Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...
Capítulo 10
Shizuru
Mañana será un nuevo día
Por más que intentaba no darle importancia al asunto no podía dejar de pensar en ello, mi corazón lentamente se oprimía. Si antes sentía tristeza por saber que debía alejar a Kuga de mi vida por mi relación con Reito, ahora simplemente quería morir. Intentaba creer por un segundo que lo que habían presenciado mis ojos no era cierto, ¿entonces por qué Kuga le reclamaba a Nao? Además, desde que las vi por primera vez juntas en la semana cultural, sabía que entre las dos había algo, aquella sonrisa que desprendía luz propia que emitía Kuga, no eran imaginaciones mías. Aquello era real, igual de real que lo que presencié en mi propia cocina y si no las hubiésemos interrumpido a saber en qué depararía aquel arrebato de celos, dada la cercanía que tenían ambas. En aquel instante se me había partido el corazón. Y durante toda aquella semana, iba suspirando pesadamente por cada esquina. Kuga me había despojado de mi cordura y de mi corazón. Y lo que es peor, de no ser por ella este abismo que nos separa a Reito y a mí jamás se habría abierto. Mai era consciente de mi pesar e intentaba que no me pusiera en el peor de los casos pero lo cierto era que no quería volver a saber de Kuga. Tenía razón, no la conocía lo suficientemente como para haberle entregado toda mi dicha y ponerla en sus manos. Y ahora como no, toca sufrir. No estaba preparada para este sufrimiento, saber que tal vez había alguien más en su corazón, me hacía sentir el ser más desdichado sobre la faz de la tierra.
"Vamos Shizuru, tienes que animarte. Mañana iremos todos a Hakone, a ti te encanta el invierno. Podemos caldearnos frente a una chimenea de verdad, patinar sobre hielo y hacer muñecos de nieve." Comenzó a animarme Mai, estábamos ambas tumbadas en el sofá a solas en el apartamento que compartíamos en Waseda.
"No me apetece ir demasiado." Dije con un tono triste.
"Si te encanta la idea, ¿cómo no va a apetecerte ir?" Me contesto acariciándome el pelo.
"¿Y si ellas también van? No quiero verlas juntas, no lo puedo soportar." Contesté de nuevo con lágrimas en los ojos.
"No te atormentes, solo son amigas. Tal vez la hayamos pillado en un momento embarazoso pero entre ellas no existe ese tipo de relación." Argumentó Mai tranquilamente.
"¿Cómo estas tan segura?" Me incorporé y me senté mirándola directamente, tal vez mi amiga supiera algo sobre el asunto.
"Porque las conozco, porque hable con Kuga y simplemente era preocupación enfermiza, pero esa es la manera que tiene Kuga de preocuparse por los suyos. ¿No te das cuenta que no tiene ojos para nadie más que para ti?" Suspiré pesadamente, sabía que Kuga era amiga de su novio y no quería que las dos dejáramos de hablar para que no entorpezcamos este tipo de eventos, como lo era el cumpleaños de Takeda.
"Estaban a punto de besarse. La sostenía por ambos brazos, Mai estabas allí y has visto lo mismo que yo." Por un momento la hice dudar.
"Lo sé pero también he visto como Nao le reía todas las gracias a Reito y he visto como Takeda no le quitaba los ojos de encima a Kuga y a mi novio reírse de cada chiste de Akane, ¿y qué? Eso no significa nada." Dijo levantándose del sofá caminando por la pequeña salita.
"Mai estaban a punto de besarse." Dije incrédula de que siguiera restándole importancia a aquel hecho. "¿Para ti no significa nada el hecho de que estén a punto de besarse?"
"¿Entonces es más importante para ti el hecho de que Nao estuviera a punto de besar a Natsuki que el hecho de que tonteara con tu novio?" Preguntó mientras ponía sus manos en la cintura a modo de jarra.
"Ambos hechos son importantes pero da la casualidad que presencia el maldito beso." Alcé mi voz por un segundo.
