Los personajes de Mai Hime no me pertenecen, en cambió la historia...completamente mía.

N/A: Siento mucho haber tardado en actualizar, culpo enteramente a las vacaciones. A partir de ahora 0 distracciones o eso espero.

Capítulo 8

Shizuru

El infierno me reclama

Las lluvias de finales de otoño comenzaron sigilosamente sin que nadie prestara atención. Absorto el mundo en sus asuntos, las estaciones se manifestaban sin importarles mucho aquel hecho. Mi mente perdida desde la noche del karaoke, rememoraba una y otra vez las palabras de Kuga. Un vacío enorme se apoderaba de mi interior abriéndose paso hasta mi alma, sentía que ya no merecía la pena nada de lo que me rodeaba y dadas las tres largas semanas de su silencio sentía como iba perdiendo gradualmente la vida. No soportaba la presencia de Reito cerca de mí y me odiaba a mí misma por complicarlo todo. Debí de haberme sincerado con Natsuki mientras estaba a tiempo, contarle la verdad acerca de todo lo que sucedió y sobre todo hacerle saber lo que siento exactamente por ella. Entendía que no era justo estar con dos personas a la vez pero la tarea de expulsar a Reito de mi vida cada vez era más complicada pues sabía que este no se daría por vencido sin luchar y no quería hacerle daño, aunque eso era inevitable. La primera semana tras el encuentro, Mai me retiró completamente la palabra, pues había estado avisándome durante toda la semana para evitar aquella escena y sobre todo que Natsuki saliera lastimada. Con todo aquello, con proteger a Reito justo había lastimado a las únicas personas en la vida que jamás habría pensado lastimar. Pero era demasiado tarde para lamentarse, el daño estaba infringido y la soledad acompañaba cada instante de mi vida. En silencio, oía la lluvia caer tranquilamente ajena al dolor que invadía mi interior, sin querer las lágrimas resbalaban en un armonioso compás siguiendo el murmullo de la lluvia. Poseía mi tormenta interior y de ella era difícil librarme. Los recuerdos me atormentaban, el evocar aquellos ojos esmeraldas tan llenos de tristeza me partían el alma. Era la responsable de aquel sufrimiento y eso me desgarraba por dentro provocando en mi interior una angustia enorme. Cada vez que cerraba los ojos rememoraba aquella mirada y cada día me odiaba más aun a mí misma consumiéndome por completo pues al tercer día unas enormes ojeras se posaron en mi rostro para no marcharse. Mi aspecto armonizaba completamente con mi humor que decaía cada vez más. Hasta que el séptimo día Mai se compadeció de mí.

"¿Qué te estás haciendo? ¿Crees que puedes vivir así?" Irrumpió completamente en la habitación a oscuras, mientras yo hecha un ovillo sobre la cama deshecha, no dejaba de sollozar.

"Es que no quiero vivir más, Mai. No quiero una vida sin ti." Mi llanto aumentó aún más por lo que corrió a abrazarme para consolarme.

"Yo no me iré a ninguna parte. Estoy aquí, contigo." Su abrazo caldeaba mi alma herida.

"Le he hecho daño Mai, a ti y a ella y no me lo perdono." Mis lágrimas fluían cual manantial, no había consuelo ante aquel hecho, pues era una realidad que las había herido y tal vez la bondad de Mai sea superior pero desconocía la de Kuga.

"Todo se arreglará. Ya lo verás." Silenciaba mi llanto. "Todo va a estar bien." Repetía una y otra vez, tratando de calmarme hasta que me sumí en un profundo sueño.

