Los personajes de Mai Hime no me pertenecen..

Capítulo 5

Natsuki

¿Adivinad quién tiene novia?

Debido a sus múltiples compromisos, nos citamos para la semana próxima. Fecha que esperaba ansiosamente desde que colgamos la llamada y a medida que se iban consumiendo los días mi nerviosismo aumentaba gradualmente. La víspera de vernos, no pegué ojo en toda la noche, únicamente miraba el reloj con desesperación viendo cómo se acercaba el momento, contando los segundos que me separaban de ella. Aquella mañana las clases me producían un engorroso tedio, en aquel momento era como si toda la rapidez con la que las manillas del reloj avanzaban anoche, por arte de magia se hubiesen congelado durante el día. El profesor de ingeniería Térmica, que era la clase de entonces, repetía una y otra vez las mismas frases como si a base de repetición, dejaría de mirar el reloj para centrarme en la asignatura. A mediodía, salí con cara derrotada de clases en busca de mi compañera de habitación y de Tate. Desde nuestro encuentro en la cafetería nos habíamos unido demasiado.

"¿Piensas acudir a tu cita así?" Me regañó Nao incluso antes de acercarme a la mesa donde ya se encontraban ella y Tate.

"Hola a ti también. Y no es una cita, vamos a vernos para cambiar las bolsas." Dije mientras comencé a comer del plato de mi amigo.

"¿Has pensado de que hablar?" Preguntó en este caso Tate.

"Creedme, lo he intentado pero no he llegado a ninguna conclusión. Y no sirve de nada planificarlo, porque es verla y se me atragantan las palabras." Señalé hacia mi garganta. "Mientras menos hable mejor." Asintieron los dos a la vez a dicha afirmación.

"¿Quieres que te acompañe? Me distraeré por el centro comercial y si las cosas no van bien, con tan solo un mensaje iré a buscarte y fingiré casualidad." Tate me conocía mejor que nadie y sabía que los nervios me consumían por dentro.

"¿Harías eso por mí? Gracias, te debo una." Suspiré aliviada y miré en dirección hacia Nao.

"¿Qué? Yo no puedo, me ha castigado Sigiura-sensei por no ir a clase." Nos miramos Tate y yo.

"¿Por qué no simplemente vas a su clase?" Casi al unísono le hicimos aquella pregunta mi amigo y yo.

"Ya os lo he dicho, no me siento a gusto en su clase, además es pésima como profesora y tengo acceso a sus exámenes porque sigue poniendo en su ordenador como contraseña su fecha de nacimiento." Será…

"No podías haber sido hermana de mi profesor de matemáticas." Dije suspirando y envidiando su suerte.

"¿O de mi profesora de leyes?" Comentó Tate también envidiando la situación de nuestra nueva amiga.

"¿Por qué creéis que escogí la carrera de historiadora? No estoy hecha para encerrarme a estudiar." Se levantó como si nada de la mesa y se despidió cerca de la puerta de la cafetería. "Jane."

"¿Cómo es que atraemos a nuestro circulo a gente rara?" Cuestionó Tate siguiendo con la mirada la dirección por donde nos había abandonado mi compañera de cuarto.

"Tú la atrajiste, hasta hace una semana a mí me odiaba. ¡Oh dios mío! ¿Te gusta?" Lo miré sorprendida.

"No, no. Bueno es atractiva y tiene un cierto toque de misteriosa pero no es mi tipo." Respondió encogiéndose de hombros.

"¿Y cuáles son tu tipo, las que no pueden localizarte al día siguiente?" Sonreí por tener ganas de bromas incluso cuando estoy atacada por los nervios.

"¡Exacto! ¿Por qué amar solo a una pudiendo amarlas a todas?" Definitivamente era un cretino.

