Capítulo 2


—Voy a renunciar ahora —Toshiro miró fijamente a los oscuros ojos de la pelinegra, los cuales no presentaban ningún deje de duda.

—¿Por qué tan de repente?

—Es por razones personales.

La conversación acabó allí. Toshiro entendió que no era un buen momento para conversar de eso, por lo que dirigió su mirada hacia la ventana, viendo el paisaje nocturno. Todo terminó en silencio.

Eran ya las dos de la madrugada y el albino no podía dormir. Estaba pensando en esas palabras, las cuales, simplemente no podía tomar a la ligera: "Voy a renunciar ahora". Las palabras calaban en su interior como filosas navajas.

—¿Por qué no puedo dormirme? —ya eran casi las dos y media y aún no conciliaba el sueño. Su mente no lo dejaba tranquilo.


Era ya de mañana, y en las oficinas del grupo Seireitei, todos los trabajadores ya estaban listos para iniciar su jornada laboral. Una pequeña y menuda chica, la cual estaba hace bastantes años en la empresa, estaba sentada en su escritorio correspondiente, colocándose un poco de lápiz labial. Sus compañeros también estaban tranquilos allí. De la nada, se vio entrar a un robusto hombre a la oficina, algo temeroso y agitado.

—Hachi, ¿qué sucede esta vez? —preguntó la chica.

—Bueno —respiró profundamente Hachi—,acabo de escuchar noticias increíbles.

—¿Qué es esa "noticia increíble"? —preguntó sarcásticamente la chica—. Apuesto a que son solo rumores.

—Hiyori, es completamente real esta vez —dijo para dirigirse a todos nuevamente—. Solo aquellos que puedan digerirlo acérquense —todos se miraron y rápidamente se acercaron a él.

—Ya, ya. Solo dilo —mencionó Hiyori.

—Ya saben, la señorita Kurosaki... —comenzó a decir.

—¿Qué pasa con ella? —preguntó Aikawa, uno de los trabajadores.

—La señorita Kurosaki —continuó diciendo Hachi—... está renunciando —todos allí se miraron sorprendidos por un rato, para luego rápidamente irse a sus asientos —. ¿Qué? ¿No me creen?

—Por supuesto que no —mencionó Risa, otra de las trabajadoras—. ¿Por qué iba a renunciar?

—El señor Hitsugaya realmente la aprecia —dijo Hiyori dando eso por obvio—. Dime, ¿por qué renunciaría? Es una tontería.

—Tiene razón —se escuchó la voz de la mismísima Karin Kurosaki, la cual llegó donde estaban todos, los cuales la miraron sorprendidos—. Realmente estoy renunciando.

—¿En serio? —preguntó sorprendido Aizawa.

—¿Realmente estás renunciando? —preguntó de la misma manera Risa.

—Sí, resultó así —mencionó Karin con una sonrisa,

—¿Ven? ¡Les dije que era cierto! —dijo Hachigen—. Pero, ¿no es demasiado repentino? —le preguntó a Karin.

—¿Por qué? ¿Te vas a casar? —preguntó Aizawa—. ¿Estás consiguiendo otro trabajo? ¿O vas al extranjero a estudiar? —todos miraron asustados, mientras que la morocha solo negó esto.

—Nada de eso.

—Entonces, ¿es por el mal comportamiento del señor Hitsugaya? —preguntó susurrando Hachi.

—Tampoco es eso —respondió Karin con una sonrisa.

—¿Entonces qué es? —preguntó Risa.

—Es solo una razón personal.

—¡El señor Hitsugaya viene! —se escuchó la voz de otro trabajador, y también chófer de la compañía, Shinji Hirako, el cual arregló su traje y se quedó parado respetuosamente mientras saludaba a Hitsugaya, el cual iba pasando. Los demás imitaron este gesto. Toshiro pasó sin saludar a nadie y se encaminó a su oficina. Karin se apresuró a ir a la pequeña cocina que tenían para preparar un té y bocadillos para este. Hiyori y Risa rápidamente la siguieron y le ayudaron.

—No te puedo imaginar no estando al lado del señor Hitsugaya —mencionó Risa algo preocupada—. ¿No lo crees también?

—Todavía no me parece real tampoco —mencionó Karin sirviendo algunas galletas en un pequeño platillo junto al té.

—Me siento tan mal —mencionó Hiyori.

—Lo sé —dijo Risa.