Aquella era la primera vez que dormía en una larga semana, sin levantarme exaltada a media noche embriagada por la angustia y el dolor. Con Mai de nuevo en mi vida, sobrellevaba la carga de perder a Kuga, eso no quería decir que el inmenso vacío que dejó al marcharse desapareciera, simplemente que con la compañía de Mai el dolor se hacía más llevadero. Además con las semanas siguientes el ritmo escolar se aceleraba para dar paso a la semana cultural y deportiva donde las cuatro universidades más selectas de toda la ciudad de Tokio se enfrentan, eso quiere decir que había montones de trabajos y exámenes a los que asistir para que durante aquella semana no lectiva, los jóvenes universitarios nos centremos en animar a nuestra universidad y a todos aquellos alumnos que nos representaban. Al llegar la tercera semana sin Kuga, acabé derrotada por el esfuerzo que conlleva estudiar con la mente en cierta pelinegra y con el ánimo por los suelos. Por suerte llegué viva hasta el comienzo del gran evento, sin ninguna materia pendiente. Reito por aquellas mismas fechas se encontraba absorto en su competición de kendo pues él junto a sus compañeros representarían la universidad de Soudai y competirían ante Todai, Hosei y Keio como en los anteriores años. Yo a mi vez, esperaba aquella semana no lectiva para ir a Kioto a visitar a mi madre, ya que mi progenitor se negaba a darme aquel derecho puesto que mi madre decidió abandonarnos. Tras llamar varias veces a mi progenitora sin éxito, comencé a vislumbrar mis planes de ir a Kioto frustrados, debido al hecho de que, si no podía ponerme en contacto con ella, solo había una razón y es que tal vez no se encontraba en mi ciudad natal.

Después de perderme los primeros días de las festividades, tras muchas horas tratando de convencerme Mai, decidí acompañarla y de paso animar a Reito, porque aquel día se abría oficialmente su competición. Sin ganas apenas de diversión y completamente absorta en mi mayor carencia de estos últimos días, me dirigí hacia el campus de Todai que es donde se celebraba la competición. Mai contenta de rencontrarse con su amor, no paraba de hablar sobre aquellas maravillosas semanas que pasó junto a Tate, que al verme no dudó en echarme una mirada acusadora. Cosa que me merecía indudablemente. Al dejarles algo de intimidad, me adentré en el campus donde me crucé con Takeda, al que deseé la mayor de las suertes pues era amigo de la infancia de Reito y lo tenía en gran estima, prácticamente crecieron juntos instruyéndose ambos en el arte del kendo y verles competir era un motivo de alegría y elogios. Tras vagar algo perdida pues no llegué a visitar todos los rincones de aquella gran universidad, me topé con Kuga a la que reconocí a distancia, e iba acompañada por la pelirroja de la corta melena que fue al karaoke, traían una actitud muy amigable, se sonreían mutuamente con cierta afinidad, gesto que me inundo de súbito de una gran rabia en mi interior. Aquella sonrisa cómplice me sacó completamente de mis casillas. El hecho de estar caminando con ella portando aquella risa sincera, cosa que jamás había tenido el placer de lucir conmigo, me molestaba de sobremanera. Mi mirada fija, clavada en Kuga debió de alertarla de alguna manera porque la aludida alzó la mirada y en cuestión de un instante nuestros ojos se cruzaron. Kuga con cierta sorpresa fue la primera en apartar su mirada y yo a mi vez me esfumé de su radio. Jamás había sentido brotar la irá de mis adentros y por más que caminaba no lograba alejarme del gentío. Había dejado de escuchar todo aquello que me rodeaba y cegada por algo que no entendía, me dirigí a mi vehículo para abandonar aquello lo antes posible hasta que sentí que alguien me sostenía del brazo.

"¿A dónde vas tan rápido?" Aquella voz grave de mis delirios, me sacó del breve infierno en el que me he sumido.

"Me vuelvo a casa." Dije completamente sorprendida pues no entendía porque me había ido a buscar.

"Esto acaba de empezar, ¿te lo quieres perder?" Comenzó a sonreír y de nuevo recordé que no tenía nada que ver a la sonrisa cómplice que hace un momento le obsequiaba a aquella pelirroja.

"Ara… ¿por qué tanto interés, creí que estabas ocupada?" Me solté de su mano que aún me sostenía por el brazo.

"¿A qué viene eso?" Había únicamente un defecto que veía en Kuga cada vez que nos encontrábamos y era su manera desentendida de percibir las cosas. Nuestras miradas se habían cruzado y sabía perfectamente el porqué de mi molestia.

