Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...
Muchísimas gracias por vuestros comentarios, me alegra saber que esta historia ha sido rescatada para nuevos lectores que no la han podido leer hace bastantes años atrás cuando se me ocurrió escribirla. No sabéis los inmensos recuerdos que me trae volver a releer todas estas palabras y corregir los fallos que voy encontrando (Si encontráis algunos más, me decís. No está de más seguir corrigiendola). Tengo especial cariño por esta historia, porque como ya sabéis algunos los personajes evidentemente no me pertenecen, pero la historia está basada en mi primer amor. Al igual que antaño, espero que llegué a vosotros con el mismo amor y ternura que tuve al escribirla o por lo menos intentarlo.
Muchísimas gracias de nuevo por la acogida que le habéis dado. Y disfrutad de la versión de Natsuki.
Capítulo 3
Natsuki
¿Por qué se me complica de este modo la vida?
Llevábamos una semana ya de clases y aun seguíamos perdidos Tate y yo, la universidad de Tokio era la más grande que había visto en mi vida, cierto es que jamás me había acercado a otras universidades que hay repartidas por toda la ciudad, ya que las únicas que podían hacerle sombra, eran universidades privadas. Mi querido amigo y yo, no nos podíamos permitir aquel lujo innecesario, no había ninguna tradición familiar que nos obligaba por lo tanto conseguir pasar el examen de ingreso y que nos concedieran una beca en la universidad pública no fue una gran proeza. La mudanza hacia el campus, tampoco fue una gran hazaña. La madre de Tate junto a mi tutor, nos ayudaron en todo lo medianamente posible. Y dado que tampoco éramos chicos materialistas, lo único que transportamos en la camioneta de mi tutor fue una pequeña maleta con nuestros objetos íntimos y poco más. Una vez en el campus, los dormitorios de ambos sexos estaban estrictamente separados, hecho que ya sabíamos aunque nos hacía ilusión compartir la habitación. Mi compañera era un ser insufrible. Destilaba maldad, sarcasmo e incluso una soberbia terriblemente asfixiante. La primera vez que pise dicha habitación, había establecido repartirla a partes iguales y con una cinta adhesiva de color negro señaló los límites de cada una. Era parecido a estar en prisión pero con una lunática. Cada vez que abría la puerta, que era la única zona neutral de toda la habitación pues era difícil repartírnosla, la encontraba limándose aquellas asquerosas uñas con una admiración que rozaba lo enfermizo. Cuando me quejaba a mi amigo, él se limitaba a sonreír porque no entendía mi mala suerte con las mujeres. Todas parecían querer atacarme según él.
"Es que no encuentro otra explicación, ¿Por qué limarse las uñas día y noche?" Le decía indignada.
"¿Para qué va a ser? Para atacarte mientras duermes. Va a por ti, yo que tu pondría una queja al consejo." Me respondía mientras reía.
"Tu ríete, cuando te llamen para reconocer mi cadáver, verás que estoy en lo cierto." Mi indignación se tornó melodramática.
"Pues Takeda es un tío genial, quiere instruirme en el arte del Kendo, dice que tengo aptitud." Comento golpeándose en el pecho.
"¿Aptitud? Ya no saben que decir para que los alumnos se apunten al Kendo." Gruñí por lo bajo no sin oírme él antes.
"Estás celosa porque yo tengo un buen compañero y tú no, lo dejaré correr por esta vez. Pero recuerda que tengo aptitudes para noquearte en Kendo." Dijo orgulloso aguantándose la risa.
"¿Ahora tienes más de una aptitud? Jamás llegarás a noquearme en nada, salvo en tu ineptitud." Diciendo esto salí veloz hacia mi motocicleta.
"¿A dónde vas?" Soltó extrañado al verme arrancar el motor.
"No quiero volver a mi habitación hasta que esa arpía se duerma. Es insufrible, tengo que aguantar su música mientras se masturba con sus uñas." Comenté exagerando la escena.
"Me gustaría acompañarte pero he quedado con Takeda, ¿por qué no vienes a conocerle?" Se sentía culpable por dejarme ir sola.
"En otra ocasión, tengo que ir al centro comercial a hacer unas compras. Saluda a tu nuevo novio de mi parte." Tate rodó los ojos, nuestra relación comenzaba a expandirse.
