Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...
Capítulo 6
Shizuru
Iros a un hotel.
"… Ya estoy en casa." Dije en voz alta mientras cerraba la puerta tras de mí, escuchando la risa de Mai que procedía desde la cocina americana que compartíamos en el mini apartamento en el campus.
"¡Bienvenida!" Me contestó con una voz más animada de lo normal. No me podía creer que Tate aún siguiera ahí. Desde que regresó de la playa con él, el día que salimos los cuatro, llevaba encerrada todo el fin de semana en su habitación. Eso sí que era aguante.
"Buenos días, Fujino." Saludó el aludido. "Me despido ya, tengo que llegar a mi habitación y alistarme antes de que empiecen las clases." Nos comentó a ambas haciendo una reverencia. "Te llamo más tarde." Continuó antes de besar a mi amiga, hecho que no me sorprendió en lo más mínimo.
"¿Lleváis todo el fin de semana encerrados?" Pregunté una vez que la puerta se cerró dejándonos a solas a mi amiga y a mí.
"¡Si! ¿No es maravilloso? Creo que lo juzgue antes de conocerlo, es tan tierno y tan romántico." Comenzó a alabarlo como una quinceañera enamorada. Parece que el dejarse llevar me ha traído problemas solo a mí. "¿Dónde te habías metido?" Cuestionó por fin extrañada de no verme en días.
"Tenía que asistir a un evento de mi padre y ya que estabas tan ocupada profanando nuestro apartamento, decidí irme al mío con Reito." Dramaticé para hacerla sentir culpable, pero sinceramente solo quería evadirme un poco de todo aquello que parecía poner mi mundo patas arriba.
"Lo siento, no sabía que te haría sentir incomoda." Se ruborizó, cosa extraña en Mai.
"Tranquila, quería airearme un poco. Eso es todo." Me apresuré en tranquilizar a mi amiga.
"¿Estas bien? ¿Ha pasado algo que no me hayas contado?" Adivinó Mai y es que frente a ella era como un libro abierto. "¿Va todo bien con Reito?"
"Si, desde la ruptura es el novio perfecto. Es… complicado." Escondí mi rostro entre las palmas de mi mano, avergonzada.
"Desahógate, te hará sentir mejor. Y compartiremos tu carga." Sentí el abrazo cálido de Mai.
"Es Kuga, me comporté como una niña consentida con ella. Me fui dejándola sola en aquella playa y había sido tan dulce conmigo… no sé qué me pasa Mai, no puedo controlarme con ella. Y en este momento me debe odiar. Me odio a mí misma." Me acarició en el hombro Mai. "Estuve a punto de besarla y me asusté y hui como una cobarde sin ser capaz de decirle que estoy con Reito."
"No pasa nada. Todo se solucionará, solo debéis hablar y pedirle disculpas. Además, en cuanto antes te sinceres con ella mejor. Ella lo entenderá." Me animó poniéndose de pie.
"¿Y si no lo entiende? ¿Y si se enfada? ¿Y si piensa que he jugado con ella?" Esas preguntas me estaban volviendo loca desde que tomé aquel taxi precipitadamente. ¿Y si no volvería a verla? Aquella pregunta me aterraba.
"No te precipites. Tú explícale toda la situación. Con eso haces lo correcto y cómo se lo tome solo le concierne a ella, ¿no crees?" Me miró de frente oliéndose que había algo más. "Shizuru, estas con Reito." Asentí en silencio. "Porque quieres estar con Reito, ¿no?" La miré con ojos cristalinos.
"No lo sé. No quiero perder a Reito, es muy importante para mí, pero…" Comencé a balbucear en busca de alguna razón coherente para mantener a Kuga en mi vida.
"No hay peros Shizuru, no puedes estar con los dos. Y de verdad no quiero que te arrepientas de tus decisiones y arriesgar algo sólido por una aventura es… jugársela demasiado." Mai estaba en lo cierto Reito y yo tenemos una relación sólida, él me proporcionaba estabilidad y seguridad, no podía arriesgar eso, así como así, ni siquiera por Kuga. "En mi opinión debes decirle la verdad y si podéis dejarlo todo en una amistad mejor. Y más ahora que vamos a vernos muy a menudo." La miré cuestionando la última frase. "Es la mejor amiga de mi novio." Diciendo eso se encerró en su habitación para prepararse para las clases.
