¡YIA LLEGÓ SU NUEVO CAP(?)! Lo tenía listo de antes pero no toqué la compu en todo el día ajajajaja ¿me perdónan? *Inserte voz de Yuumi*

Este si salió más corto que el primero xD Y ya el próximo lo tengo en progreso, falta que lo termine y mi amiga me de su opinión para publicarlo cuando pueda. Disfrutenlo uwu

PD: RECORDATORIO DE QUE LOS ONE-SHOTS AQUÍ PUBLICADOS NO TIENEN RELACIÓN ENTRE SÍ A MENOS QUE SE AVISE, GRACIAS UWU


Aphelios estaba siendo "acosado". Sentía que esa era la descripción perfecta para la situación en que se encontraba metido desde que llegó a la Grieta del Invocador.

Resumiendo, había salido hace poco al servidor oficial, más su estreno se vio opacado por el anuncio de otro nuevo campeón. Siendo sinceros no le importaba mucho, supuso que dado su dificultad era obvio que iban a preferir un campeón con habilidades más fáciles y comprensibles. El problema vino cuando lo conoció.

Sett, el jefe. Un peleador mitad vastaya mitad Noxiano, Aphelios culpaba a su sangre Noxiana como parte del problema. Resulta que Sett se estaba encargando de hacerle la vida imposible en la Grieta. Al parecer le divertía ser más popular que el Lunari habiendo opacado su salida.

Al principio Aphelios quiso creer que solo era la emoción de entrar en la Grieta, pero las actitudes del vastaya comenzaron a molestarle y su hermana también lo notaba. Cuando estaba en el equipo contrario, Sett se encargaba de tepear solo para matarlo o hacerle gastar sus hechizos. Eso estaba bien, se supone que debía de hacerlo, pero luego en las peleas de equipo en otras líneas siempre lo agarraba primero sin importarle morir con tal de matarlo antes.

Los demás tiradores le dijeron que era común, siempre eran objeto de todo por su daño y por el simple hecho de ser tiradores. Aun así Aphelios dudaba que esas fueran las razones del vastaya, ¡a veces ni siquiera daba oro! Iba a poner un centinela y ahí estaba esperándole para matarlo. Trataba de farmear una oleada lo más rápido que podía, llegaba Sett e incluso flasheaba para ultearlo con aquella sonrisa de superioridad.

Su hermana y sus soportes siempre trataban de consolarlo justificando que Sett estaba emocionado por estar en la Grieta. Así quiso creer también Aphelios, pero estaba seguro que el vastaya tenía algo en su contra, porque no solo era cuando estaba en el equipo contrario, si no también de aliado.

¿Cómo podría molestarlo siendo aliado? Tepeaba a la bot line solo para robarse las kills, lo dejaba morir siempre que podía y una vez golpeó una piña solo para lanzarlo en medio del equipo enemigo, incluso tenía el descaro de pinguearle.

Aphelios se estaba cansando de todo eso, ya había aguantado bastante los constantes maltratos y abusos de su parte. Alune rezaba a la Luna que su hermano no terminara por cometer alguna locura, aunque le daba la razón en que Sett estaba siendo un abusivo desde su llegada.

Ahora estaban en una partida normal, habían logrado hacer un exterminio quedándose con el heraldo. Sett y él habían vuelto a base en tanto el resto del equipo pusheaba las líneas con Brand canalizando el heraldo en mid tirando la primera torre. Aphelios tenía la cara roja de la vergüenza que pasó.

Resulta que Sett había ulteado al Sion enemigo justo cerca de él en la pelea del heraldo, el Lunari había olvidado que era un aliado y flasheo a un costado escuchando enseguida los pingueos de su equipo y la estruendosa risa del vastaya. Al menos él también ulteo obteniendo una triple antes del exterminio por parte de Sett.

—Que buen flash el que hiciste ahí chico lunar, ese Sion era un enorme peligro—. Suspiró frustrado mientras compraba con Sett a un costado burlándose.— La cara de horror que hiciste fue la mejor parte, ojalá hubiera estado en el equipo enemigo—. Y ahí va de nuevo soltando esa fuerte carcajada enseñando los colmillos, casi lo tira al suelo con la palmada en la espalda que le dio.

Aphelios ya estaba harto, debía encontrar la forma de que Sett le dejara en paz o que no quisiera acercarse a él. Pelear estaba descartado, el vastaya era un mastodonte a su lado y él era dependiente de sus armas, no lograría hacerle nada antes de ser lanzado por su ulti otra vez. Quizás asustándolo de alguna forma pudiera servir. Esa idea si le hizo prender una brillante lunita sobre su cabeza.

