Schmetterling fue correteada del colegio, pero aún hay que lidiar con lo que vino después. Gustave suma más dudas a la desaparición de Emilie y suma rencor a Gabriel… aunque también intenta otros afanes. La Strega, por su parte, provoca a Papillón… ¿o es al revés? ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! Creo que la página esta se puso rara. He leído todas las reviews que me han mandado y respondido en la medida de lo posible por medio de los mensajes internos. Ya se solucionará el problema, tengan paciencia. Creo que a estas alturas todos deberían ir al último fic de Abby L., pero en el caso que no se hayan dado una vuelta por ahí, los insto a todos a echarle un ojo a El Muro que nos Separa. La chica escribe genial, eso hay que decirlo. ¡Ahora a lo que nos convoca!
Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIA
Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic. Sugiero una pelotita antiestrés o una bolsa de papel en su defecto.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
Capítulo 25: Provocación
Colegio Françoise Dupont. Enfermería.
Más tarde ese jueves. 15:57 hrs.
Marinette se sentía como si la hubiera atropellado un camión, pero al menos estaba consciente. Con mucho frío eso sí, una linda tonalidad verde en las mejillas e incapaz de ponerse de pie. Estaba acostada en una de las camillas de la enfermería, tapada con una de las cobijas. Adrien estaba en la camilla de al lado, también despierto, pero más alerta que ella e incluso podía estar sentado. Alya y Nino lucían los dos una bonita tonalidad verde y estaban sentados uno al lado de otro en la tercera camilla, arropados con la misma manta. La cuarta la ocupaba Nathalie Sancoeur, quien se había llevado un susto de muerte: estaba entrando al comedor para buscar a Adrien para llevárselo a su sesión de fotos cuando había visto a la Strega ahí tan campante junto al muchacho. La reconoció en seguida y del susto se descompensó al punto del desmayo. Iba y venía al punto que la enfermera estaba considerando seriamente llamar a la ambulancia.
Varios alumnos habían acusado síntomas de náuseas o malestares varios, pero por fortuna todos mostraban signos de mejoría. Los más afectados habían sido los más cercanos a la Strega. Curiosamente Colette Bardot y el Gorila no acusaron tales síntomas, excepto policontusiones, por razones más que obvias. Gustave seguía fresco como lechuga.
… y hablando del tío abuelo, él estaba acompañando a los muchachos, manteniéndose cerca de Adrien, luciendo niño recién regañado. Sabía que Gabriel estaba en camino para retirar a su hijo y por mucho que detestase al sujeto, iba a esperarlo para no dejar a su sobrino solo, o a su noviecita o amigos.
La enfermería estaba llena.
-Tío. ¿Qué hacías aquí en el colegio? -Preguntó Adrien cansado.
-Buscaba a alguien, eso es todo. No sabía que era tu secundaria. -Admitió Gustave.
-Sí lo sabías. Solo no te fijaste y ya. -Medio sonrió el muchacho.
-Te lo concedo. Pero al menos saco buenas cosas en limpio. -Gustave le guiñó el ojo y miró en dirección de Marinette, a quien le sonrió muy paternal. -Pude conocer a tu princesse.
Adrien se sonrojó un poco, pero no se cohibió, sino que sacó pecho con orgullo. Marinette por su parte, quien estaba muy atenta, se tapó la cara con la manta. En ese momento Caline Bustier entró y se abrió paso hasta llegar a sus alumnos. Miró feo a Gustave y lo alejó con una mano: miró a Adrien y Marinette, quien asomaba la nariz por entre la cobija, resistiendo la tentación de decirles que conocía su secreto, o que sabía qué les había pasado, pero se contuvo.
-Alumnos, ¿Cómo estamos? ¿Alya, Nino?
-Mejor. -Dijo Alya sin querer abrir los ojos, apoyada en el hombro de Nino. -Creo que ya no voy a vomitar de nuevo.
-Igual yo. -Reconoció Nino, respirando a jadeos. -Pero me duele la cabeza.
-¿Marinette, Adrien?