"No hubo beso. Simplemente presenciamos una discusión acalorada entre las dos en la que Nao claramente la estaba provocando. Lo que realmente te molestó fue que reconociera ante Nao que entre tú y ella no había nada." Puede que eso fuera cierto.
"¿Por qué la defiendes tanto?" Miré a Mai incrédula, aquello excedía completamente la lealtad hacia un novio.
"Porque ella ha presenciado durante toda la noche cada mirada tuya con Reito, cada beso, cada arrumaco, ¿cómo crees que se sentía? Tú solo has visto un acercamiento entre ella y Nao. Y te puedo asegurar que esa chica está loca por ti pero si no existieras tampoco se iría a los brazos de Nao porque no se soportan. Y no la estoy defendiendo simplemente intento que no tomes una decisión ahora porque estas celosa, déjale que te explique qué es lo que has visto para entenderla." Mai tenía el poder de acertar de lleno con sus palabras.
"¿Sabes si mañana irá a Hakone?" Cuestioné tímidamente.
"Tate la está convenciendo, pero no quiere ir. Ahora, quien sí ha confirmado es Nao y va en el coche de Akane con Kazuya y Takeda." Sabía que a esas alturas estaba todo resuelto, mañana era el viaje y Hakone se encontraba a hora y media de Tokio.
"¿Y nosotros dónde iremos?" Aquella semana era como si hubiese dejado de escuchar, sabía que aquel tema se había zanjado en mi presencia, pero no prestaba atención, únicamente asentía con la cabeza y sonreía cuando creía que era necesario.
"Iremos los cuatro en el coche de Reito. Tate, tú y yo." Mai se había colmado de paciencia desde hacía mucho tiempo. "Deberías hacer la maleta, menos mal que me he encargado de la parte de los víveres que te tocaba llevar. Ya que vamos en el vehículo más grande, nosotros nos encargamos de llevarlo todo."
"No sé qué haría sin ti, Mai." La abracé, sabía que mi mejor amiga jamás me fallaría y que lo único que espera era que fuera feliz.
Al día siguiente estaba todo listo y preparado ordenadamente en los coches. Ya que éramos tantos tomamos dos coches y al ver que pasados los quince minutos de la hora de salida y Kuga aún no había llegado, decidimos iniciar el camino en cuanto antes. Pues era evidente que no vendría. Entristecida porque aún con el corazón hecho trizas, tenía la esperanza de verla en aquel viaje, suspiraba profundamente mientras contemplaba por la ventana el paisaje. Era curioso que con solo abandonar Tokio no se volvía a ver ningún rascacielos por todo el país. Todo el paisaje era natural, el campo se mezclaba con las montañas y dado que estamos en pleno invierno, las montañas estaban teñidas todas de blanco, un blanco que me recordaba la blancura de la piel de Natsuki, no podía evitar pensar en ella en todo momento, sabía que la presencia de Reito la incomodaba y que presenciar nuestras muestras de afecto era algo que tal vez la turbaría pero saber que había alguien más que codiciaba el corazón de la de ojos de jade me producía náuseas y un terrible vértigo. ¿Cómo no había caído en la cuenta? Es bellísima y sumamente atractiva con una personalidad completamente arrolladora, ¿Quién no quería estar con ella? ¿Quién rechazaría enamorarse de ella? De repente comenzó a darme vueltas la cabeza, sabía que pensar en aquel tema no me llevaría a ningún puerto, únicamente martirizaba aún más mi pobre corazón. Si continuaba rechazándola, era evidente que ella buscaría consuelo en alguien más que no fuera Mai. ¿Y si en algún momento hablara con Nao y estas llegaran a conectar en algún momento? ¿Quién las culparía? Las dos están solteras y son compañeras de piso por más que se odiaran, el roce hace el cariño. De nuevo volvía a suspirar.
"¿Tanto te aburres mi amor? Desde que hemos dejado Tokio no has dejado de suspirar." Preguntó Reito sin quitar los ojos de la carretera, seguíamos por la autopista de Tômei.