"Ara…"
Aquella declaración, me había dejado pensativa durante toda la mañana. Tenía que volver a enfrentarme a Kuga y a esclarecer toda esta situación. Necesitaba explicarle como me sentía respecto a ella y mi relación con Reito. El pavor que me causaba desconocer su reacción era lo que realmente me impedía armarme de fuerzas para nuestro siguiente encuentro que intentaría evitar hasta encontrar una solución plausible a mi dilema. Mientras tanto, mi relación con Reito está mejor que nunca, él se encontraba más relajado conmigo y más dedicado a lo nuestro, evitaba planes tediosos con mi padre o sus padres, y antes de tomar cualquier decisión la consultaba antes conmigo, aunque esta fuese de lo más trivial. Éramos la envidia del campus, todas las miradas se posaban en nosotros al pasar y miles de comentarios inundaban los pasillos de la universidad. Comentarios alabando nuestra belleza, complicidad e incluso el gran amor que me profesaba mi novio. En aquellos instantes, me acordaba de los años en el instituto. Todos decían que habíamos nacido para estar juntos, que nos complementábamos a la perfección y que juntos podríamos llegar a lo más lejos. Incluso los profesores pensaban en aquellas palabras.
"Hola mi amor." Hablando del rey de roma. Mientras iba distraída por los pasillos a mi siguiente clase, Reito venía de frente y nos cruzamos por pura casualidad.
"¿Ara, creí que derecho estaba al otro lado del edificio?" Comenté mientras depositaba un beso en sus labios.
"Ya sabes que inevitablemente mis pasos me llevan hacia ti." Volvimos a besarnos en medio del pasillo siendo fuente de distracción de todos los jóvenes del campus. "Me he cruzado con Mai esta mañana, la noto más animada." Sonreí pues era de esperar que trajera aquella sonrisa.
"Si, está saliendo con alguien y parece que la hace muy feliz." Dije mientras caminamos hacia mi clase. "Esta mañana no dejaba de sonreír en el apartamento y en el coche."
"Pues algo debo de estar haciendo mal para no tenerte así de contenta, juraría que venias preocupada por el pasillo." Se puso completamente serio en un instante. "Sabes que puedes confiarme todo aquello que te preocupa, ¿no?" Lo miré directamente a los ojos para tranquilizarlo.
"Tranquilo, estoy bien. Solo pensaba en las clases y en los miles de trabajos que nos han dado para finales de año. Confía en mí, no me pasa nada." Con una sonrisa, deposité un casto beso en sus labios para corroborar mis palabras.
"Está bien." Dijo derrotado, sabiendo que no podía objetar más ante dicho beso." Podríamos salir los cuatro para conocerle ¿no te parece? Por fin podremos tener una cita doble." Sonrió pensando en nuestra última conversación, pues siempre quise tener una cita doble con mi amiga.
"Ara, no se me había ocurrido. Tal vez se lo proponga a Mai." Jamás, no podía presentarle a Tate, era amigo de Kuga se lo diría y yo no podría explicarle nada.
"Bien, entonces dejo que continúes con tus clases. Nos vemos más tarde. Te quiero." Volvió a besarme y se fue sin esperar respuesta.
Durante toda la mañana no hacía más que revivir aquella salida al mar de noche, un escenario más que acertado. Y no hacía más que pensar en los miles de finales que podría haber tenido dicho encuentro. Natsuki se había comportado como todo un caballero romántico, cediéndome su chaqueta, que me llevé por descuido, contándome aquella historia tan romántica que me dejó sin palabras, nunca me había imaginado que Kuga estuviera llena de aquella sensibilidad. Aquella noche fue tan tierna que fui incapaz de controlarme, quería llegar a ella por todos los medios y deseaba acariciar de nuevo su piel. Incluso sabiendo que era algo prohibido, sus labios me atraían irremediablemente. Ahora que íbamos a vernos más seguido, tenía que evitar aquellos momentos a solas pues me hacían vulnerable. No debería ceder a mi deseo por Natsuki, es más no debería sentir deseo alguno por ella.