—Esto se sentirá muy vacío sin ti —dijo Hiyori. Karin sonrió ante esto y se despidió de ellas, llevándose consigo la bandeja.


Karin entraba a la oficina de Toshiro, cargando en sus manos la bandeja con el té y las galletas que servían como un pequeño aperitivo, los cuales dejó encima del escritorio de este. El peliblanco estaba mirando la ciudad por el gran ventanal que se encontraba allí, en cuanto sintió la presencia de la morocha volteó, para luego ir y sentarse en su cómoda silla, la cual dio un rechinar al momento en el que el peso del joven hizo contacto con esta. Karin solo se le quedó mirando y, al escuchar el rechinar, tomó su celular y envió un rápido mensaje.

—Estás pensando en cambiar la silla giratoria, ¿no? —adivinó el peliblanco.

—Eres grandioso —mencionó ante esto la morocha.

—Sé todo lo que pasa por tu cabeza —mencionó reposando su cabeza en sus manos—. No lo dices enserio, ¿verdad? Realmente no tienes la intención de renunciar.

—Debo decirle que esta vez está equivocado.

—¿Cuál es la razón? —preguntó algo molesto—. ¿Es porque te he hecho trabajar hasta altas horas de la madrugada y fines de semana?

—Voy a publicar un anuncio de trabajo dentro de esta mañana —mencionó Karin tratando de cambiar el tema—. Haré mi mejor esfuerzo para clasificar a los mejores candidatos. Solo tendrá que entrevistar a los candidatos finales —Toshiro suspiró.

—Como quiera —dijo volteando. Karin se despidió con una reverencia y salió de la oficina, tumbo a su propio escritorio para empezar a escribir el anuncio.

Pasado un rato ya lo estaba terminando, le hizo los últimos retoques y publicó el anuncio en las páginas de búsqueda laboral. Una sonrisa se le escapó ante esto y, al voltear su rostro, cual fue su sorpresa al ver al mismísimo Toshiro Hitsugaya frente a su escritorio, con una mirada que mataría a cualquiera y sus brazos cruzados, observándola atentamente. Esta se levantó rápidamente de su asiento, ago sorprendida y aterrorizada.

—Señor Hitsugaya, ¿necesita algo? —Toshiro se relajó.

—Iré a la oficina de Kyoraku —avisó—. Traspasa mi conferencia para la tarde —le ordenó, a lo que esta asintió—. Ah, y comeré en casa, así que tú te encargas de tu almuerzo —mencionó yéndose.

—Si señor —Karin suspiró al momento en que este se fue, y se acomodó nuevamente en su asiento, guardando algunas cosas en su bolso y tomando su celular.

—¡Karin! —se escuchó la voz de Hiyori y su rápido andar hacia su escritorio, traía consigo una bolsa—. Todavía no has almorzado, ¿verdad? ¡Comamos juntas! —dijo esta empezando a sacar lo que traía.

—Lo siento —se disculpó la morocha—. Tengo que irme y atender unos asuntos personales.

—¿Sin siquiera comer? —preguntó sorprendida la rubia—. ¡Come solo un poco!

—Lo siento —se volvió a disculpar—. Tal vez en otra ocasión —dijo tomando su bolso y saliendo rápidamente de allí. La rubia solo la vio irse.

—Pff... ¿Cuál es su problema? —se dijo—. Y yo aquí pidiéndole que comiéramos juntas —sonrió—. También soy una persona ocupada, ¿sabes? —mencionó sarcásticamente.


—¿Cuál podría ser su razón? —preguntó Toshiro.

—¿A qué te refieres? —preguntó Kyoraku mientras revisaba algunas cosas en su computadora.

—La verdadera razón del por qué quiere dejar su trabajo tan repentinamente —mencionó el peliblanco.

—Ah, te refieres a la señorita Kurosaki —dio por obvio el mayor.

—No había nada que no pudiera entender de ella antes, pero no puedo entender esto —suspiró—. Es tan frustrante que me marea.

—¿En serio? —preguntó Kyoraku suspirando. Se levantó de su asiento dirigiéndose a uno de sus estantes, de donde sacó unas bolsas para luego dirigirse a sentarse frente al peliblanco—. ¡El ginseng rojo es el mejor cuando el nivel de azúcar en la sangre es bajo! ¿Quieres un poco? —le ofreció al peliblanco. Este solo lo miró rechazante.