Nos citamos en la misma cafetería donde la semana anterior me abandonó, Tate que se ofreció en hacer de gabardina camuflada, se despidió de mi deseándome suerte cerca de los recreativos para tener una tarde entretenida y quien sabe conocer a alguien. Yo hecha un manojo de nervios me dirigí hacia la planta superior del centro comercial en busca de aquel pequeño oasis de mi infierno. Cuando llegué a la cafetería para mi sorpresa, la encontré sentada esperando por mí con una taza de té como la semana pasada e iba bien acompañada por la ojilila de la noche anterior. Confirmado no era una cita y mis sospechas me decían que no quería una cita conmigo por el momento. Con una herida en mi orgullo, decidí sonreír mientras me acercaba a la mesa donde se encontraban ambas chicas, que al verme se incorporaron de sus asientos para darme la bienvenida con una pequeña reverencia.

"Siento haberos hecho esperar." Me sonrojé, maldita sea tengo una habilidad innata para sonrojarme.

"No te preocupes, acabamos de llegar." Habló la ojilila, en esta ocasión llevaba un modelito más recatado. "Por favor, acompáñanos." Me ofreció asiento que no desaproveché. "Creo que es hora de presentarnos formalmente ya que parece que es inevitable cruzarnos." Sonrió tranquilamente. "Soy Tokiha Mai y ella es Shizuru Fujino." Por fin miré en dirección a la castaña que no había pronunciado palabra desde que llegué.

"Un placer. Kuga, Natsuki Kuga." Aún con un leve sonrojo alcé la bolsa en mi mano para entregársela a la castaña. "Esto es tuyo."

"Gracias, siento mucho el despiste." Susurró la castaña sin mirarme fijamente como había hecho la vez anterior en la boutique. "Con respecto a tu bolsa, lamento comunicarte que no la tengo en mi poder." La miré fijamente sin entender a qué se refería. En la llamada me aseguró que estaba sana y salva en su casa.

"Verás, se nos ha perdido y hemos encargado la misma pieza en la boutique pero dado el hecho que es una prenda de temporada se les han agotado y la tendrán para la semana próxima." Intervino Tokiha Mai con una sonrisa. "No te enfades con Shizuru fue culpa mía. Espero no haberte arruinado ninguna ocasión especial." Yo asentía sin entender, no sabía que se traían entre manos estas dos pero lo cierto era que volveríamos a vernos una vez más para cuando me entreguen mi bolsa.

"No te preocupes." Un momento, ¿ocasión especial? ¿Acaso el corset de la castaña era para una ocasión especial? Al mirar a la castaña de nuevo, vi que se encontraba levemente ruborizada, pero seguía sin entender su extraño comportamiento.

Tras una charla trivial mientras tomaba café y sentía cada musculo de mi cuerpo tenso, disimuladamente mandé un mensaje a Tate con la palabra socorro. Pues mantenía más charla con la ojilila que con la citada en cuestión que no dejaba de verme de soslayo y cuando buscaba sus ojos, ella me rehuía. ¿Dónde se había ido aquella coqueta de la tarde anterior? A escasos veinte minutos, tiempo que se había tomado mi amigo en decidir intervenir o no, ya que me imagino que divisó a la ojilila a lo lejos y no quería inmiscuirse de nuevo con una aventura, llegó con una bolsa en la mano como excusa de haber estado de compras mientras nos localizaba a lo lejos creando una casualidad un poco extraña.

"Menuda agradable sorpresa, ¿qué hacéis aquí?" Suspiré aliviada al oír su voz a mis espaldas, viendo como la ojilila abría sus ojos en señal de verdadera sorpresa.

"Creo que te comenté que tenía que devolver algo que no era mío. Perdón os presento." Al decir esto Tate me fulminó con la mirada. "Chicas este es Tate Yuichi, y ellas son Tokiha Mai y Fujino Shizuru." Le invité a sentarse junto a mí.

"Ara,… un placer" Por fin se manifestó la aludida.

