OMAKE. Algunos meses después del ataque de la Strega en 2039, Adrien se encuentra de narices con una inesperada pelea con la que lidiar... y no digamos que el temperamento de sus hijos ayuda mucho. Al menos su colega está tan mortificado como él. ¡GRACIAS POR LEER!
¡HOLA A TODOS! INICIARÉ UNA NUEVA VENGANZA. Y no, no es esta. Puede que escriba algunos omakes más en este fic, pero lo considero completo, así que no hay mucho más que añadir, a menos que la musa diga lo contrario, pero... digamos que la tengo concentrada en otros afanes... ¡A lo que nos convoca!
Para todo lo demás, Abby Lockhart es la culpable. ¡Este fic se lo dedico con enorme cariño!
Gracias por mostrarme la serie y animarme a escribir esto.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Heroes y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.
ADVERTENCIA
Podría contener spoilers de la tercera temporada y de este mismo fic.
Y si vuestras madres son como la mía, sugiero que no imiten el lenguaje soez que se lee de tanto en tanto. También deben evitar las peleas.
"TEMPUS FUGIT"
("El Tiempo Vuela")
OMAKE: Honor defendido
Departamento de Física de la Universidad de la Sorbonne. París, Francia.
Algunos meses después. Octubre de 2039. Sábado, 11:57 am.
Adrien se medio sacó los lentes y se refregó la cara antes de volver a ponérselos. Estiró la mano y tomó su tazón, pero desistió de beber un sorbo estando a segundos de hacerlo. Lo miró desconfiado e hizo una mueca. Entrecerró los ojos… no recordaba haberse servido café y la última vez que había revisado la jarra, estaba vacía. Eso quería decir que alguno de sus colegas había preparado más y le había servido. Suspiró resignado, pues si bien sabía que no estaba solo, eso quería decir que su actual compañero de desgracias había preparado el café.
Miró hacia el pizarrón, en donde su colega, Stuart McQueen, meditaba los cálculos que tenía dibujados con el ceño fruncido, como si no solo los estuviera analizando, sino también regañando. El hombre era doctor en matemáticas y era grandote: había llegado a la Sorbonne enviado por la universidad de Edimburgo, para trabajar en un proyecto conjunto entre ambas instituciones que Adrien lideraba. En un principio había llegado solo a París, con la intención de establecerse en un buen lugar para poder traer a su familia consigo, a quienes fue a buscar a la primera oportunidad. De hecho, acababa de regresar de Escocia con su esposa e hija, aprovechando de pasar unos días en su tierra natal, en donde había participado en toda clase de actividades, incluyendo la tradicional competencia de lanzar troncos, en la cuál había arrasado con los premios.
Sep. El hombre era grandote e intimidaba al principio, pero una vez que te ganabas su amistad, su lealtad era incuestionable. ¡Como correspondía a un McQueen!
Y sí, el hombre usaba kilt. Porque un McQueen que se precie de tal también era leal a las tradiciones familiares. En todo sentido.
-Errr… ¿McQueen? ¿Preparaste el café?
-¡Aye! -Respondió el hombre sin despegar la mirada de sus números. -¿Por?
-En la escala de 1 a No dormiré nunca más en la vida, ¿Qué tan fuerte lo preparaste?
Stuart se largó a reír de buena gana. A Adrien le gustaba el café cargado, pero sin duda había que tener cojones para beber el café que preparaba el escocés. Quien por cierto, señaló a la cafetera, y más específicamente, a la bolsa de café que ahí había.
-¡Me lo regaló the wife el otro día! ¡My woman cuida de mí, Agreste! -Con una sonrisa simpática y desafiante a partes iguales, Stuart se volteó a verlo con travesura. -¿Acaso no te atreves, francés?
-Es un Death Wish Coffee. Y eres conocido por tener la mano pesada con el café. ¡Quizás cómo preparaste esto! -Aclaró Adrien, levantando su tazón como quien hace un brindis. -¡Salud!
-¡AHAHAHAHAHAHAHAHA! Me Caes Bien Agreste. -Rió el hombre de buena gana, ignorando quizás a propósito el escalofrío que tuvo Adrien al probar la bebida, que estaba como para resucitar muertos. -Me lo vas a agradecer: tienes tres niños y otro en camino. Vas a necesitar estar bien alerta.
