Los personajes de Mai Hime No me pertenecen...

Capítulo 4

Shizuru

No estoy enamorada

Desde nuestra fugaz e intensa escapada adolescente había pasado una larga y eterna semana, en la cual una disputa interna me quemaba. Si debía o no contarle a Reito el pequeño desliz. Cierto era que esa noche técnicamente no estábamos juntos pero mi conciencia me corroía por dentro al ocultar dicha información. Mai intentaba apaciguar mi yo interno persuadiéndome de que lo dejara todo tal cual está, removiendo deslices no se consigue nada, que hiciera de cuentas que todo lo ocurrido aquella noche era un sueño irreal, una mera fantasía sexual que se colaba a través de mi subconsciente y que al despertar todo quedaba en un sonrojo elevado de tono. No entiendo aun como sigo haciendo caso de las palabras de Mai siendo ella misma la que me llevó de la mano a este callejón emocional sin salida. Con Reito, desde la ruptura, las cosas marchan mucho mejor que incluso al principio. Es más atento, continuamente pendiente de mis necesidades y sobre todo consulta cada petición de mi progenitor conmigo antes de ejecutar cualquier deseo de este. Disfrutábamos de una relación sana en pareja. Tal vez la única diferencia era mi cambio interno, que sin lugar a dudas cada día era más contundente que el anterior. La única persona conocedora de aquel cambio era Mai, que no encontraba palabras precisas para ayudarme con mi nueva perspectiva.

"Mis clases acaban en una hora, ¿te apetece tomar algo?" Procuraba por todos los medios no quedarme a solas para evitar aquella tortura mental.

"Lo siento, Shizuru. Acabo más tarde hoy." Se disculpaba Mai pues era consciente de que eludía la soledad. "Pero a cambio cocinaré esta noche en especial para ti." Intentó animarme, no hay persona sobre la faz de la tierra capaz de seguir desalentado probando bocado de las delicias preparadas por aquella mujer.

"Esta noche tengo una cita con Reito. Desde la ruptura hemos acordado que una noche por semana la dedicaríamos única y exclusivamente a nosotros." Comenté pesadamente comprendiendo que a veces se llora más por las plegarias escuchadas.

"Uuuu… eso quiere decir, ¿que estáis intentando lo de la noche loca?" Me guiñó un ojo mientras yo me sonrojaba.

"Con la mudanza y el comienzo de las clases, no encontramos el momento para nuestra noche de reconciliación. Por eso he de informarte, querida no me esperes despierta esta noche." Comenzamos a reír.

"Ahora la que me produce envidia eres tú. Yo también quiero tener citas y hacer el amor hasta el amanecer con el chico de mis sueños." Suspiró embarcándose en una alucinación plácida.

"Ara… Creía que Mai-san era más amante del 'dejarse llevar' o por lo menos eso me pareció." Intenté sacarla de su romántica visión.

"Aquella noche me apetecía hacer algo diferente, estaba leyendo un artículo de como disfrutar más de la vida y quise probar suerte…" Confesó por fin, ya que el comportamiento de aquella noche se alejaba mucho de la personalidad de Mai. "Además, ambas nos divertimos." Volvió a guiñarme un ojo.

"No sé de qué me estás hablando. Aquella noche simplemente soñé." Fingí demencia.

"Por suerte, rechazaste la idea de dejarle tu número de teléfono. Imagínate que al día siguiente te hubiese llamado, ¿Qué le dirías?" Nos habíamos contado hasta los detalles más íntimos de aquel encuentro, tanto el mío como el de ella.

"No lo sé. Lo único que tengo claro es que no volveré a dejarme llevar y menos con una mujer." Sentencié.

"Claro, como te lo hizo pasar tan mal." Un deje de ironía se colaba por su afirmación. "Eso de tener un encuentro íntimo sin planificarlo con antelación es un disparate. ¿Cómo puede esa gente arrancarse la ropa y disfrutar de un orgasmo durante toda la noche y despertarse tan tranquilos al día siguiente, como si nada hubiese pasado?" Seguía burlándose de mí.

"Para tu información fueron cuatro orgasmos y no responderé a esa pregunta." Muy digna me puse en pie, pues el cambio de clases llegaba a su fin.

"Maldita zorra, que calladito te lo tenías." La miré de reojo y me giré en dirección hacia mi aula. "Ya que lo planificas todo, ¿ya tienes pensado con qué modelito sorprender a tu novio?" Gritó desde su posición.