"No es aburrimiento, sabes que este paisaje me produce nostalgia." Mentí, Reito dirigió por un segundo su mirada hacia mí y me sonrió tomando mi mano con la suya.
"¿Y Kuga os ha dicho por que no viene?" Preguntó hacia la parte de atrás donde se encontraba Mai y un Tate más que enfadado.
"Lo cierto es que quedamos en que vendría, seguro que le habrá surgido algo de última hora." Respondió Mai mientras consolaba a su novio que parecía que la raíz de su enfado era Kuga.
"Deja de ser tan condescendiente con ella, me ha engañado para que no le dé la paliza con el tema y me ha dicho que vendría para que dejara de convencerla, ¡maldita traidora!" Terminó la frase Tate por lo bajo.
Mientras Mai se preocupaba por la reacción de su novio, pues sabía que a menos que se presentara Kuga, Tate estaría durante toda la estancia cabizbajo por el engaño de su amiga, Reito sonreía divertido ante la trastada de esta. Conocía los pensamientos de Reito acerca de Kuga. Sabía que no le caía en gracia, en general cuando nos cruzamos con mujeres fuertes e independientes, Reito siempre tenía la misma opinión sobre ellas, tal vez le asustaban aquel tipo de personas por ser tan inseguro o le asustaba el hecho de que una mujer podría ser más eficiente que él, pero el caso es que cada vez que el perfil de aquel tipo de mujeres se nos presentaba, Reito tenía un juicio contra ellas. Mientras yo entendía perfectamente cómo se sentía Tate, pues yo era la que más deseaba la presencia de los ojos esmeraldas, Mai buscaba alguna explicación ante el comportamiento de Kuga, ésta era incapaz de engañar a su amigo. Al llegar a Atsugi, Reito abandonó la autopista y siguió recto hasta llegar a Odawara –Atsugi donde tomó la autopista de Odawara hasta llegar a nuestro destino. Una vez que llegamos a la dirección que nos facilitó Takeda que se encontraba algo retirada, en las montañas nos asombramos de lo maravilloso que era el lugar. La casa de los Masashi era inmensa y se encontraba justo a los pies de una gran colina, provista de un pequeño embarcadero pues también se encontraba junto a un pequeño lago, el paisaje era realmente asombroso. La nieve lo cubría todo de blanco y el lago se encontraba congelado en su totalidad. La casa era realmente espectacular, una verdadera joya en medio del campo distanciada de toda civilización, nos encontrábamos tan solo a veinte minutos en coche del pueblo más cercano. Tras estacionar y esperar a que llegara el segundo coche, que era donde se encontraba nuestro anfitrión, nos bajamos todos a contemplar aquella maravilla que teníamos frente a nosotros.
"¡Vaya! Gustosa me vendría a vivir aquí, mira que paisajes." Dijo Mai asombrada de tanta belleza.
"Y yo contigo. Imagínate como tiene que estar esto en verano lleno de verde por todas partes." Contestó Tate.
"O en primavera cuando florecen las flores de cerezo." Atiné a decir yo, me había quedado muda ante aquel paisaje.
"Y tan solo a hora y media de Tokio, aquí podría venir a descargar el estrés." Repuso a su vez Reito. De repente apareció el segundo coche. "Creí que ibais detrás de mí. ¿Cómo os habéis quedado tan atrás?" Cuestionó extrañado.
"Nos hemos cruzado con Kuga." Dijo Kazuya que iba al volante.
"¿Iba en moto?" Preguntó Tate angustiado por lo que asintió Kazuya. "¡Se va a congelar!"
"Por eso íbamos lento, pero nos pidió que siguiéramos nosotros, llegará en media hora más o menos." Respondió Takeda mientras se bajaban los tres del coche.
"¿Dónde está Nao? ¿Creí que iba con vosotros?" Interrogó Reito, sinceramente ninguno nos dimos cuenta de su ausencia salvo él.
