Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...

Capítulo 14

Shizuru

En esta vida y en la otra

La tenue luz que regalaba el sol de diciembre, iluminaba levemente mi habitación. Las velas consumidas desde la medianoche, seguían siendo las únicas testigos de nuestra pasión. Envuelta en las sábanas de seda seguía abrazada al cuerpo de Natsuki que dormía profundamente. El oír su serena respiración y aquel latido de su corazón se había convertido en mi más valioso pasatiempo. Sentía que la amaba con todo mí ser y estaba dispuesta a demostrarlo a cualquier precio. Mi mente envuelta por una paz infinita en los brazos de Kuga, me repetía que en aquel instante no me importaría morir, había alcanzado justo el sosiego que fui buscando desde que nací bajo el apellido de Fujino. La suavidad al acariciar el cuerpo de Natsuki, despertaba en mí, demasiadas emociones juntas. De repente la susodicha comienza a recobrar la consciencia. Abrazadas las dos podíamos pasar completamente por un solo cuerpo pues estábamos fundidas en el mismo amor.

"Buenos días." Susurré a su oído mientras ella buscaba una postura donde podría hundir su rostro en mi cuello.

"Que gusto poder despertar así todos los días." Sonreí pues parecía que mi compañera aún no había abandonado completamente los brazos de Morfeo y hablaba sin alcanzar plenamente la conciencia.

"¿Quieres que vaya preparando el desayuno?" Murmuré de nuevo para dejarla dormir un instante más.

"No quiero que salgamos jamás de esta habitación." Dijo mientras abría los ojos, su mirada esmeralda inundó la mía completamente.

"Desde luego que es un gusto despertar junto a tu mirada todos los días." De súbito se ruborizó, era una clara señal de que había despertado completamente. "¿Qué tal has dormido?" Cambié de tema para que se tome su tiempo para volver a la realidad.

"¿Tu qué crees? Ha sido como dormir en el cielo." De nuevo nos acurrucamos y quedamos completamente abrazadas mientras yo depositaba mi cabeza sobre su pecho. "¿Y tú, qué tal has dormido?" Sus dedos se paseaban por mi espalda produciéndome numerosos escalofríos por todo el cuerpo.

"Como si después de vagar por mucho tiempo volviese a casa y durmiese en mi cama." Respondí mientras acariciaba su pecho. "¿Sabes? Desde que te conocí tengo la ligera impresión de que nos habíamos visto tu y yo, pero no recuerdo exactamente dónde."

"Lo dudo, si te hubiese visto alguna vez lo recordaría, eres difícil de olvidar." Respondió sonriendo, su risa endulzó completamente mis oídos.

"Tal vez haya sido en otra vida, pero sentí que te hacia muy conocida. Desde el primer instante que nos cruzamos junto a ti siento paz, alivio y confianza, como si el cruzarnos fuera un reencuentro." Alcé la cabeza para verla directamente a los ojos en la última frase y ella me propinó un dulce beso.

"Puede ser. Ahora que te conozco mi vida te pertenece. ¿Así que, por qué separar en nuestro pensamiento esta vida y la siguiente, si una nace de la otra?" Sonreí ante su poema, era tan dulce despertar junto a Natsuki. Una experiencia que me sería muy difícil suprimir.

"Te amo, Natsuki." Susurré buscando sus labios que me recibían en un beso más que apasionado.

Una vez que nuestros cuerpos desnudos se tocaban, era una tarea completamente difícil el separarlos. Nos amamos como si fuese nuestro último día sobre la faz de la tierra y nuestros besos resurgían directamente de nuestras almas, estar en los brazos de Natsuki era una experiencia que jamás había sentido antes, como si pudiese alcanzar el cielo con la yema de mis dedos desde la cama. Cada caricia, tatuaba el sendero que tomaba sin necesidad de tintas, era como si grabase en mí su esencia. Le pertenecía completamente en cuerpo y alma, y definitivamente era imposible separar su vida de la mía porque en aquel instante sentía que me había perdido profundamente en la suya.

