Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...
Capítulo 13
Natsuki
Bienvenida a nuestra segunda cita
Durante toda la clase, dirigía la mirada hacia un lugar lejano a través de la ventana. Recordaba con minucioso detalle cada gesto, cada palabra y cada acción que había vivido con Shizuru desde que la conocí. Un inmenso torbellino de emociones se estancaba en el pecho encaminándose hacia el estómago, amenazando con hacerme levitar ahí mismo, como si un gigantesco vértigo dominara mi interior. No conseguía fingir la seriedad que siempre me acompañaba, una insoportable sonrisa adornaba mi rostro sin que tuviera la más mínima influencia sobre ella. Aquella mañana era como si de repente todas las respuestas del universo me fueran dadas. De pronto todo cobraba un sentido y sentía que mi vida, al principio vacía y sin destino, comenzaba a tejer numerosos caminos y todos desembocaban en un único nombre Fujino Shizuru. No dejaba de pensar en su maravillosa y coqueta sonrisa, en sus radiantes ojos de mirada escarlata y en su dulce y sensual voz. De repente el estruendo de la sirena anuncia el final de la clase mientras todos mis compañeros, incluido el profesor, se marchaban agotados y fastidiados por una clase larga y tediosa.
Hacia el mediodía, mis pasos lentamente me llevaron hacia la cafetería. Sintiendo cada sentimiento luchando en mi interior por salir. Caminaba distraída, sonriendo, sin darme cuenta de que mis amigos me observaban desde su asiento preferido en la cafetería.
"¿No has pensado hacer un anuncio de pasta de dientes?" Preguntó Nao mientras me sentaba y obtuvo un gesto grosero por mi parte mostrándole la lengua.
"¿Qué tal te fue la cita?" Como siempre Tate directo a la materia.
"Bien." Los dos permanecieron en silencio mirándome para que continuase.
"¿Eso es todo? ¿Por fin sales con la desequilibrada y solo te fue bien?" La fulminé con la mirada. "Por lo menos no volviste a dormir a la habitación, eso es buena señal."
"Es su palabra preferida, en su defensa diré que la primera noche que se liaron también le fue bien." Apuntó Tate.
"Para vuestra información, no hemos hecho nada y sí, me he quedado a dormir en su casa y solo dormimos." Dije orgullosa de mi misma mientras me tomaba un café.
"¿En serio Kuga? ¿Te invita a su apartamento y solo dormís?" Cuestionó escandalizado Tate.
"¿Cuál es la prisa? Nuestra primera cita ha sido genial y solo dormimos del cansancio, prácticamente nos pasamos toda la noche hablando para conocernos. Queremos tomárnoslo con calma." Me defendí.
"¡Oh dios mío, Natsuki! ¿Qué pretendes que eche de menos a su novio y regresen juntos? Ahora mismo tendríais que estar encerradas en la habitación y no salir hasta que florezcan los cerezos." Alzó la voz Nao escandalizada.
"¡Dejadlo ya! Nuestra relación no se basa únicamente en el sexo." Comenté para ambos. "La invité a dar un paseo por el jardín botánico, vimos un precioso atardecer y cenamos mirando las estrellas, no iba a estropearlo todo únicamente pensando en el sexo, estuvimos largas horas hablando y cuando nos dimos cuenta se nos hizo tarde…" Comencé a explicar toda la velada.
"Y se durmió esperando una culminación que no le has dado." Terminó mi frase Nao por lo que Tate se echó a reír.
"No se aburrió, dormimos juntas y abrazadas. ¡Y a la vez!" Parecía una niña pequeña justificando un comportamiento frente a sus hermanos mayores.
"Tranquila Kuga, no creí que fueras tan romántica, ¿un paseo por el jardín botánico? ¿Nuestro jardín botánico? ¿Cómo no se me había ocurrido a mí?" Se extrañaba Tate.
"Tú no eres un romántico empedernido como Natsuki." Sentenció Nao.
"No soy una romántica empedernida, ¿por qué todos creen que soy una romántica empedernida?" Interrogé cansada de que todos parezcan conocerme mejor que yo.
"¿En serio lo preguntas?" Me miraron los dos intentando aguantarse la risa. "La llevaste en la primera cita a ver un atardecer y a cenar bajo las estrellas, ¿no ves la conexión?" Se burló Nao.
