Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...

N/A: Siento la demora, me había olvidado completamente de subir el siguiente capítulo, prometo no tardar tanto con el siguiente. Seguid disfrutando, un saludo.


Capítulo 7

Natsuki

Lo siento, lo siento muchísimo

He de confesar que cada vez entendía menos mi situación en particular y a las mujeres en general. He sido abandonada, rechazada y de nuevo abandonada otra vez y hoy me halaga con una visita y me premia con un beso. Esta mujer me da una de cal y una de arena. De improviso, una prisa atroz las devora a ambas y tienen que irse deprisa y corriendo. En la despedida tanto Mai como Shizuru, actuaban un tanto extrañas incluso para Tate, que se encogió de hombros sin explicarse qué era aquello que sucedía. Lo único que teníamos en claro, era la invitación de Mai al karaoke para celebrar el cumpleaños de un amigo de ellas. Al principio no me hacía tanta gracia la invitación, pues ir a un karaoke equivalía a cantar en medio del grupo y el simple hecho de pensar en ello se me ruborizaba hasta el vello más oculto. Pero tras cavilar en el asunto y llegar a la conclusión de que oiría la voz de la castaña en todo su esplendor, mi corazón se desbocaba ante dicha oportunidad. Así que me dejé convencer por mi querido amigo.

"Deberías venirte con nosotros Nao." Estuvo perdida toda la semana, casi no dormía en la habitación.

"Eso, no te hagas de rogar, hace días que no vienes a la cafetería, nos tenías preocupados." Alegué mientras ella se limaba, como no, las uñas.

"Agradezco la oferta pero gracias la tengo que declinar." Respondió con aires de grandeza la arpía.

"¿Qué es más importante que pasar tiempo con tus amigos?" Volvió al ataque Tate.

"Las citas. ¿Qué? No me miréis así, tú tienes a esa pechugona y tú a la desequilibrada… tengo que ponerme al día." Ambos pusimos los ojos en blanco.

"Deja de ponerles mote a las chicas. Tienen nombre." Solté indignada. "Además puedes unirte y traerte a tu cita, supongo que mientras más seamos más divertido será."

"Mira quien lo asegura, la entendida en fiestas. El alma diría yo." Comenzó a reírse Tate y lo fulminé con la mirada. "Está bien, decidme en qué lugar se encuentra y si mi cita me aburre, me pasaré a ver qué tal canta Kuga."

"Si únicamente pasas por eso, mejor ni vengas." Balbuceé con cara de pocos amigos por lo que echaron a reír los dos.

La semana había dado paso a sus días en un abrir y cerrar de ojos. No volví a ver de nuevo a la castaña en todos aquellos días, la única señal de vida que envió fue la chaqueta que le presté la noche en la playa, la mandó por medio de Mai, que se disculpó y agradeció el gesto. La amistad con Mai era fácil de llevar, pues era una chica alegre y sonriente. Y parecía que sentía devoción por mi amigo, hecho que daba puntos a su favor. No habíamos tocado nunca el tema de Shizuru ella y yo, aunque en una ocasión parecía querer hacerlo pero por alguna razón inexplicable rehuimos el tema y para ambas quedó zanjado. El karaoke en cuestión al que nos invitó Mai, se encontraba en la zona céntrica de Kabukicho, lo decoraba un gran neón con un cartel con un micrófono. Antes de ir directamente al karaoke, Tate y yo decidimos cenar por nuestra cuenta, cerca había un lugar donde preparaban los mejores udon y era casi un ritual ir una vez por mes mi amigo y yo a comer hasta no poder movernos. El precio era asequible y los fideos frescos y con un sabor excepcional. Aquel lugar fue todo un descubrimiento para nosotros y al propietario le caímos en estima, aunque por más que intentábamos explicarle que nuestra relación era pura amistad, este se negaba a creernos. Una vez cenados y satisfechos, nos encaminamos hacia el karaoke encontrando a una Mai más que preocupada esperando en la puerta.

"Hace más de media hora que os espero, ¿os habéis perdido?" Cuestionó Mai una vez que estuvimos cerca. Al poco tiempo, llegó una castaña de media melena recogida, que enseguida se presentó.

