendo distancia entre ambos.

La Strega solo le sonrió maliciosamente y dio un paso hacia él. Parecía irradiar dulzura, pero todos en la mesa estaban asustados. ¿Cómo no, si la mujer esta se había aparecido de la nada? Alya también se había levantado de su asiento y de los nervios apenas podía moverse. Se tapaba la boca con las manos para evitar gritar. Nino, también de pie, comenzaba a empujar a su chica detrás de él, sin apartar su mirada de la Strega, quien solo parecía tener ojos para su compadre. Tras Adrien y apenas controlando los nervios, Marinette comenzó a tironear a Adrien hacia atrás, temblando y tratando de mantener la compostura. El ambiente de pronto se hizo muy denso y malsano. La bruja parecía afectar con su presencia incluso la salud de quienes la rodeaban. Muchos comenzaron a sentir náuseas.

-… confía en mí. ¡Quédate detrás de la sal! -Le dijo Marinette a Adrien en un susurro.

-¡Ah! ¡La piojo sabe hablar! -Alil Issor miró con ira a Marinette, como si quisiera hacerla desaparecer de la existencia, avanzando decididamente hacia ella, relampagueando sus ojos peligrosamente. El ambiente alrededor se tornó pesado. -¡¿Qué acaso te crees muy especial que amenazas a…?!

-¡No Se Acerque! -Adrien estiró la mano, señalándole a Alil Issor que se detuviera. Al mismo tiempo el muchacho retrocedió un paso, ubicándose efectivamente detrás de la línea de sal.

-¡Mocoso! ¿Cómo te atreves a darme órdenes? -Alil avanzó con claras intenciones de abofetear a Adrien, pero este retrocedió otros dos pasos más. Todos los presentes no se perdían detalle. Alya y Nino intercambiaron miradas preocupadas. -¡Te voy a enseñar a respetar a tus mayores! ¡AAAAAARGH!

Pssssssssst…

Ni el característico sonido de carne quemándose, ni el olor asociado a esto se hizo esperar. Ni bien Alil intentó cruzar la línea de sal, esta reaccionó violentamente a su presencia y le provocó una fuerte quemada en la mano con la que pretendía agredir a Adrien, que la hizo dar un brinco en la dirección contraria. La mujer se sujetó su extremidad lastimada, que humeaba, y les dedicó una furibunda mirada a los adolescentes, sin dejar de resoplar de dolor. Alil miró al suelo, viendo con disgusto la sal derramada en línea… acto seguido vio como Marinette, aterrada como estaba, tragaba saliva y se refugiaba detrás de Adrien.

-¡Pequeña P**a Miserable!

Alil Issor tomó aire e intentó abalanzarse sobre los muchachos con claras intenciones homicidas, como si no le importara la sal derramada en el suelo. Pero apenas dio unos tres pasos cuando algo la detuvo y no fue la sal precisamente. La sujetaron en una llave y en un solo movimiento de judo, Alil estuvo dolorosamente de cara en el suelo y aprisionada bajo el inesperado agarre de Colette Bardot, la guardaespaldas del tío Gustave.

-¡Métete con alguien de tu tamaño, Malparida!

-¡SUELTAME, ARRABALERA!

Adrien aprovechó para alejarse un poco más, volviéndose hacia su chica y sujetando sus manos, como asegurándose que estuviera bien. Marinette asintió nerviosa, adivinando sus intenciones. Ambos se volvieron hacia la Strega, quien forcejeaba contra el sorpresivo agarre de Colette. Aquella menuda mujercita tenía más fuerza de la que aparentaba. ¿De dónde había salido madame Bardot? Alya aprovechó para correr hacia ellos, quien sujetó a Marinette del brazo, tratando de apartarla lo más posible de esa mujer, mientras que Nino se ubicó junto a Adrien listo para liarse a golpes. No sabía qué estaba pasando, pero si su compadre necesitaba apoyo, él estaría ahí para brindárselo. Luego haría preguntas.

Los cuatro pudieron ver como la Strega forcejeaba con Colette con ganas. Como no lograse zafarse del agarre de la pequeña mujer, recurrió a la magia, arrojándola a una buena distancia contra unas mesas. Los estudiantes que estaban allí escaparon rápido, excepto uno que se quedó a ayudar a la guardaespaldas a levantarse. En cambio, Marinette y su grupo dieron un brinco y se pusieron todos a la defensiva cuando Alil se levantó y les fijó la mirada, avanzando hacia ellos con intensiones homicidas.

Esta vez fue el Gorila se le interpuso.

-¡HMPH!

Alil ni se mosqueó. Con un ademán de su mano, el Gorila también fue arrojado lejos, apartándolo del camino y derribando varias mesas. A estas alturas, muchos estudiantes habían huido del comedor, pero otros permanecían atentos a lo ocurrido. La gritadera no se hacía esperar. No pocos profesores intentaron acercarse, pero una fuerza invisible parecía detenerlos. La Strega relampagueaba de rabia.

-Creo que sería bueno que se alejara. -Le dijo Adrien a Alil, tratando de no perder los estribos. -Así todos estaremos más cómodos.

-¡Ay, corazón! ¿Alejarme yo? Siempre estoy cerca... -Explicó Alil muy burlona, pero reevaluando su situación. -¿Tu padre no te ha hablado de mí? Mal hecho. Somos viejos conocidos.