"¿Cómo puedes declararte a mí y a la primera de cambio buscarme sustituta?" La golpeé levemente en el hombro pues la rabia me había cegado completamente mostrando mi debilidad. "¿Eso es lo que sientes por mí?" Continué al borde del colapso, mientras tanto ella miraba asombrada, en absoluto silencio.

"Es solo mi compañera de habitación." Abrí los ojos completamente alarmada, no sabía si con aquella declaración pretendía calmarme o terminar de cegarme. "¿Estas celosa?" Preguntó extrañada.

"Vete al infierno, Kuga." Me volví dándole la espalda y continué con la tarea de dirigirme hacia mi vehículo para salir de ahí.

"¡Espera!" Volvía a detenerme sosteniéndome del brazo. "Es solo una amiga, ¿cómo iba a sustituirte a la primera de cambio?" Aquello último lo dijo en completo susurro junto a mi oído.

No sabía cómo comportarme ante la dulzura de aquel acto, me giré y quedé contemplándola largo tiempo en silencio. Era como si en aquel instante cualquier dolor que hube padecido yo o ella desapareciera por completo de la faz de la tierra, como si todo aquel vacío se esfumara de repente inundándolo todo aquellos orbes esmeraldas. En ese preciso momento, todo a nuestro alrededor simplemente desaparecía, quedando únicamente ella y yo, como si nos transportáramos a otro lugar más tranquilo, sin ruido, sin paisaje, únicamente ella y yo y nada más. Hasta que la voz de Mai nos sacó de nuestra ensoñación.

"Estás aquí. Reito te está buscando." Vuelta a la realidad. Cuando escuché el nombre de Reito volví a mirar en dirección a Kuga, que en esta ocasión pareció no molestarle el nombrado. "Hola Natsuki."

"Hola, Mai. ¿Dónde está Tate?" Preguntó extrañada al no verlos juntos.

"Nos está esperando en las gradas mientras nos guarda sitio, está Nao haciéndole compañía." Comentó satisfecha, era evidente que en todo este tiempo se vieron mi amiga y Kuga e incluso comenzó a conocer más a fondo a la nueva integrante del grupo.

"Está bien. Voy con ellos os veo en un rato." Diciendo esto se alejó de nosotras en dirección a las gradas quedando a solas con Mai.

"¿Dónde está Reito?" Pregunté con curiosidad.

"No te buscaba, simplemente lo mencioné para comprobar que no volvíais a liaros. No quiero que mi mejor amiga esté peleada con la mejor amiga de mi novio. Quiero que os llevéis bien y si en el futuro o en algún momento tu quedaras libre y podréis comenzar algo, adelante pero sin mentiras." Sonreí de alegría pues sabía que Mai habría pensado en aquel encuentro y que su preocupación por mí era sincera.

"Ara… no me alcanzaría esta vida para agradecer tu amistad." Volví a sonreír mientras la abrazaba.

"A mí se me ocurren unos cuantos favores que puedas hacerme." En aquel momento sonreía ella con cierta picardía.

"Creí que Tate se encargaba de esa parte." Comencé a molestarla pues sabía que Mai aunque fuera tan liberal, llegados al punto, se ruborizaba completamente con ciertos temas.

"¡No me refería a eso!" Se sonrojó completamente mientras la invadía un ataque de tos.

Nos dirigimos hacia las gradas donde Tate y compañía nos esperaban, durante todo el comienzo comentaban cada movimiento de los alumnos que se enfrentaban hasta que llegó el momento de Takeda, donde Tate se levantó y comenzó a darle frases de apoyo, éste nos divisó desde su dirección y comenzó a saludar hacia la nuestra, gesto que imitamos todos. Cuando llegó el turno de enfrentarse Takeda contra Reito, fue el instante más tenso entre los cinco pues no sabíamos exactamente a quien animar, sin ofender al otro.

"No entiendo nada." Rompió el silencio Kuga que notaba la tensión. La miramos todos. "¿Por qué espadas de madera? Así nunca se harán daño."

