Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...

Muchísimas gracias por vuestros comentarios y por vuestros deseos. Lo volveré a repetir porque me ha llegado algún que otro comentario defendiendo que esta obra pertenece a AsiDeSimple, es cierto, yo soy AsiDeSimple y me robaron mi cuenta. De modo que me creé otra cuenta y tras pensar mucho tiempo en si debo o no volver a subir todas las historias que tenía para que estén aquí y quien quiera las pueda leer, pues decidí hacerlo. Si supone algún inconveniente, no pasa nada, simplemente dejaré de subirlas. Por otra parte, me alegra descubrir a las nuevas lectoras. Prometo actualizar más seguido, he tenido una serie de eventos entrelazados y por eso me he retrasados. Un saludo a los nuev s lectores y a los antigu s.

Capítulo 2

Shizuru

Por mi propio pie

"Me siento agobiada, Reito. No puedes estar constantemente tomando decisiones por mí, que solo me conciernen a mí." Estaba realmente sulfurada con él.

"¿Qué es lo que te molesta tanto? Tu padre fue el que me ha llamado a mí, ¿por qué la tomas conmigo?" Odio cuando mantiene la calma como si esta discusión no fuera con él.

"Es que tú se lo permites. ¿Desde cuándo tomas tú las decisiones de esta relación?" Miro como se abrocha la camisa sin inmutarse. "¿Me estas escuchando?"

"Por supuesto que te escucho, amor mío. Pero sinceramente no entiendo por qué estás tan cabreada. Solo es una cena. No he tomado ninguna decisión trascendental. Quiso saber cuándo nos viene bien cenar con él y decidí que para la semana que viene estaría bien. Solo es una cena." Maldito engreído.

"¿Por qué decides algo sin consultármelo?" Parece que no escucha cuando hablo, su calma era sinónimo de pasividad y eso me alteraba los nervios considerablemente.

"Si no te viene bien la semana que viene lo llamaré y la cancelaré. Lo aplaceré para otra fecha. Pero empieza a vestirte porque no llegamos y sabes cómo odian esperar mis padres." Decía de manera calmada Reito, nada podía alterar sus nervios, aunque tuviera la más horrible de las crisis nerviosas.

"Permíteme que te ilumine un segundo, ni llamarás, ni cancelarás y tampoco aplazarás. Si no te has dado cuenta que esta relación es mía y tuya no de nuestros padres, creo que hemos terminado." Ya está, ya lo he dicho. Por fin deja de mirarse al espejo para fijarse en cómo me siento.

"¿Estás hablando enserio? ¿Quieres hacer esto ahora? Tenemos la reserva en media hora y rompes conmigo. Por lo menos vístete, porque mis padres no tienen que aguantar tus niñerías." Suelta como si regañara a su hermana pequeña, en lugar de su novia.

"Reito, no quiero verte y mucho menos ahora deseo ver a tus padres. Llamaré y me disculparé, seguro que lo entenderán." Por fin ha entendido la indirecta.

"Estas haciendo todo esto por haber hablado con tu padre a tus espaldas, ¿es eso? ¿Estas disgustada porque no te llama a ti para vernos sino a mí?" Me levanto del sofá y camino hacia la cocina mientras él me sigue. "Necesito saber exactamente por qué motivo rompes conmigo, necesito saber qué te pasa. Vamos Shizuru, háblame." Se le acabó la calma.

"Solo me escuchas cuando alteras mis nervios, Reito. Odio que tú y mi padre toméis decisiones por mí. Odio que me lleves de la mano a cenas programadas por ti sin consultarme. No estamos casados, ¿por qué simplemente no podemos salir juntos a cenar a solas o con nuestros amigos? ¿Por qué simplemente no podemos decidirlo los dos? Tienes que presionarme a ir a cenas que no quiero y hacer planes que no deseo. Odio sentirme así, odio estar con alguien que no me valora. Esto debe acabar hoy, ahora. Porque no puedo más. Es superior a mí. ¿Lo entiendes?" Estaba al borde del colapso y el chico con el que decidí pasar el resto de mi vida, de un día para otro empezaba a manejar mi vida a su antojo.