No fue hasta mediodía que abandonamos mi apartamento y me dirigí hacia Todai, fue tan difícil separarnos sin anhelar la una a la otra. La vuelta hacia Waseda fue un recorrido verdaderamente duro, sentía el vacío que había dejado Natsuki en el asiento del copiloto y en mis brazos. No estábamos más de diez minutos separadas cuando mi mente, mi cuerpo y mi ser, extrañaba cada célula de su cuerpo. Ahora entendía porque los jóvenes enamorados eran inseparables, siempre de la mano y mostrando su afecto en público y porque lo dejaban todo a su suerte y únicamente querían pasar tiempo juntos. Natsuki y yo aquella noche nos habíamos fundido la una en la otra y éramos mitades incompletas por separado. Al llegar a Soudai, me fui directamente hacia el apartamento que compartía con Mai y para mi asombro, en el estacionamiento me encontré con una desagradable sorpresa. Dos mercedes clase C completamente negros estacionados frente al edificio en el que vivía, custodiados por dos gorilas trajeados, solo me conducían a una persona. Mi progenitor. Era la primera vez que me visitaba en aquellos tres años y eso solo tenía un significado. No era que fuese una malpensada o que siempre me ponía en lo peor. Si una persona únicamente me llamaba por estas fechas para pedirme la lista de invitados, estaba claro para mí. Reito se había ido de la lengua a su mentor. Como si aquella acción, corrigiera mi decisión. Me armé de valor y me encaminé hacia el segundo coche estacionado, poniéndome a la altura de la segunda ventanilla. Era tan triste que supiera donde se encontraba mi progenitor, como tan doloroso siendo aquella la única forma en la que nos veíamos. De repente, la ventanilla oscura comenzó a descender, dejando al descubierto al gran Fujino.

"Padre, que agradable sorpresa." Fingí asombro.

"Sube. Vamos a dar una vuelta." De nuevo ascendió aquel oscuro cristal, encendiendo todas las luces de socorro en mi interior. Una vez dentro del vehículo, este se puso en marcha sin necesidad de ninguna indicación.

"He recibido una llamada de Kanzaki." Rompió tras un largo silencio. "Parecía algo confundido y sentí la necesidad de saber si lo que me cuenta es cierto o simplemente son blasfemias de un joven que no sabe llevar con dignidad una ruptura." Tranquilo hablaba sin mirar ni siquiera hacia mi dirección, como si fuese una mera reunión de trabajo.

"Siento molestarle con este asunto, padre. No sabía que Reito recurriría a usted." Me aferré a mi bolso intentando buscar las palabras precisas y rehuir el tema de Natsuki, no era que aún no me encontraba preparada para gritarle al mundo entero mi amor, sino que no quería que la ira de mi decisión recayera únicamente en Kuga.

"¿Eso quiere decir que no piensas contraer matrimonio con Kanzaki?" Preguntó para cerciorarse de que era la decisión definitiva.

"Lo siento, padre. Pero creo que no es el indicado para mí." Asintió en silencio.

"Siempre lo he creído. Nunca me han gustado los Kanzaki, ni su padre, ni su hermano y mucho menos él. Son oportunistas, siempre acechando el apellido Fujino en busca de gloria." Sorprendida miré en dirección hacia mi progenitor. Creí que estaba conforme con la unión con los Kanzaki y de no ser porque Kuga apareció en mi vida, tal vez mi final habría sido encerrarme en un matrimonio con Reito. "Respecto a la tercera persona que aseguraba Kanzaki, ¿es eso cierto?" Dirigí mi mirada hacia mi bolso en busca de fortaleza.

"Son simples blasfemias. No soportaba la idea de que le rechazara." De nuevo asintió en silencio.

"¿Y cómo te diste cuenta de que no era el indicado?" Cuestionó desconcertado.

"Simplemente, no estaba enamorada de él." Respondí directamente sin rodeos.

"¿Quién necesita el amor para aliarse? Creí que el haber tomado la decisión de unirte a Kanzaki era por cuestiones futuras." De repente, maldije el no haber pensado correctamente en la respuesta anterior. "En nuestro mundo no hay cabida para el amor, Shizuru. Ve quitándote esas ideas estúpidas de la cabeza, eres una Fujino. Si únicamente has desecho tu alianza con Kanzaki por amor, te recomiendo que recapacites, creo que no es el indicado para ti pero su astucia para los negocios es impecable y en el futuro necesitaras de alguien así."

"Pero padre, yo…" Comencé mi discurso cuando de repente me interrumpió.