-¿Puedo probar, papa? -Preguntó Hugo de pronto.
-¡NO!
Exclamaron Adrien y Stuart al mismo tiempo. Hugo infló los cachetes decepcionado. El tono usado por los adultos fue lo bastante tajante como para que no le quedaran ganas ni de rezongar. Adrien se ajustó los lentes y con una sonrisa, despeinó a su hijo.
-Vuelve a tu tarea, Hugo. -Le dijo con paciencia.
-Ya casi acabo.
La enorme mano de Stuart se posó sobre la cabeza del muchacho y le dio una cariñosa sacudida, que por poco le hizo perder el equilibrio.
-Todavía estás muy pequeño para el café, Lad, pero ya crecerás y te iniciaremos en el vicio… ¿Cómo va la tarea?
Hugo sonrió una vez más y señaló sus cuadernos con la cabeza. Ya casi acababa, le faltaban unos detallitos aquí y allá, que esperaba poder resolver con su papá. Era matemáticas, una materia en la que si bien no le iba mal, a veces se le ponía un poco cuesta arriba. Lo bueno es que Adrien siempre estaba dispuesto a ayudarlo.
Esa mañana, por cierto, Adrien se había llevado a Hugo y Louis con él a la universidad. Era sábado, técnicamente no tenía que estar trabajando, pero había acordado con Stuart reunirse a afinar y adelantar los detalles del proyecto conjunto en el que estaban trabajando. No era algo muy formal, lo que explicaba la presencia de los niños… quienes, bajo la sugerencia de Marinette, habían aprovechado de llevar sus cosas del colegio, para adelantar estudios y tareas. Además, los Agreste habían invitado a Stuart a un paseo esa tarde, aprovechando que la familia de éste último, su esposa e hija, acababan de llegar a París para establecerse junto a él por el próximo año.
-Ya casi lista, esperaba que mi papa la revisara.
-¿Tienes dudas, Hugo? -Le preguntó Adrien extrañado. Hugo solo pedía ayuda cuando era muy necesario, lo que parecía ser el caso.
-Naaaah, no muchas. Solo quería asegurarme que había entendido bien.
-Ah, era eso. Ven aquí y trae tu cuaderno.
Adrien suspiró y medio sonrió. Ocultó sí su preocupación: desde lo ocurrido con la Strega unos meses antes, cuando lograron sortear bien esa noche, Hugo había bajado sus notas por estrés, al igual que Louis. No solo esa noche fue difícil, sino las semanas que siguieron también estuvieron muy tensas. Habían sobrevivido, pero la Strega cada tanto dejaba caer su mano para causar problemas. Más de una vez los portadores de miraculous habían tenido que intervenir para zanjar la situación.
Y no solo eso, pues también tenían que lidiar con el akuma ocasional.
Hugo, quien había crecido acostumbrado a que sus papás fueran superhéroes, había quedado algo sensible al respecto después de aquella noche, pues si bien siempre tuvo certeza sobre la invulnerabilidad de sus padres, ahora no lo tenía tan claro. Aquella noche su visión del mundo cambió y estaba algo… ansioso. Al igual que Louis, quien si bien seguía muy gruñón, se había puesto más cariñoso que nunca. Ninguno perdía oportunidad de pasar tiempo con sus papás, y éstos no se las negaban.
Lo bueno de la situación es que la Strega mantenía su distancia de la pequeña familia. Esa noche había recibido un golpe muy duro, pero aún así temían que volviera a las andanzas. Del lado positivo, Nathaniel y Chloé les habían conseguido unas medallitas protectoras, debidamente consagradas, que impedían que la Strega se les acercara... junto con el sistema de seguridad antibrujas.
No, antes que se lo pregunten, Ladybug no estaba interviniendo en las peleas. Apenas se dejaba ver por sus enemigos y solo si las ilusiones de Rena Rouge le disimulaban la panza. En caso de akuma, pues… capturaban a la mariposa negra en unos frascos especialmente diseñados por Adrien y Max y se los llevaban luego a Ladybug para que los purificase en un ambiente controlado.