Al acabar las clases busqué a Mai por todo el campus, siempre nos encontrábamos en la terraza de la cafetería, aprovechando los últimos rayos solares de la temporada, se aproximaba el crudo otoño y las lluvias. La encontré almorzando con Reito y algunos amigos más del instituto que habíamos coincidido en Waseda. Me dirigí temerosa, de que Reito le comunicara a Mai mi ilusión por tener una doble cita y que esta lo aceptara. Al llegar todos se echaron a reír. Y de súbito me puse pálida.
"¿Qué os parece para este fin de semana?" Comentó Mai mirándome mientras giñaba su ojo a Akane, mientras que ésta asentía sonriente. "No hay más que decir, yo me encargaré de la reserva."
"¿De qué hablan?" Pregunté mientras me sentaba junto a Reito.
"Se acerca el cumpleaños de Kazuya y Akane quiere celebrarlo en un karaoke." Contestó Reito mientras yo suspiraba aliviada. "¿Te apetece dedicarme una canción, amor?" Cuestionó en tono seductor.
"Sabes que no soy buena cantando." Sonreí mirando a Mai que ampliaba su risa gradualmente. Y dado el hecho de que nos conocemos muy bien, sabía que era el gesto previo a una gran noticia.
"Chicos, os tengo que decir que me gustaría invitar a alguien al karaoke." Amplió aún más su sonrisa. "Es un chico con el que he empezado a salir. Y espero que os caiga bien." Dijo completamente sonrojada.
"¡Enhorabuena, Mai!" Aplaudieron todos al unísono. De repente mi sonrisa se congeló, pues caí en la cuenta de que únicamente disponía de cuatro días para enfrentarme a Kuga, y eso era demasiada presión para mí.
Una vez acabadas las clases de la jornada, me dirigí abatida hacia el apartamento. ¿Cómo era posible que se me complicara tanto mi vida? Cierto era que no me había sentido más viva que aquella noche junto a Kuga en su habitación, pero ¿Quién me iba a decir que aquello conllevaría tanto quebradero de cabeza? Se supone que no íbamos a volver a vernos jamás, ¿Por qué siempre la palabra jamás y nunca eran tan efímeras? Cuando volvía a poner en orden mi vida de nuevo con Reito y con las clases, me crucé con ella para poner de nuevo mi mundo patas arriba. Vivía en una montaña rusa y mis emociones estaban al borde del colapso. Por más cavilación que le ponía al asunto no llegaba a ningún sitio. Todo mi tren de pensamientos colisionaba ante la imagen de Kuga, pues era incontrolable sentir diversas emociones junto a ella. Era tan natural, tan espontanea que me invitaba a abrirme a ella sin remedio y confesaba mis secretos y deseos más ocultos. Tumbada en el sofá intentaba poner mis ideas en orden y por más empeño que ponía al cerrar mis ojos aparecía aquella mirada esmeralda, danzar en cada rincón de mi mente. Pasados unos minutos, llamaron a la puerta. Era Reito.
"¿Cómo te encuentras? Me has dejado preocupado, de repente te quedaste en shock en el almuerzo." Comentó mientras se quitaba el abrigo y lo depositaba en el perchero junto a la puerta.
"Me duele un poco la cabeza, eso es todo. Deja de preocuparte tanto, estoy bien." Respondí mientras me dirigía de nuevo hacia el sofá.
"¿Cómo puedes usar en la misma frase me duele la cabeza y estoy bien? Déjame comprobar una cosa." Sin recibir respuesta puso la mano sobre mi cabeza y notó que tenía un poco de fiebre. "Anda échate un rato, tienes fiebre. Te traeré una manta y te prepararé una sopa." Dijo mientras me depositaba sobre el sofá.
"No es necesario, Reito. Seguro que estas ocupado y no quiero que llegues tarde al Kendo." Siempre me culpaba a mí de sus retrasos a dicha actividad.
"Tú eres más importante que el Kendo o cualquier otra actividad." Besó mi frente entretanto me cubría con un cálido cobertor. "Déjate querer y no seas terca." Mientras éste se dirigía a la cocina a preparar una sopa sencilla y caliente no pude evitar el pensar que con él jamás había compartido mi gran sueño, el de ser escritora.
"Reito, ¿qué piensas acerca de la literatura como carrera profesional?" Un gran silencio invadió el apartamento.