"No hay peros, la decisión ya está tomada. Hablaré con Kanzaki y volverá todo a su normalidad, si no hay otro inconveniente más contundente, los planes de uniros siguen adelante." De pronto el vehículo se detuvo junto a la universidad de Waseda.

"No, padre. El amor es un inconveniente más que contundente. No quiero sufrir como sufrió madre con usted. Si me caso con alguien ha de ser por amor. Y el único error que he cometido con Reito es no haberlo dejado antes." Estupefacto permaneció unos instantes en silencio tras mis palabras, jamás había alzado el tono frente a él y jamás le había llevado la contraria.

"¿Cómo osas desafiarme?" Un silencio reino en el automóvil. "Justo fue el amor lo que se llevó a tu madre. Tomé la absurda decisión de casarme con quien amaba y fíjate como ha acabado." Alzó la voz en el último tramo de la conversación.

"Usted no amaba a madre. Por eso se fue." Mis lágrimas brotaban recordando el instante en el que mi madre abandonaba en secreto la casa.

"Tu madre se fue porque se enamoró de otro y tomó la decisión de abandonarme. El amor la cegó que te abandonó a ti también por el camino. Esa es la verdadera razón por la que huyó." No era cierto, mi madre era incapaz de dejarme a mí, a mi suerte.

"¡Miente! Madre se ha marchado porque usted es inaguantable. Y yo también me marcharé porque no aguanto más estar encerrada."

"Mide tus palabras Shizuru. Puedes llamar a la ingrata de tu madre y preguntárselo directamente si es que aún se acuerda de que eres su hija." Me gritó mientras descendía del automóvil.

Cerré la puerta de un porrazo, no podía permanecer ni un segundo más en aquel vehículo. No soportaba respirar el mismo aire envenenado que mi progenitor. Sabía que era imposible escapar de mi futuro junto a mi padre y a la empresa y aquello era lo que me producía más angustia. Intentar soñar con otro futuro junto a Natsuki era arrastrarla a mi infierno y ella merecía ser feliz. Sabía que era complicado afrontar todo aquello y sobre todo enfrentar a mi padre pero antes de todo eso solo necesitaba conocer la verdad, salir de aquella duda que me había implantado en mi interior mi padre, necesitaba llamar a mi madre para confirmar que aquello no era real, que aquellas palabras hirientes se las había inventado para alejar el recuerdo de mi madre de mí y deshacer en mil pedazos el amor que le tengo.

Llamé frenéticamente una y otra vez a mi madre, su teléfono sonaba pero nadie contestaba, la histeria lentamente se apoderaba de mi mente y lejos ya había quedado aquel despertar tan maravilloso en los brazos de Kuga. Mi día se convertía en un absoluto infierno, hasta que mi madre descolgó la llamada.

"Mama, necesito hablar contigo…" Solté en un mar de lágrimas. Me había encerrado en una de las aulas para auditorias y en aquel momento se encontraba desierta. "Necesito saber la verdad, ¿por qué te has marchado?"

"Tesoro, ¿Qué pasa?" La voz de mi madre al otro lado de la línea tranquilizaba mis nervios alborotados.

"Necesito que me cuentes, ¿Por qué te has ido de repente?" Un silencio al otro lado comenzaba a inquietar mi interior.

"Shizuru, no importa. Lo único que quiero que recuerdes es que te quiero y si hubiese podido llevarte conmigo, lo hubiese hecho." Rehuía la pregunta, siempre lo había hecho y antes aquella respuesta me confortaba, era fácil colocar la etiqueta de malvado a mi progenitor, pero en aquel instante necesitaba más, necesitaba la verdad.

"Mama, te lo pido por favor, ¿por qué?" De nuevo aquel silencio inquietaba mi interior abriendo una pequeña brecha, el miedo a que mi progenitor contara la verdad partía mi corazón. "Por favor, necesito saberlo." Imploré con lágrimas en los ojos.

"Conocí a alguien que me infundo fuerzas. Me case con tu padre sin conocer el amor y cuando este llamó a mi puerta…" Mi madre comenzó con su relato y la brecha se convirtió en un abismo, partiendo mi corazón en pedazos.

"No, no, no…" Eran las únicas palabras que me repetía.