"Prefirió quedarse con Kuga por más que todos la persuadimos." La respuesta pareció no agradarle demasiado por lo que no contestó nada. Tanto Mai como yo nos miramos extrañadas ante la inesperada preocupación de Reito.
Al felicitar todos a Takeda por la preciosa casa y las magníficas vistas, nos dirigimos al interior de la casa donde fuimos descargando todo el equipaje y los víveres. Mientras todos admiraban la magnificencia de la casa y el gusto que tenía la persona que la decoró, yo únicamente pensaba en aquellas dos. Como envidiaba a Nao en aquel instante, que podía elegir entre ir con Kuga o quedarse en el coche. Envidio el acercamiento que les daba el ir en motocicleta y sobre todo envidio que pueda estar con Kuga en frente de todos sin tener que ocultárselo a nadie. Tate no se movía del lugar donde habían estacionado los coches, a la espera de la tenue luz de la motocicleta, estaba realmente preocupado. Pasados los cuarenta minutos desde que nos apeamos de los coches y que cada uno eligiera habitación, al fin la susodicha estacionaba su motocicleta. Tate enseguida la recibió con una cálida manta que sostuvo durante todo el tiempo. Todos notamos su llegada, al entrar no paraba de discutir con Nao, de quien se quejaba más que quien. Pero lo cierto era que Kuga venía al borde de la hipotermia, pues había cedido su chaqueta a Nao, era justo aquella actitud caballeresca la que me tenía completamente cautivada y la que Kuga ofrecía también a Nao. Mis celos volvían a dominarme al verlas venir juntas, discutiendo después de haberse pasado los últimos cuarenta minutos abrazadas y encima el hecho de que Nao apareciera con su chaqueta puesta era el colapso de mi ira.
"¿A quién se le ocurre venir con este tiempo en motocicleta hasta aquí?" Regañó Reito.
"No pensaba llegar hasta aquí, llegué tarde a los apartamentos de Waseda y al darme cuenta de que os fuisteis sin mí, pensé en seguiros." Soltó Kuga mientras se sentaba junto a Nao cerca de la chimenea para caldearse.
"El caso es que estáis sanas y salvas. Y eso hay que celebrarlo." Dijo Tate contento, de nuevo con aquella sonrisa en el rostro que lo caracterizaba.
"Brindemos con Brandy para encender el cuerpo." Soltó Takeda que ya traía las copas con una botella.
Después de servirnos a todos y enardecer el ambiente, volvimos a disfrutar de la casa con las últimas integrantes. Takeda nos la volvió a enseñar y fue cuando nos dimos cuenta de que la casa disponía únicamente de cinco habitaciones dado el hecho de que Kazuya y Akane compartirían una habitación, Tate y Mai compartirían otra y Reito y yo compartiríamos una, únicamente restaban en la repartición dos habitaciones, una que iría a nuestro querido anfitrión Takeda y la única la tenían que compartir Nao y Natsuki, a no ser que una de las dos quisiera compartirla con Takeda.
"No es justo, ¿Tengo que compartir también habitación con la arpía en vacaciones?" Se quejaba Natsuki no muy conforme, yo estaba que me llevaba el demonio. Maldecía una y mil veces el tener novio.
"Puedes compartirla con Takeda si eso es lo que deseas." Contestó Nao.
"¿Por qué no la compartes tú con él, a lo mejor sabe tratar a una dama?" Protestó Kuga de forma mordaz, parecían el perro y el gato.
"Chicas, chicas, no os peléis por quien compartirá la habitación con Takeda. Podéis hacerlo las dos." Finalmente solucionó Tate para risa de todos. "Total solo vais a dormir, ¿qué más da? ¿Por qué solo vais a dormir, no?" De repente Mai le suelta un codazo a Tate que se quejó y tanto Natsuki como Nao se ruborizaron completamente. "¡Auch!"
"Imbécil." Soltó Kuga bajando las escaleras mientras todos se reían a sus espaldas por el comentario de Tate, todos menos yo.
