Los personajes de Mai Hime no me pertenecen.

Capítulo 12

Shizuru

¿Quién es la romántica empedernida ahora?

"Reito." Me sorprendió su visita a altas horas de la noche. "¿Qué haces aquí?" Pregunté confundida, no sabía de él desde que nos abandonó a todo el grupo en Hakone.

"¿Así es como recibes a tu novio?" Entró sin esperar una invitación y me preocupaba como se tomaría la visita de Kuga, sabía que no se toleraban ninguno de los dos. "Oh, disculpa. Veo que tienes visita." Se detuvo al final del pasillo, mirando hacia la sala de estar donde se encontraba Natsuki de pie cerca del sofá. "Kuga, ¿qué te trae por aquí?"

"Ha venido acompañando a Tate." Respondí en su nombre. Aún notaba en su tono de voz cierta molestia por la discusión del fin de semana y no quería que saliera mal parada de todo aquello Natsuki.

"Estupendo, ¿Dónde está Tate?" Continuó Reito mientras hacia un ademán como si buscara a Tate por la sala de estar.

"Se ha encerrado con Mai en su habitación, estábamos viendo una película." Contesté apuntando hacia el televisor mientras él asentía en silencio.

"Creo que debería irme y dejar la película para otra ocasión." La voz grave de Kuga sonó más áspera de lo normal.

"Es una lástima pero lo cierto es que se está haciendo muy tarde." De nuevo se enfrentaron los dos en una guerra fría y silenciosa mientras sus miradas se clavaban una en la otra.

"Te acompaño a la puerta." Le dije a Kuga tirando de ella hacia la salida, no quería que aquella disputa llegara más lejos de lo que había llegado, no era sano para ninguno de los tres.

"Reito." Se despidió Natsuki mirándolo fijamente.

"Kuga." Pronunció su nombre entre dientes, mientras se sentaba en el sofá.

Conseguí convencer a Natsuki de que estaba todo controlado aunque en sus ojos se podía leer cierta preocupación. Conocía a Reito desde que éramos niños y sabía que por más que éste estuviera enfadado jamás se atrevería a cruzar la línea. Tras lidiar con él durante parte de la noche, conseguí limar asperezas y aunque ambos sabíamos que aquello no era una simple mala racha, él se negaba a ver la realidad. Nuestra relación por más que pareciera estable comenzaba a secarse y a llegar a su fin. Era como si en las últimas semanas habláramos idiomas completamente distintos y no nos entendíamos bajo ningún concepto. Reito culpaba a terceras personas de nuestro abismo, cuando los principales causantes de él éramos los dos. Su forma de entender el amor no era completamente sana y yo poco a poco me daba cuenta de que jamás estuve enamorada de Reito. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y nos queremos muchísimo pero no de la forma que él espera de mí. Sé que tarde o temprano íbamos a tener aquella charla pero no quería que fuese en un momento en el que él estuviera disgustado, quería que entendiera que aquella ruptura no era culpa de nadie, ni siquiera lo dejaría por Natsuki sino más bien lo dejaría por el bien común de los dos. Reito merece a alguien que lo ame con la misma intensidad que ama él, que en muchos sentidos él era el hombre perfecto, pero su perfección no estaba hecha para mí.

Pasaron los días desde aquel fin de semana inolvidable en Hakone y tanto Tate como Natsuki no volvieron a poner un solo pie en el apartamento que compartía con Mai. Sabía que Reito estaría vigilando la relación con mis nuevos amigos ya que estos lo evitaban a toda costa, pues desde que mostró la otra cara de su naturaleza, todos nuestros amigos evitaban volver a planear salidas en las que estuviera él presente. Nuestro distanciamiento era tan grande que podía pasar días sin saber de él incluso yendo a la misma universidad y viviendo en el mismo campus.

"¿Habéis roto Reito y tú?" Cuestionó Mai en cierta ocasión, ya que no volvió a compartir con él una conversación desde aquel fin de semana en casa de los Masashi.

"Casi no nos vemos, ¿cómo iba a romper con él?" Era fin de semana y tanto Tate como Natsuki tenían que trabajar en el taller de su tutor, por lo que mi querida amiga y yo disfrutamos de una tarde tranquila en el centro comercial.