Debía aprovechar que seguían en base, al parecer el vastaya estaba esperando un poco de oro para comprar algo y sus compañeros seguían en sus líneas. Sett seguía molestándolo con distintos comentarios, por suerte estaba al final de las escaleras de la fuente por lo que estaba a su altura.

El plan que tenía era un tanto arriesgado, si no salía como esperaba terminaría siendo aún más molestado y quizás recibiría un puñetazo directo al rostro, pero ya estaba desesperado y valía la pena arriesgarse. Rogaba a la luna que el vastaya fuera igual que otros gatos. Se le quedó viendo el tiempo suficiente para que este alzara una ceja.

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara chico lunar?—. Negó haciéndose el desentendido, el vastaya gruñó sonriendo con desafío.— ¿Entonces? ¿Quieres algo? El jefe no hace favores... ¡Oye!

Sett tensó su cuerpo por completo cuando el Lunari enredó una de sus manos en su cabello comenzando a acariciar sus orejas. Esa sensación era... era... era genial. Sintió como su cuerpo comenzaba a relajarse poco a poco y fue inevitable cerrar los ojos, aun así gruñó.

—No me toques... no toques mis orejas—. Su negación no concordaba para nada con su actitud, frotaba su cabeza en busca de más caricias. Aphelios sonrió, su plan estaba funcionando.

Un ronroneo empezó a escucharse por parte del vastaya, se sentía en el paraíso. Solo su madre era capaz de relajarlo con caricias en sus orejas, no permitía que nadie más las tocara. Pero la mano, incluso con guante, del chico lunar se sentía increíblemente bien. Sabía dónde tocar sacándole profundos ronroneos de puro gusto. El ronroneo se intensificó cuando empezó a usar ambas manos.

Entreabrió los ojos topándose con el rostro ajeno cerca del suyo. A esa distancia pudo apreciar mejor la palidez del Targoniano que resaltaba gracias a esas extrañas marcas moradas. La piel de sus mejillas se veía suave como la porcelana fina que le regaló a su madre hace unos años. El tonó rosa que las empezó a cubrir acentuaron el color negro de sus ojos, era como mirar la noche en su máximo esplendor.

Y entonces vio sus labios. Delgados e igual de pálidos, apenas un tono rosado los cubría pero combinaban a la perfección con el resto de su rostro. ¿Siempre había sido así de lindo? Nunca se había detenido a mirarle con atención, era una belleza exótica que no podías encontrar en Jonia. La mirada tranquila y casi cariñosa que le dieron esos ojos negros terminó por derretirlo por completo. Estaba a merced de sus caricias.

Necesitaba besarlo. Ver sus labios tan cerca suyo terminó por convertirse en una desesperación, ¿a qué sabrían? ¿Serían tan suaves como lucían al igual que su piel? Quería averiguarlo, debía averiguarlo. Se acercó soltando un sonido lastimero cuando el dedo índice de Aphelios se lo impidió. Ronroneó más fuerte.

—Vamos... Por favor—. El jefe no rogaba, jamás. Pero esos labios al parecer valían la pena.— Por favor Aphelios... Necesito...—. Las caricias y su propio ronroneo no le dejaban pensar con claridad.

El Lunari se sorprendió un poco de que, por fin, le llamara por su nombre. Sonrió alejando su dedo de sus labios e inclinándose más cerca suyo volviendo a acariciar sus orejas con ambas manos. Sett agradeció a cualquier deidad existente de que, al parecer, su petición sería cumplida.

Cerró los ojos suspirando al sentir el placentero aliento de Aphelios sobre sus labios. Quería lanzársele encima y devorarle la boca, pero las manos sobre su cabello le tenían firmemente sujeto para que fuera paciente. El roce de sus labios le provocó un escalofrío de anticipación. Estaba a punto de probar el paraíso, sentiría si esos labios eran tan exquisitos como se veían.

Lo único que sintió fue un rodillazo en su entrepierna.

Su grito de dolor no se hizo esperar, al parecer el delgado cuerpo del Lunari tenía fuerza oculta. Cayó de rodillas sujetándose con fuerza entre quejas y maldiciones. Levantó como pudo la mirada encontrándose con la punta de una de las armas de Aphelios, su rostro tenía una sonrisa que le provocó escalofríos, sus orejas se alzaron antes de escuchar el disparo.

ALIADO EJECUTADO

Los pingueos por parte de todo su equipo no se hicieron esperar.

—¡¿Eso siquiera es posible?!—. Exclamó confundido Rengar en tanto ayudaba a Taliyah a robarse el buffo azul del Ekko enemigo.

