Remy es un simple estudiante de cuarto año de medicina, al fondo de la cadena alimenticia, que de pronto se ve envuelto es una historia casi sacada de un libro de espías. Por otro lado, tras otra discusión con su papá, Louis decide armarse de valor y hacer las paces con su Bonnie. ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! No mucho que decir, excepto que espero tener todo subido antes del domingo 22, pues si no se me hará muy complicado hacerlo. Creo… que tendré que tomar algunos resguardos. ¡Ahora a lo que nos convoca!


Agradezco la ayuda de Seika, quien fue lectora de pruebas de este fic. ¡Vaya a ella mi enorme cariño y agradecimiento!

Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño! Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIA

Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic.

Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.


"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")

Capítulo 28: lo que compone

Hospital de la Asistencia Pública de Beaujon

Día siguiente. Sábado, 7:45 am.

¿QUÉ, en nombre de Hipócrates, ESTABA HACIENDO? Remy tragó saliva y siguió con su plan, juntando hasta la más mínima onza de valor que podía. No se atrevió a mirar hacia atrás, pues le pareció haber visto a esa muchacha, Emma, sentada en una de las sillas laterales, como quien espera noticias de algún paciente, sin molestar a nadie. Inspiró con fuerza: no tenía idea de lo que estaba haciendo, o si estaba bien o mal, pero al menos estaba motivado.

¡Primera vez en meses que se sentía vivo!

La noche anterior había sido loquísima por decir lo menos. Tanto que hasta lo hizo dudar de su sanidad mental. De hecho, por momentos pensó que estaba alucinando o algo: no recordaba el nombre técnico exacto, pero sí creyó estar enajenado de todo raciocinio. ¿Le habrían dado alguna droga? Pero no, no había sido así. No estaba ni drogado ni loco: en serio se había metido en un quilombo que apenas entendía.

Chat Noir, uno de los héroes de París, y un Chat Noir del futuro, llamado Matagot, le habían pedido su ayuda de la manera más poco ortodoxa posible. Hasta lo habían llevado a ciegas hasta un departamento en algún lugar de París en donde una chica necesitaba urgente ayuda médica. Del tipo de asistencia que no podía ni estaba autorizado a dar, pero que tampoco podía desatender del todo. Remy, al ver el horrible corte que tenía la paciente en el muslo derecho, había pataleado con insistencia que la llevaran a la urgencia, pero… pero… Ladybug le había explicado que no se podía y el porqué de tal cosa. Su paciente venía del futuro, al igual que Matagot y la muchacha rubia esa… la otra supervillana que llevaba un tiempo dejándose ver por París también venía del futuro y bien podría atacar el hospital con tal de eliminarla, y por lo visto bien capaz de que era. Por ello, tenían que mantener la guardia baja.

- ¡¿Por qué yo?! ¡¿Qué no podían pedir ayuda al doctor Baudin?

Ah sí. Ya lo recordaba. Al parecer, sus pacientes del futuro solo confiarían en él. Por lo visto se había convertido en un gran médico en ese tiempo, pero…

… al parecer su versión 2015 era decepcionante y desnutrida.


Flashback

-¡Pero es un cuarto de Remy! -Exclamó la muchacha rubia de ojos azules, gesticulando con los brazos -¡¿Dónde se dejaron los otros tres p**os cuartos restantes?! ¿En la calle?

-Se ve desnutrido. ¡Denle una manzana!

-Y es más dócil. -Comentó Matagot. -No nos reventó a golpes y nos hizo caso todo el camino. Ladybug en ese momento le dio un macaron.

-¿Seguro es el mismo Remy Deschamps? -Insistió la rubiecita, con la voz incrédula.

Fin del Flashback.


… honestamente no tenía idea de donde sacaban la idea de que sería de ayuda, pero bueno. Ya estaba en este tren y llegaría hasta el final.

La historia que le contaron parecía cosa de locos, pero aun con todo, su instinto lo motivó a prestarle atención al grupo de superhéroes: algo le decía que no solo le estaban confiando sus vidas y un gran secreto, sino que decían la verdad. Su estómago nunca le fallaba cuando intuía las cosas. ¡Así que ahí estaba él! A punto de jugársela por una paciente cuando ni siquiera lo habían dejado poner vías siquiera. ¡Las enfermeras todavía le hacían bullying! Pero ¡AAAAAH! ¡Ya verían de qué estaba hecho!

-¡Errr! -Remy, escuálido y sumiso como era, tragó saliva y juntó valor. -¿Doctor Lapointe?