"Soy Akane Higurashi gusto en conocerles y este es Kazuya Kurauchi." Hicimos la reverencia los cuatro.

"Encantados, supongo que eres el cumpleañero por lo que me dijo Mai. Felicidades." Dijo Tate sonriente

"Igualmente. Y muchas gracias por asistir." Seguía reverenciándose, yo me cansé y no dije nada.

"Veo que no somos los únicos en llegar tarde." Apuntó Tate mirando hacia Mai, que simplemente suspiro pesadamente. "¿Entramos?" Dirigió Tate como si fuese el alma de la fiesta de aquel grupo de amigo. Una vez en el interior nos atendió una joven disfrazada de sirvienta, que nos dirigió hacia nuestra pequeña sala privada. Mientras nos tomaba el pedido, explicaba el funcionamiento de toda la maquinaria y haciendo una reverencia se despidió. "Hemos invitado a la compañera de habitación de Natsuki, si no te importa." Le comentó a Mai mientras intentábamos mantener una conversación con la joven pareja que conocimos. Eran bastante tímidos ambos.

"No pasa nada, cuantos más seamos mejor." Dijo sonriendo y nerviosa sin dejar de mirar hacia la entrada.

"En realidad no sabemos si vendrá. Solo lo propusimos." Insistí mientras me bebía la cerveza, una vez que se calentaba sabía más amarga de lo normal. Tate que había notado el nerviosismo de su novia preguntó casi en un susurro cerca de su oído.

"Oye, ¿va todo bien? El retraso fue sin querer, teníamos hambre y nos detuvimos a cenar." Explicó mi amigo realmente arrepentido.

"No es eso. Os hice venir antes para poder explicaros un pequeño detalle que Shizuru no pudo explicar… iba más dirigido hacia Kuga que hacia ti." Respondió en un susurró apenas perceptible, únicamente supe que hablaban de mi cuando me señaló.

"Oye no me eches la culpa a mí. Cenamos los dos y tu repetiste plato." Me defendí sin saber de qué iban los susurros, cosa que hizo reír a Mai despejando un poco la tensión.

Cuando nos pusimos manos a la obra para encender el karaoke entre los tres Tate, Kazuya y yo, ya que se nos resistía, la puerta se abrió para dar paso a un joven, alto, esbelto y de sonrisa prominente que se disculpó por el retraso, ya que pasaron a recoger a un amigo y se les dificultó la tarea de estacionar, al girarme en su dirección, vi que el joven amigo se trataba de nada más y nada menos que Takeda, el compañero de habitación de Tate, y que del brazo de aquel despampanante muchacho venía Shizuru, hecho que en un principio al no entender absolutamente nada me desconcertó e incluso me extrañó, pero una vez que la cerveza circuló por mi sangre hasta llegarme al cerebro, iluminó todo atisbo de ignorancia y entendí a la perfección todas aquellas dudas y rechazos. Tate que se dirigió a saludar a su compañero de cuarto, al notar dicho detalle se giró en mi dirección y únicamente vio la sombra que quedaba de mí en aquel lugar, pues quedé estupefacta sin saber exactamente que pensar o qué hacer, sentí que se me había tomado el pelo y que se habían burlado de mi a gusto. De repente, no sabría decir o explicar en qué instante ocurrió pero tenía al joven aludido frente a frente presentándose.

"Me llamo Kanzaki Reito, un placer. Creo que ya conoces a Masashi Takeda y ella es mi novia Fujino Shizuru." Vi cómo me hacía la reverencia y yo le correspondí, sin saber que decir.

"Me alegro de volver a verte Kuga" Continuó Takeda por lo que no tuve que abrir la boca para presentarme.