"¿Sabes lo que duele un golpe con una espada de madera?" Comentó Tate. Sabía que eran muy amigos pero aquella era la primera ocasión en la que podía verles actuar juntos.

"Si llevan toda esa armadura, ¿Cómo les iba a doler? ¿Además qué sabrás tú lo que duele una espada de madera? Preguntas como si fueses integrante del equipo." Respondió Kuga tan tranquila en su asiento viendo el combate de forma escéptica.

"He entrenado con Takeda y si no fuese por mi rodilla, estaría allí combatiendo, tengo aptitudes." Diciendo aquello Tate, rompimos todos a reír.

"¿Y qué te ha pasado en la rodilla, amor?" Preguntó Mai mientras le sobaba la rodilla.

"Pues que las aptitudes que parece que le sobran en el kendo le faltan en la motocicleta." Respondió Kuga, por lo que nos volvimos todos a reír.

"El accidente no fue por falta de aptitud, conducir una motocicleta con ira deriva en eso. ¡Y lo sabes Kuga!" Dijo completamente ruborizado al ver que nos reíamos todos, olvidando la competición.

"Tranquilízate Tate, tu secreto está a salvo con nosotras." Comentó Nao mientras guiñaba su ojo. Seguía sin estar tranquila ante la presencia de aquella mujer pero ya que se llevan tan bien, no quise decir nada.

"Eso de la ira es verdad, lo repite mucho Yamada. Siempre me dice que no quiere que acabe como tú." En aquel instante Tate estaba al borde del enfado.

"¡Maldito Yamada!" Contestó completamente enfadado Tate. En aquel momento no nos dimos cuenta de que los chicos habían terminado su combate, sin saber exactamente quien venció a quien. A los pocos minutos de levantarse toda la grada y aplaudir eufórica, se presentaron Takeda y Reito ante nosotros con una sonrisa amigable. "¡Gran combate!" Felicitó Tate cambiando completamente su estado de animo a uno más relajado y sonriente.

"Gracias por animarnos chicos." Continuó Takeda. El resto en completo silencio sonriendo pues no habíamos seguido el encuentro.

"¿Por qué no vamos a celebrarlo por ahí?" Propuso Reito. No creo que fuese una brillante idea mezclar a ambos en una salida.

"¡Por supuesto!" Aceptó Tate. "¿Qué decís chicas?" Cuestinó mirando más hacia Kuga que hacia el resto, aunque ninguna hablaba y todas manteníamos el absoluto silencio. Cuando decidí intervenir alegando una excusa para no dejar que la decisión recayera sobre Kuga, esta se levantó aceptando.

"Por mi genial, voy a por un casco más para Nao. Nos vemos en el estacionamiento." ¿Cómo era posible que actuara de aquella manera? Miré a Mai para comprender algo mejor la situación y esta únicamente sonreía. Era evidente que algo había pasado. Algo que tenía que ver con mi amiga y con Natsuki.

Tras esperar a que los chicos se dieran un baño necesario por las actividades físicas y que todo el mundo estuviera listo, nos reunimos todos en el estacionamiento preparados para la marcha. Tate iba en su motocicleta acompañado por su inseparable novia, o sea mi amiga Mai, y Natsuki iba en su motocicleta con Nao, para mi disgusto. En mi coche íbamos Takeda, Reito y yo. Decidimos ir a un bar tranquilo, donde tomar algo y poder charlar. Era un pub donde la especialidad era la cerveza y la había de todo tipo desde malta hasta cebada, y desde las nacionales hasta las de importación. Mientras formaban grupos entre Reito, Takeda, Tate y Kuga para jugar a los dardos, Mai, Nao y yo nos sentamos en la mesa más cercana a ellos para charlar.

"Aquí es donde venimos a pasar el rato después de una semana intensa de exámenes." Dijo Nao comenzando la charla.

"¡Está realmente cerca del campus! Casi se puede decir que es un bar universitario." Alegó Mai mientras echaba una ojeada a su alrededor viendo a un señor de mediana edad desplomado sobre la barra.