Ahí estaba el cirujano que buscaba. Había hecho un par de rondas con él, pero obviamente no había reparado en su escuálida persona cuando tenía compañeros más altos y extrovertidos. El hombre era un médico brillante y muy capaz, tanto como el doctor Baudin, con quien había hecho las rondas el día anterior. Tenía un vozarrón capaz de hacerse oír de un extremo a otro de un estadio y su ego no se quedaba atrás. En honor a la verdad, el doctor Baudin era mejor explicando y tenía más paciencia, pero el doctor Lapointe trataba de hacer un honesto esfuerzo por pasar sus conocimientos aunque a veces su orgullo le jugaba en contra.

Además… viéndolo fríamente, necesitaba más de la experiencia de Lapointe y no de Baudin en este caso, por muy buen profesor y médico que fuera este último.

-¡Doctor Lapointe!

El doctor en cuestión apenas se movió y siguió sumergido en la lectura de su copia del Le Monde Diplomatique. Quizás movió una ceja, pero Remy no podía estar seguro. Y hablando de inseguridades, toda su ansiedad comenzó a subirle por el espinazo y a acumularse en su cabeza. Tragó saliva, sintiéndose ignorado. ¿Cómo llamaba su atención? Lapointe no parecía haberlo…

-¿Vas a hablar o te vas a quedar ahí como pasmarote? -Preguntó sin levantar la mirada de su lectura. -Se supone que hoy tienes libre… ¿Qué haces aquí un sábado tan temprano?

Remy sintió como los colores se le fueron del rostro. ¡Ya estaba! ¡No había vuelto atrás! Juntó el poco valor que tenía y cual si fuera un cachorrito, se acercó un poco más, tímido, juntando toda personalidad en un esfuerzo casi sobrehumano. Fue cuando el doctor Lapointe levantó la mirada y lo miró con más atención.

-Disculpe… verá… yo…

-Al grano, muchacho. -Rezongó molesto.

-Necesito su consejo, doctor. -Dijo con firmeza. -Verá… es por un caso. Una curiosidad propia más bien y…

-Estás a cargo de Baudin esta semana, Deschamps. ¿Por qué me vienes a molestar a mí?

Remy irguió la espalda, sorprendido. No tenía idea que este engreído médico supiera más o menos quién era él. Bueno… estaba en cuarto año, un semestroso inexperto, y eso se notaba a leguas. Quizás lo conocía por alguna de las bromas que solían jugarle.

-¡Oh no! No me malinterprete, por favor. Verá, el doctor Baudin nos está mostrando casos muy interesantes, el hombre sabe, pero esto… no es parte de sus clases y creo que entra más en el terreno de su especialidad, doctor. -Remy hizo una pausa para generar expectativa. -Es un caso que estuvieron comentando mi padre con mi hermano mayor hace unas semanas…

-Tu padre y hermano son dermatólogos, ¿no?

-Sí. Mi hermano atiende en Marsella, y mi padre pasa su retiro en un pueblito en los Pirineos. La última reunión familiar estuvo hablando de un caso que me llamó la atención, de un accidente ocurrido en las cercanías de la casa de mi padre y en el cual tuvo que prestar primeros auxilios. y… -Remy bajó los brazos derrotado. -La verdad no lo entiendo, me siento muy inseguro al respecto y me llama poderosamente la atención.

-Ah sí, el deber llama. A veces con lo poco que podemos ayudar, hacemos milagros. ¿Qué ocurrió? -Comentó Lapointe como aburrido, pero mirando con atención al muchacho. Estaba curioso.

-La paciente es una mujer de 22 años. Es una granjera básicamente. Mientras trabajaba en su huerto, tuvo un accidente con que involucró el borde filoso de una guadaña, provocando un corte de casi 12 centímetros en el muslo derecho. Fue tratado, tengo entendido que la paciente recibió la antitetánica, pero conforme pasaron los días, la herida no cicatrizó bien y se abrió. Cuando mi padre y hermano comentaban sobre esto, decían que la herida comenzaba a infectarse. Claro… ellos discutieron más el caso desde el punto de vista dermatológico, pero…

-¿Qué es lo que no entiendes?

-El tratamiento. Estuve leyendo varios artículos, pero… no le veo ni pies ni cabeza. O sea…

Remy en ese momento se emocionó: su timidez había dejado paso al entusiasmo y con detalle describió la herida de esa paciente imaginaria. El doctor Lapointe comenzó a escucharlo cada vez con más atención, entre sorprendido y cada vez más curioso. El muchacho apenas se dejaba oír en las rondas, y estaba seguro de que sus compañeros le robaban los sándwiches y lo relegaban al fondo. Sin embargo, por cómo le comentaba el caso, olió a un futuro cirujano, quien con la debida guía, seguramente se convertiría en uno de renombre. Lo interrumpió un par de veces para hacerle algunas preguntas clave, que el muchacho no supo responder, pero su esfuerzo por querer saber lo dejaba en evidencia. ¡Se había incluso conseguido fotos de la herida! Y estaba muy bien encaminado con sus preguntas, por idiotas que sonaran.