"¿Crees que te está evitando?" Había estado pensando seriamente en aquella posibilidad, sabía que Reito no era como los demás chicos, él intuía cierto tipo de reacciones incluso antes de que se dieran, y era evidente que tanto él como yo habíamos tocado fondo en aquella relación.

"Puede ser. Nada es como antes, él ha cambiado y yo también. Y somos más felices por nuestra cuenta." Contesté lo más sincera que pude, con Mai no tengo secretos.

"¿Y qué tal van las cosas con Kuga?" Comenzó a sonreír, aún no habíamos hablado sobre el fin de semana en Hakone.

"Natsuki es…increíble. No sabría cómo explicártelo pero parece tan dura y en el fondo es tan dulce." En silencio pensé en las palabras apropiadas para describir lo que sentía realmente por ella.

"¡Dios mío, estas completamente enamorada de ella!" Aseguró Mai con una sonrisa. "Hasta te brilla la mirada cuando hablamos de Kuga." En esta ocasión comenzamos a sonreír ambas. "Ves como no había necesidad de preocuparse, Natsuki solo tiene ojos para ti."

"Lo sé." Asentí mientras me tomaba mi delicioso té. "En Hakone, ha pasado algo." Continué tímidamente pues temía que mi amiga me juzgara porque en esta ocasión aunque Reito me abandonara con mis amigos técnicamente seguíamos juntos.

"¿Crees que estamos ciegos? Tanto Tate como yo nos hemos dado cuenta." La miré completamente sorprendida. "Te lo noto en la mirada, es como si te sonrieran los ojos, te brillan más de lo normal y estas demasiado risueña." Puntualizó Mai psicoanalizándome.

"Seguro que estarás pensando que soy una malísima persona por hacerle esto a Reito." Dije completamente avergonzada.

"Oye sabes que te apoyo en cualquier decisión y ante todo soy tu amiga, pero creo que deberías hablar con él, sentaros y solucionad vuestro tema. Supongo que tanto él como Natsuki merecen saber en qué punto de la relación están." Contestó Mai mientras me sostenía de la mano.

"¿Natsuki te ha dicho algo?" Aquel también era un tema que me preocupaba pues no quería que Kuga se formara una mala imagen de mí.

"No, que va. Solo pienso que tiene derecho a saber que no aspira a ser una simple amante contigo sino algo más, he visto como la miras y sobre todo como te mira ella a ti, y lo vuestro está más allá de cualquier aventura de cama." Sonreí pues sabía que lo que más deseaba Mai era que las dos fuésemos completamente felices.

Aquel mismo día, de regreso hacia el campus de Waseda, me crucé con Reito que me esperaba como siempre en el estacionamiento del apartamento sobre su nuevo y flamante coche. Al despedirse de Mai lo hizo un tanto frío y distante, cosa que no había pasado por alto ni ella ni yo, era como si también culpara a Mai, o mejor dicho a la relación de Mai, por todo lo que ocurría a nuestro alrededor. Ya que aquella tarde se había tomado las molestias de buscarme y tener que esperar, salimos como hace cualquier pareja a pasar tiempo juntos y a buscar el momento preciso para sacar el tema de la ruptura a colación. Aquella situación no podía seguir por más tiempo, necesitaba deshacerme de aquella extraña relación porque ni estábamos juntos ni estábamos separados completamente. Quería pasar página y sobre todo lo que más deseaba es que pasara página él y de esa forma comenzar ambos con nuestra vida por separado.

Montados en su nuevo vehículo, no dejaba de fardar por su nueva compra. De repente un silencio se instaló entre nosotros y por más que intentaba que el frío mutismo no congelara los pocos minutos que nos restaban, era imposible. Sentados en el coche parecíamos un par de desconocidos que se dirigían a su primera cita con la esperanza de que acabara lo antes posible para no volver a cruzarse jamás. Nos dirigimos de nuevo al centro comercial donde iríamos al cine a ver cualquier película que proyectaban en aquel momento. Durante toda la emisión del largometraje, no desviamos nuestras miradas de la gran pantalla en ningún instante, evitaba sacar temas que pudieran desembocar en una discusión. No había ningún plan, no era tan fría y calculadora como pensaba, simplemente quería o tenía la necesidad de que nadie saliera lastimado, quería ahorrarnos días de agonía y malestar. Si hubiese alguna posibilidad de acabar como amigos y darnos la mano me aferraría a ella sin dudar.