"Está bien, dame una oportunidad, sabes que eres lo más importante para mí, te juro que te valoraré más. Yo no puedo…" Le interrumpí.

"Reito, necesito un tiempo. Necesito pensar en esto. Saber que me necesitas en tu vida como yo en la mía. Pero, sobre todo, necesito tiempo para mí. Para reflexionar." Me acerqué a él y lo miré directamente a los ojos. "Te quiero y quiero que esto sea como el primer día, pero todo ha cambiado y ha cambiado para mal." Comenzaban a saltarle las lágrimas.

"De acuerdo, necesitas un tiempo. Pero esto no es un adiós. Mañana lo veras todo con ojos diferentes. Me voy, mis padres están esperando." Cogió la chaqueta y se puso la corbata mientras bajaba por el ascensor.

Aquel día fue horrible, conozco a Reito desde que iba al jardín de infancia. Más que mi novio era mi amigo de la infancia, nuestros padres se conocen incluso antes de haber nacido y hemos sobrevivido a diversas catástrofes familiares. Desde el divorcio de mis padres, hasta la muerte de su hermano. No era la primera ruptura que sufríamos, pero si la más dolorosa. Desde que mi padre comenzó a agobiarnos con el compromiso y con los planes de la empresa de incluir a Reito y a mí en ella, se ha puesto muy tenso. Entiendo que quiera agradar a mi padre e incluso entiendo que intente ser el hijo ejemplar para consolar la perdida de sus progenitores. Pero he de pensar en mí, merezco ser feliz. Siempre soñé con tener un amor intenso, con el príncipe azul de brillante armadura, tan perfecto como el que tenían mis padres cuando yo era niña, pero mira como les fue, cada vez me doy cuenta de que la pareja perfecta no existe y ponerse la máscara y fingir a veces supera mis capacidades. Ni siquiera estoy estudiando la carrera que deseo, ni siquiera estoy viviendo la vida que quiero y mucho menos estoy enamorada de Reito. Creí que el amor me sorprendería con la convivencia, con el roce, pero estoy más vacía que al principio. Todos mis ideales de lo que es vivir y el amor se han ido al traste desde que mi padre decide cada paso que doy y desde que Reito lo supervisa. Es como si no tuviera escapatoria. Necesito un trago urgente.

Mientras me bebo el whiskey decido llamar a Mai, mi mejor y fiel amiga. La única persona en el mundo que mi padre no ha logrado contaminar con sus ideas absurdas de los negocios. A Mai la conocí en el instituto, sus padres unos importantes empresarios de Hokkaido se divorciaron y Mai regreso a Tokio con su progenitora. Mai es un ser de alma libre y bondadosa, desprende esperanza por cada sonrisa que regala y junto a ella parece que todo sea posible. Desde que la conocí, mi vida fue irremediablemente ligada a la suya. No importaba cuan duro parecía el fracaso, junto a Mai todo se veía desde otra perspectiva. Ella lo llama 'el lado bueno de las cosas'. Fue como si esperase mi llamada. Al primer tono se descolgó la llamada.

"Mai, ¿puedes venir a casa?" Solté al borde de las lágrimas.

"¡Claro! ¿Va todo bien?" Conocía cada secreto de mi alma.

"Lo he dejado con Reito, esta vez es definitivo. No quiero volver a verle." Un silencio sepulcral al otro lado de la línea.

"¿Estas bien?" Comencé a llorar.

"No, me ha obligado a ello Mai. Jamás me hubiese separado de él. Era perfecto y maravilloso y a nuestra manera hacíamos una buena pareja." Dije completamente rendida.

"Ahora voy. No cometas ninguna locura." Colgó la llamada.

Me senté a esperar en el sofá de casa, este apartamento era tan grande y tan frío. No lo echaría en falta la semana que viene. Este fin de semana por fin volveré a trasladarme a los dormitorios de Waseda y podré tener a Mai cerca, volver a un poco de normalidad, a un ambiente más común, rodeada de jóvenes llenos de promesas y de ilusión. En seguida el remordimiento se apodera de mí y justo cuando comenzaba a tomar falsas decisiones en mi interior. Llaman a la puerta, sin duda era Mai. Al abrir sin mediar palabra me abraza hasta que todos mis trozos se recomponen.