Tras organizar los dormitorios y comenzar a preparar algo para entibiar nuestro cuerpo porque nos esperaba a todos una noche algo bajo cero, algunos decidieron que un grupo podría ir en busca de leña antes de que se hiciera tarde porque no había suficiente para pasar toda la noche. Kuga fue una de las que se ofrecieron junto a Kazuya, mientras Mai y Akane se encargaban de organizar la cocina, Nao aún estaba organizando la habitación que compartiría con Natsuki y Tate y Reito intentaban arreglar la caldera para el agua caliente. Sin saber qué hacer tomé mi abrigo y salí de casa en busca de leña, de ese modo podría reorganizar mis pensamientos y poner mis emociones en orden tranquilamente, ya que se vieron sacudidos por la intrusión de Nao a mi vida. No podía creer que me las tenía que ver con ella para llegar a Natsuki. Era como si acercarme a Kuga fuera la tarea más difícil que jamás se me había encomendado. Cada paso que nos acercaba a ambas había un gran obstáculo que sortear. Mientras iba absorta en mi mundo recolectando cada trozo de madera que iba divisando a mi paso no me daba cuenta de que unos ojos verdes me seguían con la mirada hasta que tropecé.
"¿Estas bien?" Corrió a mi encuentro Kuga. Me ayudó a incorporarme lentamente sin dejar de sujetarme. "¿Dónde estabas mirando? Lo tenías justo en frente." Señaló a una rama que sobresalía por el camino.
"No la he visto, ¿vale?" La empujé mientras me soltaba, intenté apoyar la pierna en el suelo lentamente y sentí un pinchazo en la rodilla, un dolor sordo me recorrió por todo el cuerpo que casi me hizo desfallecer de nuevo.
"Vale. Oye porque no te apoyas en mí y vamos de nuevo a casa, ¿Qué te parece?" Me dijo mientras divisaba la distancia que nos separaba hasta casa. Tuvo que volver a tomarme entre sus brazos porque me derrumbaba de nuevo.
"Estoy bien, puedo volver sola." Mientras renqueaba lentamente deteniéndome a cada paso sufriéndolo, ella me miraba desde atrás, sin darme cuenta vino hacia mí y me tomó en sus brazos como si fuese un saco de papas alzándome y fue en dirección hacia la casa. "Oye, suéltame, te exijo que me sueltes, ¿Quién te crees que eres para ponerme una mano encima? ¡Suéltame!" Se detuvo justo en el pequeño almacén para coger algo de aliento. Entre mi peso y las pataletas que iba dando no debió resultarle nada fácil la marcha. Aún quedaba un buen trecho hasta llegar a casa. "No me vuelvas a tocar." Sentencié una vez que toqué el suelo con mis pies.
"¿A ese paso como ibas a llegar a casa? No seas terca te has hecho daño en la rodilla por lo menos déjame vértela." Me suplicó con esos ojos esmeraldas.
"Ve a jugar a los médicos con tu novia. A mí me dejas en paz." Le grité.
"¿Con que sigues con esas, eh? Nao no es mi novia, no hay nada entre ella y yo." En esta ocasión quien me gritaba era ella.
"Solo sabes decir eso cuando te relacionan con alguien. Negarlo todo así poder estar con todas. Pues conmigo no vas a jugar." Volví a gritarle mientras clavaba mi mirada en la de ella para que se diera cuenta que hablaba completamente enserio.
"Yo no estoy jugando con nadie. Nao es simplemente una amiga. Además no tengo porque darte explicaciones, recuerda que la que tiene una relación estable aquí eres tú y la que juega aquí con los demás eres tú, no yo." Me vi reflejada en aquellos jades que brillaban por la rabia, la misma que se apoderaba de todo mi ser, también la arrastraba a ella y podía verlo en sus ojos.
"Odio cuando te pones así, odio que le sonrías a esa maldita bruja y odio que seas feliz con alguien más." Le grité completamente a punto de explotar de cólera.