"El placer es mío chicas. ¿Quién me iba a decir que de pasar una tarde aburrida en solitario iba a estar rodeado de tanta belleza?" Miré a Tate de reojo, ¿Cómo podía actuar como si no hubiese pasado nada?

Con la presencia de Tate la charla se animó muchísimo más, incluso la tensión del ambiente y la de mis músculos también se redujo considerablemente. Fujino que en un principio estaba presente como suplemento decorativo de Tokiha, ahora hasta sonreía y dejaba ver alguna que otra observación ingeniosa. Yo por mi parte seguía atragantada con mis palabras pues parte de mi nerviosismo era solo con la existencia de la castaña. Independientemente si interactuaba o no en la conversación. De repente noté que ciertas miradas iban dirigidas a mí y que en el fondo ella también estaba nerviosa por nuestro encuentro, tal vez por ello invitara a Tokiha. Una vez relajados Tate que volvía a mirar a Mai de la misma forma que lo hizo aquella noche anterior, propuso que nos fuéramos a cenar los cuatro cerca de la bahía, así podríamos pasear por la playa de noche, ya que era un acto que jamás había tenido el placer de disfrutar. No hace falta decir que era una maraña para enredar a jovencitas románticas. Que justo aquella tarde volvía a surtir efecto. Y es que a Tate no hay chica que se le resista. No en vano se ha ganado el apodo de casanova a un mes de vivir en el campus.

Una vez que cenamos en completa armonía los cuatro, con sonrisas adornando los entremeses gracias a las anécdotas de mi amigo, salimos en dirección hacia el mar. Y como alternativa Tate propuso ir en motocicleta, para que las chicas disfrutaran de la agradable brisa de principios de otoño. Una vez que sentí los brazos de la castaña rodearme, de nuevo me ruboricé escandalosamente, por suerte el casco impedía que mis acompañantes lo vieran. Cada vez que aceleraba la moto aunque fuese levemente, sentía como apretaba su cuerpo al mío y como sus brazos me agarraban con fuerza. Mi corazón casi me sale despedido por la boca. Y suplicaba al universo que no se diera cuenta de los sonoros latidos que amenazaban con explotarme los tímpanos. Desde aquella noche no volví a tenerla tan cerca salvo en mi imaginación. Poco a poco mi nerviosismo comenzó a desaparecer, por un segundo disfruté tanto de la experiencia que no me di cuenta de que íbamos las dos tan tranquilas sintiendo paz la una en compañía de la otra. Una vez estacionada la moto junto a la de Tate. Nos adentramos en la arena, comprobando por primera vez que si había magia en la playa a oscuras. Las estrellas iluminaban el cielo y el murmullo de las olas envolvía aquel momento con sabor a esperanza. De pronto, como la vez anterior, mi amigo y su amiga desaparecieron como por arte de magia dejándonos de nuevo a solas. Solo que en esta ocasión, no había champagne y nuestra información estaba completamente al descubierto.

"¿Tienes frio?" Pregunté tímidamente al ver que se estremecía a mi lado después de sentarnos en la arena.

"Un poco. No sabía que de noche bajaban tanto las temperaturas." Dijo mirando hacia el horizonte, mientras tanto yo me quitaba la chaqueta y se la ponía sobre sus hombros. "Gracias, no tienes por qué." En aquel instante, en nuestra cercanía pues le ponía la chaqueta, nuestras miradas por fin se cruzaron.

"Quiero que disfrutes de este momento y no lo recuerdes como la noche en que te resfriaste." Comenté cuando ella desvió su mirada.

"No creo que pueda olvidarlo jamás." Seguía mirando hacia el horizonte. "Es la primera vez que vengo a este sitio y de noche." Sonrió.

"Tiene cierto encanto." Dije mientras me tumbaba en la arena para ver el cielo estrellado. "Y cierta paz." Suspiré pues había dicho un pensamiento en voz alta. "Mira cuantas estrellas." Se tendió sobre la arena como había hecho yo.