"¿Estas mejor?" Me susurra al oído.

"He estado mejor, me duele tanto saber que le he causado daño." La culpa me mataba. "Ha tenido que marcharse a la cena de sus padres destrozado. Si vieras sus ojos a punto de romper a llorar. Me siento horrible." Cerró la puerta tras de sí y me guió hasta mi habitación sentándonos en la cama, preparadas con el pijama puesto. Era lo que más nos gustaba. Sentarnos a hablar de nuestras cosas como si aún celebráramos alguna fiesta de pijamas.

"Se le pasará. Te mereces amar Shizuru y si él no es el amor de tu vida, no pierdas más el tiempo. Eso significa que está ahí afuera esperando por ti." La alegría de Mai era lo que más brillaba en su interior.

"Pero Reito es un buen chico." Mai asentía con la cabeza. "Y no se merece esto."

"En eso estoy de acuerdo. No se merece estar con alguien que no le ama. Los dos merecéis lo mismo, así que lo mejor para los dos es separaros y cada cual tomar un rumbo diferente. ¿Habéis discutido por lo mismo?" Preguntó preocupada haciendo una mueca adorable con los labios.

"Es que no puedo hacer nada que no esté apuntado previamente en la agenda de mi padre o en la de Reito. Todas las salidas están programadas, todas las cenas están supervisadas bajo su atenta mirada. Es como si fuese una marioneta que se turnan entre los dos. Mi propio padre ya ni siquiera me llama para verme, concreta una cita con Reito. Es superior a mi entendimiento, como si saliera con una extensión de mi propio padre." Me quejé.

"Menudo control. Tu padre llevará el registro de tus noches locas con su extensión." Comenzamos a reír. Mi mejor amiga tenía la facilidad de relacionar cualquier aspecto con la intimidad de una alcoba.

"Hace tiempo que no tengo una noche loca. Hasta los encuentros íntimos son tan fríos." Le comenté en confianza a mi amiga.

"Eso puedo remediarlo yo." Alcé una ceja "No conmigo pervertida, podemos salir a divertirnos. La noche es joven y seguro que encontramos algo fuera de serie que puedas llevarte a la boca." Sonrió divertida.

"Ara… Mai, que atrevida. ¿Desde cuándo te desmelenas?" Cuestioné asustada por los recientes cambios.

"Desde que dejan de llamarme al día siguiente. Te propongo algo, vamos a salir y vamos a hacerles a esos cretinos lo mismo que hacen con nosotras. Nos pondremos rompedoras, ligamos con un par chicos guapos y tendremos una noche loca de las que te hacen falta." Me reía por la ocurrencia de mi amiga.

"Y al día siguiente no les devolvemos la llamada." Me guiñó el ojo.

"Exacto hermana. Es más mientras menos información demos mejor. Si puedes incluso no dar tu nombre o dar uno falso…" Suspiró "Me apuesto a lo que quieras que Reito jamás ha probado tu garbancito." Me puse completamente colorada.

"Ara, no reconozco a mi amiga. Ya me habla hasta de garbancitos." Decidida se levantó de un salto de la cama y se dirigió al armario.

"Fuera pudor, ese es mi nuevo lema, si a todo. Y como no me has contestado, veo que estas falta de un buen revolcón. Necesitas que alguien recorra su lengua por todo tu cuerpo y querida lo necesitas ¡ya! Así que, fuera penas y busca algo sexy que esta noche vamos a triunfar. Año lectivo nuevo, vida nueva." Soltó su discurso mientras elegía entre mi ropa alguna combinación que le sentara bien.

"¿Me gustaría saber de dónde sacas tantos disparates?" No podía dejar de reír. Obviamente me tomaba todo aquello como una broma, era su forma de animarme o por lo menos eso pensaba.