En aquel instante nos quedamos completamente en silencio, mientras sentía como Kuga temblaba de rabia frente a mí, ese silencio acompañado de aquel temblor que surgía desde el interior hasta manifestarse en cada centímetro de su cuerpo solo significaba que al igual que yo estaba a punto de explotar, nuestras miradas enfrentadas llenas de ira parecieron brillar en la tarde de aquel invierno junto al lago, sin más me sostuvo por ambos brazos y me empujó hacia el interior del almacén buscando mis labios. Aquel beso estaba lleno de reproche y lo único que intentaba calmar era su infierno interno que estaba a punto de desbocarse. Yo al primer contacto quedé estupefacta, en mi mente se libraba una batalla entre lo correcto y lo incorrecto hasta que sentí su lengua dándose paso al interior de mi boca. Ahí cerré los ojos completamente, aquel instante lo esperaba intensamente como agua de mayo, mi alma por fin encontraba consuelo entre sus brazos, era todo lo que deseaba y por fin dejamos de discutir, nuestros cuerpos dejaron de moverse de forma tensa y al igual que se entra en calor, comenzamos a quitarnos la ropa la una a la otra, como si de repente se acordara de que estaba lesionada por la rodilla, me alzó completamente poniéndome encima de lo que parecía una mesa de trabajo, llena de serrín y de herramientas, que tiró al suelo pasando la mano sobre ellas. Una vez sobre la mesa recorrió todo mi cuerpo con sus manos, acariciando cada centímetro de mi piel, retirando las pocas prendas que me quedaban comenzó a besar cada poro de mi cuerpo deteniéndose en cada parte de él para disfrutarlo. Me estremecía a cada contacto de sus labios, deseaba tanto ser de ella que no me importaba en lo más mínimo el lugar o la situación en la que me encontraba. Por un momento me olvidé del mundo entero, de mi relación con Reito, de la situación con Nao, de que estábamos rodeados de nuestros amigos, de todo, únicamente sentía su cálido cuerpo junto al mío y cuando llegábamos juntas al clímax deseé con todo mi ser detener el tiempo en aquel momento y vivir en el eternamente, no quería enfrentar la realidad, no quería salir de aquel pequeño almacén, quería hacer de él mi mundo entero y estar junto a Kuga para siempre. Cuando nos dimos cuenta, era completamente de noche.
"Tenemos que irnos." Le susurré al oído, no dejaba de besarme en el cuello.
"Es tan difícil separarme de ti." Me susurró en esta ocasión ella. Cuando pude mirarla a los ojos, aquel remolino de emociones que eran sus enormes jades me tranquilizaron completamente, estaban llenos de paz, no había rastro de la rabia de hacia un rato.
"Yo tampoco me puedo separar de ti." La besé de la forma más tierna en sus labios que eran tan adictivos.
"¿Y qué haremos ahora?" Me preguntó mirándome como si fuese un cachorrito en busca de cariño y consuelo. "No puedo estar sin ti." Me abrazó como si pudiésemos fundirnos en aquel abrazo.
"Te quiero, Kuga. No sé qué debemos hacer ahora, solo sé que te quiero y que yo tampoco puedo estar sin ti." No quería ilusionarla sin saber que pasará más adelante, sabía que debía hablar con Reito y comenzar la gran lucha pero no sabía que resultado iba a tener todo aquello, no podía prometer algo que no podría cumplir.
De repente comenzamos a oír nuestros nombres a gritos, pues nuestros amigos creyeron que estábamos perdidas, ya que había caído la noche y hacía un frio que calaba directamente en los huesos, como si de repente nos acordábamos de dónde nos encontramos, comenzamos a vestirnos rápidamente. Una vez que nos pusimos la ropa, abrimos la puerta y nos encaminamos hacia la realidad, mi rodilla aún me dolía pero levemente, como si los besos de Natsuki fueran mi cura. Ella no se separó de mí en ningún segundo pues estaba profundamente preocupada por mi rodilla, pero resultó que no era nada importante.
"¡Estamos aquí!" Le gritó a nuestro amigo más próximo que resultó ser Tate, enseguida vino raudo y veloz.