"Pienso que debe haber escritores por supuesto, alguien debería escribir la historia y la visión del mundo para la generación futura." Respondió tranquilamente mientras seguía cocinando.
"Me refiero a los escritores en general, dejarlo todo y dedicarse a escribir novelas como Mishima, Fumiko Enchi…" Siguió de nuevo el silencio.
"¿Dejarlo todo y dedicarse a la escritura? Menudo disparate, supongo que algunos mediocres pueden hacer eso. Nosotros estamos destinados a algo mucho mejor. Ya te dije que no todos podemos ser importantes presidentes de industrias o abogados de distinguidas firmas, debe de haber escritores, cocineros, incluso personas que se encarguen de limpiar la ciudad. Es un equilibrio en el que todos nos beneficiamos. Los escritores obtienen lo que quieren y los empresarios también." Suspiré pesadamente por lo bajo, sabía que su pensamiento imitaba al completo al de mi progenitor que se escandalizó cuando a mis dieciséis años confesé querer ser escritora.
"Supongo que es la vida que me ha tocado vivir…" Solté en un susurro, mientras él se acercaba con la sopa.
"¿A qué viene esa pregunta? ¿Acaso conoces a alguien que lo dejaría todo por dedicarse a la escritura?" Interrogó mientras me tomaba la sopa y negué con la cabeza. "¿Quién dejaría todo lo que tiene por dedicarse a escribir?" Al ver que no obtenía respuesta dejó que acabara con la sopa.
"La mayoría lo compagina con otras cosas." Afirmé aún con la sopa entre las manos.
"Puede ser, pero en el mundo de los negocios no hay tiempo para escribir. Además, ¿acaso quieres ser escritora?" Me escrutó con la mirada sin entender a que se debía tanto entusiasmo por aquella charla.
"Lo cierto es que quise ser escritora cuando era pequeña, soñaba con encerrarme en un faro al que íbamos con mi madre y alejarme del mundo para escribir largas novelas." Le confesé no sé si debido a la fiebre o porque no concebía la idea de haberme podido desahogar con una completa desconocida y necesitaba decírselo a Reito.
"Por suerte se te pasaron las ganas. ¿Por qué ya no quieres, no?" Preguntó de nuevo escrutándome.
"¿Qué tiene de malo ser escritora?" Solté casi ofendida por su pregunta.
"No tiene nada de malo, simplemente que estas destinada a algo más grande. En unos años serás la presidenta de la compañía de tu padre y tendrás que vértelas con proyectos y tratos hacia otros directivos, ¿crees que hay cabida para la escritura? Estamos destinados para la grandeza y más aún tú, que eres la heredera del imperio Fujino. Debes centrarte seriamente en el negocio familiar, ya no por ti sino por el prestigioso apellido que llevas. Y entiendo que ahora no quieras agobiarte por el futuro y quieres que tengamos una vida social más abierta y vivir la juventud y la universidad hasta el límite, pero tenemos que pensar siempre en el futuro que nos espera, intentar perjudicarlo lo menos posible con las decisiones que tomemos ahora." Dijo completamente serio mientras acariciaba mi brazo y me retiraba el plato vacío de las manos.
"¿Desde cuándo te has vuelto tan maduro?" Cuestioné fundiéndonos en un abrazo, pues pensaba incorporarme y llevarme en brazos hasta mi habitación.
"Desde que creí perderte. Quiero que formes parte de mi vida para siempre y aunque no lo creas me tienes completamente enamorado. Y amo cada parte de tu personalidad, incluida la soñadora." Fruncí el ceño levemente mientras me depositaba en mi cama. "Escritora, ¿Quién lo iba a decir?"
"¿Siempre has querido ser abogado?" Traté de burlarme.
"Por supuesto, mi padre es abogado y mi hermano…. También lo fue. Para mí es un honor continuar los pasos de mi familia. Y más aún servirte a ti en el futuro. Nada me agradaría más que ser la mano derecha de la gran Fujino Shizuru." Después de desnudarse mientras soltaba de nuevo otro monólogo se metió en la cama junto a mí.
"Demasiado ambicioso, joven Kanzaki." Respondí a modo de burla.
"Puede ser, pero de momento me conformo con ser yo quien le quite la fiebre a mi querida y hermosa novia." Diciendo eso comenzó a besarme por el cuello haciendo que pierda el control.