—¿En serio me estas diciendo que coma algo lleno de azúcar que solo tiene un 0.03 por ciento de ginseng rojo puro? —preguntó sarcásticamente, el mayor se quedó callado—. No, gracias. Solo dime por qué la señorita Kurosaki está haciendo esto.

—¿Realmente no lo sabes? —mencionó Kyoraku—. Es obvio que ella logró manejar este trabajo por lo últimos nueve años, llaman a estas chicas un "ángel celestial" —dijo casi emocionado, a lo cual el peliblanco le miró mal. Esto asustó al mayor—. ¿Qué acabo de decir? Dos... dos... ¡Nueve años! —Toshiro lo miró confundido—. Hay algo que llaman la regla del 3, 6, 9.

—¿Regla del 3, 6, 9?

—Hasta que se establezca el agotamiento —mencionó—. Ya sabes, cómo mi esposa y yo éramos las almas gemelas —empezó a recordar el mayor—, cuando estábamos en un mes de nuestra relación y la amaba lo suficiente como para casarme con ella...

—Soy consciente de eso, y también de que ustedes dos intercambiaron los papeles de divorcio en lugar de regalos en el décimo aniversario de su boda —le interrumpió Toshiro, a lo cual el mayor asintió algo frustrado.

—Eres muy cruel —dijo este—. ¡Al principio los dos estábamos ardiendo de amor el uno por el otro! Pero... Lo que ella dijo en nuestro tercer aniversario fue...


Flashback


—¿Por qué me enamoré de un hombre como tú?

"Y en nuestro sexto aniversario"

—Disculpe, ¿camarero? —sintió una palmada en su cabeza, a lo cual giró.

—Lo siento, pero solo quiero darte una bofetada cuando veo la parte de atrás de tu cabeza.

"Y en nuestro noveno aniversario".

—Estás desperdiciando aire, ¡idiota!


Fin del flashback


El mayor sorbeteó su nariz para evitar llorar ante esos recuerdos.

—Tú no —dijo Toshiro—, estás llorando en este momento, ¿verdad? —apuntó a sus propios ojos.

—¿Está bien si lloro?

—No —el mayor suspiró.

—Recordando —habló—, creo que el agotamiento se instaló en el 3°, 6° y 9° año. Es como una manzana magullada.

—¿Una manzana magullada? —preguntó confuso el peliblanco.

—Sí —dijo Kyoraku—. Todo lo que tienes que hacer es cortar la parte podrida y comer la manzana, pero sin enojarte. Es por eso que prefieres comer una manzana en perfecto estado —trató de explicar el mayor—. Pero, ¿qué sucede cuando esta manzana magullada está entre otras manzanas? —el peliblanco lo miraba atentamente—. ¡Entonces las otras manzanas se magullan también! Finalmente, todos se magullan y se pudren —finalizó Kyoraku.

—¿A dónde quieres llegar? —preguntó el menor.

—Antes de que las cosas se pudran aún más, debes hablar con ella y realizar un avance significativo.

—¿Un avance significativo? —pensó el peliblanco—. Eso es fácil —mencionó levantándose.

—Avíseme si necesita ayuda para conseguir ese avance.

—Te divorciaste porque no conseguiste hacerlo —mencionó Toshiro saliendo del despacho del mayor.

—Es verdad.


En las calles de Karakura se veía caminar elegantemente a una pelinegra, luciendo perfectamente su blusa y falda perfectamente. El día era cálido y las personas caminaban por las calles, tumbo a sus trabajos o a almorzar. Por esa hora, ningún estudiante se hacía visible. Karin había llegado a su destino, un banco. Esperó que la llamaran y la atendieran. Sacó de su bolso un sobre, el cual contenía dinero.

—Aquí está el pago del préstamo —dijo tendiendo el sobre a la oficinista frente a ella—. Esto es lo último, ¿verdad?

—Así es —respondió esta recibiendo el sobre y leyendo la información—. ¿Entonces tu nombre es Secretaria Kurosaki?

—No —respondió rápidamente Karin—. Mi nombre es Karin Kurosaki —dijo sosteniendo nuevamente el sobre y cambiando la información, escribiendo correctamente su nombre para devolvérselo—. Aquí está.

—Gracias —la morocha esperó a que esta terminara el papeleo, cuando de pronto su celular vibró con una llamada entrante del vicepresidente.

—Señor. ¿Ahora mismo? —respondió sorprendida—. ¿Me quieres allí también?