-Sobreviviré. -Dijo Adrien, con el pulgar arriba.
-¿Alguien anotó la matrícula? -Preguntó Marinette desde bajo las cobijas.
-Ah. Yo estoy estupendo. -Dijo Gustave enderezando la espalda y luciendo su mejor sonrisa.
Caline suspiró. La Strega, al huir del comedor, había soltado una fuerte descarga de magia que afectó especialmente a estos cuatro, pero de acuerdo con lo que el maestro Fu le había dicho por el teléfono, era una maldición ligera cuyos efectos se pasarían conforme avanzara el día. Caline hubiera querido decirle esto a los muchachos, pero se contuvo: al menos había podido comentárselo a Emma y a Louis, antes de entrar a la enfermería.
Gustave, por desgracia, parecía estar firme igual que un roble. Aquella maldición no lo había afectado para nada.
-Sus padres ya vienen en camino, llegarán en cualquier momento. La enfermera los dejará irse y…
-¿Por qué no los llevan al hospital? -Preguntó de pronto Gustave.
-Porque la enfermera determinó que no era necesario. Si los padres quieren llevarlos al médico es cosa de ellos, pero…
-Tenemos a dos chicos que sufrieron hemorragias y pérdida de conciencia y a otros dos que…
-Vaya entonces a discutirle a madame Delacroix. -Lo atajó Caline con firmeza.
-¿Mademoiselle Bustier? ¿Qué pasa con Nathalie? -Preguntó Adrien acongojado, interrumpiendo el duelo de miradas en el que su profesora y su tío se iban a enfrascar. Caline bajó los hombros y miró en dirección de la cuarta camilla.
-Llamaron a una ambulancia. Es mejor llevarla al hospital.
Adrien bajó los hombros y suspiró preocupado. Su tío Gustave le puso una mano en el hombro a modo de apoyo y para darle calma, pues conocía del cariño que su sobrino le tenía a Nathalie. Eso lo respetaba mucho. Marinette, por su parte, hizo el esfuerzo de incorporarse en la camilla para mirar mejor. Estaba un poco despeinada.
-¿Alguna idea de lo que le pasa? -Preguntó la chica con la voz rasposa.
-Bajada de azúcar. -Respondió Alya en voz baja. -O eso escuché decir a madame Delacroix. También tiene la presión por los suelos.
-Se pegó un buen susto, como todos. -Intervino Nino.
-Nathalie lleva meses enferma. -Explicó Adrien. -Se desmaya seguido, igual que maman… Père dice que no es nada. -Añadió frunciendo el ceño: esa explicación no lo convencía, pero no digamos que tenía pruebas de alguna otra cosa.
Gustave, al oír a Adrien, frunció el ceño y miró hacia Nathalie. Varios engranajes en su cerebro comenzaron a moverse. ¿Conque los mismos síntomas que Emilie? ¿Y Gabriel decía lo mismo de ellos? Curiosa y macabra coincidencia. Iba a abrir la boca para decir algo cuando en ese momento entraron las madres de Marinette y Nino, y se abalanzaron sobre sus hijos. Segundos después entraron los papás de Alya, todos revisando a sus retoños.
-¡Ustedes dos me van a matar del susto! ¿Qué les pasó ahora? -Exclamó de pronto Sabine, tras revisar a su hija y volcando parte de su cariño en Adrien, el que fue bien recibido. Sabine estaba en modo mamá osa. Se quedó viendo a Gustave. -¿Usted quién es?
-Gustave D'Alençon para servirla, madame.
-Un estorbo, si me lo preguntan. -Añadió Caline, rodando los ojos. -Si me disculpan… los estaré esperando afuera con el director.
La profesora se retiró dejando a los padres con sus hijos. Gustave suspiró derrotado, pero no se movió del lado de Adrien por muchas ganas que tenía de ir en pos de Caline. Su sobrino se dio cuenta de esto y levantó las cejas curioso por la actitud de su tío. Sabine repasó a Nino y a Alya, conversando brevemente con sus padres, antes de regresar la atención a su hija y a su yerno… y al misterioso Gustave.
