Los personajes de Mai Hime no me pertenecen, la historia sí.

N/A: Muchísimas gracias por leer hasta aquí. Y agradezco los comentarios. Disfruten.

Capítulo 11

Natsuki

Que se detenga el tiempo

la luz del sol se filtraba a través del gran ventanal que daba al porche de la hermosa casa de la familia Masashi, inquieta giraba en mi posición hasta quedar bocarriba pues la luz comenzaba a devolverme la conciencia aunque mis ojos se negaban a abrirse, 'ya es de día' pensé, el sofá era bastante cómodo pero no había comparación con la cama del piso superior que le había cedido a Shizuru. De repente al abrir lentamente los ojos, vi la silueta de la castaña que me miraba sonriente mientras se arrastraba a gatas hasta donde me encontraba yo, quedando completamente sobre mí. Sin mencionar palabra, la miré un tanto extrañada, sabía que la noche anterior habíamos dado rienda suelta a nuestra pasión en el pequeño almacén de los Masashi, pero dejarnos llevar de nuevo sobre el sofá completamente expuestas a las miradas de nuestros amigos y sobre todo del descontrolado Reito, no me parecía moralmente correcto, aunque en lo más profundo de mi ser era lo que más deseaba. De nuevo innumerables caricias me obsequiaba la ojirubi mientras me dejaba llevar, ya estaba completamente sobre mí, no podía controlar mis propios impulsos y menos aún detener los de la castaña. Sin esperar más tiempo, comenzamos a desnudarnos sin separar nuestros labios, tenía a la mujer de mis delirios completamente en ropa interior, intentando deshacerse de mi conjunto de encaje verde. Sus labios húmedos y carnosos se deslizaban de mi cuello hasta llegar a mi pecho, donde de manera juguetona se deleitaba con las vistas, sentía la yema de sus dedos sobre mi piel que se encendía aún más. De nuevo retomó su recorrido desde el pecho hasta el vientre sin pausa pero sin prisas, cubriendo cada poro de mi piel con su esencia, sentía su cálida lengua entrar en contacto con mi cintura y justo en aquel momento, de mis labios escapó un suave gemido…

"Vaya, sí que se lo está pasando bien." La voz de Tate sonaba juguetona mientras Nao con un paño sucio de la cocina, me lo deslizaba por el cuerpo suavemente mientras dormía.

"¿Eso ha sido un gemido?" Preguntó Nao divertida, mientras tanto seguía con su labor para deleite de mis amigos pues junto al sofá se encontraba Tate que se desplomaba de lo divertido que resultaba la estimulación de Nao, Mai que presenciaba la escena sin mediar mientras se ruborizaba y Takeda que no dejaba de sangrar por la nariz.

"Ara… ¿Se puede saber qué estáis haciendo?" En aquel instante desperté viendo a todas aquellas caras sonrientes sobre mí y a Nao sosteniendo aquel asqueroso paño.

"Oh, con lo bien que íbamos, estabas a punto." Dijo Tate defraudado de que la castaña apareciera por las escaleras y como si se tratara del beso de la bella durmiente, me despertara únicamente con oír su voz.

"Malditos hijos de…" Le arranqué el repugnante paño de las manos de Nao y se lo lancé a Tate que salió corriendo en dirección hacia la cocina, sabía que por más que la acción la ejecutara Nao la brillante idea fue exclusivamente de él.

"Tranquilízate Kuga, hace unos segundos te encantaba." Comentó la voz de Nao mientras se alejaba de mí, pues me había incorporado completamente dándome cuenta de qué iba el asunto, ya que enseguida asocié las caricias de aquel mugriento trozo de tela con el sueño tan subido de tono con el que me desperté.

"¿Y tú, cómo dejas que me hagan esto?" Miré hacia Mai ya que era la más madura de los cuatro, pues Takeda había quedado sin habla al reincorporarme, me había olvidado completamente de que, al dormir frente a la chimenea, un terrible bochorno se había apoderado de mi, por lo que me desvestí quedando completamente en sujetador y la parte de abajo del pijama.

"Deberías cubrirte." La susodicha me acercó la parte de arriba de mi pijama, entonces fue cuando me di cuenta de la exhibición que estaba protagonizando.