Stuart suspiró: estaba al tanto del ataque sufrido por la familia meses antes, y como todos, había pasado un buen susto. Era un hombre de familia y sabía que su reacción no habría sido la mejor del mundo si algo así hubiera amenazado a la suya. Algo se había percatado que los niños Agreste habían quedado remecidos por la experiencia de hacía unos meses atrás y bien empatizaba con la familia. Los padres también estaban alterados y muy aprensivos, pero no los juzgaba. El asunto había salido en las noticias, pero a petición de los Agreste y de las autoridades pertinentes, el asunto mantuvo un perfil bajo, principalmente para la protección de los niños. Obviamente causó un gran impacto en los respectivos trabajos y familias cercanas, incluso Nathalie había llamado a nombre de Gabriel, pero se mantuvo bajo control, pero fueron muy pacientes al respecto, sobre todo porque tuvieron que lidiar con consecuencias inesperadas de ese desmadre: Marinette incluso había pasado unos días en el hospital con síntomas de pérdida de los nervios que tuvo.
Ahora estaba bien… a punto de explotar, pero bien. ¿Lo más importante? Su bebé estaba desarrollándose de acuerdo con el plan.
Hugo llevó su tarea con su papá, quien comenzó a revisarla, explicando algunas cosas aquí y allá, conforme fuese necesario. Stuart sonrió y volvió a sus cálculos con una enorme sonrisa en la cara. ¡A ver si ahora resolvía esto antes de que su mujer y Marinette vinieran a buscarlos! Considerando la hora, seguro llegaban en cualquier…
¡MOMENTO!
¿Por qué estaba tan silencioso? Stuart miró hacia Adrien, quien estaba sumergido explicándole la tarea a su hijo, como inmune a que algo podía estar… diferente.
-Hey, Laddie. ¿Y tu hermano Louis? -Preguntó Stuart curioso. -¿Y mi nena?
Adrien levantó en seguida la cabeza, como recordando de pronto que Louis también estaba en algún lugar de la oficina y más mañoso que nunca. Su hijo, futuro portador de la destrucción, era un chiquillo gruñón, pero muy tranquilo (demasiado tal vez), que a diferencia de su hermano mayor, no tenía tareas, sino que debía adelantar estudios en su materia favorita. Hugo se encogió de hombros, sin tener idea de lo que le preguntaban. Los adultos comenzaron a mirar hacia todos lados algo aprensivos. Esa mañana, Stuart también había llevado consigo a su hija, Maeve, próxima a cumplir los ocho años, con la esperanza que trabara amistad con los niños Agreste, en vista que estaba molesta y deprimida por haber dejado atrás su casa en las Highlands escocesas y a la horda de primos que tenía allá.
…
Y todo parecía indicar que no había congeniado con ninguno de los dos. Es más, Louis hasta le había hecho el quite y no la habría saludado, de no ser porque fue obligado por sus padres. Lo peor fue que Maeve lo fulminó con la mirada y le dijo varias pesadeces en gaélico (lo que le ganó un zape de su madre, por ser poco señorita). Stuart resopló resignado… su hija era demasiado brusca.
Tanto Adrien como Stuart temían que se pelearan.
-Pues… creo que Louis terminó lo que estaba haciendo y se fue a curiosear… No me fijé en Maeve. -Añadió Hugo derrotado. -¡Disculpe señor Stuart! Iré a buscarlos…
-Nah, Lad, no te preocupes. Mi Maeve se sabe…
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Un chillido estridente y con decibeles irritantes, que solo una niña pequeña puede alcanzar, explotó en el pasillo y pronto se escuchó una carrera de pasos agitados. Tanto Adrien como Stuart se abalanzaron sobre la puerta del despacho cuando esta se abrió de par en par y Maeve entró corriendo, más furiosa que asustada, y se plantó frente a su padre, agitando su brazo hacia atrás en tono acusador.
-¡Lassie! ¿Qué pasó…?
En eso, Louis entró a las carreras, algo remecido y con claros signos de haber recibido alguna suerte de golpe en la mejilla. Adrien intercambió miradas con Stuart, sin saber qué pensar.
-¡PÁ! ¡ESE ME DIJO QUE SOY LINDA! -Reclamó la niña indignada a más no poder, señalando a Louis.