"Una Fujino no deja nada al azar." Respondí adentrándome entre el mar de cabezas estudiantiles.

Lo cierto era que no pensé exactamente como sorprender a Reito, ni siquiera pensé en sorprenderlo. Mai tenía razón, planificar nuestro encuentro íntimo de reconciliación excedía todos los límites, tal vez por ello no era una idea que me entusiasmara tanto y que decidiera concretar todos los detalles. Pero pensándolo un instante, mientras encendía mi ordenador portátil para copiar apuntes, decidí ir a mi excursión favorita. Perderme por los pasillos del centro comercial en busca de un conjunto de ropa interior sexy para no demostrar indicios de falta de entusiasmo o interés. Después de aquella interminable hora, abordé mi coche y salí en dirección hacia lo que parecía una tarde entretenida. Pues visitar la boutique, un lugar donde eran especialistas en lencería para dejar sin aliento, era una diversión que no me perdía una vez por semana. En realidad para hacer aquel tipo de compras no necesitaba ni siquiera salir del confort de mi habitación, pues a un solo clic elegía cualquier pieza y de forma discreta me la traían por correspondencia pero aquella tarde quería evadirme y elegir estrictamente el conjunto. Pedí que me trajeran uno en especial y mientras lo esperaba mis ojos vagaban por todos los estantes sin darme cuenta que invadía el espacio de otra persona. Tan absorta iba en mis pensamientos que tropecé de lleno en otra clienta.

"Ara, disculpe mi distracción…" Me sonrojé de inmediato aun sin levantar la vista de la prenda sujeta en mis manos.

"Tú…" Aquella voz grave me era muy familiar. "¿Qué haces aquí?" No daba crédito a lo que entró en mi campo de visión una vez alzado la mirada. Se supone que no debíamos volver a vernos en lo que restaba de nuestras vidas. Y ahí la tenía plantada sosteniendo un conjunto. Preguntando algo obvio que me descolocó por completo. Aun no estaba preparada para volver a escuchar aquella voz tan atrayente.

"Lo mismo que tú." Dije de repente como si saliera de un trance una vez que la recorrí de pies a cabeza cerciorándome de que era real y que no era una visión de mi agitada mente. De pronto se sonrojó completamente.

"Aquí tiene su corset, señorita Fujino." La dependienta nos abordó con mi pedido en el peor momento dejando al descubierto lo que no quería con esa joven. Mi identidad.

"Gracias, muy amable." Con una sonrisa fingida, más que ensayada frente a familiares y conocidos despaché a la dependienta que se fue orgullosa de su labor. En aquel momento como me sabía sorprendida y descubierta, busqué los ojos de aquella desconocida con la que pasé una tórrida noche. De repente me sentí superada por aquel remolino de sensaciones que me producía aquellos ojos esmeraldas. Me perdí de nuevo completamente en su mirada mientras me veía reflejada en ellos y cuando estuve a punto de desear otra vez cometer un imperdonable desliz. Decidí escapar. "Debo retirarme. Me alegro de volver a verte." De ese modo emprendí mi gran huida.

"¿Puedo invitarte a un café?" Estaba a escasos pasos cuando me detuve instintivamente al oír su voz a mis espaldas. ¿Cómo era posible que una simple voz podía atraerme de esa manera? Por más que intentaba negarme, en mi interior se formaban miles de razones para aceptar una petición tan inocente. Disimulo mirando mi reloj de pulsera con el fin de encontrar una excusa superior a mi control sin éxito.

"Está bien, aun me queda algo de tiempo." Dije casi sin pensar. Como si cada átomo de mi ser deseara su compañía fervientemente.

Durante todo el trayecto hacia la cafetería que frecuentaba casi a diario con Mai intenté evitar cruzarme de nuevo con sus ojos. Sabía que aquella chica ejercía cierta influencia en mí. Y que permanecer demasiado tiempo junto a ella derivaría en perder la razón de nuevo. Cosa que no podía permitir, dado el hecho de que Reito y yo volvíamos a ser pareja. Nos sentamos una frente a la otra y me arrepentí en seguida de aceptar aquella petición. No estaba obligada a acceder a su invitación por lo que podía haberme inventado cualquier excusa y salir de aquel rincón en el que me veía ahora encerrada. Una vez que ordenamos el pedido y el camarero eficientemente nos lo trajera como siempre. Noté los ojos de mi acompañante sobre mí, y con todas mis fuerzas me resistía a devolverle la mirada. Cuando estaba a punto de desfallecer y ceder a mi deseo.