"No es a lo que estáis acostumbradas siempre pero es tranquilo y puedes elegir en una variedad inmensa de cerveza." Comentó Nao mientras tomaba de su cerveza directamente de la botella.

"Ara… ¿no es a lo que estamos acostumbradas?" Notaba cierta etiqueta en sus frases, como si no terminara de estar a gusto con nuestra condición, ya que nosotras íbamos a una universidad privada.

"No me malinterpretes Fujino, me refiero a que tal vez seáis chicas más cosmopolitas, ya sabes más de cocteles que de cervezas alemanas." La manera tan liberal en la que usó mi nombre me sacaba de quicio, cierto era que no frecuentaba aquellos locales pero quien le daba el derecho a opinar sobre aquel pequeño detalle.

"Lo cierto es que nunca antes he podido traerte a estos sitios, amor." Comentó con una sonrisa Reito desde la línea marcada en el suelo desde donde hay que disparar hacia la diana. En aquel instante si tuviese un dardo habría dado de lleno a la cabeza de Reito.

"Nunca lo propusiste." Salió en mi defensa Mai. "A mí me gusta la cerveza." Dijo orgullosa.

"He ahí el testimonio de la futura heredera de Sapporo." Sonrió Reito. "Como tu padre te vea consumir cerveza alemana." Se echó a reír.

"Yo no quiero ser heredera de nada. Seré jefa de cirugía." Contestó ante la duda de todos. "Mi padre es dueño de la compañía de cerveza Sapporo, soy de Hokkaido y vine a Tokio tras el divorcio de mis padres."

"Has perdido completamente el acento." Dijo Kuga concentrada en la diana más que en la charla.

"Si, llevo muchos años aquí. Y con lo mucho que hablo es difícil no perderlo." Se ruborizó levemente mientras sonreía y bebía de su cerveza.

"Fujino sigue manteniendo el acento." Volvió a observar Kuga desde su posición lanzando un dardo completamente al centro de la diana.

"Ara…" Fue lo único que atine a decir, puesto que no sabía que Kuga dominara de acentos o regiones. Al decir aquello todos se echaron a reír.

"¿Y el resto que queréis ser una vez que terminéis la universidad?" Cambió de tema Nao, ya que nos quedamos sin saber que decir.

"Yo quiero ser abogado. Para ayudar a las familias con problemas." Comentó Tate.

"¿Estudias derecho? Yo también, en un par de años haré unas prácticas en el bufete de mi padre antes de empezar por mi cuenta." Habló Reito dirigiéndose hacia Tate.

"Yo quiero dedicarme a la docencia, quiero ser profesor de matemáticas. Y con un poco de esfuerzo dar clases de kendo a los infantes." Sonrió Takeda orgulloso.

"La verdad es que aún no sé qué quiero ser." Dijo Nao abiertamente por lo que la miramos todos extrañados. "Estoy estudiando historia pero no hay ninguna salida a no ser que vaya a Egipto y haga de Indiana Jones." Nos echamos a reír todos.

"Puedes impartir clase o trabajar en museos." Apuntó Mai.

"O en el mercado negro, comprobando que las obras de arte son verdaderas o falsas." Continuó Tate.

"Eso me interesa más." Comentó como si fuese iluminada por las palabras de Tate.

"¿Y dice que no tiene salida la carrera de historiadora? Es la única que puedes pasar de Indiana Jones a Carmen Sandiego. Aunque he de decirte que te queda bien el papel de villana con sombrero rojo." Comentó de nuevo Kuga desde su posición sin apartar sus ojos de la diana. Su comentario produjo más risas.

"¿Y tú Fujino, qué quieres ser?" Preguntó Nao, haciendo caso omiso de las palabras de Kuga.

"Me dedicaré al negocio familiar. Al principio trabajaré con mi padre y más adelante me encargaré de mi propio sector." En aquel instante los ojos de Kuga se posaron en mí.

"¿Y eso es lo que quieres ser o lo que debes ser?" Cuestionó mirando directamente hacia mí.

"¿A qué viene eso?" Soltó Reito dirigiéndose a Kuga, completamente serio. Ya que era un tema del que últimamente hablábamos mucho, se extrañó que Kuga preguntara aquello.