-Necesito entender doctor… ¿Qué se hace en estos casos? Más aún en una zona tan rural y alejada, cuando la chica se niega a ir a un hospital debidamente equipado…

¡Ternura! Se le notaba lo pollo a lo lejos. ¡Un semestroso en toda regla! Seguro que ni siquiera lo habían dejado poner un termómetro. Hmmm. ¡Había que cambiar eso! Remy era tímido, callado, quizás desmotivado, pero… tenía potencial, ¡talento! Lapointe inspiró aire y sacó pecho: todo parecía indicar que había encontrado por fin a un protegido.

-Muchacho… presta atención a lo que te voy a decir.

Y Remy lo hizo. Puso más atención que nunca y hasta tomó apuntes. Poco más de una hora más tarde, mientras iba de camino de la salida más cercana para huir antes que lo dejaran en un turno sorpresa, se dio cuenta que Emma lo seguía, pero no puso mayor atención. Logró salir del hospital con bastante sigilo y dos toneladas de información jugosa que tendría que usar sabiamente para poder ayudar a Maeve. Jugaba a su favor que casi todos lo ignoraban, y cuando se hubo alejado del edificio, sintió la cercanía de Emma.

-¿Tienes algo para mí, doc? -Le preguntó la chica con naturalidad. Remy tuvo un tic nervioso.

-Eso se sintió como si te fuera a pasar drogas. -Se lamentó angustiado. Emma se rió.

-¡Nada de eso! Solo quiero una p**a lista de insumos médicos. -Se rio la muchacha. -Y tengo dinero para comprarlos: nos conseguimos.

-¿Con quién? -Preguntó Remy entrecerrando los ojos. -¿Tus padres adolescentes juntaron el dinero del almuerzo? -Añadió mientras le pasaba la lista.

Una gota pareció bajarle a Emma por la espalda. Las únicas identidades que Remy conocía en esos momentos era la suya propia y la de Maeve. Sabía que Matagot era su hermano, pero solo lo había visto transformado. Ni Ladybug ni Chat Noir habían revelado sus identidades, por lo que Remy no tenía forma de saber que tenían recursos monetarios. Adrien al menos… quien sí le había pasado el dinero a Emma para conseguir tanto las medicinas como los insumos.

-Más o menos. Además tengo mis recursos.

-¿No se verá sospechoso que una niña de 17 años consiga ese tipo de medicamentos? ¡Estoy preocupado! Esos antibióticos se consiguen con receta y… ¿En serio tienen que llevar tramadol al futuro? Mon Dieu! Todavía no puedo dar recetas médicas…

-¡Deja de preguntar m**rdas, Deschamp! Me las voy a arreglar. -Gruñó la chica empuñando las manos. Remy suspiró.

-Mientras menos sepa mejor, pero conste que me angustio. -Remy entonces le dio un zape. -¡Ya basta con las palabrotas! ¡Pareces pescadera de mala muerte!

Emma dio un brinco y parpadeó perpleja tras el zape. Se sobó el área afectada, pero no dijo nada. Remy gruñó, también sorprendido, pues no había planeado darle el zape a la muchacha. Ni modo, ambos suspiraron al mismo tiempo.

-Ya me voy. ¿Sabes dónde esperar? Los gatos negros pasarán por ti en el lugar convenido…

-Sí, tengo que estar en Place du Trocadéro en unos veinte minutos. Voy holgado.

-Bien. Creo que me puedo conseguir esto en máximo dos horas. ¡Nos vemos!

Se despidieron con naturalidad y cada cuál siguió su camino. Remy tragó saliva: como que se sentía en una película de espías o algo y estaba ansioso por lo que iba a hacer, pero… hinchó el pecho decidido: contaban con su ayuda, semestroso o no, y si podía hacer la diferencia, lo haría. ¡Claro que luego tendría que quemarse las pestañas estudiando! Pero justo para esto había entrado a estudiar medicina. ¿Dermatología? Con el respeto de toda su familia, NI DE CHISTE seguiría esa especialidad. OH NO. Cualquiera, menos esa. Ya tendría tiempo para decidir cuál, pero al menos ya sabía que no iba a seguir dermatología.

-¡Hora de hacer algo por la vida!


Departamento de Emilie.

Sábado, dos horas más tarde.

Remy no levantaba cabeza de sus apuntes, ni de sus textos, ni de los videos que revisaba en internet que mostraban el procedimiento que el doctor Lapointe le había descrito. Se lo veía nervioso, pero no era para menos: lo que iba a hacer rayaba en la ilegalidad y tenía un alto cuestionamiento ético, por lo que como mínimo, Remy quería estar seguro de lo que iba a hacer y tenía toda su atención puesta en sus estudios.