"¿Qué tal está tu amiga?" Rompió el silencio y sonreí aliviada de no caer en la tentación buscando distracción en mi adorado líquido amargo.

"En clase. Acaba en una hora." Respondí saboreando aquel delicioso té.

"¿Así que sois universitarias?" Pensé en lo inocentes que eran sus preguntas y me sorprendí sonriendo por ello.

"Así es. Eres muy observadora." Comenté tomándole el pelo. Era tan hermosa cuando se sonrojaba que no podía evitar ponerla en situaciones embarazosas.

"Oye no te burles. Cuando estoy nerviosa solo se decir estupideces." Dijo intentando ocultar su sonrojo detrás de su taza de café. Gesto que me pareció más adorable aún.

"¿Te pongo nerviosa? Tal vez deberíamos cambiar tu café por un champagne." De nuevo todas las imágenes de aquella noche junto a ella me asaltaron de golpe inconscientemente. Recordando que fue justamente esa bebida que hizo que ambas nos dejáramos llevar.

"Discúlpame un segundo." Soltó mientras se ponía de pie bruscamente para dirigirse hacia los aseos. Estaba tan colorada que no podía permanecer sentada un minuto más.

Por un instante consideré seriamente el seguirla y repetir todas aquellas caricias que en aquel momento se proyectaban en mi mente pero rechacé cualquier pensamiento indebido, pidiendo la cuenta al camarero con el fin de no permanecer más tiempo junto a ella porque el control de la situación me quedaba un poco lejos. Me retiré sin despedirme únicamente garabateando una nota a modo de disculpa, no era capaz de enfrentar más palabras con aquella ojiverde. Me asustaba el pensar lo que podría pasar si estuviera un segundo más a su lado. Cogí la bolsa de la boutique y me dirigí hacia el coche sin mirar atrás. Como si escapara a mi destino por miedo a que me pisara los talones. Me fui directamente a las habitaciones del campus donde compartía un pequeño apartamento con Mai cortesía de la universidad de Waseda por la generosa donación de mi progenitor. No dejé de dar vueltas por todo el pequeño salón. Miles de emociones me invadían y me sacudían violentamente, ¿pero qué me está pasando? ¿Desde cuándo tengo este tipo de deseos? Con la respiración agitada los minutos pasaron lentamente hasta que se abrió la puerta abalanzándome sobre la presencia de Mai.

"Mai, por fin has llegado. ¿Cómo has tardado tanto?" Dije casi en un tono de desesperación.

"¿Qué pasa? Creí que ibas a salir esta noche." Cierto casi se me olvida la cita con Reito.

"La he vuelto a ver. Y ha sido todo tan complicado, que no me sentí preparada. Se supone que no volvería a verla nunca más." Solté atropelladamente.

"Espera un momento, ¿a quién has vuelto a ver? ¿A la chica de ojos verdes?" Abrió sus ojos desorbitadamente. "¿Y cómo ha sido?"

"Fui a la boutique y me tropecé con ella." Le conté mientras nos sentamos en el sofá.

"¿Pero te tropezaste con ella sin querer o quisiste tropezarte de nuevo con ella?" Cree el ladrón que todos son de su condición.

"¡Mai! ¿Realmente crees que quise tropezarme con ella?" Sacudió enseguida la cabeza para desechar ideas acosadoras. "Simplemente sucedió, iba distraída y de repente me veo frente a ella y me invita a tomar algo."

"Espera, espera, ¿te fuiste a tomar algo con ella?" Interrumpió mi confesión adolescente. Y yo asentí con la cabeza. "¿Y por qué has aceptado?"

"No pude rechazarla. Simplemente sucedió." Estaba tan nerviosa que era imposible tranquilizarme en aquel momento. Y las observaciones de Mai lo único que conseguían era incrementar aún mis nervios.

"Está bien, está bien ¿Y qué paso? No me digas que volvisteis a…" Comentó sin acabar la frase.

"¡No! Por dios, ¿por quién me tomas?" Me hice la indignada. "Aproveché que se fue al baño para venir corriendo a casa…" Confesé como una niña pequeña que rompe el jarrón de su madre y confiesa la travesura.

"¿La has dejado colgada en medio de una cita?" Me regañó Mai.