"Sin mencionar que has estado esperando a la indicada para hacerlo." Recalcó Tate.
"¿Y tú qué sabes?" Pregunté molesta mirando hacia Tate.
"Soy tu amigo desde hace muchísimo tiempo y jamás te he visto salir con nadie." Afirmó este.
"¿Fujino es la primera con la que sales?" Cuestionó Nao extrañada y sin apartar su mirada de mí.
"¿Y eso qué más da? No salí con nadie porque nadie me parecía interesante para hacerlo. ¿Contentos?" Alcé la voz en dirección hacia mi amigo que me había dejado en evidencia frente a Nao.
"Espero que Fujino sea lo suficientemente interesante para ti." Soltó Nao completamente al borde de la irá, cambiando su estado de repente, se levantó con violencia arrastrando la silla y salió de la cafetería sin dejar rastro.
"¿Y a esta qué le pasa?" Pregunté extrañada a Tate pues cada día entendía menos su comportamiento.
"Hace un momento estaba bien." Dijo mientras se encogía de hombros sin apartar la mirada, ninguno de los dos, del punto por donde se esfumó.
Últimamente los cambios de humor de Nao eran un tanto extraños. De repente estaba sentada frente a ti soltando un discurso ingenioso y con sorna, cuando al siguiente minuto estallaba marchándose sin saber más de ella. Era como si todo lo que le dijera le molestaba y tergiversaba completamente cualquier frase que le daba. No volvimos a saber nada de ella durante todo el día, como si nos evitara, cualquier lugar que frecuentáramos los tres, ella lo rehuía. Aquella tarde tanto Mai como Shizuru tenían que ir de compras pues la navidad se acercaba vertiginosamente, ensimismada en mi mundo no me di cuenta de que numerosas flores y luces decoraban las calles por estas fechas. La gente ya se encontraba realizando las últimas compras, mientras tanto mi amigo y yo seguíamos aturdidos por lo rápido que habíamos alcanzado el final del año.
"¿Qué le vas a comprar a Yamada?" Susurró Tate mientras caminamos por Aoyama.
"En el último número de la revista de coches a la que está suscrito hay unas llantas de las que no deja de hablar para su camioneta." Respondí sin mucho entusiasmo. "Supongo que este año está claro, ¿y tú, le compraras algo a Mai?" Interrogué sin apartar la mirada de los escaparates.
"No lo sé. Apenas llevamos unos meses, ¿crees que le debería comprar algo?" Esa era una buena pregunta, yo también sentía curiosidad sobre el hecho de regalarle o no algo a Shizuru por navidad, cierto era que ni siquiera salíamos juntas, pues en la primera cita no hablamos sobre el tema, pero bastaba con no aparecer con un regalo para desatinar completamente.
"Yo me hago la misma pregunta." En silencio caminamos por la abarrotada calle donde los transeúntes realizaban sus compras hasta que de pronto Tate se detuvo frente a una tienda y entró sin dudarlo. "¿Qué hacemos aquí?"
"Mira la de cosas que hay aquí, seguro que encontraremos algo que regalar a las chicas." Dijo entusiasmado Tate.
Definitivamente era un lugar con encanto, repleto de objetos curiosos para aquella fría navidad en la que se echaba en falta la nieve. Mientras paseaba por los llamativos pasillos de aquella tienda, me topé con el detalle más extraordinario que creí en aquel momento. Era una bola de cristal con una estrella fugaz flotando en su interior, que al agitar los copos de nieve comenzaban a moverse, en la parte inferior se le daba cuerda y sonaba una melodía navideña mostrando unas letras en el cristal que decían 'Pide un deseo' e inconscientemente deseé estar con Shizuru, no habían pasado ni veinticuatro horas desde que nos separamos y cada átomo de mi cuerpo la echaba de menos. Sin rendir cuentas a nadie salvo a mi gusto romántico como aseguraban mis amigos, me dirigí hacia la caja y después de pagar aquel objeto lo envolví cuidadosamente a la espera de mi amigo. De repente este apareció con una prisa inusual, alegando que una ex amante se encontraba en la tienda y quería irse de inmediato, apresuradamente salíamos de aquel lugar sin percatarnos de que invadíamos el espacio de otra persona, al girarme me sorprendí de nuevo. ¿Cómo era posible que siempre nos cruzáramos de aquella manera? No fue hasta girarse ella que quedamos los cuatro de frente sorprendidos por aquella extraña coincidencia. Mai y Shizuru realizaban también sus últimas compras concluyendo por Aoyama, pues iban repletas de bolsas.