No sé si fueron los besos de Reito o la noche de pasión las que me quitaron la fiebre, pero misteriosamente al día siguiente estaba completamente recuperada, cosa que no podía decir Reito. Que despertó con una fuerte fiebre acompañada de dolores de cabeza y malestar general por todo el cuerpo. Reito se comportaba de una forma un tanto especial cuando caía enfermo y según él únicamente con las sopas de su madre lograba recuperarse rápidamente, así que lo llevé personalmente hasta su casa donde su madre lo acogió con los brazos abiertos, pues era el hijo menor y sentía por él una devoción un tanto peculiar. Al llegar a Soudai, me encontré con Mai en el estacionamiento, esperando por mí. Parecía que, debido a una manifestación del profesorado, se cancelaban las clases hasta mediodía. Y a Mai se le ocurrió la idea de ir a Todai juntas a sorprender a su novio y como no, alegando que debía hablar con Kuga, puesto que iba a invitarla aquel fin de semana al karaoke. Durante los cinco kilómetros que nos separaban de dicha universidad, durante todo el trayecto no hacía más que dar razones para que hablara con Kuga lo antes posible. Resignada acepté a acompañarla y quedarme eso si Kuga aceptaba hablar conmigo después del desplante que le hice la semana pasada. Al llegar a Todai, al primero que encontramos fue a Tate, que nos esperaba en los estacionamientos junto a su motocicleta. Parecía que eran inseparables. Tras saber que Kuga aún estaba dando su primera clase, nos dirigimos los tres hacia la cafetería, donde Mai le invitó formalmente a unirse con nosotros al karaoke el fin de semana, invitación que aceptó con un beso a Mai. Me alegraba por mi amiga parecía que podía ser feliz con quien quisiera. Con el divorcio de sus padres, ambos progenitores intentaban rehacer sus vidas sin inmiscuirse en la de mi amiga, dándole libre albedrio. Podía estudiar lo que quisiera y unir su vida con quien quisiera. Es verdad que hasta la fecha no se le conoce ningún candidato a Mai pero eso no significa que fuese el primer novio en su vida. Pues una vez, con varias copas de más, confesó haber dejado atrás al amor de su vida en Hokkaido donde anteriormente vivía con sus padres.
"Ahí esta Kuga. ¡Eh, Natsuki!" Llamó Tate mas que eufórico. Ella que nos había divisado desde la entrada, primero se sorprendió con nuestra presencia y luego únicamente frunció el ceño al verme a mí. "¿Qué tal la mañana?" Preguntó ya que vio la cara de pocos amigos que traía.
"Interminable." Dijo secamente mientras se sentaba. "Hola" Nos dirigió a Mai y a mí.
"Hemos venido a secuestraros." Continúo Mai, notando la tensión que había con Kuga.
"Yo me dejaría secuestrar." Intervino Tate, abrazándola y besándola frente a nosotras.
"Iros a un hotel." El sonrojo de Kuga no tenía precio. Tenía una facilidad en avergonzarse que excedía toda explicación.
"Vamos a un lugar mejor." Y cogiéndose de la mano desaparecieron los dos por la salida, dejándonos de nuevo a solas las dos. Tras un largo silencio comencé a hablar.
"Kuga, lo siento. No quise ser descortés contigo, yo…" Intenté acertar con las palabras mientras miraba como ella estaba pendiente del reloj de la cafetería.
"Ven conmigo." Interrumpió secamente y se levantó de la mesa. Por lo que la seguí rauda pues no conocía aquella universidad. Tras caminar largo tiempo por los pasillos sin mediar palabra, nos adentramos a un aula y buscó un lugar en la fila de atrás para las dos.
"No puedo estar aquí." Susurré a su oído. "No pertenezco a esta universidad." Dije completamente asustada por si nos pillaban en la travesura.
"Tranquilízate. No está tan mal infringir las reglas." Acomodándose espero a que comenzara la clase.