"No lo planeé Shizuru, simplemente sucedió. Me enamoré perdidamente, me hacía sentir viva, cosa que jamás logré sentir con tu padre. Y entendía porque vivía en un infierno." Seguía hablando intentando confesar un secreto atroz para redimirse mientras mi alma sufría en cada palabra.

"Me has abandonado. Has abandonado a tu hija por amor. ¿Te sientes realizada, madre?" Sin esperar respuesta colgué. Había escuchado suficiente. Para mi madre fui la moneda de cambio de su libertad y para mi padre simplemente soy la flecha que proyecta para su futuro.

Limpié mis lágrimas antes de salir, sabía que mi imagen no debía verse alterada. Aquel día fue realmente cuando todas las cartas se mostraron sobre la mesa en mi ámbito familiar, únicamente restaba la mía. Tenía que mostrarles a Kuga. Tenía que apostar por mis sentimientos, no me negaba a realizar el futuro soñado por mi padre, pero necesita que este aceptara a lo único que había elegido en toda mi vida. Si no aceptaba mi relación con Natsuki, entonces era cuando decidiría irme. Las clases habían sido tediosas, largas horas contemplando la charla de mis profesores mientras recordaba una y otra vez la conversación telefónica con mi madre. No podía creer que creciera con mis padres y que ninguno de ellos viera el amor tan profundo que podría haberles entregado si ellos tan solo me viesen como a su hija, a su única hija. Al acabar las clases me dirigí hacía el encuentro de mi compañera de apartamento, tenía que desahogarme con Mai. Para mi sorpresa, Natsuki me esperaba junto a su motocicleta.

"¿Qué tal tu día?" Preguntó mientras me acercaba junto a ella y la abracé hundiendo mi rostro en su pecho.

"Horrible." Solté mientras volvían las lágrimas a aflorar en mi rostro. "Llévame lejos de aquí, a otro mundo donde no exista nada más que tú y que yo." Susurré mientras me abrazaba tan fuerte que podía sentir su corazón palpitar.

"Vamos." Me dijo y subimos en su motocicleta.

Me aferré a su espalda rodeándola por la cintura y aspiraba su olor, su esencia me tranquilizaba y saber que ella estaba allí, junto a mí me otorgaba las fuerzas necesarias para seguir respirando. Como alma que lleva el diablo, su motocicleta se dirigió hacia la autopista que conducía a Kanagawa. Durante una hora y cuarto estuvimos en silencio una tras la otra, acompañándonos únicamente el rugido del motor de su motocicleta y la brisa que despejaba cualquier pensamiento turbio. Tras llegar a un cruce y leer el cartel de Kamakura me extrañé que quisiera visitar aquella zona teniendo en cuenta que fue ahí donde perdió a sus padres. En unos segundos nos detuvimos frente un hermoso acantilado, donde habían construido vayas de madera para evitar que alguien se precipitara hacia abajo. Nos bajamos de la motocicleta, y perpleja miré hacia donde ella miraba. El mar de diciembre estaba enfurecido, las olas golpeaban con fuerza en las rocas de abajo. En aquel instante, el ocaso se manifestaba y el sol como por arte de magia nos regaló la mejor puesta de sol de aquel invierno.

"Cuando tengo un mal día, suelo venir aquí a despejarme. Sonara siniestro pero en realidad aquí estoy a salvo, siento que estoy más cerca de mis padres." La miré con profundo amor, el anaranjado tono con el que se cubría el cielo, mostraba un cierto brillo en su mirada.

Nos sentamos sobre unas rocas y abrazadas le conté todo lo que había sucedido desde que nos separamos. Preocupada no dejaba de susurrarme que todo iba a salir bien. En realidad, únicamente necesitaba que alguien me dijera aquello. No necesitaba solucionar mis problemas aquella tarde, ni siquiera en esta vida. Solo necesitaba oír que todo iba a salir bien, que aunque todo parezca perdido la tenía a ella, que era lo más valioso en mi vida.

"Podríamos escapar juntas, y quien sabe vivir aquí en Kamakura, cerca del mar para que te pueda inspirar." Dijo Natsuki. Abrazada a ella sentía que todo era posible.

"Me dedicaré a escribir. ¿Y tú?" Interrogué mientras besaba su magnífico cuello.

"¿Yo? Arreglaré coches. Coches rotos hay en todas partes y prácticamente nací siendo mecánica." Soltó orgullosa.