Stuart erizó la espalda. Hugo explotó en carcajadas y Adrien aguantó la respiración. Miró a Louis, quien no sabía donde meterse.
-¿Louis?
-¡Sí, se lo dije! ¡No me gusta decir mentiras! -Louis infló las mejillas a medio morir de la vergüenza. -¡Y me dio un bofetón por eso!
-¡NO TIENES PERMISO PARA DECIR QUE SOY LINDA!
-¡ENTONCES NO ME PREGUNTES!
-¡NO ERA PARA QUE ME RESPONDIERAS!
-¡¿PARA QUÉ INSISTES ENTONCES?!
-¡BASTA! -Ordenó Adrien poniendo orden a los gritos. -Explíquense que no estoy entendiendo nada.
-Maeve. ¡Dí la verdad! No es propio de un McQueen decir…
La niña infló las mejillas, llenó sus ojos de lágrimas y empuñó las manos. Había acompañado a su papá a la oficina esa mañana con bastante buen ánimo, pues le habían dicho que iba a conocer niños más o menos de las edades de sus primos. Ese lunes entraría a la misma primaria que Louis, pero desde que había llegado, no había conocido a nadie con quien jugar, y por lo mismo se había aburrido horrores esa semana. Como solía jugar con niños, era la única niña de su familia hasta ese momento, creyó que le sería fácil trabar amistad con los Agreste, pero Hugo estaba más concentrado en su tarea, y Louis… se había dedicado a ignorarla mientras la miraba por sobre el hombro, con ganas de hablarle, pero llegando a extremos groseros para mantener su distancia.
Molesta, Maeve quiso arreglar las cosas como hacía con sus primos, hablando a ver qué le pasaba, por eso cuando lo vio salir del despacho lo siguió y lo acosó con preguntas sobre porqué la trataba así y porqué no le hablaba… claro… que la respuesta la desconcertó por completo.
-¡Maeve! ¡No le puedes pegar a la gente solo porque te dicen la verdad! ¡Eres linda! Siempre te lo digo.
-¡Pero fue insolente! -La niña se sacudió la rabia. -Y tú no cuentas, tienes permiso…
-¿Lad? ¿Por qué le dijiste eso a mi hija? -Le preguntó Stuart a Louis. El muchacho frunció el ceño y se cruzó de brazos.
-Porque no me dejaba en paz. -Louis apretó los ojos. -¡Y la verdad no más dije! No era para que me pegara.
Adrien posó su mano en la cabeza de Louis y le revolvió un poco los cabellos, tratando de aplacar su malgenio. ¡Tan brusco que era su hijo! Cuando le contara esto a Marinette, seguro su esposa fangirlearía tanto como cuando se enteró que conocerían a Maeve otra vez.
-Louis, ¿Estás bien? -Le preguntó Adrien, agachándose hasta quedar al nivel de su hijo. -Arreglemos esto, ¿sí? Solo sorprendiste a Maeve. Ahora, ¿Fuiste educado?
-… Creo… Solo… -Louis se puso tan rojo que por momentos Adrien temió una hemorragia nasal. El muchacho de 9 años se pasó una mano por la nuca y bajó la mirada. -Solo… solo le dije que… me ponía nervioso que estuviera tan cerca… porque es muy bonita... y nunca he hablado con niñas bonitas...
-¡¿LO VEN?! No tiene permiso. -Reclamó Maeve apretando los puños.
¡Aaaaaw, la ternura! Adrien se mordió la lengua, con bastante orgullo, pues Louis había probado ser más valiente que nadie a su tierna edad. Hugo seguía riendo de buena gana. Stuart carraspeó sin saber si sentirse celoso o aprensivo. Nunca creyó tener que lidiar con cosas así tan pronto. ¡Cuando le contara a su mujer no le iba a creer nada!
-¿Es verdad eso, Maeve? -Preguntó Stuart.
-Más o menos. -La niña se cruzó de brazos. -¡No es algo que los niños dicen! Creí que me iba a decir otra cosa… como que tenía cabellos de banshee o algo…
-¡¿Por qué te diría algo así?! -Reclamó Louis, antes de volverse a su papá. -¿Hice mal? ¿Por qué enojó conmigo? Solo le dije lo que pensaba...