-Tu papa está con el director ahora, y con la policía. Harán una investigación. ¿Estás bien, amorcito? -Le preguntó Sabine a Marinette.
-Oui maman. Me estoy sintiendo mejor, en serio… fue raro.
-¡Se sintió casi como un akuma! -Explicó Adrien. -Pero aquí estamos.
-Gracias Adrien. Me dijeron que protegiste a Marinette.
-Err… no es nada, madame. ¡Lo haría mil veces!
-¡Ese es mi muchacho! -Exclamó Gustave despeinándolo cariñosamente. -Digno hijo de tu madre.
-¿Monsieur D'Alençon? ¿Quién es usted? -Volvió a preguntar Sabine con desconfianza. Adrien sonrió.
-Es mi tío abuelo.
-¡¿Tan Joven?!
-¡Para servirla, madame! Y sí, estoy jovencito para ser tío abuelo, pero ni modo. -Gustave le sonrió con galantería. -Aquí me tiene acompañando a la bendición de mi sobrina.
-¿Y tu papá, Adrien? -Preguntó Sabine algo sonrojada, pues se dio cuenta de su desliz.
Adrien se encogió de hombros, tratando de no reflejar que estaba preocupado. No tanto por él, sino también por Nathalie y por el Gorila, quien de seguro sería regañado por no haber podido mantenerlo a salvo. Gustave le revolvió el cabello a manera de apoyo. Iba a abrir la boca cuando unos paramédicos llegaron, seguidos de madame Delacroix, la enfermera, y sin vacilar se dirigieron en seguida a la camilla de Nathalie. En poco rato la hubieron sacado de allí.
-¿Creen que se recupere? -Preguntó Alya.
-Mademoiselle Sancoeur estará bien. Ella es fuerte. -Comentó Marinette, intercambiando una mirada con Adrien.
-Esperemos lo mejor. -Añadió Nino.
En eso, Gabriel entró a la enfermería como sintiendo asco. El Gorila estaba detrás de él cabizbajo, como recién regañado. Sabine se irguió un poco. ¿Éste era el papá de Adrien?
-Adrien. ¿Puedes caminar? -Preguntó Gabriel ni bien lo vio.
-Sí père.
-Despídete de mademoiselle Dupain–Cheng. Nos vamos. -Gabriel entrecerró los ojos brevemente al ver a Gustave. Ignoró completamente a todos los demás presentes, incluyendo a Sabine. -D'Alençon.
-Agreste.
Adrien bajó de la camilla, sintiéndose cada vez mejor y más seguro. Se acercó a Marinette, a quien tomó de una de las manos y se la besó, antes de despedirse de los demás. Gustave le revolvió la cabeza a modo de despedida antes de dejarlo ir. Pronto el muchacho hubo desaparecido tras la puerta junto a su progenitor.
-Ese hombre es muy frío. -Comentó Sabine sin poder detenerse.
-Por decirlo de manera elegante. -Gruñó Gustave entre dientes. -Sin mencionar un grosero. -Añadió sacudiendo la cabeza, para nada contento con la actitud del diseñador: saludar al resto no lo iba a matar. Se volvió hacia Sabine. -Discúlpelo madame, a Gabriel no lo educaron bien.
-No hay problema, Monsieur. -Sabine aceptó las disculpas de Gustave, sonriéndole y alabando internamente la delicadeza del hombre.
-Adrien está mejor educado, se lo aseguro… y si es grosero, me avisa y lo enrielo en dos segundos. -Afirmó decidido. Sabine asintió.
-Dudo que eso sea necesario: Adrien es un buen niño y me consta.
-Eso es mérito de Emilie. -Gustave sacó pecho y asintió con la cabeza, antes de mirar a los demás. -Ahora si me disculpan, debo marcharme.
Gustave se retiró de la enfermería con rumbo desconocido. Marinette se quedó ahí con una extraña sensación en el pecho. Ahora que lo pensaba, lo sucedido con la Strega esa tarde casi le había destrozado los nervios. Sintió las caricias de su madre, y sonrió: al menos estaba a salvo y sabía que la sal funcionaba. ¡Lo primero que haría llegando a casa sería rociar todas las entradas con sal!