—¡En vez de asesinar aliados ven a asesinar a la línea Targoniano!—. Reclamó Brand quien había estado aguantando el 2 vs 1 tanto como podía en bot.

Aphelios reía en silencio, por culpa del veneno, viendo el cuerpo quejumbroso del vastaya en el suelo de la fuente. Aprovechó de terminar de comprar su Filo del Infinito antes de empezar a avanzar a su línea, Sett se regeneraría en 20 segundos. Alune, que había visto todo, estaba orgullosa y, al mismo tiempo, aterrada de su hermano. A pesar de ello, admitía que le agradaba ver al vastaya quejándose en el suelo, había recibido su merecido.

El Lunari se detuvo un momento volteando a ver a su hermana haciéndole unas señas. El vastaya les veía aún adolorido desde el suelo cuando el fantasma de la joven se le acercó, tosió falsamente y sonrió burlona.

—Gg izi top—. Y volvió con su hermano entre carcajadas. Sett no creía que podía ser humillado aún más y ahí van los gemelos a continuar su tormento.

Como le había escuchado decir a Karma: El karma siempre llega.


Al final lograron ganar la partida. Aphelios no podía quitar la sonrisa de su rostro. Durante el resto del juego Sett no volvió a molestarlo y solo se concentró en la partida, ¡incluso lo salvó en una ocasión! Tal parece que su plan había funcionado a la perfección, su hermana también se alegró por él y porque ahora podrían tener juegos tranquilos. Solo esperaba que si Sett volvía a estar en el equipo enemigo no le molestara de aquella forma abusiva de nuevo.

—Nuestra conexión comienza a flaquear Phel—. Comentó Alune escuchando a su hermano toser.— El veneno de la Noctum ya está perdiendo su efecto, te veré en Targón o en tu próxima partida.

Aphelios asintió carraspeando, su garganta dolía un poco pero ya sería capaz de hablar de nuevo, esperaba poder hablar normal para felicitar a Taliyah por su Pentakill antes de irse. Aunque la joven estaba ocupada, y avergonzada, siendo felicitada por Ekko por el buen juego que tuvieron. Quizás era mejor no molestarlos.

—¡Oye! ¡Chico lunar!—. Oh no.

Sett tenía una expresión molesta, estaba gruñendo y se acercaba a él con rapidez. Su conexión con Alune ya se había perdido, el veneno había terminado su efecto, estaba desarmado. Momento perfecto para huir. Comenzó a correr siendo enseguida perseguido por el molesto vastaya. El resto de los campeones solo los vio sintiendo lástima por el Targoniano, seguramente recibiría una paliza.

Aphelios aún no estaba por completo familiarizado con la Grieta como con Monte Targón, terminó por encerrarse a si mismo en una zona apartada sin salidas visibles. Sett le miraba con la respiración agitada pero con una sonrisa depredadora enseñando sus colmillos como victoria. El Lunari tragó saliva esperando no terminar con algún hueso roto. Su plan terminó saliendo muy mal.

—Nadie humilla al jefe, ¿sabes Aphelios?—. Se acercaba paso a paso mientras él retrocedía, sintió un escalofrío cuando su espalda chocó con la pared y los enormes brazos de Sett taparon sus costados.— Te lo voy a cobrar.

El Lunari esperaba un golpe, quizás una ulti o lo que fuera, no que el vastaya desviara la mirada a sus labios relamiéndose los propios. Comprendió lo que haría antes de siquiera poder tratar de huir de nuevo. Los brazos de Sett le sujetaron la cintura pegándolo a la pared para que se quedara quieto, inclinó el rostro y atrapó su boca en un beso salvaje que le robó el aliento en apenas unos segundos.

Puso sus manos en sus hombros tratando de apartarlo con todas sus fuerzas, solo logró que se alejara lo suficiente para tomar una bocanada de aire antes de que sus labios volvieran a ser devorados por aquel salvaje vastaya. Su aroma tan masculino comenzaba a marearlo, sentía el rostro ardiendo, sus piernas temblaban y la peor parte de todas: Le estaba gustando.

El vastaya sabía cómo besar, no podía negarlo. Sentía que podía tocar esa luna que tanto admiraba solo con la sensación de sus labios. Se lo estaban comiendo y no podría importarle menos. Pero sabía que no debía ceder, Sett se estaba vengando por lo sucedido en la Grieta y Aphelios no iba a dejar que se saliera con la suya, aún debía pagar todo lo que le hizo pasar las últimas semanas. Este pequeño juego de ambos solo podía tener un vencedor.