-Por favor… luego le preguntamos a Monsieur Agreste, pero… por favor… aléjese. -Dijo Marinette, cuyas manos no paraban de temblar.

Alya no se atrevió a decir nada, solo se limitó a no perder de vista a la mujer y a poner sus manos sobre los hombros de Marinette. Nino se mantenía alerta, con las manos empuñadas. Alil puso una mueca de disgusto.

-¡Ten dignidad, chiquilla! -Le dijo a Marinette. -Estás ahí como una perrita faldera.

-¡Nosotros nos vamos! -Lo único que quería Adrien era alejar a Marinette de ahí lo antes posible. -Será lo mejor. No nos siga, no queremos problemas. -Él mismo estaba histérico, pero no lo demostraba.

-¡Eso, lárguense los dos! Pero le llevan mis saludos a Gabriel Agreste. -Alil avanzó hacia los muchachos y estiró la mano como si quisiera tocarle los mechones a Adrien. -Tan lindo que… ¡AGH!

-¡Manos Quietas! -Madame Bardot volvió a sujetar a Alil por la espalda y la apartó lejos de los muchachos. El Gorila por su parte, ayudó a su colega en sujetar a la Strega.

-¡Suéltenme, par de brutos!

-¡GRRRRRRR!

-Adrien. ¿Te están molestando? -Preguntó de pronto Gustave, interponiéndose delante de los muchachos. Su sobrino lo miró perplejo.

-¿Tío Gustave? -Adrien preguntó perplejo.

-¿Qué hace aquí, Monsieur? -Preguntó Marinette.

-¿Este quién es? -Preguntó Alya.

En ese momento un ligero temblor sacudió el comedor y sacó a todo el mundo del estupor con el que habían estado observando la escena. Las luces tintinearon y Alil Issor se sacudió molesta, sin poder sacarse a Colette o al Gorila de encima, por mucho que forcejeara, chillando de frustración. Esos dos estaban empeñados en sujetarla. Entonces se sintió una quebradera de vidrios y un resplandor, acompañado de un fuerte remezón de toda la estructura. Los dos guardaespaldas salieron arrojados varios metros, provocando una mini estampida de alumnos. Adrien se giró rápidamente y cubrió a Marinette con su cuerpo. Nino hizo algo parecido con Alya, quien se tapó los oídos. Gustave trató de proteger a los cuatros muchachos que tenía cerca. El resto del estudiantado que no había huido se escondió bajo las mesas o buscó refugio.

Al cabo de unos minutos de silencio, Gustave se asomó viendo como todo había vuelto a la normalidad y de aquella extraña mujer no habían quedado ni luces. A lo lejos, su asistente Antoine ayudaba a Colette y al Gorila a ponerse de pie.

-¿Niños?

-Estamos bien aquí. -Dijo Nino, sujetando a Alya. -¿Bro?

-… Yo estoy bien. -Afirmó Adrien levantando la cabeza, tomando algunas bocanadas de aire, sin soltar a Marinette, quien estaba extrañamente callada. Se sentía extraño, tenía que admitirlo. -Tío, en serio: ¿qué haces aquí?

-Asuntos personales, muchacho. Trataba de contactar a alguien que trabaja aquí. -Gustave se sacudió las ropas. -¿Están todos bien?

-Asustados, pero bien. ¡¿Qué pasó aquí?! -Quiso saber Alya, tratando de sofocar las súbitas náuseas que de pronto sentía. -¿Marinette?

Todas las miradas se concentraron en la muchacha, quien no se soltaba de su chico con nada. De pronto estaba muy pálida y sudorosa, temblaba sin parar. ¿Pueden culparla? Había visto a la cara a la mujer que la había matado a ella, a Adrien y a uno de sus hijos en el futuro. Eso había acabado con todo atisbo de templanza que pudiese haber tenido. La chica negó con la cabeza, al tiempo que un hilillo de sangre le brotaba profusamente por la nariz. Adrien no lucía mucho mejor: comenzó a sentir un cosquilleo en los labios y las manos. Sintió un saborcillo metálico en la boca.

-No me siento bien. -Alcanzó a decir Marinette antes de cerrar los ojos y desmayarse.

-… Yo tamp… -Adrien también se dejó vencer por la fatiga y junto con Marinette, cayó al suelo, completamente desmayado y sangrando por la boca.

-¡ADRIEN, MARINETTE!

Continuará.

Por

Misao–CG


Próximo capítulo: Provocación

"-Dejemos de pensar en ella, pero no la olvidemos. Tengo aprensiones. -Gustave entrecerró los ojos. -Nathalie está mostrando los mismos síntomas que Emilie y me pregunto yo si acaso habrán estado expuestas a algún patógeno o químico en las telas.

-¿Está insinuando que Gabriel Agreste envenenó a su esposa? ¿Y a su asistente?

-Me espero cualquier cosa. Emilie estaba muy enferma antes de desaparecer y nunca ha aparecido un cuerpo ni nada. Tampoco se insistió en una investigación. Me preocupa. Antoine: consigue un investigador privado. ¡Algo raro pasa en la mansión Agreste!"


Notas finales: ¡JOJOJOJOJOJOJO! ¿No son estos finales algo genial? Como ven, a la Strega la corretearon del colegio, pero de que causó estragos, los causó, aterrorizando de paso a todo el plantel. Ahora toca lidiar con lo que pasó después. En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!