"¿Qué le ha pasado?" Cuestionó al ver que no podía andar correctamente.
"Tropezó con una rama y se cayó." Contestó Kuga sin dejar de mirarme, Tate me cargó y me llevó hasta casa donde nos esperaban el resto que permanecía allí mientras Reito y Kazuya seguían buscando. Mai enseguida trajo el botiquín y mientras me colocaba un vendaje para mover lo justo la rodilla me tomé un calmante para el dolor.
"Amor mío, ¿qué te ha pasado?" Escandalizado entró Reito hacia donde me encontraba frente a la chimenea y mientras me veía sentada con la rodilla vendada y recta se dirigió hacia Kuga. "¿Qué le ha pasado? ¿Se supone que estaba contigo?"
"Tropecé y me caí, gracias a Kuga he llegado a casa." Dije antes de que culpara a Natsuki por todo, era lo que siempre hacia Reito frente a las mujeres con personalidad, acusarlas de todos los males y culparlas por todo atrevimiento. "Estoy bien, solo ha sido un tropiezo."
"¿Por qué tardasteis tanto se hacía de noche y era peligroso?" Volvió a preguntar en dirección hacia Kuga.
"Le duele la rodilla genio, no puede andar. ¿Qué querías que hiciera traerla corriendo?" De nuevo volvían a enfrentarse delante de todos y era algo que sinceramente me producía vértigo. No sabía si era intuición o sexto sentido o simplemente era que se sentía amenazado pero no podía dejar de acusar a Kuga de cada decisión nueva que tomaba.
"¡Queréis dejarlo ya! ¡Estoy bien! ¿Podemos seguir con nuestras vidas, por favor? ¡Reito!" Tenía que pararlo ya, antes de que se mascara la tragedia. Todos los presentes se quedaron de repente mudos, incluso Tate que siempre tenía alguna frase ingeniosa para calmar los ánimos, no entendía lo que comenzaba a suceder frente a sus narices. Todos habían sido testigos de que tanto Natsuki como yo habíamos salido en busca de leña cada una por su cuenta y no entendían porque Reito acusaba a Kuga de haberme hecho daño aunque tal vez él tuviera otro tipo de sospechas.
"No ha sido nada, para mañana tendrá la rodilla en perfectas condiciones, ¿Por qué no vamos a cenar y nos alegramos de que Kuga la haya encontrado a tiempo?" Soltó Mai levantándose pues había estado sentada junto a mi desde que entré a la casa.
"La habría encontrado a tiempo si hubiese impedido que se cayera." Diciendo aquello Reito salió de la sala de estar para dirigirse hacia la cocina donde se encontraba Nao escuchándolo todo.
La cena pasó sin mucho preámbulo, cenamos en silencio pendiente de cada gesto de Reito y de Kuga. Cada uno absorto en sus pensamientos digerían su alimento sin saber que eran el centro de atención. Con la primera discusión que habían protagonizado en el bar, dejaron claro que ninguno de los dos era santo de devoción para el otro pero con esta lo habían dejado más que claro de que había abierta entre los dos una guerra personal fría y silenciosa. Sin comprender aún exactamente cuáles eran los motivos de sospecha que tenía Reito contra Natsuki, no podía dejar de pensar en cómo contarle que lo nuestro debía acabar. Reito últimamente se había convertido en una caja de sorpresas, una bomba de relojería, podía estar perfectamente y ser el novio cortés y simpático que conocía todo el mundo y de repente transformarse en un verdadero cretino, sin modales y caprichoso. ¿Cómo iba a impedir Natsuki mi caída? Aquella noche en la que supuestamente íbamos a celebrar la pequeña fiesta en honor a Takeda, todos se dirigieron a sus habitaciones a encerarse y a meditar en lo ocurrido. La primera en retirarse fue Natsuki, con cara impasible, subió los peldaños sin despedirse de nadie y se encaminó hacia la habitación que compartiría con Nao. Seguidos por Akane y Kazuya, después de Tate y Mai, y así hasta quedar a solas Reito y yo.