"Creo que deberíamos dejar de encontrarnos de esta manera." Comenté ante una Shizuru levemente ruborizada.
"Ara, me pregunto qué extraño poder ejerces sobre mí." Su dulce y coqueta voz sonaba como una melodía.
"Se le llama atracción. Por cierto, hola Fujino." Comentó Tate mientras abrazaba a Mai que sonreía.
"¿Qué hacéis por aquí?" Preguntó la pelinaranja con entusiasmo. "No nos estaréis siguiendo, ¿verdad?" Miró a Tate alzando una ceja.
"Me has pillado. Sabes que no puedo vivir alejado de ti." Comenzaron a besarse frente a nosotras sin pudor alguno.
"Podríamos ir a ver las luces de la ciudad juntos." Propuso Shizuru sin apartar su adorable mirada escarlata de mí.
"Cualquier lugar es mejor en este momento." Respondió Tate con una sonrisa forzada pues seguía intentando huir de su pequeña pesadilla con su ex.
Caminamos los cuatro juntos cada quien con su pareja. Había superado el nerviosismo de la primera cita pero mi corazón seguía latiendo con fuerza cada vez que me cruzaba de este modo con Shizuru, no podía controlarlo. Mi pecho palpitaba del entusiasmo, siempre soñé con pasear de la mano bajo los neones de la navidad por la ciudad de Tokio junto a la persona de mis sueños y aquel era un deseo que estaba a punto de cumplir. Como si aquella bola de cristal me concediera el deseo, sonreí satisfecha al pensar en ello. Aquello estaba atestado de transeúntes. Todos admiraban las luces que decoraban las calles, los adornos luminosos en los árboles y jardines, y los coloridos que adornaban la fachada de numerosas tiendas y edificios. Nos detuvimos junto a una fuente llena de luces que iban sincronizadas con el flujo del agua y el agradable jardín que rodeaba dicha fuente, el espectáculo era maravilloso e innumerables transeúntes sacaban sus cámaras fotográficas para inmortalizar aquella magia. De pronto sentí la cálida mano de Shizuru entrelazar la mía.
"Este momento no puede ser tan perfecto." Susurró con aquella dulce voz cantarina.
"Eso es justo en lo que estaba pensando." Respondí en otro susurro.
"La navidad nunca fue tan bella hasta que no entraste a mi vida." Su tierna voz envolvía mis oídos con su cálido aliento, estábamos tan juntas que podía sentir su cuerpo junto al mío.
Era el instante perfecto. Una paz acariciaba mi alma desde el interior. Sabía que toda mi vida he estado perdida a la espera de aquel acontecimiento, nada iba a ser igual desde Fujino, era algo que sabía desde mi fuero interno. Paseamos durante toda la noche por la ciudad abrazadas, caminando en absoluto silencio disfrutando de nuestra presencia. Podía oír su respiración tranquila junto a mí, siguiendo el compás de la mía en perfecta armonía. Nuestros amigos nos seguían desde muy atrás, observando tal vez la escena mientras hacían comentarios sobre como lucíamos las dos juntas. En aquel momento, tanto a Shizuru como a mí nos traía sin cuidado sus observaciones, únicamente existíamos las dos en nuestro universo como dos pequeños satélites errantes que giraban en órbita alrededor la una de la otra. Tras la larga caminata llegamos al campus de Waseda, sin darnos apenas cuenta habíamos cruzado toda Aoyama hasta plantarnos en Shinjuku donde se encontraba la universidad y ya que habíamos usado el transporte público los cuatro para ir al centro a hacer las compras, no era un engorro caminar hasta Soudai puesto que cada quien poseía su vehículo en su estacionamiento.
"¿Queréis subir y nos pedimos comida Tailandesa?" Preguntó Mai una vez que llegó hasta donde nos habíamos detenido nosotras.