El sonar de sus tacones se hacían retumbar en los oídos de algunos que pasaban. La morocha corría a toda prisa para llegar puntual donde el vicepresidente la quería. Estuvo a punto de tropezarse y romper uno de sus tacones, pero lo logró. Llegó justo a tiempo para ver al Hirako salir, y detrás de este a Hitsugaya, el cual, al ver a la chica, volteó y conectó miradas. Pero no eran amables, sino que de completa confusión. Desvió la mirada y subió al auto. Karin suspiró, tratando de regularizar la respiración por el esfuerzo que hizo al correr.

—Nos dirigimos a su casa —le informó a Hirako. El cual asintió y se subió al asiento del piloto. Detrás de este fue Karin, la cua se sentó a un lado de Toshiro. Iban callados, hasta que la morocha decidió romper el silencio—. Me diste a impresión de que irías solo a tu casa. ¿Por qué quieres que vaya de repente?

—Un avance significativo —dijo Toshiro susurrando.

—¿Qué? —cuestionó Karin, pero el peliblanco no le respondió. Sino que se quedó mirando el paisaje rumbo a su casa, lo cual dejó en claro el ambiente de incomodidad.

Después de un rato de viaje habían llegado a a casa del mayor, caminaban hacia la entrada de la lujosa casa, sin conversación alguna, solo el sonido de sus pasos, hasta que el peliblanco volteó, dándole un pequeño susto a la morocha.

—Sabes que no soy alguien que da segundas oportunidades —le dijo como si nada.

—Sí, lo sé señor —respondió respetuosamente la morocha.

—Pero por ti haré una excepción especial y te daré una oportunidad más.

—¿Perdón?

—Es algo que no te daré nunca más —le mencionó— Te ascenderé a director.

—E-Eso no es...

—Si es mucho trabajo contrataré a alguien más para que le ayude —dijo rápidamente interrumpiéndola—, y la compañía también le proporcionará un automóvil. Y si lo desea, incluso puedo hacer que la compañía pague su alojamiento —dijo, Karin no sabía que decir—. ¿Ya han sido pagadas todas las deudas de tu familia? —la morocha iba a responder ante esto, pero Toshiro no la dejó—. También me ocuparé de eso. Bien, trabajemos duro a partir de ahora.

—Ah, disculpe, señor Hitsugaya —comenzó a hablar la morocha.

—Te garantizo, que no encontrarás una oferta así en ningún otro sitio —le interrumpió nuevamente el peliblanco— Además —mencionó sonriendo—, no podrás encontrar otro jefe que sea tan perfecto como yo —Karin lo miró estupefacta—. No te juzgaré, incluso si aceptas de inmediato mi oferta, así que solo acéptala y continúa trabajando para mi.

—Señor Hitsugaya, verá...

—¡Toshiro! —se escuchó una voz femenina llamar al peliblanco. Ambos jóvenes dirigieron su mirada hacia donde provenía la voz, encontrándose con la tía del peliblanco. Bueno, en realidad es una larga historia. El peliblanco perdió a sus padres siendo muy joven, quedándose con sus tíos y su medio hermano mayor. El matrimonio Ichimaru adoraba a sus sobrinos—. Oh, señorita Kurosaki, también está aquí —dijo con una sonrisa la mujer, llamada Rangiku.

Todos entraron a la casa, en donde fueron recibidos por el tío de Toshiro y esposo de Rangiku, Gin Ichimaru. Este sonrió ante la llegada de su sobrino y de Karin, pues el matrimonio también adoraba a a morocha, y agradecía enormemente los cuidados que tenía esta hacia su sobrino menor. Todos comieron alegremente entre platica y platica y graciosas peleas del matrimonio. Cuando acabaron, Gin y Toshiro se fueron al estudio a conversar, mientras que la mayor se llevó a la morocha con ella a tomar un poco de té.


—La adquisición de la aerolínea va bien, solo faltan algunos papeles y habremos terminado con eso —le decía el ojiturquesa a su tío, el cual, no le prestó la mínima atención sobre eso.

—Entonces, ¿planeas no casarte? —preguntó Gin.

—Así es —mencionó Toshiro. Al mismo tiempo, Gin comenzó a fingir que se sentía mal, tocándose el tórax y tosiendo como si de verdad estuviera enfermo—. ¿Estás bien?

—¿Te parece que estoy bien? —preguntó molesto el mayor—. No creo que me quede mucho tiempo.

—Vi los resultados de tu revisión anual, y estás completamente sano.