Blasfemando me dirigí hacia mi habitación donde me encerré todo el tiempo que pude, pues había regalado las vistas de mi torso a todos mis amigos, hecho que me avergonzaba de sobremanera. Durante toda la mañana había sido blanco de innumerables bromas que tenían que ver con mi sueño. Todos sonreían divertidos olvidándose del mal momento que nos hizo pasar ayer Reito hasta que el susodicho apareció por la cocina donde reinó un silencio sepulcral. Todos estaban en desacuerdo con su reacción, no entendían cuál fue el hecho que le llevó a perder los papeles de aquella forma y sobre todo el haberle hecho pasar a Shizuru aquel mal rato una vez que los dejamos a solas. Reito que aún seguía indignado y molesto por aquel silencio incómodo que protagonizamos todos, optó por salir a despejarse alegando que iría solo al pueblo, cosa que nadie le impidió hacer y sin más dilación se fue sin saber más de él hasta que llegamos a Tokio.

"¿Cuáles son los planes para hoy?" Cuestionó Mai, que se había encargado del desayuno de todos junto con Shizuru que ya no sufría las molestias de la rodilla y Akane que su timidez se había relajado frente la presencia del resto del grupo.

"¿Qué os parece ir a patinar sobre el lago?" Propuso Takeda que aún seguía sin poder mirarme sin sangrar.

"¡Buena idea! Podríamos patinar en pareja como en dirty dancing, sería tan romántico." Comentó Akane con una mirada brillante que dirigía hacia Kazuya.

"¿En dirty dancing patinaban sobre hielo?" Pregunté extrañada, sabía que era una película, pero jamás tuve el valor de verla completamente, para mi gusto era demasiado empalagosa.

"Tu tranquila, puedes llevarte tu paño, te lo pasaras genial en la pista." Soltó Tate guiñándome un ojo mientras se escondía detrás de Mai, pues sabía que iba a lanzarle mi tostada como siguiera con aquella broma.

"Tal vez podrías retomar aquel encuentro tan calentito donde lo habías dejado." Comentó Nao, mientras la fulminaba con la mirada.

"Ya basta chicos, dejarla en paz." Por fin intervino Mai. "A lo mejor deberíamos adelantarnos nosotros y dejarla a ella aquí, en el sofá con su paño." No me esperaba aquella puñalada trapera por parte de Mai, era la única con la que se podía razonar hasta el momento.

"¡Mai!" Le reproché completamente ruborizada.

Indignada volví a encerrarme en mi habitación para vestirme para la ocasión. Hacia demasiado frío fuera y necesitaba abrigarme para no pescar un resfriado. Acto que imitaron todos mis amigos y en menos de quince minutos ya habíamos abandonado la casa para dirigirnos al pequeño lago. Quien primero se adentró fue Takeda que con pies expertos comenzó a hacer alarde de su estilo. Los siguientes que se animaron fueron la pareja de los tímidos enamorados que no se soltaron ni un segundo. Al principio Kazuya trastabillaba pero enseguida cogió el hilo al asunto y como si fuese una leve pluma se mantenía de pie sobre sus patines. Quienes no tuvieron la misma suerte fueron mi amigo y yo, era como si naciéramos con dos pies izquierdos. Nos pasamos más tiempo en el suelo que disfrutando de la maravillosa experiencia del patinaje, Nao que parecía que cualquier tarea se le daba a la perfección se acercó con sorna a meterse con nosotros como hacia siempre. Me negaba a aceptar el hecho de que jamás podría llegar a patinar correctamente, es más ni siquiera llegaría a poder permanecer más de tres minutos de pie sin caer de bruces al suelo helado.

"Como sigas cayendo de esa manera, vas a abrir una brecha en la placa de hielo y moriremos todos congelados." Comentó Nao en una de mis caídas tan sonora.

"He notado como se ha movido el suelo." Dijo Tate que parecía que poco a poco iba consiguiendo mantenerse en pie con ayuda de Mai.