-Vamos hijita. Es hora de ir a casa. -Le dijo Sabine. -Despídete de tus amigos.
Marinette asintió.
Afuera en los pasillos y tras haber sostenido algunas palabras con Monsieur Damocles y algunos de los padres de los niños afectados, Caline continuó su camino. Se sobó las sienes: ese día estaba probando ser muy difícil y no parecía que se fuera a poner mejor. Ahora a la lista de peligros que podrían enfrentar los estudiantes, tenían que añadir brujas vengativas. ¡Como si los akumas no fueran ya lo bastante latosos! Miró la hora… ¡Las 16:35 de la tarde! Ya quedaba poco para salir. Tenía muchas ganas de llegar a casa y…
-Me preguntaba si… me aceptarías un café. -Le preguntó Gustave de pronto.
Rodó los ojos y siguió caminando. Iba a hacer como si no lo hubiera escuchado: siempre podía alegar exceso de estrés laboral. Además, no quería verlo. En serio. El tipo era muy molesto, pero el maldito sí le llamaba la atención, ¡era guapo y una no era de palo!, y de verdad prefería no explorar ese…
-¡Caline! No seas así conmigo. ¡Dime que me aceptas un café! -Gustave se le puso por delante, tapándole el paso. -¡Me haces sufrir, mujer!
Caline contó hasta diez.
-No.
-¿No? ¿Por qué?
-¡Porque no!
-Ah, no te pongas latosa, querida Caline. ¡Es solo un café!
La profesora inspiró hondo algunas veces a manera de ejercicio, antes de quedárselo viendo. Le sonrió de oreja a oreja.
-Soy mademoiselle Bustier y no le debo explicaciones. Ahora si me disculpa, Monsieur D'Alençon…
Caline rodeó al hombre y siguió su camino. Tenía cosas que hacer, lugares a donde ir, gente a la que molestar… y hombres guapos y galantes de los que huir. En su fuero interno se mordió la lengua: le era muy difícil ignorar a Gustave, mucho, pero no le daría el gusto de decirle eso.
-Bueno, no tiene que aceptarme el café, mademoiselle, pero… me gustaría que me respondiera una pregunta.
-Usted dirá.
-Nos conocimos hace unos tres o cuatro meses, ¿no?
-Lamentablemente.
-Sé… que yo le debo interesar en algo, pues se sonroja cada vez que me ve y se enoja más de la cuenta conmigo. Sin embargo, desde el primer día usted ha rechazado todo intento mío por ser amigos. ¿Qué es lo que no aprueba de mí?
La profesora infló las mejillas con algo de disgusto, pero se calmó rápido. Se detuvo de nuevo y se giró para ver a Gustave. ¡Maldito infeliz! Ahí, tan guapo y atrayente, mirándola con esa seriedad en los ojos, que solo un hombre decidido puede tener. Este sujeto podría tener a la mujer que quisiera y así lo había probado durante años, que la prensa del corazón no dejaba escapar chismes de ese calado. Ella era una simple maestra de secundaria, ¿qué podría querer él con ella, más que una aventura más? ¿Justo lo que ella no buscaba? Suspiró. ¡No! Si iba a tener una relación con alguien, sería algo serio, ¡ya no estaba para encuentros casuales de una noche nada más! No se arriesgaría a que le rompieran de nuevo su corazón, que ya había tenido bastante con eso.
-Usted, Monsieur, no quiere ser mi amigo.
-¡Claro que no lo quiero! Pero por algún lado tenemos que empezar…
-Yo no quiero eso.
-Discrepo. Creo que yo le gusto.
-Lo que no es garantía de nada.
-¡Entonces tengo una oportunidad!
-¡De ninguna manera! No voy a salir con alguien que intenta comprar mis afectos con regalos caros que no puedo corresponder o que me paseará por París como a un trofeo…
-¿Fue por lo del auto? ¿No le gustó el color del Audi?