Una vez de vuelta en aquel vehículo hacia el campus, buscó estacionarlo y antes de intentar bajarnos ambos del coche, me detuve un instante y decidí que era el momento preciso de iniciar aquella molesta e importante charla, ya que evitaba que Mai fuese nuestro testigo.

"Reito, tenemos que hablar." Susurré mientras se detuvo con la puerta abierta y volvió a cerrarla y acomodarse en su asiento.

"Te escucho." Respondió mirándome fijamente, de nuevo un silencio se instaló entre nosotros, había pensado en aquel discurso durante semanas y en aquel instante me quedé completamente en blanco. "Ahora es cuando me dices que no puedes más, que estas cansada de esta situación y que no es por mí, sino es completamente por ti."

"Reito yo..." Había intuido que aquella seria nuestra última cita y yo mientras tanto únicamente balbuceaba.

"No quiero escuchar nada de eso, quiero saber únicamente la verdad. He invertido mucho en esta relación para que se me trate como a un imbécil que ha hecho las cosas mal y lo único que deseas es eliminarme de tu vida." De nuevo clavo su mirada en la mía.

"Está bien, estas en todo tu derecho. Jamás he pensado que fueras un imbécil, de hecho has sido el hombre y el novio perfecto, pero hemos cambiado tanto tu como yo, ya no miramos hacia la misma dirección y no quiero que esto acabe mal sino como empezó, siendo amigos." Traté de recordar aquel discurso pero únicamente me salían frases dando rodeos.

"¿Quieres que seamos amigos?" Comenzó a reír. "Yo no sé cómo es ser tu amigo, se me ha olvidado, llevo toda una vida contigo y he planificado el resto de la otra vida contigo, explícame ¿Cómo podría ser tu amigo?" Empezó a alzar la voz.

"Reito yo necesito más, hasta aquí hemos llegado bien pero necesito más. No quiero planificar las noches contigo, no quiero planificar nuestros momentos libres y nuestras citas yo quiero dejarme llevar, quiero disfrutar de todo lo que me rodea como si fuera el primer día, quiero ser feliz, yo… solo quiero enamorarme." Dije atropelladamente, sabía que no me lo pondría fácil así que había que desechar la idea de que acabaríamos como amigos.

"¿Eso quiere decir que no estas enamorada?" Su mirada se tornó cristalina. "¿No estas enamorada de mí?"

"Reito te quiero muchísimo y créeme sufriré tanto como tú con esto pero por más que intento sentir algo más intenso contigo, no puedo. Está todo tan planificado que no hay cabida para los sentimientos y necesito percibir que estoy viva. Sé que te cuesta entender lo que intento decirte, la verdad que estoy intentando ser lo más transparente contigo, pero si no quieres aceptar nuestra realidad…"

"¿Nuestra realidad? Acabo de enterarme de que nunca has estado enamorada de mí. Y acabo de enterarme de que no te ha importado eso en lo más mínimo en los últimos siete años y ahora de repente necesitas sentirte enamorada. ¿De qué realidad me estás hablando? ¿De una realidad en la que gire el mundo alrededor de ti?" Volvió a alzar la voz. "¿Sabes qué, por qué no te bajas del coche?"

"Reito, yo… lo siento muchísimo." Dije mirando hacia su dirección mientras él desviaba su mirada pues las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

"Claro, seguro que lo sientes. ¿Puedes bajarte ya?" Asentí en silencio y descendí de aquel vehículo sintiéndome más leve que cuando entré.

Subí los peldaños más entristecida de lo que creí, la relación con Reito era un peso que quería quitarme de encima pero no creí que llegaría a dolerme tanto. Aquella noche en compañía de Mai, derramé todas las lágrimas que debía derramar por aquella relación, porque por más que acabara más que harta de la situación, Reito estaba en lo cierto, habíamos invertido demasiado tiempo en ella y fueron siete años de mi vida que pase junto a él. Para comienzos de semana, la sonrisa volvía a adornar mi rostro. Sentía cierta levedad al pensar que todo había acabado y desde hace muchísimo tiempo era la primera vez que estaba soltera. Como si fuese el gran evento del año, todos me miraban extrañados al conocer la noticia pues había volado como la pólvora llegando a oídos de todos los alumnos del campus. De repente comenzaron a lloverme citas e invitaciones románticas incluso de amigos que pertenecían al círculo de Reito. Yo tranquilamente, rechazaba a cualquiera que se me acercaba, pues mi mente ya estaba completamente ocupada y mi corazón suspiraba únicamente por ella, Natsuki ocupaba cualquier pensamiento y aunque me resistía a la idea de salir corriendo a sus brazos, quería tomarme un tiempo prudente hasta que Reito comenzara a cicatrizar sus heridas.