"¿Si a Shizuru le parece bien, claro?" Apuntó Tate sonriendo.
"¿Bromeas? No quiero que esta noche acabe nunca." Y diciendo aquello, por primera vez Shizuru deposito un casto beso en mis labios en presencia de nuestros amigos.
"Ya veo que lo vuestro es oficial, ¡enhorabuena!" Aplaudía Mai eufórica de que por fin todas las piezas del puzle hayan encajado mientras sonreíamos las dos sin apartarnos la una de la otra.
"¿Así que por eso me has dejado?" De repente la voz grave y profunda de Reito nos sobresaltó desde atrás, pues justo había abandonado su vehículo para presenciar nuestro beso. "Que bajo has caído Shizuru."
"Mide tus palabras genio." Clavé mi mirada en él pues sabía que su visita no era por cortesía. Venía a envenenar lo que restaba de noche.
"¿O qué Kuga?" Durante un instante nos quedamos en silencio en un duelo de miradas retadoras.
"¿A qué has venido Reito?" Cuestionó Tate para evitar que se mascara la tragedia.
"Shizuru, tenemos que hablar. Antes manda a callar a tu nuevo juguetito y a tu bufón." Estaba a punto de saltar a golpearle con toda mi ira cuando siento la mano de Shizuru sujetarme con fuerza.
"No tengo nada que hablar Reito, si tienes algo más que decir puedes hacerlo delante de ellos y si has acabado, te recomiendo que te retires." La dulce voz de Shizuru que normalmente era melodiosa, de repente se había congelado y sus palabras eran frías y cortantes.
"Ya veo." Miró en silencio a la espera de que esta cambiara de decisión. "Está bien, me ha llamado tu padre, quiere saber cuándo le vas a entregar la lista de invitados para la fiesta de tu cumpleaños. E insiste en que vayamos juntos pues nos tiene que presentar al sacerdote que presenciara nuestra boda." Los cuatro nos quedamos viendo en shock. Reito aún no había superado la ruptura y realmente creía que aquello únicamente era una pataleta de Shizuru y que volverían juntos para continuar con sus planes de boda. Por un instante lo compadecí.
"Gracias, Reito. Realmente estoy muy agradecida, hablaré con mi padre para que deje de molestarte y a partir de ahora me encargaré yo de todo lo que concierne a mi vida y a mi familia." Respondió Shizuru mientras tiraba de mí hacia la entrada del apartamento que compartía con Mai.
"¿Hasta cuándo pretendes acabar con esto? ¿Realmente quieres tirar nuestro futuro por la borda por esto?" Alzó la voz cuando todos le dimos la espalda para abandonar el frio de la calle en cuanto antes.
"Escúchame, Reito. No consiento que hables así de la persona que amo. Cuanto antes aceptes que no hay un 'nuestro futuro' mejor." Hablo Shizuru firmemente quedando tras de nosotros. "Mi futuro ahora es Natsuki." Dijo dándole la espalda y sujetando mi mano mientras subíamos los escalones hasta llegar a su departamento.
Durante los primeros minutos, nos habíamos sentado los cuatro en el sofá en completo silencio. No daba crédito a lo que habían presenciado mis ojos. Por un instante estaba decidida a involucrarme y a sacar a Reito a patadas de aquel estacionamiento pero llegué a la conclusión de que no tenía derecho, que aquello no me correspondía a mí. Únicamente le correspondía a Shizuru, ella era realmente la única que podía darle la patada figuradamente sacándolo de su vida. Y sabía que Tate en su interior, su sangre hervía por sus venas del mismo modo que la mía. Pero era una batalla ajena a nosotros, no teníamos que librarla aquella noche aunque nos la chafara. De repente recordé, que Reito había venido en calidad de mensajero. ¿Lista de invitados de su cumpleaños? ¿Acaso Shizuru cumplía años en navidades? En ese caso, ¿por qué no nos lo había dicho?
"Bueno en cuanto antes volvamos a nuestra vida mejor. Dejemos la seriedad para los entierros. ¿Qué vamos a pedir para cenar?" Interrumpió Mai para animar un poco nuestro humor pues se había desplomado completamente con la inesperada visita.