"Ara… Es tan hermoso." La miré mientras ella contemplaba fijamente el cielo. "Te sientes tan insignificante y a la vez tan afortunada de ver esta inmensidad."

"¿Has visto esas estrellas de ahí?" Dije señalando a las dos de las estrellas más brillantes del firmamento." Son Vega y Altair." Ella me miró fijamente sorprendida.

"¿Conoces el nombre de todas las estrellas?" Cuestionó con esa voz tan melodiosa que junto al arrullo del mar sonaba más placentera aún.

"No, solo las especiales." Sonreí.

"¿Y por qué esas dos son especiales?" Preguntó intrigada.

"Cuanta una leyenda china que un joven arriero se encuentra en su camino a siete hadas bañándose en un lago y decide robarles sus ropas y esperar a ver qué sucede. Las siete hadas eligen a la menor y la más bella de ellas para ir en busca de la ropa. Y como el joven la ha visto desnuda, se ve obligada a aceptar su propuesta de matrimonio. Cuando la diosa del cielo descubre que un humano y un hada se han casado y viven felices y enamorados, provocan su ira y los separa enviándolos al cielo en forma de dos estrellas. Y tomando su alfiler, la diosa abre el cielo formando un ancho rio en la vía láctea para separar a los dos amantes para siempre. Pero una vez al año, en el séptimo día del séptimo mes, Vega llora tan alto que todas las urracas del mundo se compadecen de ellos y alzan el vuelo hasta el cielo formando un puente con sus alas que atraviesa la vía láctea, para que los amantes se vuelvan de nuevo a reunir por una sola noche de pasión." Durante todo mi relato, ella permanecía en silencio mirándome fijamente. Y yo no apartaba mis ojos de las dos estrellas.

"Ara… eso fue tan…" La miré por fin y vi que me miraba con cierta sorpresa aun con la boca abierta sin saber exactamente qué decir.

"Mi madre me contaba esa historia cuando era niña. E incluso el siete de julio iba con mis padres a la bahía de Tokio a celebrar el encuentro de las estrellas. No nos lo perdíamos ningún año." Miré de nuevo hacia el cielo, pues las emociones amenazaban con salir.

"¿Y dónde están tus padres ahora?" Preguntó inocentemente. Por lo que guardé un instante de silencio pensando que responder. "No quería ser indiscreta."

"Son aquellas dos estrellas que acompañan a Vega. Por lo menos ahí es donde habrían querido estar." Dije mientras una lágrima traicionera resbalaba por mi mejilla.

"Ellos habrían querido estar siempre a tu lado." Soltó en un susurro tan dulce que sus palabras me envolvieron completamente y sentí su cálida mano sostener la mía. "Por lo menos desde ahí siguen cuidando de ti." La miré de nuevo y nuestros ojos se volvieron a cruzar.

"¿Cómo es que dominas las palabras tan bien?" Pregunté mientras me incorporaba y permanecía sentada.

"No hay mejor manera para acariciar el alma que mediante las palabras." Se incorporó ella también apoyando su cuerpo con el brazo en la arena.

"Vaya toda una intelectual. ¿Quieres ser escritora?" Interrogué tímidamente. Mientras ella asentía con una sonrisa.

"Me encanta leer y zambullirme en los libros. Mi pasión siempre ha sido la literatura y me habría encantado vivir en el corazón del bosque o en un faro solitario y encerrarme a escribir largas novelas. Olvidándome del mundo." Seguía sonriendo en actitud soñadora.

"¿Y qué te impide hacerlo?" Me miró y su sonrisa se torció.

"La vida. ¿Tú estudias?" Asentí en silencio. "¿Puedo preguntar el qué?" Continuó tímidamente.

"Ingeniería mecánica." Solté orgullosa.

"Ara… menuda sorpresa, ¿Y es lo que te hubiese gustado estudiar?" Asentí en silencio de nuevo.