-Es solo pasar unos antibióticos, limpiar la herida y coserla. -Murmuró Chat Noir, pero en seguida bajó los hombros: tenía sus orejas pegadas contra el cráneo y su cola estaba caída. -Parece fácil, pero sí que hay que tener huevos.

-Tienes razón. -Murmuró Ladybug, mientras abrazaba sus rodillas. -Pobre Maeve… ¡No sabía que se podía morir!

-¡Ni digas, maman, por favor!

Chat Noir y Ladybug estaban sentados en el sofá viendo como Remy estudiaba. Matagot se paseaba como gato enjaulado, chocando con muebles y pegándose en todo tipo de bordes. Estaba preocupado y nervioso, y por lo visto, esto había anulado el 60 % de su capacidad de detectar obstáculos. Remy no llevaba mucho tiempo en el departamento: el sujeto no había puesto dramas cuando al ir por él, le pidieron que usara una capucha para no ver por donde lo llevaban. Habían hecho lo mismo la vez pasada. De este modo, Remy no tenía idea en donde estaba, pero trataba de pasar eso por alto. Una vez que llegó, y ayudado por Ladybug y la misma Maeve, limpió de nuevo la herida, tratando de mantenerla controlada en lo que llegaban los insumos médicos que Emma traería. Luego de eso, se preocupó de controlar los vitales y tratar que se sintiera cómoda.

Era un corte feo, pero estaba bien cuidado.

-Minet. -Lo llamó de pronto Ladybug. Matagot se detuvo y se orientó hacia ella. -¿No aprovechas hablar con Maeve? Debería estar despierta…

Matagot asintió y miró en dirección del cuarto de Emma, en donde su Bonnie Lass descansaba. Cierto, estaba consciente, pero muy agotada, por lo que todos habían convenido en que mejor reposara para recuperar fuerzas.

-Hmpf. -Bufó Chat Noir. Se levantó de su puesto y se sentó sobre el borde del sofá, exhibiendo actitudes quizás muy felinas. Matagot bajó los hombros, derrotado.

-No me quiere hablar…

-¿Te extraña que no quiera hacerlo? -Siseó Chat Noir. De pronto había asumido otra postura: sus orejas estaban orientadas hacia adelante y el espinazo comenzaba a erizársele.

-¡Chaton!

-No.

Remy apenas levantó las cejas y volvió a sus apuntes. Ladybug se puso de pie: Chat Noir miraba a Matagot muy fijo y molesto. ¡Que gato tan sensible! Y Matagot estaba cortado con la misma tijera. Se notaba que eran padre e hijo.

-¡Entonces ve a pedirle disculpas! No te cuesta nada y si no lo haces vas a perderla. -Chat Noir no se veía contento. Por desgracia Matagot se puso a la defensiva y si algo había descubierto en esas semanas, es que detestaba que un adolescente de catorce años le dijera la cruda y cruel verdad a la cara, por muy padre suyo que fuera.

Al igual que Chat Noir, sacó garras y erizó el lomo. Hasta comenzó a emitir un siseo muy característico.

-¡Trata de no meterte en lo que no te interesa!

-¡Me interesa! CASI TE mataste.

-¿Y a ti qué te interesa? Eso todavía no pasa en esta época y para cuando pase, tú vas a estar muerto. ¿Qué más te da?

Como si fuera un látigo, Chat Noir dio un brinco hacia adelante hasta el respaldo de otro sillón más cercano a su hijo, lanzando un zarpazo que Matagot alcanzó a evadir no más de suerte. Ambos afilaron los sentidos y se bufaron igual que dos gatos que intentan determinar quién manda, manteniéndose la mirada con fijeza. Entonces fue el turno de Matagot para impulsarse hacia adelante dispuesto a liberar frustraciones, pero Chat Noir saltó de su sitio, bloqueando el ataque, y para sorpresa de Remy y Ladybug, atajó a Matagot en una llave que difícilmente podría haber evitado, sujetándolo con fuerza y así dando por terminado la sorpresiva pelea. ¡Y eso que Matagot era mayor que Chat Noir! Tanto en edad como altura y peso.

-¡¿Crees que es divertido saber que me voy a morir junto con mi familia porque no podré protegerla y que vas a quedar ciego? ¿Que dos de mis hijos van a quedar huérfanos? -Siseó Chat Noir muy severo, manteniendo su agarre. -¿Qué seré un fracaso como padre? ¡Al menos dame la tranquilidad que vas a estar ahí para Emma!