"Se me ocurren sobre la marcha." Se giró hacia mi dirección. "¿Qué haces aun sentada en la cama? No me hagas ir por ti a desnudarte…"

En un abrir y cerrar de ojos estacionábamos el coche frente al local más famoso de todo el campus. Para poder entrar había que hacer una interminable fila y así era todos los fines de semana. Por suerte para nosotras, éramos conocidas del propietario que era nada más ni nada menos que mi compañero de clase en económicas, su progenitor le había cedido un dinero y él para demostrar que era capaz de llevar los negocias al finalizar la universidad, abrió aquel flamante local, para sorpresa de todos le fue muy bien, tanto que se plantea desligarse de los asuntos del padre para centrarse en abrir más locales del mismo estilo por todo Japón. Ya que somos compañeros de clase y amigos a su vez podía entrar y salir sin necesidad de las largas esperas y hacerme con una sala VIP cada vez que visitara el local.

El ambiente era muy denso, la música a todo volumen asfixiante y todos los chicos que se nos acercaban eran latosos. Bebíamos, bailábamos y saludamos a infinidad de caras conocidas, compañeros del campus, de carreras e incluso fans de clubs que nos pedían consejos acerca de ropa, complementos e incluso de chicos. Las horas se sucedían hasta que mi amiga divisó a un posible candidato del que quedó prendida en el instante en el que lo vio. Tanto fue la admiración, que provocó un torpe tropiezo para entablar conversación. Y es que Mai una vez desatacada es imparable.

"Lo siento, iba distraída con mi amiga y tropecé." Ni corta ni perezosa mintió descaradamente cuando fue directamente en su dirección. "¿Puedo invitarle a una copa a modo de compensación?" ¡Es tan obvia!

"Ara… Creí que estabas tan cansada que no soportabas más este sitio." Esa era la señal para mostrar nuestro desacuerdo ante la elección de cada una.

"Un segundo, tengo que hablar con mi amiga." Tiró de mi codo hasta cerciorarse de que nuestra pequeña charla estuviese fuera del alcance de los oídos de lo que parecía nuestros acompañantes. "¿Qué pasa? Parece que no te quieres divertir." Espetó.

"¿Se puede saber en qué pensabas exactamente? Solo veo un chico y una chica, y permíteme la observación, pero la chica está enfadada." Alcé una ceja en señal de esperar alguna protesta.

"Lo sé. Pero ese chico lo he visto desde que ha entrado y me encantaría poder conocerle." Contestó como un infante ante el deseo de un caramelo. "¿Podrías entretener a su amiga, aunque sea un ratito?" No daba crédito a lo que escuchaba.

"Ara,… ¿creía que estábamos aquí para animarme?" Y como era de esperar formó el puchero más adorable que podía. "De acuerdo, tú ganas. Pero date prisa porque la chica a la que tengo que entretener se va." Señale en dirección a los acompañantes.

"¿Qué queréis tomar, os invito a una copa?" Cuando oí que no solo coqueteaba con el chico si no con ambos, me giré resoplando en señal de que me espera una larga noche haciendo de niñera mientras mi adorable amiga se divertía con aquel rubio.

Me dirigí sobre mis pasos de nuevo hacia la sala VIP que habíamos abandonado con el fin de interactuar con el gentío. Dado el hecho que voy a ser testigo de cómo mi amiga se abalanza sobre aquel sonriente chico, además con un aire pervertido pues no había apartado la mirada del escote de ninguna de las dos, subía las escaleras que conducían a la sala con pesadez, para comenzar con las copas lo antes posible. Mi amiga que había advertido el tedio que me invadía la compañía se apresuró de nuevo en reunirnos.

"Shizuru, ¿no dijiste que estabas cansada de vivir una vida monótona? Pues ahí lo tienes, cambia de actitud. Puedes empezar probando cosas nuevas." Susurró a mi oído mientras me mostraba con la mirada a la amiga del susodicho pervertido.

"Mai… no te reconozco. ¿Acaso has perdido el juicio?" Indignada me quedé de que me propusiera dicha idea absurda.

"Mírala bien. Es atractiva y tiene bonitos ojos." Mi cara no cejaba en sorprenderse. "Y lo más importante es que pruebas algo completamente diferente." Seguía sin poder creerme sus palabras.