"¡No puede ser tan complicado!" Grité completamente indignada de que todos disfrutaban menos yo. "¿Puedo conducir un tráiler inmenso y no puedo llevar unos simples patines?" Me negaba a rendirme, era cuestión de orgullo. "Lo voy a conseguir." Dije mientras me levantaba por enésima vez dolorida por la multitud de magulladuras que iba coleccionando por todo mi cuerpo.

"Deja que te ayude." Se acercó Shizuru para asistirme.

Una vez de pie entre todos intentaron explicarme como debía moverme suavemente para sostenerme de pie sin que la gravedad llamara de nuevo a mi cuerpo. Shizuru que aún me sujetaba por las manos, intentaba ayudarme a deslizarme por la capa de hielo hasta que de nuevo trastabillé y fui de nuevo al hielo arrastrándola conmigo quedando encima de mí. El golpe no había sido tan duro como el anterior, pero quedé preocupada por si Shizuru había sufrido algún impacto, ya que se había recuperado recientemente de su rodilla y no quería perjudicarla de nuevo.

"¿Estas bien?" Me apresuré buscando su mirada, grave error porque una vez que estas se cruzaron a tan poca distancia, volvimos a entrar en un trance sin fin. Sus ojos parecían brillar más de lo normal y no pude separarme de ella aun sabiendo que nuestros amigos estaban a nuestro alrededor.

"Si." Respondió tímidamente pues seguía sobre mí sin apartar su mirada de la mía y es que aquella distancia era un peligro para las dos.

"¿Os ayudamos o preferís seguir así?" Se burló Tate que se encontraba más cerca de nosotras. Al oír aquello nos ruborizamos las dos. Mientras Takeda y Kazuya ayudaban a incorporarse a Shizuru, Tate y Mai me sujetaban por ambos brazos tratando de ponerme en pie.

"Creo que me rindo. No estoy hecha para patinar y me duele todo el cuerpo." Solté agotada caminando hacia el borde del lago, donde me quité los molestos patines.

Sabía que gracias a aquellos días, había perdido completamente el respeto de Nao y también sabía que me esperaba largas semanas de burlas entre ella y Tate pero aun conociendo esos pequeños detalles y la torpeza que tenía a la hora de usar mi cuerpo en alguna actividad que no tuviera nada que ver con Shizuru, me lo estaba pasando en grande. Aquel hermoso paisaje era imposible de ver en Tokio, la naturaleza en su estado más extenso y la cercanía del monte Fuji hacia que todo estuviera envuelto por una especie de magia, que te arrastraba a la felicidad suprema. También intervenía mucho el hecho de la cercanía que tenía ahora con Shizuru y el no tener a Reito pululando por los alrededores también era un hecho que agradecía a los cielos. Pero era la primera vez que me sentía completamente plena. No había nostalgias en mi pecho, ni siquiera ese halo de melancolía que arrastraba conmigo siempre. Por primera vez sonreía aunque de vez en cuando me irritaba el suceso de aquella mañana, pero lo cierto era que todo aquello me gustaba. La cercanía con mis amigos, las sonrisas, el verlos tan divertidos y sobre todo ver sonreír a Shizuru era un hecho que me producía la felicidad más sincera que jamás había sentido. Verla patinar junto a Mai y a Nao tan divertida, me dibujaba sonrisas en el rostro.

"El amor se mide en la cantidad de veces que sonríes estúpidamente a solas." Me despertó de mi ensoñación la voz de Tate.

"¿De dónde has sacado eso?" Cuestioné sorprendida de que mi amigo hiciera uso de citas sabias.

"Me lo decía mi madre." Respondió mientras se sentaba junto a mí y se deshacía de sus patines. "¿Qué tal vais?" Preguntó señalando con la mirada hacia Shizuru.

"Lo cierto es que no lo sé, simplemente sé que vamos." Respondí mirando cada gesto de ella.

"Eso es un buen comienzo. Da igual a donde os lleve el camino siempre y cuando caminéis juntas." Por un segundo lo miré a él, estaba atónita ante sus palabras.

"¿Desde cuando eres el doctor amor?" Bramé sorprendida.

"No soy el doctor amor, solo sé cómo te sientes. Creo que me he enamorado de Mai y a veces me asusta y no sé hacia dónde va esto, solo sé que mientras sea con ella no me importa." Respondió mirando hacia el frente, concretamente en dirección hacia Mai.