-¿Crees que Maeve es linda? -Preguntó Adrien con una sonrisa torcida, orgulloso de su gatito. Podía sentir a Plagg aguantando las ganas de decir algo en su bolsillo.
-Sí. Es linda... pero... -Louis se volvió hacia Maeve muy enojado. -¡¿Por qué me pegaste?!
-Porque mi chiquilla no está acostumbrada que le digan cosas así, Lad. -Intervino Stuart con paciencia, antes de volverse hacia su hija. -Lo dicho, Maeve, no puedes ir por la vida pegándole a la gente que te dice la verdad.
-¡PERO…!
-NADA. Sé que es raro, pero tendrás que aprender a tolerarlo. Entiendo que te haya desconcertado, pero no es la manera de reaccionar. ¡Solo das golpes en defensa de tus convicciones! No porque te alguien te dice la verdad. Le vas a pedir disculpas a Louis por pegarle y…
-¡QUÉ MAL GUSTO! -Exclamó de pronto Hugo, aún entre risas, acercándose a Louis y dándole un golpecito en la nariz. -En serio, esperaba mejor de ti. ¿En serio le dijiste eso a Maeve?
-Hugo… -Advirtió Adrien, frunciendo el ceño.
-Sí, se lo dije. ¿Por? -Preguntó Louis a la defensiva, sacudiéndose a su hermano.
-¡Pero es una niña despeinada y llena de pecas! NO tiene nada de linda.
Stuart frunció el ceño, igual que Adrien, pero por distintas razones. Uno porque con orgullo de padre creía que su hijita era la nena más linda del mundo y el otro porque conocía a sus cachorros bastante bien y sabía que esto podía terminar muy mal.
-¡¿Me estás diciendo mentiroso?! Maeve es linda, ¡Digas lo que digas! -Gruñó Louis empuñando las manos.
-¡¿Me estás diciendo FEA?! -Preguntó a su vez Maeve, pálida de rabia.
Hugo se cruzó de brazos y sonrió burlón.
-No, digo que Louis tiene mal gusto y que he visto niñas más lindas que esa pecosa.
Lo que pasó a continuación ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Antes que los adultos pudieran hacer nada, Louis apretó los dientes y saltó sobre su hermano, dispuesto a defender sus argumentos y la belleza de Maeve a los golpes. Hugo no tuvo de otra que defenderse, sin perder ni una onza de risa, mientras que Maeve pegó un chillido de guerra que su padre reconoció demasiado bien y apenas tuvo tiempo para atajarla. En pánico, y mientras Stuart perseguía a su hija por todo el despacho, quitándole cosas potencialmente peligrosas de las manos, Adrien se las veía color de hormiga para separar la pelea de sus hijos, pues… Hugo y Louis habían aprendido bien a dar piñas.
Cuando por fin Adrien pudo sujetar a sus cachorros cada uno de un brazo y separarlos físicamente, descubrió que Stuart sujetaba a su hija con un brazo y con el otro sostenía un extintor lo más lejos del alcance de la niña.
-¡BASTA! ¿QUÉ SE HAN CREÍDO QUE SON? ¡SE CALMAN O LOS CALMO! -Adrien, con los lentes torcidos, miró feo a Louis. -¿Qué se supone que pretendías? -Entonces volvió la mirada a Hugo. -¿Cuál es tu problema? ¡Ustedes son hermanos! ¡NO quiero que se peleen por una niña! -Adrien miró brevemente a Stuart. -Nada personal y sin ánimos de ofender.
-¡Lo comprendo!
-¡PAPÁAAAAA! ¡SUÉLTAME! ¡ME DIJO FEA! ¡TIENE QUE PAGAR!
-¡PERO NO CON EL EXTINTOR! QUIETA MAEVE. -Stuart dejó a su hija en el suelo, cuidando de sujetarla, y se agachó para verla a los ojos. -Louis ya defendió tu honor, así que le vas a pedir disculpas por haberle pegado, y al Dr. Agreste por haber querido pegarle a sus hijos con ESTO.