"Fujino- sama, esta carta es para usted." Una joven completamente ruborizada, dejó un sobre sobre la mesa que ocupábamos Mai y yo para almorzar, sacándome completamente de mi ensoñación.

"Ara… le estoy muy agradecida." Tomé el sobre escondiéndolo entre mis apuntes de económicas.

"No es justo, es el tercero hoy. A mí nadie me mandaba sobres." Sonreí ante el puchero de Mai.

"Si tanto te ilusiona puedes quedártelo." Le guiñé un ojo a mi amiga.

"Te lo agradezco pero las únicas cartas que me ilusionaría leer son las de Tate. Y no es ese tipo de chico." Respondió mientras almorzaba.

"¿Hay algún problema entre vosotros?" Pregunté extrañada, los lunes si no podían verse el fin de semana normalmente almorzaban juntos.

"No." Negó con la cabeza." Me dijo que hoy llegaría tarde, su motocicleta se ha estropeado y hasta que Kuga no termine con su clase…" Sonreí al oír su nombre. Desde que Reito llegó de improviso aquella noche a casa, no volví a verla y de eso hacía ya unas semanas. "¿Y bien, qué pasa entre Natsuki y tú?" Me miró Mai adivinando mis pensamientos.

"Nada, no la he visto desde dirty dancing." Respondí en tanto me tomaba mi té.

"¡Cómo te gusta ponérselo difícil!" Me reprochó mi amiga.

"No se trata de eso. Quería evitar que Reito pensara que había algo entre las dos. Así que me distancie un poco para prevenir discusiones absurdas. Y sobre todo para que él no descargara su ira hacia ella. Sabes que los últimos días culpaba a todo el mundo de nuestro distanciamiento menos a él." Me defendí pues era cierto que lo único que yo quería era protegerla a mi manera.

"¿Cómo está la mujer más hermosa de la cafetería?" La voz de Tate de repente inundó nuestra mesa, nos sorprendió por detrás.

"Ves como no necesito cartas de amor teniendo a mi precioso poeta." Se saludaron con un beso más que apasionado los dos, Kuga buscó asiento quedando justo en frente de mí.

"¿Cartas de amor? ¿Quién te ha mandado una carta de amor?" Cuestionó Tate con un tono un tanto celoso mientras se sentaba junto a Mai.

"A mí no, a Shizuru le llueven cartas desde que esta soltera y solo lleva dos días." Dijo Mai en alto claramente para que Kuga pudiera oírla. La miré agradeciéndole el gesto con sarcasmo.

"Únicamente es la novedad, se les pasará pronto." Respondí mirando hacia Natsuki que seguía en silencio. "¿Y tú que tal estas?" Me aventuré tímidamente hacia los ojos de jade.

"A mí no me mandan cartas de ningún tipo." Respondió con aquella voz tan grave con una pequeña sonrisa.

"Eso es porque no te han visto patinar." Respondió Tate.

"Quieres dejarla en paz." Intervino Mai pues sentía compasión ya que seguían lloviéndole bromas desde aquel fin de semana en Hakone.

Mientras seguían discutiendo acerca de abandonar las bromas sobre lo ocurrido aquel fin de semana, yo garabateaba en un papel en blanco sin prestar atención a la charla, únicamente viendo el reloj de pulsera de vez en cuando pues mi clase se acercaba y debía llegar antes de lo normal porque aquella lección de hoy seria crucial para el semestre. Me incorporé en silencio mientras dirigía una sonrisa hacia el grupo.

"¿Ya te vas Fujino?" Interrogó extrañado Tate.

"Has llegado tarde, te das cuenta de que yo también tendré clases en breve." Respondió Mai alterada por lo que Tate se vio en la obligación de disculparse.