"Mai es una buena chica. Ni se te ocurra dejarla escapar." Le golpeé en el brazo.

"Lo mismo digo de tu trapo, es un gran trapo no lo dejes escapar." Seguía tomándome el pelo con aquella broma asquerosa, comenzamos a pelearnos sobre la blanca nieve, restregándonos por todo el suelo cubiertos de blanco.

"Parad ya, vais a mojaros completamente." Gritó Mai desde la pista de patinaje mientras se dirigían hacia nuestra posición donde seguíamos en el suelo empapando nuestras ropas por la nieve que se adhería a nosotros. "Parecéis unos críos." Soltó tratando de separarnos ella y Shizuru.

"Ha empezado él." Dije cubierta completamente de nieve mientras me sacudía.

"¿Enserio Natsuki? Pues lo acabo yo." Es verdad, con aquella afirmación, no negaba mucho que parecíamos unos críos. De repente una bola de nieve impactó sobre Mai que quedó estupefacta por el atrevimiento.

"No seas aguafiestas y deja que se peleen." Gritó Nao desde atrás que fue la responsable de aquel lanzamiento.

"Serás…"De pronto otra bola de nieve impactó contra Nao que ni corta ni perezosa respondió inmediatamente con otra.

Y de esa forma comenzó una increíble y gigantesca guerra de bolas de nieve, dejando en duda el reproche de Mai, pues en vez de parecer un grupo de adultos desestresándose de la época de exámenes mientras disfrutaban de la naturaleza, parecíamos un grupo de jardín de infancia que se divertía cuando la maestra se ausentaba. Después de una hora disfrutando del baño de nieve, el frío había calado en nuestros huesos, pues habíamos quedado empapados todo el grupo de pies a cabeza, entrando todos en avalancha directamente hacia la chimenea donde nos despojamos de nuestros abrigos para evitar sufrir una hipotermia colectiva. Tiritando frente al cálido fuego, Takeda había traído de nuevo una botella de Whiskey para entrar en calor, a los quince minutos habíamos terminado completamente con la botella y descorchábamos otra. Ya que a mediodía acabamos todos algo tocados por el alcohol decidimos emprender el viaje de regreso al día siguiente a primera hora, pues ninguno estaba en condiciones de conducir. Mientras tanto aún faltaba festejar el cumpleaños del anfitrión que aún no había soplado las velas. Tras un almuerzo sencillo, nos volvimos a apiñar cerca de la chimenea todos juntos donde celebramos comiéndonos la tarta en honor a Takeda.

A medida que pasaba el tiempo, las parejas que restaban del grupo, Kazuya, Akane, Mai y Tate desaparecieron en sus habitaciones sin dejar rastro. Takeda que había quedado completamente borracho, se durmió en seguida sobre el sofá y Nao seguía bebiendo de lo que restaba de la segunda botella de Whiskey.

"Creo que ha sido mala idea mezclar el alcohol con la tarta." Murmuró al intentar levantarse en dirección hacia su habitación, el alcohol le había subido lentamente a la cabeza. Dejándonos a solas a Shizuru y a mí.

"¿Me vas a contar con quien fantaseabas esta mañana?" De repente me ruboricé. No esperaba aquella pregunta de los labios de Shizuru.

"No… tiene importancia. Solo fue un sueño." Atiné a responder balbuceando, sintiendo cómo Shizuru se acercaba a mí.

"Ara… ¿acaso debo ponerme celosa?" Cuestionó de manera juguetona con aquel acento que me volvía loca.

"¿Cómo ibas a ponerte celosa de ti misma?" La miré extrañada.

"¿Así que soñabas conmigo?" Estaba tan cerca que podía aspirar su fragancia que me embriagaba completamente.

"Creo que deberíamos ir a otro lugar." Nuestros labios estaban a punto de rozarse.

"¿Quieres hacer realidad tu sueño?" Sonrió juguetonamente.