-¡Es que me quitaste la escoba! ¿Cómo querías que me defendiera? -La niña se cruzó de brazos. -No necesito a nadie que pelee mis guerras.
-¡Pero lo hicieron! -Stuart se puso de pie. -Dr. Agreste, lamento mucho…
-Deja, no hay problema. -Gruñó Adrien cruzándose de brazos. -Disculpa a mis cachorros. Están aprendiendo a comportarse.
-¡Valió la pena!
-Hugo Agreste. -Advirtió Adrien. Hugo solo sonrió travieso, mientras Louis se cruzaba de brazos. -Al rincón los dos en silencio hasta que llegue su madre. ¡Por pelearse!
-Lo mismo, Maeve. Al rincón.
-¿YO PORQUÉ?
-¡Aaaagh, papa!
-Insisto… valió la pena…
-Por pendenciera. Y por pegarle a Louis. ¡Hala! ¡Al rincón!
Sin que mediase más palabras, los tres niños se fueron al rincón no con la mejor de las actitudes. Hugo se burló un poco de Louis, pero un siseo de advertencia de su padre lo hizo desistir y Louis, acongojado y todavía avergonzado, se tragó un insulto o dos. Maeve se ubicó no lejos de Louis y ni bien este la miró, gesticuló un gracias con los labios, lo que provocó que Louis pegara los ojos a la pared, más rojo que nunca, negándose a mirar en dirección de la niña, o de su hermano que apenas se aguantaba las ganas por burlarse de nuevo, hasta que llegara su madre. Maeve simplemente sofocó una risita traviesa.
Los padres de las bendiciones, tras resoplar resignados, procedieron a disculparse uno con el otro de nuevo en nombre de sus hijos, cuando en ese momento se abrió la puerta de la oficina. Una muy embarazada Marinette, llevando a Emma de la mano, quien lucía un precioso kimono regalo de su madrina, y acompañada por la esposa de Stuart, Kathleen, hicieron acto de presencia.
-¡Papa! ¡Mira como me veo! -Emma se soltó de Marinette y corrió hasta las piernas de su papá, las que abrazó con gusto.
-¡Ma souris! ¡Qué kimono tan lindo! -Adrien levantó a su hija en brazos. -¿Fue tu tía Kagami? ¿Te portaste bien con maman y con el bebé? -Emma asintió con energía.
-¡Ya llegamos! -Saludó Marinette radiante y llena de alegría. -Hora de irse a… ¿Huh?
-¿Qué pasó aquí? -Preguntó Kathleen, sorprendida al ver el desorden provocado por la pelea de los muchachos.
Ambas mujeres habían pasado la mañana juntas. Como Kathleen apenas llevaba unos días en la ciudad, Marinette aprovechó para mostrarle los mercados y varios lugares en donde podría satisfacer las necesidades varias, además de un par de cafeterías. Kathleen había estado algo mortificada de que Marinette se moviera tanto estando en meses muy mayores, pero por lo visto no le afectó mucho. Solo se detuvieron para las necesarias pausas de aire, pero de que Marinette estaba con mucha energía, lo estaba. Ya hacia el final de la mañana, fueron a buscar a Emma a casa de Kagami, pues su madrina le había prometido enseñarle el dojo de su mansión y otras actividades tradicionales japonesas. Para ello hasta le había regalado el kimono. Ya con la niña acompañándolas, ambas mujeres encaminaron hacia la Sorbonne en busca de sus maridos y demás bendiciones.
Fue entonces que se encontraron con la oficina desordenada y con los tres niños mirando la pared. Kathleen puso las manos en las caderas.
-¿Maeve? Espero en serio que no hayas tenido nada que ver. ¡Stuart! -La mujer se fijó en su marido. ¡¿Dejaste que se peleara?! ¡She's a lady! ¡Que vergüenza! ¿Cómo dejaste que...?
-Yo no fui…
-Nah. No fue Maeve esta vez la de la pelea, Love. -Defendió Stuart, levantando sus brazos en señal de paz. -Pero también está castigada.
-¿Adrien? -Quiso saber Marinette, mirando a su esposo, mientras sujetaba su panza. Emma miraba con ojos grandes. Adrien tragó saliva.
