Con cariño para Naru-chan. ¡Felicidades, cumpleañera!
Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.
AMARILLO OSCURO, CASI NEGRO
Es una noche de verano, y a la luz danzante de la hoguera diminutas centellas se elevan, en sinuosas ondas, hacia un cielo lleno de estrellas. Más allá de la linde del bosque, donde la oscuridad borra los contornos del mundo, cantan los grillos, y una brisa suave, proveniente de la costa, trae consigo el sabor a sal.
Zeno está sentado junto al fuego, en silencio, y con una sonrisa en los labios. Para no variar, Ryokuryuu acaba de ganarse otro coscorronazo por alguna lisonja subida de tono. Hakuryuu lo reprende por enésima vez mientras el señor lo sostiene por el cuello, levantándolo a dos palmos sobre el suelo. Ryokuryuu sonríe, y es la suya una sonrisa demasiado torcida, el chichón le palpita, pulsante, pero Ryokuryuu no parece molesto en absoluto…
La señorita y Seiryuu deciden ignorar la escena tantas veces repetida y se adentran en el círculo de sombras para traer más leña mientras el muchacho prepara la cena. Poco después vienen las risas, la deliciosa comida y la caricia peluda de Ao, las bromas compartidas, algún coscorrón más muy bien merecido y la amenaza de insectos voladores que siembran el pánico… Ríen de nuevo…
A Zeno le gusta verlos así. Como si en el mundo solo existieran ellos en este exacto y preciso momento. Sin guerras, sin pesadillas ni tragedias, sin hambre, sin dolor… Sin pasado ni más futuro que únicamente el instante siguiente.
Zeno sigue sonriendo, y de vez en cuando se une a la conversación, aunque se preocupa más de mantenerse la boca llena. Nada nuevo, ciertamente. Pero los ojos de Zeno siguen cada movimiento, cada gesto, atentos a la más pequeña expresión, al brillo inusual del señor, al inesperado rubor de la señorita, a las miradas curiosas mal disimuladas entre los otros dragones; a la voz grave y dulce de Seiryuu, a la manera en que los ágiles dedos de Ryokuryuu se deslizan sobre el ehru, al suspiro hondo de Hakuryuu y al rezongo falsamente molesto del muchacho. Zeno los estudia y los aprende. Se los aprende, sí, aprende todo de ellos para no olvidarlos nunca.
Porque Zeno tiene miedo de hacerlo…
Cuando Zeno volviera a quedarse solo y todos ellos ya no fueran más que polvo, cuando el nombre de sus lápidas fuera borrado por la lluvia y el tiempo…, ¿Zeno los seguiría recordando?
Zeno sabe bien que ha olvidado muchas cosas… Algunas buenas y otras muchas que están mejor así, olvidadas. Pero no quiere lo mismo para esta sensación en el pecho, tan parecida a la de sus días con Kaya, o con Hiryuu-Heika y sus hermanos, cálida e intensa, y que crece y crece, revistiendo su corazón de luz, como si el sol realmente brillara dentro de Zeno y calentara sus viejos huesos de dragón.
Es felicidad, sí. Zeno sabe eso.
Y no, no iba a olvidarlos nunca.
Zeno no debe. Zeno no quiere.
Y Zeno no lo hace.