Aquella pregunta sonó tan arrebatadoramente sexy acompañada por aquella sonrisa lasciva de la que era dueña Shizuru que, sin planearlo de nuevo, fui en busca de aplacar aquella insoportable sed que me producía la cercanía a ella. En un instante, nuestras bocas por fin se unieron apagando todo aquel fuego que producían nuestras chispas. Sentadas en el suelo como estábamos nuestros labios se unían abriéndose lentamente dando paso a nuestras lenguas que se enredaban en una eterna danza de poder. Sus labios eran tan atrayentes que era imposible separarse de ellos, la calidez de la palma de su mano quemaba cada rincón de la piel que ella tocaba y de repente nuestra ropa nos estorbaba. Por un segundo nos olvidamos de la presencia de Takeda que se encontraba dormido en el sofá, todo mi alrededor desapareció por un instante, solo quería fundirme en su cuerpo sin importarme nada más. Una vez que el aire se nos hizo verdaderamente necesario, aprovechamos para abandonar aquella sala y dirigirnos hacia la primera habitación con la que nos cruzamos que curiosamente fue la de Takeda, ya que dormía profundamente la borrachera en el piso de abajo, dudo mucho que echara en falta su habitación. Nos deslizamos silenciosamente mientras nuestros labios se buscaban en la oscuridad hasta que caímos en lo que creíamos que era el futon. Nos despojamos casi en un arrebato de furia de nuestras ropas y retomamos las caricias por donde las habíamos dejado en el piso inferior. La suave piel de Shizuru me incitaba a besarla aún más, su olor penetraba en cada rincón de mí ser que por un instante perdí completamente mi esencia impregnándome de ella. Cada dulce gemido que escapaba de sus labios era melodía para mis oídos, como si mi única razón para vivir era producirle todos aquellos sonidos. Tenía tantas ganas de degustar a qué sabía que me hundí completamente en ella una y mil veces. Perdimos la noción del tiempo y cuando nos dimos cuenta, los primeros rayos del sol despuntaban, el alba nos sorprendía aun amándonos y aunque estábamos realmente cansadas y exhaustas no podíamos dejar de amarnos.

"Quiero que se detenga el tiempo ahora." Me dijo en un susurro una vez que la fatiga se había apoderado de nosotras.

"Yo no quiero salir nunca de esta habitación, quiero permanecer aquí encerrada contigo eternamente." Respondí besando sus labios, en aquel instante era tan frágil que parecía un ángel caído del cielo que había perdido sus alas en las alturas.

"No sabía que se podía llegar a sentir tanto. ¿Esto es el amor?" Preguntó mientras se acurrucaba junto a mí pues por más que hayamos caldeado la habitación durante toda la noche, al alba eran las horas más frías del día.

"Supongo, no había sentido esto por nadie." Rodeé su cuerpo con mi brazo y apoyó su cabeza en mi pecho, tal y como nos quedamos dormidas la primera vez en el apartamento en el que vivía con mi tutor.

"Soy tan feliz contigo Kuga." Susurró tratando de cerrar sus ojos completamente, pues el sueño le había vencido.

Por más que el sueño me invadiera me resistía a ceder, sabía que por aquellas horas todos estaban en pie. Era la hora prevista para ponernos en marcha y evitar el atasco a la entrada de Tokio. Era lunes y en unas horas algunos teníamos clase. El fin de semana había pasado raudo y veloz sin que pudiéramos detener el tiempo por más que lo deseábamos con todo nuestro ser. Me incorporé y busqué nuestras prendas desperdigadas por toda aquella habitación. Me adentré en el baño y fui directamente bajo el chorro de agua fría para desentumecer mi cuerpo y mi mente. Usé la toalla de Tate ya que no me encontraba en el baño de mi habitación, y recordé que tal vez el susodicho vendría a alistarse y se toparía con Shizuru completamente desnuda en su futon. Así que tan rápido como pude pulí los últimos detalles y desperté a Shizuru para que se vistiera.

Fuimos unas de las primeras en bajar con el equipaje en mano, en la sala de estar se encontraban Mai y Tate que intentaba despertar a Takeda.

"¿Ha vuelto Reito?" Cuestionó Mai a Shizuru que por un instante pareció olvidarse del hecho de que Reito desde que salió el día anterior no había regresado. "¿No estaba contigo en la habitación?" Mai extrañada paseó su mirada desde su mejor amiga hasta mí como si tratase de leernos.