"Creo que no te has dado cuenta de que es una mujer. Y que probablemente sea amante de aquel al que te quieres cenar." Dije mientras tomaba un trago de champagne.

"No creo que sean amantes, he coqueteado con él delante de ella y ni siquiera ha parpadeado. Creo que es una amiga y que le gustan las mujeres porque me ha hecho una radiografía." Esta noche mi amiga se estaba luciendo no solo en libertinaje sino también en vanidad. "No me mires así, quedamos en que la entretenías un rato. Además, hacerlo con una mujer no son cuernos. Piénsalo."

"¿Qué?" La miré extrañada por las tonterías que soltaba. "De acuerdo, se rápida por favor." Lo dejé estar y serví cuatro copas del fabuloso champagne y nos dirigimos hacia nuestra prometedora noche.

Cuando me senté en el sofá tan incómodo que había en la sala fue cuando me digné a fijarme en la susodicha, solo por pura curiosidad, para corroborar la observación de mi amiga. Y cuando mis ojos se toparon con aquel mar de esmeraldas que tenía por ojos aquella joven, me perdí completamente, su figura tan esbelta y femenina, su boca de labios apretados que ligeramente entreabría cuando comenzaba a reír y la impresionante cabellera cobalto, tan suave que caía cual cascada sobre sus hombros, realmente era atractiva. Poseía una belleza completamente exótica y hechizante. A medida que íbamos bebiendo y charlando su cara se me hacía completamente conocida. Como si aquella noche fuera solo una excusa para reuniros después de un largo tiempo guardando silencio. Cuando me quise dar cuenta mi amiga y su amigo habían desaparecido y en aquella sala únicamente estábamos las dos. Hablando como si no existiera el mañana de cosas que a ninguna de nosotras nos importaban, fue cuando me di cuenta de que tal vez Mai tuviera razón, que tanto ella como yo jugábamos al mismo juego y que ambas queríamos el mismo fin. Por un instante no sé si fue obra de las cuatro copas de champagne, pero mi acompañante no dejaba de hablar y yo sin querer paseé mi mirada por cada rincón de su ser hasta colocarla sobre sus labios, que se movían en una danza hechizante como todo su ser y sin planearlo ni pensarlo directamente la besé y me dejé llevar como anunció mi querida amiga Mai. Me encontraba tan a gusto entre sus brazos y tan ensimismada entre sus labios que me sorprendí cuando me susurró con aquella voz tan grave que a mi oído sonaba tan terriblemente sexy.

"¿Nos vamos a otro sitio?" Sentir su aliento en mi cuello y su voz vibrar en mi interior me pilló tan desprevenida que me tensé como acto reflejo. Oírla fue como despertar de un profundo letargo.

"No podemos ir a mi casa." Titubeé al tener sus ojos tan cerca.

"Tranquila, vamos a la mía." Me costaba tanto rehusar, si fuese otro escenario me negaría en redondo. ¿Cómo iba a ir a casa de una completa desconocida para hacer 'eso'? Pero lo cierto era que no podía dejar de mirar sus apetecibles labios, necesitaba de sus besos aquella noche. Al ver que me tendía la mano en busca de respuesta.

"Solo si vamos en mi coche." Sonaba como una estúpida condición infantil, pero debía decir algo, al tenerla tan cerca mi normalidad dejaba de funcionar y hasta mis frases ingeniosas se iban al traste.