"Hay una diferencia muy grande y Nao a preguntado lo que quiere ser." Habló directamente sin rodeos a un Reito que comenzaba a molestarse.

"Eso es lo que quiere ser, creo que ha quedado claro." Defendió Reito.

"Pues deja que sea ella quien lo diga." Natsuki clavó su mirada más profunda en Reito y por un momento iban a echar chispa ambos.

"Lo importante ahora es pasarlo bien, ya llegará el momento de elegir lo que cada uno quiere. ¿Verdad chicos?" Tate intentó mediar entre ambos pero ninguno apartaba la mirada del otro.

"Reito, es suficiente." Dije hacia mi novio. No quería que aquella estúpida discusión se saliera de las manos. Reito fue el primero en separarse y se retiró completamente en dirección a la barra. Kuga recogió sus cosas y con un gesto hacia Nao esta también se levantó excusándose.

"Lo siento chicos nos tenemos que ir. En otra ocasión." Comentó Nao, una vez de pie. Y sin más desaparecieron las dos por la puerta. Mi primer instinto me gritaba que saliera en su búsqueda y la calmara pues no era justo que se fuera enfadada y mucho menos conducir en su estado. Pero antes de tomar aquella decisión, Tate había salido en su búsqueda, probablemente para lo mismo.

Pareciera que todas las veladas estaban destinadas a acabar de aquella forma, con alguna de las dos abandonando el lugar. Realmente quería acabar con esa maldición mía y de Kuga, aunque fuese por una sola vez, quería estar con ella sin que tuviéramos la necesidad de salir corriendo ninguna de las dos. Simplemente disfrutando ambas de nuestra presencia. Pero hasta la fecha eso parecía un hecho poco improbable. Me giré y miré hacia la dirección de Reito que mostraba una actitud reacia, como si acumulase estrés. Junto a él estaba Takeda que trataba de animarlo y calmarlo.

"Creo que deberíais hablar." Dijo Mai completamente preocupada por la reacción de Reito pues normalmente era muy caballeroso y muy cortés, jamás se exaltaba y trataba de hablar siempre con una voz calmada y tranquila.

"Eso parece." Suspiré pesadamente. Sabía que más que hablar íbamos a discutir.

Realmente quería irme a casa pero al campus de Waseda a intentar relajarme de un día lleno de confusión y emociones, no me apetecía en absoluto enfrentar un Reito al borde de la histeria, mentalmente estaba cansada y abatida. Y el hecho de saber que Natsuki había abandonado aquel lugar en compañía de Nao me producía verdaderas úlceras en el estómago. ¿Realmente aquello eran celos como había preguntado Kuga? Jamás había sentido aquella sensación, nunca experimenté la rabia o la ira incluso cuando mi madre se fue de casa abandonándome con mi padre, sabía que tarde o temprano lo iba a hacer porque vivir en aquella situación era demasiado para cualquiera. Pero sentir como mi corazón se iba a salir del pecho al verlas compartir una sonrisa inocente, aquello era una emoción jamás vivida. Pensando en aquello, a solas en mi vehículo Reito y yo nos dirigíamos hacia mi apartamento en Tokio una vez que dejamos a Takeda en el campus de Todai. En completo silencio subimos en el ascensor hasta la vigesimocuarta planta que era donde vivía, cuando no había clases o simplemente quería estar a solas. Una vez cerrada la puerta tras de sí. Aquella paz desapareció completamente.

"¿Y ahora me vas a decir qué te traes con esa marimacho?" Soltó de pronto y sin venir a cuento Reito. "No me mires así que no me lo estoy inventando. He visto cómo no apartabas la vista de ella y ¿a qué viene preguntar aquello cuando hace una semana me hablaste de tu estúpido sueño?" Con la actitud más calmada posible, intentaba colocarme de nuevo la máscara ante él y evitar todas las provocaciones.

"No sé de lo que me estás hablando." Respondí tranquilamente.

"Escúchame Shizuru, no sé a qué estás jugando pero voy a descubrirlo." Se acercó sujetándome por ambos brazos y sacudiéndome.