"No era una cita. Y no podía estar más tiempo ahí, no sabía cómo comportarme. Solo quería olvidar lo que paso y olvidarla a ella también en el proceso." Dije completamente abatida.

"Bueno, no pasa nada. Simplemente ha sido casualidad. No tenéis por qué volver a veros." Intentó tranquilizarme mi amiga.

"Sabe mi nombre. Lo escuchó decir a la dependienta de la boutique y cuando regresé al coche me di cuenta de que le había escrito una nota en la parte trasera de la tarjeta de la universidad y era demasiado tarde para volver a recuperarla." Me sobé las sienes con ambas manos.

"¿No pensaste dejarle tu número de teléfono? Es más efectivo, ¿sabes?" De nuevo su ironía.

"No pensaba. Me puse nerviosa y busqué la manera de disculparme sin dar la cara." Me defendí de nuevo.

"Olvídate del tema. Mejor déjalo estar y prepárate para tu noche con Reito." ¡Dios la cita con Reito de nuevo se me iba a olvidar! Miré el reloj y me escandalicé.

"Me recoge en media hora y aun no estoy vestida." Con un portazo me encierro en mi habitación y me dirijo directamente hacia la bolsa de la boutique para prepararme para la inolvidable noche. En menos de un minuto vuelvo a abrir la habitación abatida y sin consuelo.

"¿Y ahora qué te pasa?" Preguntó preocupada Mai al ver mi rostro.

"Me he equivocado de bolsa y cogí la suya por error." Dije casi con lágrimas en los ojos.

"¡Vaya! Como para no creer en el destino." Sentenció mi amiga mientras me consolaba.

Aquella noche, intenté despejar mi mente de todo pensamiento acerca de la exótica chica de cabellera cobalto y alejé de mi imaginación aquellos profundos ojos esmeraldas. La cena se desarrolló de lo más animada, un nuevo Reito competía como si estuviese al tanto de una nueva persona en mi vida. Y como si intentara seducirme, aquella noche me llenaba de halagos y cumplidos. Puedo reconocer abiertamente que aquel chico había cambiado y que si no fuera por mi lucha interna sería la mejor cita que hubiese tenido hasta la fecha. Después de la cena, caminamos de la mano por Shinjuku bajo los enormes neones, mientras paseábamos disfrutando de nuestra compañía, de repente me había susurrado en el oído que había reservado una suite en el hotel Park Hyatt y que le encantaría probar el sabroso champagne de la habitación directamente sobre mi piel. No hace falta decir que con solo oír la palabra champagne encendió todo mi deseo. Dado el hecho que mi pequeña sorpresa se había ido al traste con la ojiverde, no tuve más opción que ponerme su conjunto negro. He de decir que la chica tiene clase a lo hora de elegir ropa interior, pues era de un gusto exquisito y muy seguidora de las tendencias. No compartíamos la misma talla pues a mí me quedaba un poco más ceñido pero dio justo el resultado que esperaba con el corset rojo, culminando la perfecta cita en un encuentro sexual bastante calentito. Después de la esperada y planificada reconciliación, que no duró hasta el amanecer como fantaseaba Mai, no pude pegar ojo en toda la noche. Reito dormía plácidamente a mi lado, mientras que el insomnio invadía todo mi espacio. Con el albornoz sobre los hombros, me acerque al enorme ventanal que había en la habitación y contemple las maravillosas vistas que ofrecía Tokio de noche, incluso se podía admirar a lo lejos la grandeza del monte Fuji, mientras disfrutaba de aquel mágico paisaje cada célula en mi interior deseaba que fuese aquella ojiverde mi compañera aquella noche, me imaginé compartiendo aquellas vistas con ella abrazadas mientras que la luna nos iluminaba con su luz y sobre todo anhelaba volver a verme reflejada en esos precioso ojos de color jade. ¿Cómo era posible sentir todo aquello por una completa desconocida? ¿En qué momento me perdí completamente en ella? Recordé sus caricias, el tacto de sus dedos sobre mi piel y volví a estremecerme completamente, erizando cada vello de mi piel. Me sentí culpable de tener aquellos impuros pensamientos por otra persona que no fuera Reito justo después de hacer el amor con él. ¿Pero acaso tenemos poder sobre el tren de pensamientos? No dominaba mis sentimientos en aquel instante y si Reito hubiese estado despierto tal vez me habría derrumbado y le habría confesado mi aventura en aquella misma suite de hotel, incluso sabiendo cuales serían las consecuencias. Angustiada volví a la cama, donde conseguí conciliar el sueño al alba, con los primeros rayos del sol. E inevitablemente soñé con ella.