"No, no ha regresado. ¿Por qué?" Respondió un tanto extrañada por el repentino interés.

"Únicamente disponemos de un coche." Observó Tate. "Y aunque alguien fuese con Kuga, aun faltaría un asiento más." Por fin despertó Takeda y enseguida se dirigió a su habitación para tomar un merecido baño.

"Tenéis que apretujaros en el coche. No hay otra forma." Sentencié buscando alguna solución al problema de última hora cortesía de Reito. "Tú te vienes conmigo que estás acostumbrado a pasar frío en la motocicleta y que el resto vaya en coche." En seguida nos reunimos todos en la sala de estar apilando el equipaje que no cabía en el coche.

"Maldito Reito, ¿qué haremos ahora con todo esto?" Protestó Tate en dirección hacia el equipaje provocando las lamentaciones de todos.

"No os preocupéis, se quedará aquí. Y mañana regresaré a por todo esto, estoy libre por la tarde." Propuso Kazuya.

"Asunto resuelto, ahora en marcha se nos hace tarde." Respondí escandalizada una vez que miré la hora. Ninguno iba a llegar a su primera clase a tiempo.

Como habíamos predicho, se apiñaron en la parte trasera del coche Mai, Akane, Shizuru y Nao, dejando al volante a Kazuya que el día anterior bebió menos que Takeda y una vez logrado cerrar el coche, nos pusimos en marcha. Tate y yo, acostumbrados a ir juntos en la motocicleta no nos supuso ningún problema llegar sanos y salvos hasta Tokio, donde en una de las autopistas metropolitanas había una congestión terrible. Nosotros al ir en un vehículo de dos ruedas no sufrimos aquel hecho y llegamos a tiempo al campus para dar nuestra primera clase. Nao estuvo desaparecida el día entero. A medio día me reuní en la cafetería con Tate que se encontraba con Takeda recibiendo las noticias de como fue el trayecto.

"¿Se sabe algo de Reito?" Interrogó Tate curioso, pues le hervía la sangre aquel comportamiento infantil del chico en cuestión, ¿cómo era capaz de dejar a su suerte a su novia y a sus amigos?

"Llegó ayer a mediodía a Tokio y según parece aún sigue molesto, lo siento." Se disculpó en su nombre Takeda, que era siempre un chico muy correcto.

"¿Pero a qué viene ese comportamiento? Todos sentimos que se haya caído Fujino, tampoco es como para ingresarla en una burbuja y que no sintiera nada." Protestó Tate pues aunque Reito se trataba del mejor amigo de la infancia de Takeda, entre los dos existía la confianza de hablar sobre cualquier tema sin ofenderse.

"Él siempre ha sido muy sobreprotector con ella pero desde luego jamás lo había visto perder los papeles de esta manera." Comentó preocupado Masashi.

"Realmente lo siento por Shizuru, que es con quien va a descargar su enfado." Atiné a decir, realmente era un hecho que me preocupaba. Si fue capaz de gritarle a sabiendas que nos encontrábamos todos en la casa al tanto de cada palabra, ¿qué haría cuando estuviesen a solas? Solo de pensar en ello me hervía la sangre.

"No te preocupes por eso, él sería incapaz de ponerle una mano encima o siquiera dedicarle alguna palabra mal sonante." Respondió Takeda.

"¿Cómo estás tan seguro? Si ese bastardo le llega a poner una mano encima, se la corto." Se levantó Tate completamente enfurecido.

"Calma amigo, Reito no es ese tipo de persona. Además quiere a Shizuru como si fuese su propia vida, simplemente estaría agobiado por los exámenes." Respondió tranquilamente Takeda mientras apuraba lo que le quedaba en su taza de café. "Lo siento chicos, he de ir a mis clases de kendo." Se incorporó e hizo una leve reverencia marchándose.

"¿Has visto a Nao?" Pregunté extrañada de no encontrarla en la cafetería ya que era su lugar preferido en todo el campus.

"No, pero esta tarde Mai nos invita a su apartamento para ver dirty dancing, le sentó fatal qué no supieras de que iba la película." Puse los ojos en blanco.