"¿Y tu sueño? No puedo ser tan egoísta." Preocupada la miré. ¿Era capaz de alejarse de su meta únicamente por mí?

"Desde que te conocí, mi sueño eres tú." Nos fundimos en un beso largo e interminable. "Te amo, en esta vida y en la otra."

"Y yo a ti. En esta vida y en la otra." Respondí.

Su dulce voz me reconfortaba, se había convertido en todo lo que necesiba y mucho más. Mi vida carecía de significado si no era junto a ella. Al volver a la motocicleta y ver mi teléfono móvil, había numerosas llamadas perdidas de mi progenitora, otras tantas de mi progenitor y miles de Mai. Alguien debió advertirle de la visita de mi padre al campus y quedó realmente preocupada. Tras tranquilizarla como pude y prometerle todos los detalles de aquella inoportuna y desagradable visita, pudimos ponernos en camino y dirigirnos hacia casa. Pero al abrazar de nuevo a Natsuki y perderme en su olor, llegué a deducir que yo ya me encontraba en casa. No tenía la necesidad de dirigirme hacia ningún punto puesto que Natsuki era mi hogar. Teniéndola cerca, ¿Qué me importaba el resto del mundo? De nuevo, tras una larga hora nos detuvimos en un lugar que guardo con especial cariño en mi corazón y en mis recuerdos. La primera vez que estuve ahí, pensé que tal vez se tratara de una desquiciada que me había llevado a un taller de automóviles, pero ahora sé que es el mejor sitio donde puedo estar. Se detuvo, dejando la motocicleta en el interior del taller que aún permanecía abierto, sin un alma dentro salvo un señor de mediana edad.

"Bienvenida a casa." Una voz profunda salió de aquel señor intentando mostrar una sonrisa.

"Buenas noches, señor." Hice una reverencia mientras Natsuki sonreía complacida.

"Yamada ella es Shizuru Fujino, la chica de la que te hablé." Por fin nos presentó. "Shizuru, él es lo más parecido a un padre que tengo." Sonrió satisfecho de que lo presentara como a su progenitor.

"Un placer, gracias por cuidar de ella." Se ruborizó enseguida por aquella frase, padre e hija eran tal para cual.

"El placer es mío jovencita." Tras toser levemente y recomponerse, nos invitó a pasar al interior de la casa, donde aunque él no lo advirtiera ya había estado.

Subí aquellas escaleras y multitud de recuerdos me asaltaron, comencé a sonreír con cariño pues en nuestra primera noche jamás pensé que íbamos a llegar tan lejos en aquella relación. Recordé como nos besamos, como habíamos dado rienda suelta a nuestra pasión despojándonos de nuestras ropas en aquellas mismas escaleras. Al llegar arriba, en lugar de girar hacia la izquierda, donde recordaba perfectamente que se encontraba la habitación de Natsuki, seguimos recto en dirección hacia la sala de estar.

"¿Cómo es que no avisas? Habría puesto más decente la casa." Refunfuñó el señor Yamada a Natsuki.

"No sabía que tenía que avisar para venir a casa." Se encogió de hombros la susodicha. A mi aquellos gestos me parecían tan adorables. Natsuki era como una niña grande.

"¿Qué tal te trata Natsuki? Es un poco despistada." En aquella ocasión me preguntaba a mí, por lo que sonreí.

"Me trata mejor de lo que ha hecho nunca nadie, señor." Miré en su dirección y la vi completamente ruborizada.

"¿Por qué la iba a tratar mal?" Con un ligero puchero se quejó murmurando, era tan adorable que se me hacía imposible la idea de no echarme a sus brazos a besarla.

Cenamos los tres, mientras oía las numerosas anécdotas que tenía preparadas el señor Yamada, por su mirada aquel hombre sentía profunda devoción por Natsuki. Y no era para menos, prácticamente se conocieron desde que nació y desde la muerte de sus padres la crio con mucho empeño y esfuerzo, hasta convertirla en la mujer que es hoy. Sentía que aquel ambiente era lo más familiar que había aspirado hasta la fecha. Las miradas, las palabras y los gestos que se dedicaban eran de un amor sólido y profundo, y el hacerme partícipe de aquella familia me llenaba de alegría. Natsuki me había presentado como su novia frente a su tutor y este lejos de disgustarse o tomar represalias como harían mis padres, se sentía aún más orgulloso de su hija si cabe destacar.