Todo aquello, era como una película para mi nublada mente. Como si aquella escena fuese ajena a mí. Era como una espectadora completamente subjetiva de aquella acción que se llevaba a cabo. Como el que enciende el televisor y ve que un grupo de amigos se reúne en un karaoke y de pronto llegan tres integrantes más con media hora de retraso, nada más. Mi cabeza daba vueltas y miré la cerveza para asegurarme que era parte de la escena, que mi presencia era real y que me encontraba en aquella sala privada, rodeada de mis amigos y unos desconocidos y que aquella cerveza que sostenía en la mano estaba siendo consumida por mí. Por un instante me acordé de Shizuru que busqué con la mirada pero no levantó los ojos del suelo en ningún momento. Únicamente vislumbraba a Mai que con cara de preocupación me miraba para deducir en qué estado me encontraba. De repente sentí como si me conectaran a aquel plano y todos los sonidos volvieron a mí, fue cuando me di cuenta que desde la presentación Takeda no había dejado de hablar y Reito seguía de pie junto a mi sonriendo.

"Disculpadme un segundo." Atiné a decir con una voz más ronca de lo normal. Miré de nuevo la cerveza en mi mano, únicamente consumí media botella. Y la deposité en la mesa encaminándome hacia fuera de la sala, necesitaba aire en mis pulmones. Una vez en la calle llenándome de oxigeno necesario sentí la presencia de Tate.

"¿Estas bien?" Me sostuvo del brazo.

"Por un momento no supe dónde estaba, era como si me encontrase fuera y dentro a la vez, ¿conoces esa sensación?" Pregunté sin mirarle a la cara mientras obtenía aire.

"La conozco muy bien. Sé cómo te sientes. ¿Quieres ir a casa?" Volvió a cuestionar apoyándose en la pared cerca de mí.

"Quédate con Mai. Ella te necesita más que yo en este momento. Volveré a casa, Yamada me estará esperando." Lo miré directamente a los ojos. Estaba pálida y él realmente preocupado.

"No. Ya me he disculpado y lo entiende. Volvamos a casa juntos." Cuando nos íbamos, nos sorprendió Nao. "Creí que no vendrías. ¿Y tú cita?" Comentó Tate sorprendido por la presencia de nuestra amiga.

"Ese inútil lo he mandado a paseo. No sabría satisfacer a una mujer ni aunque se lo pusiera en bandeja. ¿Y a ti que te pasa? ¿Has perdido color o son los neones?" Me decía apuntando hacia mí.

"No la molestes. Está teniendo una mala noche." Respondió Tate.

"Shizuru ha venido con su novio, están ahí adentro." Respondí sin rodeos pues Nao era de los nuestros y tenía buenos consejos aunque no siempre efectivos.

"¿Por qué no me sorprende? ¿Y vais a huir? ¿Vais a dejar que se lo pase en grande con su noviecito en el karaoke?" Nao estaba teniendo una mala noche también. "No seáis cobardes, vamos a entrar ahí y vamos a demostrarles que no necesitas a ninguna Fujino para ser feliz."

"Nao no quiero una trifulca de verdad, quiero tomar algo y olvidarme del tema." Me defendí.

"¿Hasta cuándo? Hasta su próxima visita al campus, no creas que no te he visto con ella en los jardines." Me ruboricé. "Vamos, ¿se ha estado burlando de ti todo este tiempo y esa es tu reacción?" Lo cierto era que tenía razón. ¿Por qué debía huir yo cuando la que está a punto de ser descubierta era ella?

"Eso aún no lo sabemos. Seguro que ha de haber una explicación razonable a todo esto." Intervino Tate para calmar la sed de sangre que llevaba Nao consigo.

"Necesito saber esa explicación, Tate. Y si no lo entiendo hoy, no tendré paz. Quiero zanjarlo todo ahora." Miré a Tate en busca de su comprensión, él sabía que si regresáramos con el grupo y se nos iba de la mano la disputa, su relación con Mai estaría tambaleándose.

"Está bien. Si de esta forma te hará estar más tranquila, entremos pero no quiero que os volváis locas y va por ti Nao. Dejemos que ellas hablen y arreglen su malentendido y después nos vamos." Asentí en silencio.

"¿Cómo iba a volverme loca si no conozco a nadie?" Preguntó lo evidente.