Errr… sí. En su desesperación por llamar la atención de Caline, Gustave le había regalado un auto, cosa que siempre le había resultado con otras chicas. Y como Caline no era como las otras chicas que él había frecuentado, se lo mandó de regreso sin siquiera acercarse al vehículo, llamándolo incluso para echarle en cara lo indignada que estaba. ¿Qué clase de mujer crees que soy? Le reclamó por el celular. Gustave casi se puso a llorar cuando la escuchó y supo que su plan perfecto había capotado sonoramente.
-¡No soy una mujer florero! ¡Grábeselo en la cabeza! No me interesa salir con un reconocido mujeriego que no me va a respetar como persona, ¡mucho menos que me exponga a situaciones con las que no me interesa lidiar! ¡Quédese con su Audi, sus negocios y sus mujeres! Eso a mí no me interesa…
-¿Entonces no vendrá conmigo a tomarse un café?
-¡AAAAISSSSSH!
Gustave no la estaba escuchando. Solo la miraba con esa sonrisa de galán que la hacía fangirlear en secreto, como si no hubiera procesado ni una palabra de lo que le había dicho recién. Caline lo sabía, ¡estaba segura! Si llegaba a involucrarse con este hombre, su credibilidad como profesora y como mujer se harían añicos. ¡Nunca la querría! Ella solo sería un florero más que mostrar y no estaba dispuesta a pasar por eso. Dejó caer los hombros.
-No. Y como vuelva a acercarse a mí, le pondré una orden de alejamiento. -Caline giró sobre sus talones, y se alejó. -Au Revoir.
El hombre, al ver como Caline se alejaba por el pasillo, dejó caer un poco los hombros. ¿Eso era lo que ella pensaba de él? Bueno… tenía sus motivos, sin duda. Razones muy fundadas para creer que él era un malnacido de aquellos. Quizás… quizás tenía razón: cuando la conoció unos meses antes, su intención de acercarse a ella había sido precisamente tener una aventura de una noche y olvidarse, pero lo habían mandado a volar. Y no solo una vez, sino varias veces y desde entonces no podía dejar de pensar en Caline. Esa profesora estaba probando ser un estupendo desafío y… se enamoraba un poquito más de ella cada vez que conversaban. ¡Era una tremenda mujer! Y la quería a su lado no como un florero, sino como su compañera.
¡Si tan solo al menos le aceptara un café! Le había ofrecido el mundo entero y se lo habría puesto a sus pies, pero nada de eso le había interesado a Caline. ¡Un café era más personal, menos ostentoso! ¿Por qué no quería aceptarle uno?
Negó con la cabeza y se giró sobre sus talones. Antoine y madame Bardot lo esperaban a una buena distancia. Su asistente lo miraba con cara de entender su dolor y Colette… como si hubiera metido las patas. ¡Hasta se masajeaba las sienes!
-¿Puedo sugerir otra estrategia para que mademoiselle Bustier acepte ese café, monsieur? -Preguntó Antoine.
-Quizás deba darle espacio. Jefe: está ahogando a la futura jefa. -Protestó Colette rodando los ojos. -Solo… déjela respirar.
-Creo que debería hacerles caso a los dos. Ya veremos ese tema. -Gustave se puso serio, dejando de lado el dolor de su corazón. Era hora de averiguar otras cosas. -¿Qué pasó con Nathalie Sancoeur?
-Hipoglicemia severa, dificultad para respirar, compromiso de conciencia y presión muy baja. Entre otras cosas: no alcancé a escuchar a los de la ambulancia. -Dijo Antoine poniéndose serio.
-Son los mismos síntomas que tenía Emilie. ¿Adrien? No me dieron su reporte médico…
-Estabilizado. Como por arte de magia. -Añadió Antoine. -Lo que considerando las circunstancias no me sorprende: esa mujer que los acosaba definitivamente era una bruja. -Gustave asintió con calma y se volvió hacia madame Bardot.
-¿Cómo te sientes Colette?