Diciéndole aquello, me fui a recorrer la ciudad. Mis clases habían acabado por el día de hoy y necesitaba aire fresco para renovarme. No era que las clases fueran complicadas, que tenían su grado de dificultad claro está, sino que no soy muy dada a los cambios. Y los grandes cambios me producían pavor e incluso ansiedad. Es un secreto que incluso Tate no conoce, no me gusta mostrar mi debilidad al ser humano, pero lo cierto es que sentía que todo me quedaba grande. Desde aquel fin de semana, el último en el que disfruté como persona normal, aquel mismo domingo un sentimiento de ahogo se apoderaba de mi pecho cada vez que pensaba que debía abandonar aquella habitación que me vio crecer. Aunque puedo ir todos los fines de semana a visitar a mi tutor, de hecho para conseguir un dinero extra me volvió a proponer echarle una mano los fines de semana, como quiero superar esta etapa de mi vida por mi propio pie, aún no había aceptado la propuesta de mi tutor. Pensando distraída había llegado al centro comercial y me disponía a aparcar la motocicleta. Me regañe a mí misma por distraerme mientras conducía sin antes celebrar que era capaz de conducir bien incluso sin prestar atención a la carretera. Después de dar vueltas por todo el centro comercial, dirigí mis pasos a una tienda muy conocida para mí. Pues otro secreto muy bien guardado es la devoción que siento hacia la ropa interior femenina, cada mes compro compulsivamente dos o tres modelitos para así aumentar mi colección. Y tenía desde encajes, hasta picardías sin antes pasar por sujetadores o ligueros. Una vez dentro, conocía a una de las dependientas que siempre me guardaba la revista especial de cada temporada, para facilitar mis pedidos. Vagaba perdida en un mar de ensoñación, pues era el único lugar capaz de alejarme de mis fobias, cuando de repente siento que alguien choca contra mí.
"Ara, disculpe mi distracción…" Aquella voz me era muy conocida. Cuando me di la vuelta quede completamente sorprendida.
"Tú…" No supe que decir. "¿Qué haces aquí?" Y como siempre delante de esta mujer no acertaba con las palabras.
Sorprendida y un tanto colorada me escrutó de arriba hacia abajo y respondió de manera natural. "Lo mismo que tú." Dijo señalando a la prenda que tenía en la mano. Ahora la que se sonrojaba violentamente era yo.
"Aquí tiene su corset señorita Fujino." Por fin oía su nombre, aunque técnicamente era solo su apellido.
"Gracias, muy amable." Le dedicó una sonrisa muy cortés a la dependienta hasta que se hubo ido y después enfocó su mirada escarlata en mí, atravesándome con sus ojos. Casi sentí que las rodillas me fallaban. Aquella noche era fácil soportar su mirada con unas copas de más, incluso ella al ir también bebida carecía de intensidad. "Debo retirarme. Me alegro de volver a verte." Aún sin habla asentí con la cabeza y cuando note que ya no formaba parte de su campo de visión. Me enfade conmigo misma por actuar como una imbécil.
"¿Puedo invitarte a un café?" Intenté suavizar mi voz lo máximo posible para no sonar desesperada. Ella a su vez se detuvo en seco y parecía reflexionar sobre si debía aceptar o declinar mi oferta. Miró distraída el reloj de pulsera que llevaba a juego con su vestido y su bolso.
"Está bien, aún me queda algo de tiempo." Dijo volviéndose a mí. "Pero he de decirte que no soporto el café." Sonreía mientras se acercaba a la caja para pagar la factura. Cosa que hice yo también, para salir en cuanto antes de ahí.
Nos sentamos en una agradable cafetería que conocía ella. Tal y como había declarado, detestaba el café. Con un simple 'lo de siempre' el camarero adivinó exactamente que era aquello que le gustaba y por un instante sentí envidia por saber el mesero, que era aquello de siempre. Suena estúpido pero incluso sabiendo que en apenas escasos minutos yo también sabría que era aquello que tomaba siempre no pude deshacerme de esa terrible desazón. Una vez que el camarero trajo nuestro pedido, no sin antes echarme una extraña mirada que en un principio no supe leer, contemple casi sin recato alguno el rostro de mi acompañante. Sentí que tenía cierta ventaja al oír su nombre y era una sensación que no se me borraba incluso cuando la miraba. De nuevo ella clavó su mirada intensa en mí y yo me quedé sin palabras. Parecía el extraño juego del gato y el ratón. No sabía que temas abordar, así que comencé con algo sencillo.