En seguida, entró en clase una joven señorita que únicamente con su presencia silencio completamente el aula, por lo que pude deducir que era la profesora. Mis nervios por ser descubierta estaban a flor de piel, ni siquiera sabía que lección era la que se iba a dar. Únicamente sabía que la morena estudiaba ingeniería mecánica. ¿Y si la profesora iba a preguntar algo? ¿Cómo iba a responder? Al mirar de reojo a Kuga, noté como sonreía. ¿Cómo era capaz de tener sangre fría en este momento? De repente y casi me salen los ojos de las órbitas, me sorprendí cuando la joven profesora escribió en la pizarra el nombre de Yasunari Kawabata. De inmediato me giré a mirar de frente a Kuga, que aún seguía dibujando en su rostro aquella sonrisa. Nos habíamos colado en una clase de literatura japonesa.
"Hoy hablaremos, del célebre alumno de esta misma universidad y el muy conocido para todos ustedes por el trabajo del año pasado. Hablaremos de Kawabata y del Shinkankaku-ha. ¿Alguien me puede decir que entiende por este término?" Cuestionó la profesora mientras todas las manos se levantaban incluida la de Kuga.
"Descripción minuciosa de la realidad." Respondió el elegido por la joven profesora.
"Exacto, la nueva escuela de las sensaciones, que es así como se conoce el término de shinkankaku-ha, se componía por la percepción sensitiva de la realidad a la manera de los intelectuales… que ya iremos viendo a lo largo del año los escritores que pertenecen a esta escuela…."
Durante toda la clase sentí una mezcla de emociones y sentimientos entrelazándose unos con otros, sin querer porque era evidente que no esperaba mi visita el día hoy, Natsuki me había sorprendido enormemente, tocando mi fibra más sensible. Pues después de la charla con Reito la noche anterior, me juré a mí misma abandonar cualquier pensamiento acerca de la literatura y de escribir. Pero con aquel detalle tan significativo para mí, Kuga había agitado completamente de nuevo mi mundo, mostrándome una ventana en la que mirar como alternativa de mi vida. Disfruté grandiosamente de la clase, capturé en mi consiente cada palabra y cada frase de aquella docente y de repente el nerviosismo y la tensión desaparecieron completamente y sin apenas darme cuenta el timbre anunciando el final de la clase irrumpió en el aula sacándome de mi ensoñación.
"Quiero para la semana que viene un trabajo completo sobre la bailarina de Izu, obra con la que se estrenó Kawabata, quiero que la analicéis pues vamos a debatirla en clase y quiero una redacción hecha por vosotros en la que describís algún pasaje sin extenderse como máximo quinientos caracteres." Diciendo esto salió rauda y veloz de clase la profesora seguida por los alumnos.
"No te he visto tomar apuntes, Fujino." Manifestó Kuga mientras permanecía aún en su asiento.
"¿Cómo sabias que iba a dar clase justo ahora?" La miré sorprendida, pues cada encuentro me sorprendía aún más y sin quererlo me hechizaba con sus actos.
"Supongo que hice los deberes." Sonrió, aquella voz grave me inundaba de diferentes emociones cada vez que la oía.
"Hablando de deberes, tendremos que leer la bailarina de Izu." Sonreí a mi vez, pues ya estaba completamente relajada.
"¿Vas a volver la semana que viene para analizarla?" Preguntó alzando una ceja, acto que me pareció sumamente irresistible.
"Puede…" Diciendo esto me incorporé. "¿Vas a enseñarme esta universidad? A lo mejor me matriculo en literatura." Sonreí mientras me dirigía hacia la puerta, notando como Kuga me seguía de cerca.
"¿En serio? Porque no empiezas por escribir esa redacción. Yo la entregaría y a ver qué piensa de tu estilo la profesora. No hace falta estudiar para ser escritor, únicamente hace falta algo que contar y un estilo a la hora de escribir." En medio del pasillo me giré para quedar completamente frente a ella.
"¿Conoces algún escritor que no haya estudiado?" Me miró escrutándome.
"Pues claro que sí. Dickens, Faulkner…" ¿Ara como sabe tanto acerca del tema?
"Pero no puedo dejarlo todo simplemente para ponerme a escribir." La interrumpí.
"No tienes por qué dejarlo todo, ¿sabes?" Continuó andando hacia los jardines de la universidad. "Puedes compaginarlo con otras cosas, ¿Sabías que Mishima ni siquiera estudio literatura porque su padre se lo prohibió? Se graduó en derecho y escribía por las noches." Asombrada me detuve una vez fuera a contemplarla desde atrás, pues cómo era posible que conociera todo aquello.