Regresamos los tres disculpándonos para sorpresa de una castaña y una ojilila. El resto nos acogió con una sonrisa de bienvenida. Presentamos a Nao y alegamos ir en su búsqueda puesto que se había extraviado. La velada comenzó de lo más tensa, en la esquina de la sala me encontraba yo junto a Nao y a Tate y en la otra punta de la sala a Takeda junto a Reito y Shizuru, únicamente Mai y la pareja de tímidos mediaban. Sinceramente era un momento incómodo y agradecía a los cielos que la ruleta que indicaba el turno del cantante, no se detuviera en mi nombre. Vi cómo se detenía en todos excepto en el mío y en el de Mai para su desgracia, pues amaba los karaokes y de hecho este fue idea principal suya. Me excusé para salir de nuevo a tomar aire. Pues ver como el galán la sostenía de la mano o acariciaba en el rostro e incluso los besos que le prodigaba cada vez que tenía oportunidad, me ponían realmente enferma. Nadie me había avisado de esta cara del amor. ¿Cómo es que nadie hablaba de lo duro que eran los celos y lo difíciles de controlar? Mientras suspiraba por enésima vez y me tomaba mi cerveza, la cuarta en lo que llevamos de noche, la voz de Shizuru por fin me sacó de mis cavilaciones.

"Lo siento Kuga. Quise explicártelo miles de veces, pero no encontré el momento preciso." Comenzó a decir.

"¿Qué tal cuando salías corriendo sin motivo aparente o antes de besarme?" Solté con furia. Pues las palabras de Nao acudían a mí con fuerza. "¿Te habrás divertido lo suficiente? ¿O necesitas humillarme más aun?" Tomé aire, quería evitar todo sufrimiento hasta que la conocí a ella. Y realmente esta noche me arrepentía de todas las decisiones que me llevaron hasta Shizuru.

"Déjame explicártelo, por favor." Insistía, al borde del derrumbamiento, su mirada escarlata estaba ligeramente empañada.

"¿Qué me vas a explicar?" Señalé en dirección a la entrada del karaoke." Tienes cinco minutos, para decirme ¿por qué yo? Con la cantidad de gente que hay para joderle la vida ¿por qué yo?" Rompió a llorar en aquel instante.

"Lo siento, no tengo excusa valida. Lo siento muchísimo, la noche en la que te conocí había discutido con Reito y habíamos roto. Simplemente salí a despejarme un poco, no pensé en conocerte y al hacerlo no pensé en volver a verte. Todo ha pasado tan rápido y no encontraba el momento oportuno para decírtelo, no quería que te enfadaras, no quería que te fueras, ¿entiendes? Yo solo… quería estar cerca de ti."

"¿Cerca de mí? ¿Querías estar con los dos?" La discusión se había acalorado por lo que decidimos alejarnos de la entrada.

"No, en ningún momento he pensado en estar con los dos. Tarde o temprano te lo iba a decir, solo buscaba el momento." Se defendió Shizuru.

"Y mientras tanto, tú tranquilamente escogías tu momento para deshacerte de tu malentendido, me dejabas a mi aire terminando de enamorarme de ti." Un silencio nos invadió a ambas, pues había dicho lo que no debía. "Olvídalo, dejémoslo estar." Y al darme la vuelta para irme a casa de nuevo me detuvo su voz.

"Natsuki, no eres un malentendido. Contigo todo adquiere un significado distinto, parece todo tan sencillo que hace que sea doloroso separarme de ti." Me giré en busca de su mirada pues seguía sin entender. "Pero no puedo dejar a Reito, es muy complicado, no es una decisión que tome únicamente yo." Seguía sin entender.

"¿Por qué lo haces todo tan complicado tú? ¿No es una decisión que únicamente tomes tú?" Aquello excedía cualquier excusa para alejar a alguien de tu vida. "¿Por qué no me dices simplemente lo que debo escuchar? Dime que me aleje y me iré." Me acerqué a ella y le acaricié el rostro.

"No puedo, te has vuelto tan necesaria como el aire que respiro. Únicamente pienso en ti y la sola idea de pensar en no volver a verte me aterra." La miré sorprendida, no esperaba que se sincerara acerca de sus sentimientos en aquel instante.

"¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que debo hacer?" Cuestioné acercándome aún más a ella, mirándola directamente a sus orbes escarlata, su mirada era todo un imán y la cercanía hacía imposible poder pensar coherentemente, el enfado se reducía gradualmente y lo único que deseaba en aquel momento era abrazarla y susurrarle que todo iba a salir bien, pues su cara angustiada me producía un dolor sordo en el pecho más grande aún que verla tomada de la mano de Reito.