-¡Hsssss! -El siseo de Matagot no tuvo toda la potencia que hubiera querido. Intentó soltarse, pero no pudo. -Oye, nada de eso pasa todavía, y puede que no pase... -Trató de decir bajándole varias rayitas a su soberbia.

-¿Y si eso es inevitable?

Chat Noir entonces soltó a Matagot y se sentó sobre el respaldo de su sillón, mirándose las garras como si nada hubiera pasado, tranquilo incluso. A lo sumo, había adoptado una actitud ganadora, de la que no se quiso pavonear. Matagot en cambio quedó sentado en el suelo refunfuñando, como gatito recién regañado, con las orejas caídas y la cola sumisa, preguntándose qué diantres había pasado. Hasta tenía un arañazo en toda la mejilla

-Voy al baño. -Dijo Chat Noir saltando al suelo y caminando con calma, cerrando la puerta tras de sí una vez que hubo entrado.

Remy casi no daba crédito a lo que había visto: aquella pelea entre ambos Chat Noir había sido como la de dos gatos reales. ¿Sería un efecto secundario de los poderes del gato negro? Miró hacia Ladybug, quien se había tapado la boca con las manos de la sorpresa. ¿Acaso ella también tenía actitudes de una mariquita? En ese caso habría que cuidarse, pues éstas eran depredadoras.

-¿Qué pasó que hay tanto escándalo? -Preguntó Maeve, asomándose a la puerta, con el aspecto de venir saliendo de una centrífuga. No se sentía bien.

-miau-Maulló Matagot lastimeramente sin darse cuenta. Bajó la mirada avergonzado. Maeve enarcó ambas cejas.

-¡Maeve! ¡A la cama! No quiero que alteres esa herida más de lo que ya hiciste. -Ladró Remy poniéndose de pie y caminando a su paciente.

Remy se levantó de su sitio y dio dos zancadas hacia Maeve, obligándola a volver al interior del cuarto. Matagot prestó atención, pero no se atrevió a moverse de su sitio. Ladybug en cambio se debatía entre apapachar a Louis o esperar a que Chat Noir regresara: algo instintivo le decía que tenía que verlo a él primero. Estaba en esos pensamientos cuando Chat Noir salió del baño.

-¡Chaton!

Se lo veía tranquilo y fresco. Hasta parecía que se había acicalado, digo, peinado el cabello. Caminó con mucha seguridad hasta Ladybug con una gran sonrisa. La rodeó un par de veces antes de abrazarla, ronronear y besarle el cuello justo detrás de la oreja. Un cosquilleo le recorrió el espinazo.

-¿Estás bien? -Preguntó Ladybug extrañada, pero contenta.

-¡Claro!

-Hmpf. -Matagot no sonaba feliz. Chat Noir retrocedió algunos pasos hasta quedar a la altura de su hijo, dándole dos palmaditas en la cabeza, logrando que relajara los músculos. -No me simpatizas, papa.

-Ya lo superarás.

Matagot infló más las mejillas. Tenía el ego por el suelo y montón de cosas que pensar. No debió decirle eso a Chat Noir, debió pensarlo mejor. ¡Nunca se imaginó que fueran a regañarlo así! ¡Qué vergüenza! No solo se dejó llevar por su lado felino, sino que para colmo había perdido. ¡Así no se podía!

Emma entonces entró al departamento y cerró la puerta tras de sí. Llevaba consigo una enorme bolsa de papel café. Parpadeó curiosa al ver la escena.

-La vecina me preguntó si estábamos escondiendo gatos aquí: dice que escuchó una pelea. -Comentó como quien no quiere la cosa. -Le dije que no teníamos gatos, pero… ¿Qué me perdí?

Ladybug se sopló el flequillo. ¿Por dónde empezaba?


Esa Noche.

Con los insumos que Emma se había conseguido, con sus apuntes, algunos videos explicativos, y la sorpresiva guía de la mismísima Maeve en cuanto al manejo del instrumental, Remy no solo consiguió tratar y vendar la herida, sino hasta ponerle una vía para pasarle antibióticos. No digamos que fue un trabajo de joyería, pero sí muy concienzudo y aunque perfectible, cumplía el objetivo. Remy se retiró esa tarde tras concordar un sistema de horarios para que alguno de los superhéroes fuera a buscarlo y traerlo al departamento, para que pudiera revisar el progreso de la herida.

Maeve era su primera paciente y le debía su mejor esfuerzo. ¡Si tan solo esto contara en su evaluación final!

Adrien y Ladybug ya se habían ido hacia varias horas y Emma acababa de marcharse a Les Invalides a terminar sus planimetrías. Solo había podido trabajar en ellas durante las noches y ahora iba en busca de las últimas mediciones para poder procesarlas después. ¡Le quedaba tan poco para terminar! Del resultado de sus esfuerzos, podrían planificar mejor la búsqueda de Tikki entre las ruinas de Les Invalides en el futuro… Maeve le había dicho que si bien habían hecho un esfuerzo… no estaban sacando resultados por culpa de los infectados.