Nerviosa durante todo el trayecto hacia su casa y ansiosa por la breve separación de nuestras bocas, no dejaba de pensar que tal vez me equivocaba con todo esto. ¿Y si era una trampa para seducir jovencitas de mi posición para hacerles después algún tipo de chantaje? Miraba de reojo hacia donde se encontraba ella y capturé cierto nerviosismo por parte de ella también, cosa que al principio me originó multitud de dudas también pero que poco a poco fui despejando cada duda, llegando a la conclusión de que tal vez, solo intentaba pasar un rato agradable, tal vez su amigo también la haya animado para dejarse llevar aquella noche y que en definitiva éramos dos libertinas inexpertas en su noche de iniciación. Cuando señaló que habíamos llegado y estacionamos justo a la puerta de unos talleres de automóviles y piezas de recambios, escruté la calle y el lugar señalado por ella. Cuando mi mirada se volvió a cruzar con la de ella, nuestros labios volvieron a rencontrarse. Sin pensármelo dos veces, de nuevo me dejé llevar por ella y esta me guio hasta su habitación. Donde comenzamos a desnudarnos con torpeza sobre el escritorio revolviéndolo todo a nuestro paso hasta que fuimos de bruces hacia la cama donde el deseo terminó de cegarnos y como si fuese un baile ensayado innumerables veces para culminar exitosamente, nuestros cuerpos se unieron para culminar con éxito un breve encuentro que jamás lo habría previsto. Rendida, dejé caer mi cabeza sobre su pecho y abrazadas me invadió un profundo sueño. Con los primeros rayos de luz que se filtraron por la ventana, como si pudiese oír mi despertador a kilómetros, abrí los ojos para descubrir que todo lo que había ocurrido anoche no fue meramente un sueño. Sentí la calidez de su cuerpo bajo mis brazos y dado que desperté en la misma postura que cuando Morfeo me atrajo a su reino, pude oír el leve latir de su corazón bajo mi cabeza. Si existía en mi vida algún momento de paz y de tranquilidad fue en ese breve instante, antes de salir huyendo al mirar mi teléfono móvil. Había como veinte llamadas perdidas de Reito y si no contestaba en cuanto antes era capaz de mandar a las fuerzas aéreas o lo que era peor, ponerse en contacto con mi padre. Me deslicé suavemente de su abrazo y recogí mis pertenencias esparcidas por el suelo y el escritorio. Estuve tentada de dejar una nota, pero al no poseer experiencia ¿qué le iba a dejar por escrito? 'gracias por la velada, buen trabajo.' Sonaba a una comedia de Hollywood. Únicamente besé de nuevo sus adictivos labios y echando una intensa mirada hacia su dirección recordando cada instante vivido sobre aquella cama, di media vuelta y me dirigí hacia mi automóvil.

Una vez llegué a casa y me despejé completamente con una ducha cálida, sintiendo purificar cada rincón de mi cuerpo y relajando cada parte de mi ser. Llaman a la puerta con una insistencia enfermiza. Al descubrir que era Reito, quien irrumpía en mi momento de máxima relajación, no pude reprimir el sentimiento de culpa por haberme acostado con aquella chica por lo que cedí en vernos antes de tiempo. Abrí la puerta sin hacerme de rogar, recibiendo a un Reito al borde de la histeria. En su rostro se dibujaba claramente la sensación de preocupación.

"¿Dónde estabas, te he llamado un millón de veces?" Comenzaba de nuevo a controlarme.

"Hola Reito." Permanecimos largo tiempo observándonos uno frente al otro. Cuando el día anterior le dije que algo había cambiado, aun no sentía tan real el cambio. Pero hoy, aquella tarde mirándonos frente a frente, me di cuenta que irremediablemente nos separaba un abismo.

"Te he echado de menos." Me abrazó tan repentinamente que no pude evitarlo. E instintivamente le devolví el abrazo.

"Ni siquiera ha pasado un día." Intenté sonreír, en el fondo el sentimiento de la traición me corroía bajo la piel.

"En mi corazón ha sido como una eternidad." Volvió a abrazarme. "Te quiero y no puedo vivir sin ti. Si me dieras una última oportunidad te demostraría que me arrepiento de no tener en cuenta tus deseos y tus necesidades y te prometo que te valoraré más. Eres mi tesoro más preciado. Y no me digas que esta relación no es de los dos o que no eres importante en ella, tú eres el corazón. Tú eres por lo que me levanto cada mañana." Me dio probablemente el beso más dulce en toda nuestra relación. "Te prometo que no volveré a fallarte." No supe que decir, como reaccionar, no podía simplemente rechazarlo de nuevo, no cuando llama a mi puerta con el corazón en la mano y aparcando su orgullo de los Kanzaki.

Y de nuevo, volví a quedar encerrada en mi jaula de oro, pero esta vez fui yo quien se metió por su propio pie.