"No lo sé. No quiero que salgas de mi vida…" Sus palabras angustiadas sonaban demasiado sinceras para estar jugando conmigo.

"¿Va todo bien?" La voz de Reito interrumpió su discurso. Me alejé de ella automáticamente girándome hacia él para quedar de frente.

"Si." Se apresuró en contestar Shizuru. "Kuga se sentía mal."

"Lo siento. Tengo que irme." Sin entrar a despedirme de mis amigos crucé la calle y me dirigí hacia donde tenía estacionada la motocicleta.

De camino a casa no podía pensar en otra cosa que no fueran las palabras de Shizuru. No entendía exactamente que era aquello que quería. Algo en mi interior me gritaba con todas las fuerzas que abandonara cualquier sueño, ilusión o idea que tenían que ver con Shizuru y por otro lado una voz en mi mente no dejaba de presionarme preguntándose una y otra vez si todo aquello no era cuestión de tiempo, tal vez dándole el tiempo necesario podría hablar con Reito y romper aquella relación. Mi mundo comenzaba a girar bajo mis pies con violencia y sufría con cada recuerdo de ella. Deseaba por todos los medios estar con ella, porque sabía que todo mi tormento me lo producía ella y que justo era ella la cura de todo mi mal. Al llegar a casa de mi tutor, subí las escaleras abatida y me dirigí al salón, donde se encontraba él frente a una botella de un whiskey escoces, me senté junto a él y me serví un vaso que bebí de un trago.

"¿Una mala noche?" Fue la primera vez que rompió el silencio.

"Si." Contesté sin dar más detalle.

"Mañana será un nuevo día."

Al día siguiente, desperté con una horrible resaca. No estaba acostumbrada a beber y las cuatro botellas de cerveza junto a los dos vasos de whiskey escoces que bebí junto a mi tutor hicieron mella en mí. Después de una ducha fría para despertar mi cuerpo entumecido por el alcohol, bajé hacia el taller para enfrascarme de lleno a mi tarea. Era el único lugar en el mundo donde podía evadirme de todos los problemas. Era mi burbuja protectora. Aquel sábado entre grasa, bujías y motores pasó volando sin que le rindiera cuentas. No había pensado en ningún instante ni en el karaoke, ni en Shizuru y mucho menos en lo ocurrido, agradecía internamente haber tomado aquella decisión, de volver a mi hogar y ayudar al hombre que se ha comportado como un verdadero padre para mí. Al acabar la jornada y echar el cerrojo, Yamada se ofreció a convidarme a cenar en un lugar especial.

"Cuando tenía tu edad solía venir mucho por aquí. A tu madre le encantaba el té de cebada de este lugar." Comenzó a hablar tímidamente Yamada.

"¿A mamá le gustaba el té de cebada?" Era curioso como desconocía los gustos de mi madre, a veces me regañaba mentalmente porque me olvidaba de su rostro.

"Se lo tomaba a cada hora, cuando quedo embarazada de ti, no hacía más que beber y beber litros de té de cebada. Yo venía hasta aquí para comprárselo." Contó emocionado.

"¿La echas de menos?" Lo miré tristemente, pues eran amigos de la infancia. Y sabía que sufría por su muerte.

"Cada día. Y todas las noches pienso que al día siguiente será distinto pero su recuerdo está en todas partes." Confesó. "¿Y tú?"

"Yo también, pero confieso que a veces me olvido de su rostro o de su perfume. Y me siento culpable por ello, se supone que no debería olvidarla nunca." Dije decaída.

"No te culpes. Debes continuar con tu vida, así lo hubiese querido ella. Que te olvides de los detalles no significa que no la quieras. Solo que estas superando poco a poco tu dolor." Sonrió de medio lado.

"¿Y tú? ¿Cuándo vas a superar sus muertes?" Me miró tristemente.

"Para mí tus padres lo han sido todo. Y tu madre siempre será la pequeña Saeko, yo no podré superar su perdida, solo prepararme para nuestro reencuentro."