Por cierto, Emma le había cedido su cama a Maeve, por lo que Louis terminó por pasarle la suya a su hermana. Esa noche, y quizás cuántas más, dormiría en el sofá. De hecho, hasta se estaba poniendo cómodo en esos momentos. No quería ni ver hacia la habitación de Emma, en donde Maeve dormía. ¡Ay, su Bonnie Lass! Ansiaba tanto estrecharla entre sus brazos, olerla y estar en paz con ella…

-¿No le piensas hacer caso a Adrien, minet? -Preguntó papá Plagg.

-… Tengo que hacerle caso.

-¿Ah sí? ¿Y eso?

-No porque me haya ganado, conste. -Gruñó Louis, quien infló las mejillas. -Sino porque tiene razón.

-¡Ooooh! ¿Y ahora reconoces que fuiste un imbécil todo este tiempo? ¡Mira tú! Fue necesario que llegara un gato más grande y que te pusiera en tu sitio.

-Mi padre tiene 14 años.

-Sigue siendo mayor que tú, por 28 años exactamente. Estamos en 2015: todavía no naces.

-Ciertamente. -Louis se apoyó en el respaldo del sofá y miró al techo. Suspiró. -¿Crees que me mate si la despierto?

-No. Marinette era la que tenía reacciones extrañas cuando la despertaban. Maeve es muy dulce: puede que solo te dé un puñetazo.

¡Esos ánimos! Papá Plagg no esperaba ninguna respuesta de parte de Louis. Así que cuando lo sintió levantarse de su sitio y buscar su bastón no hizo mayor aspaviento. Decidió quedarse en el sofá acurrucado entre las mantas cuando notó que el muchacho iba directo hacia donde dormía la escocesa. Sonrió para sus adentros: mejor los dejaba solos. Esos dos se iban a reconciliar y podía apostar a eso una enorme rueda de queso camembert.

Si la tuviera, claro.

En efecto, Louis no se tardó en llegar hasta la habitación, que abrió sin mayor dificultad. ¡Menos mal que el departamento no era muy grande! Llamó a la puerta un par de veces antes de entrar y ayudado por su bastón, navegó hasta la cama. Tanteando en la oscuridad, se sentó en uno de los bordes de la cama y tras unos momentos, suspiró. Estiró su mano hacia la chica y le dio algunas palmaditas…

Maeve, quien se estaba haciendo la dormida, tenía toda la intención de ignorar a Louis, abrió un ojo al sentir el contacto de la mano de Louis contra su pierna. Rodó los ojos, tratando de endurecer su corazón, pero le latió demasiado bonito. Louis tenía un toque muy delicado y firme al mismo tiempo y eso le fascinaba de él.

-¿Sabes que estás a centímetros de mi vendaje? -Le gruñó de malas. Louis sacó la mano como si la retirase del fuego.

-¡Perdón! No quise importunarte… ¡Me confundí! Creí que era tu brazo…

-¿Te confundiste? ¡¿Cómo confundes un muslo de un brazo?! -Quiso saber la chica. Esta abrió los ojos de golpe. -¿Acaso crees que soy GORDA? -Preguntó, mientras intentaba incorporarse.

-¡No estás gorda! Solo me confundí y dejémoslo ahí.

-Hmpf.

Maeve terminó de incorporarse en la cama, tratando de no alterar mucho su herida, encontrando un sorpresivo apoyo en su chico. Se sentía mejor: ya no tenía fiebre, pero se sentía como si hubiera corrido un par de maratones. El maestro Fu, quien había purificado su herida de la maldición antes que llegaran con Remy, le había dicho que cuando recibiera tratamiento, puede que los resultados fueran más rápido, pero aun así tendría que tomarse las cosas con calma. Louis se quedó ahí en el borde de la cama, con la cabeza gacha, aunque cada tanto parecía tomar valor.

-¿Cómo están las cosas en el futuro?

-Caóticas. Como siempre. -Maeve suspiró apenada. -Marc Anciel sigue sin poder conseguir las medicinas de Chloé, lo que tiene a Nathaniel colgado de las lámparas. Buscar a Tikki ha sido más difícil de lo que pensé. Les Invalides era gigante y creo que hemos estado cavando justo por donde no debíamos. Luka y Kagami… están como siempre. Muy concentrados, pero se notan preocupados, sobre todo por Juleka, que volvió a recaer…

-¿Juleka mi primita, o mi tía Juleka?