"Mis padres siempre quisieron que estudiara algo que me gustara y a mí me gustan las motos. Así que para honrarles me matriculé y espero conseguir acabar la carrera." Me miraba sorprendida, como si fuese un ser de otro planeta. "¿Tu no estudias lo que quieres?" Me aventuré a indagar en su vida.

"No exactamente, no he tenido mucha elección. Debo prepararme para el negocio familiar y la literatura no me servirá de mucho en lo que me espera en el futuro." Desvió su mirada de nuevo hacia el horizonte.

"Siempre puedes irte, alejarte del mundo y encerrarte en un bosque o en un faro. Total tu futuro estará donde estés tú." Sonreía mientras miraba el mar. "Además, puedes escapar y disfrutar de momentos así, la próxima vez traeré hojas en blanco y te obligaré a escribir." Comenzó a reír.

"¿Vas a tomarte tantas molestias solo para que yo escriba?" Me miró mientras seguía riendo a gusto.

"Con tal de verte sonreír, las que hagan falta." Solté satisfecha. Por un segundo nos quedamos en silencio mirándonos a través de la noche y lentamente comenzamos a buscar nuestros labios. En el instante que rocé su boca, ella se detuvo.

"No… Puedo." Susurró apartándose lentamente. Me quedé perpleja, no entendía por qué no podía. La noche anterior nos acostamos como si no fuera haber mañana y hoy no quiere un beso. "Tengo que irme." Se levantó de súbito.

"Está bien." Dije incorporándome también. "¿Buscamos a estos dos o te llevo a tu coche?" Pregunté mirándola mientras ella se ponía nerviosa mirando hacia todas partes.

"No te preocupes. Tomaré un taxi." De repente se dio media vuelta y se fue, dejándome de nuevo a solas conmigo misma. ¿Qué había hecho? ¿En qué me había equivocado?

De nuevo cabizbaja, dirigí mis pasos hacia la motocicleta comprobando que la de Tate aún seguía estacionada junto a la mía. Entristecida, me debatí entre esperar a mi amigo o irme a casa y opté por la segunda opción. No sabía cómo se pudo haber truncado un momento perfecto y tampoco entendía muy bien su comportamiento de hoy. Habría preferido otro final para esta noche, cualquiera me habría servido no necesariamente haber culminado la velada con un beso, sino simplemente el despedirnos cordialmente con la esperanza de volver a verla, pero en cambio se fue tan precipitadamente, que ni siquiera sé el motivo exacto por el que se fue. Un remolino de emociones me invadía, sabía que la situación estaba fuera de mi alcance pero no podía evitar pensar que tal vez si me hubiese comportado de otra manera o si hubiese usado otras palabras, el encuentro habría sido diferente. Cuando llegué a mi habitación me encontré con Nao lista para irse a la cama. Al verme tan afligida, no bromeo ni uso en ningún momento su sarcasmo de doble filo. Más bien intento confortarme.

"No es culpa tuya, Kuga. A veces cada persona tiene que enfrentar su propio infierno para abrirse a otra persona." Comentó desde su cama sentada mirando hacia mi dirección.

"No lo entiendo. Tiene todo el derecho a rechazarme pero por lo menos podría decirme por qué motivo, creo que merezco saberlo." Dije abatida.

"Tal vez no quiera rechazarte, simplemente no es el momento para entrar en su vida." Dijo mientras se situaba junto a mí, llevaba un pijama de color rojo a juego con su corta melena.

"¿Y por qué se ha acostado conmigo en un principio?" Cuestioné ya con desesperación. "Hubiese preferido que me rechazara al principio y no ahora."

"A lo mejor pensó que no volvería a verte. Y se sintió atraída por tu atractivo. O simplemente se ha dejado llevar sin pensar en que llegaría a sentir algo más y se asustó. No sentencies aún, dale tiempo a organizar sus sentimientos e incluso tú tómate el tiempo para hacer lo mismo. Si estas enamorada de ella y es la chica a la que quieres no debes tener prisa." Me tumbé en su regazo mientras me acariciaba el pelo. "Todo nos llega en su momento, solo hay que saber esperar." Susurró a mi oído.