"Bueno chicas, este viejo se tiene que retirar. Mañana es un nuevo día y hay que madrugar." Dijo de súbito el señor Yamada mientras se levantaba de su asiento. "Joven Shizuru es un placer tenerte en esta casa, bienvenida."

"Muchas gracias señor. El placer es mío." Respondí mientras le hacía una reverencia.

"Que chica más educada, no la pierdas, ¿me oyes?" En aquella ocasión las palabras del señor Yamada iban dirigidas hacia Natsuki.

"No hables así frente a ella que la asustas." Se quejó mi adorable novia. Yo por mi parte sonreía ante aquella relación padre e hija tan abierta.

Una vez que se había retirado el señor Yamada, nos contemplamos por largo tiempo en silencio sin decirnos nada. Era un silencio más que cómodo, yo admiraba su belleza y ella no dejaba de buscar respuesta en mi mirada. De pronto las dos nos levantamos como si tuviésemos el don de hablar telepáticamente, nos dirigimos hacia una habitación muy conocida para mí. Era justo como la recordaba, había soñado con aquella estancia numerosas noches después de nuestro primer encuentro. Recorrí cada rincón de aquellas cuatro paredes, desde la mesita del ordenador, donde me había puesto Natsuki mientras me desnudaba antes de dirigirnos a la cama, hasta la estantería repleta de libros de toda clase de géneros. Ella sentada sobre la cama, me observaba detenidamente. Como si sintiera su mirada fija clavarse sobre mi piel, me giré en su dirección y como si estuviese hipnotizada me dirigí hacia ella, como si una atracción poderosa me arrastrara hacia sus labios. De repente me senté sobre ella y comenzamos a besarnos dulcemente, nuestros labios se devoraban mutuamente hasta dar paso a nuestras lenguas. Sentía las manos de Kuga recorrerme todo el cuerpo. Sus brazos me rodeaban completamente por la cintura, posando de ese modo sus manos en mi trasero. Nuestros besos cada vez se profundizaban aún más y nuestra respiración agitada nos desvelaba que necesitábamos la una de la otra. Necesitaba sentir el calor de su cuerpo junto al mío, de su piel arder sobre mí en un baile perfectamente sincronizado, necesitaba hacerle el amor para calmar el fuego que producía su mirada de deseo sobre mí.

Como si adivinara mi pensamiento, sin mediar palabra comenzó a desvestirme lentamente cambiando las posiciones sobre la cama. Me depositó cuidadosamente y me despojó de todos mis trapos, quedando desnuda frente a ella. Una vez conseguido aquello que quería, me contemplaba sin recato alguno y de pronto, de nuevo oleadas de besos nos fundieron en un solo ser, sus labios recorrían cada centímetro de mi cuerpo, recorriendo desde mi cuello hasta mi vientre, donde lejos de detenerse, descendió hasta mi intimidad donde deje escapar un gemido cargado de placer. Al sentir su cálida lengua en mi sexo, cada vello de mi cuerpo se erizó completamente. Me estremecía a cada contacto de su lengua y numerosos gemidos escapaban de mi garganta sin poder hacer nada por evitarlo, hasta que en un instante, un destello fugaz inundó completamente mi cuerpo arqueando mi espalda de placer, había alcanzado el más sublime de los estados junto a Natsuki que de nuevo ascendía siguiendo su rastro de besos hasta quedar sobre mí. En nuestra respiración aun agitada, nuestras miradas se cruzaron y pude ver un remolino de emociones en aquel mar de esmeraldas que me atrapaba completamente. Ver mi reflejo en su mirada era lo más grandioso.

"Te amo, Shizuru." Susurró sin apartar su mirada de la mía. "Pase lo que pase, te amo."

"Yo a ti también." En su mirada podía ver el miedo, el mismo miedo que sentía yo ante el hecho de perderla. "Te amo con toda mi alma." Susurré mientras la besaba.

Sabía que se avecinaban tiempos difíciles, pero nadie iba a separar jamás mi alma de la suya. Mientras tanto aquella noche únicamente me dedicaría a amarla hasta que de nuevo el débil sol de diciembre nos sorprenda entre besos y abrazos creando nuevos recuerdos en aquella mágica habitación.