"Esta clase es importante, tú no tienes por qué ir si no quieres y quédate con ellos." Dije sonriente a mi amiga. "Esto es para ti." Me acerqué hacia Kuga y le susurré al oído entregándole el papel en el que había garabateado hace unos segundos, completamente doblado. "Parece que no soy la única a la que mandan cartas." Diciendo esto en voz alta, me alejé de la mesa rumbo hacia mi edificio.

Estaba completamente ruborizada por el atrevimiento, aunque haya pasado tiempo con Natsuki y con eso me refiero a los acercamientos íntimos, seguía poniéndome nerviosa el hecho de estar cerca de ella y seguía ruborizándome sabiendo que en la carta la invitaba a salir, pues en aquel momento no se me ocurría nada ingenioso y únicamente le escribí que me moría de ganas por tener una cita con ella, ahora escuchando la lección de mi profesor me venían a la cabeza numerosas citas poéticas y frases ingeniosas para seducir a una mujer y es que las palabras correctas siempre nos llegan tarde. Por más que evitaba entretenerme en aquellos maravillosos ojos esmeralda, lo único que veía al parpadear o incluso al centrarme en lo que dictaba mi docente era aquella mirada profunda que me atravesaba completamente y es que cuando Natsuki me miraba tenía la habilidad de desnudarme el alma. Después de unos larguísimos sesenta minutos, salí de aquel aula completamente como había entrado, sonriente, levemente ruborizada y sin idea de lo que íbamos a ver en aquella clase. Gracias al hecho de que todos me adoran pude conseguir los apuntes para intentar tomar el hilo de la clase, mientras me dirigía hacia el apartamento que compartía con mi amiga, en el estacionamiento me encontré a Kuga sobre su motocicleta.

"He esperado mucho tiempo para leer esa frase, si lo dejamos para mañana, creo que no podría dormir." Dijo desde su posición.

"Ara, eso sería algo que no me perdonaría." Me acerqué hasta donde se encontraba ella. "Lo cierto es que aún no he pensado a donde llevarte."

"Mientras sea contigo no me importa a donde ir." Me prestó un casco y me señaló hacia la parte trasera de su motocicleta.

Sin pensármelo demasiado me subí y la rodeé por la cintura, con mis brazos desde atrás, podía aspirar su fragancia era tan embriagadora que me perdí completamente en ella. Volví a la realidad únicamente cuando aceleró, rodeando su cuerpo con más fuerza acercándome a ella. Podía oír los latidos de su corazón claramente y era una sensación que me envolvía de una cierta paz, como si al sentir la brisa al ir en motocicleta y su cuerpo junto al mío fuera lo más sublime que podría alcanzar. De repente la velocidad comenzó a reducirse gradualmente hasta detenerse completamente. Cuando salí de mi pequeña ensoñación aun no habíamos abandonado Shinjuku y ya nos deteníamos.

"¿Dónde estamos?" Cuestioné extrañada cuando descendíamos de la motocicleta y nos deshacíamos de los cascos.

"Adivina." Contestó mirándome con una sonrisa traviesa.

Extrañada miré a nuestro alrededor, jamás había visitado aquel rincón de Shinjuku ni siquiera había contemplado la idea de que existiera un lugar así, estábamos a la entrada de lo que parecía un hermoso jardín botánico. Y no es que no me gustaran las plantas y los jardines, simplemente nunca había tenido una cita que no implicara cenar y después tomar una copa para acabar en una habitación la velada.

"¿Estamos en Todai?" Pregunté tímidamente pues no quería que creyera que era una completa ignorante al no haber visitado nunca aquel lugar.

"Bingo. Este es el jardín botánico de Koishikawa, ¿nunca has estado aquí?" Me miró extrañada, me había delatado con aquella pregunta.

"Sinceramente, no." Dije mientras comencé a caminar por el sendero dejando atrás a Natsuki. "¿Me lo enseñas?" Canturreé a cierta distancia ya que permaneció estupefacta en la entrada.