"Escúchame bien tú, la próxima vez que me pongas una sola mano encima, lamentarás haber nacido, ¿te ha quedado claro?" Diciendo aquello me soltó mirándome preocupado.

"Lo siento, no quería… es que no sé…" Comenzó a balbucear.

"No comprendo tus celos, lo absurdo de la situación. Me has visto encerrada en casa estudiando día y noche, ¿a qué viene dudar de mí? ¿Acaso te he dado alguna razón?" Comenzó a dudar y a moverse de un lado a otro.

"¿Y a qué viene este distanciamiento entre nosotros? Ni siquiera soportas que te toque. Sin mencionar la pregunta de esa…" En aquella ocasión la que estaba alterada era yo.

"Mide tus palabras Reito y continua siendo un caballero. No es de gente decente, criticar a las espaldas a nadie. Y no comprendo cómo culpas de nuestro distanciamiento a Kuga. Por amor de dios, es fecha de exámenes perdona que no quiera jugar a las cincuenta sombras de grey continuamente. Sabes que por estas fechas me colapso y lo que menos quiero es perder el tiempo con actos tan banales." Grité completamente fuera de mí.

"¿Solo quiero saber si es únicamente eso o existe alguien más? Te noto diferente y en ocasiones ni siquiera te reconozco." Dijo acercándose hacia mí sin apenas tocarme.

"¿Y piensas celar a cada hombre o mujer que se me acerque porque creas que existe alguien más? ¿No es más fácil preguntármelo sin montar aquel numerito frente a todos nuestros amigos?" Le sostuve la mirada hasta hacerlo sentir culpable.

"Lo siento, no fue propio de mi actuar de ese modo y en cuanto tenga oportunidad me disculpare con Kuga ante todos." Dijo completamente avergonzado, agachando la mirada. "Solo sentí que se abría un abismo entre nosotros y que ahora me resulta cada día más difícil llegar a ti. Siento que te pierdo sin poder hacer nada por remediarlo." Continuó completamente rendido.

"¿Desde cuándo Reito es tan inseguro? Créeme simplemente estoy cansada, quiero sacar la máxima nota posible y me exijo demasiado, sabes cómo me pongo para conseguir algo. Y puede que haya cambiado algo pero eso forma parte de madurar. Mi padre me enseñó a anteponer los negocios a la vida privada." Lo miré sintiéndome completamente culpable pues usaba las frases de su mentor para que no diese más vueltas al asunto." No hay nadie más, Reito." Ante la última frase respiró aliviado.

"No quiero perderte. Haría lo que hiciera falta para demostrarte que solo conmigo puedes ser feliz." Sonreí, aunque me dolió más en mi interior la frase. Pues en mi mente sonaba como si de una amenaza se tratara.

Una vez hecha la cena y calmados los ánimos frente al televisor, yo había terminado de tomar una decisión cuando justo el teléfono sonaba como si corroborara dicha elección. Al quinto timbre me levanté a descolgar la llamada, ya que Reito no tenía intención de abandonar el cómodo sofá. Era Mai.

"¿Va todo bien? Es que me quedé preocupada por ti." Soltó por la otra línea, era evidente que se encontraba aún en compañía de Tate.

"Si pero no por mucho tiempo." Respondí decepcionada. "Mai, no quiero seguir con esto. No soy feliz y jamás lo seré con Reito." Bajé la voz con el fin de no llamar la atención del susodicho, que se encontraba absorto en la película.

"Tienes que hablar con él." Dijo Mai por la otra línea.

"Esta reacio y creo que se ha dado cuenta de que algo está pasando entre nosotros. De que nada es como antes." Respondí inquieta pues Reito estaba dirigiendo miradas furtivas en mi dirección.

"¿Quién es?" Gritó desde el sofá por lo que pudo oírlo Mai.

"Es Mai, quería saber si estás bien." Respondí hacia la dirección de Reito. "Me siento como mi madre los últimos días que pasó en casa." Susurré al teléfono. "Tengo que colgar, el infierno me reclama."