Aprovechó de soltar un gemido al sentir como la lengua de Sett se colaba entre sus labios. El vastaya se tensó por completo con las orejas alzadas alejándose, al parecer no esperaba ese sonido por parte del Lunari. Aphelios rodeó su cuello atrayéndolo de vuelta con expresión triste alzando el mentón como si pidiera otro beso. El rostro de Sett enrojeció casi tanto como su cabello cumpliendo cual sirviente la petición.

Los labios del Lunari sabían a gloria. Sabían dulce seguro por la fruta del río que comió antes de que la partida terminara, el dulzor se mezclaba con un ligero toque ácido de algo raro que al vastaya no le importó, solo sabía que era su nuevo sabor favorito y se encargaría de guardarlo en su memoria y en su lengua buscando robarle el aliento a Aphelios.

Su ronroneo no se hizo esperar cuando el Lunari enredó las manos en su cabello acariciando sus orejas en el proceso. No esperaba que ese supuestamente tímido muchacho, que además no se veía como alguien sociable, pudiera seguir el ritmo de aquel salvaje beso. Dioses, incluso su lengua se frotaba contra la suya provocando gruñidos placenteros por su parte.

Los pequeños suspiros y gemidos que soltaba Aphelios morían en la boca ajena estremeciendo todo el cuerpo de Sett. El vastaya estaba teniendo problemas para concentrarse o si quiera recordar por qué le besó en lugar de golpearlo por la humillación en la Grieta.

Lo único que estaba llenando su mente en ese momento era lo deliciosos que eran los labios del Lunari, en sus manos acariciando su cabeza y en lo bien que se sentía su delgado cuerpo entre sus brazos, encajaba perfecto. Lo apretó más contra sí volviendo a estremecerse ante el suspiro que soltó entre su beso.

Sett podía sentir sus propias piernas débiles, la intensidad y desborde de emociones eran demasiadas, no se comparaban a ninguna pelea que haya tenido antes. Su pelaje estaba erizado y solo quería más y más de Aphelios. Se separaron un momento en busca de aire, la peor decisión que pudo tomar el vastaya.

Sett—. Esa voz... esa voz suave y necesitada que terminó con todo rastro cuerdo del vastaya pertenecía a nadie más que Aphelios.

No pudo más. Entre las intensas emociones que dejó el salvaje beso, el sabor de sus labios y su voz pronunciando su nombre la mente de Sett colapsó siendo Aphelios lo único en ella. Cayó de rodillas con las manos del Lunari aún acariciando de manera exquisita sus orejas, ahora solo podía ronronear queriendo otro beso.

Aphelios se inclinó rozando sus labios antes de alejarse con una sonrisa limpiando un hilo de saliva que corría por su mentón ante los lastimeros sonidos de Sett, lo tenía por completo a su merced.

—Sett—. Volvió a canturrear suave riendo un poco ante su ronroneo.— ¿Otro beso?

—Sí... por favor—. Frotaba su cabeza cual cachorro necesitado contra sus manos.

—Hmm—. Le besó la mejilla sonriendo ante el sonido inconforme del vastaya.— Escúchame Sett, dejarás de molestarme ¿sí?—. Sett asintió sin dejar de mirar sus labios, Aphelios se acercó a sus orejas para susurrarle cariñoso.— Dejarás de molestarme... Si no quieres que tu madre se entere sobre lo que estás haciendo.

Otra vez Sett fue dejado en shock, sus orejas se alzaron y una expresión asustada apareció en su rostro. Aphelios le sonrió con inocencia fingida antes de alejarse.

—Nos vemos gatito—. Se despidió sintiéndose satisfecho de haberlo puesto en su lugar.

Sett se quedó ahí de rodillas en el suelo, el cabello revuelto, las orejas alzadas, el corazón latiendo con fuerza y un problemita en su entrepierna. Se había metido con el Lunari equivocado, le hizo pagar todas las últimas semanas en que lo estuvo molestando. Le había... le había impresionado. De tímido no tenía nada, era silencioso pero mortal en todo sentido. Una sonrisa se le fue formando enseñando los colmillos.

—Bueno mami, tengo un yerno que conseguirte y esta presa luce como un reto... Y yo nunca rechazo un reto.

Haber llegado a la Grieta del invocador fue mejor de lo que pensó.


Cortito, pero espero les haya gustado. Sé que Sett no es un gato exactamente, pero nunca está demás el ronroneo (besto headcannon).

Aparte de los que tengo pensados, se me ocurrió uno pequeño de San Valentín, quizás lo escriba y lo publique como especial "atrasado" xD