"¿Crees que esto es normal?" Pronuncié mirando hacia la chimenea mientras mis palabras iban dirigidas a él. "¿Qué te está pasando? No te reconozco." De repente le miré para comprobar que su mirada estaba fijamente clavada en mí.
"¿Qué no me reconoces dices?" Habló con la mandíbula apretada. "¿Crees que soy imbécil?" Se acercó hasta donde me encontraba sentada.
"Lo único que creo es que nuestros amigos huyen de nosotros, ¿no te das cuenta?" Miré alrededor para confirmar lo obvio. "Nos hemos quedado solos."
"Que se vayan al infierno. ¿Quién los necesita?" Se sentó junto a mí en el sofá y me miró a los ojos completamente enfurecido. "Lo único que quiero es que tú estés bien y por mezclarte con esa gentuza mírate, mira tú rodilla. No debimos salir de Tokio y menos con ellos."
"Reito, cálmate. Estoy bien, esto podía haberme pasado en casa o en la universidad. Iba distraída y estas cosas pasan." La sobreprotección de Reito realmente me asustaba, me aterraba la idea de permanecer toda mi vida junto aquel hombre.
"Mañana regresaremos. No permaneceremos ni un solo día más aquí. Si se entera tu padre, me mataría con sus propias manos." Comenzó a balbucear cerca de la chimenea.
"¡Basta ya! Si quieres regresar hazlo tú solo. Contigo no quiero ir a ninguna parte, me aterra el hecho de permanecer a solas contigo un segundo más. No ves que si pudiera subir las escaleras huiría de ti como el resto." Le grité por lo que se sorprendió.
"Lo siento querida, esta noche duermes tú en el sofá." Diciendo aquello subió las escaleras y se encerró en la habitación que supuestamente íbamos a compartir los dos.
Me quedé en silencio frente a la chimenea completamente consciente de que nuestros amigos habían sido testigos sin querer de aquella discusión. Reito había cambiado y se comportaba como mi padre en los últimos años cuando vivía mi madre con nosotros, esa sobreprotección y esa sobre preocupación terminaron por agobiarla hasta que huyó dejándome atrás con él. De repente rompí a llorar, eran unas lágrimas silenciosas que me resbalaban por las mejillas. Aquel día había rozado el cielo con mis dedos y de pronto me encontraba en mi más profundo infierno. Cuando los recuerdos de mi madre me comenzaron a golpear con fuerza, sentí como unos brazos me alzaban, no había oído sus pasos pero Natsuki había regresado para llevarme a su habitación. La miré con los ojos anegados en lágrimas y recibí un casto beso en mi frente. Era tan dulce y misteriosa que era imposible no haberme enamorado de ella. Subió las escaleras conmigo en brazos y llegamos a su habitación.
"¿Y Nao?" Pregunté titubeante.
"No te preocupes por Nao, ella está conforme." En aquel instante Nao abrió la puerta dejándonos entrar a ambas.
La cama donde iba a pasar la noche Natsuki, la habían preparado para mí, depositándome en ella suavemente para no hacerme daño. Nao me cedió un cojín para colocarlo bajo mi rodilla, para que esta descansara absolutamente y quedara completamente reparada para la mañana siguiente. Mientras Natsuki me arropaba y volvía a posar sus labios en mi frente.
"¿Y dónde dormirás tú?" Cuestioné esperando que no me dijese que compartiría la cama con Nao.
"No te preocupes, ella está acostumbrada a dormir en el sofá." Contestó Nao por Kuga.
"Tú duerme y descansa, no te preocupes por nada más." Dijo Natsuki mientras se dirigía a la puerta para cerrarla tras de sí. "Recuerda, mañana será un nuevo día." Aquella noche no quedaba en mi ningún resquicio de duda, quería pasar el resto de mi vida con Kuga, lo tenía claro como el respirar, solo que no sabía cómo hacerlo.