No sé en qué momento debió ser cuando me entregué de lleno a un sueño pesado y necesario pues había trasnochado la noche anterior. Las caricias de Nao me recordaban a las tardes cuando me caía jugando con mis vecinos e iba a llorar al regazo de mi madre, que me abrazaba y me acariciaba el pelo hasta quedarme dormida. Al día siguiente, después de las clases comenzaría nuestro fin de semana. Y había planeado ir a visitar a mi tutor. No sabría decir en qué momento exacto, mientras dormía, tomé una decisión con respecto a echarle una mano en el taller. Aceptaría gustosa la oferta, de ese modo entretendría mi mente en cosas más productivas y me centraría en mi gran sueño, diseñar mis propias motos y hacerlas yo misma. Evité a Tate durante todo el fin de semana, apangando mi teléfono y volcándome de lleno en el taller. Mi tutor me recibió con un fuerte abrazo pues llevaba casi un mes sin saber de él y sin pisar nuestro hogar. Al subir las escaleras en dirección a mi habitación, no pude evitar recordar aquella noche que tras intentar subir las dos las escaleras, cargué a Shizuru hasta mi habitación. Cada rincón de aquella habitación me recordaba a ella, incluso con solo estar una sola vez allí. Intenté eludir aquellos tórridos pensamientos, pasando más tiempo con mi tutor. Incluso habíamos decidido ir a presentarles nuestros respetos a mis padres y de paso llevarles flores. Era una actividad muy pacifica para ambos pues la llevamos a cabo en absoluto silencio pero era un silencio cómodo, ensayado tantas veces que era hasta natural en nosotros.

Al comienzo de la semana volvía con una sonrisa renovada, pues mediante el mutismo acariciaba mi alma y esta se transformaba. Me dirigí hacia la cafetería en busca de mis amigos y me encontré únicamente a Nao.

"Hola, ¿qué tal tu fin de semana?" Pregunté animada.

"Sin mucho que contar, ¿y tú? Te noto más animada." Alzó una ceja escrutándome. "¿Te has reconciliado con la desequilibrada?" La miré de reojo.

"No, fui a casa y me relajé encontrándome a mí misma." En esta ocasión la que me miró de reojo fue ella.

"¿Has tomado drogas?" Volvió a preguntar sin esperar respuesta.

"¡Idiota! Por cierto, ¿has visto a Tate?" Negó con la cabeza.

"Lleva todo el fin de semana desaparecido como tú. Desde que os fuisteis a encontraros con tu desequilibrada." Comentó mientras desayunaba.

"Que no la llames así. Además mientras menos hablemos de ella mejor." De nuevo alzó la mirada volviendo a escrutarme.

"¿En serio, qué has tomado? No me creo que la vayas a olvidar así por así." Se puso seria por un momento.

"No digo que la vaya a olvidar así por así, pero dejar de hablar de ella sería un buen comienzo." Asintió de forma escéptica. "No estoy hecha para el amor y menos para sentirme culpable sin saber el motivo." Al fin vemos a Tate entrar a la cafetería.

"¡Oye! ¿Dónde te habías metido?" Interrogó Nao incluso antes de que se acercara a la mesa.

"¿Adivinad quien tiene novia?" Nos miramos Nao y yo sorprendidas y boquiabiertas.

N/A: Disculpad la demora, estaba en unos días de meditación. Muchísimas gracias por seguir la historia a los nuevos lectores y a los que ya la conocen, gracias por releerla. Me encantan los comentarios, me alegran el día y aquellos que me han recordado lo especial que fue esta historia en concreto, solo decirles gracias, muchas gracias por acordarse de los pequeños detalles. Actualizaré lo antes posible. Disfruten.