"Buena idea. ¿Dónde está la lista de pedidos?" Siguió diciendo Shizuru.
"¿De qué fiesta hablaba Reito?" Pregunté sin buscar el momento preciso para sacar el tema a colación. De nuevo otro silencio se apoderó de la pequeña sala de estar.
"Mi cumpleaños es la próxima semana y todos los años mi padre organiza una enorme fiesta a la que invita a sus amigos. Tiene la manía de comunicarse con Reito para hablar de cualquier tema que concierne a mí." Shizuru hablaba lentamente buscando las palabras correctas. "Te lo iba a decir pero eso implicaría conocer a mi padre y bueno, básicamente implicaría romper mi compromiso con Reito formalmente a ojos de mi familia."
"¿Eso significa que iras acompañada por Reito a conocer al sacerdote que oficiará vuestra boda?" Interrogué un tanto extrañada por su último comentario. Era como si quisiera ocultar nuestra relación y seguir mostrándose al mundo como una chica intachable enamorada de un chico intachable a punto de casarse, como si fuesen los prometidos perfectos.
"Yo no quise decir eso." Suavizó su voz de nuevo volviéndola más melodiosa de lo normal.
"Pues es justo lo que has dicho." Respondí mirándola fijamente. ¿Cómo podía pasar del éxtasis a la miseria? Con Shizuru era tan fácil.
"Creo que nosotros vamos a dejaros un momento a solas." Apuntó Mai levemente ruborizada de presenciar aquello que parecía una discusión, nuestra primera discusión.
"No Mai, creo que la que sobra aquí soy yo." Dije levantándome del sofá y deteniendo a Mai y a mi amigo que se había incorporado para darnos intimidad. "A diferencia de Reito, yo sé cuándo estorbo."
Sin darme cuenta y sin saber cómo, el frío de la noche golpeaba mi cara. Hace un momento disfrutaba de un encuentro completamente casual y mágico con Shizuru y ahora me encontraba bajo la fría noche completamente sola y cabreada sin saber cuál era el principal motivo. Si era el hecho de que Shizuru no quería presentarme a su familia aunque fuese en calidad de amiga o si era el hecho de que quería seguir escudándose en aquella antigua relación con Reito o por último y no por ello menos importante el hecho de que tenía que ir caminando desde Waseda hasta Todai a aquella hora de la noche. De repente oigo unos pasos tras de mi corriendo, aún no había abandonado el campus y ya me daba el primer sobresalto. Al girarme vi que era Shizuru quien venía a mi encuentro corriendo sin abrigarse apenas, precipitadamente vino a impactar entre mis brazos. Su respiración agitada y acelerada no dejaba que las palabras salieran por si solas y rompió en llanto.
"Te amo." Atinó a decir entre llanto. "Te amo." Volvió a repetir sin dejar de llorar. La primera vez lo había oído claro pero la segunda fue alto y claro. Había asegurado que me amaba. "Natsuki, tu no sobras en mi vida. Yo te amo." Diciendo aquello hundió su rostro completamente en mi pecho.
"Yo a ti también." Un ligero rubor adornaba mis mejillas. Nunca antes había sentido aquello por nadie y mucho menos había usado jamás aquellas palabras con nadie.
"Necesito tiempo para decírselo a mi padre pero eso no significa que usaré a Reito para ocultar lo nuestro. No quiero ocultarte a nadie. Eres lo más importante para mí. Tú me fundes completamente el alma con tan solo suspirar."
No aguante aquella declaración de amor mucho tiempo más, en medio de la noche nos fundimos en un interminable beso hasta que sentí que se estremecía entre mis brazos. El frío calaba en lo más profundo y ella únicamente portaba aquella blusa de seda que la dejaba helada. Rauda me quité el abrigo para cedérselo pues podía vislumbrar su blanco aliento en la frialdad de la oscura noche. Una vez que entró en calor nos encaminamos hasta el estacionamiento del campus.
"Sabes creo que tengo una idea mucho mejor que comer comida Tailandesa." Con un tono travieso captó completamente mi atención.
"¿Cuál es?" Pregunté mientras besaba su nariz que minutos antes había quedado congelada.