Rendida llegue a Soudai donde me crucé con Mai que se dirigía hacia sus clases no sin antes recibir alguna noticia de mí. Viendo mi lamentable aspecto por no disfrutar de mis seis horas de sueño reparador, dedujo que la noche fue movidita y que la causa de mis notables ojeras, era la eficacia de Reito a la hora de reconciliarse. Sin negar su interpretación de lo ocurrido, comencé mi primera clase de económicas y gestión de empresa. No hace falta confesar, que en aquella primera clase no pude tomar ningún apunte, pues con la cabeza embotada y llena de recuerdos de la noche anterior y de la noche con la ojiverde no había manera de permanecer despierta en clase. No es que me haya quedado dormida, simplemente era incapaz de bloquear los pensamientos y estos se abalanzaban sobre mí sin contemplación.

A la hora del almuerzo, busqué a Mai. Que como buena amiga, traía una enorme bandeja con alimentos y una rica taza de té.

"Vaya, veo que alguien se lo ha pasado en grande anoche." Sonrió tomando buena nota de mi aspecto.

"Me siento horrible Mai." Dije abatida.

"No te sientas culpable. No tiene nada de malo divertirse entre semana y restregárselo a la solterona de tu mejor amiga." Su sarcasmo no tiene límites.

"Que graciosa. No es eso. No me malinterpretes, ayer me lo pasé genial con Reito, fue tan atento, tan caballero, hasta reservo una habitación en el Park Hyatt…" Mai comenzó a mirarme fijamente.

"Oh oh. Ahí veo un pero…" Asentí en silencio.

"No pude pegar ojo pensando en ella. Durante toda la noche deseé que ella estuviese ahí y no Reito." Confesé mi pecado.

"¿Lo hiciste con Reito mientras pensabas en ella?" Preguntó escandalizada bajando la voz.

"¡No! ¿Cómo se te ocurre? Digo que cuando acabamos, él se quedó rápidamente dormido y me puse a pensar y no podía dejar de recordarla." Aclaré rauda antes de que se forme una mala imagen de mí.

"¿No me digas que has acabado enamorada de ella? Solo ha sido una noche y ni siquiera hablasteis, ¿Qué tal si es una ignorante o una estúpida o incluso una pervertida que únicamente piensa en acostarse con heteros para confundirlas?" Ara… no había pensado en eso.

"No estoy enamorada de ella. Solo pensé en ella y no soy una hetero confundida." Volví a defenderme. Últimamente parecía que era lo único que hacía.

"Si no estás confundida y no estas enamorada, eso quiere decir que Reito no estuvo a la altura de sus cuatro orgasmos." Respondió mientras se tomaba el almuerzo.

"Ara… Mai, alguien puede oírte." Me sonrojé por haberle contado aquel detalle tan íntimo. "Además, ni siquiera sé su nombre."

"Bien pensado, deberíamos ponerle alguno para dejar de hablar de ella como 'la chica'." La miré de soslayo pues solo a Mai se le pudo haber ocurrido algo tan disparatado en aquel instante. "¿Qué te parece X?" Preguntó al ver que no respondía.

"Demasiado obvio, todos sabrán que nos referimos a alguien del que no queremos hablarles. Tiene que ser el nombre de una persona." Comenté con el fin de seguirle el juego, hablar de la ojiverde me ponía tensa, pues aún no había aclarado que era aquello que me producía. Justo en aquel instante sonó el teléfono con insistencia.

"Fujino al habla, dígame." Respondí pesadamente pues era un número completamente desconocido.

"Ho…hola, soy Kuga. Creo que te has confundido de bolsa." Me quedé en shock.

"Ara…" Mai me miraba preocupada, pues se me había olvidado respirar por un segundo. Solo le dejé una nota en el reverso de la tarjeta de la universidad de Waseda, ¿Cómo pudo conseguir mi número personal de móvil? Y en vez de preocuparme por el hecho de que cualquiera si se pusiera a indagar podría conseguir mi número telefónico, en lo único que pensaba era. "Por fin te puedo poner nombre." Sin darme cuenta había pensado en voz alta.

"Y dice que no está confundida." Susurró Mai más para ella que para mí pues en ese momento no existía nadie más a mí alrededor más que la voz que sonaba a través del teléfono.