"¿Pero estarás así siempre, triste y decaído? Tienes derecho a salir, a divertirte, a conocer a alguien más que te aporte paz." Volvió a sonreír de medio lado.

"No siempre estoy triste, aunque no lo creas tus logros me hacen sentir feliz y orgulloso. Y llevo tanto tiempo solo que no estoy preparado para conocer a nadie." Contestó como un verdadero padre lo haría cosa que me agrada de Yamada.

"¿Puedo hacerte una pregunta personal?" Asintió con la cabeza. "¿Has estado enamorado de mamá?" Pregunté levemente ruborizada.

"Sabía que tarde o temprano me lo preguntarías. Y la respuesta es sí. Tu madre ha sido el amor de mi vida aunque nunca fue correspondido. Jamás le hablé de mis sentimientos porque me avergonzaba y no sentía el valor suficiente. Hasta que una buena mañana apareció con Natsume del brazo y completamente enamorada." Lo miré sorprendida y a la vez triste, ¿cómo alguien podría callar un amor tan grande como el que sentía Yamada por mi madre y verla feliz con otro?

"Pero… ¿por qué nunca se lo has dicho? ¿Acaso no estabas lo suficientemente enamorado?" Volví a cuestionar intrigada por su silencio.

"No era eso, jamás amé a alguien tan inmensamente como amé a tu madre. Pero la amaba no para ser mía, ni de mi propiedad. La amaba así libre y feliz. Incluso si esa felicidad no estaba junto a mí." Asentí en silencio, supongo que comprendía aquello que quería decirme.

"Mamá te quería mucho." Le dije en silencio.

"Lo sé, me ha confiado su tesoro más valioso. Su última voluntad era que si algún día faltara ella o tu padre, yo me encargaría de ti." Dijo orgulloso.

"Menudo engorro. Creo que no te lo he puesto nada fácil." Dije con sinceridad por lo que echo a reír.

"Has sido la mejor hija que podría tener un padre. Y estoy orgulloso de ti. Y sé que tus padres también lo están donde quiera que estén." Sentenció y sin más guardamos silencio ambos.

La velada transcurrió de lo más tranquila, no volvimos a hablar de mis padres. Aunque Yamada era un hombre de pocas palabras e inexperto, con lo de confesiones se refiere, me había dado una valiosa lección sobre lo que era el amor, hacía más de diez años que sufrimos aquel accidente donde murieron mis progenitores y sin embargo él seguía infinitamente enamorado de mi madre incluso después de su muerte, si aquello no era amor verdadero poco le falta para acercarse. Era aún demasiado temprano para asegurar que amaba a Shizuru, pero lo cierto era que me dolía respirar en aquel instante sabiendo que en aquel momento se encontraba a años luz de mí. Debía hacer lo mismo que Yamada y cederle el paso a Reito, si de verdad sentía por ella amor, lo único que debería esperar a cambio seria su felicidad conmigo o sin mí. Es difícil tomar este tipo de decisiones sin sufrir, ¿pero acaso el dolor no es la otra cara de la moneda del amor? De eso sí que habían escritos en los libros, del dolor de un amor no correspondido, supongo que el camino de Shizuru y el mío se han cruzado demasiado tarde y ante ello no había mucho que hacer solamente seguir viviendo los días como hacia Yamada a la espera de que al día siguiente doliera menos. Una vez llegamos a casa y estacionamos el coche en el interior del taller, me encontré a Tate esperándome en la puerta de casa, sentado sobre su motocicleta, se encontraba solo sin la compañía de Mai, cosa difícil de ver en las últimas semanas, ya que eran inseparables.

"¿Qué haces aquí?" Pregunté acercándome a él.

"Buenas noches, señor Yamada." Saludó Tate en dirección a mi tutor.

"Buenas noches, chico. No la dejes beber mucho, mañana tiene un motor que arreglar." Se despidió mi tutor cerrando la puerta de casa tras de sí.

"¿Te apetece una copa?" Soltó sonriendo mientras me cedía un casco. "La noche es joven y hay que dejarse llevar."

"Venga ya, sigues con eso, como si no hemos tenido suficientes problemas por dejarnos llevar."