"Me niego a perder mi tiempo viendo esa basura." Le dije mientras me levantaba de la mesa dispuesta a escaquearme de la velada. "Además estoy cansada y necesito dormir."

"Shizuru va a estar." Sonrió complacido pues había soltado justo el motivo por el cual no me perdería ninguna película empalagosa del mundo.

"¡Ahí estaré!" Contesté animadamente.

"¿Ha pasado algo entre vosotras este fin de semana?" Cuestionó curioso mientras se incorporaba y nos dirigíamos hacia el estacionamiento a por nuestras motocicletas.

"¿Por qué lo preguntas?" Era raro como podía Mai contagiar a Tate la habilidad de leerme como un libro abierto.

"Te noto diferente. ¿Eso quiere decir que tú y Shizuru habéis…?" Me miró sonriente esperando una respuesta que me negué a dar. "Vamos soy tu amigo, ¿si no me lo cuentas a mí a quien se lo contarás?" Que rápido había aprendido a usar el chantaje emocional.

Sin decir más arranqué mi motocicleta y me dirigí hacia Waseda sin esperar a mi curioso amigo que me seguía por detrás. No tenía intención de darle los detalles de los encuentros entre Shizuru y yo, y tampoco quería precipitarme e ilusionarme aún hasta hablarlo con ella, quería aclarar que eran aquellos últimos encuentros. En tan solo diez minutos, estacionábamos las motocicletas en el campus de Waseda y desde ahí, seguí a mi amigo pues nadie mejor que él se conocía aquel recorrido. Una vez en el pequeño apartamento me sorprendí de lo atentos que eran en aquella universidad, mientras yo tenía que compartir una única habitación con Nao, ellas disfrutaban de un apartamento con cocina integrada y dos habitaciones para su completa intimidad.

"¿Qué bien se vive en Soudai?" Solté en voz alta una vez que entré al apartamento sin perder detalle.

"Puedes matricularte aquí." Nos recibió una coqueta Shizuru y una muy sonriente Mai.

"No me quitéis a la única amistad que tengo en Todai. ¿Por qué no os venís vosotras a nuestra universidad?" Respondió rápido Tate.

"Porque no tenéis este apartamento, cariño." Con un beso de bienvenida que se dieron entre Tate y Mai zanjaron el tema.

La velada había transcurrido lo más tranquila posible, una estupenda cena improvisada por Mai y nos juntamos los cuatro en la pequeña sala, charlando animadamente como si fuese una verdadera cita doble. Una vez terminamos la cena, Mai que no aguantaba que existiera alguien sobre la faz de la tierra que no era capaz de ver aquella anticuada película, la proyectó mientras describía cada pasaje. Yo era feliz tan solo con disfrutar de la presencia de Shizuru cerca de mí y poder verla tres días seguidos sin que se mascara la tragedia. Ella a su vez estaba tan radiante como siempre, como si una sola hora de sueño, que fue únicamente lo que durmió al menos en mis brazos, fuera efectiva para durar así de resplandeciente durante todo el día. En mitad de la película, como siempre, nuestros amigos desaparecieron. Dejándonos de nuevo a solas. En aquel instante Shizuru apoyó su cabeza sobre mi hombro y sujetándome por el brazo, entrelazó nuestras manos.

"Jamás había disfrutado de un momento así." Confesó mientras mantenía la mirada sobre la película.

"¿Nunca has visto una película con Reito?" Pregunté extrañada.

"No es eso. No es el hecho de ver una película sentados en el sofá, sino lo que sientes cuando lo haces justo con la única persona con la que quieres hacerlo." Me miró directamente a los ojos y aún con la luz apagada podía notar aquel brillo en su mirada.

"No sé lo que sientes tú ahora, pero si no fuera porque me tienes sujeta por el brazo ahora mismo estaría levitando." Le susurré lo más dulce que pude mientras nos miramos en la oscuridad. De repente el sonido de la puerta nos sacó de nuestra ensoñación, alguien golpeaba con furia la puerta.

"¿Quién es a estas horas?" Me incorporé sorprendida viendo como Shizuru se dirigió a abrir.

"Reito." Escuché que decía desde la puerta. La sorpresa en la voz de la castaña era sinónimo de que no esperaba para nada la visita del chico.