-Tu hermanita. Ya sabes, la hija mayor de Luka y Kagami. Tu tía Juleka… sigue causando estragos junto con Sable y la tripulación del Libertad. ¡Me salvó de una buena hace unas semanas en la Place du Vosgues! -Maeve se sopló el flequillo. -Toda tu familia está a salvo y…

-Lo siento.

Maeve se tragó sus palabras y enarcó ambas cejas. Hizo un puchero y frunció el ceño. ¡Quería una disculpa sentida, no una envasada! Que le naciera del corazón y…

-En verdad te extraño mucho. ¡Lo siento! No creí que… ¡Argh! ¡Dame un segundo! Sabes que soy malo con las disculpas. -Dijo de pronto Louis con mucha decisión y sentimiento, hablando en gaélico.

-Eres pésimo. -Le dijo Maeve enternecida. Cuando Louis hablaba en gaélico con ella, quería decir que iba muy en serio y quería mantener las cosas en la intimidad de ambos. Sí, al parecer su gato le daría una disculpa.

-Entonces dame tiempo. -Le respondió Louis ganando fluidez a medida que hablaba. -El asunto es que… me di cuenta… que te di un buen susto. A ti y a todos. Debí ser más prudente.

-Casi me mataste del susto. ¡Ni hablar tus tíos! Al señor Luka le salieron más canas y ¡vieras la cara que puso Emma! -Maeve hizo un puchero. -¡Te dije que no tomaras ese cable! ¡Te dije! No era necesario freír al akuma, ya había dejado a su víctima… ¡no era necesario! ¿Por qué lo hiciste? ¡Te dije que no lo hicieras!

-Maeve… por como lo veía, no tenía otra opción. Ese akuma volvería a infectar a su víctima y te atacaría a ti, a Emma o a mis primos o a ti…

-¡Me pasé veinte minutos haciendo comprensiones! Me temblaban los brazos cuando llegaron Hamish y Sean. ¡Veinte…!

-He perdido mucho por los akumas. ¡No te iba a perder a ti! Esa cosa estuvo a punto de matarte.

-¡No lo iba a hacer, Love! Fue un riesgo calculado, sabía que estabas a quince metros de distancia. ¡Ibas a llegar con tiempo y lo hiciste! Destruiste el vector del akuma y salió volando y…

-Quise evitar que escapara.

-¡Y tomaste ese cable vivo! ¡AGRADECE QUE NO HABÍA AGUA CERCA! -Maeve apretó los dientes. -¿No podías cataclismearlo como otras veces?

-Lo del cable me pareció una buena idea en su momento.

Maeve se palmeó la cara. Si esta era una disculpa, tenía que ser de las peores que Louis le daba, pero al menos era honesto. Se analizó un poco a sí misma. Tomó aire, sintiendo una presión en el pecho: el susto le había endurecido el corazón. El estrés de ver como su novio se electrocutaba y de luego forzar a su corazón a latir de nuevo, la había vuelto rencorosa. Entonces Louis, ciego como estaba, se inclinó hacia ella y mostró su cabeza, como buscando mimos, quizás coqueto.

-Casi te moriste, Love. ¡No revivías! Tu corazón no latía… ¡Maldita sea, Louis Agreste! -Maeve empuñó las manos. -Cuando vine a Francia a vengar a mis padres, me prometí a mi misma no enamorarme. ¡De no ser por ti lo logro! Iba a destruir a la Strega yo sola y vienes con tus galanteos y todo eso. ¡Casi te moriste en mis manos! -Maeve apretó los labios. ¡Quería un abrazo de su chico! -¡No me lo hubiera perdonado nunca!

-No seas injusta contigo, fue mi culpa. Te puse en una situación muy difícil y no… debí haberlo hecho. No pensé en ti, ni en mis padrinos, ni en Emma… ni en el sacrificio de mis padres. -Louis se acercó un poco más y le tomó las mejillas. Esto provocó una reacción emocional en ambos. -Mi odio por los akumas y todo lo que la Strega representa…

-… Nos tiene cegados a muchos. -Le dijo Maeve sujetando las manos de Louis, que tenía sobre sus mejillas. -No te olvides que crucé dos países para venir a vengar a mis padres.

-Eso no me da derecho de hacer sufrir a mi familia. No me puedo dejar llevar por el odio. No más. -Respondió tomándole la mano, y besándosela con ternura. -Hice llorar a mi Bonnie Lass. ¡Lo lamento tanto!

-¡Te eché de menos, Kitten!

Louis volvió a acomodarse en la cama, para poder acercarse un poco más a ella, pero no tuvo que hacer mucho esfuerzo, porque Maeve cerró la distancia y, aunque alteró un poco su herida, lo abrazó. No se dijeron más, eso fue suficiente disculpa. Se quedaron así un montón de rato, respirando juntos, coordinando sus latidos, como compensando el tiempo perdido. Él olía a fresco, ella a manzanas.