-Golpeada, pero gajes del oficio. ¡Nada que un analgésico no solucione! -La guardaespaldas se cruzó de brazos. -Esa extraña sí que fue difícil de retener. Hace años que no me enfrentaba a una bruja de verdad. ¿Vieron cómo lanzó a Simón?
-Claro que lo vimos. Simón casi habló de la sorpresa. -Reconoció Antoine muy grave.
-Dejemos de pensar en ella, pero no la olvidemos. Tengo otras aprensiones más urgentes. -Gustave entrecerró los ojos. -Nathalie está mostrando los mismos síntomas que Emilie y me pregunto yo si acaso habrán estado expuestas a algún patógeno o químico en las telas.
-¿Está insinuando que Gabriel Agreste envenenó a su esposa? ¿Y a su asistente?
-Me espero cualquier cosa. Emilie estaba muy enferma antes de desaparecer y nunca ha aparecido un cuerpo ni nada. Tampoco se insistió en una investigación. Me preocupa. Antoine: consigue un investigador privado. ¡Algo raro pasa en la mansión Agreste!
-Se hará a primera hora de la mañana.
-No, hazlo ahora. También agenda una visita a Adrien lo antes posible: ponte de acuerdo con el muchacho. -Gustave miró hacia atrás, hacia el pasillo de aquel colegio. No pudo ver a Caline Bustier por ninguna parte y suspiró entristecido. -Supongo que ya no queda nada más que hacer aquí.
Mansión Agreste. Despacho de Gabriel
Jueves. 17:08 hrs.
Se dejó caer en su sillón y se recostó sobre el respaldo. Se quitó los lentes unos instantes antes de refregarse los ojos. ¡Qué día tan horrible! Pero Adrien estaba a salvo. ¡Eso era lo único que importaba! Emilie se divorciaría de él en el acto si algo le pasaba al niño.
Al menos ya tenía a la bendición con él en casa. Sin embargo… seguía asustado. Frunció el ceño preguntándose quién sería esa bruja. Estaba en franca desventaja, ella lo conocía muy bien a él y a su familia. ¡Quizás como le había quitado el miraculous en el futuro! Bah. ¡Ahora estaría más alerta! Dado que ya sabía que eso sucedería, pondría especial precaución en idear algún plan que le ayudase a impedir tal robo.
-¿Quién eres maldita?
¿La conocía? ¿Sería alguien de su círculo? Audrey no podía ser, era más bajita. Nathalie, tampoco, le era ferozmente leal y justo ahora estaba demasiado débil. ¿Alguna pasante de su empresa? Tenía que prestar atención. ¿Acaso la noviecita de su hijo? ¡¿Marinette?!
¡Naaah! Esa niña no era capaz de pegarle a una mosca, ¡No podía ser aquella bruja! Además, el color de cabello era diferente.
Hey… ¡Ese color de cabello! ¿Acaso sería esa compañerita de su hijo? ¿Alya?
-¡Ni te acercas, querido Gabriel! Me ofende que me confundas con esa morena.
La voz de la Strega resonó en su mente y el aludido gruñó de buena gana. Se puso los lentes de nuevo y apoyó los codos en su escritorio. No respondió en seguida. ¿Qué sabía de Schmetterling? No mucho por desgracia: que era bruja, usaba su miraculous, iba por la vida como si no le debiera explicaciones a nadie, se la veía mucho por Montmartre y quizás era un poco orgullosa… de ese tipo de personas que cree que nunca le pasará nada o que las consecuencias de sus actos nunca les afectarán…
Hey… ¡eso se podía manipular!
-¿Tendría qué saberlo?
-Oh sí, claro. ¡Nunca averiguarás quien soy!
-Créeme que eso pierde atractivo conforme pasan las horas.
-¿Eso debería ofenderme?
-Si eso quieres.
Una risilla pareció flotar en el aire. Gabriel rodó los ojos y se levantó de su sillón. Puso las manos a su espalda y caminó hacia su ventanal. No era su guarida, pero eso no tenía mucha relevancia. Cerró los ojos: percibía la presencia de la Strega revoloteando por el lugar. Tentadora y sugestiva. ¿Acaso intentaba seducirlo? Oh no… no, no era eso. ¡Quería molestarlo!