-Larga historia, ma lady… Verás…
-¡Louis tiene noooooovia! -Dijo Hugo de lo más burlón, sin poder aguantarse ni un segundo más.
-¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!
Entonces Louis le saltó encima…
-¡NO ES MI NOVIO!
… Junto con Maeve.
Sin duda iba a ser una tarde muy interesante.
FIN DEL OMAKE
MISAO-CG
NOTAS FINALES: Oooookey, digamos las cosas bien dichas: algunos preguntaron en las reviews sobre esto y bueno… aquí lo tienen. No se hagan muchas ilusiones, porque no creo que vuelva a hacer otro omake, pero con mi Musa... nunca se sabe. Por si están al pendiente... estoy preparando una nueva venganza contra Abby. Solo estoy esperando el momento justo... aunque más que venganza, es desafío, pues Abby me dijo en un review por ahí "Your move!", so... Challenge Accepted! Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, info sobre la próxima actualización la pueden encontrar en mi perfil y si gustan que añada algún dato a la brújula cultural, me dicen y veré que hago. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y POR EL APOYO A ESTE FIC!
Nunca se sabe, Manu, nunca se sabe. Ten. Un durazno y ¡GRACIAS POR TODO TU APOYO!
Pues sí, CuentaOlvidada. Adrien tenía que salir de esa casa y al menos lo hizo a tiempo y pudo disfrutar al menos de un poco de su adolescencia en un ambiente sano. Y como viste formó familia y una muy dulce, llegando a extremos para protegerla. Hugo... se hace querer. Abby todavía no me perdona que lo haya matado, pero al menos no le pasó una segunda vez y como viste en este omake, es un hermano mayor normal presto a molestar a su hermano Louis. Respecto de este último, sí, es gruñón, pero un nene muy cariñoso. De mayor no se le nota tanto, pero ahí lo tienes. Y no... sus papás no necesitaban que les desearan fertilidad... aunque ahora podrían poner una tele en el cuarto. Y no... Adrien es mejor que Van Hohenheim de FMA... aunque entiendo a lo que te refieres. Ten. Un durazno y ¡GRACIAS POR TODO TU APOYO!
Es bueno que tengas preguntas, Shion, vamos a ver como te puedo responder. En primer lugar, la musa me dice que llegado el momento, Adrien y Marinette pidieron ayuda a sus cercanos en los que más confiaban y todos pusieron de su parte para evitar que la desgracia se repitiera. ¡Ni idea como Chris/Noel termina enredado con Lila! Pero supongo que mantuvieron el contacto desde que Lila sí fue su niñera tanto tiempo. Y no, en la segunda ocasión, Lila no tiene el miraculous de la mariposa, ese sigue en poder de Gabriel. Ten. Un durazno y ¡GRACIAS POR TODO TU APOYO!
OAO ¡KALA! ¡¿ERES TÚ?! ¡QUÉ ALEGRÍA TAN SOBERANA LEERTE EN ESTE FANDOM Y DESPUÉS DE TANTO TIEMPO! Y claro que me acuerdo de tí, ¿Cómo no? Lamento mucho no haber podido contestar alguien, pero no tenía como. A ver si nos juntamos un día de estos. ¡Sería genial!Ten. Un durazno y ¡GRACIAS POR TODO TU APOYO!
Nunca se sabe, Guest, pero tengo algunos otros proyectos. Ten. Un durazno y ¡GRACIAS POR TODO TU APOYO!
BRÚJULA CULTURAL:
Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados.
Death Wish Coffee: Es una marca de café que dice ser "el café más fuerte del mundo". Se vende en línea principalmente, pero está en algunos supermercados de USA.
Death Wish Coffee comenzó en 2012 y la compañía fue fundada por Mike Brown en Saratoga Springs, New York. Ahora está basada en Ballston Spa, New York. Su centro de producción se encuentra en Round Lake, New York. Death Wish anuncia que su café tiene el doble de la cafeína que una taza normal, pero que no por eso su sabor se vea afectado, pues no sabe ni demasiado amargo ni ácido. Beberlo en demasía podría ser contraproducente, así que se aconseja prudencia, a menos que quieran terminar como Fry, de Futurama, cuando se bebió 300 tazas de café.