"¿Qué tal está tu amiga?" Sonrió mientras se llevaba a los labios la taza de té. Y de nuevo me sonrojé al recordar cómo me costaba separarme de sus labios.
"En clase." Me sorprendí demasiado. Por cómo iba vestida yo no diría que fuese universitaria. "Acaba en una hora."
"¿Así que sois universitarias?" De nuevo no acertaba con las preguntas. Ella sonrió de nuevo.
"Así es. Eres muy observadora." Dijo mientras volvía a buscar su taza de té.
"Oye no te burles. Cuando estoy nerviosa solo se decir estupideces." En esta ocasión quien buscaba la taza de su líquido hipnótico era yo. El café tenía un sabor excepcional.
"¿Te pongo nerviosa?" Volví a sonrojarme. "Tal vez deberíamos cambiar tu café por un champagne." Comentó como si no pasara nada. Yo por mi parte mi sonrojo era tan intenso que competía con sus ojos.
"Discúlpame un segundo." Y como si fuese un robot caminé hacia los aseos de aquella cafetería. Una vez dentro llamé a Tate y hasta el cuarto timbre no me cogió la llamada. "¿No sabes a quién me he encontrado?" Dije sin esperar su saludo. "Con la chica del fin de semana." Un largo silencio se oía por la otra línea.
"¿Y estás con ella en este momento?" Preguntó preocupado.
"Si, no sé por qué la invité a tomar algo y no sé qué decir, ella es muy coqueta. Y me pone muy nerviosa y me quiero ir a casa." Comencé a quejarme como una puberta.
"Oye tranquilízate. No pasa nada. Sé tu misma, ya sabes se agradable. Si ha pasado contigo una noche es porque algo en ti le gusta, así que tómatelo con calma. Ten en cuenta que ella también sentirá lo mismo que tú sientes ahora." Tate siempre lograba decirme las palabras precisas para calmarme.
"Es verdad. Ella estará igual de nerviosa que yo. Por lo menos he oído su nombre. Está en desventaja. Se supone que no teníamos que volver a vernos." Dije con fastidio.
"Oye, tienes suerte. Ojala me cruzara con su amiga. Si juegas bien tus cartas igual puedes volver a repetir aquella noche. ¿Y cómo es eso de que has oído su nombre?" Comencé a pensar en lo que dijo y me percaté que la dejé esperando sola.
"Ya hablaremos después y te lo cuento todo. Ahora me tengo que ir." Sin esperar su despedida volví a la mesa pero para mi sorpresa ya se había ido.
Me senté desilusionada en la misma silla que antes con la diferencia de que el café se había quedado frio. Miré su taza de té aun sin acabar junto a la mía, era la única prueba de que en ese lugar estuvo sentada ella a mi lado y era la única prueba de que estaba sola en aquel instante. Mientras miraba la taza con cierta nostalgia y arrepentimiento por mi comportamiento, vi una pequeña nota. Sin pensármelo dos veces, la cogí y comencé a leer 'lo siento, me ha surgido un imprevisto y me he tenido que retirar, tal vez en otra ocasión…' había firmado únicamente con una F, es consciente de que había oído su nombre en la tienda de lencería, por ello ya no oculta su nombre. Pero aunque había recibido una nota, ya era algo más de lo que dejó aquella mañana cuando desapareció, seguía sintiendo una inquietud en mi interior. ¿Cómo volvería a dar con ella? ¿Cómo podría localizarla? Giré la tarjeta que tenía en las manos donde me había garabateado aquella nota y era una tarjeta de la universidad de Waseda. Así que iba a la universidad privada de Soudai, entonces todo encajaba. La noche en la sala VIP, su forma de vestir, su porte, la mirada del camarero que me había lanzado. Ella y yo éramos de dos mundos completamente diferentes. Y nuestra primera casualidad fue como un rayo que truena con violencia sobre una gran llanura y se supone que no debería caer en el mismo punto dos veces. Aquella observación echo por tierra la hipótesis de Tate. ¿Cómo iba a volver a repetir con aquella diosa inalcanzable otra noche igual a la anterior? Aquello era tan poco probable como que me cayera el rayo dos veces sobre mi cabeza. Escondí aquella nota en mis pantalones y me dirigí al camarero para pedir la factura.
"La cuenta ha sido saldada por la señorita Fujino." Al oír aquella frase una rabia se apoderó de mi interior como se atrevía aquel camarero a llamarla por su apellido.