¡ZAPE!

-¡Vuelve a Darme Ese Susto Louis Agreste Y Dejaré Que Hamish Haga Las Compresiones! -Exclamó Maeve al separarse tras darle el zape, enjugándose las lágrimas con el revés de su manga, volviendo a hablar francés.

-¡¿Hamish?! ¡Él no sabe resucitación cardiopulmonar! -Exclamó Louis sorprendido. -Además fue jugador de rugby: pesa como 120 kilos. ¡Me rompería la caja torácica!

-No, no sabe hacer comprensiones. ¡Te quería patear en la entrepierna!

Louis se quedó en blanco. Carraspeó preocupado. La noción que Hamish hubiera hecho eso le heló la sangre en las venas.

-¿Qué quería hacer qué cosa? Insisto: Hamish pesa 120 kilos.

-Dice que una patada en los cojones funciona con los mismos principios que un desfibrilador, solo que con menos electricidad.

-¡¿Me pateó en los…?! -Medio preguntó asustado. Maeve sonrió y negó con la cabeza, al tiempo que le acariciaba los cabellos de Louis justo detrás de la oreja.

-Tu hombría está a salvo. ¡Pero fue tentador!

Louis tragó saliva. Maeve hablaba en serio: su primo Hamish había estado decidido a despertar a Louis a las patadas de ser necesario aquel aciago día. Antes de darse cuenta, y debido a la imagen mental que eso les provocó, ambos se largaron a reír hasta que les dolió el estómago, para luego permanecer en cordial silencio, sobre la cama. Fue un desahogo que ambos necesitaban y agradecieron.

-¿Bonnie? -La llamó en gaélico sentándose sobre el borde de la cama.

-Dime Kitten. -Maeve también se incorporó, pero esta vez, se arrimó a su lado.

-También te extrañé horrores.

-Eso tampoco se sintió lindo para ti, ¿verdad?

-No. -Le confesó, apoyando su frente en la de ella.

-No volvamos a hacernos esto entonces.

-Trato.

Dicho esto, se besaron…

… Y entonces se abrió la puerta de golpe.

-LE GASP-

Emma abrió los ojos como platos al verlos. Dejó caer su mochila con estruendo, sin saber si fangirlear de emoción o de chillar de indignación. ¡No la malinterpreten! shippeaba a su hermano con Maeve después de todo, ¡¿Pero Esto?!

-¡P**amadre! ¡Ya era hora! QUÉ ALEGRÍA, pero… ¡¿Tienen Que Hacer Esa M**Rda En Mi Cama?! ¡Duermo ahí, hijos de remilp**a!

Nunca esos dos se habían separado tan rápido.

Continuará

Por

Misao–CG


Próximo capítulo: Akumatización

BIP. BIP.

Emma levantó la mirada de golpe. La alerta de proximidad de su reloj indicó la cercanía de un akuma. Con horror vio por el rabillo del ojo como una de las mariposas de Papillón estaba peligrosamente cerca y como un resorte dio un brinco y se alejó.

-¡M**DA!

A trastabillones se puso de pie, y a tropezones se echó a correr. Como perdiese de vista al akuma, se giró varias veces para ver por dónde estaba, sin éxito, y con la horrible urgencia…


Notas finales: Emma también sabe hacer entradas triunfales. Del lado positivo, Louis y Maeve por fin hicieron las paces y la herida de la escocesa está mejorando gracias a Remy… quien hasta arriesgó su futura licencia como médico al tratar a Maeve, conste. Ahora, sobre la pelea de gatos, pedí ayuda a expertos y le pregunté a un contacto, una reconocida Madre de Gatos, que me dijera como son las peleas entre mininos, así que espero haberle hecho justicia a lo que me dijo. Obvio tuve que traducirla al humano, pero me divirtió mucho describirla. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


No creo que Tomoe sea Mayura, Manu. Ese ship me da un poco lo mismo y sí conozco a Sonic. Y no sé, si vuelvo a escribir un fic aquí, depende de lo que me inspire la musa. Nunca se sabe. Ten, crepes de manzana y ¡GRACIAS POR LEER!

Adrien se dio permiso para ser más libre esa tarde, CuentaOlvidada, aunque se anduvo enojando un poco al final. ¡Toda buena pelea debe tener comentarios! Eso siempre, no lo olvides. Maeve y Louis son una pareja muy linda. Reconozco que al principio no quería hacerlos pareja, solo quería mostrar tensión entre ambos, pero… digamos que ellos tenían sus propias ideas. ¿Qué te detiene comer esos postres? Ten, crepes de manzana y ¡GRACIAS POR LEER!