"¿Cómo sabes todo eso?" La miraba enfrascada en un asombro enorme, era una auténtica caja de sorpresas.
"No importa como lo sé, el caso es que ahora lo sé y te lo estoy diciendo a ti. Nunca es tarde para cumplir ningún sueño. Hay sueños que son inalcanzables, pero con que cada día lo intentemos solo un poco, encontraremos una razón para vivir. Y quién sabe, igual en unos años leeré algún libro escrito por Shizuru Fujino." En aquel instante ensimismada por su voz y por sus palabras me estremecí completamente al oír mi nombre en sus labios. ¿Cómo era posible que alguien como ella existiera? ¿Cómo era posible que frente a ella mi mascara y mis muros se derrumbaran? Y me hacia una y otra vez la misma pregunta, ¿Quién era aquella chica?
"¿Cuál es tu sueño?" Cuestioné mientras me acercaba a ella.
"No es tan inmenso como el tuyo." De nuevo aquel adorable sonrojo decoraba sus mejillas, me guió hasta un banco apartado rodeado por aquel maravilloso jardín. "Algún día quiero que todo el mundo conduzca una motocicleta hecha por mí."
"Ara… ¿y has pensado qué hacer después de graduarte?" No sabía porqué, pero me entristecía la idea de que quisiera salir al extranjero a terminar de formarse.
"Sinceramente, evito pensarme mucho las cosas. No me adelanto a los acontecimientos, es decir, quiero diseñar vehículos de dos ruedas y para ello debo estudiar ingeniería mecánica, el qué viene después lo desconozco, ya lo iré descubriendo cuando llegue el momento." La miré perpleja, ella es completamente el opuesto de Reito, intentando planificarlo todo incluso evitando tomar malas decisiones ahora para no afectar el día de mañana y Kuga tan despreocupada, viviendo en el ahora sin rendirle cuentas al futuro. "No me mires así, de qué me sirve pensar en el futuro, si en cualquier momento podría sufrir un accidente."
"Bueno, tampoco hay que ser tan pesimistas." De repente recordé cómo había eludido hablarme de sus padres. "¿Tus padres…"
"Murieron en un accidente de tráfico." Terminó tajantemente, por lo que quedé en silencio observándola. "Volvíamos los tres en el coche, la noche del siete de julio de Kamakura y un camión que iba distraído porque el conductor se encontraba bebido embistió contra nosotros, precipitando el coche por el acantilado en una de las carreteras secundarias." Al notar mi absoluto silencio, tomó aire y continuó." Mi madre murió en el acto y mi padre murió ahogado, ya que el cinturón no cedía, se había atascado. Me salvó un pescador que iba en su balsa, al ver que el coche se precipitaba saltó al mar para socorrernos, pero únicamente podía salvar a uno y me salvó a mí." No sabía qué decirle, su historia me conmovió y me paralizó completamente. "Así que no me tomo la molestia de pensar en el futuro." Me miró con aquellos ojos esmeraldas, tan profundos y cristalinos que pude sentir su dolor. Perdida en su mirada y sin saber cómo confortarla y apaciguar su sufrimiento, sin pretenderlo me encontraba a medio camino de sus labios. Con la mirada fija en sus ojos, en aquel remolino de emociones gritando por salir. Una vez que nuestros labios se unieron, todo mi cuerpo parecía volver a encenderse y no había fuerza sobre humana que nos separara. Nuestro beso comenzó cada vez a profundizarse más y más, hasta que nuestras lenguas por fin se encontraron. Sentía la yema de sus dedos recorrer mi cuerpo sobre la ropa hasta llegar a la cintura. La calidez de su cuerpo me invitaba a explorar cada centímetro de ella, olvidándome por completo que me encontraba en medio del jardín de la universidad de Tokio.
"¿Y ahora quien necesita irse a un hotel?" De repente el beso se detuvo abruptamente, dejando nuestra respiración agitada, pues no nos separamos ni siquiera para tomar aire.
"Shizuru creo que deberíamos irnos." Me dijo una Mai claramente enfadada, pues su mirada se clavaba en mi como auténticas dagas.
N/A: Pues ahí estuvo, espero que lo hayáis disfrutado. Gracias por leer.