"¿Qué te parece dar paso a nuestra segunda cita?" La miré asombrada, sabía que Shizuru tenía un aire juguetón, pero no creía que era tan atrevida.
Con sonrisa juguetona y aire pícaro, nos dirigimos al vehículo de Shizuru que se encontraba estacionado junto al edificio de viviendas. Manejaba yo en dirección hacia su apartamento en Chiyoda, de noche el flujo de vehículos en Tokio se reducía dejando algunas carreteras completamente vacías. En apenas unos minutos llegamos a su apartamento, y aprovechando que manejaba yo en aquella ocasión, Shizuru hizo unas llamadas a Mai para tranquilizarla pues únicamente había salido con lo puesto y dada la visita incomoda de Reito prefirió tranquilizar a su compañera de piso porque estaba realmente preocupada. Una vez finalizada la llamada me susurró que la esperara unos diez minutos en el coche antes de subir al apartamento. Yo asentí completamente ruborizada ya que aquella nota de advertencia iba acompañada de un beso más que provocativo.
Una vez a solas en el automóvil, respiraba profundamente para tranquilizar mi agitación pues con dicho beso puso a mi corazón latir desbocadamente. Los nervios volvían de nuevo a traicionarme y mi mente vagaba por su propia voluntad pensando en lo que iba a ocurrir aquella noche a continuación y no ayudaba demasiado a sosegar mi alma. Una sonrisa estúpida se dibujaba en mi rostro y me veía incapaz de recobrar la compostura. Antes de bajarme del vehículo, me recité mentalmente un mantra para apaciguar mi interior que era como un verdadero volcán en llamas. 'Tu puedes, ya lo has hecho antes, tranquilízate no es nada nuevo.' En un principio parecía funcionar. Me encaminé hacia la enorme entrada de aquel lujoso edificio, intentando recordar el ascensor que nos hizo tomar el conserje que nos atendió amablemente cuando fuimos Tate y yo a la cena que nos organizó Reito. Caminando firmemente llegué justo a la puerta del apartamento de Shizuru, inspiré profundamente antes de llamar a la puerta cuando esta se abrió con el leve roce de mi mano. Un camino de pétalos de rosas rojas me mostraba la senda a seguir. Cerré la puerta tras de mí y seguí aquel recorrido por el largo pasillo que en la última vez que había visitado aquel apartamento estaba repleto de fotografías de Shizuru junto a Reito, en aquella ocasión no había ni una sola imagen, únicamente decoraban la estancia aquellos pétalos rojos y una multitud de velas perfumadas que me acompañaron en mi viaje hasta llegar a la puerta de su dormitorio. Tragué saliva junto a la puerta, me imaginaba más o menos la escena que podría encontrarme al otro lado y eso volvía a incrementar mis pulsaciones. Al abrir la puerta y vislumbrar en el interior me quede completamente sin habla. Su habitación únicamente iluminada por la tenue luz de las velas, me dejaban ver tal vez el mejor de los paisajes que hubiese visto en mi vida. Shizuru se encontraba sobre lo que parecía la cómoda cama, repleta de pétalos como si estuviese sobre una inmensa rosa roja, con sabanas de seda del mismo color de la pasión a juego con sus ojos, sus labios y aquel corset que por error me había llevado a mi habitación. En unos pocos pasos me detuve quedando en medio de aquella habitación, pues mis rodillas comenzaban a flaquear. El deseo, la pasión y las ganas de poseerla nublaban mi cerebro impidiendo que la simple acción de respirar fuese un trabajo imposible de realizar por mí misma. Aquellas curvas interminables que me regalaba Shizuru en aquel momento eran difíciles de olvidar y deseaba retener aquella imagen y grabarla profundamente en mi retina para no olvidarla jamás. Intenté con esfuerzo decir algo pero únicamente quede con la boca abierta, no sabía que decir, me sentía colapsada en todos los aspectos. De repente me tendió la mano y con su dedo índice me instó a que fuera en su compañía. Fue cuando mi cerebro reaccionó y únicamente cumplió ordenes, llegue justo donde se encontraba ella.
"Bienvenida a nuestra segunda cita." Susurró de forma sensual cerca de mí mientras la rodeaba con mis brazos, comenzando así la velada más mágica de toda mi vida.