Me dirigí hacia la barra bajo la atenta mirada del camarero y escribí en una servilleta 'fui yo quien quiso tomarse contigo ese café, no me niegues ese placer…' La envolví y se la entregué al camarero con el dinero suficiente para saldar dos veces la misma cuenta.
"¿Puede entregarle esto a la señorita Fujino cuando la vea? Y me gustaría saldar la cuenta a mí así que con esto alcanzaría para su próxima visita." Al principio el camarero quiso rehusar, pero al ver mi insistencia, aceptó la nota y el dinero.
"No le prometo nada, pero haré todo cuanto esté en mis manos." Con una reverencia se marchó a atender otros clientes.
Cabizbaja fui en busca de mi motocicleta con la bolsa en mano. La acomodé como pude a mi brazo para que no se soltara y me puse en marcha en dirección hacia mi campus. Una vez que llegué a mi habitación, comprobé que me encontraba sola, mi compañera había salido y no había rastro de que hubiera vuelto a los dormitorios una vez terminadas las clases. Por lo tanto para disfrutar bien del silencio y de mi soledad, me preparé un baño calentito y me zambullí en aguas cálidas por una larga hora. De ese modo relaje todos los músculos tensos que me provocó aquel mal sabor de boca. En mi interior pensaba como localizar a un alumno en la universidad de Waseda, aquello no sería tarea fácil pero tampoco quería que Fujino pensara que era una acosadora. Cuando comencé a secarme para luego vestirme vislumbré la pequeña bolsita de la tienda de lencería y me entró curiosidad por ver que tal me sentaba mi nueva adquisición. Cuando fui a sacar aquel conjunto de encaje negro que había comprado, me encontré con la sorpresa de que era un corset de color rojo pasión. Y no pude reprimir aquella visión, de la ojirubí enfundada en aquel corset a juego con sus ojos, lanzándome un beso desde mi imaginación. Cuando de repente comencé a sangrar violentamente por la nariz. Sin previo aviso se abre la puerta del dormitorio y entra mi adorada compañera de habitación, que al verme únicamente con la toalla puesta, se sonroja de súbito de pies a cabeza.
"¿Acaso no sabes usar el baño?" Gritó cerrando la puerta tras de sí, e intentando mirar hacia cualquier lugar menos hacia mi dirección.
"Estaba sola, pensé que podía vestirme cerca de mi ropa para variar." Me defendí. Estuvo un momento en silencio, cosa rara en ella.
"¿Por qué estas sangrando mientras miras tu ropa interior?" Cuestionó extrañada.
"No es de tu incumbencia." Volví a defenderme mientras me encerraba en el baño.
"Menuda pervertida estas hecha." Me gritó desde la habitación.
Al día siguiente no pude concentrarme en ninguna clase, lo único que hacía era pensar una y otra vez como entrar en la base de datos del alumnado de la universidad de Waseda y localizar a la ojirubí. Padecía toda una obsesión para dar con ella, pero lo cierto era que no sabía para qué. Una vez que la tenía delante lo único que sabía hacer era soltar preguntas estúpidas y sonrojarme. Aún no entiendo ¿qué era aquello que la empujó a acostarse conmigo aquella noche? La razón me hacía ver que podría haber sido cualquiera, pero las ganas de volver a verla me daban mil y una razones para que una chica de su porte quisiera tener algo con alguna chica como yo. No es que fuera una mujer con baja autoestima, ni mucho menos. Lo que ocurría en realidad era que cada vez que cerraba los ojos me topaba con aquella mirada carmesí. Y era inevitable sorprenderme pensando en ella, ¡maldita sea! No estaba hecha para amoríos de una sola noche, no soy de las que se dejan llevar, me gusta ir al fondo de la cuestión en todos los ámbitos. Y Fujino se me hacía tan apetecible explorar. ¡Maldición!, volvía a recordar su cuerpo tan firme y sus curvas tan definidas.
"Señorita Kuga, ¿se encuentra usted bien?" Demonios me está hablando a mí.
"Si… señor Sokomitsu." Me levanté del pupitre más pálida de lo normal.
"Está usted sangrando. Por favor, vaya a la enfermería." Miré mis apuntes y estaban cubiertos por gotas de sangre, me volví a agarrar la nariz y recogiendo mis pertenencias como pude salí de clase haciendo el menor ruido posible mientras hacia una y otra vez la reverencia a modo de disculpa por haber interrumpido la clase.