Aquel lugar era verdaderamente mágico, numerosas especies de flora habitaban en un mismo lugar, cierto era que no estábamos en época de ver la floración de ninguna especie pero cuando nos adentramos en el invernadero, aquello estaba repleto de colores chillones y plantas que nunca había visto, Natsuki tan gentil me explicaba cada detalle de cada lugar que visitamos. ¿Cómo sabia tanto de aquellas cosas? ¿Cómo conocía de repente todas las maravillas que encerraba el mundo? Al adentrarnos en el jardín japonés de Koishikawa, aquello era hermoso, un gran estanque con un camino de piedras atravesándolo para cruzar y numerosas carpas rojas y blancas paseándose en sus aguas, no encontraba las palabras para describir todo aquello que sentía en aquel instante. Permanecer con Kuga era todo un enigma, como si fuese una caja de pandora, mantenerme junto a ella me llenaba de enormes sorpresas y emociones, no sabía cómo reaccionar. Sentadas junto al antiguo pozo de agua, me sorprendí pensando en lo asombrosa que sería mi vida junto a ella. De repente me invadió un miedo irracional a perderla, como si en cualquier momento ella despertara de su ensoñación y se diera cuenta que merece algo mejor que yo.

"¿Shizuru? ¿Estás bien?" Extrañada por no responder sentí su cálida mano posarse sobre la mía.

"Si, lo siento. Estaba distraída." Me miró preocupada.

"¿Quieres que lo dejemos? No pensé que tal vez estarías cansada después de un día de clase. ¿Podemos irnos si quieres?" Por fin había notado que ella estaba igual de nerviosa que yo, tenía los mismos miedos que yo y la asaltaban numerosas dudas con lo nuestro.

"¿Qué dices? Es el mejor momento del día. Me ha encantado estar aquí y sobre todo me ha encantado estar contigo." La vi sonreír pues intentaba que se relajase igual que consiguió ella conmigo al mostrarme su inseguridad.

"¿Aunque en la primera cita te haya traído a pasear a un jardín botánico? No se puede ser más empalagoso." Se quejó de ella misma cosa que me pareció más que adorable.

"A mí me parece que es la cita más romántica hasta el momento. Porque aunque hables de forma cínica sobre el amor, creo que en el fondo eres una romántica empedernida." Comenzó a sonreír de nuevo y bastaba con ese simple gesto para que toda aquella belleza la eclipsara su boca.

"¿Eso crees? Y eso que aún no hemos llegado al paseo en carruaje por Tokio." Su voz sonaba tan dulce que me derretía a cada instante.

"Podrías contarme de nuevo, durante el paseo aquella leyenda sobre Vega y Altair." Me acerque a ella lo suficiente para verla de nuevo ruborizarse levemente mientras buscaba sujetar de nuevo la calidez de su mano.

"¡Touché!" Soltó volviendo a sonreír.

Tiré de ella por un sendero lleno de flores silvestres y tomadas de la mano caminamos en silencio sintiendo aquella conexión armoniosa, las dos sabíamos que éramos polos completamente opuestos pero nuestra compenetración nos complementaba, éramos como el ying y el yang, junto a ella en aquel preciso instante sentía que todo lo demás sobraba sobre la faz de la tierra, que por primera vez en mi vida me sentía un ser completamente perfecto y esa perfección únicamente la percibía sujetándola de la mano. Natsuki era lo que buscaba hace mucho tiempo sin saberlo, era exactamente lo que mi mente, mi cuerpo y mi alma anhelaba. Caminar junto a ella de la mano era todo un sueño hecho realidad. De repente y como si fuese obra de los dioses, comenzó a ponerse el sol. Aquella era una imagen que simplemente tendría grabada en la mente por toda la eternidad. El sol de diciembre tan tenue y débil se ponía por entre las copas de los árboles creando aquel color anaranjado que envolvía cada instante de magia, de repente su mirada comenzó a brillar maravillada por aquel paisaje que nos regalaba la naturaleza.

"Creo que en este momento, no me importaría morir." Susurró viendo la puesta de sol.

"Aún no." Diciéndole aquello la besé tan profunda y delicadamente que por un instante deseé morirme entre sus labios, rodeada por sus brazos en medio de aquel sendero.

"¿El beso no es hasta llevarte a casa?" Susurró una vez que nos detuvimos para recuperar el aliento.

"Quería culminar este momento. ¿No te has dado cuenta que hasta el universo conspira para ello?" Rodeé su cuello con un abrazo mientras me sostenía ella por la cintura.

"¿Quién es la romántica empedernida ahora?" Depositó un suave y tierno beso en mis labios, el primero de muchos aquella noche.

N/A: Perdón por el retraso, mil disculpas. Ha sido un año bastante ajetreado y con muchísimos inconvenientes, pero prometo terminar de subir la historia. Gracias por leerla. Saludos.