-Oooooooh, te molestaste. ¿En serio no quieres saber quién soy?
-No. Ya no.
-¡Mentiroso!
-A lo mejor. Hay algo que sí quiero saber…
-¿Ah sí?
-¿Cómo te dejas ganar por gente normal? Al menos mi caso está justificado, pero esos guardaespaldas ni siquiera estaban usando miraculous. ¿Te retuvieron personas normales?
-¿Admites que no puedes contra dos adolescentes? Preguntó la Strega con un tono de voz diferente. Gabriel sonrió para sus adentros: la mujer no había disfrutado nada con su aseveración.
-Tal vez. Solo si admites que no puedes contra adultos menos poderosos que tú. ¿Acaso estás perdiendo el toque?
-¡No hables de lo que no conoces! -Exclamó la Strega molesta.
-¿Sabes algo? Creo que eres mucho ruido y nada más. ¡Te crees la gran cosa! Pero una simple mujercita de 1.60 te reduce.
-No estaba sola.
-Y sin mencionar la sal. Estoy bajo la impresión que no sabes hacer nada. Ni como bruja, ni como portadora de la mariposa.
-¡No puedo creer que un anciano sea incapaz de robar…!
-Ya me lo has dicho. Déjame decirte algo… tu robas akumas, ¡Hasta puede que los liberes indiscriminadamente porque no sabes controlarlos!
-¡Hijo de…!
-¿Tiré de un nervio? ¡Eso es! No sabes akumatizar. ¡¿Acaso no sabes usar todo tu potencial como bruja y portadora?!
-¡CLARO QUE SÉ akumatizar!
-Ver para creer.
-¡No me tientes, Gabriel!
-¿Tentarte yo? Pero si solo soy un anciano patético.
-¡Contigo no se puede hablar!
La presencia de la Strega desapareció de golpe, dejando tras de sí una energía berrinchuda, tal como si hubiera dado un portazo. Gabriel sonrió de costado y hasta se permitió una risa ahogada. ¡Vaya! Eso había sido más fácil de lo esperado. ¡Qué actitud tan infantil!
-A ver cómo me sorprendes, Strega. ¡Ya quiero ver!
Barrio Montmartre.
En esos momentos.
Alil Issor tenía el rostro arrugado de rabia. ¿Qué se creía ese bastardo? ¡Claro que sabía akumatizar! Cientos de akuma en su tiempo lo probaban. Podía usar todo su poder a gusto, ¡Ya lo había hecho una vez! Y sin duda podría hacerlo de nuevo. Durante trece años en el futuro, París había sido su patio personal para hacer y deshacer como quería. ¡ELLA era su reina! Francia estaba a sus pies, el mundo la temía.
Empuñó las manos e hizo berrinche durante unos 30 segundos. ¡¿Quién se creía Papillón que era ella? ¡¿Una cualquiera?!
-Ya vas a ver de lo que soy capaz.
Dando pisotones, se alejó de ese callejón hacia calles más principales, pasando por entre la gente que por instinto se hacía a un lado para dejarla pasar. Miró en dirección de Sacre Coeur por unos instantes, como asegurándose que se estaba alejando de esa estructura, y buscó un lugar calmado.
Cuando por fin llegó a un mirador, puso las manos en una baranda cercana y agitó su poder, echando a los viandantes que por ahí se encontraban, quienes pusieron pies en polvorosa muy rápidamente. Inspiró y exhaló varias veces.
-Nooroo. ¡Transfórmame!
Sin la menor consideración a que estaba en público y podía ser vista, Lila se transformó en Schmetterling. Sonrió con malicia y apoyó su bastón con elegancia en el suelo, dándole tres golpes al suelo, de donde brotó un zarzal que creció y creció hasta alcanzar su altura. Entonces floreció un único capullo, de donde emergió un akuma que empezó a revolotear alrededor de ella. Sus ojos se tornaron blancos y escaneó la ciudad con su pensamiento. ¡París no cambiaba! Rebosaba de malas intenciones. ¡Qué fácil sería liberar cientos y cientos de akumas y dejar que hicieran y deshicieran! Ladybug y Chat Noir no podrían controlarlos a todos y la ciudad quedaría reducida a escombros en poco tiempo.