Caminando tranquilamente por los pasillos de la universidad y despejando cualquier imagen de Fujino de mi mente, la nariz me había dejado de sangrar. Tenía que dejar de pensar en ella si no quería sufrir un derrame cerebral. ¿Cómo era posible que Tate se acostara con tantas sin sufrir por ello? Me dirigía hacia mi habitación, ya que mi compañera se encontraba en clases era el único instante de paz que podría encontrar en aquellas cuatro paredes. Mis planes se fueron al traste cuando abrí mi dormitorio y me encontré a Tate con la arpía de mi compañera.
"¿Qué haces aquí?" Pregunté a Tate ya que me imaginé que la arpía se había fumado sus clases.
"No tengo clases hasta mediodía. Y decidí esperarte aquí. Para que me contaras que tal ayer." Y me guiñó un ojo. Miré en dirección a mi compañera.
"No me siento a gusto en clases de Sugiura-sensei" La escruté de arriba abajo, ¿en qué clase se siente uno a gusto? Hay que ir a darlas y punto. Al ver que no decíamos palabra, Tate rompió el hielo.
"ES su hermana mayor." Las dos miramos extrañadas a Tate.
"Tú te apellidas diferente." Espeté a la arpía.
"No voy a contarte mi vida." Me miró con desconfianza.
"A tu compañera de habitación no, pero a su amigo que acabas de conocer, ¿por qué no? Adelante os dejaré a solas." Dije indignada por el comentario.
"Oye cálmate, solo está bromeando. Mejor vamos a la cafetería y me cuentas que tal ayer." Me agarró Tate del brazo y salimos los tres al pasillo.
"Yo también iré con vosotros. Quiero saber cómo acaba tu aventura con esa mojigata." Miré a Tate al borde de la ira.
"¿Se lo has contado?" Ella se encogió de hombros. Y yo me fui directamente a la cafetería apretando el paso.
"Necesitas una visión más femenina del asunto, simplemente le conté lo poco que sé. Ni siquiera dije que eras tú, lo ha deducido por tu comportamiento." Decía Tate tras de mi para intentar arreglar la metedura de pata.
"Sabes que no la puedo soportar, ¿qué te hace creer que me interesa su visión femenina?" Arremetí contra él al borde del colapso.
"Sabéis que aún sigo aquí, ¿no? Y no te martirices Kuga tarde o temprano lo iba a saber, no iba dejar estar quieto el tema de saber que mi compañera se excita con la ropa interior roja." Lo dijo sin bajar el tono de voz y todos a nuestro alrededor, se quedaron observando. Yo a mi vez, me puse colorada de pies a cabeza. "Ahora que sé que la susodicha tiene una mirada escarlata tan llena de pasión… me he quedado más tranquila." Tate no lograba descifrar aquello que había comentado mi compañera de dormitorio.
"Eres una…" Sin dejarme terminar con mi insulto me interrumpió.
"Ya puedes ir llamándome por mi nombre, deja de ponerme motes. Como ya somos amigas solo dime Nao. Y no te preocupes tu secreto está a salvo conmigo." Dijo mientras se sentaba en una mesa libre invitándonos a hacerlo.
"Siéntate, ya me encargo yo de la bebida. Así seguís intimando, yo de aquí veo una gran amistad." Y se fue Tate tan tranquilo a por el pedido.
"¿Por qué se me complica de este modo la vida?" Solté mientras apoyaba la frente sobre la mesa a modo de queja.
"No te quejes tanto Kuga. Por lo menos tienes amigos dispuestos a echarte una mano." Contestó Nao mientras sacaba una lima de dios sabe dónde.
"¿Cómo ibas a ayudarme? ¿A caso conoces a alguien en Soudai?" Cuestioné inconscientemente y ella alzó la mirada.
"Apuntas demasiado lejos Kuga. ¿Acaso ella estudia en Waseda?" Asentí en silencio, era demasiado inocente para guardar rencor en mi corazón. "Pues estas de suerte, conozco a un chico que estudia ahí." Se me iluminaron enseguida los ojos.
"¿En serio? ¿Cómo es que conoces a alguien de ahí?" Pregunté extrañada.
"¿Así juzgas a la gente que quiere ayudarte?" Parece que hablar con Nao era responder a tus preguntas con más preguntas.
"Lo siento mucho, no quise ser indiscreta. Pero es muy grande aquella universidad, ¿Cómo iba a dar con Fujino?" Volví a dar demasiada información.
"No te preocupes, es cuestión de preguntar e indagar. ¿Fujino qué más?" Preguntó como toda una detective.