—¡Esos punks no saben nada! —alegó el mayor—. Conozco mi cuerpo mejor que nadie —mencionó—. Tu tío solo tiene un deseo antes de morir, ¡y eso es tener nietos! —Toshiro quería irse cuanto antes, pues era una situación muy incómoda, por lo que solo lo ignoró—. Ni siquiera diré qué es lo que necesitaría mi futura nuera —el peliblanco seguía ignorándolo—. ¡Me enteré que la señorita Kurosaki quiere renunciar! —ante esto, el mayor captó la atención del más joven.

—Eso no sucederá —afirmó Toshiro—. No dejaré que pase.


Ambas mujeres estaban calmadas y en silencio, sonriéndose mutuamente mientras bebían una taza de té caliente en la sala de estar.

—El clima —rompió el silencio la mayor—... Es genial hoy, ¿no lo cree? —Karin asintió sonriente ante lo dicho por la mayor—. Se trata de Toshiro —mencionó—. Escuché que lleva a las chicas a reuniones de aquí para allá, pero que sus relaciones no duran mucho. Parece que tampoco puede salir con ellas seriamente. Dicen que es solo para aparentar. ¿Es verdad? —preguntó.

—Sí —respondió Karin.

—Dicen que no permite que las chicas lo toquen, ¿es cierto?

—Sí —volvió a responder Karin. El rostro de Rangiku se puso serio y temeroso.

—Entonces, es mi sobrino realmente... G... G... —intentaba formular la palabra.

—¿Gay? —Rangiku se silenció por un momento, temerosa de la respuesta. Karin rió ante esto—. No, no lo es.

—¿En serio?

—Así es —afirmó la morocha—. He trabajado para él durante mucho tiempo, y lo conozco muy bien.

—Ah, gracias a Dios —respiró tranquilamente la mayor—. He hablado con Gin acerca de eso, y estábamos muy preocupados acerca de si los rumores eran ciertos—. Quiero preguntarte algo —Karin le prestó atención—. ¿Cómo es él a los ojos de las chicas?

—El es genial —respondió Karin—. Es competente, encantador y agradable —trató de mentir, lo cual le resultó perfectamente—. Es impecable y perfecto.

—¿Verdad? —rió la mayor—. Realmente tienes buen ojo para las personas —alagó a la morocha—. Sería genial que alguien apareciera para ser su novia, por ejemplo, alguien como tú —la menor la miró sorprendida y nerviosa—. ¡Estoy bromeando! —rió la mayor, ante lo cual la menor le siguió. De la nada, Rangiku se puso seria—. Lo casaré inmediatamente si aparece una mujer como tú —Karin se puso seria, y las palabras no salían de su boca. Rangiku rió otra vez—. ¡Estoy bromeando!

—Vamos señorita Kurosaki —se escuchó la voz de Toshiro provenir de la entrada a la sala, a o cual ambas mujeres voltearon. Karin tomó rápidamente sus cosas levantándose.

—Sí señor. Ha sido un placer señora —se despidió de la mayor.


—¿Mi tía te hizo sentir incómoda? —cuestionó el peliblanco a la morocha.

—Un poco, sí —habló con sinceridad—. Parecía querer hacer las cosas entre tú y yo.

—¿Y? —sonrió Toshiro, volteando a verla—. ¿Te emocionaste? —Karin negó.

—No, me aseguré de que debía renunciar lo antes posible antes de involucrarme más en esto.

—¿Qué? —preguntó sorprendido—. Pensé que ya habíamos resuelto esto. Sabes bien que te he ofrecido una impactante oferta —mencionó fastidiado el ojiturquesa.

—Sí, se que me has ofrecido una gran oferta —mencionó—. Pero aún así quiero renunciar. Lo siento —Toshiro suspiró ante esto, y lentamente se acercó a la morocha, mirándola fija y seriamente.

—No me hagas ser competitivo en esto —dijo casi temblando por el enojo. Karin lo miró sorprendida sin saber que decir. Pues cuando Toshiro quería lograr algo, lo hacía sin importar qué, y ahora, el peliblanco había decidido no dejar ir a la morocha.


Pero que buen capítulo jaja, ya presentamos otros personajes, y aún faltan :)

Espero les haya gustado.

La actualización irá así de fácil.

Por cierto, a historia de Toshiro se sabrá más adelante, así que esperen ansiosas :) (Creo que las mataré de intriga)

Nos vemos~