-¡Ah ja!
Schmetterling giró la cabeza como buscando una dirección específica. Sonrió de costado: había encontrado a su víctima.
-Vas a ver cómo te sorprendo, Papillón. -Dijo en voz alta, antes de morderse el labio. -¡Esto ni siquiera lo verás venir!
La mujer abrió su mano y el akuma se posó en ella. Rápidamente lo corrompió, pero no lo dejó ir en seguida. Lila hizo crujir su cuello: sus ojos se tornaron negros. Un orbe de energía envolvió al akuma, desapareciendo ambos tras un estallido de luz.
Muy lejos de allí, pero dentro de París, el akuma voló hasta posarse en una suerte de radio emisor. Schmetterling estaba de pie en la rama de un árbol cercano.
-Ernest: Te doy el poder de destruir todo aquello que te aterra. ¡Puedes buscar esa libertad que tanto ansías! A cambio… te pido que me traigas los miraculous de Ladybug y Chat Noir…
Hizo una mueca de disgusto y afiló los ojos, mirando hacia el horizonte, llena de odio y rencor. Apretó los dientes.
-… y que mates a la china esa,Marinette Dupain–Cheng, que destruyó mis sueños y mi vida. ¡No me falles, Tankor!
El nuevo akumatizado simplemente asintió.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo capítulo: Tankor
"-¡CORRE EMMA! -Exclamó Marinette levantándose a trastabillones, en pánico porque iba a ser imposible ponerse de pie y echarse a correr a tiempo.
-¡GRRRRRRRRROOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRRR!
Tankor emitió un fuerte rugido y sumó fuerza a su ataque, haciendo temblar el suelo bajo sus pies. ¡Marinette y Emma estaban acabadas! Sería su fin…
-¡Maman! -Emma abrazó a Marinette.
-¡Cúbrete! -Por instinto, Marinette cubrió a su hija con su cuerpo, exponiendo su espalda.
SCREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEECH, ¡CRAAAAAAAAAAAAAAAASH!"
Notas finales: Cuando sepan exactamente quien es Ernest, van a enojarse mucho con la Strega. En serio, se le pasó la mano con el pobre. No más esperemos que no haya muchas bajas, que va a dejar todo patas arriba. En fin. Me encuentro en proceso de cambiar el formato de los diálogos, así que puede que se me hayan escapado algunas comillas. Del mismo modo, estoy aprendiendo a usar los guiones, así que ténganme paciencia en lo que aprendo a usarlos. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Ya tendré mejores capítulos, Manu, espero que este no haya decepcionado. Y sí, Lila Rossi del futuro sabe quien es Papillón y vaya que usó esa información a su favor. Lo bueno fue que la detuvieron. Ten, arroz con leche, y ¡GRACIAS POR LEER!
Así es, CuentaOlvidada, Maeve se nos viene encima con todo y gaitas y sí… Louis se nos va a infartar como mínimo. Esta chica es otro personaje que muero por presentarla en condiciones. Puede que se me haya pasado un poco la mano en cuanto a maldad pura, pero pudo ser peor. Como viste, el malestar de Adrien, Marinette y compañía se debió a la influencia directa de la Strega y… el querido Gustave solo busca que Caline le acepte un café nada más (considerando que todo lo que ha hecho hasta ahora, incluso lo del audi, ha fallado estrepitosamente). Lo interesante es que Gustave… sí que va a mandar a investigar la mansión Agreste, pues le huele a gato encerrado (en sentido literal y figurado). Y sí, corrió sangre. No te preocupes, que me cuido como mejor puedo: ya sabes lo que dicen "hierba mala nunca muere". Ten, arroz con leche, y ¡GRACIAS POR LEER!