"Oye no empecéis sin mí. ¿Qué me perdí? Y desde el principio." Vino Tate con una bandeja de café para los tres. Resoplé rendida y conté todo lo que me pasó ayer, hasta lo del cambio de bolsas.
"Eso es lo mejor que te ha pasado Kuga, que ella confundiera las bolsas. Ahora lo único que debes hacer es conseguir que en la tienda te den su número de teléfono para poder hacer el cambio de bolsas." ¿Cómo no había caído en eso antes?
"Es verdad. No hace falta ni ir a Waseda para contactar con ella. Nao eres un genio." Tate sonreía satisfecho de que por fin nos lleváramos tan bien. "Es más llamaré en seguida a la boutique."
"¿Quién iba a decir que coleccionara ropa interior propia y que perdiera una tarde completa yendo de boutique?" Preguntó a modo de burla Nao a Tate.
Mientras tanto yo intentaba sonsacarle el número de teléfono a la dependienta. Igual que había tenido que dejar el mío para recibir en tiempo real las ofertas y los nuevos catálogos, siendo ella clienta asidua tenían que haberle ofrecido el mismo servicio que a mí. Y dado que su posición era más elevada que la mía, incluso podría tener la localización directamente para enviarle las compra a casa. Después de la innumerable negativa de la dependienta, por el protocolo de seguridad y la protección de datos, conseguí después de muchas promesas y alegando ser una clienta seria y preocupada por el contenido íntimo de su bolsa, accedieron a darme su número telefónico, sin antes advertirme que si intentaba cualquier fechoría tenían todos mis datos para presentarlos en caso de que hubieran denuncias de por medio. Por un momento tragué duramente y esperaba que fuesen así de implacables cuando se tratara de mis datos. Una vez con el número de teléfono en mano. Fui de nuevo a la mesa victoriosa. Como si me hubiesen ingresado en mi cuenta bancaria una millonada.
"Por fin, ¿Tanto te ha costado?" Cuestionó Tate al ver que la trifulca telefónica tardaba lo suyo.
"No sabes cuánto. Casi me hacían firmar mi sentencia de muerte al recibir este número." Dije mientras me sentaba agotada a la mesa.
"Ahora tienes que llamarla a ella, pero sin parecer desesperada. Como si te dieron su número para encargarte tú de solucionar un problema engorroso." Dijo Nao intentando que no metiera la pata justo a las puertas de la meta.
"Entiendo, ¿qué le digo?" Nao quiso desaparecer.
"Qué tal si empiezas por un, 'Hola Fujino. Ayer cambiamos nuestras bolsas por accidente, ¿Qué tal si me devuelves la mía?' es sencillo y no suenas a desesperación." Nao volvió a querer desaparecer.
"Tampoco la trates como si fuera tu mejor amigo con el que vas de pesca. No muestres desesperación pero incitándola a que averiguara como estarías, si llevaras puesta la lencería que hay en la bolsa que tiene en su poder. Recuerda que os habéis acostado y que te mueres por volver a hacerlo, te he visto con el corset rojo." Me puse colorada completamente.
"Ya se me ocurrirá algo." Dije completamente colorada y me levanté de la mesa. "Tengo que ir a clase."
Caminaba hacia mi próxima clase con la mano embutida en el pantalón con el fin de afianzar el número de teléfono de Fujino, no quería que por alguna torpeza acabara en otras manos y perdido. Mientras pensaba que tarde o temprano debía hacer aquella llamada y era absurdo retrasar el momento, tal vez ella se pusiera en contacto con la Boutique de lencería y ellos le comunicarían que me habían cedido su número telefónico con el fin de subsanar aquel mal entendido. Suspiré de nuevo pesadamente y antes de entrar en clases, agarré mi móvil y marqué el número escrito en el papel. A tercer tono se descolgó la llamada.
"Fujino al habla, dígame." Esa dulce y melodiosa voz resonó directamente en el interior de mi tímpano y por un breve instante me creí levitar.
"Ho…hola, soy Kuga. Creo que te has confundido de bolsa." No era lo que Nao sugirió pero ya sabemos todos que la capacidad del habla frente a Fujino se la lleva el viento.
"Ara… "por un largo e interminable segundo no obtuve respuesta y el corazón me dio un vuelco. "Por fin te puedo poner nombre." No hace falta decir que mi corazón emprendió una carrera contra reloj latiendo a mil por hora.
